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MW-10017
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SINOPSIS_SERIE
Esta obra ofrece un recorrido exhaustivo por la herencia cultural de México a través de su producción artística, abarcando desde los orígenes prehispánicos hasta la era contemporánea. Presenta una visión unificada que destaca lo más profundo y valioso de la identidad nacional, plasmada en cuatro periodos fundamentales: prehispánico, virreinal, independiente y contemporáneo. Se propone como una celebración del arte como máxima expresión del rostro creativo de México
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Recorrido por el arte mexicano desde la época prehispánica hasta la actualidad, mostrando lo más profundo y valioso de nuestra identidad nacional
TITULO_PROGRAMA
SINOPSIS_PROGRAMA
Las artes plásticas nacen a la vida independiente de México con el florecimiento del estilo neoclásico, introducido a fines del siglo XVIII por la Real Academia de las Nobles Artes de San Carlos. El romanticismo en el arte y la literatura, y el nacionalismo en la política, acompañarán a la nueva nación en sus primeros pasos. Sus fundadores representan a la generación de jóvenes nacidos en medio de la guerra de Independencia y su labor como literatos, funcionarios de gobierno, diplomáticos y periodistas sentó las bases de la cultura decimonónica mexicana
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Tras la Independencia, el neoclásico de San Carlos floreció. El romanticismo y nacionalismo acompañaron a la nueva nación, forjada por la generación nacida en la guerra
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8
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00:46:03:17
SEMBLANZA_PARTICIPANTE
Carlos Fuentes (1928-2012)
Escritor, diplomático y ensayista mexicano. Reconocido como una de las figuras centrales de la literatura hispanoamericana del siglo XX, fue parte del llamado "Boom latinoamericano". Su obra abarca novela, cuento y ensayo, explorando la identidad mexicana, la historia y las tensiones entre modernidad y tradición. Entre sus libros más destacados se encuentran La región más transparente (1958), La muerte de Artemio Cruz (1962) y Terra Nostra (1975). Desempeñó también una importante labor diplomática y recibió múltiples premios internacionales, consolidándose como una voz influyente en el panorama cultural y literario.
Guillermo Sheridan (1950-)
Ensayista, editor y crítico literario mexicano. Ha desarrollado una amplia labor de investigación sobre la poesía mexicana moderna, especialmente en torno a la obra de Octavio Paz y otros autores del siglo XX. Ha sido profesor, coordinador de proyectos académicos y colaborador en diversos medios culturales. Su trabajo combina el análisis literario con la divulgación crítica, lo que lo ha convertido en una referencia en los estudios literarios contemporáneos de México.
TIPO_ACTIVIDAD
DISCIPLINA
INSTITUCION_PRODUCTORA
CONACULTA | Coordinación Nacional de Medios Audiovisuales (CNMA) | TELEVISA
TRANSCRIPCION
>> La desaparición de la
cúpula protectora de la
monarquía española que nos
había gobernado durante 300
años, dejó a México y a las
nuevas repúblicas hispano
las repúblicas hispanoamericanas desprotegidas y a la búsqueda afanosa de nuevos modelos
políticos y culturales. Rechazamos la tradición española por colonizadora y explotadora. Rechazamos
la tradición indígena considerándola bárbara. No nos quedó más recurso que la imitación
extra lógica de los modelos más prestigiosos del momento,
es decir, los sistemas de los Estados Unidos,
Inglaterra y Francia.
Era fácil imitar estos modelos.
Lo que era difícil era aplicarlos a un país como México
después de 11 años de guerra cruenta,
un millón de muertos y una ausencia de tradición democrática.
No faltaron pensadores y políticos que se abocaron a la solución de estos problemas
de la extrema pobreza, la devastación bélica y la necesidad de crear un estado democrático
moderno. No bastó. Como el resto de la América Española, fuimos sujetos a un
baivén pendular, de la anarquía a la dictadura y de la dictadura a la anarquía.
Con la consumación de la independencia, ondeando ya los colores que
identificarían a la patria nueva, y Turbida integraba el primer gobierno
civil, la junta provisional gubernativa. El grupo heterogéneo, que formaba la verdadera síntesis
de los diferentes actores del proceso emancipador, tanto del lado insurgente como del realista,
se enfrentaba a la enorme tarea de construir una patria y dotarla de un sistema representativo
de gobierno. El primer Congreso mexicano había inaugurado
sucesiones el 24 de febrero de 1822. Al rechazar los españoles la validez de los tratados de Córdoba,
el Congreso Constituyente, encabezado por el diputado Valentín Gómez Farías, propone a
Iturbide como emperador con el nombre de Agustín I.
En ese momento, México era el más extenso de los países hispanoamericanos y en 1822
se amplió aún más, aunque por poco tiempo, al incorporársel en las provincias centroamericanas.
Dentro de un territorio de 4.665.000 kilómetros cuadrados, vivían entonces unos 7 millones de habitantes.
El imperio duró 10 meses y posteriormente, y turbide fue fusilado.
En 1822, reaparece en México el conde espía pintor octaviano d'Alvimar, preso antes por las autoridades virreinales
y acusado de ser agente de Napoleón I.
Lograda la independencia, se presentó Dalvimar ante Iturbide,
solicitando ser nombrado teniente general en el Ejército Mexicano.
Rehusada su petición, el artista, despechado,
tomó parte en una revuelta contra el imperio,
por lo que fue aprendido y condenado a destierro perpetuo.
Durante su prisión pintó dos obras,
una de las cuales era una vista de la Plaza Mayor.
La primera pintura ejecutada por un artista extranjero del México independiente.
Retrata la plaza el 13 de agosto de 1822.
Día en que Iturbide fue a la colegiata del Tepeyac a instituir la orden de Guadalupe.
En la escena vemos el regreso del Carruaje Imperial a Palacio.
El artista, sin embargo, no es fiel al paisaje real.
Elimina el edificio del Parián y la estatua de Carlos IV.
Los primeros dirigentes del México independiente fueron conscientes de la importancia de la
educación para consolidar un proyecto de nación.
José María Luis Mora, Lucas Alamán, Valentingo Mesfarías y otros muchos se preocuparon
por fomentar la creación de escuelas y mejorar el sistema de enseñanza.
Salaman, por ejemplo, impulsó la creación del Museo Nacional y el primer decreto protector
del patrimonio cultural de México, que en medio del desorden político y de la violencia,
fue víctima de numerosos robos y destrucciones.
Del entusiasmo del logro de la independencia surgió una luz de propuestas para constituir
una nación modelo.
Sólo que la triste realidad se fue imponiendo a esta primera generación de mexicanos independientes.
El país no era ya la rica nueva España anterior a 1810.
Se encontraban ante una nación devastada, no solo por la guerra y su casi millón de muertos,
sino por la inexperiencia de los nuevos dirigentes, la improvisación, la falta de los recursos
más necesarios, la inquietud y creciente descontento social al no haber logrado sus anhelos de bienestar.
Todos querían un empleo, un buen sueldo, un premio a su participación en la lucha emancipadora.
La devastación de la guerra afectó a la cultura.
Ejemplo de ello es el teatro.
Al terminar la Guerra de Independencia, gran parte de la escenografía y el vestuario eran muy pobres y vetustos.
La Ciudad de México sólo contaba con dos teatros,
el principal, construido en 1753 en la calle del Colegio de Niñas,
Hoy Bolívar, y el de los Gallos, inaugurado en 1822.
Sin embargo, para 1858 la capital de la República contaba con el Teatro de Iturbide.
15 años antes se había concluido el Gran Teatro Santa Ana, después llamado Nacional.
Las artes plásticas nacen a la vida independiente en medio de un academicismo
de naturaleza neoclásica implantado a fines del siglo XVIII y desarrollado en
las primeras décadas del siglo XIX.
Desde su fundación en 1781 la Real Academia de las Nobles Artes de San
Carlos favoreció una vuelta al clasicismo, una voluntad secularizadora de los temas
menos religiosos y más mundanos,
el uso de nuevos materiales en las esculturas y monumentos,
como el bronce, el mármol y el yeso.
La figura más representativa del academicismo
fue Rafael Jimeno y Planes,
a quien se le atribuye la creación en Nueva España
de la pintura del retrato moderno,
o sea, sin las leyendas y signos heráldicos
que antes identificaban al personaje.
La Academia dejó de percibir donativos y la dotación real que le permitía subsistir.
Pasarían 22 largos años, hasta que Santa Ana decrete su reorganización
y se le conceda el producto de una lotería nacional para cubrir sus gastos.
Una vez reorganizaba la Academia, esta vuelve a traer destacados profesores de Europa
como directores de las áreas de pintura, grabado y escultura.
Se envían seis jóvenes a perfeccionarse en el viejo continente
y se le concede al edificio de la academia
ser el primero de la capital en tener alumbrado de gas.
Entre los becarios está Juan Cordero,
pintor cuya obra resultó un espejo del agitado siglo XIX.
En 1845, le otorgaron una beca para estudiar en la Academia de San Lucas, en Roma,
desde donde envió pinturas de gran mérito,
como el retrato de los escultores Tomás Pérez y Felipe Valero,
y el de Los Hermanos Ajea.
Jóvenes estudiantes también, becados en Italia,
y que estaban proyectando un monumento a la independencia,
remarcando su carácter mexicano y nacionalista.
Juan Cordero realizó también un conocido retrato
de Dolores Tosta de Santana en Palacio Nacional,
de acuerdo a los cánones idealistas de la representación.
A partir del 1848, la Academia organiza exposiciones anuales.
José Bernardo Couto es nombrado director poco después,
y a él se debe una conciencia del valor del arte birreinal,
así como el impulso a una nueva escuela local de pintura.
Los artistas catalanes, Manuel Vilar y Pelegrín Clavé,
llegaron a México en 1846,
con el objeto de reestructurar los estudios de la academia.
Ambos artistas lograron crear una escuela mexicana de pintores
y escultores de gran calidad.
♪
Las pinturas de Pelegrín Clavé y sus alumnos
se caracterizaron por el dramatismo
que la imprimen a temas bíblicos,
mitológicos e históricos.
Se pintan pasajes de la vida del pueblo escogido,
Israel, sus sufrimientos y su lucha constante
con pueblos enemigos. Para el historiador Fausto Ramírez, estos temas reflejan las circunstancias
tan difíciles vividas por la nación mexicana después de consumar la independencia.
La accidentada vida del pueblo judío se equipara con la del México sometido a duras y amargas
pruebas. En las pinturas de la primera época del México independiente se empezaron a gestar
los temas que estuvieron presentes a lo largo del siglo.
Predomina en ellos la preferencia por lo individual sobre lo social,
el culto a la naturaleza, el predominio de la imaginación
y de la sensibilidad sobre la razón,
la nostalgia por el pasado y el deseo de libertad.
El romanticismo en el arte y la literatura y el nacionalismo en política
acompañan a la nueva nación en sus primeros pasos.
se fomentaba la fantasía, la ensoñación, el capricho,
los gestos desmesurados, los matices coloridos y violentos,
los sublime y lo grotesco.
Otra vertiente del romanticismo en la cultura mexicana
fue la pintura de paisaje,
consolidada en la Academia de San Carlos por Eugenio Landezio,
italiano llegado a México en la segunda mitad del siglo.
En la escultura, el maestro catalán Manuel Vilar fomentó la creación de personajes de la historia patria.
Vilar era natural de Barcelona y trabajó con empeño en su nueva patria.
Renovó los estudios de la academia, formó un grupo de alumnos sobresalientes como Martín Soriano,
Felipe Sojo y uno de los más distinguidos, Miguel Noreña.
Un buen ejemplo de la obra de Bilar es la Estatua de Cristóbal Colón.
Herederos de las expediciones ilustradas de Alejandro de Malaspina y del varón de Humboldt,
Artistas europeos arriba en tierras mexicanas a partir del logro de la independencia.
Les atraía de México la novedad, la belleza natural, la diversidad de climas, fauna y flora,
la variedad étnica y también el interés económico, la curiosidad científica o simplemente el deseo de aventura.
Muchos otros artistas viajeros dejaron su impronta en el que hacer artístico.
Jean-Baptiste-Louis, Baron Gros, y Eduard Pingré, entre otros, legaron un registro de los paisajes y tipos nacionales de excelente calidad artística.
Como se puede constatar en la obra de Daniel Thomas Egerton.
Este artista británico llegó a México en 1834
y visitó varias regiones de nuestro país.
Seis años después publicó una serie de vistas de ciudades mexicanas
como Guadalajara, Veracruz, Puebla, Zacatecas y la Capital.
En su obra "El Valle de México", se muestra como paisajista de gran talento,
refinado y sensible.
Expresó en una síntesis notable por su dinamismo y exactitud la inmensidad del paisaje,
la riqueza de su fauna y su flora, la diversidad étnica y social de sus pobladores,
su indumentaria y sus costumbres.
La pintura mexicana de estos años refleja claramente las preocupaciones de los mexicanos,
agobiados por la precaria situación económica, la inestabilidad política constante,
las invasiones y humillaciones sufridas por México.
Felipe Gutiérrez, en "El Juramento de Bruto",
muestra a Lucrecia, violada por el poderoso,
y a sus familiares, quienes han jurado vengar la frente y liberar a la patria de la tiranía.
Rafael Flores, en la Sagrada Familia, desde otra perspectiva, preve los quebrantos que ocasionará al país la Guerra de Reforma,
que siguió a la proclamación de la Constitución de 1857 y lo refleja con la cara angustiada de la Virgen,
que contempla la cruz que le presenta a su hijo Jesús.
En su sexto de costura se ve un paño tricolor, símbolo de la patria a la que aguardan grandes amarguras.
En contraste con las pinturas academicistas y románticas, la creatividad popular describe en hermosos y originales trabajos, los sucesos, personajes y tradiciones populares.
Esta es la vida.
Obra de un artista anónimo refleja un espléndido cuadro de costumbres tan sabroso como los manjares de la cocina poblana,
atribuidos al pintor costumbrista Agustina Rieta.
Antes que la academia promoviera el realismo en la pintura,
Agustín Arrieta dio gran importancia a abodegones,
naturalezas muertas y escenas de la vida cotidiana.
En sus obras brillan el dibujo y la composición,
la variedad de objetos, plantas y animales,
la calidad perfecta de los cristales y de la porcelana.
Sin un aparente mensaje detrás de la composición,
sus bodegones son emblemáticos del colorido y la sustancia de la mexicanidad,
que entra entonces, y sobre todo en provincia,
en una fase definitoria ante los embates del extranjero
y por comparación con el mundo de su tiempo.
Otros pintores de provincia, como el Jaliciense, José María Estrada,
muestran otro tipo de vida menos agitado que el de la capital.
La niña de la muñeca, de estrada, refleja paz, suavidad y ternura.
Para 1859 aparece en la pintura el tema del ferrocarril,
signo del progreso de una nación.
El Tren de la Villa de Guadalupe a la Ciudad de México fue el primer tramo del ferrocarril México Veracruz.
Esta presencia de la "Negra Locomotora" y sus pintorescos carros se aprecian en la "Colegiata de Guadalupe",
el Tren de la Villa pintado por Luis Coto.
De 1859 a 1863 se paraliza la construcción de obras de tipo religioso debido a la reforma liberal.
Una de las pocas obras de arquitectura religiosa de este período es la cúpula del templo de Santa Teresa, la antigua,
construida por Lorenzo de la Hidalga en 1856.
En Perú, de la Hidalga construyó muchas otras de carácter civil, como el Teatro Santana,
Residencias en la Calle de Palma, la Cárcel de Belén y multitud de proyectos de monumentos,
hoteles, penitenciarías y edificios públicos, los cuales se quedaron en el papel.
Recuerdos de un México que no podía llevar a cabo más que una pequeña parte de lo que los mexicanos soñaban con hacer,
para ver lo próspero y a la altura de las naciones cultas del planeta.
Entre las innovaciones del siglo, al dibujo,
que desde antaño era un instrumento eficaz de transmisión de conocimientos,
se sumó la aplicación de la técnica litográfica poco antes inventada en Alemania.
El dibujo sobre la piedra o litografía
permitió la rápida multiplicación de las imágenes
y por lo tanto la posibilidad de transmitir el conocimiento
a un mayor número de personas.
Sería este arte el encargado de reflejar la azarosa vida del siglo XIX mexicano.
Claudio Linnati, nacido en Parma en 1790, había introducido la litografía en México,
inicio un semanario sabatino titulado Eliris,
en cuyo primer número, en 1826,
se incluye un figurín femenino en litografía a color ejecutada por Linati.
Ese mismo año, las críticas de Eliris a las dictaduras y a la guerra
ocasionaron que el italiano fuera considerado persona no grata y expulsado de México.
Dos años más tarde, Linnati publica en Bruselas su obra "Trajes civiles, militares y religiosos de México",
en donde se prefigura la pintura costumbrista de los años posteriores.
Las 48 láminas de la obra, representan un verdadero catálogo de los tipos más populares del México independiente,
El indigente, el seminarista, el escribano público o evangelista, el soldado raso, el oficial,
las tortilleras, el aguador, el carnicero, el guardia civil, el cochero.
Entre los usos más populares de la litografía tuvo lugar en la prensa periódica.
Es sorprendente la temprana utilización de este arte en México
si se compara con el uso que se hizo de él en el continente europeo.
El mosaico mexicano, por ejemplo, como revista de divulgación,
retrata la vida cultural de las primeras décadas de la nación independiente.
su forma es semejante a las publicaciones inglesas, francesas y españolas de la época,
quizá porque casi todos los textos se obtenían de revistas de esos países.
Pero ya en el segundo tomo aparecieron artículos de historia, literatura y ciencia
escritos por extraordinarios mexicanos, como Carlos María de Bustamante, Guillermo Prieto,
Bernardo Couto, Manuel Orozco Iberra y José Joaquín Pesado.
Atrás quedaba el énfasis de épocas anteriores en asuntos religiosos y políticos.
Ahora centraban su atención en los nuevos descubrimientos de la ciencia y las artes,
los hechos históricos más notables, los fenómenos naturales, los procedimientos agrícolas,
las descripciones de lugares célebres del mundo, viajes y biografías de hombres notables.
Anunciaban también poesías puramente mexicanas.
Otra revista, El Museo Mexicano, continuó la obra del mosaico.
Los fundadores de El Museo Mexicano fueron Manuel Páino y Guillermo Prieto,
representantes de la generación de jóvenes nacidos en medio de la Guerra de Independencia,
y cuya labor como literatos, funcionarios de gobierno, diplomáticos y periodistas,
sentó las bases de la cultura nacional de simonónica.
A partir de 1836, surge un grupo de poetas y escritores reunidos en la Academia de Letrán y en el Iseo Hidalgo.
Pertenecían al movimiento romántico, que al decir de Víctor Hugo, era el liberalismo en la literatura.
Se incluyen en este grupo José Joaquín Pesado, Fernando Calderón, Ignacio Ramírez el Nigromante y Vicente Riva Palacio.
Rescatan al pasado y le dan una función política,
ya que casi todos ocuparon puestos públicos de importancia.
Entre las obras de historia más destacadas del período,
sobresalen los trabajos de Carlos María Agustamante,
Lorenzo Sabala, José María Luis Mora y Lucas Salaman.
Se templan en las guerras e invasiones de potencias extranjeras,
y como escribía Ignacio Ramírez,
se angustian ante la debilidad de la patria
investida por la ambición de naciones tan poderosas
como Francia, España e Inglaterra
y particularmente los Estados Unidos.
"¿Seremos nosotros el modelo de los humanos débiles?"
preguntaba Dolorido el migromante.
Nadie simbolizó este desesperante baivén en México
mejor que un personaje trágico.
El general Antonio López de Santa Ana.
11 veces presidente de la República
y cuya ineptitud
y frivolidad
nos llevaron primero
a perder la provincia de Texas
y segundo en la guerra de 1848 con los Estados Unidos
Todo el norte de la República, lo que hoy son los estados norteamericanos de California,
Utah, Nevada, Colorado, Nuevo México y Arizona.
México había perdido la mitad de su territorio, pero los Estados Unidos habían cumplido lo que llamaban su destino manifiesto.
Se habían convertido en palabras del filósofo y pensador político francés Alexis de Toqueville
en la primera nación continental moderna.
Es en este contexto de amenaza continua desde el exterior de violencia a flor de piel,
de inestabilidad interna y sozobra en las familias,
en el que se entienden las estrofas del himno nacional mexicano,
estrenado en 1854 con letra de Francisco González Boca Negra
y música de Jaime Nuno.
La patria, debilitada y mutilada en su territorio,
tiene sin embargo energías suficientes para dar vida
a una constelación de intelectuales, literatos, hombres de estado, científicos, maestros y
artistas que se sobrepusieron a las amargas experiencias que les tocó sufrir y recobraron
para la posteridad la identidad nacional.
También existe un progreso médico-científico. En estos años se fundan nuevos centros de
de asistencia social.
En 1842 se crea el Consejo de Salubridad para vigilar la
enseñanza de la medicina, para fomentar los estudios de
higiene, la vacuna contra la viruela, para visitar los
establecimientos de beneficencia, proponer una
política sanitaria y formar un código sanitario para toda la
República.
En 1833 se había fundado el Establecimiento de Ciencias
médicas. Francisco Montes de Oca crea nuevas técnicas operatorias y en 1845 el doctor Matías
Beistegui introduce la práctica de la transfusión de sangre y se inicia el uso de agujas hipodérmicas.
Guillermo Prieto y Casimiro Castro, uno literato y el otro artista gráfico, hicieron la crónica de
de ese México. La realidad se refleja vitalmente en la obra plástica del segundo.
Casimiro Castro nace cerca de la capital en 1826.
Él y la nación crecerán juntos y compartirán los traspiés de la primera infancia.
El optimismo de la adolescencia, desarrollarán la creatividad y la energía de la juventud,
saborearán los gozos y el asíbar de las penas de la madurez y la prematura vejez.
En 1846, Casimiro Castro hace la litografía del mapa panorámico del Puerto de Veracruz,
dibujado por Francisco García. Es un mapa, o vista de pájaro, como se les llamaba a estos dibujos
que se hacían desde un globo aerostático.
No era fácil hacer perspectivas de cada calle,
esbozar los edificios, árboles, monumentos y otros detalles.
En el dibujo de Veracruz se destacan 17 edificios y sitios importantes.
Las ascensiones aerostáticas eran motivo de gozo para los mexicanos.
En 1840, el europeo Guillermo Eugenio Robertson y el mexicano Leona Costa asombraron a la multitud con su osadía.
Pero el más famoso aeronauta de ese siglo fue sin duda Don Joaquín de la Cantolla,
que por más de 50 años, divirtió gratuitamente al pueblo con sus globos de manta y canastilla de mimbre
y con los tremendos porrasos que recibía de vez en cuando en sus atrevidas piruetas.
Casimiro Castro y sus contemporáneos se templaron en la adversidad.
Casimiro Castro retrata la ciudad de México como era,
antes y después de ser destruida por asonadas y guerras,
antes y después de la secularización y desamortización de templos y conventos,
Antes y después de su crecimiento urbano, de su incipiente industrialización y de la revolución tecnológica sufrida en el transporte, en la iluminación, drenaje, desagüe y urbanización de la capital.
En 1855-1856 se publica la obra "México y sus alrededores".
En ella, Castro y sus colegas dejaron 38 testimonios gráficos de la Ciudad de México y su entorno,
en láminas difícilmente superadas hoy en día.
Puede decirse que México y sus alrededores es en verdad una fiesta visual acompañada de una fiesta de la Escritura.
Los textos son de varios intelectuales destacados de la época.
Los pies de ilustración son trilingües,
en el centro español, a la izquierda en inglés y a la derecha en francés,
en respuesta a la creciente presencia de comunidades extranjeros en el país.
En la villa de Guadalupe, tomada en globo,
Reproducen con facilidad las aglomeraciones para visitar a la virgen del tepeyac.
Se percibe cómo la fe y la piedad popular se guían vivas,
a pesar de los embates de una secularización galopante,
la que se aprecia en los cambiantes nombres de los establecimientos comerciales,
antes con títulos de ascendrada religiosidad y ahora mundanos,
como el progreso, la locomotora, la concordia, la fama.
El Progreso, nuevo valor en Boga, se reflejaba en cambios tan cotidianos como en el nuevo nombre del café birreinal de Veroli.
Ahora este se había transformado en un café con una fonda en los altos, bajo el rimbombante título de "Sociedad del Progreso".
Sus parroqueanos, los cabezones o intelectuales de la época, le llamaban simplemente "café el progreso"
y allí se daba cita lo más granado de entre los poetas,
escritores, periodistas, novelistas y artistas.
Se notaba un cambio en las costumbres.
El ciudadano de Simonónico pasaba más tiempo en el café,
en la Fonda y en la antigua almuercería,
que ahora se nombraba restaurante al estilo francés.
El varón, no tanto la mujer,
vivía largas horas en espacios públicos
y menos tiempo que antes en el hogar y en la iglesia.
Artistas y escritores buscaban afanosamente dar identidad a sus paisanos.
En 1855 se publica "Los mexicanos pintados por sí mismos",
cuyo título indica el rechazo a dejar que los viajeros y escritores extranjeros
fuesen los únicos que describiesen al pueblo mexicano.
Las litografías son creaciones de Ezikio y Riarte
y los textos de Hilarión Frías y Soto,
Niceto de Samacois, Juan de Dios Arias e Ignacio Ramírez.
¿Cómo olvidar estos actores de la vida nacional
que desfilan por las páginas de esta obra graciosa y profunda?
El aguador, un verdadero Neptuno doméstico,
comedido, entregado al trabajo,
con su chococol a la espalda y sus zapatos lodosos
que adorna su fuente el día de la Santa Cruz, tira cuetes y oye música toda la noche.
La chiera, fugaz como una mariposa, pues aparece sólo en cierta época de el año.
Su oficio es refrescar a los pacientes y cantar dulcemente,
en medio de su puesto adornado de flores y ramas,
chía, horchata, limón, piña, tamarindo, que toma usted mi alma.
El evangelista, escribiente de condición humilde que compone misivas de amor, de pésame o de lo que mande su merce.
El sereno, quedadas las diez de la noche, se dedica a vigilar las calles y aprender los faroles.
La China, fresca y linda criatura retratada en el siguiente verso.
encarnados a Galejo, banda con fleco de plata, cintura delgada, chata y ojos de ofender a Dios.
La estanquillera, vendedora de puros, cigarros y otros objetos del monopolio,
magnífica conversadora que conoce el mundo, el corazón humano y la crónica de su barrio.
El maestro de escuela que enseña los chicuelos
escritura con el carácter inglés, gótico y español.
Entre 1858 y 1861,
el país de estos pintorescos tipos nacionales
vuelve a sobrar y sufre una guerra civil.
En 1859, el presidente Juárez decreta
decreta las leyes de reforma, donde se establece la separación entre la iglesia y el estado,
y los bienes del clero pasan a formar parte del patrimonio nacional.
Liberales y conservadores se disputan el poder con las armas. Vencidos los conservadores
en 1861, aún no se reponía el pueblo de las pérdidas humanas y materiales, cuando el
El presidente Juárez decretó la suspensión de la deuda exterior, medida necesaria, dada
la penuria del erario.
En octubre de 1861, Francia, Gran Bretaña y España acordaron exigir el pago de la
deuda bloqueando los puertos mexicanos.
Francia aprovechó el conflicto para apoyar a la creación del segundo imperio mexicano
a solicitud de algunos políticos mexicanos conservadores.
La Revolución Liberal expidió las leyes de reforma y la Constitución de 1857, que separó
a la Iglesia del Estado, puso a circular los bienes del clero y abolió los privilegios
tradicionales de la casta militar y de la aristocracia dándole primacía a la legislación civil.
Todo esto, por supuesto, estaba en contraposición a las ideas y programas del Partido Conservador.
La lucha entre ambos partidos resultó inevitable, desembocó en las muy cruentas guerras de
reforma, culminando con la victoria liberal en la batalla de Calpú-Lalpan.
El Partido Conservador cometió entonces el inmenso error de apelar a la intervención
de una potencia extranjera para dirimir un conflicto nacional mexicano.
Acudieron los conservadores a Napoleón III. Al frente del segundo imperio francés en
su etapa de expansión colonialista. En el mismo año de 1862, Napoleón III invadió
México e invadió Indochina, lo que más tarde se llamaría Vietnam.
La corona de México le fue ofrecida por un grupo de notables conservadores apoyados por
Napoleón a la archiduque austriaco Fernando Maximiliano y a su esposa la princesa belga
Carlota Amalia.
Esta corona de sombras, como la llamó el dramaturgo mexicano Rodolfo Ucigli, trajo a México a
Maximiliano y Carlota engañados y enfrentados a una tenaz resistencia republicana, encabezada
por Juárez, que acabó por expulsar a los franceses y ejecutar a Maximiliano en el cerro
de las campanas.
El destino de Maximiliano fue objeto de intensos debates en Europa.
Victor Hugo le pidió a Juárez Clemencia para el emperador.
Por el contrario, el tigre Clemán Zó desde el Parlamento francés demandó su ejecución
como un escarniento para los poderes que quisieran intervenir en los asuntos de las repúblicas
las cifras americanas, pero lo que más afectó a la citación fue la larga fila de feretros, de cadáveres de cientos de jóvenes franceses muertos en México, que volteó la situación contra Napoleón III y lo debilitó en su enfrentamiento fatal con Bismarck en la guerra franco-prusiana, perdida por Francia, y que estableció el escenario para dos de las más cruentas guerras, que se han hecho en el país.
y de la aventura imperial de Napoleón III y de Maximiliano en México.
El emperador de educación liberal impulsó la Academia de San Carlos y las ciencias recibieron apoyo del imperio.
En 1865 se publicó una obra, modelo en su género,
En 1865 se publicó una obra, modelo en su género.
La memoria de la Comisión Científica de Pachuca,
afscrita a la Comisión Científica de México,
formada en París el año de 1864.
Maximiliano y Carlota fueron benefactores de pintores y escultores mexicanos.
Nombraron como pintor oficial a Santiago Rebul,
que emprendió también la decoración de las terrazas del castillo de Chapultepec
con figuras de vacantes, delicadas y románticas.
Por otra parte, en el transcurso del siglo XIX,
se habían ido difundiendo tipos eindumentarias que hoy identificamos como nacionales.
Por ejemplo, el charro, con su cultura del jaripeo, su traje de gamusa o paño,
bordados en pita o en plata, su sombrero jarano, su zarapé multicolor,
su caballo o brindón enjaizado, su exquisita silla de montar y espuelas de plata labrada.
Los emperadores quisieron asemejarse a sus súbditos y se vistieron de chinacos con su
jorongo y sombrero jarano, el emperador y con mantilla y reboso de seda, la emperatriz.
Pero todo fue en vano, el imperio de Maximiliano, como el de Iturbide, también resultó efímero.
El 19 de junio de 1867 a las 6.30 horas de la mañana fueron sacados del
Exconvento de Capuchinas de Querétaro, tres prisioneros, el emperador Maximiliano,
el general Tomás Mejía y el general Miguel Miramón.
Moría el príncipe liberal que había querido ser mexicano con el apoyo del partido conservador
y de las bayonetas de un ejército extranjero,
extraña y trágica paradoja.
[música]
En 1867, termina la guerra civil.
Triunfa la República Liberal y con ella,
la nación mutilada, invadida y escindida,
se recupera para los mexicanos.
No quiero decir que la intervención francesa
no haya tenido algunas ventajas.
Por ejemplo, la introducción del pan francés, nuestro bolijo, que fue traído por los franceses.
El trazo majestuoso del paseo de la reforma en la capital mexicana, inspirado por la Avenida Luis de Bruselas, la capital belga de Carlota y el mariachi.
las tropas del imperio, franceses, belgas, austriacos,
húngaros, alemanes, polacos, italianos, bohemios,
se casaban con jóvenes mexicanas acompañados de bandas
de guitarra, guitarrón y violín llamadas "música para el matrimonio",
"Musique pour le mariage", mariachis.
A mediados del siglo, la fotografía comenzó a popularizarse en México,
Un registro de la intervención francesa quedó plasmado en las fotografías de Maximiliano Muerto
y las del traje que llevaba cuando fue fusilado.
Los daguerrotipos, el papel de plata, los químicos para revelar y las cámaras
llegaron principalmente de Francia.
Uno de los primeros estudios fotográficos de la Ciudad de México se abrió en la calle de Plateros.
Antínoco Cruzes y Luis Campa se instalaron en la azotea de un edificio para aprovechar mejor la luz natural.
Allí hacían los retratos de damas distinguidas y caballeros de la alta sociedad.
Cruzes y Campa tomaron fotografías a Maximiliano y Carlota, a Benito Juárez y a otros personajes sobresalientes de la época.
En la composición de estos retratos, se nota todavía la influencia de la academia de San Carlos.
Con el paso de los años, la fotografía llegó a todas las capas de la sociedad.
De aquella época, existen sutiles retratos de los tipos populares que habitaban en la ciudad.
En 1867, Benito Juárez entró de vuelta a la capital mexicana.
Pero la República Restaurada habría de enfrentarse a muy graves problemas.
Y una pregunta era posible crear en México una República Democrática fundada en leyes progresista.
es una interrogación que habría de persistir durante mucho tiempo.
Quizá la lección más dolorosa de este período
fue que una nación solo sobrevive a los embates de la ambición de propios y extraños
si tiene hijos que mantienen la fe y perseveran en la lucha diaria
por construir una patria más justa, más digna y fraternal.
[música can mega escuch FORE - LOVE - V güj最後ie]
[música gus那个 afterthrough]
[música gus lullaby go, translucido]
[música del estilo 2 - suits]
[música privgaabbá gus 1m]
[música gus lullaby go, lingua]
[Música]
[Música]
[Música]
[Música]
[música]
SISTEMA
NTSC
DOCUMENTO_DIGITALIZADO
Sí
OBSERVACIONES
Sin carta de derecho ni fecha de entrega
CODIGO_BARRAS_LTO
BWF480
INFORMACION_ADICIONAL
Fernández, J; Garza, M. de la; Jiménez Codinach, G.; Monsiváis, C. Nava, J.A.; Sarmiento Donate, A.; Tajonar, H. (2001). México: CONACULTA, OCEANO. UNAM, Fundación Televisa.
BARRA
Divulgación
TEMPORADA
1
CONDUCTOR
Carlos Fuentes Guillermo Sheridan – Voz en off
TEMA_CONTENIDO
La herencia cultural y artística de México, desde la época prehispánica hasta la contemporánea
LOCACION
CLASIFICACION
A
IDIOMA_ORIGINAL
Español
ENLACES_RELACIONADOS
PRODUCCION
Héctor Tajonar
LIGA_COLECCION_PODCAST
https://itunes.apple.com/mx/itunes-u/el-alma-de-mexico/id848601197?l=en&mt=10

