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MW-10013
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SINOPSIS_SERIE
Esta obra ofrece un recorrido exhaustivo por la herencia cultural de México a través de su producción artística, abarcando desde los orígenes prehispánicos hasta la era contemporánea. Presenta una visión unificada que destaca lo más profundo y valioso de la identidad nacional, plasmada en cuatro periodos fundamentales: prehispánico, virreinal, independiente y contemporáneo. Se propone como una celebración del arte como máxima expresión del rostro creativo de México
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Recorrido por el arte mexicano desde la época prehispánica hasta la actualidad, mostrando lo más profundo y valioso de nuestra identidad nacional
TITULO_PROGRAMA
SINOPSIS_PROGRAMA
La Conquista de México ha sido vista solamente como una invasión extranjera que se impuso a las culturas indígenas de una manera brutal y violenta. No obstante, y sin desconocer los terribles efectos que tuvo sobre la población indígena que la padeció, la Conquista de México fue una epopeya de la que surgió una nueva cultura y un nuevo pueblo mestizo, raíz de nuestra nacionalidad
EXTRACTO_PROGRAMA
La Conquista, más que una invasión brutal, fue una epopeya de la que surgió la cultura mestiza, raíz de la nacionalidad mexicana
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4
N_TOTAL_PROGRAMAS
12
DURACION_TOTAL
00:54:01:24
SEMBLANZA_PARTICIPANTE
Carlos Fuentes (1928-2012)
Escritor, diplomático y ensayista mexicano. Reconocido como una de las figuras centrales de la literatura hispanoamericana del siglo XX, fue parte del llamado "Boom latinoamericano". Su obra abarca novela, cuento y ensayo, explorando la identidad mexicana, la historia y las tensiones entre modernidad y tradición. Entre sus libros más destacados se encuentran La región más transparente (1958), La muerte de Artemio Cruz (1962) y Terra Nostra (1975). Desempeñó también una importante labor diplomática y recibió múltiples premios internacionales, consolidándose como una voz influyente en el panorama cultural y literario.
Guillermo Sheridan (1950-)
Ensayista, editor y crítico literario mexicano. Ha desarrollado una amplia labor de investigación sobre la poesía mexicana moderna, especialmente en torno a la obra de Octavio Paz y otros autores del siglo XX. Ha sido profesor, coordinador de proyectos académicos y colaborador en diversos medios culturales. Su trabajo combina el análisis literario con la divulgación crítica, lo que lo ha convertido en una referencia en los estudios literarios contemporáneos de México.
TIPO_ACTIVIDAD
DISCIPLINA
INSTITUCION_PRODUCTORA
CONACULTA | Coordinación Nacional de Medios Audiovisuales (CNMA) | TELEVISA
TRANSCRIPCION
Ce Ácatl, el año de la caña fue un año de portentos en el mundo Azteca.
Las aguas de la laguna hirvieron, se derrumbaron grande torres,
Pasaron cometas por el firmamento al mediodía y de noche las lloronas recorrieron las calles previendo la muerte de sus hijos.
El emperador Azteca Moctezuma mandó convocar a su corte a todos los portadores de malos augurios y los mandó matar. ello no impidió que en la primavera de ese mismo año Ce Ácatl el año 1519 en nuestro tiempo el capitán español Hernán Cortés desembarcase en Veracruz al frente de 500 hombres y 11 navíos y emprendiese la marcha hacia la alta capital Azteca, Tenochtitlan.
Contaba Contaba con armas invencibles, desconocidas por los indios, los caballos y la pólvora. Pero pronto averiguó que en el reino de Moctezuma había oro.
Y averiguó otra cosa, que el Imperio Azteca tenía una corona de oro, pero pies de barro. los pueblos sometidos a Moctezuma lo detestaban.
Averiguó también que su arribo a México de una manera increíble coincidía con la profecía de la llegada del retorno a México del Dios blanco y barbado Quetzalcoatl, y que Moctezuma creía que Cortés era el Dios que regresaba.
Cortés no era ningún Dios, era un pequeño hidalgo de Medellín, hijo de Molineros, pero dotado de una suprema voluntad de poder y de una capacidad maquiavélica para emplear a los enemigos de su enemigo. barrenó sus naves, derrotó a los caciques costeños, inició la marcha a la montaña, cometió una atros matanza en Cholula y finalmente arribó a la esplendorosa capital azteca, Tenochtitlán
El encuentro de Cortés y Moctezuma en la calzada del lago es uno de los encuentros más asombrosos de la historia.
Fue el encuentro de dos mundos, el encuentro de la Europa renacentista, expansiva y del aislado mundo indígena.
Cortés finalmente derrotó a Moctezuma y al joven emperador Cuauhtémoc, el único héroe a la altura del arte.
Entonces, el poeta Nahuatl pudo cantar lamentándose, El humo se levanta. La laguna se tiñe de rojo llorad hoy llorad mis hermanos, pues hemos perdido la nación Azteca.
La conquista de México fue una de las mayores hazañas de la historia de la humanidad.
Sin disculpar la violencia y sin desconocer los terribles efectos que tuvo sobre la población indígena que la padeció, fue una epopeya creada por cada uno de los grupos contendientes.
Por las circunstancias en las que se dio la conquista, la lucha por la sobrevivencia se convirtió en el objetivo primordial para los bandos enfrentados.
Corazas y espadas de hierro imponían una nueva forma de librar las batallas.
Arcabuces, con su descarga de fuego, asombraban a los nativos por su mortal eficacia. El estruendo terrible de los cañones impactaba la mente de los defensores de México, Tenochtitlán más que los daños materiales que producían.
Dos tecnologías en lucha que tenían un diverso desarrollo.
Armas de hierro, pólvora y caballos causaron sorpresa militar hasta que la lucha cuerpo a cuerpo vino a equilibrar las fuerzas.
La presencia de hombres a caballo, nunca antes vista en estas tierras, exacerbó la imaginación de los naturales, quienes los concebían como un solo ser, hasta que la muerte del jinete o de la bestia revelaba la verdad.
De esa epopeya, guerra entre indios y españoles, pero también y más duradera de indios contra indios y de españoles contra españoles, surgió un intercambio sustantivo de culturas que incluyó la aparición de un nuevo pueblo.
Nuevo pueblo que se ve reflejado en el espejo de los extraordinarios códices que han sobrevivido.
Los códices son el testimonio de la indiscutible presencia del mundo indígena en el período virreinal.
La resistencia del mensaje cultural indígena abarco desde lo cotidiano y lo artístico hasta lo religioso y lo político, que sobrevive nuestros días con la fortaleza de su antigua sabiduría y verdad.
El surgimiento de ese pueblo mestizo, que con el paso de los años se convirtió en el pueblo mexicano, es la simbiosis cultural que supuso la transformación de los modos de ser de los contendientes, asimilando los españoles las formas culturales de los conquistados e induciendo el ingreso de las culturas indígenas a la tradición occidental.
La manera de conquistar se adaptó siempre al terreno que se pisaba, fuese bosque, selva o desierto, y se adaptó también al tipo de pobladores.
Un historiador moderno señala atinadamente que existió una conquista por frontera y otra específicamente conocida como conquista.
Esta última es la que hizo Cortés en el Anáhuac y sobre el conjunto del Imperio Mexica.
Consiste en la presencia de pocos conquistadores frente a una civilización desarrollada con territorios extensos que se someten con rapidez y violencia, sobreponiendo a las nuevas autoridades en la cima de la pirámide social, de la que se respetan y van transformando lentamente sus usos y costumbres. ello permitió un sincretismo mayor que implicaba la asimilación por parte de los españoles de muchos modos de ser de los conquistados.
La conquista por frontera, en cambio, implica la llegada de muchos conquistadores colonizadores a lo largo de mucho tiempo sobre territorios poco poblados por grupos de bajo desarrollo cultural.
A esos grupos se les elimina o corre a fronteras cada vez más alejadas, creándose una nueva sociedad con poco mestizaje físico y cultural.
Es el caso del norte de México, o de las Pampas Sudamericanas, o de los Estados Unidos de América.
La violencia de la conquista significó una lucha entre razas que produjo ese nuevo pueblo y una lucha biológica, porque los conquistadores traían con ellos enfermedades desconocidas en la América prehispánica, como la viruela y el tifo, para las que los pobladores aborígenes no poseían anticuerpos.
Las enfermedades produjeron una mortandad mayor que la de las armas.
A lo largo del siglo XVI, hicieron descender la población, según algunas fuentes, hasta el 10% de la que había en el inicio del siglo.
Nada más brutal que esta cifra para pintar el cuadro de la profunda revolución social y cultural que significó la conquista de la Nueva España. A la conquista de México, Tenochtitlán, siguieron numerosas expediciones de exploración, conquista y colonización, en las que comenzó a producirse la modificación del mundo aborigen por la mano del hombre occidental.
Sin embargo, a la conquista siguió lo que yo llamo la contra-conquista. Uno de los aspectos de la contra-conquista fue la dimensión utópica, con la que Europa vio siempre el descubrimiento y la colonización del nuevo mundo.
El historiador mexicano Edmundo Gorman dice que no hubo descubrimiento de América, sino invención de América, deseo de América por una Europa que quería volver a encontrar la Edad de Oro y el Buen Salvaje.
Esta idea utópica encarnó en las misiones de Vasco de Quiroga en Santa Fe, en Michoacán, encarnó en el tratamiento compasivo humanista de frailes como Fray Pedro de Gante y Motolinía y sobre todo la defensa de la utopía, pero convertida en derechos del hombre, corrió a cargo de Bartolomé de las Casas y Francisco de Vitoria, fundadores del derecho internacional moderno basado en el derecho de gente, en los derechos humanos.
Pero la contra conquista fue también un acto de memoria.
La memoria del mundo indígena minuciosamente reunida por Fray Bernardino de Sahagún y la melancólica memoria de un soldado obligado a destruir lo que había aprendido a amar en la crónica de Bernal Díaz del castillo.
Pero, ¿acaso el aspecto más importante de la contra-conquista fue el mestizaje? A través de la Unión de Cortés y Malinche, se dio cuerpo a un nuevo concepto racial y quizás incluso a una embrionaria idea de nacionalidad.
No en Balde, los dos hijos de Hernán Cortés, los dos Martínez, el indígena, el criollo, el mestizo, los dos Martínes encarnaron en el primer siglo de la conquista la primera intentona de independencia de México.
México ya no era ni indio ni español. México era mexicano.
Se inició también el proceso de adaptación de los europeos, una de las aclimataciones más importantes que se han dado en la historia de la humanidad.
Hubo aún una conquista diferente en la península de Yucatán, fue sometida por los Montejo y es el único lugar del país donde, aún hoy en día, se da un trato deferente a los conquistadores, cuyo nombre lleva la avenida principal de la ciudad de Mérida.
La conquista de Yucatán fue más conflictiva y dificultosa que la del Anáhuac La falta del atractivo de los metales preciosos llevó a la corona a aceptar el alargamiento de las encomiendas en la región.
En medio de esta intensa actividad de conquista, se encontró el tiempo precioso para la creación artística.
Todavía se puede admirar la fachada plateresca de la casa de los conquistadores Montejo, obra maestra de esa modalidad del renacimiento español, en la que la simbología pesa aún más que el estilo.
En la fachada se refleja la voluntad de imitar a los héroes antiguos y nos lleva a entender un poco más de lo que significaba para los propios conquistadores letrados la hazaña de la conquista.
Así se veían algunos conquistadores a sí mismos, como la encarnación de heroísmos civilizadores, como autores de una epopeya en coautoría con su inseparable enemigo, el otro, el indio.
La creación de instituciones como la universitaria habla de la voluntad por dar a estas tierras el carácter de reinos y no de colonias, en las que los dominadores jamás se preocuparon del nivel educativo y cultural de los pobladores, que aquí fue preocupación esencial.
Los españoles trajeron con ellos la espada, dolorosa y violenta, ambiciosa y destructora, pero venía acompañándola no solo la cruz, también dolorosa y a veces violenta, sino la manera lineal y lógica que marca el pensamiento occidental y que se enfrentó a una forma de pensamiento distinto y de extraordinaria calidad existente en el mundo prehispánico.
La guerra entre esas dos maneras de construir el pensamiento, lejos de ser ganada al 100% por alguna de las partes, dio origen a un mestizaje cultural profundo, reflejado especialmente en el lenguaje.
Los testimonios de la visión de los vencidos expresan la realidad desoladora y agonizante de unas almas que asisten a su propio entierro.
Y todo esto pasó con nosotros. Nosotros lo vimos, nosotros lo admiramos.
Con esta lamentosa y triste suerte, nos vimos angustiados.
En los caminos yacen dardos rotos.
Los cabellos están esparcidos, destechadas están las casas, enrojecidos tienen sus muros, gusanos pululan por calles y plazas, y en las paredes están salpicados los sesos.
Rojas están las aguas, están como teñidas, y cuando las bebimos, es como si bebiéramos agua de salitre. golpeábamos en tanto los muros de adobe y era nuestra herencia una red de agujeros con los escudos fue su resguardo pero ni con escudos puede ser sostenida su soledad ningún otro poema del siglo XVI mexicano tiene una fuerza semejante porque nadie vivió la tragedia épica de la creación de esa nueva cultura como la vivieron aquellos sabios mexicas testigos de la destrucción de su mundo el asombro de los cronistas conquistadores ante la grandeza de la ciudad de Tenochtitlán, ahora destruida, se resumen las líneas purísimas de Bernal Díaz del Castillo.
Nos quedamos admirados y decíamos que parecía a las cosas de encantamiento que cuentan en el libro de Amadís.
La crónica ocupó un lugar esencial en las primeras letras del Nuevo Mundo.
Su capacidad de comparación es rebasada, asisten a la destrucción de un universo.
Algunos tratan de salvarlo, Bartolomé de las Casas discutiendo con los juristas españoles sobre la dignidad humana del Indio y protegiéndolos como autoridad religiosa.
Fray Bernardino de Sahagún y Diego Durán, inquiriendo a sus informadores sobre el sentido profundo de ese mundo en hecatombe.
Otro ejemplo de esta actitud se encuentra en el nombre mismo de Nueva España, que nos habla de la precisa percepción que Cortés tuvo de la magnitud de su conquista, de su amplitud de miras y de una ambición señorial de dominio que la corona no dejará prosperar.
En ese nuevo modo de ser lo encontramos primero en las curiosas y exóticas formas de su lenguaje, considerado barroco por su capacidad de expresar las contradicciones de esa alma complicada y profunda, de una personalidad al mismo tiempo dividida y sincrética. Así, nace un lenguaje que dice "no" cuando asiente y acepta cuando rechaza.
Así, se muestran cortesías llenas de sutiles velos que ocultan las verdaderas intenciones, al tiempo que son genuinamente cálidas y hospitalarias.
La poesía del resto del siglo XVI novo hispano, va poco a poco reflejando una forma de decir diferente Terminará por dar lugar a una diferencia cultural que se nota en la manera de ser de la gente, en las cortesías y matices del lenguaje de la vida diaria, con una sensación de superioridad que marcará las conductas de los novo hispanos desde entonces.
Así dice Bernardo de Balbuena, donde se habla el español lenguaje, más puro y con mayor cortesanía, vestido de un bellísimo ropaje.
Al principio, es poesía hecha por europeos llegados a tierra americana, como el sevillano Gutiérrez de Setina, autor de "ojos claros, serenos, si de un dulce mirar sois alabados, ¿por qué si me miráis, miráis airados? Ya que así me miráis, miradme al menos."
O por Novo Hispanos como Francisco de Terrazas, hijo del conquistador del mismo nombre, autor de un poema erótico sobre las piernas femeninas.
¡Ay basas de marfil, vivo edificio, obrado del artífice del cielo, columnas de alabastro que en el suelo nos dais del bien supremo claro indicio!
¡Ay puerta de la gloria de cupido y guarda de la flor más estimada de cuantas en el mundo son ni han sido!
El mestizaje racial no sólo proviene de la mezcla entre el occidente español y lo indígena, sino que lo indígena es a su vez producto de una mezcla incesante de 20 siglos.
La raíz española, a su vez, proviene de una de las más extraordinarias historias de mezcla de razas y culturas que se sincretizaron a lo largo de milenios en el territorio español.
Otras dos raíces dieron forma final a nuestra personalidad histórica, lo africano y lo asiático.
La primera, por la presencia de los esclavos negros que sustituyeron a los indios en esa condición.
La segunda, a través del intercambio comercial realizado con Asia a partir de las islas Filipinas.
Durante el gobierno del primer virrey, don Antonio de Mendoza, las ciudades se reconstruyeron o se fundaron bajo la guía de los planteamientos de los grandes tratadistas del Renacimiento Europeo, y se crearon retículas urbana para dar cabida a los pobladores recién nacidos o recién llegados.
Todo parecía reciente en este nuevo mundo implantado sobre un continente de antigua historia precolombina.
Para crear y hacer posible la nueva sociedad, se diseñaron puentes y caminos.
Se construyeron fuentes como la extraordinaria edificación de estilo Mudéjar, que enriquece la plaza de Chiapa de Corso en Chiapas.
Se levantaron acueductos, como el del padre Francisco de Tembleque, quien durante 16 años dirigió a los indios en la excavación de un canal de 38 kilómetros que transcurre por las laderas de los cerros y en la erección de 126 majestuosos arcos que salvan tres cañadas para llevar agua desde Zempoala hasta Otumba.
Otras obras que siguen impresionando nuestra conciencia de lo que debió ser el conocimiento técnico de aquellos tiempos.
Estas obras hidráulicas dieron seguimiento a las magnas construcciones que para manejar y controlar el agua habían realizado los pueblos prehispánicos.
Con la estabilidad relativa que siguió a la conquista del altiplano, se dio entrada a la cultura de Occidente.
Frau Juan de Zumárraga, primer obispo de México, introduce la imprenta, la primera del nuevo mundo, de la que salieron numerosas ediciones.
Se abrieron colegios para educar tanto a los hijos de los nobles indígenas como a los mestizos y criollos que pronto alcanzaron un número considerable.
Si en los colegios urbanos y particularmente en el de Santiago Tlatelolco, se intentó convertir por la vía del saber a los hijos de la nobleza indígena, que tenía un altísimo nivel educativo, en los conventos de lo que hoy son los estados de México, Guanajuato, Michoacán, Hidalgo, Puebla, Tlaxcala, Morelos y Oaxaca se dio la primera instrucción cristiana occidental a numerosos grupos de adultos y niños.
La respuesta de los indígenas que asimilaron asombrosamente rápido lo que los españoles les enseñaban atemorizó a los conquistadores, quienes frenaron el impulso de esta labor educativa de gran calidad que se dio en Tlatelolco.
Todo ese saber vino de la mano de la transformación más importante del mundo americano, la llamada "conquista espiritual".
La evangelización que llevaron a cabo los frailes de las órdenes mendicantes españolas muestra en sus obras la existencia de un espíritu, a veces complementario, y a veces contradictorio del de los conquistadores y colonizadores.
La Iglesia Católica adquirió un lugar extraordinariamente importante en la cultura novohispana porque dominaba todas las actividades del hombre, desde su nacimiento hasta su muerte.
En ese contexto, en 1531, en el Cerro del Tepeyac, lugar donde antes se veneraba a la diosa Azteca, Tonanzin, se inicia un culto nuevo de devoción a la Virgen María.
Dicho culto será trascendental en la vida religiosa y cultural de la nación mexicana. Alrededor del rito cristiano se creó arquitectura, pintura, música, escultura y literatura, produciéndose obras en los más diversos estilos de ese momento en el mundo occidental.
Por eso se ven reminiscencias del Gótico y del Mudejar o de los estilos renacentistas españoles como el Plateresco y el Hereriano.
Sorprende la gran capacidad creadora que mostró Claudio de Arciniega al crear obras de estilo manierista como el proyecto y planta de la Catedral de México o la labor arquitectónica de Juan Miguel de Agüero, en el caso de la Catedral de Mérida, única terminada antes que el siglo XVI concluyese.
La Catedral de Mérida, sin embargo, ofrece una idea precisa de la capacidad de los arquitectos de su tiempo para vincular el respeto a las formas tradicionales con elementos de gran modernidad, característicos de la vida urbana.
Se construyeron entonces edificios catedralicios antecedentes de los que ahora ocupan su lugar, al ser sustituidos por otros de mayor magnificencia.
En todo Pátzcuaro se respira la utopía en el ambiente rural y la pureza de miras de ese insignia hombre de la cultura y la religión que fue Don Vasco de Quiroga.
Utopía que encarnó en el inigualado proyecto humanista de los hospitales pueblo de Santa Fe y de Michoacán.
Sin embargo, la obra de difusión del cristianismo más significativa la llevaron a cabo los frailes, quienes llegaron a la Nueva España desde 1523.
Primero fueron los franciscanos, seguidos después por los dominicos y los agustinos.
La creación de los llamados conventos fortaleza, que florecieron hacia mediados del siglo en las zonas rurales de la Nueva España, se convirtieron en el símbolo por excelencia de la solidez y la magnitud de la obra evangelizadora, de profunda aculturación de los indígenas.
Esos conventos fueron concebidos, según algunos, como la representación de la Jerusalén terrenal, de la ciudad de Dios, fortaleza del reino de Dios en la tierra, lo que explica las almenas de sus bardas atriales y los inmensos muros y contrafuertes que lo sostienen.
Para otros, los conventos no tuvieron esa significación simbólica. El doctor Anguis le escribía a Felipe II en 1561 a propósito de su visión de lo que ocurría en la Nueva España.
"Yo vine espantado de algunas casas que vi de religiosos y hallándome en algunas de ellas, soberbias y fuertes, y diciendo de qué servía tanta casa, pues había tan pocos frailes que serían hasta dos y en muchos casos no más de uno, me respondían que las hacían así, porque cuando fuese menester sirviesen a vuestra majestad de fortaleza.
El atrio conventual se convirtió en el centro de la modificación cultural y de mentalidad más espectacular que hubiese ocurrido hasta
entonces.
En el interior del atrio, alrededor de la cruz atrial verdadero Axis Mundi ocurría cotidianamente el fenómeno de conversión de los indigenas se convertían no solo al cristianismo sino a la forma europea de ver la realidad y de enfrentarla a travez de las lecciones de primeras letras y los cantos y oficios religiosos que se impartían en las capillas pozas en las cuatro esquinas de la Barda Atrial,
La belleza de los ejemplos que quedan de estas construcciones no tiene par por su majestuosidad y sencillez.
Los relieves en piedra, labrada con rudeza y primor al mismo tiempo, nos recuerdan al unísono los tiempos gloriosos de la pureza gótica y románica, pero acompañados de un tono apocalíptico.
Al mirarlos se entrevén las acciones que tendrían educadores y educandos aprendiendo al mismo tiempo los unos de los otros en medio de un clima de utopía que no ha vuelto a repetirse en la historia.
Los grandes conventos, adosados a un templo de proporciones normalmente monumentales, tuvieron que haberse hecho con el concurso de los indígenas. Acomodaron al nuevo Dios a su modo de ser y lo conectaron por medio de un elaborado ritual y de numerosos rasgos de sincretismo con sus religiones previas.
Con la nueva religión entró también el espíritu de Occidente y se transformó la mentalidad de los habitantes de esta región del mundo.
La evocación de pasajes de la historia sagrada y de la iglesia, pintados en los muros de los templos y de los conventos, mostraban un nuevo ideal para la convivencia humana.
En el claustro conventual se utilizó la decoración mural para retratar a los apóstoles de la nueva era, pero también, como ocurre en el cubo de la escalera del convento de Actopan, vinculando los saberes cristianos y clásicos para recordatorio de los propios frailes, en esa época culminante del humanismo en el mundo.
En otros casos, como en los muros del templo de Xmiquilpan Hidalgo, se observan escenas como en los muros del templo de Ixmiquilpan, Hidalgo, observan escenas con elementos prehispánicos realizados por las expertas manos indígenas a quienes les fascinaba hacer visible sus propias ideas y su propia historia, asimilando con facilidad nuevos estilos y modalidades para representarlos.
En la Iglesia de Tecamachalco, Puebla, se ofrecen escenas del Antiguo Testamento y en torno a ellas sacados del libro del Apocalipsis de San Juan.
Esta es una iconografía del todo excepcional, por cuanto los pintores de la época preferían pintar escenas de la vida de Cristo.
Juan Gerson, tlacuilo o pintor indígena, es el autor de esta extraordinaria obra pintada al óleo sobre papel amate.
La noticia del talento de este pintor llegó a la Corte Española.
En reconocimiento, el rey de España le concedió el privilegio de andar a caballo, vestir como español y usar daga y espada, privilegios negados a la mayoría indígena.
Los símbolos de los evangelistas, como este león que representa a San Marcos, muestran la genialidad sin prejuicios de este artista.
Otras imágenes contemporáneas muestran, en la actual Catedral de Cuernavaca, la presencia de los misioneros novohispanos en el Oriente lejano.
En el interior de algunos templos, subsisten a un ejemplo de los grandes retablos del siglo XVI, como el del actual parroquia de Xochimilco, del más puro estilo renacentista.
Aunque se desconocen el nombre del autor, la hechura y dignidad de las estatuas de este retablo, así como de sus pinturas, muestran la habilidad de un maestro de primer orden.
O como el retablo de la iglesia de Cuautinchán en el estado de Puebla, que habiendo sido hecho para la iglesia de Tehuacán, fue colocado aquí en 1599.
El estilo plateresco de este retablo da preferencia a los óleos en lugar de las estatuas y se considera como único en su estilo.
Renacentista también es el retablo del antiguo convento de San Francisco, que ahora se conserva en el templo parroquial de Tecali, Puebla.
Aunque carece de columnas, las pilastras que le dan forma lo vuelven menos pesado y más esbelto.
El tablo del Templo Franciscano de Huejotzingo, también en el estado de Puebla, es una de las joyas del arte renacentista realizadas en la Nueva España.
Esculturas de tamaño natural alternan con diez grandes pinturas realizadas por Simón Pereyns, pintor de la Corte de Felipe II, llegado a México en 1566, en donde trabajó durante casi 30 años.
Todo el conjunto muestra la influencia de estilo flamenco que Simón Pereyns aportó al arte colonial de fines del siglo XVI.
El templo de Yanhuitlán, en Oaxaca, es una de las construcciones del virreinato que envidiar a las mejores iglesias contemporáneas de Europa.
Su majestuosa nave, techada con bóvedas de nervadura, recuerda las últimas influencias del arte gótico.
El retablo principal, aunque realizado en el siglo XVII, conserva valiosas pinturas de Andrés de Concha realizadas en el siglo anterior.
Notable por su grandiosa composición en forma de biombo, las columnas salomónicas dividen los espacios para los nueve grandes lienzos y los doce nichos de los santos.
Fue la capilla abierta quizá el elemento central de todo este proceso de aculturación.
Es ella en sí misma un claro ejemplo de capacidad para adaptarse a las circunstancias de creatividad en lo más estricto del término.
Se convirtió en el puente que unió y comunicó dos maneras diferentes de adorar a Dios.
Por un lado, su techumbre generalmente abovedada y nervada al estilo gótico, de herencia occidental, respetó la jerarquía del lugar sagrado, donde ocurre el misterio principal de la religión católica.
Por otro, su apertura hacia el terreno circundante hizo posible respetar la forma, abierta en la naturaleza, que tenía los indígenas para integrarse activamente a las ceremonias religiosas.
La diversidad extraordinaria de la arquitectura de estas capillas abiertas, que sobreviven adosadas a veces a la iglesia y al convento, a veces exentas e independientes, traduce ejemplarmente la capacidad de comprensión que se dio hacia una dolorosa transformación religiosa y la apertura de esas mentalidades para obtener sus objetivos.
De esa alma compleja en formación, nos habla la diversidad de arquitecturas de estas capillas, que vemos esplendente en la ubicación y los arcos conopiales de San Francisco en Tlaxcala.
En ella se rememora la sencillez propia de las primitivas comunidades cristianas, que algunos intentaron reproducir utópicamente en el Nuevo Mundo, en medio de la violencia social imperante, o la complejidad iconográfica que adorna la unión de los arcos, de la arquitectura exuberante y clásica al mismo tiempo, de Tlalmanalco.
Viendo estas piedras labradas, la imaginación nos transporta al interior del alma de dos pueblos que tantean en sus profundidades para llegar a un acuerdo.
El arte resultante de esta mezcla, al que un tiempo se le llamó "Tekitl”, es una adaptación indígena de los modelos del platresco español.
Ejemplos impresionantes de esta fusión de estilos los encontramos en las piedras labradas de Huejotzingo, de los primeros conventos franciscanos en la región de Puebla.
En el siglo XVI, el mundo se caracterizó por un cambio político que derivó en la conformación de los imperios que rigieron la tierra en los siguientes 400 años, en la ampliación de la percepción del planeta, producto de los descubrimientos geográficos, y en la creación de una revolución científica y tecnológica y de una nueva visión filosófica humanista de la realidad.
En este siglo se dio también una gran acumulación de capital que no se entiende sin las circunstancias precisas de la inscripción de América, pero en especial de la Nueva España, en el conjunto mundial.
A ello contribuyó particularmente la explotación del mineral de plata.
Esa explotación se transformó en moneda, pero también en objetos culturales y artísticos que se sumaron a las maravillas que Cortés había enviado al emperador Carlos V.
Causaron esos objetos la admiración de Durero, aunque fueron finalmente fundidas las piezas, revirtiendo su inconmensurable valor artístico en valor monetario, con el cual aliviar las pobres arcas del imperio.
La plata fue poder económico y origen de la decadencia, pero también imagen del indiano que se caracterizó por su lujo y su riqueza para compensar las carencias de un linaje de nobleza largamente acariciado.
La plata se convirtió en el emblema de la Nueva España, La materia a través de la cual la entendieron y la clasificaron en la Europa desgarrada y hambrienta, insaciable devoradora.
La plata fue también causante de profundas transformaciones en el interior del reino novohispano, estructurado desde 1535 como un virreinato.
La minería dio paso al primer invento novohispano, que resultó en una mejor explotación de la plata, no sólo aquí, sino en el resto del mundo.
El procedimiento de beneficio de patio, descubierto por Bartolomé de Medina en 1551 en Pachuca, fue utilizado por más de 300 años en todas partes para beneficiar la plata.
Pero la plata no es el único medio de subsistencia, ni el único agente transformador de la realidad de la naciente nueva España.
Se introdujo el cultivo de plantas, hasta entonces desconocidas en América, y se llevaron a Europa otras, como el jitomate, el cacao y el tabaco, sin las cuales hoy el viejo mundo tendría otra fisonomía cultural.
La agricultura de los productos importados por los españoles, como el trigo y la caña de azúcar,
pero sobre todo la ganadería, desconocida por el mundo prehispánico, devastará las tierras y cambiará los paisajes, facilitando el establecimiento de una sociedad señorial.
Poco a poco se acostumbraron a consumir lo que se producía en la tierra.
De esta manera se mezclaron las ideas y los estilos recién traídos con los modos del pueblo conquistado.
Al mismo tiempo, cambiarán las costumbres gastronómicas de los pobladores locales, que pronto harán de la cocina un horno alquímico en el que se producirán maravillas que aún hoy se pueden degustar.
El arte plástico de estos tiempos fue mayoritariamente religioso.
Notables son las pinturas de caballete que a pesar del tiempo, muestran su inconfundible estilo y la prodigiosa maestría de su ejecución.
De Martín de Vos, que nunca vino a Nueva España, es este San Juan escribiendo la apocalipsis, asistido por un ángel y con la imagen de su enigmática revelación al fondo.
O esta sagrada familia, del último tercio del siglo XVI, atribuido a Andrés de Concha, donde se advierte la influencia renacentista.
Pero también arte hecho exclusivamente por manos indígenas, como los hermosos cristos realizados con pasta de caña de maíz y un pegamento que los indígenas usaban para hacer sus imágenes.
Otra manifestación única es el arte plumario. fue usado para expresar los principales temas de la religión católica, causando gran asombro entre los españoles, ante una técnica totalmente desconocida para ellos.
Fray Bartolomé de las Casas describe con admiración el trabajo minucioso de ir formando las imágenes con plumas naturales de distintos colores, como los pintores las hacían con sus pinceles.
También quedan algunos ejemplos de la arquitectura civil del menaje de casa de los palacios novohispanos.
En ellos, a imitación del erigido por Cortés en Cuernavaca, se pretende dar la visión de unos hombres a caballo entre dos mundos y dos épocas que sabían rodearse de cortes lujosísimas que atendían con el rigor necesario.
Los novohispanos importaron ropas y muebles así como objetos diversos, para poblar sus casas a la manera de las mejores de Europa.
La mirada a de seguir despaciosamente estas imágenes fundacionales de la cultura mexicana. a deposarse también en las que se produjeron en la casa del deán en Puebla, que confirman la inmediata
capacidad de los pobladores de la nueva España para moverse como peces en el agua, en los turbulentos remolinos que deben haberse formado al integrar las culturas clásicas grecoromanas, los principios del cristianismo y la presencia constante de imágenes con contenido prehispánico.
Los murales de la Casa del Deán son testimonio de uno de los ensayos más lucidos por vincular principios de tal diversidad.
Esas imágenes nos hablan de un alma tolerante en medio de la brutal tormenta histórica que fue el siglo XVI.
Pronto se organizó esa nueva sociedad en la que participaron los conquistadores, los colonizadores, los encomenderos y los frailes. Se enfrentaron en una guerra feroz por definir la personalidad humana de los conquistadores.
Esos mismos pueblos, sometidos políticamente, tuvieron sin embargo un papel clave en la conformación
de esa nueva sociedad. Poco a poco se irá notando una nueva diferencia que separará a los pobladores de la tierra cualquiera que fuese su origen de los recién llegados.
Estos serán recibidos como extraños por aquellos que se sienten los verdaderos propietarios de la Nueva España.
Un sentido de “hallarse” va dibujando la tenue línea que transita del peninsular al criollo de primera generación en la que cambia el sentido de ciertas lealtades.
Transformación que se volverá definitiva cuando la línea se dibuje aún más claramente, vinculando a criollos y mestizos, dos grupos en busca de un lugar en el mundo novohispano entre indios y españoles.
Esta es quizá la definición más satisfactoria de un proceso de creación cultural.
Bernardo de Balbuena, en su grandeza mexicana, la expresa de modo ejemplar al comienzo del siglo XVII, acuñando una hipérbole que con el paso del tiempo se convertiría a base de repetirla incansablemente en una verdad para los mexicanos.
Mexico al mundo por igual divide y como aún sol la tierra se le inclina y en toda ella parece que preside.
¿Quién goza juntas tantas excelencias, tantos tesoros, tantas hermosuras y en tantos grados, tantas eminencias?
Esa fue la tarea del siglo de las Conquistas, la búsqueda de un lugar preciso
en el universo.
Hacia 1590, los novohispanos tenían ya una conciencia de ser mejores y diferentes de los españoles.
SISTEMA
NTSC
DOCUMENTO_DIGITALIZADO
Sí
OBSERVACIONES
Sin carta de derecho ni fecha de entrega
CODIGO_BARRAS_LTO
BWF480
INFORMACION_ADICIONAL
Fernández, J; Garza, M. de la; Jiménez Codinach, G.; Monsiváis, C. Nava, J.A.; Sarmiento Donate, A.; Tajonar, H. (2001). México: CONACULTA, OCEANO. UNAM, Fundación Televisa.
BARRA
Divulgación
TEMPORADA
1
CONDUCTOR
Carlos Fuentes Guillermo Sheridan – Voz en off
TEMA_CONTENIDO
La herencia cultural y artística de México, desde la época prehispánica hasta la contemporánea
LOCACION
CLASIFICACION
A
IDIOMA_ORIGINAL
Español
ENLACES_RELACIONADOS
REALIZACION
Felipe Galindo Aranda
PRODUCCION
Héctor Tajonar
LIGA_COLECCION_PODCAST
https://itunes.apple.com/mx/itunes-u/el-alma-de-mexico/id848601197?l=en&mt=10

