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CUID
MW-06625
SUBTITULO_SERIE
FILIJ 30
SINOPSIS_SERIE
Se presentan estrategias de fomento lector que combinan libros, tecnología, comunidad y familia para formar lectores autónomos, subrayando el papel de bibliotecas, escuelas y servicios de salud en asegurar un contacto temprano y constante con los textos. Se explora las primeras experiencias narrativas y los juegos de imaginación y su influencia en el desarrollo psíquico, emocional y social de la infancia. Se destaca la importancia de la voz, el ritmo y las interacciones tempranas para construir un tiempo interno que favorece la creatividad y la representación simbólica
EXTRACTO_SERIE
Se explora cómo las primeras experiencias narrativas y las estrategias de fomento lector fortalecen la imaginación, el desarrollo infantil y el acceso temprano y cotidiano a los libros
TITULO_PROGRAMA
SUBTITULO_PROGRAMA
Elena Climent (Estados Unidos) Alejandro Sandoval Ávila (México) Antonio Malpica (México)
SINOPSIS_PROGRAMA
Se explora la relación profunda y formativa entre la infancia, la lectura y la imaginación. A través de experiencias personales, se describe cómo los primeros libros, sus imágenes y la interacción lúdica con ellos moldean la sensibilidad, la creatividad y la manera de entender el mundo. La lectura como puerta a emociones complejas, como la pérdida, la sorpresa, el miedo y el consuelo, así como su influencia en la creación artística, narrativa y visual. También se reflexiona sobre el poder de las primeras lecturas para abrir rutas de vida, estimular la curiosidad y fortalecer la conexión afectiva con las historias
EXTRACTO_PROGRAMA
La lectura en la infancia se muestra como origen de imaginación, emociones y creatividad, revelando cómo las primeras historias moldean la percepción del mundo e influyen en la creación artística y literaria
N_PROGRAMA
11
N_TOTAL_PROGRAMAS
14
DURACION_TOTAL
01:17:26:12
PARTICIPANTES
Elena Climent, pintora e ilustradora
Alejandro Sandoval Ávila, filologo y escritor
Antonio Malpica, escritor
Sofía Ramírez, escritora e investigadora
SEMBLANZA_PARTICIPANTE
Elena Climent (Ciudada de México (1955- )
Artista mexicana activa en pintura, acuarela y dibujo, con presencia en México, Estados Unidos, Latinoamérica y Europa. Desde su primera exposición en 1972, ha desarrollado una obra centrada en escenas cotidianas y objetos que documentan entornos urbanos y domésticos. Ha realizado exhibiciones en espacios como el Palacio de Bellas Artes y Mary-Anne Martin Fine Art, y produjo el mural “At Home With Their Books” para NYU en 2008.
Alejandro Sandoval Ávila (1957–2022)
Poeta, narrador y autor de literatura infantil y juvenil. Publicó poesía, novela, cuento y ensayo, con obras traducidas al portugués e inglés. Fue presidente de la Asociación de Escritores de México y miembro del Consejo Directivo de la SOGEM. Recibió premios como Poesía Joven de México (1974), el Premio Nacional de Poesía Ramón López Velarde (1982) y El Barco de Vapor (1997). Su trayectoria incluyó labores editoriales y de gestión cultural.
Antonio Malpica (Ciudad de México, 1967)
Escritor con obra extensa en narrativa para adultos, jóvenes y niños, así como en dramaturgia. Ha publicado novelas, libros infantiles y textos de ciencia ficción, además de cofundar la compañía teatral In-Crescendo. Ha recibido reconocimientos como el Premio Iberoamericano SM de Literatura Infantil y Juvenil y diversos Premios Gran Angular. Entre sus obras destacan Ulises 2300, La nena y el mar y El impostor.
Sofía Ramírez (Aguascalientes, 1971) es investigadora, escritora y promotora cultural con una trayectoria destacada en el estudio y difusión de la literatura mexicana
Sofía Ramírez (Aguascalientes, 1971) es investigadora, escritora y promotora cultural con una trayectoria destacada en el estudio y difusión de la literatura mexicana
TIPO_ACTIVIDAD
DISCIPLINA
PALABRAS_CLAVE
Artes visuales | Cuento | Edición de textos | Enseñanza de la lectura | Escritor | Escritora | Escritura creativa | Humor (literario) | Ilustración | Lectura | Libro para niños | Literatura | Novela | Selección de libros
TRANSCRIPCION
Elena Clement trabaja en las ciudades de Nueva York y Cuernavaca. Su obra, que incluye óleos, acuarelas y dibujos, es ampliamente reconocida en Estados Unidos, México, Latinoamérica y Europa. En 1978 empezó a ilustrar y en ocasiones escribir libros para la SEP. hizo algunos números completos para la colección Colibrí, ilustró varios tomos de la colección Literatura Universal para Niños y produjo libros independientes como Betty y su ratón, Betty y su elefante y Triste Historia del Sol con Final Feliz. Dos de ellos ganaron el premio Antonio Robles. Además, ilustró El campo y la ciudad, el nacimiento más grande del mundo y un libro de colorear con poemas recopilados por Blanca Luz Pulido. Durante varios años se concentró principalmente en la pintura, pero nunca dejó de hacer diarios ilustrados. En años recientes emprendió un proyecto muy grande, su biografía ilustrada, una recopilación de anécdotas y recuerdos contados por medio de dibujos y textos. Al mismo tiempo, ha iniciado una serie de libros sin texto sobre Ernestina, una niña que vive con su papá y se enfrenta a situaciones diversas que debe resolver. Alejandro Sandoval Ávila escribe poesía, ensayo, novela y literatura para niños. Entre sus publicaciones más recientes se encuentran Sin Muerte ni Fulgor, de 2005, Tercera Menor, 2007, Archibaldo, 2007 y La Noche es un Tren, 2008, la cual fue nominada en 2009 al Libro del Mes por la librería madrileña, especializada en literatura infantil y juvenil, La Mar de Letras. Asimismo, el Banco del Libro, institución venezolana con presencia en todo el mundo de habla hispana, lo distinguió como uno de los cinco mejores libros para niños publicados en español durante 2008. En 2010, Sandoval Ávila publicó la novela Destierro y la novela infantil Como Pollos y Gatos. Ha sido presidente de la Asociación de Escritores de México, miembro del Consejo Directivo de la Sociedad General de Escritores de México, SOGEM, y catedrático invitado en la Universidad de Luis Luis. También ha colaborado con los gobiernos federal y de la Ciudad de México en diversas actividades vinculadas a la cultura. Antonio Malpica estudió la carrera de Ingeniería en Computación en la UNAM y desde 1987 ha escrito, en coautoría con su hermano Javier, diversas obras de teatro, muchas de las cuales han sido llevadas a escena, como Séptimo Round, María Frankenstein, Canon, Ensayo de un coma, Mujer on the Border y Crisis, Modelo para armar. En 2001 publicó sus primeras novelas para adultos, El impostor y Jóvenes, las mejores alas. Y en 2002 y 2003 obtuvo el Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos. Ha escrito diversas obras infantiles y juveniles y recibido numerosos reconocimientos, entre los que destacan los premios Castillo de novela infantil, Gran Angular y Barco de Vapor. Entre sus libros más recientes están Billy Luna Galofrante, El lápiz de labios del señor presidente, La lágrima del Buda y Siete esqueletos decapitados. Pues cedo la palabra entonces a Elena Kling. Antes de leerles lo que preparé para venir acá, les quiero decir que yo soy una lectora lenta, me tardo con los libros, creo que partes porque me le quedo viendo mucho a las letras, pero he tenido una relación toda mi vida muy, muy cercana con libros, estoy casada con un académico, mi casa está llena, llena de libros, he pintado libros, he mirado libros, he jugado con ellos, en fin, he tenido mi relación con los libros ha sido por varios frentes, de varias maneras. Uno de los primeros libros que recuerdo era un pop-up de portada dura y tamaño mediano que se trataba de dos niños que vivían en una granja Cuando lo abrías, en una de las páginas se levantaba una cerca de establo unas vacas y las figuras de los dos niños Atrás se veía un granero y al fondo un paisaje campestre con montañas Yo me acostaba en el suelo panzabajo y ponía los ojos a la altura de la cerca Colocaba entre las vacas de papel mis caballitos de plástico del mercado, que le quedaban chicos a las vacas, y me imaginaba que todo aquello era real y que yo podía entrar en la granja y hacerme amiga de los niños y recorrer el caminito que iba hacia las montañas. Mi relación con los libros tenía un lado mágico. Yo sentía que podía atravesar la superficie del papel para meterme en las casas a donde sucedían los cuentos, pasar por las puertas, asomarme a los cajones, mirar por las ventanas, explorar los jardines, conocer a los personajes. Recuerdo que leía los libros muchas veces hasta sabérmelos de memoria y me le quedaba mirando a los dibujos durante ratos muy largos como si ese fuera el modo de entrar en ellos. A veces colocaba un libro de pie abierto en una página con una ilustración que me servía de escenografía para mis juguetes. Yo los acomodaba como si fuera una extensión de la imagen de adentro del libro y jugaba a que los personajes y los espacios de las ilustraciones interactuaban con los juguetes de afuera. También tenía un libro de cuentos grandote con una portada roja. Mi mamá me leía uno antes de irme a dormir y yo siempre escogía el mismo, que se trataba de una señora que vivía sola en una cabañita en medio del bosque y que tenía su mecedora, su estufa, su cocinita, una canasta con estambre para tejer y su gato. Pasaba las mañanas trabajando, limpiando y cocinando y en las tardes después de comer se sentaba a descansar frente al fuego con su tejido mientras el gato dormía la siesta. Un día la señora se volvió rica y se mudó a una mansión enorme. De repente ya no tenía que limpiar ni cocinar porque los sirvientes se lo hacían todo. En su sala había puesto siete sofás, uno para cada día de la semana y cada tarde se sentaba en el que le correspondía. Muy pronto se empezó a sentir sola en una casa tan grande y a la hora de comer no tenía hambre porque no había trabajado y en la noche tampoco tenía sueño. Finalmente decidió que solo iba a estar contenta si compartía su casa con otros y entonces invitó a su jardinero Otto con su esposa y 11 hijos a que vinieran a vivir con ella y así vivió muy feliz. Cuando mi mamá terminaba de lerme el cuento yo me dormía llena de bienestar y con la sensación de que nada malo podía suceder y que el mundo era un lugar muy amable Después de escuchar el cuento montones de veces la señora se había vuelto un personaje real en mi vida y yo sentía que ella y yo nos conocíamos desde los dos lados del papel El hecho de que vivía sola me intrigaba mucho Por un lado me preocupaba su soledad y por el otro me atraía su libertad y al final me encantaba la idea de que Otto y su gran familia se mudaran a vivir con ella. Era como si su vida encontraría el equilibrio perfecto entre estar sola y acompañada. Un libro que me marcó mucho fue El Globo Rojo. En la biblioteca del colegio tenían una copia y yo lo sacaba prestado cada vez que podía. El hecho de que no me perteneciera le agregaba emoción al asunto. Recuerdo que cuando entraba a la biblioteca me dirigía al estante donde iba el libro y me ponía nerviosa preguntándome si lo encontraría o si estaría prestado, en cuyo caso tendría que esperar hasta que lo devolvieran. Cuando el libro sí estaba, yo me alegraba muchísimo y me lo llevaba a casa como un tesoro. El libro era grande y sobre todo muy alto. Estaba hecho casi de puras fotos y tenía poco texto. La historia era de un niño de Marsella de cinco años que se llamaba Pascal y de un globo rojo que era su amigo. Se lo había encontrado amarrado a un poste un día que iba caminando por la calle. Se había trepado para desamarrarlo y se lo había llevado con él. Muy rápidamente quedó claro que el globo no se iba a dejar agarrar y que prefería seguir a su nuevo amigo por su cuenta. El globo mágico se convirtió en un amigo fiel y Pascal se las arreglaba para no despegarse de él a pesar de todas las adversidades. En las fotos, el globo rojo, enorme y brillante, contrastaba con las calles descoloridas de una Marsella empobrecida por la posguerra. Los muros gastados y grises lo hacían resaltar en toda su belleza y magia. Y yo, como me imagino que todos los niños que conocemos el libro, que creo que sigue siendo el caso, muy famoso el libro, soñaba con ser la elegida de un globo mágico que me siguiera por todas partes, al igual que Pascal. En las vecindades había un grupo de niños un poco mayores que se sintieron envidiosos y decidieron que querían el globo para ellos. Entonces empezó toda una persecución en la que Pascal y el globo huían aterrorizados por callejones angostos mientras la banda de niños lo correteaban. Finalmente los dos se vieron rodeados en un terreno baldío y cuando Pascal vio que estaban armados con resorteras trató de ahuyentar a su globo para protegerlo, pero el globo no se quería separar de su amigo. Yo me moría de angustia tratando de imaginar cómo podían salir de una situación tan difícil y trataba de influenciar al globo desde mi lado del papel para que se alejara del alcance de las pedradas. Recuerdo que me llenaba de indignación contra esos niños mezquinos que no podían tolerar la buena fortuna de Pascal y que preferían destruir al globo antes que dejárselo. Finalmente, uno de los niños le atinó al globo con una resortera y le dio un golpe mortal. El globo se empezó a desinflar lentamente mientras su amigo lo acompañaba sentado en el suelo. Era un momento terrible y, a pesar de mis pocos años, podía entender perfectamente la magnitud de la tragedia. Mientras todo esto sucedía, de repente el cielo de Marsella se empezó a llenar de globos de colores que salían de las ventanas de los edificios y que se desprendían de las manos de los niños. Todos ellos sabían lo que le había pasado a su compañero y se habían vuelto mágicos y se dirigían al terreno baldío. Una vez juntos, los globos rodearon a Pascal, hicieron un columpio con sus cuerdas y lo cargaron para pasearlo por el cielo de Marsella. Yo recuerdo una mezcla de sentimientos. Por un lado, la imagen de los globos de colores llevando a Pascal por los aires era un final feliz, pero por el otro ahí quedaba el globo rojo desinflado y tirado en el terreno, muerto para siempre. Con el globo rojo yo experimentaba un rango de emociones muy amplio. El libro no subestimaba mi capacidad como niña de percibir lo que significaba un milagro, la magia, la mezquindad y la envidia, la pérdida, la muerte y el consuelo. Todas esas emociones las podía reconocer perfectamente y el libro me ofrecía un lenguaje poético con que manejar los sentimientos que me producían. La relación que tuve en la infancia con mis primeros libros me dejó muy marcada y hasta el día de hoy es un tema recurrente en mi pintura. El deseo de poder penetrar la superficie del papel y de entrar en el cuento y en la imagen impresa sigue vivo adentro de mí y tengo muchos cuadros en los que he jugado con esa fantasía. En mi vida, que ya tiene algunos años, he pasado por muchos libros y me cuesta recordar la mayoría de ellos, pero las primeras lecturas, al igual que las primeras canciones y primeras experiencias artísticas, no se olvidan, porque todavía son muy pocas y el impacto es mucho más fuerte y duradero. Les voy a enseñar algunas imágenes de los cuadros que he hecho ya de adulta, en donde se ve muy claramente el efecto que tuvo para mí este tipo de relación con los libros. Entonces, aquí, por ejemplo, son escenas que yo pinté ya de adulta, recordando cómo me relacionaba yo con los libros. Entonces, aquí, este libro muy conocido de La Luna en la Noche, que no es un libro que tenía yo de niña, pero es el recuerdo de cómo me llevaba con los libros, donde tengo afuera todos los juguetes, afuera del libro, como si pudieran entrar adentro. Aquí también hay una escena de juguetes con un librito abierto atrás de un parque. Este es un pop-up inventado por mí, donde yo inventé todo, desde el libro hasta cómo jugar con él y todo, en el ambiente de un librero de adultos. Aquí es una casita hecha con libros, con una foto de un Viewmaster atrás. Mi relación con libros era no solo leerlos, sino usarlos para todo. Aquí es una escena de una ilustración en una caja de té, en una sobremesa, donde están los adultos hablando y yo estoy jugando en mi lugar, haciéndome una escenografía yo solita. Este es también un libro abierto atrás de una calle, uno de estos libros de Golden Books que se hacían en los años 50, con los juguetitos enfrente. Y este es un cuadro ya que hice más bien, que no era de miseria para infancia, pero donde también la postal juega un papel muy parecido, porque la postal está produciendo luz a la repisa que está enfrente y de paso no me resistí meterle un juguetito también. Este es un mural que hice que es muy grandote, es como de 10 metros de ancho, donde también está muy muy fuerte la influencia de quererse uno meter adentro y donde todos los libros que pinté eran libros que existían de adeberas, entonces para que se sintiera como que de veras estaban ahí los libreros y que de veras se podía uno meter adentro. Y luego aquí también, este es una repisa en un librero donde la postal al fondo es como un pasillo a otro mundo. aquí también es una escena de una mesa con una foto de Tepoztlán donde le sale luz y luego está nada más aquí les quería enseñar nada más un poquito de cosas que he hecho en ilustración, muy poquito este es un libro sobre el miedo que estoy a punto de sacar de una niña que ve un monstruo en el ropero y sale corriendo a la sala y le cuenta a su papá que había un monstruo horrible en el clóset y luego esta es una escena de mi autobiografía donde es casi igual lo que me pasa pero a mí en mi propia vida que es una ocasión en la escuela donde salí voluntarié para cargar una cosa que era la calaca de la escuela y entonces en la noche me daba miedo entrar a mi habitación y entonces la empleada que vivía en mi casa me estaba esperando abajo de la cama y me agarró el pie cuando entró al cuarto y salí a la sala aterrorizada pegando gritos y entonces esto es como lo mismo que en el cuento que estoy haciendo entonces lo que estoy tratando de enseñar acá nada más es como la relación de infancia en mi vida presente tiene una influencia muy muy fuerte en cómo me llevaba con la imagen sigue siendo lo que me pasa ahora también gracias gracias Muchísimas gracias, Elena. Ahora cedo la palabra a Alejandro Sandoval. Debo decirle la verdad, me siento un poco intimidado, por decirlo de alguna manera, porque tan especialistas en literatura infantil son ustedes, conozco a varios, como los que estamos acá. Es un público que verdaderamente, digamos, es la primera vez que tengo que hablar frente a un público realmente especialista en una de las cosas que yo hago que es escribir literatura para niños. Cuando me invitan a esta mesa redonda, pensé, me puse a pensar lo de mis primeras lecturas. Y quiero decir que ha habido dos o tres cosas que afloraron a partir de empezar a meditar sobre el tema de esta tarde. Lo primero que vino a la mente fue una participación que tuve en una feria de libro sobre una idea del escritor Brito Taibo que se llamaba El libro que cambió mi vida. Y claro, eso es un tema muy provocador porque sí, hay libros que pueden cambiar la vida como hay películas que pueden cambiar la vida o canciones que pueden cambiar la vida. Estoy pensando mucho sobre ese tema. Y también otro tema que me ha sucedido sorprendentemente ha sido el escribir poesía para niños, que llegué a ella por pura casualidad. Sobre el primer tema yo les diría, lo que pude pensar es que el libro que cambia la vida es el primer libro que uno logra leer que uno logra terminar como lector. Estoy convencido que la primera vez que uno, un niño, se convence de que terminó un libro él solito de leerlo completito, que venció ese reto, que superó ese reto, me parece que ese es un libro que va a cambiar la vida a quien sea. Pero resulta que la vida va cambiando. También los libros que van cambiando la vida pueden ser varios, pueden ser diferentes, dependiendo de la etapa de la vida que uno esté viviendo. Por ejemplo, yo terminé ahora una novela que la mencionaba que se llama El destierro, es una novela que transcurre en África, y tuve que leer muchísimo sobre África. Y un libro que me cambió la percepción que yo tenía de África, la percepción occidentalizada que tenemos de África, fue el libro de Richard Kapuscinski, Ébano. Para mí fue una primera lectura sobre África que me cambió radicalmente la vida. Hay otra experiencia también, no mía, no personal mía, pero de gente que se ha enfrentado a una primera lectura en etapa ya adulta. Como mencionaban también aquí, se publicó el libro de poesía para niños, La noche es un tren, se publicó en España, lo publicó en Aya. Bueno, la historia de este libro tiene que ver mucho con las primeras lecturas de otros niños. Fue un libro que se generó por accidente de un taller de lectoescritura que dio mi esposa, la poeta María Antucena, hace muchos años, para niños de 5 a 7 años. Y se generó una pequeña memoria, donde había fotografías, recortes, dibujos, frases. Se quedó, entró a la casa de dos escritores, ya imaginarán el mare magno que hay de libros. Y se perdió. Nos acordamos que estaba por ahí. Hasta que hubo que cambiar de lugar mi estudio y salió esta memoria de aquel, varios años después salió esta memoria de aquel curso. Empecé a ojearlo y me di cuenta que en esa memoria, en esa memoria de ese curso, estaban las primeras lecturas de muchos niños. y que tenían diversas percepciones de lo que era el mundo, la vida, la forma de relacionarse con la cotidiana. Y eran niños lectores porque eran hijos de amigos nuestros, escritores, que habían tomado el curso con Marian Tocen. Bueno, la construcción de este libro me dio para muchísimas reflexiones en torno a las primeras lecturas, en torno a lo que es la expresión infantil, literaria y artística. Pero mi mayor sorpresa fue que me invitaron a hablar al Centro de Capacitación Policial de la Ciudad de México. O sea, no a la Academia de Policía, sino al centro donde se capacitan los policías que andan en la calle. tanto los detectives, la policía judicial, como la policía uniformada. Bueno, traté de explicarles un poco lo que es la mecánica poética, lo que es la imagen, cómo se va formando. El filósofo alemán, italiano renacentista, hablaba de la pobreza de los aulares. Traté de explicarles lo que es la pobreza de los aulares y cómo en las mentes niñas de los pueblos niños, que también decía Vico, se utiliza mucho esta regla de los hablares, y que a partir de este planteamiento fue que fui construyendo el libro este, Lo No Hago en Tren. Y les llevé a los policías un pequeño video que hice sobre el libro. Un pequeño video que si quieren te lo puedo ver, aquí lo traigo. Mi sorpresa más grande fue que para muchos de los policías fue la primera vez que estuvieron cerca de lo que era una expresión poética. Y no solamente eso, sino que me preguntaron dónde podían comprarlo. Porque querían leerlo, querían tenerlo. Bueno, pues le dije, en ese entonces todavía estaría, ahorita el libro ya está agotado, pero en ese entonces todavía estaba a la venta en el metro, en el pasaje de Zócalo Pino Suárez, en el librerío de La Ruz. Le decía el dato. Pero me quedó la curiosidad. y le pregunté al encargado de la librería, de la que conozco, si habían ido policías a comprar el libro. Mi sorpresa fue que me dijo que sí, que ya no le quedaban siete, que tiene 50 y ya no le quedaban siete. Mi sorpresa fue también que esa primera lectura, y ahora mi curiosidad es, esa primera lectura, ese primer acercamiento a la lectura de los policías, cambiará su vida, tendrá alguna importancia en su forma de comportarse ante la sociedad, ante el mundo, ante la vida. Espero algún día poder tener alguna respuesta a esta interrogante. Pero mis primeras lecturas personales son un poco diferentes, no tan diferentes, son lo que era obligado. el primer regalo de mi padre que yo recuerdo, mi padre también es escritor el primer regalo de mi padre que yo recuerdo fue las obras completas de Hans Christian Andersen y claro yo acababa de empezar a leer y recuerdo perfectamente la inmensa satisfacción que me dio terminar de leer yo solito los cuentos completos de Hans Christian Andersen un lejón preciosa a tinta pero también otra impresión que me dio muy fuerte que es una primera lectura también para mí fue cuando leí ya con la capacidad de entenderla el Quijote de la Mancha por ejemplo a uno le dan en la secundaria en la preparatoria, lo obligan a leer el Quijote de la Mancha, lo obligan a leer parte de la Ileada y la Odisea y uno no tiene de pronto la formación mental académica para comprender a la cabalidad de esas obras. Entonces, una de mis primeras lecturas también importantes fue cuando ya en la universidad leí el Quijote y no tenía nada que ver con los fragmentos que yo había leído en la secundaria o en la preparatoria, ni me acuerdo. Igual fue con la heliada y con la bisea. Entonces, yo les diría que las primeras lecturas para uno también tienen mucho que ver con las relecturas. Mucho que ver con las lecturas. Yo estoy ahora involucrado en releer mis primeras lecturas. Hubo una letalización de Gabriel Gachéa Márquez que decía, que le preguntaron si existía la novela perfecta. Y Gachéa Márquez respondió, sí, el conno de Montecristo. Entonces, yo la leí cuando tenía 15 años. Entonces, fui a buscarla, a releerla, pude releerla ahora en francés, si usted puede releerla, y es una novela maravillosa, de verdad, es una novela enorme. Sí, es una novela de aventuras, una novela que no sé por qué dicen que es para adolescentes, pero esta relectura, por ejemplo, de El Cuento de Monte Cristo fue para mí también, otra vez, una primera lectura de esta novela que tiene implicaciones políticas, tiene implicaciones románticas, tiene implicaciones financieras, El autor era un hombre que conocía su entorno, conocía su tiempo, conocía lo que estaba sucediendo en su entorno. Entonces, yo creo que tanto el libro que cambia la vida como las primeras lecturas son una especie de recurrencia a lo largo de quien es un lector, así o quien tiene el hábito de la lectura. Y como quien tiene el hábito de la lectura, bueno, también tiene uno el derecho a no leer libros. también hay libros que he querido volver a leer no digo nombres porque son muy conocidos me han aburrido muchísimo entonces se quedó como una lectura perdida que espero no tener que volver a leer nunca entonces estas reflexiones fueron orilladas por estos dos grandes temas que me parecen importantísimos el encontrarme con la posibilidad de escribir poesía para niños por puro accidente y que hasta los policías les gustara lo que estaban leyendo. Y el otro tema es los libros que van cambiando la vida y que vuelven a ser primeras lecturas recurrentemente a lo largo de la vida del lector personal. Si quieren pasar un poquito el video del libro de poemas, de la noche un tren dura muy poquito espero que les guste por lo menos un poquito más que a los policías gracias Debo decir que las ilustraciones Una artista plástica venezolana Cristina Müller Y de pronto no me gustaron las ilustraciones Me parecían muy minimalistas Yo estoy acostumbrado a que mi libro para niños Tenga ilustraciones de líneas fuertes Colores chillantes Me hubiera encantado un libro así Evidentemente se lo dijo a mi hija Cuando me conocieron las amigas de mis hijas Listo, muchas gracias. Se queda Toño Malpica con usted. Así de a dos, para que no digan el estereo Bueno, primero las disculpas Ando saliendo de una gripe feroz Y digo saliendo con el ánimo más entusiasta Espero de veras estar saliendo Otra disculpa Intento por hacer algo como los compañeros Lo juro, ojalá estuviera aquí Mi mujer para dar fe Pero no pasaba de la lámina 3 Sin decir, híjole, cuántas tonterías Este Se me da la letra y poco Pero la imagen no Incluso le quise meter ahí unos videos Pirateando De YouTube y demás, pero bueno Que lo hagan Los que lo saben Me invitaron aquí, igual que Elena y que Alex este a hablar de las primeras lecturas significativas, mis primeras lecturas significativas pero me acuerdo que cuando yo vi cuando me mandaron el programa del seminario decía los creadores sus primeras lecturas significativas entonces este pues a mi se me hizo como que si éramos los creadores pues se valía a lo mejor hacer un poquito de trampa y yo como que se me ocurrió traerme aquí a la mesa, aunque sea de una forma medio fantasmagórica, algunos colegas preguntándoles sobre sus lecturas significativas. Bueno, a ti no te mandé ese correo porque ibas a estar acá, ¿verdad? Pero algunos de nuestros colegas muy gentilmente me respondieron sobre esos libros que, como dice Alejandro, los marcaron de alguna manera, los hicieron lectores o hasta escritores. Yo les hice ese par de preguntas, si había un libro o libros que los hubieran hecho sentir que estaban ya enganchados en la lectura o en la escritura. Algunos contestaron las dos preguntas, la mayoría solo la primera. No todos tenemos en claro así tan marcadamente si hay un libro que nos hizo escritores, pero creo que lectores es más fácil darse cuenta. De mi experiencia personal, pues ya estuve yo hace dos años haciendo también esta horrenda confesión en este mismo lugar. Supongo que por eso me invitó Goldin en aquel entonces, que yo no fui niño lector. Me acuerdo que cuando me invitó me dijo, pues habla de tus experiencias como lector niño. Pero yo no fui lector niño, pues por eso. Entonces, tengo la sospecha de que me invitaron otra vez por la misma razón, para que volviera a sacar mis verrugas al sol. Pero supongo que también obedece a eso, al hecho de que tal vez mi caso es un poco sui generis, Incluso por eso no quise que quitaran del ridículum ese que leyó hace ratito Sofí, de que mi formación es como ingeniero en computación. Porque no todas las historias de escritores son como tan cortadas o obedecen a las mismas reglas o tienen los mismos cánones. Mi caso es muy peculiar porque yo llevo más o menos como 10 años escribiendo prosa 20 escribiendo teatro, por eso apareció por ahí, pero en realidad tengo 43 años y el resto del tiempo me dediqué a vivir y a hacer otras cosas. Yo siempre creí, eso creo que sí está más o menos fundamentado, que desde chico yo aprendí a tocar el piano y creo que siempre creí que mi destino era la música. De hecho todavía sigo haciendo mis tonterías en el piano y a lo mejor por ahí de pronto me descubre algún gran productor de discos, no sé. Pero mientras tanto, eso sí lo tenía como muy en claro, pero la escritura no es cero, jamás me pasaba ni por aquí que podía ni siquiera arrastrar la pluma. Eso fue muy accidental, pero ahora la lectura, por ejemplo, siempre digo que no fui niño lector, porque para mí la infancia, siempre como que tuve muy en claro que a los 12 años era cuando uno dejaba de ser niño, al menos así nos lo vendían, ¿no? Y antes de esa edad, casi sí puedo decir que no disfruté la lectura, o sea, que yo no disfrutaba la lectura. Para mí la lectura era lo mismo que te dejaban en la escuela, así, tal cual. O sea, le tenía tanto gusto como a las tareas porque para mí era como hacer la tarea. Te decían tal resumen de tal página, tal página del libro de lecturas de español y ya. Entonces, mi experiencia más bien es con las historietas, porque esas sí eran rapidísimas, y pues con la tele, ¿no? Entonces, pues yo, mi mundo infantil no estuvo poblado de, ojalá, ¿no? De los gansos salvajes o de la niña de los fósforos, ¿no? O sea, mi mundo estaba poblado por Don Gato y su pandilla y los pica piedra, al menos mi mundo infantil. Y sí, el Pato Donald y todos los que salían en los cuentos de la editorial Novaro. Mi primera lectura así tal cual, desde el punto de vista, como decía Alejandro, del primer libro que terminé yo solito y que efectivamente de alguna manera te marca, porque te acuerdas al menos, ¿no? Fue un libro que me dejaron en primero de secundaria, que muchos de ustedes seguramente ubicaran, que se llama La cabaña del tío Tom. El primer libro que leí a mis 11 años fue La cabaña del tío Tom. Y si algo puedo decir de ese libro, pues si es que sí me marcó, porque lo leí de cabo a rabo y me di cuenta de que el mundo era horripilante porque existían cosas como la muerte por azotes y la esclavitud y demás. Hoy en día supongo que para primeras lecturas se recomienda más casi medio año o hasta las mejores alas, no sé, de pronto. Pero me acuerdo que sí dije, esto es verdaderamente horroroso. A mí no me gustaba ir a la escuela, sino que te hacían leer sobre negros que se mueren azotados por amos que son unos desgraciados. Entonces, no, no me gustaba. Después se compuso un poco la cosa, me acuerdo que la segunda fue Macario, que además estaba más delgadita y por lo menos hizo más sentido. Pero el primer libro que yo leí así, de que lo agarré y que me dio mucho gusto haberlo hecho, también fue muy accidental. Un libro que está súper descontinuado y que yo he buscado en librerías de viejo por ahí, si alguien sabe de él. uno que se llama Señor Dios Soy Ana, de un irlandés que firmaba con un seudónimo que se llamaba Finn, y que cayó en mis manos porque lo llevaba, no es una novela realmente ni de aventuras ni nada, pero trataba como de una niña que era muy simpática y etcétera, y que también curiosamente le daban sus azotes, porque era una niña de la calle que recoge un cuate, y al final se muere atropellada, pero bueno, eso no viene mucho al cuento, pero en unas vacaciones en Huastepec con mis primas una de ellas lo llevaba y pues más interesada en ponerse a ligar en las albercas que en leer lo dejó por ahí, yo lo agarré y me prendí pero me di cuenta de que si había lecturas que podían ser un poco más cercanas que hablaran más al corazón, etcétera que no todo era la terrible esclavitud en el siglo XIX, etcétera realmente cuando yo me enganché con la lectura fue cuando en la secundaria en la biblioteca porque yo era la verdad en la secundaria un niño bastante tímido y bastante nerd me llamaban mucho la atención también las cosas como de cierto corte científico entonces como que luego me hallaba entre mis compañeros y me encerraba en la biblioteca, en los recreos, la verdad. Lo digo con esa gran pena porque no hay peor definición de ñoñez que esa, que un niño se meta a la biblioteca en el recreo. Pero no lo hice los tres años, pero al menos una que otra vez que lo hice y como estaba sola, porque además eso era lo maravilloso, nadie se mete a la biblioteca en el recreo excepto yo, el bibliotecario me prestaba y me recomendaba libros. Entonces, ahí fue donde descubrí a Salgari, por supuesto, a Julio Verne y a H. G. Wells, que para mí fueron como esa gran entrada al mundo de las letras. Luego tengo que decir que aunque me gustaba mucho leer, no me volví muy selectivo. Lo que sí descubrí es que me gustaba mucho leer, pero, por ejemplo, mis papás no eran grandes lectores. Lo más que compraba en la casa para leer eran las elecciones y los contenidos. Y yo me los echaba completitos, la verdad, ¿no? O sea, pueden preguntarme del hígado de Juan y de las bonas de Juan y más o menos le ando atinando porque yo me echaba las elecciones completitos, pero la verdad es que ahora que lo pienso desperdicié mucho, ¿no? Debí yo haber ido más a las librerías. Y todo eso obedece a que como era un muchacho feliz y me la pasaba más con mis cuates y más jugando, etc. Entonces, yo veía en la lectura un espacio lúdico muy padre, pero nunca le di la importancia que ahora, por ejemplo, sí le doy, que sí escojo mis libros, pido que me recomiendan y lo hago con mucho placer. Entonces, para no seguirlos aburriendo, voy a leer lo que me mandaron mis queridos colegas. En fin, creo que sí tenemos tiempo, ¿verdad? No sé si alguno de ellos se presentó por aquí. Al menos Judy Goldman sí la vi. También la voy a balconear. No sé si quieras levantar la mano. La voy a balconear. Allá está, allá atrás, claro, se fue al oscurito. Porque ella empezó con pura sonrisa vertical. Ah, no es cierto. Este, a ver. En orden de, como me la fueron mandando, y no de importancia, Primero, Bef, Bernardo Fernández Bef Tú el inmortal, llamada también Y llámame Conrad, de Roger Celasne Fue la primera novela en forma que leí de niño Historia post-apocalíptica donde mutantes Y criaturas mitológicas se entremezclan Me impresionó muchísimo, tanto como para nunca dejar de leer Y engancharme con la ciencia ficción de por vida Watchmen, la novela gráfica de Alan Moore leída a los 17 años de un tirón, fue lo que me hizo pensar, si esto se puede hacer con las palabras, yo quiero ser escritor. Ese fue Bernardo Fernández B. María Baranda. Cuando cumplí nueve años, mi papá me regaló Mujercitas, de Luisa M. Alcott. Quedé completamente prendada de la historia, tanto así que la terminaba y la volví a empezar. No sé cuántas veces habrán sido, quizás unas cuatro o cinco. Me atrapó la historia de las cuatro hermanas, el drama familiar, la guerra de fondo, el amor y los anhelos en el frente, pero sobre todo el personaje de Joe, la escritora, que pasa por una serie de renuncias y desventuras hasta que consigue ser quien quiere. Así es que además del regalo de la lectura, el libro me dio una posibilidad de profesión y de vida. Más adelante, ya en la adolescencia, no requerí de un libro para hacerme escritoria. Con un solo poema me bastó. A mi casa llegaba la revista Arquitecto y allí en sus páginas centrales leí, creo que a los 14 años, El Nocturno de la Alcoba de Villaurrutia. Todavía recuerdo el impacto que me causó el misterio o el azoro de estar ante un texto que me atraía, pero que no lograba comprender. Recuerdo estos versos. La muerte toma siempre la forma de la alcoba que nos contiene, y es cóncava y oscura y tibia y silenciosa. Esa palabra cóncava me resonaba de un lado al otro sin saber lo que quería decir. Esa fue María Baranda. Becky Rubinstein. En cuanto a las lecturas que me hicieron lectora se encuentra Rosas de la Infancia de María Enriqueta. Era mi libro de cabecera. Me encantaba leerlo y releerlo. También hubo historias de la tradición judía, de la Torah y del Midrash, aprendidas en la escuela en las clases de hebreo e yiddish que me transportaban a edénes literarios. En casa tuve la oportunidad de leer a Andersen, los cuentos de la Biblia para niños y unos libritos españoles que se compraban en el súper de la colección Gema. Luego me regalaron Heidi, el diario de Anna Frank, David Copperfield y un gran etcétera. Siempre fui una niña lectora, miren qué envidia, ¿no? En secundaria devoraba los libros de literatura española que mi hermana, que es pintora, averrecía. Para nada entendía mi inclinación por los clásicos. Confieso que me siguen encantando. Incluso recibí en la escuela un premio en un concurso literario. Esa fue Becky Rubinstein. Claudia Celis. Uno de los primeros libros que leí por puro placer, porque ya antes había leído algunos por obligación, fue Anhelo de Vivir, de Irving Stone, y por mucho tiempo me sentí Vincent, recreándome sufridoramente en mi recién descubierta alma de artista, deseosa de encontrar ese tormentoso amor que me inspirara el hecho de poner la mano sobre el fuego de una vela encendida como demostración de una desaforada pasión de 12 años. Por suerte, ese momento no apareció nadie y mi mano y mi oreja quedaron a salvo. Seguí leyendo, conocí a Juan Rulfo, a Madonero, a Pablo Neruda, a Hans Resch, Oscar Wilde, Wenceslao Fernández Flores, José Agustín, José Revueltas, Dulce María Lonaise, José Lezama Lima, Oscar de la Borbolla, etcétera, etcétera, etcétera. Y fue así como mi mente y mi vida se fueron colmando de palabras, pensamientos, imágenes e historias y logré obtener esta gran riqueza interior que atesoro en estos momentos y siempre. Esa fue Claudia Celes. Jaime Alfonso Sandoval. A principios de los años 80, época pre-Harry Potter, pre-internet y pre-globalización, no abundaban los libros infantiles o juveniles y menos en ese rinconcito michoacano de la época del pre-narco llamado Zacapu, donde pasé mi infancia. En los puestos de revistas y papelería se podía conseguir libros para colorear de Disney y alguna adaptación de Heidi y poco menos. Así que fue una novedad cuando en un cumpleaños, iba a cumplir 11, me regalaron El Señor de las Moscas de William Golding. Supongo que decidieron que era una novela para niños porque los protagonistas eran precisamente niños. Me desvelé durante un mes, la primera semana para leer la novela y otras tres semanas porque no conseguía dormir. Dominado por el terror absoluto que me causó el libro. Sí, el principio era idílico, parecido a dos años de vacaciones de Julio Verne, con este grupo de escolares varados en una isla sin supervisión adulta. Pero poco a poco, al pasar las páginas, comenzó a desatarse la violencia, la lucha por el poder, el viaje hacia la barbarie, el miedo, el sometimiento. Jamás se me va a olvidar ese tótem con cabeza de cerdo rodeado de moscas o la horrorosa muerte de Piggy cuando cae del despeñadero y la cabeza le revienta como calabaza seca. Sin duda, El Señor de las Moscas fue el primer libro que me conmovió hasta el tuétano en mi época de lector infantil. Nunca quise ver la película. Me abrió todo un universo que no tenía nada que ver con iluminemos por números a Winnie Pooh. Entendí que la literatura sirve para muchas cosas, para aterrarse, para pensar, para reflexionar y muchas cosas más allá de las actividades que rodean a una crayola. Entendí que los libros me ofrecían algo que no había encontrado en otra parte. Fueron dos libros que me empujaron a convertirme en escritor, los dos por muy distintos motivos. La historia interminable de Mijael Ende y Platero y yo de Juan Ramón Jiménez. La historia interminable me la compraron en un viaje al Sanborns de Morelia cuando tenía unos 12 años y Platero y yo se lo compraron a mi hermana solo para que no se quejara. La adicción que me produjo la historia interminable Debe ser parecida a la que posee a los niños actuales Frente a Harry Potter Duré muchas semanas sumergidos en las aventuras De Bastian y Atrello Cuando terminé me poseía una especie de fiebre lectora Necesitaba mi dosis, quería más, mucho más Entonces, ávido de literatura Le hincé el diente a Platero y yo Que mi hermana ni siquiera había comenzado Y me llevé una horrorosa decepción Lamento si alguien es fan de Platero y yo, del gran poeta Juan Ramón Jiménez Pero la historia me pareció espantosa Ese monólogo con el burro, la novia del burro, las aventuras del burro Y al final se muere repentinamente el burro Y hasta le hacen una tumba y el dueño se queda sumido en la árida soledad Me pareció la cosa más fea jamás escrita Dominado por la ira, decidí escribir un libro yo mismo Era sospechosamente parecido a la historia interminable y en lugar de borrico el protagonista tenía un dragón con el que conversaba campechanamente. Y claro, nadie se moría de buenas a primeras. Creo que finalmente mi disgusto al leer Platero y yo me motivó a escribir, para contar yo mismo otra historia que me apeteciera más y mejor, para acomodar el mundo, para tener un libro que no estaba en mi librero y que además me moría por leer. ¿Pero qué no hacen eso todos los escritores? Ese fue Jaime Alfonso Sandoval. Andrés Acosta la lectura fueron los de ovnis, hipnosis y telepatía, que mi papá tenía y leía con tanto interés. Todos esos temas me hicieron buscar más y más información hasta que acabé leyendo como vicio. Crimen y castigo fue el libro que me hizo querer ser abogado, pero no para litigar, sino para experimentar las venturas del personaje de la novela, para conocer el mundo de la injusticia y el crimen. Andrés Acosta. Ahora Judy Goldman. El primer libro que me enganchó para seguirlo leyendo fue The Secret Garden de Francis Hudson Burnett. No recuerdo bien qué edad tendría, pero creo que seis o siete años. Mi mamá me lo empezó a leer. Recuerdo el sofá y el sol entrando por la ventana. Y después del primer capítulo o el segundo, ya no pudo seguir leyendo. Yo estaba tan picada que agarré el libro y me puse a leer. De ahí en adelante quedé prendada de la lectura y los libros. Hasta la fecha no sé si mi mamá hizo eso a propósito o fue circunstancial, pero siempre se lo he agradecido. Todavía conservo ese libro y sigue siendo uno de mis favoritos. Esa fue Judy Goldman. Mónica Brosson. Los libros que leí y releí en mi infancia son tres volúmenes que me regaló mi papá en el paleozoico de mi vida y reúnen cuentos de todo tipo, desde los clásicos de Anderson, los hermanos Grimm y sus etcéteras, hasta historias de la Biblia adaptadas y contadas para niños por autores contemporáneos latinoamericanos. La colección se llamaba Cuentos de Polidoro y los leí tantas veces que los libros acabaron por desencuadernarse. Aún los tengo con una encuadernación nueva y aunque hace mucho que no vuelvo a ellos, sigo considerándolos como las lecturas más representativas de mi niñez. Un libro que me sirvió de resorte para escribir mi primera obra fue El pequeño Nicolás de Rané Goscinny. Me encantó la voz infantil y la cotidianidad de los personajes y los escenarios y de él obtuve la inspiración para escribir casi medio año. Mónica Broso. Ahora Norma Muñoz Dero. Cuando yo iba en preprimaria, tenía unas amigas revoltosas que me hacían, perdón, unas anginas revoltosas, que me hacían quedarme en mi casa y había veces en que me aburría como ostra. Al ver la situación, mi mamá comenzó a leerme el maravilloso viaje de Nils Holgersson a través de Suecia, de Selma Lagerloth, quien ganó el 9 en el 1909, por cierto. Aclaro que volví a leer este libro unos 10 años después y me di cuenta de que era más árido que el desierto del Zara. En realidad es una obra de geografía sueca para niños suecos, pero cuando mi mamá se sentaba junto a mí en mi cama y yo me acurrucaba junto a ella mientras me leía la historia de Nils, aquello era el mejor momento del día y la novela la mejor que se hubiera escrito. El asunto con Nils es que era cruel con los animales y un día, cuando pasa una migración de patos por la granja donde vivía, él intenta impedir a toda cuesta que uno de los patos de sus papás se una a los patos silvestres y justo en ese momento un duende que lo conocía bien lo convierte en un ser pequeño y así viaja por toda Suecia subido en la espalda del pato doméstico que, a final de cuentas, sí se une a la parvada salvaje. Nils conoce su país, se encariña con el pato y después de muchas aventuras regresa a su casa convertido en una persona distinta. Cuando llegamos al final lloré bastante. No sólo era la despedida de Nils de su amigo, también era mi propia despedida de la primera novela que me había llegado a mi vida y desde entonces dejar atrás las historias que más me gustan, propias o ajenas, me duele hasta la lágrima. Con el viaje de Nils yo empecé mi propio viaje, que quizá nunca termine, a las entrañas del folclor, las historias que la gente cuenta. Nils abrió otra ventana muy grande, la de los autores escandinavos. Por esos años, di con el ejemplar de los cuentos de Andersen de mi papá, que me regaló muy gustoso y literalmente devoré sus cuentos junto con grandes cantidades de galletas María con leche. Andersen ayudó a fijar mi interés obsesivo por la mitología nórdica y los autores escandinavos. Astrid Lindgren y su Pippin, Tobey Jansson y sus Momins, me gustaban nomás porque las autoras eran nórdicas. Mucho él al noruego que realmente era. A finales de la secundaria se enfríó un poco la emoción nórdica, no hacía el deleite por los seres fantásticos y las historias mitológicas. Hubo otros autores y otras lecturas, ya estaba en la universidad cuando vino la siguiente bomba atómica, Tolkien. Laura de Tolkien me cautivó. Leerla fue para mí estar verdaderamente en otro lugar. Nunca he sentido tanta nostalgia de un sitio como de la Tierra Media. Pues bueno, mi única conclusión respecto a todo esto es que no hay nada escrito y que cada quien se puede agarrar del libro que quiera. Muchas gracias. A ver, esta es para Elena. Dice, ¿sabe o recuerda la editorial del Globo Rojo? Es un libro tan conocido que seguro sale hasta arriba en el Google, si uno lo pica. Es un libro que se escribió en los años 50 y no se ha dejado de editar y reeditar y reeditar. Yo creo que es muy fácil de encontrar. También originalmente era una película, de hecho. Es una película corta y de ahí es donde se sacó el libro. ¿Qué opinan de las guías de lectura por edades? ¿Por qué no preguntan cuál es nuestro superhéroe favorito? Esas que son más divertidas. Yo me acuerdo cuando estaba en quinto, creo que era quinto año en la escuela, tenían una biblioteca de estas que vienen todas en una caja y estaban codificados los libros por color según dificultad. Y si no eras una lectora muy buena, no era muy bueno para la autoestima, porque se suponía que a tal edad tenías que ya estar en el color morado y yo solo iba en el anaranjado, así es que no me gustan. Yo creo que hay algunas guías muy buenas, pero eso más bien depende como de quién las hace. Yo les diría que la guía de lectura que hicieron para la noche es un tren, es una guía de lectura muy buena, verdaderamente una guía de lectura que sirve mucho para que los chicos se entusiasmen por el lenguaje poético. Y esto viene a caso porque a mi hija mayor la enseñaron a escribir y a leer escribiendo y transcribiendo poemas. Escribiera sus poemas y que transcribiera poemas para niños. Cuando pregunto el por qué, me dicen que porque un niño que logra comprender la imagen poética, un niño que logra dominar lo que es la poesía, la imagen poética en general, está accediendo al pensamiento abstracto, que es un pensamiento que necesitas para la matemática, para la física, para la química. Entonces, en ese sentido, yo creo que las guías de lectura pueden servir mucho si de veras quien elabora la guía de lectura se involucra en el libro y no lo ve nada más como una chamba más, hay guía de lectura de otros de mis libros que verdaderamente no hay como bajarlas de internet porque están todas en internet pero bueno eso yo creo que depende de quien elabora la guía de lectura Bueno, a mí tampoco me encantan pero sobre todo porque yo como autor nunca le atino yo siempre escribo según para una serie y muy feliz lo llevo y estoy convencidísimo de que va a funcionar y siempre me los avientan para arriba serie verdes siempre me los mandan a naranja y naranjas a rojas y así entonces más bien que de pronto me parece como confuso no saber cuál es el criterio en el que se basa Creo que yo también prefiero cuando ponen así como en el fondo para los que leen bien, para los que no leen nada, para los que les tienen miedo a los libros, etc. Creo que a mí me gustaría más que por edades, pero bueno, es un poco también, creo, como los rompecabezas. Yo cuando le compro a Bruno su rompecabezas, pues me fijo que diga de tres padres, porque si no, a lo mejor no va a poder. pero a lo mejor es eso, es como una ayuda para el padrino que quiere dar un regalo al niño en su cumpleaños. Si pudieran recomendar un libro para primeras lecturas para jóvenes, ¿cuál sería y por qué? Bueno, yo voy a recomendar así nada más rápido República Mutante, que es de mis favoritos, que es nacional, que es de mi cuate Jaime Alfonso y que creo que no tiene pierde, o sea, te ríes de principio a fin, entonces no sé si sea así como de primeras lecturas, pero no es tampoco muy difícil y creo que funciona Bueno, yo sí podría recomendar varios libros, sobre todo porque mis hijas, las tres ya las dos mayores son adultas y la tercera es adolescente pues son lectoras asiduas pero les voy a contar una experiencia en la familia y creo que fue una experiencia que puede funcionar como les digo mi esposa es poeta y en la escuela de escritores daba la cátedra de poesía y se la pasaba hablando mal de Harry Potter muy mal de Harry Potter hasta que un día le pregunté yo bueno, ¿ya no leíste? ¿ya leíste Harry Potter? pues no Bueno, no puedo estar hablando mal Entonces se fue al Sambor a comprar Harry Potter Este Y mis hijas que eran jóvenes entonces Adolescentes, las mayores Y mi mujer Se hicieron adictas a Harry Potter Y son lectoras que leen un montón de cosas más Yo personalmente no lo he querido leer Porque no quiero Ya vi lo que hace mi familia Harry Potter Y no quiero No quiero transformar En este ejemplo de una persona formada en la literatura, hija de escritora, escritora de ella, maestra de la escuela de escritores, que se aficiona a Harry Potter, el ejemplo de las tres hijas mías, adolescentes, que han leído muchísimas cosas y que también se usaron a Harry Potter, bueno, me parece que podría ser una buena lectura a Harry Potter, pero que no hay que quedarse ahí. Creo que la responsabilidad ya sería en acercar otra variedad de libros que pudieran gustar a los chavos. Yo en realidad, les digo, literatura juvenil no he avanzado mucho. Yo me he dedicado más bien últimamente a meditar sobre, a pensar sobre la literatura para niños y en especial sobre la poesía para niños y hacer unas investigaciones sobre lo que es la poética infantil. Pero me parece por ahí que esta experiencia familiar puede servir como orientación. Gracias. Una pequeña anécdota sobre Harry Potter. Mi esposo es un académico y está siempre leyendo así pilas de libros y montones de trabajo. Entra uno a su estudio y está así como trabajando, y el libro, y la investigación, y los manuscritos, y de repente un día entro y lo veo así concentradísimo trabajando, y veo y está leyendo Harry Potter. Así como, tardísimo, así, ¿qué estás haciendo? Nada más una anécdota. En la noche es un tren, el texto y la ilustración están en concordancia, Y esto es fácil para que los niños puedan construir. No sé si se han preguntado. A mí me dio mucho la atención. Como yo les decía, cuando me mandaron las ilustraciones de España para que yo las viera, yo estoy a punto de rechazarlas. Pero como yo no publico nada sin que lo vean mis cuatro mujeres, ustedes hijas y mujeres, y las cuatro, estás como tonto, pero ¿qué te pasa? Son maravillosas las ilustraciones. Bueno, ya, imprimalo. Y mi sorpresa, mi gran sorpresa es que aquí en México cayó en manos de un amigo que tiene un hijo que está estudiando diseño en la UAM Xochimilco y el maestro lo tomó como ejemplo de concordancia entre imagen y texto sin que necesariamente la imagen ilustrar el texto, pero que sí era una concordancia. Eso me sorprendió a mí muchísimo, todavía más me sorprende que lo hayan detectado ustedes, pero el ilustrador y yo no nos conocemos. Nos conocemos por correo electrónico y alguna vez platicamos por Skype, pero no hemos tenido mayor contacto que una... Nuestro contacto fue que ella conoció los buenos de noche en Dren, yo con eso hice ilustraciones, ya después de que el libro se publicó, intercambiamos correos, pero todavía más sorprendente es que sin conocernos, haya habido esta concordancia que concuerdo con ustedes. ¿Qué opinan de la lectura informal? ¿Revistas en la peluquería, el libro vaquero, etcétera? Aquí voy a hablar un poco como pintora, que es lo que hago de tiempo completo durante mucho tiempo. Yo creo mucho en lo que llamo la contaminación del arte, O sea que el purismo a veces mata mucho la creatividad y si se pone uno muy cerrado y muy purista se puede poner muy aburrido. Y yo creo que todo sirve, todo alimenta y hay que estar abierto a leer todo, eso es lo que yo creo. Y bueno, yo personalmente crecí muy cercana a los cómics, Memín Pingüín era mi favorito. Y todo eso, todo me ha dado mucho a mí, la verdad, me ha enriquecido mucho. Pues yo también, yo soy, digo, me acuerdo una vez, alguna vez tuve un café y me acuerdo que pues teníamos revistas de ese tipo, ¿no? Y una vez estaba solo el café y estaba yo a entradazo en el TV y novelas y llega un cuate escritor y me ve y le digo, ahora voy a tener que matarte. Pero la verdad es que todos necesitamos, yo creo, a veces ese espacio chiquilín, ¿no? De poner el cerebro en automático. No que, digo, te la vivas en eso, ¿no? Y que las colecciones y que te interese más si tal día se enterró una uña o no. Pero sí, de pronto, pues, digo, leer es leer, ¿no? Digo, sin clavarse, yo también creo en eso. Yo fui un lector asido del libro vaquero porque mi hermano lo leía, un hermano menor. Y lo sorprendente me entero ahora que es el libro, la revista que más se imprime en México, que tiene el tiraje más alto, vive de sus ventas, no tiene publicidad, y tiene una gran demanda porque se sigue publicando, sigue vendiendo, se sigue manteniendo vivo. Como decía Toño, el tema es no quedarse ahí El tema es Cómo hacer para ir Más allá de las lecturas recreativas Cómo hacer para que la gente Lea Más allá de las lecturas recreativas Ahora yo la lectura recreativa creo que también la literatura Es lectura recreativa De hecho Estoy por Ojalá, estoy por comenzar un seminario En la Universidad Pedagógica Nacional Para los maestros que están haciendo estos grados, sobre la importancia de la lectura recreativa en el aula. Porque hemos detectado que en varias partes del país hay maestros que se oponen a que los chicos lean, porque si leen libros de literatura, no leen los libros de texto y no van a terminar a tiempo el programa de estudio que les pide la CEP. Entonces, bueno, eso es un argumento que puede muy debatible, pero la lectura recreativa también es la literatura, sobre todo cuando hay alguna exigencia académica cierta. Esta pregunta es para Elena, dice, ¿cuáles fueron los escenarios que la marcaron para la creación de sus pinturas? Y ¿ha considerado introducir en la literatura a los infantes a través de su obra? A ver, a los niños. Yo creo que para mí siempre todo ha estado muy mezclado, o sea, me cuesta hasta trabajo pensar en qué empezó y qué pasó después. Incluso también en la cosa de la introducción a la lectura de los niños. En mi casa, bueno, con mis hijos y con mi esposa, nosotros lo que hacíamos más que nada era leerles en voz alta mientras dibujaban. estábamos todos sentados en la mesa y uno le estaba leyendo en voz alta y los demás estaban dibujando y eso creaba un… estaba muy integrado eso a la casa, la cosa de leer en voz alta. Y luego contar cuentos y haciendo dibujos. Yo me creía en una casa, mi papá era pintor y la casa y el estudio estaban mezclados, todo estaba siempre muy intermezclado, mi casa era como un gran taller. Entonces, mi trabajo nunca se ha despegado de todas esas cosas, siempre ha estado todo muy mezclado. Y la imagen de los libros para niños me sigue interesando ahora como tema de pintura, porque nunca me he separado de todo eso y siento que los niños entienden los conceptos muy adultos y se los sabes explicar. Tú les puedes leer libros muy difíciles y les vas explicando, y si se va volviendo una cosa normal y no les da miedo, y eso pues todo se vuelve como muy mezclado, no sé si eso esté respondiendo a la pregunta. ¿Qué opinan que sienten de estar del otro lado, siendo inspiración para que otros escriban o lean? No espero ser inspiración para eso, pero ojalá que alguien por leer lo que escribo le dé por escribir. Aunque les diría que quien lee, quien lee asiduamente, acaba buscando su propia voz. Eso es casi inevitable. Eso es, quien tiene el hábito de la lectura, o en algunos casos el vicio de la lectura, acaba buscando su propia voz. Ese es un tema y otro tema es publicar. Ya eso es otra cosa. Pero pues ojalá que lo que hacemos nosotros, lo que hago yo, que yo básicamente escribo para mis hijas y para mi mujer, que luego haya lectores por ahí extras, pues lo considero ya un reconocimiento y un premio inmejorable. Pero lo que más me importa es que lo que escribo les guste a mi mujer y a mis tres hijas. O que no les guste y que me lo desechen. Porque tengo muchos más escritos que no las han publicado. Porque me he dicho, esto es malísimo, papá. Hasta un lado. Pero yo escribo básicamente para ellas. Y si alguien más... Bueno, y quiero decirles una cosa. Mis hijas, o sea, mi padre es escritor. Mi suegra es escritora. Mi mujer es escritora. Yo soy escritor. y mis hijas lo único que dicen que no quieren ser son escritoras. Entonces, no creo que sirva de mucho a que tantos libros y tantas lecturas. Para Toño dice, ¿cómo influyó su primera lectura en su creación teatral? Específicamente el diotón, ¿será? Mira, yo creo que más bien en mi creación teatral, justamente, más influencia hay del cine gringo, yo creo, porque tampoco fui muy chavo de teatro, y eso porque mis papás, pues si no leían al teatro tampoco, Nos llevaron al Holiday on Ice y eso realmente no tiene mucha estructura dramática que digamos. Pero sí veía mucho cine y la verdad es que lo he disfrutado mucho. O sea, aún antes de que ya Javier y yo escribíamos nuestras primeras obras, ya teníamos cierto gusto por Woody Allen, por ejemplo, por los hermanos Marx o por Neil Simon. Creo que si hablara de influencias tendría que irme más por ese lado, más que mis primeras lecturas. Porque casi todo el teatro que hemos hecho Javier y yo sí tiene como esa intención de personajes bien conformados y de estructuras más canónicas, digamos. Bueno, ahorita él ya está intentando cosas más raras, pero ya sigo haciendo bastante barco. Para Alejandro dice, una vez comprobado el método con los policías para iniciarlos en la lectura, ¿qué otras actividades ha realizado para la promoción de la lectura? Bueno, les comentaba hace un momento del seminario este que me ha costado mucho trabajo armar en la UPN de la importancia de lectura recreativa en el aula. Y a mí me gusta mucho hablar con los padres de familia. Cuando me invitan a las escuelas, y me invitan a escuelas públicas y privadas, pero convitan a cualquier tipo de escuela, yo siempre pido que pidan que estén presentes los padres de familia. Me parece que es importante. Y hay una pregunta que se repite constantemente de parte de los padres de familia. Me preguntan, ¿cómo le hago para que mi hijo lea? yo le contesto con otra pregunta ¿qué está usted leyendo? ¿cómo que estoy leyendo yo? le digo, sí es que es importantísimo que en la mesa familiar se hable de libros porque los chicos quieren participar en la plática de los mayores y si los mayores están hablando de libros los chicos van a querer hablar de libros y ese ejemplo lo tengo en casa porque jamás, a las hijas jamás le dimos un libro para que leyera pero bueno, con los abuelos y los padres que tenían, se hablaba de libros, de literatura, y entonces querían participar, y entonces empezaban a buscar libros, y empezaban a leer libros, y entonces para participar ellas contaban el libro que estaban leyendo, y era cuestión de prestarles atención de qué libro estaban leyendo, para que se emboletaran y quisieran leer otro más para seguir participando en la plática de la sobremesa familiar. Yo lo que les digo a los padres es, tienen que leer también ustedes, Libros para ustedes, libros para los mismos, pero tienen que verlos, ustedes tienen que, el chico tiene que verlos leer. ¿Qué otra cosa hago aparte de estar, de haber ido al colegio, al centro de capacitación policial? Bueno, aparte de esto que les digo, tengo invitaciones todavía por ahí, por parte del gobierno del DF, para ir a dos o tres de estos sitios, ahora con bomberos y con este tipo de cuerpos sociales, ¿Qué ha aceptado con gusto ir a practicar con este tipo de elementos de servidores públicos? Quería comentar que, bueno, mis hijos se criaron en el sistema de escuela pública en Nueva York, donde el fomento a la lectura era muy fuerte, y lo que hacían era que todos los salones tenían una esquina llena de cojines y una biblioteca. Entonces, siempre había como una hora entera en la que se tenían que ir a acostar a los cojines a leer. Y esto era todos los días, todos lo tenían que hacer y pues era delicioso porque era con cojines. Entonces sí funcionaba muy bien el sistema. Bueno, pues muchísimas gracias a todos. Gracias.
SISTEMA
NTSC
DOCUMENTO_DIGITALIZADO
Sí
FECHA_AUTORIZACION
16/11/2010
FECHA_INGRESO_ENTREGA
23/11/2010
FECHA_PUBLICACION
26/11/2010
CODIGO_BARRAS_LTO
BWF480
BARRA
Divulgación
TEMPORADA
30
CONDUCTOR
Sofía Ramírez, moderadora
TEMA_CONTENIDO
Promoción de la lectura y la literatura
LOCACION
CLASIFICACION
A
IDIOMA_ORIGINAL
Español
ENLACES_RELACIONADOS
http://literatura.gretel.cat/sites/default/files/Rosa_Navarro_Duran.pdf [Consulta: 11 de junio 2015]
REALIZACION
Moisés Maximino Buenrostro Luna
PRODUCCION
Moisés Maximino Buenrostro Luna

