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CUID
M-02802
SUBTITULO_SERIE
FILIJ 24
SINOPSIS_SERIE
Sobre cómo la lectura se configura en el cruce entre experiencia familiar, entorno social y acceso a la cultura escrita y de qué modo las desigualdades, la precariedad y la movilidad condicionan la relación con los libros, así como las tensiones entre lo heredado en el hogar y lo vivido en contextos escolares y comunitarios. Se analizan las posibilidades de que espacios educativos, bibliotecas y proyectos locales compensen ausencias, acompañen procesos de identidad y generen encuentros significativos con la palabra
EXTRACTO_SERIE
Se destaca la necesidad de crear condiciones materiales y afectivas que permitan a niños y adultos construir una práctica lectora libre, compartida y sostenida, especialmente en contextos de marginación
TITULO_PROGRAMA
SUBTITULO_PROGRAMA
Judith Kalman (México)
SINOPSIS_PROGRAMA
Se exploran cómo las prácticas lectoras surgen y se transforman a partir del intercambio social, la experiencia personal y el acceso a distintos discursos. Se examina la manera en que los lectores construyen significados propios mediante la interacción con textos y con otros, y cómo la lectura puede abrir espacios de expresión, reflexión y agencia incluso en contextos de marginación. A través de ejemplos concretos, se muestra que la apropiación de la cultura escrita no depende solo de la disponibilidad de materiales, sino de las condiciones sociales que permiten dialogar, interpretar y resignificar la palabra escrita
EXTRACTO_PROGRAMA
Reflexión sobre cómo la lectura se construye socialmente, permitiendo que cada lector genere sentido propio y transforme su experiencia a través del diálogo con los textos y con otros, aun en contextos de desigualdad
N_PROGRAMA
7
N_TOTAL_PROGRAMAS
16
DURACION_TOTAL
00:50:34:15
PARTICIPANTES
Judith Kalman, investigadora del CINVESTAV
Ana Arenaza, promotora de la lectura
SEMBLANZA_PARTICIPANTE
Judith Kalman
Investigadora y miembro de la Academia Mexicana de Ciencias. Su trabajo se centra en la construcción social de la lengua escrita, la cultura digital y las prácticas comunicativas en contextos educativos. Ha desarrollado proyectos sobre alfabetización, uso social de tecnologías y producción multimodal en situaciones históricas y contemporáneas. Recibió el International Literacy Research Award de la UNESCO en 2002 y un Doctorado Honoris Causa por la Universidad Nacional de Córdoba en 2019. Entre sus publicaciones destacan Leer y escribir en el mundo social y múltiples estudios sobre literacidades y tecnología. Es investigadora del Departamento de Investigaciones Educativas del CINVESTAV desde 1993
Ana Arenaza
Promotora de la lectura con experiencia en la coordinación de programas dedicados al fomento lector en instituciones culturales
TIPO_ACTIVIDAD
DISCIPLINA
PALABRAS_CLAVE
Artes visuales | Cuento | Edición de textos | Enseñanza de la lectura | Escritor | Escritora | Escritura creativa | Humor (literario) | Ilustración | Lectura | Libro para niños | Literatura | Novela | Selección de libros
TRANSCRIPCION
... ... iniciar las sesiones del día de hoy que versarán en torno a la reflexión de la cultura popular a la cultura culta, recibiendo a Judith Calman. Es verdad, un honor, un placer que esté con nosotros y quisiera presentarle de manera brevemente porque ya tiene una trayectoria amplígona, finalmente vamos a decir algunas cosas y lo más importante es explicar. Judith Kalman es doctora en Educación con especialidad en el WACI y a la Universidad de México. Pertenece al Sistema Nacional de Investigadores en el campo de la construcción de la ley de estudios. Desde 1993 colabora en el Centro de Investigación y Distributos Avanzados del Politécnico Nacional, el FUNDESPAT, en el Departamento de Investigación y Cilibrativa. Ha colaborado con un tipo de revistas y publicaciones, que diría que más de media centena a nivel internacional, así como en congresos y seminarios sobre el tema. En los libros es autora de la plaza y sus textos se han vuelto referencia obligada para aquellos que se interesan en el estudio de la cultura. En 2002, este es un honor, la UNESCO por medio del Instituto de Educación le otorgó el premio internacional a la investigación sobre el que se les dice. Esta prestigiada precia solo se otorga a trabajos de investigación en el campo de la educación y adultos con una periodicidad bianual y es la primera vez que este reconocimiento se otorga a una investigadora universitaria. Esta felicidad es de nuevo. Este estudio ha sido publicado por la Secretaría de Educación Pública en su colección Biblioteca para la actualización del maestro con el título Saber lo que es la letra, una experiencia de lectoescritura con mujeres de niños. Este libro que algunos que son maestros ya conocerán, pero afortunadamente también está publicado por siglo XXI para que quienes no están en el campo educativo también puedan conseguirlo y leerlo. Yo quisiera ahora tomar las maestras, las palabras de la maestra Elisa Bonilla que dice que este es uno de los mejores textos sobre las dimensiones de la cultura escrita en el contexto de la historia. Yo coincido y ahora vamos a empezar a la mesa. Gracias. Para iniciar quisiera agradecer a muchísimas personas la invitación a este evento. Quisiera agradecer a la amiga María Elvira, a la María María Elvira, a las Anas, que acompañan a uno, a los directivos aquí de Conaculta, y los equipos de personas, de todas esas personas que hacen que el evento curran, que pongan un trono, que muevan la silla, que tienen los papeles, uno los conoce fugazmente, pero nunca se fuera de todos los nombres. y no quisiera obviar. También quiero hacer un agradecimiento muy especial a los amigos y colegas míos, a Gregorio Hernández y a Ana Rosa, por la ayuda que me dieron y las referencias que dieron sobre la primera versión del texto que ahora voy a compartir con ustedes. Parece ser que si podamos ponerle un subtítulo a este evento, sería el evento de las confesiones, porque yo me he dado cuenta que es algo de los ponentes que se ha presentado, que ha sentado en algún momento, ha dicho, bueno, yo quiero hacer una confesión. No me parece coincidencia que justo yo también voy a empezar con una confesión. Y de hecho, así lo tenía planeado. No creo que todo el mundo se confiesa que yo estaba pensando. Y lo que yo quiero confesar es que a mí me gusta el verano de esto. Y yo tengo apilados entre mi cama un montón de libros que me llegan de manera distinta. A veces me los regalan o me los prestan o voy y los compro, y a pesar de que todos los libros en la antesala que tengo, leo una reseña o alguien me lo platica y decide que es un libro que simplemente no puedo perder. Y también diría que no solamente me gusta leer novelas, me gusta leer buenas novelas. Para mí, las buenas novelas son aquellas que narran una historia que me cautiva y que me lleva al lugar de los lectores y el pecho. Me gusta que los personajes sean verosímiles, sus diálogos audibles y sus reacciones visibles. Las buenas novelas me enfrentan a la misma problemática que enfrentan a las personas que habitan sus páginas. Me hacen caminar junto a ellos durante un trecho de vidas imaginarias y así las conecta a una parte de la vida. Creo que esta es una de las razones por las que también me encanta leer biografías y autoconfiancias, porque me deja asomarme a otras vidas humanas y tantas y a la vez cercanas a la vida. Pero hay otra cosa que me gusta aún más que leer los libros, a mí me gusta hablar de ellos con otros lectores. Así como cuando uno va al cine, a mí me gusta después recrear lo que vi o lo que leí y platicarlo, y creo que es una parte integral de lo que es la lectura. Me gusta saborear sus frases, delinear sus curvas, las curvas de su argumento, especular acerca de por qué terminó como terminó y despegar las motivaciones de cada uno de los personajes. Esta capacidad de responder a la literatura es una parte integral de leerla y comprender lo que dice un espectro. Nuestras indicaciones sobre ellas son para conseguir su sentido, son para defender por sus veredas más profundas e identificar las conexiones más precisas con nuestro propio ser y con nuestra ubicación en este mundo, pero no en un acto solidario, sino en resonancia con otros. Yo me pregunto y me imagino que a ustedes también les gusta discutir el final de un libro o alguna parte y especular si hubiera hecho uno o qué, cómo se podría haber terminado de otra manera. Yo creo que no hay nadie mejor que Jorge Semprún para hablar o para ilustrar la fuerza de las palabras. Jorge Semprún era un joven cuando estalló la guerra civil en su país, en España, y salió resucitado a Francia. Y en Francia se unió a la resistencia y peleó junto con otros jóvenes contra los nazis hasta que lo tomaron preso y lo mandaron al campo de Bush, igual como preso político. Y él narra en un libro que se llama La Escritura o la Vida, él narra cómo las letrinas dentro del campo se vuelven unos espacios de mayor libertad porque los soldados alemanes temían entrar ahí por la cantidad de microbios y enfermedades que ahí se encontraban y aparte por los olores desagradables y el aspecto tan humano, inhumano que proyectaban. Entonces, ahí en las letrinas es donde se reunían los amigos para compartir algunos momentos individuales. Y dice, ahí una noche memorable, Dariet y yo descubrimos una ficción común por la música del jazz y la poesía. Un poco más tarde, cuando ya se comenzaban a oír a lo lejos los primeros silbatos que anunciaban el tope de quedas, Milder se unió a nosotros. Estábamos en aquel momento entrecambiando poemas. Dariel acababa de recitarme Baudelaire. Yo le dije lo feliz de Valeria. Miller, riendo, nos trató de chauvinistas. Empezó por su parte a recitarnos en alemán versos de Heinz. Juntos, entonces, para la gran alegría de Dariel, que ritmaba nuestra recitación haciendo movimientos con las manos como un director de orquesta, reclamamos a Serge Miller y yo el 10 de Lorelai. El final del poema lo corriamos a voz en grito, entre el ruido ensordecedor de las decenas de varios deshuecos de madera que se alejaban a gálope para alcanzar los barrocones justo en el último minuto antes del toque de queda efectivo. Nosotros también, actos prohibidos, nos pusimos a correr para regresar al Bloco 62, presos de una especie de excitación y de alegría y de tristeza. Las palabras de St. Brun significan para mí que la literatura es un vínculo para encontrarnos con otros y convivir a través de ella. Nos ubica en el mundo de otra manera. En el caso de Centrún, a pesar de estar en las retinas en un campo de concentración, él y sus amigos desquitaron de las palabras de los poetas. No pudo escapar de este mundo, pero sí lo pudo vivir, aunque fuera solo por algunos momentos de otra manera. Voloshinov dice de los libros, el libro es una representación impresa, un acto de comunicación verbal, facultado para provocar una percepción activa, una lectura atenta y una respuesta íntima interna, y es organizado para provocar reacciones públicas. Estas reacciones íntimas, algunas y públicas otras, son lo que el literario teórico del lenguaje Bakhtin llama a la creación de la palabra propia y señala la creación de estos significados propios, se da precisamente porque la palabra de otros despierta en nosotros discursos independientes, organizados a partir de lo que hemos escuchado, dicho, leído y escrito en otras conversaciones y eventos con las personas que conforman nuestras vidas cotidianas. En este sentido, Bakhtin subraya la naturaleza dialógica del pensamiento humano, notando que para la conciencia individual, el lenguaje yace en la frontera entre el sujeto y los demás. Por eso, una de las premisas de la teoría sociocultural es que el pensamiento y el conocimiento individuales son también sociales en la medida en que son producto de la apropiación de formas discutidas y experiencias compartidas. Este proceso de armar discursos es una parte importante de la apropiación de la cultura discreta y es por eso que el directorio Hernández decía ayer que se aprende a leer los discursos. Nuestra comprensión de las situaciones y los discursos se forma a partir de las otras obras. Cuando los habitantes pensantes individuales participan en las actividades que involucran los discursos de su cultura, forman también una respuesta dialógica a estos estudios. El pensamiento del individuo existe, por lo tanto, en una frontera fluida entre el ser y otro, entre los discursos sociales y nuestras representaciones a ellos. La apropiación engendra una forma dialógica de la conciencia, el individuo construye nuevas formas de respuesta al mismo tiempo que se apropia de los discursos del mundo social. Estas conversaciones y el sufrimiento de la palabra propia no se limita a la respuesta a la literatura. La respuesta a cualquier evento comunicativo implica un turno para tomar la palabra ya que, según Bakin, en la comprensión está la versión. El origen de las prácticas que surgen en el espacio de lo íntimo de los lectores, es decir, sus interpretaciones, pensamientos y palabras propias, tendrían que ser un asunto medular para la educación porque es una de las partes esenciales, junto con el reconocimiento de los discursos y los significados sociales y la apropiación de la cultura escrita. Asegurizarse significa aprender a manipular el lenguaje de manera deliberada y esto debe ser una de las misiones más importantes de la escuela y los programas de acreditación y promoción de la lectura y distribución cultural. De aquí surgen preguntas importantes. ¿Cómo aprendemos a articular la palabra propia? ¿De dónde emergen prácticas de lenguaje y reflexiones íntimas mediadas por la cultura escrita? Quiero proponer en lo que resta de esta conferencia que la palabra propia emerge de la interacción con otros y que la actividad que ocurre en este espacio tiene su origen en contexto social. Aprendemos a reaccionar a los textos, a usar, apreciar, significarlos mediante la convivencia con otros lectores, la aproximación a los discursos sociales y el acercamiento a comportamientos letrados competentes. Distintos usos mentales desprenden de la lectura, de imaginación, la creación de mundos internos, el alivio y el disfrute son formas de estar aquí en este mundo muchas veces a pesar de situaciones materiales o emocionalmente aduertas. Otros usos de la lectura son para transformar la realidad, la acción, la participación política, la denuncia, la producción cultural. En ese sentido, no hay escape, no hay vida posible. Lo que son, son opciones para vivir, pero siempre dentro de este mundo. Para buscar estas ideas, voy a comentar algunos momentos claves en el desarrollo de las prácticas lectoras de Ana, una mujer que vive en una zona marginada en el oriente de la ciudad de México. Ella, como muchas de sus vecinas y amigas, no fue a la escuela durante su infancia y aprendió a leer ya como a él. Este trabajo ilustra algunas de las experiencias lectoras de Ana al narrar su historia. Voy a acentuar tres aspectos de su proceso de apropiación de la cultura escrita. La interacción con otros lectores y escritores, su contacto con discursos sociales y su encuentro con los comportamientos de los escritores. Los comentarios que siguen se sostienen en una perspectiva sociocultural de la cultura escrita que aporta elementos para comprender la relación entre la actividad humana y el mundo social y los procesos de apropiación de las prácticas sociales. De acuerdo al teórico James Wirtz, la meta principal de la visión sociocultural consiste en construir una versión de los procesos mentales humanos que da cuenta de estos procesos y su relación con contextos culturales, históricos e institucionales. Mientras las teorías clásicas conciben a la mente individual como el centro de aprendizaje, la teoría sociocultural ubica los procesos de apropiación en el contexto de la participación en actividades sociales, poniendo atención en la construcción del conocimiento mediado por diferentes perspectivas, saberes y prácticas aportadas por los participantes en eventos de interacción. Desde esta perspectiva, se entiende al acceso a la cultura escrita como las condiciones sociales inherentes a la apropiación y se distingue de la disponibilidad o presencia física de los materiales y artefactos de la existencia. Estas dos nociones, acceso y disponibilidad, permiten distinguir los procesos sociales de la cultura escrita y los aspectos materiales. El acceso, procesos sociales, aproximación a discursos, comportamientos, letrados, convivencia con otros lectores y escritores, tiene que ver con los procesos sociales que rodean a la apropiación de la línea escrita. Ayer Gregorio Hernández hablaba de la presencia de guías letrados que muestran cómo comprender y usar discursos poderosos en situaciones específicas. Cuando hablaba de este tema, hablaba del acceso a la organización. También la disponibilidad tiene que ver con la presencia física de los materiales impresos, manifiestos, electrónicos. Cuando hablamos de que hay un pupitre para cada alumno, hablamos de la disponibilidad de educación, pero no necesariamente del acceso. Cuando hablamos de la presencia de los libros en la biblioteca del aula en el salón de clase, estamos hablando de la disponibilidad de textos, pero no necesariamente de su acceso. Tal vez el mejor ejemplo para hablar de la diferencia entre disponibilidad y acceso tiene que ver, podría ser la biblioteca. Cuando uno entra, pasa, está guando la biblioteca, ve en los estantes los libros acomodados y ordenados por temas, por autor, a veces por tamaño y color, según, y estos libros están disponibles. Pero para poder hablar del acceso a la lectura, habría que hablar qué pasa en el momento de la interacción entre la bibliotecaria y los usuarios de la biblioteca, los jóvenes que van a ir a hacer su tarea, las discusiones entre lectores alrededor de los libros, los libros insertos en otros campos. Con el fin de poner algunos aspectos específicos del acceso que Ana tiene a la cultura escrita, primero voy a narrar y comentar los usos de la lengua escrita en su vida cotidiana y después en una situación de aprendizaje intencionalmente diseñada para fomentar la relación entre la lectura, la escritura y el aula. Pretendo ilustrar con su caso cómo la voz propia nace en la actividad compartida. y emerge a partir de la mediazca del lenguaje una herramienta comunicativa, mental, socialmente construida. De acuerdo a John Starmer, la apropiación de estas herramientas se da a través de nuestra participación en el mundo social, en los procesos interactivos donde conocemos el pensamiento de otros sectores y historias, algunas veces de ellos más experimentados que nosotros. El análisis del caso de ANA tiene como propósito concentrarse en las condiciones y procesos concretos, ya que la apropiación es el resultado de la participación en muchos diferentes, reconocimiento de diferentes formas de usar y abordar los textos e incluye su ubicación en las exigencias sociales y en sus situaciones originales que dieron lugar a su realización. En concordancia con esta propuesta, se recorren algunos momentos claves del desarrollo lector de Ana con la intención de explorar cómo los usos íntimos de la cultura escrita se desarrollan socialmente. La señora Ana es una mujer en sus cuarenta que vive en una comunidad semirural en la orilla oriental de la ciudad de México. Ella no nació en la capital, nació en Veracruz, se emigró a la ciudad durante su juventud como muchas mujeres de su generación. No aprendió a lo distribuir pues nunca se dio la acción. Su vida transcurre primero en Veracruz, entre lavar, acarrear agua, el cuidado de los animales domésticos y las otras labores que le asignaban sus padres. Aun como niña, de vez en cuando su padre la mandaba a trabajar a la ciudad de México para ayudar a afrontar los gastos familiares. Ana prefería emplearse en las casas ajenas donde la colocaba su papá porque le parecía menos pesado que el trabajo en el campo. A los 17 años se trasladó de manera sumitiva a la Ciudad de México, donde poco después conocería a su esposo y su casero. Su primer hijo nació poco antes de cumplir el primer año de casado. Mientras sus hijos de Ana eran pequeños, ella pasaba los días en ascender y los placeres de su casa. Durante estos años se le presentaron pocas situaciones para leer y escribir. Los trámites fuera de la casa, la otra salida a su esposo y con la excepción del transporte público, pocas circunstancias de la prisión que le diera escribir. Pero esto cambió cuando sus hijos entraron a la escuela y ya no se enfrentó por primera vez de manera directa con una exigencia social para leer y escribir. Tenía que asistir a las juntas de mamás y firmar los boletos de calificación. Para cumplir con este requisito, Ana aprendió a distinguir los números rojos de los negros y aprendió a apuntar su nombre en la línea que la maestra le indicaba. Mientras no supo escribir su nombre, seguía a una de sus señoras que filmara por ella. Yo quisiera comentar que ese hecho en particular que pidiera otra persona que filmara por ella a mí siempre me impresionó mucho. Me impresionó mucho porque uno tiene la idea que la firma tiene que ser en la letra de uno y eso es lo que lo hace su firma. Esta parte de la historia de Ana ilusa cómo leer y escribir son actividades que se encertan en contextos específicos y cómo responden a las convenciones de demandas y relaciones sociales. En este primer ejemplo, hay una demanda institucional que requiere la firma personal como una forma de participación y la interpretación de un texto específico, la boleta de calificaciones en el contexto de la gente escolar. Ana hace uso de sus relaciones sociales para resolver su exigencia, aparentemente sencilla. Pide a otra mamá que funja como mediadora, firmando por ella, hasta que finalmente se anima a escribir su propio nombre. En este momento, la idea de que una firma debe ser con el puño de letra personal no era relevante para Ana. El sentido imperante fue que su nombre apareciera en el documento, aun que su comportamiento comunicativo se dio a partir de un conocimiento incompleto de las identificaciones y significados importantes para otros, es decir, la institución escolar a instancias oficiales, sacrificio la demanda de su firma. Aquí lo que más quisiera subrayar es que Ana en este primer momento no necesariamente controla toda la actividad ni todos los aspectos y ya más sí es participante en esta situación. Para Ana asistir a estas reuniones, le planteó la necesidad concreta para aprender a escribir su nombre e interpretar el contenido de la boleta. A partir de ella, sostener una plática con la maestra para entrevistarse con ella acerca del desempeño que su hijo. Según Ana, la escuela usaba la firma de la boleta para evaluar a los padres, ya que si uno no firmaba, ahí le ponen que el niño no tiene quien lo apoye. Para participar en estas reuniones, nos invitó quizá por primera vez aprender a interpretar un documento oficial, afirmarlo y comprender que el no afirmarlo tenía importantes consecuencias para su hijo y que podía representar sanciones de la escuela en su contra, pues, ella decía, le bajan puntos a él. El significado que atribuye a este evento institucional y recurrente emergió de la frontera entre su propia participación y la participación de las demás y rápidamente se apropió de las prácticas comunicativas necesarias para ser una participante competente en este concepto. Su palabra se va construyendo con las de las otras mamás y la maestra. Aprendió a interpretar los resultados plasmados en la boleta, o sea, distinguir las calificaciones reprobadas de las aprobadas. Resolvió cómo entablar la conversación con la profesora. Desarrolló una estrategia propia para su firma y para que esta apareciera en la boleta y aprendió a escribir su nombre en un corto tiempo. Después del ingreso de sus hijos a la escuela, Ana hizo varios intentos de participar en programas de educación formal. En 1995, cuando Ana tenía aproximadamente 36 años, entró por primera vez a un grupo de estudio de Inú. Se mantuvo varios meses asistiendo a las clases y empezó a aprender a trazar las letras, pero con el nacimiento de su tercer hijo dejó de asistir. Cuando su hijo todavía estaba recién nacido, una de sus señadas le atendía a la tiendita del barrio del Fren en un local frente a la casa de Ana decidió dejar el negocio y Ana se hizo cargo. Como responsable de la tienda, Ana tenía que atender a los clientes y vestir la tienda. Atender a los clientes no les causaba problemas y esos pagaban en un momento. Pero si el cliente pedía la mercancía fiada, entonces hacía falta registrar la compra de alguna manera. Al principio, Ana llamaba a sus hijos para que recibieran la cuenta, pero si ellos no se encontraban, entonces tenía que recordar que se había llevado el cliente hasta que uno de sus hijos llegara para mercancía. Generalmente se acordaba bien de toda la mercancía fiada, pero también hubo ocasiones en las cuales Ana omitía algo a la hora de dejar la lista. Bueno, eso es difícil, si ella no se acuerda de todo lo que decía, entonces hay pérdida, pero para ella hay una consecuencia real y en medio. En 1998, entró nuevamente en un grupo de estudio y asistió con mucha regularidad a la clase. En este grupo también se seguían las lecciones y ejercicios de los libros de texto del Instituto Nacional de Educación para Adultos y en él había mucha conversación, solidaridad y ayudamiento. Dado que la instructora consideró que todos sabían las letras y sonidos, es decir, ella vio que se podía enfrazar la mayoría de las letras del alfabeto, Empezó a trabajar con los materiales de primaria, revisaba diferentes contenidos de español, matemáticas, ciencias sociales y naturales. La hija de Ana a veces le revisaba la tarea y le señalaba cuándo le faltaban letras o no se entendía lo que le escribía. Le sugería que hiciera copias para que fuera aprendiendo cómo se escriben los años. Ana utilizó la copia para hacer las listas del entecedor. Al principio le costaba trabajo porque esperaba que el cliente se retirara, bajaba nuevamente muestras de toda la mercancía que había guiado y se ponía a confiar a la que quisiera. No le gustaba escribir frente a otro porque sentía que tardaba mucho y hacía las letras sueltas. Finalmente, una amiga le aconsejó que hiciera las listas mientras él bachaba y le decía, no tenga miedo, usted apunte para el cliente. En el contexto de la tienda, Ana desarrolló un sistema para registrar la cuenta de las vecinas que le perteneciaron. En múltiples ocasiones, Ana había participado con sus hijos en el futuro de las listas, listando los nombres de las mecancias. Ya existía un cuaderno donde sus hijos escribían las listas y éste servía de modelo para que Ana también pudiera escribir la suya. Mientras no sentía confianza para escribir en la presencia de otros, se esperaba que los clientes se retiraran de la ventanilla a través de la cual ella despachaba para tomar cada mercancía y copiar su nombre en la lista y apuntar su propio. Posteriormente se animó a hacerlo mientras estaban ahí sus clientes. Un elemento que añadió Ana posteriormente a sus visitas fue la fecha, algo que aprendió a escribir en los plazos difíciles de estudio. Ya que en algunos casos, las clientas recibían una atención o un envío de dinero y pagaban una vez al mes toda su cuenta. Ella entonces, en estos casos, ponía la fecha y decía que era para que nos acordáramos en qué día se empezó la fecha. La tienda se convirtió en un espacio social importante para la alrededor del cual empezó a tener acceso a diferentes tipos de discursos significativos. Su apropiación de estas prácticas se caracteriza por un lado por su interdependencia con otros. Ella necesitó de otras personas para ir construyendo ladrillo por ladrillo estas prácticas. Pero también se caracteriza por su propia autonomía al realizar la actividad. Ana decidía qué escribir, cuándo escribilo, cuándo había terminado y controlaba el conjunto de sus propias acciones. Las prácticas simbólicas organizaron el uso de la herramienta cultural, la institución, y permitió a Ana desarrollar actividades y comportamientos de profesores nuevos. En el contexto de las interacciones complejas con sus clientes, Ana aprende a usar signos externos que ella debe regular y controlar para producir un tipo de texto socialmente pertinente y reconocido. El significado del texto rebasa lo meramente instrumental y es más que un simple registro de mercancía mediada por la propia de etiquetas comerciales. Se trata más bien de una herramienta simbólica que media la relación social entre él y el destino. Muchas veces se habla de este tipo de trabajo de los escritos como si fueran los planes de hoy, como si fueran nada más instrumentales. Y aquí lo que yo quisiera mostrar es cómo llegar a producir este tipo de libros que tienen la concepción de los escritos. Representa una relación de deuda entre una parte y otra y simultáneamente una relación de confianza. Cuando Ana concibe una cuenta o le recuerda a un vecino que todavía le debe, la lista entra en la conversación con sus vecinos, entra en el habla o está físicamente presente como punto de referencia. Bueno, esta es una de las listas que Ana, pueden ver, creo que también uno de los hijos pequeños le han ido poniendo un garabatito de adorno. Bueno, dentro de este círculo de estudio es larga la historia por qué yo me encontraba ahí, pero a resumidas cuentas yo lo que les decía es que yo estaba apoyando a la alfabetizadora y yo ayudaba en lo que ella pedía y también le hacía sugerencias de qué otras cosas podría hacer, ese tipo de actividades. Y una de las cosas que propuse y que aceptó la alfabetizadora fue la lectura en voz alta de diferentes textos, el primero de ellos siendo la autodioografía de Benita Galeana. No sé si lo conocen, es más, traemos aquí una foto de Benita Galeana. La historia de Benita Galeana es una historia muy cercana a la historia de las señoras del grupo, porque es una mujer con una historia difícil, de mucha pobreza y lucha, que inclusive también aprende a leer y escribir tardiamente, en el sentido que no en los años escolares, sino ya después como adulta. Y que por azar es el destino, no solamente termina en una militancia política hiperactiva, sino siendo compañeras de personajes como Trilacalo, Liga Rivera, etc. Y el libro que al inicio empieza diciendo que se está separando de su compañero y dice que él llegó a sacar sus cosas de la casa y que había una máquina de escribir vieja, tirada por ahí y dijo, mira la máquina te la dejo. Y la reflexión de Benita fue que lo mejor que sacó de esa relación fue efectivamente la máquina de escribir. Entonces empieza el texto, para no leer un capítulo completo, tengo aquí una parte resumida porque quiero comentar algunas cosas que pasan con él. Empieza el libro más o menos así. Tenía yo dos años cuando murió mi madre. Mi padre era un hombre muy rico, tenía muchas tierras. Al morir mi madre se dio a la borrachera, mis hermanos y yo, que éramos chicos al morir, mi madre nos fuimos a vivir con mi hermana Camila, la mayor de la familia. Mi padre nos quería mucho, especialmente a mí, pero casi siempre estaba afuera viajando por los pueblos, gastando el dinero que le quedaba. Cuando iba a la casa le gustaba jugar con nosotros, lloraba mucho cuando yo le contaba que mi hermana me pegaba y me hacía trabajar mucho. Bueno, después de esta introducción, Benítez describe un violento encuentro entre Camila y su padre, porque Camila supo que su papá estaba en la cantina, se estaba emborrachando y le dijo a Benita, hija, tu padre vendió una carreta de arroz y se fue a emborrachar a la cantina. De que se gaste el dinero a que se lo coman ustedes, mejor será que vayas a espaciarlo y le robes el garnet donde guardas el dinero. Entonces va Benita a la cantina y efectivamente su papá está borracho y está tirado en el suelo y va y ella con mucho cuidado le saca el dinero de la bolsa y se lo lleva a su hermana para que lo vacíen comida. Pero uno de los compañeros de trago, el papá, se da cuenta que Benita se lleva el dinero y la cusa con su papá. Y cuando el padre de Benita se entera que Benita le había robado, él supo de inmediato que la idea fue de Camila y, sinceramente, Benita no tenía la culpa. Y entonces regresó a la casa y le volvió desviadamente a Camila, la correteó con H, es una escena sumamente violenta. Y después Benita dice, mi padre siguió emborrachándose y luego desapareció del pueblo. Mi hermana me puso una paliza que ya me mataba para desquizarse del forazo. Bueno, después de la lectura en voz alta, de un fragmento, dimos la palabra a los asistentes al grupo de estudio para ver qué pueden comentar al respecto. Y esta es Ana con Chabela. Y después de la lectura, es Chabela la que responde primero. Chabela tomó la palabra y la ocupó durante un largo periodo. Yo no me voy a compartir un pequeño fragmento. Ella toma la palabra y cuenta su propia experiencia a partir de la experiencia de Renisa. Y aquí está la parte de lo que ella cuenta. Uf, mi madre me decía cuando yo era niña, te pareces a tu padre. Y una vez me andaba matando de una golpita. Me dejó encamada. Y a mi papá le dijo que era gripa la que yo tenía. Me tenía encamada y que va mi papá y ve cómo estaba, mis piernas las dejó bañadas de sangre, todos descuérdidas. Arrancaba así varas, así de gruesas, con tierra y raíces, dos y tres. Me las astillaba en mis pies, donde quiera, en todo mi cuerpo. Todavía llegó a la casa conmigo y una reata nueva que mi papá tenía, todavía la agarró y no podía ni pegarme de la cansada que estaba de pegarme y este bueno hasta me amaba. En resonante con la historia de Benita, Chabela habló de un aspecto muy personal de su propia vida. Habló para sí misma y habló para los demás. Mientras elaboraba esta narrativa o esta narración, Chabela, Ana no comentó mucho durante la plática. Más bien participó como una escrita atenta y siguió la conversación. La narración de Chabela abrió un espacio de expresión para los participantes y la escritora invitó a las señoras a usar la expresión para responder a la lectura. Yo creo que esto es algo fundamental, el abrir este tipo de espacios de expresión con la lengua escrita y sobre todo en una población, estamos hablando de mujeres adultas, que han tenido pocas oportunidades para usar la historia de esta manera. Les propuso que escribieran un pensamiento, la idea de que uno puede escribir un pensamiento a partir de la historia de Benita, así como ella lo hizo. Chabela no hizo escribir, diciendo que todavía no sabía cómo, aunque sí, y Soledad escribió algunas líneas que leímos en voz alta. Ana escribió los libros. El sexto de Ana le pone como título pensamiento es el principio de la vida de mi mamá cuando nació al poco tiempo murió su papá después mi abuela se casó el padrastro empezó a educar a mi mamá nos platica que le enseñó a unir la yunta de huevos a golpe. Ella sabe arar y sembrar la tierra como los hombres. Esa fue la enseñanza que le dieron. Yo digo que mi mamá nadie la quiso. La de Mita su tierra tenía a su papá que la defendía y la quería. Ana inicia su sexto haciendo un paralelo entre la vida de su madre y la de Mita Galeana. Las dos perdieron a uno de sus padres y esto tuvo fuertes consecuencias para sus hijos. Al igual que Benita, la mamá de Ana tuvo que trabajar y aguantar los golpes de los familiares que la cuidaron. La respuesta de Ana, su palabra propia, es una construcción original con huellas del lenguaje de otros. Su texto escrito lleva las marcas de la historia de su madre, pero el reporte que le hace coincide con la de Benita y Sabela. Ha sido una referencia explícita la historia de Benita comparando a su madre con ella. Yo digo que a mi mamá nadie la tenía. La Benita siquiera tenía, a su papá se la defendía y se odia. Su escritura no es un acto mecánico, luce la apropiación de maneras específicas de formular el lenguaje y desplegadas por otros en distintos eventos comunicativos. Yo no más les quiero decir que cuando yo vi esto, porque Ana es una persona, ustedes han escuchado un poco de su trayectoria, que no firmaba, hacía, fue toda una construcción, mirar hacia las luces y de repente se le abre una puerta que ni siquiera ella sabía que existía. Y una vez abierta, vean de golpe lo que ella es capaz de producir. La palabra de Ana es un comportamiento de aprecio en el cual podemos observar el control de los signos externos que ella tiene en este momento. La internalización de las prácticas no es simplemente la apreciación de lo instrumental, sino el desarrollo de las herramientas mentales para usarlas, legarlas, fisicalas y orquestarlas en el momento que se requieren. Cada vez que se trata de la respuesta a una demanda social, emerge en el espacio suceptivo de la reflexión propia acerca de qué hacer, cómo responder, cómo insertar la escritura en la práctica cotidiana. En este sentido, la palabra propia también está en la firma, también está en la lista y está en el texto de la mano. La firma se inserta en un contexto específico y da respuesta a la palabra ajena. Ana utiliza los recursos del lenguaje que tiene a la mano aún antes de poder producir escritura por sí misma. Comprende la complejidad de la práctica y responde a ella. Acentúa más la importancia de cumplir con la obligación de la firma que la mano que la traza. En la lista, Ana parte de expresiones de otros, las listas escritas por sus hijos, la amiga que la anima a escribir mientras están los clientes, las copias que habían hecho de las mercancías para construir sus propios hijos. Decía que le daba pena escribir en presencia de otros porque se podían dar cuenta de sus errores y tenía que vencer su miedo para escribir mientras despachaba. De alguna manera, para responder al texto de Benita Galeana, Ana tuvo que definir el tipo de situación que enfrentaba, que de hecho era nuevo para ella. En este caso, fue una situación liquidaria y descubrir el discurso social y significado. Al narrar la vida de su madre, Ana conecta su texto con el de Benita de manera explícita, mostrando cómo pone en juego la interculturalidad. Usa el discurso de Benita mediado por el grupo de estudios para escribir la palabra propia. En parte, se apropia del contenido y de su presentación, pero lo más importante, se trata de aprender con alguien y aprender sin ella ciertas prácticas del lenguaje, extenderlas y usarlas para decir lo que quiere decir. La expresión de la palabra propia en el texto de Ana, en el texto que Ana escribe, está primero en el hecho de escribirlo y segundo en lo que decide narrar frente a la lectura de Benita y la narración oral de Chabela. En el contexto de la clase del grupo de estudio, Ana escribe varios textos. Escribe dos pensamientos como este, escribe una descripción de su pueblo natal y dos cartas personales. La mayoría de estos textos los escribe entre mayo y diciembre de 1998. Considerando que hasta este momento de su vida no ha recibido ningún texto de su libro, esto fue un acontecimiento extraordinario. Además de lo que significó cada uno de estos textos aéreos, escribir los marcó su infusión en un nuevo uso de la cultura escrita. Cuando le pregunté sobre los textos que escribió A.F. Benita, comentó que antes solo había escrito las listas de la tienda. Y aquí está nuestra conversación. Yo le pregunto cómo fue o en qué momento empezó a escribir lo de Benita y ella me contesta, bueno, eso fue cuando empecé a escribir más, ya después de las listas. Le pregunté si le gustaba y se ríe y dice que sí. Me parece particularmente significativa la risa de Ana, quien comunica con ella una satisfacción enorme por haber descubierto esta nueva posibilidad expectativa. La propuesta de escribir lo propio como lo hizo Benítez Galeana y no solo escuchar la lectura del texto, significó para Ana el descubrimiento de la escritura como una herramienta para articular sus ideas y significó simultáneamente la creación del espacio para hacerlo. Escribir sus textos implicó pensar qué iba a decir y cómo iba a decirlo. Al hacer esto, realizó una actividad nueva y movilizó conocimientos existentes para producir lenguaje por escrito en respuesta a una conversación más general de la pobreza y el maltrato durante el enfoque y a la vez se dio un nuevo tiro al significado de que el niño. Bueno, en este momento tendríamos que resumir diciendo que la concepción de estos textos y la posibilidad de hacerlo depende de gran parte de su interacción con el tema. Muchas gracias. la letra, saber lo que es la letra, muchas veces decimos aquí en México, se hicieron de palabras, o se ven en palabras, ¿no?, que significan cosas distintas, pero pocas veces pensamos realmente lo que significa hacer muestras de las palabras y hacernos actores en la vida a través de la vida. Eso es así realmente muy significado. Muchas gracias.
SISTEMA
NTSC
DOCUMENTO_DIGITALIZADO
Sí
FECHA_INGRESO_ENTREGA
17/11/2004
CODIGO_BARRAS_LTO
BWF481
BARRA
Divulgación
TEMPORADA
24
CONDUCTOR
Ana Arenaza, Coordinadora de Fomento a la Lectura. DGP
TEMA_CONTENIDO
Promoción de la lectura y la literatura
FECHA_GRABACION
17/11/2004
LOCACION
CLASIFICACION
A
IDIOMA_ORIGINAL
Español
REALIZACION
Raúl Maldonado Alvarado
PRODUCCION
María Enriqueta Godoy Mendoza

