Document
Thumbnail
Share
CUID
M-03517
TITULO_SERIE
SUBTITULO_SERIE
FILIJ 25
SINOPSIS_SERIE
Mirada sobre la vigencia de obras que, más que objetos de prestigio, funcionan como marcos culturales y estéticos para dialogar con la experiencia, construir sentido y ampliar la interpretación del mundo. Su potencia radica en conectar tiempos y generaciones, ofreciendo modelos narrativos, éticos y simbólicos que iluminan conflictos contemporáneos y fortalecen la imaginación y el pensamiento crítico.
La consigna es leer con—y no desde—los clásicos: en prácticas vivas, con mediación sensible, acervos disponibles y espacios de intercambio. Así, cada lector resignifica los textos desde sus circunstancias, evitando su uso normativo.
Se invita, además, a concebir el canon como repertorio dinámico: un territorio que se reconfigura según las prácticas de lectura y la diversidad cultural, en lugar de una lista fija. Leer con los clásicos implica también cuestionar y ampliar lo considerado valioso transmitir.
En suma, la lectura de los clásicos se entiende como práctica social y estética que sostiene la memoria, fomenta el diálogo y enriquece la vida cultural
EXTRACTO_SERIE
Leer con los clásicos implica dialogar con obras que conectan tiempos y generaciones, fortalecen la imaginación y el pensamiento crítico, y permiten construir sentidos propios desde prácticas lectoras vivas y diversas
TITULO_PROGRAMA
SUBTITULO_PROGRAMA
Cecilia Bajour (Argentina)
SINOPSIS_PROGRAMA
Sobre el canon en la literatura infantil, su relación con la formación de lectores y el rol de los mediadores en la selección de textos. Se examina cómo las decisiones sobre qué leer se construyen entre tradiciones literarias, prácticas contemporáneas y condiciones de acceso desiguales. Se analiza la influencia del mercado, la escuela y las políticas culturales en la conformación de repertorios de lectura, así como la necesidad de considerar la diversidad de contextos sociales y las culturas de la infancia. También se propone una mirada crítica al canon como un proceso dinámico, permeable y situado en la práctica, donde la interacción entre lectores, mediadores y libros permite redefinir modelos, abrir posibilidades estéticas y favorecer encuentros significativos con la literatura
EXTRACTO_PROGRAMA
Reflexión sobre el canon en la literatura infantil y el papel de mediadores, lectores y contextos sociales en la selección de textos. Se destaca la necesidad de abrir repertorios, considerar la diversidad y favorecer encuentros significativos con los libros
N_PROGRAMA
7
N_TOTAL_PROGRAMAS
12
DURACION_TOTAL
00:56:46:24
PARTICIPANTES
Cecilia Bajour, profesora de letras y filosofía
María Elvira Charría, especialista en fomento de la lectura
SEMBLANZA_PARTICIPANTE
Cecilia Bajour
Profesora en Letras por la Universidad de Buenos Aires y magíster en Libros y Literatura para Niños y Jóvenes por la Universidad Autónoma de Barcelona. Su trabajo se centra en la literatura infantil y juvenil, la formación docente y la investigación en prácticas lectoras.
Es docente titular de Literatura Infantil y Juvenil en el Profesorado Universitario en Letras de la Universidad Nacional de San Martín, donde también integra la Especialización en Estudios Avanzados en Literatura Infantil y Juvenil y participa en el Programa de Lectura, Escritura y Literatura Infantil y Juvenil (PLELIJ). Además, enseña literatura en Institutos de Formación Docente de la Ciudad de Buenos Aires.
Entre sus publicaciones destacan Oír entre líneas, La orfebrería del silencio y Juego con palabras, palabras en juego, obras que abordan la mediación lectora, la escucha y los silencios en la literatura infantil. Su producción académica y docente la posiciona como una figura relevante en el campo de la lectura y la formación de mediadores.
María Elvira Charría
Especialista colombiana en fomento de la lectura, formada en fonoaudiología, con amplia trayectoria en bibliotecas, mediación lectora y desarrollo de proyectos educativos en América Latina. Ha trabajado en instituciones como CERLALC y en programas de lectura vinculados a sistemas educativos.
TIPO_ACTIVIDAD
DISCIPLINA
PALABRAS_CLAVE
Artes visuales | Cuento | Edición de textos | Enseñanza de la lectura | Escritor | Escritora | Escritura creativa | Humor (literario) | Ilustración | Lectura | Libro para niños | Literatura | Novela | Selección de libros
TRANSCRIPCION
Cecilia es profesora en letras de la carrera de letras de la Facultad de Estilosofía y Letras de la UBA en Buenos Aires, Argentina. Es una mujer muy joven, como ven ustedes, pero con una amplia experiencia profesional. De manera especial, ella ama su trabajo relacionado con la formación de maestros y bibliotecarios y siente que ahí es donde ha encontrado su mayor alimento para su reflexión alrededor del tema de la literatura infantil. Cecilia es coordinadora académica del postítulo de literatura infantil y juvenil, organizado por la Escuela de Capacitación Docente, que se llama CEPA, del gobierno de la ciudad de Buenos Aires, desde el año 2002 y hasta el momento. Muchísimas gracias Cecilia por estar con nosotros, te dejamos los micrófonos para que puedas tener esta mañana de encuentro con nosotros. Gracias. Bueno, muchas gracias. Como decía recién María Elvira, para mí realmente es una alegría, un verdadero placer haber tenido la oportunidad de que me inviten a compartir con ustedes una reflexión sobre un tema como es el canon, el canon en especial en la literatura infantil, que me parece tan vasto, tan complejo, del que voy a tomar algunos problemas. Esta va a ser una conferencia semi-ilustrada, o sea que van a haber algunas imágenes, pero no demasiadas. Y me voy a referir al tema de los clásicos, aunque no solo a ese tema. Cuando hablamos del canon, necesariamente tenemos que hablar de los clásicos, pero justamente en relación con otros textos. Por eso vamos a empezar con una imagen que la elegí a modo de epígrafe, que creo que ahora se está viendo, se ve un poco difusa. A ver si se pudiera aclarar un poco más. Ahora sí, ¿lo pueden ver? Bueno, justamente... ¿Leen lo que dice ahí? Bueno, es una tira cómica de un autor argentino que se llama Liniere. Bueno, justamente yo quiero comenzar estas palabras acerca de los problemas del canon y de la literatura infantil, compartiendo con ustedes, a modo de epígrafe, un ejemplo de un género que muchos consideran anticanónico, pericérico o marginal, como es la tiracómica. Muchas veces es de las literaturas vistas como marginales que algunos lectores inician sus trayectorias lectoras. En este caso se trata de dos personajes creados, como les decía, por el humorista gráfico argentino Liniers, el autor de Macanudo, que está editado en Argentina por Ediciones de la Flor. Me interesó porque este es un autor que crea un mundo absurdo, cuestionador de los órdenes, desde una mirada supuestamente ingenua, con una narrativa minimalista, que explota las posibilidades formales del género de la tira cómica, forzando originalmente sus límites gráficos. Estas características hacen que sean disfrutados por igual, tanto por niños como por adultos. Bueno, en la tira que ustedes están viendo, Enriqueta, que es esa niña lectora que está absorta frente a una biblioteca, dialoga con su gato llamado Fellini, que da pura a decidirse por un libro. Por su contestación, ella dice, lo que pasa es que seguramente voy a leer muchos libros en mi vida, pero los que lea en mi infancia me los voy a acordar siempre. Después agarra la cabeza y dice, es mucha presión. Bueno, por esa contestación vemos que ella siente el peso de la influencia que los libros leídos en su infancia tendrán en su memoria futura. En el gesto humorístico de trasladar una angustia que pueden sentir algunos adultos a una niña que habla de libros con su gato, nos encontramos con un tema que atraviesa este seminario. Los puentes que se establecen o no entre el pasado, el presente y el futuro de las lecturas. En la tira de Liniers, los problemas del tiempo aparecen invertidos, como suele suceder en el humor. ¿Acaso a una niña le puede importar la impronta de los libros, de ciertos libros en su trayectoria futura? ¿Los niños se pueden hacer preguntas sobre lo que se debe leer en la infancia? ¿Los conmueve de antemano el prestigio futuro de algunos textos si es que tal prestigio existe? Si devolvemos la preocupación por el porvenir de las lecturas a los posibles preocupados, algunos adultos implicados en la mediación entre libros y niños, ¿de qué modo le ayudamos a Enriqueta a resolver su indecisión? O también podemos preguntarnos qué espacio le dejamos los adultos para los encuentros íntimos y azarosos que van conformando lo más personal que tiene cualquier elección. La escena de Enriqueta y su biblioteca puede llevarnos a pensar en el delicado equilibrio entre las formas de intervención de un mediador y la construcción de la autonomía del lector. De todos modos, en el amigable mundo creado por Liniers, el autor de La Tira, no todo está perdido para Enriqueta, a quien podríamos llamar privilegiada. La niña, en su mar de dudas, tiene una biblioteca cerca y un gato con quien hablar de libros. El problema, si nos salimos de la ficción planteada en la tira, es cuando esos libros no están tranquilamente a mano, como ocurre cada vez más, a menudo, en una realidad social atravesada por la desigualdad. La preocupación, en ese caso, no tendría como objeto a la angustia individual, sino a la necesidad social de conformar una biblioteca para muchos y a la posibilidad de generar una sociabilidad en torno a los libros que se eligen. Pero antes de entrar en el terreno que va de lo dibujado a lo posible en este mundo real, quiero tomar de la escena de Enriqueta el tema de la elección, o sea, la cuestión del canon. En este caso, lo que me produce inquietud y múltiples preguntas es el canon de los textos que leen o leerán los niños. Para problematizar el canon, me parece interesante... ¿Ya se puede sacar la diapositiva? Para problematizar el canon, me parece interesante partir de la palabra misma, de sus varias acepciones y usos en diversos campos a lo largo de la historia. fundamentalmente porque se puede observar fuertes reminiscencias de viejos sentidos en los usos y las percepciones que muchos hoy tienen del término. Canon tuvo que ver en sus orígenes con las artes plásticas, con la religión y el derecho. También con la música. En todos los casos, sus significaciones básicas tienen que ver con reglas, modelos, preceptos. En el terreno de la plástica, en la antigüedad grecolatina, canon era la regla o sistema que determinaba las proporciones de la figura humana en escultura, arquitectura y pintura. Las normas sobre lo que se consideraba armónico fueron cambiando con los tiempos, pero siempre el arte fue y sigue siendo un territorio de debate tanto sobre las supuestas armonías como sobre las tendencias o resistencias a tomarlas como modelo. En el ámbito religioso tenía que ver, entre otros aspectos, con las lecturas religiosas legítimas frente a las apócritas. La institución religiosa que canoniza personas y textos al hacerlo sanciona reglas de vida y de clínica. En música, el canon es un tipo de composición que se caracteriza por un fragmento melódico o rítmico que es tomado como modelo e imitado por distintas voces o instrumentos. Como es fácil ver, la idea de reglamento, de sagrado, de ley, ronda en todas estas definiciones del canon. En el caso de la literatura y su historia, a los sentidos anteriores se agrega la idea de listas o catálogos. Desde el más antiguo canon literario, el de Alejandría en el siglo II a.C., hasta los cánones actuales, algunos de ellos muy divulgados y polémicos, como el occidental de Bloom. Distritas instituciones o intelectuales prestigiosos, en la mayoría de los casos representantes de grupos sociales hegemónicos, se encargaron de seleccionar y definir cuáles eran los textos, autores y géneros que debían ser leídos o tomados como módulos. En el acto de consagrar o dejar afuera propio de cualquier canon artístico, se esconde una serie de definiciones sobre qué es el arte en cada momento histórico, en nuestro caso, qué es la literatura, particularmente la infantil. Junto con estas definiciones, la operación del canon pone en evidencia, si no se lo acata pasivamente y se lo problematiza, quiénes tienen a su cargo en cada campo artístico, decidir cuáles son los textos canónicos y cuáles no. Desde qué visiones estéticas e ideológicas lo hacen, cuáles son las posibilidades de que tales textos sean conocidos como representativos de una época o tendencia artística o de una cultura nacional, y algo que miraré con especial detalle, cómo son las representaciones de los receptores, acerca de esos textos y sus formas dinámicas y contradictorias de relacionarse con ellos. Sobre todo, hablaré de lo que nos pasa a los mediadores con el problema del canon en relación con la literatura infantil. ¿Dónde se originan los cánones en la literatura infantil? ¿Quiénes tienen a su cargo la consagración de autores, textos, géneros? En un campo donde la academia y la crítica tienen un estatuto débil, aunque lucha por constituirse con plenos y originales derechos, como pasa por ejemplo en la Argentina, ¿quiénes marcan el camino de lo que se lee? Indudablemente, el mercado editorial y la escuela tienen un peso insoslayable en el establecimiento de un canon literario infantil. Aunque quiero remarcar que en un contexto socioeconómico cada vez más golpeado por el acceso desigual a los bienes culturales, no se puede generalizar sobre un canon, sino pensarlo sobre todo en relación con la accesibilidad de los lectores a conocerlo, a disponer con libertad de él y apropiárselo. En el mejor de los casos, a ponerlo en discusión. Esto puede ser imposible en localidades que no tienen acceso a bibliotecas públicas, muchas veces desprovistas o con grandes dificultades de renovar sus fondos, o a librerías, muchas de las cuales están a la merced de la distribución de los grandes grupos editoriales y se pierden los hallazgos de algunos luminosos emprendimientos pequeños, que en muchos casos marcan el camino de lo nuevo en la literatura infantil. El problema del acceso está además fuertemente condicionado por el coste, sobre todo de libros que pertenecen a editoriales extranjeras, en el caso de Argentina, lo que reduce sensiblemente la posibilidad de ampliar el canon. Por otra parte, los procesos de canonización en la literatura infantil, más que en otras zonas del sistema literario, están caracterizados por la tendencia a instalarse en lo conocido, autores, colecciones, géneros, incluso teorías. El predominio de la repetición obstaculiza la apertura del canon a zonas de experimentación, de búsquedas estéticas innovadoras. Un ejemplo de esto es la dificultad con la que entran al canon algunos autores que intentan caminos renovados, más cuando producen y crean fuera de la capital del país o del país mismo. Luego veremos cómo opera esta resistencia a lo nuevo en las prácticas de selección y lectura. Tras haber intentado una breve presentación del concepto de canon y de algunos de sus problemas, es interesante cuestionar la percepción que se suele tener de los cánones como vastos e inalcanzables, como emprendimientos ajenos, hechos por sujetos e instituciones que parecen haber leído todo lo que había que leer. Frente a esta inmensidad, aunque siempre esté recortada la que se trata de una selección, la sensación puede ser similar a la de Enriqueta, la niña de la tira cómica, la de la angustia, la de estar en falta, con la autoridad en ocasiones innominada, que designa cuál es el olimpo de las lecturas. Es común que se ubique a los clásicos en estas alturas olímpicas. Muchas veces solo basta leerlos o ponerlos a disposición para ver que las cumbres están cerca del lector y se olvida de los deberes canónicos. Estos deberes son, por ejemplo, los de rendirle culto a prestigios de los que a veces solo conocemos la cáscara sin haber hincado el diente en la punta. Una forma posible de desarmar esa idea de un canon como algo totalitario, sagrado, sordo y autorreferencial, pensado en otra parte, es pensar un canon que escucha, que se ofrece en diálogo, que se abre a la cultura que corre por fuera de las instituciones que consagran los textos y los que definen su circulación, que no se reduce a su dictado. Un canon, cuando parte de instituciones que se cuestionan la idea de modelo a seguir, ayuda a incomodar y abrir los ojos para destronar las lecturas cristalizadas. Un canon permeable a la cultura del pasado y a la vez a las múltiples culturas del mundo presente, sobre todo a las que tienen que ver con las distintas maneras contemporáneas, algunas inmensamente raras y de esas, otras terriblemente crueles de vivir la infancia. Creo que tanto para los estudios sobre la literatura infantil como para la reflexión que puede tener lugar en las prácticas de lectura con niños, hay una zona no muy explorada que tiene que ver con la cultura de la infancia y sus vínculos tanto con la literatura como con las particulares formas de leer que tienen los niños hoy. Me refiero, por ejemplo, a prestar atención a los modos en que ocurre el ocio, teniendo en cuenta las condiciones económicas y sociales para disfrutarlo. Las diversas formas de juego infantil, los ritos de festejo propios de la infancia, el folclore infantil que hoy producen los niños, en el que ponen en juego sus representaciones sobre el mundo de los adultos, etc. En síntesis, la idea es un canon del que uno como mediador entre los libros y los niños pueda sentirse un poco autoro. Antes de mirar cómo se daría en la práctica concreta esa posición de autoría acerca de un canon, Quiero compartir con ustedes un ejemplo en la ficción, en la que un personaje de la literatura infantil se las ingenia para crear puentes entre la tradición y el presente, y de ese modo pone en juego su canon. Lo pienso como un ejemplo de la idea de canon permeable a los lectores, en diálogo con ellos. Se trata del libro Historias a Fernández, que ahora vamos a ver una diapositiva, la estamos viendo de la tapa. El autor argentino que ustedes conocen, probablemente que ha estado en este seminario el año pasado, Emma Wolf. Emma Wolf es una autora que se caracteriza por sus textos, por una literatura humorística, que pone en juego el absurdo y la parodia. Bueno, Historia de San Fernández es un texto que a mi juicio abre una multitud de preguntas y respuestas sobre el arte de narrar para niños. llevarlo a la escritura y construir al mismo tiempo un lector. También viene a cuento para abordar el tema de cómo muchas veces un narrador de textos infantiles, a la hora de inventar una historia para cautivar a su destinatario, acude a géneros que se pueden considerar canónicos dentro del universo narrativo de la literatura infantil, como un camino eficaz para tener un buen encuentro con él y que el lector o escuchador no se escape. Me refiero a géneros ya clásicos, como el maravilloso o el de aventuras, que luego serán transformados por medio de la pareja. Bueno, voy a situarlos un poco en qué pasa en esta historia. Fernández es un gato que al comienzo del relato ha sufrido una caída desde las alturas. Jamás en la historia se dice explícitamente que se trata de un gato, sino que el lector lo puede inferir por los indicios del texto y por la sugerencia de la tapa donde aparece fragmentado y en sombra. No sé si lo alcanzan a ver, solamente se ve su cola. Su dueña, al saber que los que se golpean en la cabeza no se deben dormir. Esta es una... quizás aquí también sucede esta sabiduría popular que jamás hay que dejar dormir al que se golpea en la cabeza. Idea un plan para contarle tres historias que lo mantengan despierto. Una por hora. Narrar y tener éxito en la narración en este caso es cuestión de vida o muerte. La habilidad para narrar y el uso eficaz de todos los trucos posibles, hasta los más desopilantes, para mantener la atención de Fernández, es lo que le permite llegar a un desenlace exitoso. La narradora es como una sherezade actual, solo que en vez de narrar para salvar su propia vida, narra para salvar la vida de su gato. Les voy a leer un poquitito para que puedan ver la textura de este drama de Fernández. No he dicho que de las 24 horas que tiene el día, Fernández duerme alrededor de 26. Duerme sin pausa, con la dedicación de un atleta entrenándose para las olimpíadas del sueño. Duerme para llegar primero en cualquier maratón de párpados cerrados. Duerme porque se fatiga de tanto dormir. Ni siquiera conoce el sueño ligero. Entra directamente en la cuarta fase, la de las ondas delta, la más profunda. Y ahí se queda aunque la tierra trepide. Tampoco esto tiene explicación, al menos científica. Vas a saber que duerme como los próceres de mármol, duerme con el sueño de abismo de las montañas, duerme como una pirámide, como un menir. ¿Cómo mantener despierta semejante cosa? ¿Dónde estaba el héroe capaz de las años? He ahí el problema. Pero en ese momento estaba en juego nada menos que la vida de Fernández. Y lo digo en singular, y la vida. Ya que a fuerza de recibir porrazos, creo que de las siete que tenía al nacer le queda una sola, la que está usando. Entría pasa con una desagradable sensación de peligro en el estómago. ¿Qué hacer? La única solución, me dice, era contarle una historia lo bastante entretenida como para impedirle conciliar el sueño. Una de esas capaces de arrancar a un oso de su letargo. y encima conseguir que te aplaudes. En ese momento ignoraba, y todavía ignoro, que había historias, como hay alimentos, especiales para él, pero ya inventaría alguna adecuada, o varias, ¿por qué no? Siempre confía en mis habilidades para contar, aunque hasta el momento nunca las había puesto a prueba en circunstancias tan dramáticas. Bueno, para inventar entonces estas historias que tienen que hacer que Fernández permanezca despierto, recurre a la tradición clásica de la literatura infantil, al canon de los géneros clásicos, como una posible tabla de salvación para que Fernández, que representaría al lector infantil, no se duerme. ¿Por qué tabla de salvación? Al apelar a referentes culturales que una gran mayoría de los niños manejan, como es el caso de las narraciones clásicas, se busca en este caso garantizar que el pacto entre texto y lector no peligre. Pero como suele suceder en una buena parte de la literatura humorística para niños que hoy se produce, esa tradición no es honrada como un monumento intocable, sino que entra a mezclarse impúdicamente, de manera híbrida, con imágenes, discursos y géneros contemporáneos. Por ejemplo, la primera historia que le cuenta Fernández es una historia ocurrida en un palacio siberiano y protagonizada por un arquibuqueso. Allí el objeto deseado o usado no es un zapatito de cristal o un beso salvador, sino sencillamente una papa. El encargado de satisfacer el deseo es un fabricante de enanos de jardín que ante la escasez de papas en la región decide hacer una papa de yeso para salvarse de una muerte segura. Quiero comenzar a leer el relato para que vean cómo se instala ya la idea de género maravilloso. Dice, hace mucho tiempo, en un palacio de la Ucrania Meridional, las auténticas historias de Hernández siempre ocurren antes y lejos. Vivía la gran duquesa Soña. ¿Qué te puedo decir de esta noble dama? pasaba los días ocupadas en los múltiples asuntos de su gran ducado, que ya sabrás cuáles son, y no voy a repetírtelos, porque si hay algo que quiero evitar, es que te aburres. Bueno, aquí en esta instalación, en ese tiempo lejano, está ayudando, está atendiendo el puente con Fernández, justamente en este género tan conocido por los niños como es el Maravilloso, aunque luego lo va a transgredir permanentemente. La narradora de historias a Fernández echa mano a su repertorio de géneros clásicos para crear un puente con su receptor y muestra la ficción, cómo un canon opera en la biblioteca que un mediador va atesorando en su cabeza. Ese canon personal, ese conjunto de textos listos para reinventar y encantar, se pone a disposición del lector y está atento a sus reacciones, aunque también las desafía. No se reduce a complacerlo sirviéndole en bandeja solo lo conocido. Este libro de Emma Wall sigue proporcionándome encuentros siempre nuevos cada vez que lo releo o pienso en él. Me implica pensar sobre las formas de llevar a la ficción los problemas de la comunicación entre un autor de libros para niños y su lector. pero también me provoca releer los textos clásicos a partir de su parodia. No puedo evitar preguntarme si no estaré ante un clásico futuro, aun cuando el momento de su aparición sea reciente. Suelo hacerme esa misma pregunta ante algunos, no muchos libros contemporáneos, sobre todo libros álbumes. En ese sentido comparto dos afirmaciones que hace Italo Calvino en por qué leer a los clásicos. que ponen a prueba la identificación de los clásicos solo con textos del pasado. Dice Calvino que un clásico es un libro que nunca termina de decir lo que tiene que decir y que lo que para él distingue al clásico es tal vez solo un efecto de resonancia que vale tanto para una obra antigua como para una moderna, pero ya ubicada en una continuidad cultural. Quizás todos tengamos en nuestros sentidos una colección de resonancias que de algún modo profetizan cuáles son los clásicos a los que siempre de un modo u otro volveremos. Además de los problemas del tiempo, el texto de Wolff necesita la pregunta por la localización de los clásicos en la literatura infantil. Por ejemplo, ¿qué tendría que suceder para que un texto latinoamericano de literatura infantil debenga clásico, más allá de nuestras fronteras? ¿Acaso es posible? Algunos factores, no siempre ligados al mercado, aunque éste tenga un rol fuerte en los procesos de canonización, pueden dar o no lugar a esta posibilidad. Algunos son desconocidos y probados, como los premios, que están seguidos de formas de promoción y divulgación. Como sabemos, las políticas de traducción también juegan un rol fundamental en la difusión de un texto. Hay clásicos que lo son para algunos países y no para otros, por falta de traducción, o porque algunas editoriales descatalogan verticinosamente. Hay otros factores que vienen de otros circuitos culturales con gran sostén económico que últimamente tienen un peso muy grande en la canonización o re-canonización de autores y textos, en su mayoría ligados a la cultura anglosajona, como es el plazo de libros llevados al cine por grandes producciones, Tolkien, Dahl, Rowling, Lewis. Esto me provoca pensar en qué pasa con estas formas de instaurar un canon de lecturas y la producción literaria en nuestras tierras. Por ejemplo, este proceso de puesta en valor para público masivo de la saga incorporaría a una autora latinoamericana que encontró un tono original para su género. Pienso en Liliana Bodoque, autora argentina que escribió con gran densidad poética y narrativa la saga de los confinios, inspirada en cosmogonías y ritos nacidos en esta parte del mundo. En la geopolítica del canon sigue habiendo un lugar menos relevante para las producciones culturales que no se producen en los países centrales. Hay formas con que no pueden, ni es su preocupación central, competir con la fuerza comercial de estos procesos, en una escala más pequeña y más artesanal, logran que los lectores puedan salirse del cerco congelado de lo conocido y tranquilizador y conocer nuevos autores y géneros o volver de un modo renovado a los clásicos. En ese sentido, la labor de organizaciones no gubernamentales que trabajan en territorios vulnerados por las crisis sociales y económicas, planes de lectura que ponen el énfasis en el encuentro entre los lectores y los textos, más que las estadísticas lectoras, propuestas de formación y capacitación que dan lugar a nuevas lecturas y que piensan a los maestros y profesores como lectores. Revistas virtuales o empresas que proponen desafíos, todos estos y otros, muchas veces abren caminos alternativos en los procesos de canonización, tan complejos y variables. Esta feria y este seminario también se ubican en esta zona de apertura. Así como la narradora del texto de Woj, que ya podemos quitar la diapositiva. Ponen en juego su canon personal para inventar historias cautivantes. Todo mediador, quien elige un texto para editar, quien decide qué leerá con sus alumnos, quien hace una lista del material nuevo para renovar una biblioteca y otras tantas mediaciones. está siempre atravesado por problemas del canon. Quiero proponer un domicilio para el tema del canon, el domicilio de la práctica, porque los verdaderos problemas del canon, de un canon, se dirimen en una práctica concreta. Si pensamos de lección, de textos literarios se atraviesa de diversos modos la práctica de los mediadores entre los libros y los niños como un lugar de producción y de debate de teoría sobre literatura infantil, sobre literatura y lectura, sobre la relación entre los libros que se proponen y la cultura de la infancia, entre otros múltiples problemas, y que estemos generando la posibilidad de darle a nuestras elecciones una identidad propia. Al reflexionar sobre el canon en su cruce con la lectura como una práctica cultural, cuestionamos el carácter normalizador y ajeno del canon, y esto permite que nos apropiemos, que confiemos en la posibilidad de generar acciones y teorías situadas en el territorio de nuestras prácticas. Vamos a ver ahora que el territorio del que hablo es de fronteras abiertas, es hospitalario y permeable, no un territorio que se mira a sí mismo y se acorace. Una forma posible de pensarlo, y en eso imagino estar cerca de las prácticas cotidianas de muchos de ustedes, es a través de la recreación de una escena de lectura que me gusta provocar y armar, una mesa de libros. Es decir, una mesa cubierta por libros que uno eligió para compartir con niños. Una selección que invita a elegir y a reflexionar sobre ese acto de lección. Una mesa de libros puede ser mirada, puede ser pensada como un microcosmos del canon, un canon con nuestra firma, una oportunidad para mirar con lupa los avatares de la elección y escenificar, mostrar la cocina provisoria y arbitraria de toda selección de textos. Una mesa de libros, si se la mira de este modo, puede ser una ocasión para hacerse algunas preguntas sobre los textos, sobre los lectores, sobre nosotros. En la escena que evoco, una mesa de libros para niños propuesta por la mediadora que soy para discutir con otros mediadores, por ejemplo maestros y bibliotecarios, la idea es compartir los micro relatos que se arman en nuestras cabezas cuando tomamos el libro. Se trata de narraciones parecidas a diarios del instante, que en su estilo de detalle remedan la mirada microscópica que por tazer imprime a sus instrucciones para las acciones aparentemente banales como subir una escalera o llorar. Me refiero a los textos de historias de cronopios y de fama, donde un gesto diminuto es deconstruido hasta ser los gigantes y a la vez poéticos. En los relatos que propongo que escriban aparecen una enorme cantidad de decisiones que están escondidas en toda elección. Cuando pensamos en el acto personal y a la vez social de decidir, detrás de un juez audaz, hímido, vergonzoso, deseante, indiferente, precipitado, cuidadoso, empezamos a encontrar y a compartir con otros una serie de posiciones tomadas, rituales, censuras, desafíos, políticas en las que estamos inevitablemente implicados historias de vida y de lectura. Una mesa de libros situada en algún lugar del mundo, el nuestro, el de ustedes, puede ser un estándalo de voces, de líneas de pensamiento sobre qué es la literatura infantil, una invitación a poner en palabras las representaciones sobre lo literario, sobre los niños, sobre los lectores, una forma concreta de que los sujetos que elijan sean productores y cuestionadores de teorías y hechos surgidos de la práctica cotidiana. ¿Qué escándalo es ese? ¿Qué intranquilidades se generan? ¿De qué muchas maneras se pueden discutir las cámaras? Veamos más de cerca la escena. No se trata solo de una gran variedad de libros que muestran una explosión de colores, grosores, tamaños, colores a viejo, a recién salido de imprenta. Cada libro ha sido elegido para disparar certezas como flechas y al mismo tiempo desarmarlas, para luego irse quizás con otras tan provisorias como las primeras. Por eso no hay intención de instaurar un modelo de canon, sino de socializar las teorías en torno a un encuentro de prácticas. Es una escena pensada para hablar de libros y lectores. Don Uyghus aparece junto con lo clásico o invita a releerlo. El libro más brillante y multicolor aparece cerca del jefio o del blanco y negro. El olor a tinta fresca se mezcla con el de las hojas que amarillean, de viejas. Los autores y ediciones nacionales conversan con los extranjeros, muchos de esos a veces descatalogados, para tristeza y vacío cultural de los lectores que se lo pierden. Esta aparición sobre la mesa es un pequeño acto de resistencia. De los nacionales se obstinan en mostrar sus tapas los que no son divulgados por el mercado, ni por la escuela, por desconocidos, ni por raros y difíciles. Los autores conocidos de San Aguirre, pero esta vez en sus textos menos promovidos. Las estéticas de las propuestas gráficas escapan furiosamente al estereotipo e intentan ayudar a conformar una pinacoteca múltiple en las retinas de los lectores. Los libros que proponen un encuentro concertante y desconcertante entre texto e imagen como los libros álbums, se preparan para ser inevitablemente devorados por las curiosidades de maestros bibliotecarios, muchos de esos pocos habituados o posibilitados de frecuentar estas propuestas, en el caso argentino. Los géneros que provocan más incertidumbre, como la poesía más vanguardista, el fantástico o el absurdo, conviven saludablemente con los géneros más transitarios. También aparecen textos donde los géneros se mezclan y las clasificaciones quedan en un signo de pregunta. Y textos que no fueron pensados para destinatarios infantiles, pero cuyas características podrían invitar a cuestionarse por qué no compartirlos con ellos. Las tapas que sugieren edades lectoras discuten con las que obvian esos datos, tan tranquilizadores para algunas mediaciones. Una gran cantidad de problemas de quienes piensan sobre literatura infantil se agolpan a la espera de ser interpelados por una elección. Elegir es ya estar leyendo. Después de merodear, explorar, tomar y dejar, volver a tomar, leer y olvidarse, releer, todos tienen un libro o más entre sus nombres. Una maestra dice que le hizo un libro porque ya conocía a otros que le habían gustado de esa misma colección. No hace referencia a sus autores ni a su título. Solo habla de la colección como si se tratara de un refugio. Se trata de una de esas colecciones que en los estantes de una biblioteca o una librería se reconocen fácilmente por la uniformidad de colores y tamaños. Una bibliotecaria cuenta que los chicos suelen convertirse en fanáticos de una colección y no paran de pedir de la misma hasta que agotaron toda la existencia. Pero en ese momento alguien llama la atención de los demás levantando un libro diminuto y otro enorme en cada una de sus manos. Dice que pertenecen a una misma colección. Se trata de libros álbumes. Miran sobre la mesa y ven que hay más de esos que no solo se diferencian por el tamaño, sino que también son divergentes en cuanto a sus estéticos. Cada libro es concebido como único. Surge entonces un debate sobre la relación discordante entre homogeneidad y diversidad presente en la producción de libros para niños. La tendencia a la homogeneidad podría explicarse como una forma de algunas editoriales y dar una respuesta acorde al gusto por la repetición de los lectores infantiles. En la predilección por el coleccionismo propia de la edad, podría encontrarse un indicio de eso si lo miramos desde la perspectiva del lector, que por otro lado es mudable y diverso. Pero desde el punto de vista de las políticas editoriales, también se lo podría ver en algunos casos como una resistencia a la innovación, como una forma de mantenerse en lo conocido, sin desafiar a los lectores infantiles y a sus mediadores. Se trata de los casos en que pareciera que una colección no tiene fin, y no importa el seguimiento o la calidad de lo que contiene, sino solo su éxito comercial. Por el contrario, las colecciones que tratan a cada libro según su personalidad, parecen alentar otro pacto con los lectores, como si les llamaran la atención sobre el carácter de objeto artístico de cada libro encarga. Alguien dice que son muy dejes los libros de esa colección, pero le preocupa que su estética innovadora y su forma de narrar sean demasiado complejas para los alumnos que recién se inician en la lectura. La demanda de lo considerado simple o de lo breve como puerta de entrada a la lectura marca fuertemente esa mirada. Un maestro le cuenta que sus alumnos lectores lo dejaron asombrado con sus lecturas inaugurales de esos libros en los que descubrieron más sentidos de los que él mismo pescaba. Esos múltiples sentidos que habilitó su intervención interesante e interesada pusieron en escena las formas en que los niños construyen lecturas y teorías complejas aunque carezcan de lenguaje especializado, cuando hay libros que los invitan a hacerlo. Una bibliotecaria cuenta que le gustó una palabra de un título que la conectó con un recuerdo de infancia, cuando ni soñaba que estaría eligiendo libros para que otros leyeran. No siempre las elecciones tienen que ver con una causa letrada, profesional o escolar. A veces uno elige, quizás, porque una palabra, una imagen, un aroma, resuenan como un bálsamo o como una tormenta en la evocación de la vida propia. En la escena que venimos mirando hay dos maestros que hace un rato están con la boca abierta frente a un texto compartido. De ratos suena a duda una expresión de asombro. Sus dedos índices se chocan en un combate por señalar primero los que los deja sin aire en la propuesta gráfica de un libro-álbum que se caracteriza por el cortocircuito entre texto e imagen. Ahora vamos a ver una imagen de ese libro. Se trata de ¿Qué pasa aquí, abuelo? Quizás algunos lo conocen, de David Letch, de Editorial Juventud. ¿Lo conocen algunos? Bueno, para los que no lo conocen, les cuento un poco de qué se trata la historia. Una niña va a visitar a su abuelo, como lo hace todas las semanas, y está todo igual. Sin embargo, en esta ocasión, en la ocasión de la historia del libro, nota que algo raro pasa. El lector ve que efectivamente en la imagen todo es un delirio, un delirio surrealista, nada se sujeta a la lógica racional, pero la niña no parece advertirle. Dice: "Nos sentamos como de costumbre y charlamos un rato. Después el abuelo sirvió el té y comimos pastelitos que él había hecho por la mañana". Bueno, como pueden ver, y los que lo conocen habrán visto la cantidad de detalles que alteran la lógica racional, que alteran las leyes del mundo. Como por ejemplo que el teque le está sirviendo, lo hace desde una regadera hacia una maceta. Y así infinitos detalles. Entre los cuales está uno que me llamó la atención y quería compartir, el cuadro de la Yoconda al revés y con una nariz de pachazo. Una cosa muy interesante que se da en este texto es el contrapunto entre palabra e imagen. La imagen plantea al lector no solo un juego de detección infinita de anormalidades, sino de asombro por la forma en que la niña y el abuelo permanecen ajenos a la evidencia de un mundo al revés. Bueno, vamos a ver la siguiente imagen. La siguiente imagen de este libro. Aquí en el texto dice, le ayudé en las tareas de la casa, pero todo el tiempo había algo raro que me inquietaba. Bueno, las tareas de la casa, ustedes pueden ver que está pasando la cortadora de ceste de la alfombra de la casa. Suceden un montón de cosas que tienen que ver con los problemas de la representación pictórica, como por ejemplo un árbol que se sale del marco y aparece por el techo. Y una de las cosas que me llamó la atención también es ver la estatua del pensador de Rodin, que está haciendo una suma muy simple y no le sale, dice dos más dos. Un montón de cosas que alteran las leyes de la física, como sucede en todo el libro. Sin embargo, estas cosas que nos llaman la atención a quienes vamos leyendo las imágenes, a la abuela y al niño no los sorprenden. Finalmente, después de múltiples escenas de ese tipo, la niña se da cuenta cuál era el problema, que era lo raro que estaba sucediendo, no sé si alcanzan a ver, pero dice, lo que sucedía es que el abuelo tenía medias de distinto color, calcetines de distinto color. Entonces dice, abuelo, grite, ¿qué es eso? Llevas los calcetines desparejados, ¿no? En esta traducción castilla. Bueno, entonces, como les decía, estos maestros de esta escena que estamos evocando, ya se puede quitar en esa diapositiva. Bueno, estos maestros compiten en descubrir en la imagen una cantidad de elementos que subvierten, como decíamos, gozosamente, la lógica racional y referencias paródicas a clásicos de la pintura y la escultura, como el caso de Da Vinci o Rodemus. celebran la justicia del efecto escrito condensado y caracterizado por el distanciamiento irónico por lo que muestra la imagen. Cuando lo muestran a los demás, el asombro se extiende a todos. Un rato después de la primera admiración, algunos piensan en sus alumnos lectores y aparecen dudas, temores, preguntas. son quienes dicen que los niños de las poblaciones marginadas con las que trabajan no podrían disfrutar a pleno de este tipo de propuestas y de muchas de las que están sobre la mesa, al no poder reponer una parte de los referentes culturales. Que son libros para niños que tienen otras posibilidades culturales que los habilitarían para moverse más cómodamente con textos desafiantes. En este concepto de desafío entran muchos factores, la extensión, la complejidad léxica, la pertenencia a otra cultura o a otro tiempo lejano, los géneros menos transitados, el espesor poético, el temor a los temas urticantes y otros. Muchos que dicen esto deponen el mote de carencia de saberes previos a la falta de un supuesto colchón cultural y educativo que sufren cada vez más niños en nuestros países. Saberes previos en esta mirada solo serían patrimonio de una cantidad exigua de favorecidos y que solo se piensan como posible en relación con la escolaridad y con el acceso a determinados bienes culturales, casi nunca con la vida real, la vida que se puede o que se lucha. Según esta teoría de Cicitaria, se trataría de generaciones perdidas que tienen cercenados sus conocimientos previos en una visión escalonada, tanto social como intelectualmente, del acceso a la cultura y al conocimiento. Esta postura desalentadora y por momentos miserabilista diría que esa mesa que describo, dice Canon, es para un elix infantil o para mediadores arriesgados. Varios maestros bibliotecarios se enojan con este planteo. Dicen a los juzgados que ellos hace rato proponen estos textos en las escuelas de sectores marginados donde trabajan y que como maestros han crecido como lectores, gracias a la riqueza múltiple de las lecturas de sus alumnos. Lecturas que no se cansan de potenciar, creando puentes entre los libros, otros objetos culturales y la vida real y concreta de los niños. Lo previo deja entonces de ser una condición limitante. Es una zona que se construye en un juego social de saberes que no establece jerarquías excluyentes. Estos mediadores dicen ejercer sus derechos de lectores cuando luchan e inventan caminos para que esos libros y esas formas de leer formen parte de las bibliotecas de sus escuelas. No hizo con eso, y si al peligro de la falta de acceso, ya sea por el costo, por las barreras puestas a la apropiación de hábitos culturales que solo disfruta una parte de la población, o por dificultades políticas en las llegadas de libros y promoción de la lectura en algunos casos, que agrega por parte de ciertos mediadores una visión deficitaria de las posibilidades de lectura de una gran mayoría de los lectores, los cánones abiertos agonizarían. Muchos niños conocen hoy tanto textos como pinturas clásicas por medio de sus parodias. Cuando esos textos, que se sostienen en buenas historias o buenas propuestas gráficas, pueden transformarse en un trampolín para el encuentro con los textos que homenajean, en vez de ser pensados como obstáculos para su acceso. Una buena intervención de los maestros bibliotecarios, habilitando sus fuentes, es fundamental en estos casos. La mesa de libros que relataba recién, se ha poblado de relatos de experiencias de lectura y discusiones. Algunas historias tienen que ver con los encuentros personales con los sexos, donde mucho de lo que ocurre no tiene explicación o quiere quedarse en el silencio. Ese lugar inapresable del lector también es una forma de tener autoría en el canon. Probablemente, algunos la posibilidad de escuchar a otros y de dar voz a alguna de las teorías que subyacen a las decisiones de inclusión o exclusión de ciertos textos o formas de leer, les haya abierto un camino para cuestionar o para ratificar su camino o para ayudar a conformarle. Para finalizar, quiero volver, como hice al inicio con Enriqueta, el personaje infantil de la tira cómica, a lo que pasa con los niños, destinatarios de las elecciones que conformamos los adultos. Esos van armando su canon como pueden o como los dejamos. En sus elecciones, más que la angustia por si están leyendo la literatura correcta, entre comillas, se esconden decisiones y pasiones a veces insondables, que tienen que ver con las formas históricas y concretas en que las culturas de la infancia dialogan con los libros que les ponen a mano o que buscan. Culturas que tendríamos que escuchar con mucho más cuidado y menos prejuicio. Si traemos nuevamente la idea de un canon que escucha a los lectores, hay mucho para aprender de las formas en que los niños eligen y qué ideas sobre las culturas están presentes en ese gesto. Un canon, el nuestro, el de los niños, se va conformando a medida que nos vamos haciendo lectores. Esto puede ocurrir desde la infancia hasta siempre, si nos embargamos en ese camino. Un canon es la manera en que muchos encuentran la manera de recortar la inmensidad de libros y lecturas y hacerla más nuestra. Quizás las invitaciones a repensar y abrir la idea de canon sean una pequeña forma de sacudir el infinito y sentirlo más familiar, menos asiento. para que a su vez, este infinito, por un rato, sea compartido con quienes leemos, hasta que alguien o algún libro nos lo vuelva a sacudir. Muchas gracias. Thank you. .
SISTEMA
NTSC
DOCUMENTO_DIGITALIZADO
Sí
FECHA_INGRESO_ENTREGA
17/11/2005
FECHA_PUBLICACION
18/11/2005
OBSERVACIONES
Agradecemos el apoyo de Canal 22 y la Dirección General de Televisión Educativa para la realización de este programa
CODIGO_BARRAS_LTO
BWF480
BARRA
Difusión
TEMPORADA
25
CONDUCTOR
María Elvira Charria, escritora y promotora de la lectura
TEMA_CONTENIDO
Promoción de la lectura y la literatura
LOCACION
CLASIFICACION
A
IDIOMA_ORIGINAL
Español
ENLACES_RELACIONADOS
REALIZACION
Moisés Maximino Buenrostro Luna
PRODUCCION
Illa Geisel Serna Munguía

