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CUID
M-20184
SUBTITULO_SERIE
FILIJ 35
SINOPSIS_SERIE
De qué manera potenciar la creatividad y la imaginación infantil a través de los libros, que despiertan curiosidad, enriquecen el lenguaje y favorecen la reflexión. Se explora cómo la lectura en familia fortalece los vínculos afectivos y promueve el deseo de descubrir ideas, historias y nuevos mundos. El contenido también aborda el papel de mediadores, espacios culturales y prácticas cotidianas que facilitan el acercamiento temprano a los libros, así como diversas perspectivas sobre la importancia de crear en el hogar un entorno que impulse el desarrollo intelectual y emocional de niñas y niños mediante la lectura
EXTRACTO_SERIE
Exploración de cómo los libros impulsan la imaginación infantil, fortalecen la lectura en familia y crean entornos que favorecen el desarrollo emocional e intelectual de niñas y niños
TITULO_PROGRAMA
SUBTITULO_PROGRAMA
Marie-Aude Murail (Francia)
SINOPSIS_PROGRAMA
Reflexión sobre la lectura como un vínculo afectivo que se construye a lo largo de la vida. Mediante experiencias personales y observaciones sobre hábitos lectores, se explora cómo leer en voz alta fomenta la curiosidad, el pensamiento narrativo, la atención y la imaginación en la infancia. También se aborda la importancia de modelos lectores en casa y en la escuela, la transmisión emocional ligada a los libros y los desafíos que imponen las prácticas digitales contemporáneas. Se defiende la lectura como un espacio íntimo, profundo y libre que requiere tiempo, acompañamiento y continuidad para sostenerse y renacer incluso en un entorno saturado de estímulos
EXTRACTO_PROGRAMA
Reflexión sobre la lectura como vínculo afectivo y formativo, la importancia de leer en voz alta y de transmitir el gusto por los libros, y los retos de mantener la lectura profunda en un mundo dominado por lo digital
N_PROGRAMA
8
N_TOTAL_PROGRAMAS
19
DURACION_TOTAL
00:58:00:22
PARTICIPANTES
Marie-Aude Murail, escritora y guionista
Paola Morán, Paola Morán,Paola Morán, editora y gestora cultural, directora de la FILIJ
SEMBLANZA_PARTICIPANTE
Marie-Aude Murail
Autora francesa con una producción de más de ochenta libros para lectores infantiles y juveniles, en los que ha explorado géneros como la aventura, el policial, la ficción realista y la narrativa humorística. Entre sus obras más difundidas se encuentran Oh, boy! (2000), Simple (2004) y Dinky rouge sang (1991). Varias de sus novelas han sido adaptadas a la televisión y traducidas a numerosos idiomas. Ha sido reconocida con la Legión de Honor en 2004 y recibió el Premio Hans Christian Andersen en 2022.
Paola Morán
Editora y gestora cultural con trayectoria en instituciones como el Fondo de Cultura Económica, El Colegio de México y la Dirección General de Publicaciones, donde dirigió la Feria Internacional del Libro Infantil y Juvenil (FILIJ)
TIPO_ACTIVIDAD
DISCIPLINA
PALABRAS_CLAVE
Artes visuales | Cuento | Edición de textos | Enseñanza de la lectura | Escritor | Escritora | Escritura creativa | Humor (literario) | Ilustración | Lectura | Libro para niños | Literatura | Novela | Selección de libros
TRANSCRIPCION
¿Qué es la autoridad? genial, que tiene una sensibilidad y una conexión especial con los niños. El día en que presentó sus libros y que después había una firma, también tenía un concurso de lectura en voz alta de su libro La Pandilla de Tristán, que está, bueno, pero la presentación era en francés, La Vaga en Tristán, de niños de escuelas mexicanas que toman francés. Nos tocaba llevarla de Plaza de las Artes a la Escuela Nacional de Música. Todos estábamos nerviosos por el tiempo. Yo, la verdad, bastante neurótica. Porque teníamos que llegar. Ella dijo, no, yo camino. Empezó la firma de libros y se hizo una larga, larga firma. Le pedí, por favor, que firmara, que pusiera solo su nombre. Y ella me paró en seco y me dijo, aquí no hay personajes secundarios. Todos son protagonistas. O sea, cada niño recibió su nombre y una dedicatoria especial. Así como lo dice la charla, leer es una historia de amor donde Mariot piensa que todos son protagonistas y los trata así, en consecuencia. Después de que firmó y dedicó a todos los chicos de la fila, corrimos a la Escuela Nacional de Música. El concurso parecía muy estricto, pues teníamos que calificar corrección de lectura, articulación, fluidez, tono de voz, que no recitaran de memoria, que subiran los ojos, entonación, sensibilidad y coherencia del fragmento escogido. Suena complicado, ¿no? Más complicado para niños de 8 a 12 años, cuya lengua materna es el español, lo estudié en el francés, no eran niños de liceo, eran niños de otras escuelas. Lo tenían que hacer frente a un gran auditorio y tenían que leer en voz alta. Mariot se dio cuenta de los nervios de los niños y entonces tomó el micrófono y habló de la importancia de leer en voz alta. Después pasaron, leyeron y había una pequeña niña que seguramente había aprendido, había estado estudiando mucho, casi lo aprendió de memoria, pero como ese no era el sentido del concurso, pues perdió, ganaron tres de los más grandes. Pero Mariot se dio cuenta. Entonces, después de que se dieron los premios, ella pidió dar unas palabras y nos habló de la importancia, no de la importancia, sino del valor de perder. Y tocó a la pequeña Julia, la abrazó y le dijo que tenía una memoria prodigiosa, que tenía una gran capacidad y que no se detuviera. Pues la pequeña Julia perdió el concurso, sí, pero ganó una amiga y ganó también una gran lección. De estas historias hay muchas. En estos cinco días, de verdad, es impresionante lo que ha pasado con nuestra autora. Mario describe desde siempre. De pequeña escribía cuentos y su hermana era su atenta escucha. Entonces se dio cuenta de que nunca iba a escribir para adultos, porque los adultos siempre están ocupados en otras cosas. y los niños siempre están dispuestos a escuchar. Esto me lo contaron los chicos que le hicieron la entrevista, que casi lloraban con la entrevista también. Ha publicado desde hace más de 25 años más de 90 títulos, traducidos a 22 idiomas, novelas de amor, de aventura, policíacas, fantásticas, hasta un método de lectura. Es considerada una autora de referencia a nivel internacional. Su novela Oh Boy obtuvo una treintena de premios y fue llevada a la tele, igual que simple En 2004 fue condecorada con la insignia de Caballero de la Legión de Honor por el gobierno francés por su trayectoria Se doctoró en letras por la Sorbona con una tesis sobre adaptaciones de los clásicos infantiles En México circulan varias de sus obras, Baby Sitter Blues, Changeling, Un Domingo con los Dinosaurios, Sin Azúcar Gracias todas ellas en el Fondo de Cultura, y en Castillo, Macmillan, Dinky, Rojo Sangre, El enemigo secreto y simple, entre muchos otros. Mariotte, bienvenida. Muchas gracias por estar aquí. Buenos días. Antes de ir para México, Antes de venir a México, me puse a pensar en lo que yo quería decirles en torno a la lectura. ¿Pero qué le vamos a hacer? Yo soy escritora. Lo que tenía que decirles, ya se los escribí. Así que lo que voy a hacer va a ser una lectura en voz alta. Será menos espontáneo, pero será más claro. Mi texto se titula Leer es una historia de amor. Cuando un joven lector me entiende una de mis novelas para que se la autografíe, a veces escribo esta frasecita, leer es una historia de amor que puede durar toda la vida. Y tendría que explicarle que como cualquier historia de amor, tiene sus altibajos, sus momentos difíciles y sus nuevos inicios. Nadie está nunca ganado, nada está nunca ganado para siempre, nada está nunca perdido para siempre. Un día había ido a una mediateca para un encuentro escolar y la bibliotecaria me señaló una silueta furtiva entre los estantes de libros. Ve a esa señora, me dice, tuvo un cáncer del seno y durante varios meses no tomó prestadas más que novelas de amor. Y desde hace tiempo ya leí otra vez de todo, es que se curó. Como dice la eclesiastes, hay un tiempo para todo. Las novelas de Barbara Carclan eran la burbuja de sueños que hacía falta para esta lectora que estaba en peligro de muerte. Y desde entonces yo ya no me permito emitir juicios acerca del valor de las lecturas de las personas. Mi historia de amor con el libro comenzó en la cuna. Mis padres leían. El amor es en primer lugar un fenómeno de imitación. A veces un padre, una madre o un maestro me pregunta cómo hacerle para que los niños lean. Y yo les respondo, ¿y usted lee? La respuesta es a menudo, bueno, me gustaría, pero no tengo el tiempo. Para desear leer, el niño debe ver a los adultos leer. Si ni su padre ni su madre leen, ni su maestro ni su maestra lo hacen, ¿qué pasa? La maestra, el maestro debe mostrar su placer personal de leer, que deje libros sobre su escritorio, que hable de sus libros, que el niño entienda que la lectura no es solamente una actividad pueril, sino que también es una ocupación de una gran persona y que lo hará crecer. ¿Quieres aprender a leer, Sara? Le preguntaron a una niñita de cinco años. Sara dice que sí vigorosamente. ¿Y por qué? Porque veo a mi hermana mayor leer libros y se ríe y lee otros libros y llora. Lo que quiere el que va a aprender a leer es robarse, robarle el fuego al que ya sabe leer. Yo crecí teniendo ante mis ojos dos modelos de lectores poco compatibles. Mis padres. Mi mamá decía, yo termino los libros. Si no, ¿cómo puedes saber lo que pensaste del libro? Y papá decía, en un libro hay una idea. Cuando ya encontré esa idea, tiro el libro. La biblioteca de mamá cabía en un rinconcito junto a su máquina de escribir IBM. Il y a des livres de religion comme La Historie d'un Alma de Santa Teresa et ses nouvelles préférées, Les Altos de Hurlevent de Émilie Bronté, La Légenda de Gosta Berlín de Selma Lagerlof et El Gran Moln de Alain Fournier. Elle me les fit lire à l'adolescence. L'amour est iniciation. La bibliothèque de papa envahissait tous les murs de la maison. todos los muros de la casa. Éramos cuatro niños en esta casa. El mayor se volvió compositor de música y los tres otros son escritores. Nos étions en un milieu portador. Cuando mi padre murió su biblioteca me cayó sobre la cabeza. Es algo que se llama heredar. En esta precipitación inepta que viene después de un fallecimiento, nosotras, mi hermana y yo, tuvimos que poner miles de libros en cajas de cartón y luego llamamos a un comprador. Él vio los libros de mi papá, levantó algunos con un gesto de asco y nos propuso el precio del papel. y algo dentro de mí misma se indignó no podía vender como si fuera una baratija una vida de lector entonces me llevé todos los libros a una casa de campo tratando de hacer una clasificación medio vaga los poetas con los poetas los filósofos con los filósofos y en el fondo de las cajas encontré los libros que mi papá compró cuando era adolescente con el dinero que le daban para ir al cine veía los carteles de la película para poder hablar de eso y cuando regresaba a la casa iba a los muelles del Sena a comprar libros usados novelas baratas, impresas en un papel de mala calidad esos primeros libros que se están hoy cayendo a pedazos mi papá me los prestó cuando yo llegué a la adolescencia yo también todos los libros que él me hizo leer fueron una fuente de maravillas Dominique de Frumentin el increíble milagro de escritura de Marie Claire de Marguerite Odu o también ese increíble sueño niños que es la isla del tesoro. El amor es transmisión. A lo mejor puedo agregar a este pequeño homenaje a mi padre esta constatación que proviene de la última encuesta internacional sobre la comprensión escrita de los alumnos de 15 años. Lo cito, las habilidades de los niños están cada vez más vinculadas estrechamente con la categoría socioprofesional de los padres, a su nivel de diploma y a la cantidad de libros presentes en la casa. Pero estos libros presentes en la casa no me bastaban cuando yo era niña. Yo también quería tener mis libros, los míos, porque el amor es posesión. Es un consejo que doy a menudo a los padres que quieren que sus hijos lean. Un pequeño lector debe tener su biblioteca. Dos clavos, una tabla de madera, no importa, pero es indispensable tener sus libros de uno mismo. Uno se comporta con sus libros como en la vida. Mi padre no respetaba los suyos. Los doblaba, les escribía notas, no le importaba si se humedecían o acumulaban el polvo. Era cierto cuando él decía que una vez que ya había extraído la idea, los tiraba. Muchos de sus libros no están abiertos, los bordes de las páginas, más que la mitad Algunos están maltratados de tanto que fueron leídos, algunos tienen notitas adentro o separadores. Yo, en cambio, era una niñita cuidadosa, coleccionista. Con mi dinero de bolsillo logré comprar la colección de cuentos y leyendas de Fernand Maton. Siguen estando en mi biblioteca y están todavía hoy en buen estado. He aquí las cuentas y leyendas de México. En este librito decía en el prefacio que México es un país hermoso, un país que uno ama, del cual uno se enamora. La ventaja de amar a México es que México le devuelve a uno ese amor. ¡Aplausos! ¡Aplausos! ¡Aplausos! ¡Aplausos! ¡Qué bonito ver aquí esta imagen grande! En grande. Y yo, pues como mi mamá, era una lectora de versión integral. Mi papá dejó caer ante mí este oráculo. Anatole Frans no era tan malo. Pues bien, yo ya había leído toda la obra de Anatole para los 13 o 14 años. Una persona quien dirigía el catequismo, cuando se enteró de que yo acababa de terminar el jardín de Epicurio, me preguntó por qué todavía venía el catecismo. Y creo que yo no había entendido que Anatole Fraus era ateo. También leí todo Flaubert, porque mi padre citaba con énfasis la frase de introducción de Salombo. Era en Megara, el barrio de Cártago, en los jardines de Amilcar. Eso me gustaba. Y luego leía todo Balzac, todo Zola, los tres volúmenes de Los Miserables y a todo Dostoyevsky. Y claro, también estaba Dickens. Pero mi papá solo tenía dos libros de él, Big Quick y Nuestro Amigo Común, en ediciones del Círculo de los Bibliófilos, con partes doradas y grabados antiguos. Son dos libros que me llevé de la casa cuando me casé. No podía vivir sin ellos, pero no le pedí el permiso a mi padre. Nunca pude pedirle el permiso. no habría soportado que la respuesta fuera que no. Sobre la parte más alta de la biblioteca, papá había colocado su pequeño infierno personal en el cual me robé en la adolescencia para leerlo sin permiso. Las relaciones peligrosas, el amante de leer Lady Chatterley, el marqués de Sade y los cuentos de la Fontaine. No, aquí, ¿qué creen? No tenemos el cuervo y la zorra. Vean nada más que ilustración. Porque el amor también es transgresión. Y solo lo digo de manera de paréntesis, porque no creo tanto que la lectura sea, como lo dice Valérie Larbeau, ese vicio sin castigo y que sea solitaria. sino que más bien es como una especie de virtud social y siempre he luchado para sacar al lector de su aislamiento. No tengo por mi parte más que un solo recuerdo de infancia de una lectura realmente compartida, es decir, de una lectura en voz alta. Y lo debo a mi hermano mayor. Él decidió leerme un cómic, Las siete bolas de cristal. Cuando Cristo llegó a la huella de una mano sangrienta, ¿qué significa esto? Nuestra abuela, que pasaba por allí, murmuró a nuestras espaldas, ¿una mano sangrienta? ¿A poco eso son historias para niños? Y yo me sentí muy orgullosa de que mi hermano mayor me leyera historias que no eran para los niños. Ahora tengo una experiencia de 30 años de lectura en voz alta en el marco familiar, pero también ante públicos muy diversos en todo el mundo. Todas las noches, para mis tres hijos, leí en voz alta álbumes, cómics, novelas. Tengo fabulosos recuerdos de enfermedad en los que les hacía olvidar la fiebre o el dolor, leyendo en voz alta. Cuando me encuentro frente a un grupo de jóvenes que me declaran un poco presumidos, tomo uno de mis libros y les leo en voz alta como ahorita que les estoy leyendo en voz alta convertirse en una nación de lectores es el título de un informe que fue solicitado en los años 90 por el Ministerio Norteamericano de la Educación Y la conclusión enfatizaba 20 años de trabajo, que hacía el balance de 20 años de trabajo fue la siguiente. Los mejores lectores son los niños a quienes los padres les leyeron en voz alta. Jim Trillis, autor de un manual de lectura en voz alta, Enumera así las tres razones que impiden la propagación de este método de lectura en voz alta. Es que es simple, es gratuito y a los niños les gusta. Si este método requiriera cuatro años de estudios y costara 150 dólares, la mitad de los hogares lo utilizaría. y si los niños lo odiaran, estaría en todas las clases. ¿Cómo puedo hacerles para convencerlos? ¿Cómo podemos convencer a los padres, a los maestros, de que hay que leerle en voz alta a los niños? Bueno, lo que es necesario es hacer la lista de los beneficios que podemos darle a un niño no lector cuando le leemos en voz alta. En primer lugar, la lectura en voz alta desarrolla la curiosidad ante lo escrito. Mi hija Constanza empezó a formular hipótesis acerca de los libros y de los cómics que ojeaba y reconstituía las historias respetando con las imágenes el sentido de la lectura. Y esto desde edad muy temprana. ¿Qué otra ventaja? Bueno, también los libros leídos al niño le proporcionan modelos que lo ayudan a superar las dificultades de la vida. Le dicen, no, ¿qué crees? No eres el único niñito al que los grandes lo molestan. Y luego, otra ventaja. A fuerza de frecuentar, de coexistir con las hadas, los sogros, Santa Claus y los fantasmas, el niño logrará hacer la diferencia entre lo real y lo inventado, lo verdadero y lo falso. Según yo, hay que haber tenido la cabeza en las estrellas a los tres años para tener los pies sobre la tierra a los veinte. En un futuro un poco más inmediato, el niño se va a apropiar de nociones tan esenciales como el desarrollo cronológico de un relato o la relación de causa-efecto. Si no hacemos de él un lector, a lo mejor vamos a ganar un científico. Un niño aprende también a apaciguarse frente a un libro leído, a canalizar su energía, a fijar su atención. Las psicoanalistas o los psicoanalistas Marie Bonafé y René Diatkin mostraron la importancia de hacer percibir incluso a los bebés la estabilidad del texto escrito con respecto a la variabilidad de la palabra, a la variabilidad del oral. Ese es un factor de seguridad. Además, un niño a quien se leen historias desde la cuna se acostumbra a la música de lo escrito, que no se parece a ninguna otra y que desconcierta en el momento de los primeros aprendizajes. desconcierta aquel que nunca se vio confrontado a ello. A los tres años, mi hija Constanza incluso trató de utilizar esta lengua en una situación cotidiana y me preguntó en el mismo tono de la lectura. Y me dijo en el tono de la lectura, yo quisiera agua, dijo la niñita a su mamá. Finalmente, un niño que frecuenta los libros gracias a nuestra voz lectora va adquiriendo pequeños saberes, como esos niñitos de la guardería que un día me interrogaron acerca de mi contraportada. Imagínense, sabían decir contraportada y sabían distinguir entre la librería y la biblioteca, entre la casa editorial y la colección, entre el autor y el ilustrador, entre el documental y la novela. Habían descubierto sus gustos literarios. Me decían, a mí me gusta cuando asusta. Sabían encontrar libros que estaban relacionados con sus expectativas. esos pequeños saberes es lo que les falta más a los niños para constituirse construirse un comportamiento de lector así pues es en la escuela en la guardería y claro en la casa cuando hay que leer y leer sin cansarse leer en voz alta a niños que nunca tampoco se van a cansar ustedes me van a decir a lo mejor que lo más difícil todavía queda por hacer, que los niños que saben leer leen todavía. Eso es lo que se llama dar el gusto de la lectura. Claro, a los 12 años, a mí me gustaba leer. Aunque hay que ponerse de acuerdo acerca del sentido de esta expresión. Yo leía para amar personajes. Y como estos personajes eran en prioridad hombres, podemos decir que yo leía para enamorarme. Leía las mejillas púrpuras y los ojos entrecerrados. Veía hacia abajo. Era un joven de 18 a 19 años, débil aparentemente, con rasgos irregulares pero delicados. En cuanto aparecía, yo tenía por Julien Sorel los ojos de la señora de Renal. Toda su persona era un poco menuda, pero viril y con un gran porte. Esto de viril tenía en mí un efecto maravilloso. Todavía me quedaban 900 páginas por leer. No había ningún problema, puesto que yo amaba a Nicolás Nickleby. Era grande, su piel era blanca, su barba cuidada, y tenía ojos con un color de ojo viejo, de oro envejecido, con una suavidad de terciopelo. Y él fijaba sobre mí, bueno, no sobre mí, sobre él, Denise, la vendedora, sus ojos. Y la felicidad de las damas era primero mi felicidad. Mis profesores de francés trataron de reeducarme. Siete años de estudios secundarios y luego siete años de estudios superiores terminaron por hacer de mí una lectora erudita y distanciada del libro. Aprendí a sublimar mis pulsiones contando el número de sílabas de los alejandrinos recorriendo los campos semánticos explicitando lo implícito pero la pequeña lectora ingenua escondida en el fondo de mí misma se obstinaba en amar yo lo vi enrojecí palidecí al verlo una perturbación se elevó en mi alma transportada. El deseo de Fedra por Hipólito todavía tenía muchísimo efecto en mi cuerpo. Bueno, pero nunca leeré el final otra vez, porque eso de ir a que se lo coma a uno, un monstruo marino, cuando uno es un chico tan guapo, qué desperdicio. Ler es una historia de amor que puede ser violentamente contrariada. pero más todavía por la obligación de leer que por el final trágico del héroe. De tal manera que la carrera del lector de mi hijo Charles estuvo a punto de echarse a perder cuando a los diez años y medio le obligaron a leer Cuau Badis obligatorio durante las vacaciones de Semana Santa. voyant qu'il ne lisait plus du tout j'ai pris Covadis pour le lire moi et j'ai remplacé à son chevet des livres de littérature de jeunesse pour qu'il sache tout de même ce que Covadis raconte j'ai lu, j'ai vu voir un film puis j'ai écrit le déjeuner et je lui ai écrit le déjeuner le tenía que entregar a su maestro. Y no me da la menor vergüenza. Las lecturas impuestas demasiado pronto y sin compañía han roto generaciones enteras de lectores. El Colegio francés de cualquier manera estos últimos años ha hecho algunas concesiones a lo que se ha dado en llamar el placer de leer. Los profesores, para alentar la capacidad de juicio crítico, preguntan a veces a sus alumnos lo que les gustó o no en un libro. Los resultados obtenidos son desconcertantes. A mí no me gusta ese libro porque el papá es racista. A mí me gusta ese libro porque el hermano mayor es muy valiente. Entonces, el juicio moral sobre los personajes reemplaza el juicio literario, la evaluación literaria sobre la obra. Porque a esa edad, la lectura no tiene que ver con la literatura, sino con la vida. ¿Y qué busca un niño en una novela? Una historia, emociones, Une identification possible avec un personnage spontanément ne va pas à mutiler son livre et fragmenter la situation initiale et la résolution final. La meilleure des explications qu'un enseignement de las explicaciones de texto que pueda proporcionar un maestro a un chico de 11 o 12 años, y a lo mejor voy a repetirme aquí un poco, es la lectura en voz alta de un fragmento de una obra clásica. De hecho, he encontrado en viejos archivos un boletín pedagógico de la ciudad de Padeo Calais de 1907 que explica muy precisamente lo mismo que yo pienso. Dice, leer para los alumnos es subrayar con la voz las palabras esenciales, es ponerse en armonía con los sentimientos que expresa el autor, comunicarlos en torno a sí, una sonrisa, una voz conmovida, ojos en donde se ven surgir las lágrimas. es un comentario que es muy evocador. Yo leí a mis tres hijos libros que crecían con ellos. Pasé desde la Condesa de Seguir y de la pequeña casa en la pradera a Jack London, Conan Doyle, Homero, Dickens, Montpassant, Colette, etc. Pero lo confieso, practiqué sin vergüenza alguna el salto de frases completos. Me comí párrafos y capítulos, a veces diciendo nada más sobriamente. Bueno, esto es un puro bla bla bla. Nos lo saltamos. Imagínense, lean todo lo que dice la novela de Zola y se les va a caer de las manos de la bolsa. La lectura en voz alta revitaliza los clásicos, pero también permite desmistificarlos. Es en el liceo, hacia los 14 o 15 años, cuando los jóvenes franceses aprendieron una manera de leer que desvaloriza la manera de leer que les era natural. Lo que todavía se alienta en el colegio, lo que todavía hacen para dar el gusto de leer, el interés por la historia como tal, la identificación con el héroe, se rechaza para que se quede en el ámbito de las lecturas personales. Y eso lo reemplazan con la lectura interpretativa de un puñado de textos clásicos pomposamente bautizados las obras incluidas en el programa. Ahora, ya no hay que conmoverse o interesarse en los personajes, sino buscar las relaciones lógicas del texto que explicitan las relaciones entre las distintas etapas de la argumentación. Recientemente hubo en la prensa un llamado por parte de ciertos profesores y ciertos escritores porque aparentemente quieren destruir la disertación argumentada en el liceo. Pero a mí lo que me preocupa más es la masacre de los lectores provocado por lo que los reformadores llaman muy bien un ritual que provoca una sequía. Como lo recuerda el sociólogo de la lectura, Christian Baudelot, es la lectura ordinaria la que se practica universalmente. La lectura erudita no puede tener que ver más que con un pequeño número de personas que se van a dedicar a eso. Una vez que cierro este paréntesis sobre la lectura erudita, perdón, una vez que se cierra este paréntesis de la lectura erudita, los que todavía no han sido asqueados de los libros vuelven a sus lecturas personales. Y lo que es maravilloso para mí es el constatar que después de siete años de estudios literarios en la Sorbona, a pesar de todo, sigo siendo esa lectura, esa lectora ingenua, que sigue sintiendo la necesidad de interesarse en la historia, de amar los personajes, y que fundamentalmente las cosas terminen bien. Pero los años pasan. El amor se vuelve más sereno. Incluso a veces se adormece. Y me he convertido en una lectora por necesidad profesional. Busco en los libros de los otros materiales para escribir los míos. Y sí, los tiro cuando encontré la idea, como lo habría hecho papá. Aprendí a leer rápido, volando, sobrevolando, transversalmente. A veces tengo la sensación que ya no memorizo conocimientos desde que descanso en mi mouse que está al alcance de mi mano. Todas las informaciones que voy acumulando para escribir una novela se evaporan en cuanto empiezo otra historia y nuevas investigaciones. Y hay algo más preocupante. Me siento molesta ante las lecturas exigentes. ¿Qué es este ensayo sobre la muerte? Esta novela está llena de espinas. Ya solo leo la tercera parte o la mitad. ¿Cómo lo habría hecho papá? Y cuando viajo dentro de Francia o al extranjero, yo cuyo lema era «Yo nunca espero porque yo leo», ahora tengo un lector de DVD y películas en mi mochila, por si el tren o el avión se atrasan. Ya no espero, me distraigo. Francamente, ya no logro leer de manera lineal. Mis ojos saltan por aquí, por allá. Mi pensamiento se escapa. Ya no me quiero someter al texto. Yo, que le digo a los niños que hay que aceptar la lectura, es estar de acuerdo en cederle un poco de su tiempo porque el amor es consentimiento. Pues bien, yo incluso hace unos días intenté retomar una novela policíaca, el tipo de libro que uno no puede soltar, ¿no? Pues que creen, no me pude obligar a leer integralmente el libro de Ruth Rendell. Inmediatamente sentí detrás del texto el escritor trabajando, cómo llenaba las páginas, el bla bla bla, los pedacitos que señalaban ciertas partes más lentas de la historia. Entonces me empecé a saltar páginas con el riesgo de no entender ya nada a la intriga policíaca. Ya no tengo paciencia. Hago zapping y paso de una cosa a otra. Lo que todo mundo trata de captar es que lo que literalmente vale oro es la atención humana. Cada empresa mercantil trata de arrancar una parte que todavía quede disponible en nuestro cerebro. Pero como estamos cada vez más requeridos aquí y allá, nuestra atención es cada vez más requerida, entonces hay que golpearnos cada vez más fuerte. De ahí todas esas imágenes violentas de sexo, de provocación, colores chillones, sonidos agresivos, cuyos mejores ejemplos son los trailers de las películas, las publicidades de la televisión y los talk shows. El escritor no tiene esos recursos con su lector, ni el maestro con sus alumnos. Que passait donc avec ma histoire d'amour? Se auparavant? Ou comme le gritait ce cantant en concert? Ah, il y a quelqu'un qui m'aime ici ce soir? Dégageons le terrain. Si les professeurs arrivent à faire lire des romans aux élèves à l'épreuve ou au collège, la lecture ne fait pas partie de la culture jeune. La lectura ya no forma parte de la cultura joven, incluso los medios privilegiados. Es una práctica esencialmente vinculada con la obligación escolar. Claro, encontramos lo que un periodista llamó los serial readers, los fanáticos de los libros que tienen como varios volúmenes. Volúmenes a menudo son amateurs de las fantasías eróticas, pero nuestras futuras élites investigadores, ingenieros, médicos, leen poco. o únicamente lecturas que los distraen, cómics, novelas policíacas. Incluso en las carreras de ciencias humanas, los estudiantes prefieren leer notas de curso, resúmenes en Internet, más que obras enteras. Y como lo decía una muchacha orientada por default hacia los estudios de letras, me decía, no, yo no leo nada, excepto Closer. Esta revista. ¿Y qué hacen los maestros? Se adaptan a estos nuevos clientes. Un profesor de francés decía así a sus estudiantes que estaba con leer las 15 primeras páginas de cualquier autor para saber todo acerca de su manera de escribir. Inútil ir más allá. Incluso los estudiantes prefieren leer las críticas sobre las obras que les œuvres elles-mêmes, ça fait gagner du temps. La lecture est un investissement. Il faut que ça rapporte. Il est clair que tout le monde peut être un bon élève sans être un grand lecteur. En quant aux adultes, si dans les années 1950 le lecteur était un homme, Si en los años 50, en 1950, el lector era un hombre activo que vivía en la ciudad, ahora más bien es una mujer jubilada que vive en el campo. Y sin embargo leemos, e incluso leemos mucho, pero no en los libros. Y escribimos, escribimos mucho, pero no en papel. Escribimos mails, SMS, tweets, blogs que devoran nuestro tiempo. Facebook amenaza nuestro PNB. Nosotros hemos desarrollado una forma de expresión a medio camino entre la oralidad y la escritura, con grafías fonéticas, abreviaciones, smileys, globish, o sea global english, neologismos y una indiferencia total a las faltas de ortografía. Nunca la gente ha escrito tanto en la historia de la humanidad, pero nunca la calidad de los escritos ha sido tan baja y tan poco revisada. Acabo de leer para mis lectores de 8 a 10 años que todavía existen, voy con regularidad a verificar eso en el terreno. Bueno, les acabo de leer a ellos una pequeña novela de anticipación, Zappland, que todavía está en la etapa de los bocetos con Black and the Corrections. La historia sucede en el 2054, cuando yo tenga 100 años. Y en ese país del futuro ya no hay ni un solo libro. Aprender a leer ya no es más que opcional para los alumnos de la señora Pointe.com. Zapland es un cuento de advertencia, como lo fue en su tiempo la novela Fahrenheit 451. Frank Bradbury describió un mundo al revés en el que los bomberos hacían los incendios, creaban las fogatas y lo que quemaban eran los libros que fueron condenados por una dictadura digna del Brick Brother de 1984. En la película, a partir de la novela que vi tres veces, François Truffaut trata a los libros como personajes, de tal manera que el espectador, incluso si no es un lector, el mismo, sufre. Sufre cuando ve a los libros retorcerse, consumirse, torturados por el lanzallamas de los bomberos. Imagínense, cuando uno es lector, y cuando uno ve aparecer en la pantalla las palabras Madame Bovary o David Copperfield o los hermanos Karamazov, justo antes de que empiecen a quemarse y caigan en cenizas, imagínense, uno tiene ganas de estirar la mano hacia la hoguera gritando ¡No, ese no! Porque uno sabe que se trata de los últimos ejemplares y que van a desaparecer de la superficie de la Tierra. Es la tercera vez que vi la película cuando tuve ganas de inventar el mundo posterior a Fahrenheit 451. Pero sería un mundo en el que no habría más dictadura que la del zapping y la high technology. Un mundo sin libros en el que Tani, de ocho años, se aburre. Ese mundo en el que la lectura misma sobre la pantalla ya se habrá vuelto opcional. ¿Ese libro será realidad algún día? Una humanidad que ya no lea. ¿Acaso es imaginable? Pues sí. Yo creo que sí. Porque nosotros no nacimos para leer. Nuestro genoma no ha tenido tiempo de modificarse para producir circuitos cerebrales característicos de la lectura. ¿Acaso no hemos visto recientemente que ciertas escuelas en los Estados Unidos suprimieron el aprendizaje de la lectura escrita pour que les élèves passent directement au clavier. Et ne vient-on pas d'annoncer, toujours aux USA, la création d'une bibliothèque sans livres? Autant de petits pas vers la dématérialisation de la production écrite. Moi, moi, j'ai utilisé depuis tout un appareil à reconnaissance vocale. de reconocimiento vocal algún día a lo mejor ya no voy a escribir mis novelas voy a dictar mis historias que mis lectores entre comillas podrán simplemente escuchar a lo mejor no es una casualidad si escogí como el último libro sobreviviente en Zappland un álbum de dragones puesto que mi programa de reconocimiento vocal se llama Dragon Naturally Speaking. Desde hace algún tiempo intento volver a la lectura profunda, que no hay que confundir con la lectura erudita. La lectura profunda es un diálogo sostenido y continuo con el libro. Casi me causa un dolor au démarrage parce que me donne rapidement une sensation de saturation. Necesito faire une pause pour rêver, pour digérer ma lecture, pour digérer mes lecteurs, pour aérer mes neurones. C'est toute une rééducation. Je viens de lire de cette façon attentive et concentrée hasta tomando notas la obra de Roberto Cassati contra el colonialismo digital. No, el autor no es una mía que quiere volver a la civilización del caballo. Nos dice simplemente que lo que es posible tecnológicamente no forzosamente es necesario O inevitable. Todavía estamos libres. Escuchémoslo. Escuchémoslo. Escúchenlo. Hay muchos informes acerca de la escuela y la lectura nos dicen que muestran datos convergentes. La erosión de la lectura debido al tiempo pasado en las redes sociales se vuelve particularmente preocupante dada la propagación masiva de estas redes entre los jóvenes. La introducción percibida como inevitable de lo digital en la escuela amenazará la lectura profunda en el núcleo mismo del sistema escolar y, por si fuera poco, protegido con la complicidad institucional. Para Roberto Cassati, el iPad o algo semejante será el libro del futuro. Ahora bien, el iPad es el espacio menos protegido de todos porque crea una situación en la cual, en el momento mismo en que uno está leyendo, un simple clic nos separa de millones de aplicaciones y de videos potencialmente más interesantes o menos difíciles de mirar que el libro. que leer y hay mensajes de redes sociales que siempre están ahí presionándonos. El autor aboga para que la escuela sea un espacio protegido, separado de la colonización digital. sugiere también que se prevean tiempos institucionalizados para la lectura. ¿Por qué no un mes de la lectura en la escuela en el que no se haría nada más que leer y en el que el único objetivo sería leer un libro por día e intercambiar y platicar en la clase? Esta propuesta incluye dos aspectos importantes. el aspecto institucional, puesto que esto se daría en la escuela, y el aspecto masivo, pues que se utilizaría un tiempo largo y sin interrupción. Sería como emitir una señal fuerte acerca de la importancia de la lectura. Si la lectura es realmente importante, se interroga Kasati, ¿por qué pedir a los alumnos que lean en casa, durante las vacaciones y no en la escuela? ¿Y por qué dejan suponer al estudiar la educación sentimental durante varios meses que es el tiempo de lectura que requiere una novela varios meses? El verdadero aliado de la lectura profunda es el libro de papel. El libro de papel, que tiene un formato cognitivo perfecto, logra rellevar a cabo su trabajo perfectamente, porque no tiene más que él mismo que ofrecer. Claro, él solito no puede alejar a la televisión o a Internet, pero gracias a su carácter acabado, finito, como no puede proponer nada más que el mismo como libro, sabe anunciar de una manera maravillosa la promesa del encuentro exclusivo entre el autor y el lector. Cada libro de papel es un pequeño ecosistema, un nicho ecológico en el que viven en perfecta simbiosis un autor y un lector. Al comprar un libro de papel, ustedes hacen valer también un contrato poderoso, un contrato que tiene que ver con la atención. El libro se compromete a dejarlo a usted solo con su contenido desde la primera hasta la última página. El verdadero aliado de la cultura es la biblioteca. Cuando nosotros nos perdemos en las arborescencias de Internet, los libros de nuestra biblioteca se colocan según un orden que nos pertenece. Y nuestros libros forman parte de nuestro entorno cotidiano. En el que la memoria es importante, a veces escribe Roberto Casati. Cuando estoy en mi mesa de trabajo, me basta a veces con ver un estante, una parte de mi librero, sin siquiera abrir los libros que contiene, para que resurjan continentes enteros de lo que he aprendido. Kasati tiene razón. Soy libre. Todavía puedo escoger. Entonces escojo. Renuncio al zapping, al multitasking y a todos esos ing que vienen por doquier, que me dispersan. Quiero volver a la lectura profunda, al ruido de la hoja que volteamos, al ruidito de la cuchara contra la taza de té, a mi suspiro de bienestar en el silencio de la biblioteca. Y ese gracias, gracias, ese gracias que me sube a los labios cuando cierro sobre mi corazón el libro que acabé. Leer es una historia de amor que puede renacer de sus cenizas.
SISTEMA
ATSC
DOCUMENTO_DIGITALIZADO
Sí
FECHA_INGRESO_ENTREGA
10/08/2018
CODIGO_BARRAS_LTO
BWF490
BARRA
Difusión
TEMPORADA
35
TEMA_CONTENIDO
Seminario para el fomento de la lectura
FECHA_GRABACION
10/11/2015
LOCACION
CLASIFICACION
A
IDIOMA_ORIGINAL
Francés
REALIZACION
Ernesto Leobardo Romero Flores
PRODUCCION
María del Socorro López Arenas

