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CUID
M-04711
SUBTITULO_SERIE
FILIJ 27
SINOPSIS_SERIE
Conversaciones en torno a la importancia de crear espacios propicios para el acceso a los libros y el diálogo. A través de conversaciones centradas en la lectura literaria, se explora cómo ésta favorece la construcción de significados, la expresión de experiencias y el reconocimiento de la diversidad de perspectivas. Se destaca la lectura como un acto social que amplía la comprensión del mundo y fortalece la convivencia
EXTRACTO_SERIE
Conversaciones que resaltan la lectura como camino para construir sentidos compartidos, expresar experiencias y reconocer la diversidad, promoviendo entornos que facilitan el acceso a los libros y el intercambio de ideas
TITULO_PROGRAMA
SUBTITULO_PROGRAMA
Federico Navarrete (México)
SINOPSIS_PROGRAMA
Ponencia que explora la relación entre lectura, literatura infantil y construcción de identidades plurales. El autor reflexiona desde su experiencia como lector, escritor e investigador, proponiendo que la lectura es una herramienta privilegiada para enriquecer el universo identitario. Argumenta que frente a identidades hegemónicas y excluyentes, la literatura puede abrir espacios de libertad, diálogo intercultural y humanización del otro, especialmente al dar voz a identidades subalternas como las indígenas o infantiles
EXTRACTO_PROGRAMA
Reflexión sobre lectura e identidades plurales. El autor propone que la literatura infantil enriquece nuestro universo identitario frente a visiones hegemónicas, permitiendo el diálogo intercultural y la humanización del "otro" (indígenas, infancia). La lectura posibilita construir identificaciones profundas que trascienden el mero consumo cultural
N_PROGRAMA
8
N_TOTAL_PROGRAMAS
11
DURACION_TOTAL
01:02:04:08
PARTICIPANTES
Federico Navarrete, historiador y antropólogo
Daniel Goldin, editor, bibliotecario y escritor
SEMBLANZA_PARTICIPANTE
Federico Navarrete Linares
Historiador y antropólogo reconocido por su contribución a la comprensión y divulgación de las culturas originarias de América. Su obra combina investigación rigurosa con una clara vocación por acercar el conocimiento histórico a públicos diversos, en especial a jóvenes lectores.
Ha construido un catálogo amplio que incluye ensayos sobre identidad, cosmovisión y memoria indígena, así como narrativas dirigidas al público infantil y juvenil, entre las que destacan Huesos de lagartija y otras novelas que exploran el pasado desde perspectivas accesibles y reflexivas. Su participación en proyectos editoriales de gran alcance, como Vida y palabras de los indios de América, consolidó su papel como autor clave en la difusión de un pensamiento crítico sobre la historia y la diversidad cultural del continente.
La trayectoria de Navarrete se distingue por su capacidad para renovar enfoques, dialogar con la actualidad y ofrecer lecturas que invitan a repensar la relación entre México, su pasado indígena y sus múltiples identidades
Daniel Goldin
Editor, bibliotecario y escritor mexicano reconocido por su labor en el fomento de la lectura y la edición de libros infantiles y juveniles. Ha dirigido proyectos editoriales de gran relevancia, creó colecciones influyentes y fue director de la Biblioteca Vasconcelos entre 2013 y 2019
TIPO_ACTIVIDAD
DISCIPLINA
PALABRAS_CLAVE
Artes visuales | Cuento | Edición de textos | Enseñanza de la lectura | Escritor | Escritora | Escritura creativa | Humor (literario) | Ilustración | Lectura | Libro para niños | Literatura | Novela | Selección de libros
TRANSCRIPCION
Uno de los grandes mitos que nos interesa poder poner en cuestión en este seminario es la idea de que la lectura resuelve los problemas. Por el contrario, como después nos comentará nuestro siguiente ponente, Federico Navarrete, la lectura genera nuevos problemas. Algunos creemos que también genera instrumentos para pensar los problemas, para resolver problemas, para establecer negociaciones con uno mismo, con nosotros, no solamente genera los conflictos, pero sin duda alguna el lector es una persona más capaz de generarse problemas que una persona que no le gusta. La difracción de las ideas en el prisma de la lectura. Ese es el título de esta conferencia. No es una conferencia dada por un físico especializado en óptica, sino por Federico Navarrete, que es doctor en estudios mesoamericanos por la Universidad Nacional Autónoma de México. Es investigador de la UNAM, también miembro del Sistema Nacional de Investigadores. Yo lo conocí hace muchos años, a pesar de que nosotros somos jóvenes, pero ya hace muchos años, cuando estábamos haciendo una colección que se llamaba Historia de México, en el fondo de cultura económica y con Federico armamos un proyecto que a mí es uno de los proyectos que más me gusta y que en cierto sentido marcó también a Federico y también a mí que es Vida y Palabras de los Indios de América del cual salieron solamente dos de los seis volúmenes y ojalá que algún día se decidan está. Federico es autor también de algunas novelas, Huesos de Lagartija, Alejandra Comellubia, que están publicadas en SM, tiene varios libros de ensayos, La Historia y la Antropología, Trabajas Huellas de los Hombres y los Dioses, tiene algunos libros publicados también en Castillo, en la colección de La Otra Escalera, si no me equivoco hay uno sobre canibalismo. En fin, es una persona que desde hace muchos años, muchos años antes de ser padre, me interesó el tema de la divulgación, le interesó el tema de la literatura infantil y juvenil, y por eso, entre otras cosas, porque ha trabajado desde muchas perspectivas en cuestiones relacionadas con la identidad de los indios de América, pero no solo en eso, sino que cada vez se ha ido transformando y se ha ido interesando por muchas otras cosas, quisimos invitarlo es un gusto enorme tenerlo aquí y le cedo la palabra, regreso cuando tengan las preguntas Bueno pues buenos días tarde ya en realidad y pues agradezco que me hayan invitado para este seminario que veo que tiene pues realmente ponentes de muy destacados de muchos países y que Creo que, bueno, afortunadamente para mí, y por eso me dio tanto gusto la invitación desde que se hizo, reúne dos de los aspectos que han sido centrales en mi vida y en mi carrera académica y de escritor, que es por un lado el tema de la literatura y la escritura, y por el otro lado la reflexión precisamente sobre las identidades, identidades culturales, identidades étnicas, identidades individuales, identidades colectivas. Entonces realmente en la charla de hoy, he pensado más bien una charla reflexiva e informal, más que una cuestión más así de presentar una tesis acabada. Lo que voy a presentar son algunas reflexiones y algunas interrogantes y propuestas sobre este tema. Voy a hablar continuamente en tres calidades, digamos, o me voy a poner tres sombreros. Me los voy a estar poniendo y tratando metafóricamente, literalmente, a lo largo de esta charla. Uno es, voy a hablar como lector, voy a hablar como una persona que como cualquier otro ser humano, tiene no una sino varias identidades y que se ha debatido a lo largo de su vida entre esas identidades, entre darles el peso que les corresponde, entre cuestionarlas, entre buscar nuevas formas de identificarse con su entorno social, con las personas, con su país, con su continente, con el mundo en general. Voy a hablar también, y que bueno, que también para mí, desde un principio, la lectura ha sido una herramienta esencial para esta reflexión y para esta búsqueda de identidades. La lectura y la imaginación, que son dos cosas absolutamente vinculadas desde mi punto de vista, han sido claves para la definición de mis identidades, que no es un proceso para nada terminado ni que parezca llevar a un resultado definitivo. Por otro lado, voy a hablar como autor de libros infantiles y juveniles, tanto de ficción como de divulgación de historia y de antropología, que han abordado todos ellos de una manera o de la otra, ya fuera deliberadamente o fuera sin darme plenamente cuenta, pero de todas maneras lo han abordado, el problema de las identidades. se podría proponer y voy a proponer ahora que las diferentes obras que he hecho de las que hablaré un poco de pasada, abordaban o tenían que ver con ese problema de una manera o la otra, aun si yo no me daba cuenta cabalmente de que tenían que ver con él, pero han sido una reflexión sobre ese tema y bueno, y el tercer sombrero que me voy a poner o la tercera el tercer lugar del que voy a hablar es como un investigador en historia y antropología que ha estudiado el tema de las entidades como un problema teórico, como un problema histórico, antropológico, como un problema central de la vida de los pueblos indígenas desde la conquista hasta la fecha y como un problema central de nuestra vida social y cultural en el mundo contemporáneo, en el marco de la mal llamada globalización con la que terminaremos, con la que terminaré mi discusión. Entonces, realmente lo que les voy a presentar ahora es como un diálogo entre estas, es resultado de un diálogo entre estas tres facetas, la de una persona que es lector, que soy lector, la de un escritor y la de un investigador que aborda el tema de la identidad como un objeto de su estudio. Y entonces, el resultado va a ser, como dice el título de mi conferencia, en esta metáfora física, va a ser una difracción, porque lo que yo voy a intentar demostrar a lo largo de proponer y demostrar a lo largo de esta charla es precisamente que las entidades son plurales, que no pueden ni deben tender a ser únicas y que una de las funciones mejores que se le puede dar a la literatura infantil y a la lectura en general, es ayudarnos a explorar y a enriquecer este universo plural de las identidades, y que esto es algo que es particularmente urgente en el mundo contemporáneo. Entonces, bueno, para empezar, voy a hablar un poco de mi experiencia individual, de cuando yo era niño, de cómo ha sido mi, un poco como decía, como persona y como lector, cuál ha sido la relación que ha habido entre la literatura, la lectura en general, y la conformación de una, no de una identidad, pero la reflexión, la problematización y la búsqueda de una identidad. Para empezar, debo decir que yo nací en un contexto de clase media de la Ciudad de México, hace ya unas décadas, y creo que esto no ha cambiado desde entonces para acá, que para un niño nacido en un contexto urbano latinoamericano, como era la Ciudad de México, como pudo haber sido Sao Paulo, o como pudo haber sido Caracas, o Bogotá, o Lima, o Santiago, la identidad no era una cosa, que no pertenecía, por cierto, a una minoría étnica definida, yo no era miembro de ninguna minoría étnica particular, era miembro de, pues no sé de qué era miembro, justamente es a lo que voy. La identidad no era para nada una cuestión que yo, que fuera transparente, digamos, que fuera una cosa que yo reconociera y que me fuera dada de una manera unívoca. para realmente a lo largo de, ahora cuando recapitulo, veo que a lo largo de mi infancia, y fue mucho a través de las lecturas, fui recibiendo diversas identidades. En la escuela tenía unos libros de texto que tenían una señora medio gorda, con un vestido, una bandera que era la patria, y se supone que uno tenía que identificarse con ella, y le enseñaban a uno una historia ahí, bueno, lamento el comentario que era medio gorda, digamos, frondosa. Y bueno, le enseñaban uno que una historia patria, los mexicanos, nos hablaban de esta colectividad de los mexicanos. Pero por otro lado, también en mi casa, yo realmente fui hijo de… o sea, mis padres habían sido formados como maestros normalistas en los años 50, 60, y eran firmes partícipes del proyecto vasconcelista, y entonces yo crecí con las lecturas clásicas para niños, leyendo de los griegos, leyendo de los vikingos, leyendo de los vedas, de los arios de la India, leyendo así de esta como miscelánea de tradiciones mitológicas y de leyendas de todo el mundo que eran las lecturas clásicas para niños, y también mis padres me leyeron La Iliada, me leyeron El Cid Campeador, y entonces ahí descubrí una inmensa posibilidad de identidades, identidades en el sentido de mundos con los que podía yo identificarme, aunque fueran muy distantes, de mundos con los que podía yo aprender, mundos que me podían servir para enriquecer mi universo. Desde luego, al mismo tiempo estaba yo expuesto a los medios de comunicación, a la tele, no tenía yo cablevisión pero tenía un amigo que tenía, entonces veíamos la tele gringa descubrí el rock en una de las grandes epifanías de mi vida y aprendí a cantar en inglés fueron toda una serie de elementos que lo que me daban era una gran variedad de modelos, por así decirlo una gran variedad de referentes a los cuales poderme acercar, en los cuales poder explorar qué significaba ser un joven, un niño, un joven urbano de clase media de una ciudad como la Ciudad de México, como de cualquier ciudad latinoamericana. Entonces, realmente mi infancia fue omnívora en el sentido de que creo que tanto mis padres como el medio escolar, mi medio escolar, que iba más allá del libro de texto afortunadamente, como los propios medios de comunicación me pusieron a una gran cantidad de modelos, de imágenes, de espejos en los que podía yo imaginarme reflejado. Y claramente no había uno solo que tuviera una fuerza mayor que los otros. Y eso fue, por ejemplo, una diferencia generacional abismal que hubo entre mis amigos y yo, y por ejemplo la generación de mis padres. La generación de mis padres como que sí tenía una clara identificación con una serie de símbolos que tenían que ver con la identidad nacional mexicana. Una serie de símbolos, una serie de creencias, una genealogía ahí, que si la Malinche y Cortés y Octavio Paz habló de los problemas familiares, de la identidad mexicana, pero para mi generación eso no eran más que… no tenían sentido, o sea, no nos veíamos reflejados en ese espejo y no eran… pues sonaba retórica más que nada. Yo recuerdo cuando ya muy tarde, por cierto, ya en la universidad, leí La Región Más Transparente de Carlos Fuentes, pues me pareció un ejercicio más o menos divertido en una antropología de caricatura, pero no me pareció que hablara de ninguna realidad con la que yo pudiera relacionarme. Y con usted que era supuestamente la Ciudad de México 30 años o 20 años antes de la Ciudad de México que yo estaba viviendo. Entonces, había una... La identidad nacional, al menos para los niños de los círculos en que yo me movía, no pretendo hacer una generalización para toda mi generación, pero no era clara, no tenía una fuerza así como monolítica, o no tenía una fuerza que nos definiera primordialmente. Estábamos abiertos a muchas influencias que iban más allá de nuestras fronteras, en muchas direcciones, porque por un lado estaba desde luego Estados Unidos, y estaba Inglaterra, el rock, la cultura mediática internacional, pero también estábamos abiertos a la influencia de la música de protesta latinoamericana de los años 70, estábamos, convivíamos con jóvenes exiliados de Argentina, de Chile, de Brasil, de Uruguay, entonces también estábamos abiertos hacia América Latina y entonces teníamos esta gran, pues, sinceramente una, digamos, no había claramente, era una gran oferta, una gran cantidad de elementos con los que podíamos definir una identidad sin que sin que ninguno de ellos primara sobre los otros. Y fue justamente en ese contexto que me llamó particularmente la atención la obra de Jorge Luis Borges, que es una obra que tiene una apuesta por la universalidad. Borges empezó haciendo una literatura quizá más nacionalista, sus primeros cuentos tenían algo del localismo bonaerense, hablaban de la Pampa, pero después se dejó llevar por sus curiosidades intelectuales y su búsqueda, su erudición, a hablar de las más variadas tradiciones, y yo recuerdo particularmente una frase de él que siempre me conmovió particularmente con la que me identifiqué desde un principio, que decía así, felizmente no nos debemos a una sola tradición, podemos aspirar a todas. Para mí eso fue, era como definía de una manera muy clara un poquito lo que era mi situación. O sea, no tenía yo una tradición de la que me pudiera considerar heredero así claro y tenía más bien la curiosidad de buscar en diversos lados y la lectura era la herramienta fundamental para hacer eso, de buscar las tradiciones, buscar los universos imaginativos, los espejos en los que podía yo reflejarme. Ahora, una cosa que percibí después fue que en esta vastísima oferta que tenía yo por medio de la literatura, gracias al proyecto vasconcelista de alguna manera y su vocación universal de tradiciones con las cuales identificarme, Faltaba o tenía, sentí la falta después de una en particular, que sería la tradición amerindia, digamos, que era mucho más fácil conseguir material sobre la griega clásica, sobre la Grecia clásica, sobre la ideada, era más fácil leer sobre el circampeador, era más fácil saber sobre la mitología germana o sobre la Europa medieval, que conseguir un material que fuera accesible para un lector joven no especializado sobre las culturas indígenas de América. Y esto, justamente, ya en mi desarrollo profesional, es una de las cosas que he intentado subsanar. Si fuera a resumir un poco lo que ha sido la misión de buena parte de mi producción de literatura infantil y de libros de divulgación para jóvenes, ha sido precisamente dar elementos imaginativos, producir textos que permitan subsanar esta falta, es decir, que permitan hacer accesible a los jóvenes lectores de hoy las culturas, la imaginación, las tradiciones amerindias, cómo son accesibles otras tradiciones como puede ser la Grecia clásica, la tradición occidental, la medieval, la cristiana, o inclusive las orientales, que son relativamente más accesibles. Y detrás de todo esto hay una identificación que surgió en mi concepción desde muy pronto, que es la identificación entre imaginación e identidad. O sea, para mí la búsqueda de la identidad siempre es un ejercicio de imaginación, es un ejercicio de exploración. O sea, la identidad no es algo que esté ya necesariamente dado, es algo que construimos relacionándonos con el mundo. Ya sea relacionándonos con las personas que nos rodean o ya sea relacionándonos con los libros o con la música o con la televisión, con el cine, con cualquier manifestación significativa, con cualquier manifestación artística o cultural producida por otras personas. Y en este relacionamiento, en esta relación que establecemos con los otros, encontramos puntos en común con esos otros. Y esos puntos en común son los que nos permiten construir identidades. Identidad en el sentido de identificación con el otro, en el sentido de reconocimiento de una comunidad con el otro. que puede ir desde una comunidad física geográfica hasta muy complejas comunidades imaginativas, como pueden ser las que se construyen en función de una afición común a ciertos autores, o a ciertas ideas, o a ciertos mundos imaginarios. Entonces, de alguna manera, cuando yo, y esto, ahora les voy a, ya saliendo un poco de mi historia individual, les quiero contar otra experiencia que he tenido ya como escritor, que es la experiencia que he tenido con mi diálogo con lectores de uno de mis libros, quizá, bueno, a mi juicio el más importante, que es la novela histórica Huesos de la Garfija, que es una novela que trata de la conquista de México y que narra la conquista de México desde la perspectiva de un niño azteca o mexica, y que la narra como una historia en primera persona vivida por un niño que vivió y sobrevivió la conquista de México. Que es un libro que ha tenido, afortunadamente ha tenido bastante éxito, y no lo digo por presumir, sino más bien ha sido una fortuna para mí que lo haya tenido. Y eso sí ha sido una fortuna realmente para mí. He tenido la oportunidad de dialogar con muchos lectores de este libro a lo largo de los años. Y he notado, y les voy a contar esta anécdota porque muestra cómo también esto que yo les señalaba a nivel individual lo muestra a un nivel más amplio, cómo un libro puede hablarles en términos identitarios muy distintos a grupos de lectores en la misma ciudad y en el mismo momento. Generalmente, voy a, así, un poco simplificando, voy a decir que he visitado, voy con frecuencia a las escuelas donde mi libro es leído como material didáctico, como material escolar, y hablo, he ido a dos tipos de escuelas, he ido a varios tipos de escuelas, pero bueno, las que se nota más claramente este contraste son dos tipos. Por un lado, he ido a escuelas de clase media-baja del oriente de la Ciudad de México. Son escuelas privadas, pero son escuelas privadas relativamente baratas para niños que son los primeros niños que van a escuela privada en sus familias. Muy probablemente sus padres, si tuvieron acceso a la educación, fue en la escuela pública, pero ellos están yendo a una escuela privada con un esfuerzo, inclusive económico, significativo de sus padres de darles acceso a lo que ellos consideran que es una mejor educación. Y para estos niños, la historia de Huesos de Lagartija, la historia del niño azteca o mexica, Cuetspalom, que es el protagonista, que sobrevive la conquista, es una historia que les habla de una cosa muy íntima. La leen como una historia casi personal. Hay una cercanía emocional con el personaje que es francamente conmovedora. Yo me acuerdo, una de las experiencias mejores que he tenido como escritor ha sido justamente dialogar con un grupo de estos niños, que me tuvieron como dos horas y media haciéndome preguntas, y notaba que había una emoción detrás de la lectura y una identificación con el personaje muy fuerte. Claramente ese personaje era un espejo en el que ellos reflejaban su identidad. Claramente se consideraban cercanos a Huespalomitl, al niño azteca que vivió la conquista, y claramente la historia de este niño era una historia que significaba para ellos mucho, o sea, significaba para ellos emocionalmente, era una historia que hacían propia. En el sentido que decía de la construcción de estas identidades en establecer relaciones con el otro, bueno, construyendo una identidad en función de establecer relación con el personaje ficticio de la novela. En cambio, por otro lado, he ido a escuelas privadas también en la zona poniente de la Ciudad de México, Pedregal o Interlomas, por ejemplo, en que los niños les gusta la historia, la discutimos, me hacen muy buenas preguntas sobre la trama, pero claramente para estos niños de estas escuelas no hay una identificación con el personaje. O sea, están leyendo esta historia como pueden leer cualquier otra historia de aventuras y es una historia de aventuras, entonces pues tiene peripecias, tiene peligros, tiene escenas violentas, fuertes, de guerra, y entonces discutimos eso y la discuten como podrían estar discutiendo una película que vieron, como podrían estar discutiendo muchas otras cosas que tienen. Tiene un universo de lecturas más amplio, entonces me hacen preguntas más literarias en el sentido que los niños de la otra escuela. Pero lo que no hay es una cercanía emocional, una identificación con el personaje y con la historia. Realmente no voy a aventurar una hipótesis de a qué se debe esta diferencia entre unos lectores y los otros. no sé si sea una cuestión de origen étnico, no sea una cuestión de clase, no sea una cuestión de barrio, no sé a qué se deba. A lo mejor es una combinación de estos tres factores, pero lo que me señala justamente es cómo en esta pluralidad de identidades en las que nos movemos en el mundo contemporáneo, desde luego no están repartidas igual. Y no digo que nos tengan más, no nos tengan menos, sino que en cada situación social particular, los lectores van a acercarse o no a cierto material, a ciertos libros, de una manera diferente. Y esta reflexión me importa a mí, porque en lo que se llama la identidad nacional mexicana, en esta construcción ideológica del Estado mexicano de los últimos 100 años, la historia indígena ha jugado siempre un papel muy importante. O sea, de acuerdo con la definición clásica de la historia nacional mexicana, nosotros somos nietos de los indígenas, hijos de la Malinche y de Cortés, y por eso somos mestizos, básicamente, por decirlo de una manera caricaturesca, pero la identidad nacional mexicana es bastante caricaturesca en ese sentido. Y entonces, de acuerdo a esta genealogía, hablar de los indígenas es hablar de nuestros abuelitos, es hablar de algo con lo que debemos identificarnos. Y en ese sentido pareciera que los niños de las escuelas de la zona oriente de la ciudad estarían en principio más cercanos a esta identidad nacional, mientras que los niños de la zona poniente estarían menos cercanos a esta identidad nacional. No me convence enteramente este argumento, no creo que sea un problema de identidad nacional ahí. Yo creo que tiene que ver con identidades mucho más locales, mucho más particulares de los grupos, pero señala justamente también la complejidad que hay en estos procesos de identificación. Para hablar de identidades, yo creo que hay que entender que las identidades son, antes que nada, un proceso. O sea, no son cosas dadas, no son cosas fijas. Son cosas que se construyen histórica y socialmente y son cosas que se modifican continuamente histórica y socialmente por medio de estos procesos de identificación. Y que entonces también uno como autor o como personas que trabajamos con la lectura tenemos que estar conscientes que el papel que juega la lectura en esta construcción de identidades y yo creo que es un papel muy importante porque la lectura puede tener una fuerza emocional y un potencial imaginativo como quiero volver a la idea de imaginación muy particular que pueden ser especialmente importantes para la construcción de la identidad. No diré que es la única herramienta, desde luego hay otras herramientas para la construcción de la identidad, pero yo diría que la lectura es una de las mejores. Y ahorita quiero decirles, o puede ser una de las mejores, y en la segunda parte de la conferencia quiero decirles justamente por qué considero que debe ser de las mejores. Y entonces, en ese sentido, también es importante, quise plantear el tema de la recepción de mi obra, o sea, de la manera en que un mismo texto es recibido de una manera tan distinta por niños de dos entornos sociales diferentes en el mismo tiempo y en la misma ciudad. Porque justamente para mí el buscar hablar de los temas que tienen que ver con las culturas indígenas, el buscar abrir este universo cultural de los pueblos indígenas, no solo de México, sino de toda América, a los lectores infantiles, no ha sido un proyecto que tenga que ver con la concepción de la identidad nacional mexicana, sino ha sido un proyecto que de alguna manera busca, si no subvertirla, al menos sí abrir otras avenidas de identificación que no sean únicamente las que se dan en esta definición de la identidad nacional mexicana y que tampoco sean, por otro lado, las que se dan, por ejemplo, en los medios de comunicación, en el mass media internacional, que tiende, como decía en un principio, a ignorar a esta tradición cultural y a muchas otras que hay en el planeta, pero bueno, no puede uno abordarlas todas. Entonces, justamente en esta, digamos que a mí lo que me interesa de abrir este universo imaginativo de las culturas indígenas para los lectores de hoy es justamente el tratar de abrir perspectivas nuevas que no son abiertas o que son abiertas de una manera con la que no estoy de acuerdo por las perspectivas dominantes que hay. Tanto la del Estado, en su concepción, en su definición de la identidad nacional, como la de los medios de comunicación. Y hay muchas otras, porque tampoco es que sean las únicas dos que hay. Entonces, bueno, creo que en esta primera parte espero haber planteado algunos puntos claves. uno, que las identidades son plurales que esa es mi experiencia de las identidades y yo creo que eso es algo que cualquiera de nosotros puede reconocer, y no creo que quizá para un niño de la Ciudad de México las identidades sean más plurales que para un niño de una comunidad rural pero tampoco para el niño de la comunidad rural hay una identidad única, siempre hay varias posibilidades de identificación entonces uno, dos que la lectura es una herramienta privilegiada para la búsqueda y la construcción de nuevas identidades o para la afirmación de identidades que ya existen. Desde luego también, no necesariamente la lectura sirve solo para abrir nuevas fronteras, sino también puede servir para consolidar identidades ya existentes. Ese es el uso que se le da justamente, por ejemplo, en el libro de texto. En los libros de texto de historia estoy pensando particularmente. O sea, si hay una, en los programas como han sido planteados tradicionalmente, si hay un énfasis en la construcción de una identidad nacional y en la utilización de los libros, del material de texto y del material de lectura para cimentar esa identidad nacional. Y por otro lado, que las ciencias son un proceso, o sea, que están en construcción y que justamente el trabajo del escritor, el trabajo del lector es la construcción de las identidades. Es el establecer relaciones, el establecer identificaciones para construir las identidades. Entonces, a partir de estos tres planteamientos, lo que quiero plantear en la segunda parte de la conferencia es justamente que ya es una cosa más propositiva en el sentido de que, a mi juicio, El papel, lo que debemos buscar es justamente potenciar la pluralidad de las identidades y que la lectura es una herramienta muy rica y particularmente eficiente. No me gusta hablar de eficiencia porque suena como muy económico, pero particularmente eficaz, particularmente mágica inclusive en este proceso de construcción de nuevas identidades por medio de la imaginación. O al menos eso lo digo porque en mi vida ha sido clave. O sea, yo las identidades que he podido construir a lo largo de mi vida han sido en buena medida por medio de la lectura. Entonces, vamos a ver la cuestión de la pluralidad. Como les digo, todos tenemos muchas identidades. Tenemos identidades culturales que tienen que ver con nuestras formas de pensar, nuestras formas de comer, nuestras formas de vestir, que tienen que ver con nuestras creencias religiosas, que tienen que ver con nuestros valores. Tenemos identidades políticas que tienen que ver con cuestiones como a qué estado-nación pertenecemos, nuestra nacionalidad, que tienen que ver con nuestras convicciones políticas. Y cada vez, por ejemplo, en un país como México cada vez más parece que las convicciones políticas tienen una dimensión identitaria fuertísima en nuestro México contemporáneo. Tenemos identidades de género, que tienen que ver con el género al que pertenecemos, tenemos identidades sexuales, tenemos una gran variedad de identidades que no necesariamente son congruentes entre sí, que no necesariamente constituyen una unidad armónica o una unidad siquiera lógica. O sea, podemos pertenecer a muy diferentes grupos, identificarnos con muy diferentes grupos en los diversos niveles de nuestra identidad. Y eso yo creo que es particularmente fuerte en el mundo contemporáneo, y con eso terminaremos hablando de la globalización y todo eso, pero no es propio del mundo contemporáneo. La pluralidad de identidades siempre ha existido. Existió en el México prehispánico, existió en el México colonial, en América colonial, existió en la Europa medieval, ha existido siempre. Siempre ha habido esta pluralidad de identidades. Y creo que un elemento importante es que esta pluralidad de identidades, y aquí va el centro de mi propuesta, es liberador. O sea, el que podamos identificarnos con diferentes grupos, según nuestros diferentes aspectos de nuestra vida, y el que podamos elegir nuevas identificaciones, es una parte esencial de nuestra libertad como personas. No necesariamente, no solo de nuestra libertad individual, también puede ser parte de una libertad colectiva, porque yo creo que estas identificaciones no son solo procesos individuales. Ahora estoy hablando particularmente de procesos individuales porque me interesa el lector, bueno, y la práctica de la lectura es individualizante. Pero no necesariamente la práctica de la lectura tiene que ser individualizante y no necesariamente los procesos de construcción de identidades son individuales, también pueden ser colectivos. De hecho, son por definición un diálogo entre el individuo y la colectividad, porque es justamente una persona identificándose con otras. Entonces, yo creo que esta libertad identitaria, la posibilidad de elegir identidades, de escoger identificaciones con otros, es una necesidad, en el sentido ético. Es una base de cualquier régimen político, de cualquier régimen social que se quiera democrático, que se quiera respetuoso de las libertades y de los derechos humanos. O sea, yo diría que es un derecho humano fundamental. Y en ese sentido, y aquí sigo un poco las reflexiones del premio Nobel de Economía Amartya Sen, hay que tener mucho cuidado con las identidades que se pretenden excluyentes. Es decir, con estas definiciones identitarias que pretenden que si uno pertenece a una religión o a un Estado-Nación, debe por fuerza rechazar otras formas de identificación y de rechazar su pertenencia a otras colectividades. que pretenden que una identificación particular debe primar sobre todas las otras. Yo creo que debe primar, no, porque históricamente puede ser que prime y eso no es malo, debe excluir las otras. Creo que ahí hay una diferencia que es muy importante. Una cosa es que haya una identificación que sea más importante y otra cosa es que esa identificación que es más importante impida la existencia de otras formas de identidad, de la construcción de otras redes de identidad. Entonces yo creo que esta lucha contra las decisiones excluyentes, Amartya Sen plantea que es un imperativo muy importante en nuestro mundo contemporáneo y yo estaría de acuerdo con él. Y que en esta lucha contra las decisiones excluyentes, es decir, aquellas que pretenden suprimir las otras posibilidades de identificación, que pretenden monopolizar de alguna manera las identidades, la literatura y esta capacidad que tiene de hacer aumentar las identidades o de crear, generar nuevas identidades por medio de la imaginación, es un instrumento clave. No digo que sea el único, pero yo creo que tiene una fuerza particular. Y esta fuerza particular tiene que ver con la capacidad que tiene de hacernos, de transportarnos a mundos, a imaginarios distintos al nuestro. Yo sinceramente, y esto es una apreciación individual, yo sinceramente una película jamás ha logrado hacerme vivir un mundo diferente con la intensidad con la que lo puede hacer una buena novela o un buen libro. Y estoy diciendo, puede ser un libro de historia o un libro de antropología, o un libro de física eventualmente. Yo creo que la capacidad de vocación imaginativa que tiene la palabra escrita, y la palabra hablada también, lo que pasa es que estamos hablando de literatura y se transmite fundamentalmente por medio escrito, es excepcional. Y que en ese sentido es una herramienta particularmente valiosa para el enriquecimiento de los universos imaginativos. Y que al enriquecer los universos imaginativos de los lectores, lo que permite justamente es debilitar las formas de identidad excluyente que se pretenden imponer desde los estados o desde los medios de comunicación. Entonces, en ese sentido, yo diría, inclusive se podría hablar de un carácter subversivo, que puede llegar a tener un cierto carácter subversivo, la lectura y la literatura en este contexto. frente a aparatos estatales, oficiales que buscan imponer identidades excluyentes, la lectura puede ser un espacio, la literatura, la lectura en general, puede ser un espacio para subvertir estas pretensiones monolíticas desde el poder. Y esto suena un poco quizá maniqueo, lo estoy planteando en términos muy blanco y negro, pero yo creo que claramente una de las características del mundo contemporáneo sí es enfrentarnos a un proyecto homogeneizador que viene de los centros hegemónicos de la producción cultural anglosajona y también a otros proyectos igualmente homogeneizadores que se construyen a nivel de los Estados-Nación en ciertos contextos y que en ese sentido es importante mantener redes que vayan más allá de esos proyectos homogeneizadores. Por otro lado, yo creo que justamente esta capacidad de la literatura para transportarnos a mundos diferentes, para hacernos habitar mundos que no son el nuestro, por medio de la imaginación, es clave para posibilitar el diálogo intercultural. Por diálogo intercultural me refiero a la capacidad que podemos tener los diferentes grupos humanos para convivir de una manera respetuosa y para dialogar de una manera igualmente respetuosa con los grupos humanos que tienen culturas, ideas, valores y concepciones del mundo diferentes, que viven en mundos diferentes a nuestro. Y que la interculturalidad no es simplemente la tolerancia de decir, bueno, ellos son diferentes, tienen derecho a ser diferentes y no me importa. Si no es, va mucho más allá. La interculturalidad es el estar dispuesto a aprender de su diferencia, el estar dispuesto a cuestionarnos nuestras formas de hacer las cosas en función de la forma en que los que son diferentes a nosotros hacen las suyas, el estar dispuesto a poner límites a nuestra libertad para respetar la libertad de los otros, y el estar dispuesto a negociar y a dialogar con ellos para llevar a soluciones que sean satisfactorias para los diferentes grupos sin que ninguno tenga que abandonar sus valores esenciales. Yo creo que la interculturalidad es uno de los retos esenciales de la convivencia social en el siglo XXI, tanto a nivel de los Estados-Nación como a nivel planetario. En México el problema así más visible de interculturalidad es el problema de los pueblos indígenas y su demanda de autonomía, pero no es el único para nada. Yo creo que también entre la llamada mayoría mestiza mexicana hay una pluralidad cultural que no ha sido reconocida y es urgente reconocer esa pluralidad y establecer relaciones de mayor respeto entre los diferentes grupos mestizos de nuestro país, más otra serie de grupos que pertenecen a la comunidad nacional mexicana, inmigrantes de diversos países del mundo, inmigrantes de América del Sur, de Centroamérica, bueno, es muy amplio. Entonces, yo creo que justamente la literatura, no solo la literatura, sino también las obras de divulgación, y es lo que ha sido realmente el propósito de mi trabajo como escritor para jóvenes, la literatura y las obras de divulgación para jóvenes pueden servir para dar herramientas cognitivas, para dar información, pero también para ayudar a pensar de una manera diferente que permita entender, no entender, comprender cómo piensan los que son diferentes a nosotros. Y también dar herramientas sensibles, o sea, ayudar a sentir al otro. a sentir cómo pueden sentir los otros. Esto no es más que un ideal. Nunca va a ser logrado plenamente. Pero es un ideal al que he intentado. Ha sido el ideal que ha regido mis obras. Y entonces, el objetivo final de esto es humanizar al otro. O sea, permitir que poder, que los lectores puedan entender que los pueblos indígenas que son de los que escribo, pero podría ser cualquier otro grupo humano, o sea, no son necesariamente únicamente los pueblos indígenas, pero bueno, que los pueblos indígenas son tan humanos como nosotros, pero que son humanos de una manera diferente. Y eso es una cosa que se entiende a nivel racional, pero que se tiene que sentir a un nivel emocional para que realmente funcione. Y aquí el autor que más ha reflexionado sobre esto quizá sea Michael Bakhtin, con su teoría de la dialogía. finalmente el diálogo propiamente solo se da cuando reconocemos que el otro tiene una conciencia propia que es independiente de la nuestra y cuando estamos dispuestos a dialogar con esa otra conciencia en términos de igualdad es decir, cuando no pretendemos abarcar al otro en nuestra propia conciencia ni explicarlo de acuerdo a nuestra propia racionalidad sino reconocemos su alteridad y establecemos un diálogo a partir de este reconocimiento y de un respeto básico y de un reconocimiento básico del otro. Esta humanización básica es la base, esta humanización del otro es la base de la interculturalidad. Y yo quiero creer que la lectura, la literatura, el trabajo por medio de la palabra espírita es una herramienta importante para lograr eso. Al menos es la que he elegido y creo que tiene una serie de características muy valiosas para esto. Por otro lado, hay que entender el contexto político de todo esto. Ya he dicho algo de esto. Las identidades finalmente son construcciones y son construcciones políticas. Las identidades importan porque sirven para definir quién manda y quién obedece, para definir quién tiene derecho a mandar y quién está obligado a obedecer, porque dan legitimidad, porque generan consenso en la sociedad. Y como tal, han sido definidas desde… o sea, el poder tiene un gran interés en definir las identidades. Ya hablaba del contexto escolar y de todo lo que significan los programas de educación, los libros de texto. Y hablaba también de un proyecto hegemónico de los medios de comunicación, anglosajones, que no es monolítico, pero que claramente sí tiene una serie de líneas que van en ciertas direcciones. Ante este proyecto, yo creo que uno de los valores que puede tener el trabajo por medio de la literatura, por medio de los libros, es uno que no es tan... O sea, es su fuerza, quizá, derive del hecho de que no es tan poderoso. O sea, finalmente, el libro ya no es quizá la herramienta esencial para la definición de estas identidades. Ahora, estas identidades desde el poder, que tienden a ser excluyentes, por cierto, o sea, que tienen este rasgo que había señalado anteriormente, estas son definidas por otros medios, son definidas por medio de la televisión, por medio de otros canales. Y el libro, la lectura sigue teniendo un peso, ¿no? En el contexto escolar quizá, en el contexto quizá de la prensa, pero ya no es la herramienta fundamental. Y entonces, paradójicamente, es frecuente que lamentemos que la lectura pierde espacio frente a los otros medios de comunicación, frente a las otras formas de comunicación, pero a lo mejor esta relativa marginación le da una libertad y le da una importancia particular en este contexto. El hecho de que ya no sea la única herramienta o la herramienta principal justamente permite que pueda ser vehículo para transmitir otro tipo de valores, otro tipo de ideas, para establecer otro tipo de identificaciones. Ahí es una cosa compleja y creo que eso sería un tema de reflexión, la marginalidad o no marginalidad de la lectura y hasta qué punto eso sirve o no sirve, o la debilita o paradójicamente le puede dar algo de fuerza, pero esa es una propuesta. Y por otro lado, yo creo que, al menos mi objetivo ha sido justamente frente a estas identidades hegemónicas, es decir, que vienen desde el poder y que buscan construir estos consensos sociales y establecer estas identidades excluyentes, creo que es particularmente importante el presentar otras formas de identidad que no son esas, que podríamos llamar, frente a lo hegemónico, para hablar en términos gramscianos, podríamos definir como subalternas, es decir, como que no vienen de los grupos que están en el poder, sino que vienen de los grupos que precisamente no tienen poder. Y entonces creo que estos universos imaginativos que hay que abrir son los universos imaginativos de los grupos que quedan excluidos de los discursos hegemónicos, de las formas de comunicación hegemónicas. y bueno, ahí yo creo claramente por ejemplo, en ese sentido se puede pensar desde luego los grupos indígenas frente a los estados-nación, claramente bueno en ese sentido es muy fácil hablar de los grupos indígenas de una manera crítica pues sí es estar hablando de grupos que han sido tradicionalmente excluidos de la representación de lo que debe ser la identidad mexicana, porque una cosa es que la identidad mexicana habla de los indios del pasado pero de los cintos del presente generalmente los ignora o los discrimina o más bien busca hacerlos desaparecer. Entonces, bueno, ese es un punto. Pero también creo que es interesante hablar, por ejemplo, de los niños frente a los adultos. O sea, los universos infantiles son subalternos, porque finalmente los niños están ahí para que los eduquemos. Los niños están ahí para que les enseñemos lo que es verdadero, para que les digamos con quién se deben identificar, para que les digamos quiénes son. y entonces el darles a los niños canales de imaginación que no pasen por este tú debes ser, tú debes aprender, tú debes convertirte en, y que les den la libertad de conocer otras formas de ser niño que puede haber en otras sociedades, yo creo que puede ser una manera interesante de justamente presentar identidades subalternas. En ese sentido, yo creo que cuando trato de explicarme por qué a los niños les gusta mi novela Huesos de Lagartija, la explicación más común que tengo no tiene que ver con el hecho de que crean el nacionalismo mexicano y se identifiquen con su pasado indígena. Tiene que ver con que es una historia de un niño que resuelve, él como niño, problemas que los adultos no pueden resolver. Tiene que ver con una identificación que tiene más que ver con sus capacidades infantiles y con su identificación de niños con un personaje infantil que con una cosa más abstracta, una identificación que esté mediada por una representación histórica más elaborada. Entonces, en esta presentación de las identidades subalternas, lo que se pueden o sea de las identidades que de alguna manera no están siendo presentadas por los canales hegemónicos es también importante el construir puentes en el tiempo y aquí sigo las ideas del filósofo alemán Walter Benjamin cuando él señala que de alguna manera él dice que un poco el proyecto histórico para la liberación lo que debe hacer es buscar en el pasado los momentos en que el mundo pudo haber sido diferente, los momentos de esperanza y de peligro que hubo en el pasado y traerlos al presente. Y él los llama tiempos ahora. Son tiempos en que la historia estuvo a punto de estallar en una dirección distinta a la que finalmente tomó. Fueron tiempos de esperanza, de liberación, que no necesariamente tuvieron éxito, pero eso no implica que no sean valiosos y que no deban ser traídos al presente. Entonces, en ese sentido, la ventaja de esta búsqueda de los tiempos ahora, de estas temporalidades distintas, es que ayuda precisamente a deconstruir o a criticar las narrativas lineales del tiempo que presenta, que se definen desde el poder. O sea, una de las características que tienen las construcciones de las ciencias hegemónicas en el mundo contemporáneo es que todas parten de una idea básica. Lo viejo es malo, lo nuevo es bueno, o lo viejo debe ser superado por el progreso, por la construcción de la nación, por lo moderno. Y justamente yo creo que para tratar de construir estos universos imaginarios distintos, es muy importante no volver al pasado como pasado, es decir, no presentarlo como, mira, esto fue, sino presentarlo como esto fue y puede seguir siendo ahora. O sea, traer el pasado al presente de una manera distinta. Entonces creo que esto no es solo una cuestión intelectual, sino es un ejercicio también de generación de esperanzas. O sea, yo creo que las alternativas al presente van a surgir de nuestra capacidad de reactualizar estos momentos del pasado, en ese sentido. Y entonces creo que es muy importante que una vez más la literatura, la experiencia de la lectura, con esta capacidad que tiene de involucrar la imaginación y la emotividad, de involucrar la razón y los sentimientos, puede ser particularmente eficaz para lograr estas mediaciones, para lograr traer al presente estos tiempos diferentes o estos presentes diferentes también, porque no solo es lo que está en el pasado, sino también las formas diferentes de estar en el presente que hay en el mundo contemporáneo. Y entonces, bueno, yo creo que ya para terminar, Como les decía, nuestro tiempo actual, la era de la globalización, que es como se ha dado en llamar de los últimos 10 años, digamos a la fecha, tiene ciertas características que no son enteramente diferentes al pasado, pero que están enfatizadas. Por un lado, es paradójico y creo que todos los autores que tratan de reflexionar sobre la globalización y que van más allá de los clichés, llegan a una contradicción esencial de nuestra situación actual. Por un lado, hay proyectos homogeneizantes y hay una integración de la mayor parte de la humanidad en una red única que sigue a una lógica única, que es la lógica del capitalismo. Pero por otro lado, al mismo tiempo, lo que ha habido es una explosión de las identidades particulares a nivel mundial. Entonces, al mismo tiempo que hay una tendencia hacia la integración y la homogeneización, la información, por el otro lado ha habido una explosión de las diferencias. Las diferencias son hoy más visibles que nunca. Las diferencias son hoy un tema del que se habla continuamente. Las diferencias culturales, las diferencias identitarias y la identidad es un tema clave en la discusión política en muchos aspectos ahora. Entonces, tenemos aquí un movimiento aparentemente contradictorio, que es por un lado la uniformación y por otro lado la explosión de la diferencia y en el que se involucra todo, se involucra desde lo más local, desde las identificaciones, identidades más particulares hasta las más generales. O sea, está en juego la definición de si los pueblos indígenas tienen derecho a ser diferentes y si la comunidad de tal pueblo tiene derecho a seguir vistiéndose de tal manera y está en juego al mismo tiempo la definición de qué es ser humano. ¿Los seres humanos qué somos? ¿Somos modernos, occidentales y racionales? ¿O somos musulmanes? ¿O somos católicos? ¿O somos budistas? O sea, hay proyectos universalizantes y hay proyectos particularizantes que están todo el tiempo interactuando de una manera infinitamente completa. Y entonces lo que nos enfrentamos es a lo que hablaba al principio de la conferencia, la gran oferta de identificaciones que hay. Nosotros, los jóvenes, los no tan jóvenes, todos, nos enfrentamos en nuestra vida cotidiana a una gran cantidad de opciones con las que nos podemos identificar. podemos vestirnos a tal moda, podemos vestirnos a tal otra, podemos aprender un idioma y creernos que somos no sé qué, podemos aprender otro idioma, podemos elegir una, irle a un equipo de fútbol, pero ya no solo el del barrio, sino también ya le podemos ir a un equipo en Europa, y a otro equipo en Argentina, y a otro equipo en Brasil, y a otro equipo en donde quiera que haya ligas de fútbol. Y entonces, todas estas identificaciones posibles están dentro de la lógica del mercado capitalista. O sea, finalmente, la conclusión a la que han llegado las mejores reflexiones sobre la globalización es que lejos de ser contradictoria, la explosión de las identidades no hace más que permitir una inserción más eficaz de la mayor parte de la población a las redes globales. Porque finalmente las identidades se convierten en mercancías que se intercambian de acuerdo a la lógica del sistema capitalista global. Esa es un poco la propuesta de Slavoj Zizek, el crítico cultural esloveno marxista. Y entonces, digamos, y a este nivel de simple mercado, bueno, no simple, a este nivel de mercado, pues finalmente uno se puede identificar con aquello que esté dispuesto a adquirir, y ponerte la camiseta del Manchester United, te vuelve en teoría comprar la camiseta del Manchester United, porque se vende, y luego ponértelo, regalárselo a tu hijo, te vuelve en teoría, te identifica con los hinchas del Manchester United, de Inglaterra o de cualquier lugar del mundo, o la del Real Madrid o la que ustedes quieran, por dar un ejemplo. Yo creo que, una vez más, yo creo que la imaginación y la capacidad que tiene la escritura y la lectura, para hacernos imaginar, para hacernos sentir, para transportarnos a mundos diferentes a los nuestros, puede permitirnos ir más allá de estas formas de consumo, simplemente. Los libros son objetos de consumo, se venden y se compran, y bueno, así son, es la lógica, existen y por mí mientras más se vendan mejor para todos, para los lectores, para los escritores, para los editores y para todos los que estamos en este negocio, en esta rama de la economía, por así llamarla. Pero creo que más allá de este hecho, una vez más espero, mi apuesta, es que tengan esta capacidad de ir más allá, de ser simples mercancías. Que es la capacidad que tienen para llamarnos, para hacernos entrar en un mundo diferente, para enseñarnos, para hacernos reflexionar y para hacernos sentir, permita justamente ir más allá de esta simple danza de las identificaciones y encontrar formas de convivencia y de respeto más profundas. y que justamente lo que nos permitan es, en esta arena global en que todo parece estar a la venta, nos permitan definir las cosas que no van a estar a la venta, nos permitan definir las formas de convivencia que no sean únicamente las de la mercancía y las del sistema hegemónico, sino otras formas de convivencia política, cultural y humana. Y entonces nos permitan construir también identidades que no sean únicamente las que están a la venta, digamos, las identidades que están en el mercado, sino identidades de otro tipo, identidades basadas no simplemente en que puedo comprar esto, sino en que puedo entender esto, puedo comprender, puedo sentir, puedo acercar a esta otra persona porque la puedo entender. Y eso creo, espero, que sería una de las grandes funciones que tendría la lectura del libro en el siglo XXI. Muchas gracias.
SISTEMA
NTSC
DOCUMENTO_DIGITALIZADO
Sí
FECHA_AUTORIZACION
15/11/2007
FECHA_INGRESO_ENTREGA
15/11/2007
FECHA_PUBLICACION
15/11/2007
CODIGO_BARRAS_LTO
BWF480
BARRA
Divulgación
TEMPORADA
27
CONDUCCION
Daniel Goldin, escritor
TEMA_CONTENIDO
Promoción de la lectura y la literatura
FECHA_GRABACION
15/11/2007
LOCACION
CLASIFICACION
A
IDIOMA_ORIGINAL
Español
REALIZACION
Leonardo del Río
PRODUCCION
Ana Victoria Martínez Anaya

