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M-20765
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La teatralidad en la cancha
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El Coloquio Internacional de Teatro y Fútbol celebra su tercera edición, explorando las conexiones y diferencias entre estos dos universos apasionantes. A través de conferencias y actividades diseñadas como ensayos y entrenamientos, reflexionamos sobre cómo el arte y la ciencia convergen en estas disciplinas.
Pensemos que jugamos la jornada tres del campeonato; acumulando minutos para mejorar el juego colectivo, conservamos el plantel que nos ascendió a primera división, incorporando refuerzos de primer nivel. La técnica mejora y el juego fluye.
Pensemos que presentamos la tercera función de la temporada; los sobresaltos del estreno han sido superados, las relaciones se afianzan y el ritmo es una resultante estable. La técnica mejora y el juego fluye.
Jorge Dubatti e Ignacio Escárcega hicieron evidente la asimetría y las similitudes que existen entre el teatro y el fútbol. Basándose en la definición de teatralidad, llegaron a la conclusión de que ambas prácticas pertenecen a la misma familia y que todos los seres humanos desarrollamos la teatralidad en todo momento con el objetivo de organizar la mirada del otro.
En esta edición, celebramos cómo el teatro y el fútbol generan vínculos humanos, construyen emociones compartidas y transforman nuestra manera de interactuar con el mundo.
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En 2013, el grupo 8M3 y el CITRU organizaron el Coloquio Teatro y Fútbol, reuniendo a creadores teatrales y aficionados al deporte para explorar las similitudes entre ambos y la influencia del fútbol en figuras emergentes de la escena mexicana.
TITULO_PROGRAMA
SUBTITULO_PROGRAMA
Mesa redonda
SINOPSIS_PROGRAMA
Es notable la similitud entre el teatro y el fútbol, especialmente en las jugadas magistrales y el tiempo dedicado a tácticas dramáticas que, en ocasiones, llegan a ser exageradas con el objetivo de favorecer el desarrollo del juego, mostrando la conexión entre ambos mundos.
EXTRACTO_PROGRAMA
El teatro y el fútbol comparten similitudes: jugadas magistrales y tácticas dramáticas que, a veces, se exageran para favorecer el juego, mostrando la conexión entre ambos mundos.
N_PROGRAMA
3
N_TOTAL_PROGRAMAS
7
DURACION_TOTAL
01:31:15:00
PARTICIPANTES
Lorena Abrahamsohn: Actriz,Productora e Investigadora teatral.
Antonio Escobar: Investigador Teatral.
Ricardo García Arteaga Aguilar: Coordinador del Colegio de Literatura Dramática y Teatro de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM.
Martín López Brie: Dramaturgo, vestuarista, iluminador y director de escena.
Socorro Merlín: Investigadora teatral.
Juan Claudio Retes Campesino: Docente e investigador especialista en pedagogía teatral.
SEMBLANZA_PARTICIPANTE
Lorena Abrahamsohn
Desde hace 10 años, coordina el área de teatro para niños y jóvenes en la Coordinación Nacional de Teatro del Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA). Paralelamente, desarrolla programas de radio y televisión sobre derechos infantiles. Escritora para medios impresos y digitales sobre teatro, también es guionista y directora de escena en el Instituto Morelense de Radio y Televisión.
Antonio Escobar
Estudiante de la maestría en Comunicación y Lenguaje Visual en el Instituto de Investigación en Comunicación y Cultura, y licenciado en Letras Hispánicas por la UAM. Participa desde hace tres años en el Encuentro Nacional de los Amantes del Teatro, como parte del Comité de Análisis y Testimonios del Instituto Internacional de Teatro UNESCO, Centro Mexicano de Teatro.
Martín López Brie
Dramaturgo y director teatral, ganador de premios como el Gerardo Mancebo del Castillo (2004) y el Manuela Herrera (2007). Ha estrenado obras como El culebro y Homicidio imperfecto. Publicó novelas como El marciano fabulador y realizó intervenciones en espacios públicos, museos e instalaciones escénicas.
María del Socorro Merlín Cruz
Ha sido docente en educación básica, actriz y directora de teatro, además de investigadora en técnicas multidisciplinarias para programas de educación artística. Fue directora del Centro de Teatro Infantil del INBA, coordinando proyectos como "Teatro para Educación Especial" y "Escuela de Arte Teatro", además de publicar investigaciones sobre teatro para niños y públicos diversos.
Juan Claudio Retes Campesino
Doctor en Letras por la UNAM, maestro en Lenguas Latinoamericanas y licenciado en Literatura y Ciencias del Lenguaje por la Universidad del Claustro de Sor Juana, todos con honores. Investigador del CITRU del INBA, ha sido becario de Telmex, el Centro Mexicano de Escritores y el CONACYT, y es profesor en la Universidad de las Américas.
TIPO_ACTIVIDAD
DISCIPLINA
PALABRAS_CLAVE
Actor | Artes escénicas | Deporte | Drama | Producción teatral
TRANSCRIPCION
[Música] Entonces, bueno, comenzamos con Lorena Abranzó, que es actriz, productora e investigadora teatral.
Trabaja actualmente en la Coordinación Nacional de Teatro del Instituto Nacional de Bellas Artes, desde hace 10 años también trabaja, bueno, actualmente está a cargo del área de teatro para niños y jóvenes y de teatro escolar.
Paralelamente a ello, desarrolla proyectos de teatro, radio y televisión enfocados a los derechos de los niños.
Escribe sobre teatro para medios impresos y digitales, es guionista y directora de escena de programas también de televisión del Instituto Morelense de Radio y Televisión.
Y por supuesto que le gusta mucho el fútbol y por eso nos acompaña esta tarde en esta mesa.
Adelante, por favor.
Los aquí presentes sabemos que entre las distintas acepciones que se les suelen dar a la palabra teatro, hay algunas que sin tener necesariamente la intención de denostar al arte teatral, lo convierten en sinónimo de mentira.
No vayamos, no hoy al menos, por favor, a cuando se usa para calificar las acciones de los políticos corruptos y todos esos caramelos.
Volviendo a la idea, es frecuente escuchar que tal o cual futbolista hace teatro cuando finge caídas espectaculares o dolores agudos, además lo que supuestamente es una falta por parte del adversario.
Y si bien esto tiene un grado de gracia, de espectacularidad y de emoción, también arroja una sombra, o al menos deja de lado lo que es en mi opinión el punto de cruce más vigoroso entre el teatro y el balón, el poder escénico del fútbol.
Es claro que el poder escénico más evidente y además el más conocido del fútbol es el que ofrece su vertiente profesional, pero no es el único.
Es comprensible que los grandes estadios, o los no tan grandes pero que encierran las historias más memorables, sean los que mejor se prestan y los que más explota la televisión empeñada como está en convertir las gradas, es decir, a los espectadores, en una suerte de extensión del espectáculo, que en un principio, si se apegara a su naturaleza de sistema cerrado, en el que a diferencia del teatro no necesita el espectador, pues correría solo a cargo de 22 jugadores.
Sin embargo, y pese a todo este inmenso poder que despliega el aparato mercadológico sobre el fútbol, ni los equipos consagrados, ni los jugadores estrella, ni los estadios imponentes monopolizan el poder escénico del balompié.
Porque también están las otras canchas, las nuestras, las que en México llamamos llaneras, las que en Sudamérica se conocen como potreros, tienen una gran fuerza escénica, a veces más intensa por entrañable, por doméstica.
Lo que ahí sucede puede pertenecer, sí, solo a los jugadores, pero algo escénico, mágico e identitario, puede llegar a suceder cuando el partido es visto no solo por los vecinos o los amigos asiduos, sino también por quienes transitan casualmente por ahí y se detienen a observar no solo un partido, sino una manifestación ritual que pertenece a una y solo a una comunidad.
Ya hemos escuchado muchas veces, en voz de escritores, científicos sociales e intelectuales, que la popularidad literalmente planetaria del fútbol se explica en buena medida porque cualquier patio, calle o terregal es perfecto para jugarlo.
Sin embargo, los futboleros siempre tenderán a embellecer su canchita, aunque sea desde la imaginación.
Por ejemplo, los niños en un recreo escolar no cuentan con arco, mucho menos con red, pero saben perfectamente cuándo un gol sí fue y cuándo no fue, aunque a veces hay chutes que están en una zona de penumbra y es cuando empiezan las discusiones y tal.
El gol ese que hace quinto A a quinto B ocurre en un escenario que pervivirá en la mente como si fuera en el Azteca, el Bernabéu o el Monumental.
Igual pasa en el llano.
Si no hay parapintura, se usa cal para delimitar el perímetro del campo y no es una escenificación que haga ostensible la pobreza al emular infructuosamente las canchas del pasto inglés, que más bien parecen alfombras.
Para nada.
Se trata de una escenificación de la dignidad que contiene dentro de sí el partido que en unos minutos tendrá lugar en ese campo modesto.
Modesto, pero nuestro.
Ya quisiéramos en el teatro usar con esa vemencia la imaginación para sostener lo que afirmamos que tanto nos importa.
Mucho tenemos que envidiarle a la inmediatez, a la necesidad, a la inevitabilidad del fútbol, pero al mismo tiempo de esa necesidad, de esa fuerza irrefrenable que sentimos por el fútbol, surge la mayor evidencia de su poder escénico, pues se ubica justamente en la historia de cada aficionado, de cada uno de millones de aficionados.
Alguien debe tener, o debería levantar, una estadística que responda a una pregunta como la siguiente.
¿Usted por qué le va al equipo al que le va?
Muchos responderían que por herencia u orden paternal, otros más porque todos sus amigos de la infancia le iban a un equipo y pues, ni modo de traicionar.
Pero seguro algunos reconocerán que le van a un equipo de mierda, que no gana nada, que es de una ciudad que está muy lejos de la suya, de la que nunca pudo ver a ningún crack en vivo haciendo golazos, pero sí pudo ver a su propio tío delirando frente a la televisión, porque el remoto y perdedor equipo de mierda, pues se puede ir a segunda división.
También estará el que conteste que al caminar a las afueras de un estadio, al que quizá nunca ha logrado entrar, su abuela le contó que le pusieron por primera vez tribunas gracias a los propios vecinos, con sus materiales y con sus manos.
Quizá otro dirá que no tiene equipo predilecto, pero que sí atesora en la memoria haber visto como un glamuroso jugador que ahora sale en las portadas de los periódicos, alguna vez colocó junto a él unas calcetas muy gastadas para escenificar juntos una trama insospechada, sin libreto.
Que quizá sea eso en lo que se diferencia de cierto el fútbol del teatro, porque a veces cuando pensamos en el uno y en el otro, como nuestras canchas, nuestras ideas, nuestras voces, nuestros equipos, pues resultan ser parecidos o no, pero sí necesarios.
Los necesitamos profundamente como solo se necesitan esas cosas que no sirven para nada.
Gracias.
Muchas gracias.
Bueno, pues ahí ya lanzó como varias cosas, varias premisas, realmente no sirven para nada.
La dejamos para el final, ¿no?
Pero bueno, vamos a seguir con Antonio Escobar.
Dentro de… dice… y bueno, voy a leer un pequeño texto que nos hizo favor de mandar, porque tenemos una tradición en este coloquio que es justamente ver qué pasa con la gente que nos acompaña y realmente qué pasa con su vida dentro del fútbol.
Y bueno, Antonio Escobar nos dice, "Dentro de poco, mi frustración como aficionado al fútbol cumplirá su mayoría de edad.
Cada inicio de temporada, uno mira jugar a su equipo favorito para conocer las novedades estratégicas, los nuevos recursos humanos, ver cómo se desenvuelven en el campo, confirmar que por la nutrida cobertura noticiosa del fútbol sobre las nuevas contrataciones, ahora sí se tiene un grupo sólido, pensante y creativo de futbolistas, pues ni más ni menos que dos campeones de la maravillosa selección chilena que anuló a Messi y sus comparsas en el final del centenario de la pasada Copa América.
Son parte de los esfuerzos, pero al conocer la alineación en el juego más reciente contra Pumas de la UNAM, uno presiente que la decepción se alargará indefinidamente.
Son los mismos jugadores de la temporada anterior y de la anterior a la anterior.
Se ve el mismo fútbol inoperante, lento.
¿Dónde están esas nuevas caras?
Bueno, habrá que seguir esperando el regocijo de ver a mi equipo favorito, ganador y campeón.
Algunos ya sabrán a qué equipo me refiero.
Mi afición al fútbol me viene de muy pequeño.
No sabría decir por qué la preferencia al Cruz Azul, pero tal vez fue por distinción, por llevar la contraria, porque mi padre y mis cuatro hermanos se aficionaron a la América.
Ahí está una respuesta a la pregunta.
Alguien tenía que salirse del redil.
Como cualquier chaval jugué con los chicos de la cuadra, formamos equipos, cruceiro, que cada domingo era goleado.
Luego, dos de mis hermanos y yo desertamos para reforzar el equipo de otra cuadra.
No nos goleaban, pero invariablemente no terminábamos los partidos, cuando mucho llegábamos a la mitad del segundo tiempo antes de que empezara la bronca.
Más tarde, mis dos hermanos y yo jugamos en la Liga del... - Del Agüey. - Del Agüey.
Fueron buenos tiempos, dos campeonatos seguidos, al tercero, que parecía inminente, descalificaron al equipo por no asistir a las reuniones de la liga.
Por ese entonces, mis ganas de ser jugador profesional ya habían desaparecido, pues, cosas del corazón, no fue posible.
Y este es Antonio Escobar.
Gracias.
Gracias.
Bueno, titulo mi texto "Teatro y Fútbol", simplemente, y comienzo con un epígrafe, un par de epígrafes, perdón, del libro "Fútbol, el juego infinito", de Jorge Valdano.
Aunque desmontemos con un destornillador el juego, nunca sabremos todo lo que hay dentro.
La gente que va al teatro es más inteligente que la que va al fútbol, aunque es la misma.
La razón es muy sencilla.
Al teatro se va a pensar y al fútbol a sentir.
El fútbol nos saca aspectos del animal que fuimos y esconde al hombre civilizado que se supone que somos.
Cuando Jorge Valdano refiere que no se conoce todo lo que hay dentro del fútbol y que con una herramienta sistemática como la estadística es imposible desmontarlo, quiere decir que por más que se mide la distancia recorrida de un jugador durante un partido, el número de pasos acertados, las faltas cometidas, las asistencias a los goleadores o los goles anotados, no hay manera de medir el fútbol porque es impredecible como la vida misma.
Como el teatro, el fútbol, juego efímero, fugaz, infinito, se realiza en un espacio y tiempo determinado en el que convergen los futbolistas, jugadores, players y los espectadores, aficionados, hinchas, fanáticos, como dirían los detractores de este deporte al reconocerlo como espectáculo enajenante.
Quiero pensar que el antiguo episquirós de los griegos pudo haber devenido un fútbol, pues se jugaba con pies y manos en un terreno delimitado y quizás el juego griego sea el antecedente del calcio florentino jugado en un lote de arena, reactivado en la era musolini y vigente hoy en Florencia.
En ambos casos el juego se llevaba a cabo en un lugar específico a cuyo alrededor había lugar para espectadores como desde siempre en el teatro.
El teatro griego en sus inicios, lo sabemos, estuvo asociado al rito, el fútbol no, también lo sabemos.
Sin embargo, cada partido de fútbol da ocasión al ritual, semanal, tratándose de los campeonatos de liga, o cuatrienal, tratándose de los campeonatos continentales, Eurocopa, Copa América, Copa de Oro, Copa Africana, e intercontinentales, Copa Confederaciones, Mundial de Clubes y por supuesto el Campeonato Mundial.
Pues en cada ocasión los aficionados en la grada del estadio portan los colores de su equipo favorito, sea con playeras, banderines, banderas, maquillaje en el rostro, gorras, pelucas, o alguna indumentaria, dispuestos a sentir, a sufrir, a exclamar, a increpar, a buchear el desempeño de los jugadores.
Un gol, una falta, una jugada virtuosa, incluso el mal juego, todo eso matizado en el cuerpo del espectador.
Andrés Fremer, en "Porque amamos el fútbol", asocia el balompié a un evento religioso, y cito, "Como si se tratara de un evento religioso, el juego de fútbol no solo reúne a un gran número de personas, también nos asocia a una ceremonia común, un equipo".
De igual manera, retomando la visión de Mircea Eliade, existe un tiempo sagrado en la cancha, donde uno regresa a la tradición del eterno retorno, donde el espacio es cercado, separado del acontecer del mundo, donde el tiempo nominal se detiene y surge la magia de la comunicación en un tiempo dado por la energía colectiva.
Es, además, y por tanto, convivial en el sentido en el que lo ha teorizado Jorge Dubati, porque reúne a dos o más hombres vivos en un espacio y tiempo acotados, en el que existen dos roles, el de emisor y el de receptor, el futbolista y el espectador, porque se está con los otros y con uno mismo, porque involucra la proximidad, la visibilidad estrecha atravesando los sentidos, y porque es efímero e irrepetible.
Así, tanto el fútbol como el teatro tienen vínculos de sensorialidad.
La compasión y el temor purgados viven por efecto de la catarsis en el origen del drama griego.
Hoy, para el tedio, la tensión o el simple ocio, el fútbol es la válvula de escape en el que, de igual manera que en el teatro, hay belleza, estética, creación, poiesis.
Pero el fútbol de ninguna manera es teatro.
No obstante, convergen en ambos elementos de la teatralidad.
Es bastante conocido el inicio del libro de Peter Brook, "El espacio vacío", al señalar la simpleza con la que se puede generar un acto teatral.
Puedo tomar, cito a Brook, puedo tomar cualquier espacio vacío y llamarlo escenario desnudo.
Un hombre camina por este espacio vacío mientras otro lo observa, y esto es todo lo que se necesita para realizar un acto teatral.
Con la misma llaneza se puede dar el fútbol, cito a Remmer.
A nivel más bajo, todo lo que se necesita es un balón y un espacio abierto, además de algo que sirva como postes de portería.
En estas dos citas se perfilan ya elementos de la teatralidad, en el caso de Brook basta la mirada y el movimiento, el desplazamiento del hombre, mientras que en Remmer se implica solamente el juego, el cual es movimiento.
La esencia del teatro nos ha dicho Domingo Adame, debe buscarse en el juego la pura expresión del movimiento, en tanto que Samuel Martínez, apoyado en Gadamer, que vincula arte y juego, subraya el juego como puro movimiento.
Juego en su sentido original, aluda a la danza, movimiento y no necesariamente a un jugador, sino a la pura realización del movimiento.
Esta es también la esencia del fútbol.
El movimiento y la mirada al ser simultáneos ocurren, acontecen en tiempo y en espacios definidos, zonas de la experiencia.
El juego, el movimiento, es mirado y la mirada, según Oscar Cornago y Josep Feral, es lo esencial de la teatralidad.
Para el investigador español, el elemento inicial para entender la teatralidad es la mirada del otro, lo que hace de desencadenante.
Todo fenómeno de teatralidad se construye a partir de un tercero que está mirando, mientras que para la investigadora canadiense, la teatralidad está en los ojos del espectador, si se puede decir, es un modo de percepción, está determinado por un punto de vista, tiene que ver fundamentalmente con la mirada del espectador, pero ¿qué es lo que se mira?
El mismo Cornago ofrece el ejemplo del disfraz.
Quien se disfraza lo hace para ser visto en un espacio público.
Tal hecho es un efecto de teatralidad, porque el disfraz encubre al tiempo que construye otra realidad a partir de la cual surge, es decir, el disfraz es una representación de la realidad.
Ese otro que mira sabe que se trata de una recreación, de una ilusión, de una ficción.
Llegados aquí, la teatralidad en el fútbol parece ya no tener lugar, porque si bien se aprecian elementos de teatralidad en dos grupos de hombres o mujeres que visten ropas deportivas para distinguir a cada grupo, que se enfrentan entre sí por la disputa de un balón para marcar goles y así demostrar la superioridad de uno u otro en el campo de juego, ante un público, espectador que se ha dado cita en un local llamado estadio a una hora determinada, no hay representación en el sentido de la ficción.
No se simula que se juega.
Se juega, se extenúa el cuerpo para vencer al contrincante mediante estrategias que pueden ser efectivas o no.
Tanto Cornago como Feral, por una parte, insisten en la precariedad del concepto de teatralidad.
No hay una definición concreta de lo que se entiende por teatralidad.
Incluso Josette Feral afirma que no siendo una categoría, solo es posible describirla de manera indirecta.
No obstante, a partir de los elementos antes señalados, que se conjugan en un marco definido, espaciotemporal, nos indican ya un efecto de teatralidad.
Por tanto, la conjugación de elementos genera un producto y es ese producto lo que se observa en el momento de su producción.
La teatralidad lleva implícito el proceso en la exposición para ser mirado.
El proceso entre sujetos, observado-observador, da lugar a la alteridad y a la ficción, punto en el que debe encontrarse el sentido del procedimiento de la producción, de la puesta en escena.
Por otra parte, Cornago y Feral coinciden en que la teatralidad excede lo que es propiamente del teatro, ya que se enmueve en diversos ámbitos de la vida cotidiana, pues la convivencia social es el resultado de convenciones de la misma manera que sucede en el teatro.
Ahora bien, si reconocemos los elementos de teatralidad en un acto teatral por la convención de que se va al teatro a ver una ficción, en el fútbol la teatralidad es reconocible hasta que nos enfrentamos a la realidad del juego, porque esto es verdadero, no es una ficción, y aquí se empatan las palabras de Valdano, en el epígrafe, con las afirmaciones de Josep Feral, en el sentido de que en el teatro se apela al espectador en el nivel de la sensación, de la percepción, y sobre todo en el nivel de la interpretación.
Se hace necesario significar los signos puestos en juego en la significación teatral.
Por el contrario, el fútbol se vive, se goza, se sufre, se comenta y se olvida, una vez terminado, a la espera del siguiente partido para dar rienda suelta nuevamente a las emociones.
No hay signos que descifrar, que decodificar.
Hasta aquí la simplificación que he hecho de la teatralidad me lleva a pensar que los sistemas escénicos del fútbol están presentes en el juego, pero también en lo que lo rodea y por lo cual y para qué se genera y con qué recursos humanos se ejecuta, es decir, con qué futbolistas.
Quiero aludir y citar por última vez a Óscar Cornago cuando menciona que estando la teatralidad en lo social y en lo privado, en ámbitos muy diversos, permite entender la realidad como un proceso de puesta en escena, lo que implica, claro, el momento de producción y la percepción, como ya se dijo antes, pero que en los estudios teatrales no es habitual encontrar una discusión explícita, clara de las estrategias de teatralidad empleadas en una determinada obra.
En el fútbol hay estrategias de juego.
Estas también son muy diversas.
Pueden ser efectivas o no, puesto que el juego se ha ido haciendo más táctico y menos técnico, pero que en definitiva el resultado de un partido puede estar determinado por el árbitro, por el azar o por los inspirados aciertos o funestos errores de los jugadores, citando al exjugador y extécnico del Real Madrid, al argentino Jorge Valdano.
Así es, el fútbol se ha vuelto más sofisticado en cuanto a la formación táctica y ubicación de los futbolistas en el campo de juego.
Las formaciones han variado con el tiempo, del antiguo y al parecer inicial sistema táctico del 1-1-8 sin contar al portero, un defensa, un medio y ocho delanteros, se ha pasado al sistema más utilizado actualmente, el 4-3-3, cuatro defensas, tres medios y tres delanteros, con su variante más socorrida, el 4-4-2.
Más que defensivos, los sistemas se han vuelto percabidos, pues lo que se quiere en el juego es tener la posesión del balón para generar más oportunidades de gol.
Los clubes que en la actualidad ejecutan ese sistema con mayor eficacia, según yo, son el Barcelona y el Real Madrid en el fútbol español.
¿Por qué recurro a estos equipos si en nuestro país tenemos al eterno subcampeón Cruz Azul o al equipo más odiado, el América, o al mexicanísimo Guadalajara, o incluso a la incierta universidad que, por supuesto, realiza en su juego a partir de formaciones tácticas similares a los equipos españoles?
Tanto Barcelona como el Real Madrid son equipos universales, puesto que son mayormente conocidos en el mundo, debido, entre otros factores, al alcance mediático que tienen los jugadores que militan en sus filas y que son los máximos exponentes del fútbol actual, Lionel Messi y Cristiano Ronaldo.
Dos jugadores antagónicos, tanto por su estilo de juego, calculador el de Messi y explosivo el de Ronaldo, como por el carácter, retraído el del primero y extrovertido el del segundo, en dos equipos antagónicos, insertados en dos propuestas de juego antagónicas, aunque ambos equipos manejen desde hace algunos años la misma formación del 4-3-3, desde la era de los técnicos Guardiola en el Barcelona y Mourinho en el Real Madrid.
Igual, ambos técnicos son antagónicos.
La rivalidad entre estos equipos es añeja, data desde los años previos a la dictadura franquista en lo deportivo y se acentúa precisamente en el periodo del gobierno de Francisco Franco en lo deportivo y en lo político.
La centralidad de Madrid en detrimento de la Cataluña.
Hay indicios de que señalan al Real Madrid como el equipo del régimen para crear y fortalecer la unidad española en los tiempos posteriores a la Guerra Civil, partidos arreglados a su favor para el malogro del Barcelona, además de propagar por el mundo la españolidad con las giras internacionales del Madrid de Alfredo Di Stefano, allá por la década de los 50.
Bien, en cuanto al juego, que han practicado recientemente estos equipos, se dirime la supremacía futbolística entre ambos desde hace varios años.
La hipótesis de incertidumbre por saber cuál equipo será el ganador en el campeonato español se anula porque o lo gana Barcelona o lo gana Real Madrid.
La pregunta es quién de los dos ganará cada torneo, cosa que no pasa, por ejemplo, en nuestro pálido fútbol.
Cualquiera puede ser campeón.
En la disputa del campeonato español entre Barcelona y Real Madrid se enfrentan los estilos de juego.
La tenencia del balón y con toques cortos durante tiempos prolongados para buscar espacios desprotegidos por el rival, mercela la movilidad de los jugadores delanteros que son perseguidos por los defensas, es el juego patentado por el sistema Guardiola.
El vértigo, por el contrario, el vértigo de la velocidad es lo que caracteriza al Real Madrid.
A sus jugadores les come el ansia de llegar a la portería contraria en el menor tiempo posible.
Bien, la talla, por supuesto, me salto.
Traducido al teatro, un sistema táctico de juego vendría a ser el trazo escénico de un director de escena.
Se colocan los actores y jugadores en determinado lugar y a partir de ahí se darían los movimientos, los desplazamientos, la inmovilidad o las pausas de su accionar con la buena o mala ejecución de las pautas señaladas por el director.
Por otro lado, hablando en términos de los desusados géneros dramáticos, la pieza estaría más de acuerdo en el caso del juego del Barcelona y la comedia en el caso del Real Madrid en el sentido del ritmo.
Pero esto no es la teatralidad en sí ni tampoco lo escénico.
Más arriba mencioné que lo propiamente escénico del fútbol esté en lo que lo rodea.
Los equipos españoles mencionados tienen los jugadores más caros de la historia del fútbol.
Cuando Messi o Ronaldo pretenden dejar al equipo al que pertenecen actualmente, tendrán un valor en el mercado de más de una centena de millones de euros.
Los clubes en Europa, Barcelona, Real Madrid, Bayern Múnich, Juventus, Manchester United, Liverpool, París Saint Germain, se han vuelto empresas que generan ingresos millonarios no solo en su país sino en el mundo.
Venta de uniformes, membresías, contratos de televisión, filiales, patrocinios, promociones, boletos de entrada a los juegos, publicidad, giras de pretemporada a países de Asia, África o América, con tal de garantizar la tenencia de jugadores importantes para igualmente garantizar el espectáculo y reafirmar la identidad del espectador no solo con el equipo sino en el ámbito de lo social y de lo político.
Por ejemplo, se dice que las tendencias de izquierda son más acordes con quienes simpatizan con el Barcelona, por el contrario, los simpatizantes del Real Madrid se vinculan más con la derecha.
El caso del Barcelona es interesante porque con la llegada de Joan Laporta, catalán, en 2003 a la dirección del club, se han afianzado los brazos de integración catalana con el intento de convertir al Barça en símbolo nacional de Cataluña.
El grito de arenga al club lo dice claramente.
¡Viva Barça!
¡Viva!
¡Viva Cataluña!
¡Libre!
Para ello, además de la visión empresarial de Laporta y su equipo de trabajo, se ha montado todo un dispositivo escénico para hacerlo de Barcelona el club más importante del planeta, fichando a jugadores importantes y sobre todo, que el técnico acumulgue con los principios del juego legado por Johan Cruyff y perfeccionado por Pep Guardiola, con el fin de garantizar el espectáculo del juego y la integración catalana.
El fútbol es mucho más que un simple juego.
El Parlamento Europeo ha puesto la mira en el fútbol porque desempeña un cometido social y educativo, y es un instrumento eficaz de inclusión social y diálogo multicultural, además de ser un agente de desarrollo económico.
Quizá la teatralidad no baste para analizar lo que está detrás y lo que mueve el fútbol, así como también el propio juego.
Sus alcances en el ámbito de lo social, la continua permanencia y expansión de este deporte, han sido estudiados desde la economía, el derecho, la sociología, la comunicación, entre otras tantas perspectivas de análisis.
No obstante, el fútbol y el teatro se vinculan en tanto la utilización del cuerpo de sus ejecutantes, la herramienta más importante de uno y otro.
Cito por último a Josep Feral en su apreciación acerca del cuerpo del actor, pero que si bien se mira, las palabras de Feral valen también para el cuerpo del futbolista.
Cito, "el lugar privilegiado del enfrentamiento de la alteridad es el cuerpo del actor, del futbolista, un cuerpo en representación, en presentación, en escena, en el campo de juego, cuerpo pulsional y simbólico donde la histeria se codea con la maestría.
Ese cuerpo es el lugar a la vez del saber y de la maestría, al que amenazas sin cesar cierta insuficiencia, fallas, una carencia del ser, porque ese cuerpo es imperfecto por definición y conoce sus límites, porque hecho de materia es vulnerable y sorprende cuando se supera".
Con toda razón, los cuerpos de Messi y Ronaldo en el campo son la máxima expresión del juego, de la danza, del puro movimiento, porque sorprenden cuando se superan.
Gracias.
Bueno, después de este viaje desde el rito, el juego, los griegos, lo universal, lo particular, y bueno, para terminar con algo íntimo como es el cuerpo del actor y del futbolista, pues vamos a darle paso a Ricardo García Arteaga Aguilar.
Y bueno, él nos cuenta que en la primaria comenzó a jugar fútbol en el recreo.
Su equipo era el campeón Guadalajara.
En la preparatoria jugó en la selección del colegio.
Era un rudo defensa y entre los delanteros se encontraba el vasco Aguirre, a quien seguiría de cerca toda su carrera profesional.
En los mundiales gritaba "México, Brasil y Argentina".
Estudió en Literatura Dramática y Teatro en la Universidad Nacional Autónoma de México, siguiendo su pasión, y cambió a los pumas de la universidad.
Se volvió profesor, investigador y director.
Cuando llegó a México el investigador teatral argentino Osvaldo Pelletieri, invitado por el Seminario de Investigaciones Escénicas, Osvaldo pidió pasar al Estadio Azteca y se hincó en el lugar en donde había ganado Maradona.
En ese momento cayó en cuenta que las personas tienen un cuerpo y una multitud de intereses y sentimientos cambiantes.
Ricardo García Arteaga.
Gracias por la presentación.
Buenas tardes a todos.
Gracias a los organizadores, CITRU, 8 metros cúbicos, por su tercer coloquio, ahora internacional, como lo vimos en la sesión de inauguración.
En este trabajo yo pretendo acercarme también un poco a ciertas características del teatro y el fútbol.
En esta ocasión me acerco desde la teatrología, quizás porque es la materia que estoy dando en la universidad, y le va muy bien, ya van a ver algunas coincidencias con lo que dijo Jorge Duati en la mañana.
Hechos escénicos en el teatro y el fútbol.
En este trabajo partimos de la teatrología como ciencia del hecho escénico de Erika Fischer-Lichte, y aplicaremos sus cuatro tesis a eventos escénicos del teatro y del fútbol para apuntar algunas características de cada sistema.
La teatrología es la ciencia que estudia las diversas prácticas o hechos escénicos.
La palabra actuación, presentación, representación o ejecución se refiere a la presentación de algo en escena, es decir, acciones que al acontecer son percibidas por alguien.
Por otra parte, el concepto de hecho escénico, evento escénico y puesta en escena se usarán como sinónimos en este trabajo.
El hecho escénico en el marco de la teatrología tiene cuatro características a saber de Fischer-Lichte que las llama tesis.
Las cuatro tesis son, primero, la medialidad, dos, la materialidad, tres, la semioticidad y cuatro, la esteticidad de los eventos escénicos.
Esta tesis pretende envaler para las puestas en escena teatrales, el performa artístico y todos los hechos escénicos como es el fútbol.
Así que aquí es donde la puesta en escena teatral y la puesta en escena del juego o del fútbol están incluidos como hechos escénicos o sistemas escénicos.
La primera tesis, una puesta en escena se crea a partir de la interacción de todos sus participantes, o sea, del encuentro entre ejecutantes y espectadores.
Una puesta en escena se da entre los cuerpos presentes de ejecutantes, y aquí ejecutantes son quienes ejecutan acciones escénicas, y los espectadores.
Los encuentros de sus confrontaciones e interacciones se dan en un lugar y tiempo específico.
Las reacciones son percibidas por los espectadores y los ejecutantes, las sienten, escuchan o ven.
Todos los participantes son co-creadores, participan en diferente medida y de manera en el hecho escénico sin poder determinarlo individualmente.
El hecho escénico de la representación teatral está compuesta de cuerpos, personas que se ponen un vestuario, cambian su actitud, recuerdan lo ensayado, y aparece el cuerpo del actor entrenado, el cual pone su cuerpo después en la escena, y lo confronta con el público en un lugar y tiempo determinado.
Puede ser un teatro, una habitación, un espacio público, etc.
El juego de fútbol es otro sistema escénico.
Existen diferentes tipos de fútbol, como ya lo hemos visto por acá, donde se ejecutan en diferentes espacios y de tiempos de duración.
El colegial, el de barrio, de fuerzas básicas, de profesionales, de playa, el fútbol rápido, etc.
De una manera general, podemos decir que el jugador, al vestirse de los colores de su equipo y poner el cuerpo en la cancha, es rodeado de espectadores y, si así es el caso, existen tribunas, espectadores televisivos y radioescuchas.
El hecho escénico se construye entre ejecutantes y espectadores.
Segunda tesis.
Lo que se muestra en las puestas en escena sucede siempre aquí y ahora, y se experimenta de especial manera en el momento presente, como lo veíamos en la mañana.
Las puestas en escena son fugaces y transitorias.
Los ejecutantes aparecen siempre en su ser en el mundo corporal, sin importar si se trata de un actor, un político, un deportista, un chamán o un bailarín.
El ejecutante y el espectador se experimentan a sí mismo de una manera especial.
Cuando la representación teatral llega a un nivel estético, el cuerpo del actor, lo de él, ya no es suyo, ya no es solo personal, ya no es un actor haciendo una representación.
Como dice José Antonio Sánchez en "Ética y representación", y cito, "el actor se vacía de sí para convertirse no en un personaje con identificación definida, sino en uno cualquiera".
Así pues representa la situación de cualquier persona que esté fuera, y de esta forma da voz a los que no la tienen.
El vaciamiento, dice José Antonio Sánchez, no es grotosquiano, sino intermedio entre Artaud y Brecht.
Creo que es una afrenta buena para ver cómo podemos hacer ese cuerpo entre Artaud y Brecht.
En algunas ocasiones, los espectadores, al co-crear el acontecimiento, se vacían también de su individualidad y se convierten en comunidad sintiente, lo cual se experimenta de una forma especial, como veíamos en la mañana.
Al terminar la representación, el actor da las gracias, y cuando se quita el vestuario y las emociones de lo ensayado y realizado, el actor vuelve a ser una persona, cuerpo-persona.
Por ejemplo, en el drama de "Antígona", es representativo de una experiencia humana que puede ser traducida al presente.
Sin embargo, no cualquier representación mimética se hace presente emocionalmente.
Ese es un trabajo de los ejecutantes y los espectadores en un aquí y ahora.
Las emociones sentidas en el proceso nos hacen ver de diferente manera nuestras realidades una vez que regresamos a ellas.
La persona que actúa y se representa como un jugador de fútbol no es ella misma en su transcurrir.
El jugador se puede vaciar de su persona individual y se vuelve un cualquiera en colectivo.
El cuerpo se llena de significados.
Puede ser el representante de un grupo, colegio, barrio, estado, estado-nación, o de un grupo más allá de sus fronteras.
Yo se me ha preguntado, los que le van a Barcelona y nunca han ido a Barcelona, pues es una incógnita.
Da la voz y esperanza a los que no la tienen.
Los espectadores viven en sus cuerpos el triunfo o la derrota de sus equipos como propios.
Tercera tesis.
El cuerpo fenoménico del ejecutante y del espectador es la razón existencial de cada puesta en escena, en la vida diaria, en las artes y en las prácticas escénicas culturales.
En las puestas en escena, el espectador siempre va a sentir no sólo la corporalidad fenoménica del otro, sino también se preguntará lo que quiere decir el espacio, un seño fruncido, un brazo levantado o cruzar por la sala.
Esto es sobre todo lo que decíamos en los significados que podemos leer en el teatro.
El cuerpo se presenta como un cuerpo semiótico.
En la puesta en escena teatral, el actor expone toda su presencia en el espacio como el personaje, los cuales no existen apartados de los procesos de corporalidad.
Más bien, ambos son creados por estos procesos.
Los espectadores perciben significados y emiten significados con los que co-crean al personaje y la ficción.
El jugador de fútbol expone su presencia en el espacio como la de su rol o personaje, portero, defensa del atero o móvil.
Se mueve en el espacio esperando uno o varios goles.
Los espectadores participan del juego y crean diferentes significados.
Podemos decir que al anotar un gol, el cuerpo colectivo del jugador regresa a lo individual y recobra su nombre, porque es Andrés Guardado o Lionel Messi el que meta el gol.
No es todo el equipo.
De alguna manera, se individualiza.
Esta acumulación de goles y jugadas individuales son las que valoran los equipos e empresas para sus inversiones en jugadores.
Así tenemos que el cuerpo del futbolista se mide por el valor de su contrato.
Los más caros ya los mencionamos aquí, Cristiano Ronaldo, 133 millones de euros, y Messi con 220 millones de euros.
Y aquí, recordándolo del cine, también el cuerpo del actor de cine, Duan Johnson, que es el más cotizado según el periódico, se cotiza en 58 millones de euros en un año.
Todos los ejecutantes y espectadores tenemos que saber las reglas y la efectividad de ellas en el teatro y en el juego.
El espacio de un juego tiene un significado de fiesta también.
Es un espacio no cotidiano, cancha o estadio, en donde el cuerpo de los espectadores se va a relajar.
Puede beber aguas frescas, refrescos, bebidas alcohólicas u otras sustancias, comer diferente, puede comportarse diferente, llevar instrumentos musicales, banderas, gritar, decir porras, cantar, brincar, hacer la ola, etc.
Vestirse diferente, disfrazarse con la camiseta de su equipo, pintarse con los colores del equipo, desde las tres rayas en las mejillas, o pintarse todo el cuerpo.
Puede usar gorros representativos o chuscos.
Mi cuerpo se comporta diferente cuando participo de un cuerpo de personas con la misma camiseta o de la porra.
Es interesante recordar a Islandia en el último Mundial, donde sus espectadores están vestidos del mismo color que los jugadores y al final, ganen o pierdan, aplauden al estilo vikingo, con los brazos arriba y pausadamente al unísono, hasta llegar al paroxismo.
El juego puede tener un significado de un duelo o lucha también, donde existen contrarios a vencer.
Por ejemplo, el juego entre dos naciones, donde toda la historia y la relación entre las naciones entran en juego.
Los aztecas contra los gringos, boricuas o chilenos, Inglaterra o Argentina, como se mencionaba en la mañana.
Las banderas, colores nacionales, himnos, son enfrentados.
El terreno de juego y las tribunas pueden volverse campos de batallas sublimados o se puede acabar en peleas francas en tribunas o en las calles.
Cuarta tesis.
Las puestas en escena se caracterizan por ser acontecimientos.
El tipo particular de experiencia que las propicia representa un modo especial de experiencia liminal, como lo veíamos en la mañana.
Son acontecimientos únicos e irrepetibles.
No basta, si tú no fuiste a la cancha o no estuviste ahí en vivo, por más que te lo cuenten, no es lo mismo.
Es igual que el teatro.
Los participantes experimentan el curso del acontecimiento y pueden ser afectados por él.
Viven el hecho escénico como un proceso estético y al mismo tiempo social y hasta político, en donde las relaciones se negocian, las comunidades se crean y se vuelven a disolver entre los opuestos de presencia y representación.
Se abre el espacio entre los opuestos, se abre el intersticio.
Así, lo intersticial se convierte en una categoría privilegiada que remite al límen entre los espacios, a la condición del umbral, es decir, el estado de liminalidad hacia el que las prácticas escenas nos transportan.
Las puestas en escena, esto siempre me lleva a la pregunta, ¿es la catarsis?
Hay muchas catarsis, no es una sola ni es en un solo momento, y se construye todo el tiempo.
La puesta en escena teatral y el juego de fútbol transportan al espectador a un estado que lo enajena de su entorno cotidiano y de sus normas y reglas vigentes, como lo veíamos en la mañana cuando uno besa a todos y pasa de todo.
Son también pasajeros, afortunadamente uno regresa, que subsisten mientras dura la puesta en escena o bien durante algunos momentos de ella.
Entre dichos cambios se puede contar con las transformaciones físicas, fisiológicas, también como lo mencionaba en la mañana, afectivas, energéticas y motrices, pero asimismo con una modificación de facto como la del estatus del espectador al del ejecutante o bien la creación de una comunidad de ejecutantes y espectadores o también solo de los espectadores.
A manera de conclusión, podemos decir que las cuatro tesis de Fischer-Lichten nos ayudan a comprender cómo funcionan los hechos escénicos del teatro y del fútbol.
Yo creo que aún queda mucho por reflexionar.
Otras preguntas que me surgen al escribir este texto es que si la mentalidad deportiva es esencialmente militarizada, o hay algo de esto o no hay, porque hay objetivos serios y definidos que aún para divertirse necesitan un enemigo a vencer y un provecho o éxito final.
O si podemos con el deporte fomentar las decisiones colectivas y de cooperación en lugar de las individualistas y de competencia.
Muchas gracias.
Bueno, solo para recapitular un poco, se han tocado temas como la comunidad, el fenómeno social y esta última parte que habla mucho sobre el cuerpo y el cuerpo social y de cómo se construye.
Y creo que son preguntas que desde Lorena, que lo vive desde su experiencia, y ahora con estas tesis que nos cuenta Ricardo, me parece que hay una pregunta como muy esencial.
Si todos los sistemas escénicos dentro del fútbol y del teatro tienden a la comunión, a la comunidad, y por lo tanto tienden al rito.
Yo creo que es una pregunta como importante que está surgiendo, porque además se ha repetido en las tres primeras que tenemos por acá.
Pero bueno, vamos a pasar con...
No les voy a decir quién, y voy nada más a leerlo y ya después a ver si adivinan quién.
Hay tres posibilidades más.
Nunca fue bueno para patear el balón hacia la portería, ni para mandar pases, ni para atajar pelotazos, ni para aguantar corriendo mucho tiempo.
Así es que tuvo que conformarse con ser dramaturgo y director de teatro.
Obtuvo el Premio Nacional de Dramaturgia Joven Gerardo Mancebo del Castillo en el 2004 y el Premio Nacional Manuel Herrera de Dramaturgia en el 2007.
Se han estrenado y publicado varias de sus obras, entre ellas "Órfico Blues", "El crimen del Hotel Palacio", "El Culebra", "Homicidio imperfecto", "Simón Bruma" y "El insomnio de Segismundo".
También ha realizado intervenciones a espacios públicos, obras en museos e instalaciones escénicas.
Como narrador, ha publicado las novelas "El marciano fabulador" y "La comitiva de cuentos inconclusos" y "El señor de la tormenta".
Como nación argentina, pero se ha criado y educado en México, canta los goles de ambas elecciones con igual pasión, lo cual crea severos problemas de esquizofrenia cuando ambos equipos se enfrentan.
Se le pasó hace poquito.
Como a los últimos cuatro mundiales.
Como a los últimos cuatro mundiales les ha pasado.
Cada vez es menos hincha de equipos que tristemente han sido convertidos en mercancía, pero no puede evitar emocionarse cuando ganan los Pumas, reírse de los memes cuando otra vez casi gana el Cruz Azul o afanarse en demostrar científicamente que chingue su madre la América.
Con ustedes, Martín López.
Buenas tardes, muchas gracias por la invitación.
A ocho metros cúbicos, al Citroën.
Esperemos que sea breve.
La estrategia invisible.
Soy un aficionado de bajo perfil, pero enamorado de dos aspectos específicos del deporte del balompié.
La técnica individual de los jugadores talentosos y la estrategia de juego que proponen cada partido y con cada equipo los directores técnicos.
Incluso creo haber visto algo de poesía cuando estas dos características se combinan de forma afortunada.
Y con poesía me refiero a transmitir algo que no podemos explicar exactamente qué es.
Sí, es admiración, sí, es emoción, sí, es técnica, pero es algo más.
El gol de Maradona contra Inglaterra en el 86, en general el juego virtuoso de Messi con el Barça, muchos de los goles de Pelé, la potencia de Zidane, lo que mencionaban de Cristiano Ronaldo, esa capacidad de pronto dar un flashazo y decir "ay, cabrón, ¿qué pasó?"
Algo ocurre en esos momentos que es inexplicable, inasible.
Volver a ver los goles no reproduce el momento, porque la experiencia se da en el presente, y cuando vemos las repeticiones lo que más nos emociona es revivir aquella experiencia en la memoria.
Y es que es una experiencia que se gesta durante todo el partido y se convierte en gol en el momento preciso.
O en un bloqueo épico, o en un acto de generosidad o de violencia únicos.
También disfruto mucho de esos momentos que suceden fuera del juego, pero alrededor del mismo.
La repentina bronca entre dos jugadores que ya no se aguantaron.
La solidaridad de un equipo con el rival.
El espectador impertinente que salta a la cancha.
Alguien llorando en la banca.
Un entrenador fuera de quicio convirtiéndose en super saiyajin.
También me llama la atención otro aspecto.
El gol es un hecho extraordinario dentro del juego.
En otros deportes, como el básquetbol o el voleibol, los puntos ocurren cada jugada.
En el fútbol americano o el béisbol el puntaje es más esporádico.
Y en el fútbol es una excepción.
Incluso se puede jugar bien sin meter goles.
Si bien el objetivo es meter la pelota en la red del adversario, la mayor cantidad de veces posible, la dificultad para lograrlo es muy alta.
Aunque a mí en lo personal me resulta mucho más difícil encestar una canasta, pero esos ya son traumas personales.
Y de esa dificultad se deriva la tensión dramática del juego.
El talento individual sumado a la estrategia de juego pueden llevar a esa tensión al máximo y luego resolverla en explosiones de gran efusividad cuando sucede la anotación.
Las emociones del espectador están muy involucradas en esta tensión dramática, porque vive en carne propia los éxitos y fracasos de su equipo.
La identificación con la camiseta es algo irracional, no obedece a reflexiones cuidadosas.
¿Podríamos extrapolar algo de esto para mejorar nuestro juego en el escenario?
¿No estamos forzando un poco las cosas?
Puede ser.
Aún así, el ejercicio comparativo no es necesariamente inútil, si nos ayuda a probar otro tipo de visión sobre los fenómenos, aunque al final descubramos que los fenómenos comparados no se parecen en nada.
Dice Ricardo Bartiz, en Cancha con Niebla, "El único elemento que nos ha permitido comprender alguna cosa de la actividad teatral, el trabajo sobre el escenario, la relación con el objeto, la adaptación, la velocidad de la respuesta, niveles de creatividad, es el fútbol".
Vos vas a ver un partido de fútbol y ves la distribución espacial, la ves.
Ves el nivel de entrenamiento que un jugador tiene.
No es que hace el entrenamiento, ves su instrumento entrenado al servicio de la actividad.
Hay actores que se relajan en escena.
Claro que ahí no hay una hinchada que le grite, "¿Por qué no te vas a relajar a la concha de tu hermana?"
En el escenario, como en la cancha, el ritmo del partido, la tensión del enfrentamiento, la entrega de los jugadores, sus destrezas técnicas, su necesidad de ganar, definen si uno se pasa un momento aburrido, emocionante o extraordinario.
Para que estos factores sucedan de forma afortunada, es necesario que el talento, la improvisación y la planeación se pasen la pelota regularmente.
El talento, entendido como la habilidad entrenada para dominar ciertas técnicas, y no como un don misterioso que es otorgado a unos pocos, es lo más visible.
Es lo que apreciamos en una primera capa de entendimiento.
Ese talento hace posible la capacidad de improvisar sobre los acontecimientos en el presente, sentir al espectador, usar esa energía, jugar con ella, cambiar el ritmo, retener la pelota, acelerar, sorprender con un pase largo.
Pero ese talento corre el riesgo de caer en el vacío si no hay una estrategia para usarlo.
Esa estrategia es la dirección que puede crearse en equipo o puede proponerla una sola persona que mira desde afuera el fenómeno.
Esa estrategia no es en primera instancia evidente.
Quien desconoce los procedimientos del juego, solo ve gente pateando una pelota que quiere meter un gol, y a veces se pregunta por qué no avanzan si la portería está del otro lado.
La estrategia permanece invisible y se la puede ir distinguiendo de a poco si uno usa la vista y se ve el movimiento en conjunto.
La estrategia del director técnico no es evidente en primera instancia.
Si bien algo se puede suponer según las posiciones de los jugadores en la cancha, hasta que empiece el juego no sabremos de qué se va a tratar el partido.
Pero además, esa propuesta se verá afectada por la propuesta estratégica del otro equipo, y entonces tanto el director como los jugadores tendrán que improvisar sobre la marcha, ajustarse al presente o sucumbir en el intento.
La estrategia resulta invisible porque, al menos en teoría, no está ahí para ser vista, sino para cumplir una función, organizar las habilidades de los jugadores a partir de una hipótesis de juego.
Lo que se ve es el juego, lo que organiza el juego es la estrategia.
Podríamos suponer que el juego tiene un objetivo principal, ganar, y se gana metiendo goles.
La estrategia entonces se diseña para meter la mayor cantidad de goles y recibirlos menos.
Pero al mismo tiempo, los aficionados esperan algo más.
Quieren goles, pero están ansiosos de que ocurra algo sorprendente, algo único, algo emocionante, algo memorable.
Podríamos también forzar un poco la metáfora del balón.
Controlar el balón es controlar la atención del público.
Ese balón tiene que llegar al fondo de la red para que la emoción desborde.
Pero si llega demasiado pronto o muchas veces, o solo de un lado de la cancha, se vuelve predecible.
No hay sorpresa, no hay asombro, ya todo queda en una demostración de destreza.
Hay partidos que mantienen la atención y la atención sin llegar al gol.
El jugador debe estar atento, concentrado, y desplegar no solo sus capacidades físicas, sino su inteligencia, su entendimiento del juego, anticipar las posibles jugadas y elegir una de ellas, aplicar su técnica para recibir, mantener el balón, mandar el pase, bloquear un avance, cerrar un espacio, meter el cuerpo.
Y mientras la atención está donde va la pelota, al mismo tiempo el equipo se reacomoda, acompaña, anticipa los movimientos del compañero para estar en la zona donde llegará el pase.
El fútbol es una competencia y el objetivo es ganar.
En este caso, el paralelismo no me gusta.
La metáfora pambolera no funciona.
Porque el objetivo del teatro no es ganarle a nadie, sino construir juntos el partido, jugar bonito, gozar, sentir los ritmos, acompañarse.
No estaba en el texto, pero voy a contar una anécdota de la secundaria a propósito de un juego donde lo que menos importa es ganar.
Cuando yo estaba en la secundaria, como ya se dijo en mi presentación, siempre fui muy malo jugando fútbol.
No era el único, por supuesto, y en la secundaria cada grupo tenía su equipo y luego se disputaba un torneo.
Por supuesto, yo no estaba en ningún equipo que hiciera ninguno de los grupos porque era malo y quedaba fuera necesariamente, pero quería jugar.
Luego me di cuenta que había muchos que estaban en la misma situación que yo y entre todos hicimos un equipo.
Es decir, hicimos el equipo de los peores.
Los peores que todavía tenían algún interés en estar allí porque también estaban los peores que de plano no se interesaban.
Ese equipo de los peores, por supuesto, perdió sistemáticamente absolutamente todos los partidos en los que jugó.
Igual íbamos y jugábamos y perdíamos y ya.
Pero recuerdo en especial el único partido que ganamos.
Por supuesto que lo recuerdo y no lo voy a olvidar nunca.
Fue un día que llovía un montón y los dos equipos, obviamente nadie de la secundaria fue a ver el juego porque estaba lloviendo.
Entonces estábamos solos en la cancha, el otro equipo y nosotros.
Y del otro equipo la mitad no habían querido jugar.
Entonces se habían metido otros.
Y entonces en esa circunstancia y con el otro equipo como sin ganas ganamos nuestro primer partido y único.
Pero lo disfrutamos realmente mucho.
Ahora, lo que yo más recuerdo de tener ese equipo era justo y lo que más disfruto de recordar ese equipo es que solo ganamos una vez y todas las demás veces jugamos para divertirnos mucho.
Y nadie entendía muy bien por qué chingados nosotros estábamos jugando ahí.
Pero nuestra necedad nos mantenía.
Cierro la anécdota paréntesis.
Eso va un poco a la pregunta de si es o no inútil.
Exacto, la inutilidad.
Si el objetivo es ganar el juego, si es ganar algo, el juego se vuelve insoportable.
El juego de los resultados es el antijuego.
Cuando se aseguran los resultados, las obras aburren.
Y yo quisiera como espectador, como director, como lo que sea, sobre todo divertirme.
Me gusta pensar en el actor como un jugador que se divierte, que puede ser también el bailarín o el performer, el jugador escénico que juega con su cuerpo y con su presente y con su presencia.
Me gusta la idea de que los actores juegan y detesto la idea de que los actores deben sufrir.
Por eso me incomodan, como público y como director, los jugadores atormentados.
Si no me divierto, ¿qué caso tiene hacer todo esto?
Si el juego no está preñado de goce, agoniza.
El goce le da vida al juego, aunque el juego se trate de dolor y muerte.
Se puede jugar a sufrir y gozar con ello.
Jugar a sufrir y gozar con ello.
Se vale jugar.
Jugar a mantener la atención, a despertar el interés.
Jugar a hacer preguntas y falsificar respuestas.
Jugar a improvisar ante lo inesperado.
Jugar a mantener las posiciones en espera de una circunstancia favorable.
Jugar mi función dentro del equipo.
Jugar a confiar en los otros.
Jugar a que podemos lo imposible.
Gracias.
Bueno, espero que hayas armado tu equipo de fútbol y te veamos en el torneo el sábado, porque nos vamos a divertir mucho entonces, ¿no?
Bueno, y a continuación tenemos a una de nuestras más queridas investigadoras del CITRO, la maestra Socorro Merlín, y ella nos cuenta.
He realizado a lo largo de mi vida dos carreras.
En el sentido de recorrer un espacio-tiempo de la vida, la académica y la de madre.
Cada una con avatares múltiples e intensos.
En la primera creo haber hecho un trabajo productivo con buenos resultados.
En la segunda, igual.
En esta última, donde irrumpen los juegos de los niños de mis hijos, adictos al fútbol y sin televisión, no tuvimos TV cuando tenían entre 8 y 10 años.
Cuando por fin, a ruegos intensos, la compramos, se lanzaron con furor a ver los partidos de fútbol televisados.
Como me propuse ganarle la batalla a la televisión para construir los simulacros, me hice también, como ellos, fan de los POMAS.
Con ustedes, la maestra Socorro Merlín.
Pues muchas gracias, Araceli.
Gracias al CITRO por la invitación, y a 8 Metros Cúbicos, por su intenso interés de estar con nosotros, y que nos enorgullecemos de eso.
Esta charla se llama "Sistemas de Teatro y Fútbol", y allí está como dibujado.
No lo voy a escribir porque lo pueden leer.
El teatro y el fútbol son dos sistemas que pertenecen al gran sistema social.
Ambos se realizan en un aquí y ahora, en una cita con su público, al que desean pase un tiempo festivo en el que su ser, con todos sus sentidos, se sienta y quede convencido de que el espectáculo al que asistió lo dejó satisfecho.
Esta es una matriz de acción en ambos sistemas.
Cada uno de los espectáculos escénicos que aquí nos congrega tienen al menos cuatro niveles de estructura en el proceso de creación y recepción.
Primero, como espectáculo que se ofrece al público.
Segundo, el rito que acontece previo al espectáculo en los camerinos del teatro o en los vestidores del estadio.
Tercero, el nivel organizacional antecesor de la función, el juego, la temporada de teatro o las ligas y liguillas.
Cuarto, el macro nivel que responde al tejido social al que pertenecen ambos espectáculos, en donde se localiza la función social de cada uno de ellos.
El por qué y para qué de ambos espectáculos.
De este modo, se cierra un bucle que termina donde empieza, con proyección hacia el futuro de un juego diferente cada vez.
El público aficionado conoce este entretejido de acciones.
El entramado de preparación y planeación tiene su momento culminante en el teatro al levantarse el telón o pasar de la luz a la oscuridad del espacio teatral cuando aparecen él, la o los actores, o bien algún efecto especial que anuncia que la función va a comenzar.
En fútbol, el primer momento emotivo de recepción se produce al salir los jugadores al campo, momento de expectación y de entrega tanto de actores como del público a la convención del juego.
Cuando todo termina, la obra o el fútbol se vuelve a la realidad cotidiana con una carga de energía volcada en la catarsis de los asistentes, en las butacas del teatro o en las gradas del estadio.
Fue un momento de fiesta.
El sujeto o objeto de los sistemas de los que hablamos se parecen en algunas categorías y en otras se distancian, se analogan porque ambos son un juego, a pesar de las resistencias actuales de algunos teatristas que piensan que el teatro no es un juego.
El filósofo Hans-Georg Gadamer define bien lo que es el juego en el arte y especifica que por este concepto no se entiende la actitud ni el estado o el espíritu del creador y para nada la libertad de una subjetividad que se ejerce en el juego, sino la manera de ser de la obra misma.
Cito a Gadamer.
Se puede decir, por ejemplo, que para el que juega, el juego no es algo serio y es justamente por eso que juega.
El juego tiene con lo serio una relación esencial que le es propia, pero más importante es el hecho de que el mismo juego comporta un hecho serio que le es propio, una seriedad que es sagrada.
Por tanto, en conducta lúdica, todos los objetivos que determinan la existencia activa y previsora no desaparecen simplemente, sino que se encuentran suspendidos de una manera singular, lo que hace que el juego sea enteramente juego.
Es lo serio del juego.
El juego logra su objetivo cuando el jugador se olvida del juego.
Y es hasta aquí la cita de Gadamer.
Por esta reflexión, consideramos que ambas manifestaciones escénicas son juego y también porque el juego al realizarse implica, asimila y entreteje al mito y al rito necesarios para la representación.
Los agentes del teatro y del fútbol son actores porque existe en ambos la convención lúdica de pensar en una realidad otra, distinta a la cotidiana.
Los jugadores representan un sitio en la cancha con un número en la camiseta y un color que los distingue.
Y el actor, y también son actores sociales que viven en la cotidianidad su personaje.
Los actores representan uno o varios personajes.
Se produce un ritual previo y posterior al hecho escénico porque durante el desarrollo, los actores de ambos juegos se muestran y muestran sus capacidades performáticas para llevar a buen término la representación.
En cuanto al receptor, los públicos tienen respuestas que colaboran en la creación y en la representación de cada juego.
El teatro y el fútbol son portadores de mitos antiguos y modernos.
El humano siempre ha tenido la necesidad de héroes y relatos que cuenten historias.
Las semejanzas y diferencias de su producción, recepción y consumo se leen en el diagrama expuesto.
En cuanto a la posteriori, hay diferencias en las respuestas de los públicos.
El fútbol propicia la reflexión desde el horizonte de expectativas de los receptores entre los que están su conocimiento o no del teatro, sus gustos, sus necesidades de todo tipo, sociales, económicas, políticas, religiosas, míticas, que tienen que ver con el hábitus modelizador de sus percepciones y análisis.
El fútbol propicia la remembranza.
En cuanto a la reflexión, los receptores, sean periodistas de la fuente, porra o público aficionado, recrean el juego, pero desde la remembranza y el conocimiento de las reglas del fútbol.
En ocasiones, el imaginario personal y colectivo se desborda hasta concebir y representar un juego que nunca pasó.
El teórico Juan Villoro comenta y describe esta acción imaginaria.
El teatro es un teatro de oro.
Las crónicas comprometen tanto a la imaginación que algunos de los grandes rapsodas han contado partidos que nunca vieron.
Aunque en el teatro y el fútbol los actores de dicho sistema se contratan por su capacidad para actuar, existen grandes diferencias que todos conocemos referentes al costo-beneficio.
El teatro no maneja el mismo tipo de valores.
Los actores se contratan por su calidad performática y por su capacidad de actuar.
Por otra parte, la vida del jugador profesional es corta, en tanto que la del actor de teatro es larga.
Estos espectáculos, íntimos unos, masivos los otros, ¿para qué sirven?
¿Qué función desempeñan ambos sistemas a nivel cultural, estético, artístico, comunicativo?
Son muy complejas, pero aquí se trata de resumir.
Ambos sistemas llenan una función social porque son necesarios a la vida humana, ávida de un tiempo festivo que lo aparte de la cotidianidad.
Esta zona, parecida al sueño, en el que el tiempo y el espacio de la realidad cotidiana no cuentan y el azar se filtra descarada o subrepticiamente.
En el fútbol, la bola juega.
En el teatro, el teatro teatra, como dice Dubati.
En palabras de Gadamer, el juego juega.
Por otro lado, ambos juegos son una oportunidad de comunicación con el otro, con los otros, una comunión, un convivio, como ya se ha dicho tantas veces, en el que por un tiempo seguimos un ritual festivo y catártico, como quiera que cada quien haga su catarsis.
El gol desencadena una exteriorización exuberante de sentimientos y junto con los jugadores, los públicos brincan, gritan, gestigulan, se abrazan y se besan, como se ha dicho tantas veces.
En el teatro es más templada la catarsis y, aunque más interior, también es intensa.
La unión propicia la identidad cultural, que es más efectiva e irrenunciable en el fútbol, sobre todo en las justas internacionales.
Si nuestro país es un mosaico inmenso de etnicidades y culturas, el fútbol logra lo que ningún gobierno ha logrado, hacer sentir a México muy hondo.
Y a pesar de la corrupción existente en los manejadores, tenemos siempre la esperanza de ganar.
Y cuando lo internacional termina, continuamos siendo fan de nuestro equipo, gane o pierda.
Gracias.
Y bueno, para finalizar con las exposiciones y comenzar ahora sí el diálogo, tenemos a Juan Campesino, ciudad de México, nació en 1973, es doctor en letras por la Universidad Nacional Autónoma de México, maestro en letras latinoamericanas por la misma institución y licenciado en literatura y ciencias del lenguaje por la Universidad del Claustro de Sor Juana, títulos que ha obtenido en todos los casos con honores.
Cuenta asimismo con estudios postdoctorales en educación artística y pedagogía teatral, avalados por el Centro Nacional de las Artes y la Universidad Pedagógica Nacional.
Ha sido becario de la Fundación Telmex, el Centro Mexicano de Escritores y del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología.
Ha publicado un centenar de textos, entre artículos, reseñas y entrevistas, en reconocidos medios impresos como el periódico El Economista, la revista Origina, El Huevo y El Paso de Gato.
Y las publicaciones arbitradas Acta Poética, Semiosis y Tópicos de Seminario.
Ha sido editor de páginas web, de revistas y suplementos.
De su autoría ha publicado los libros La Historia como ironía y Barón Goitia como historiador, con la Universidad de Guanajuato, y Estética de la ironía, con la Editorial Académica Española, y la obra de teatro Los Árabes son el enemigo, con la Universidad de Guanajuato en el 2007.
Hoy día es profesor de la Universidad de las Américas en la Ciudad de México, e investigador del Centro Nacional de Investigación, Documentación e Información Teatral Rodolfo Zigli, del Instituto Nacional de Bellas Artes.
Su padre, Gabriel Retes, dejó ir en su juventud una promisoria carrera como futbolista, para dedicarse al teatro y al cine.
Ello no impidió que le inculcara un amor por el fútbol, que va más allá de lo racional, y que, en ausencia de un talento nato y de la preparación adecuada, le permitió jugar durante 15 años ininterrumpidos en la honorabilísima Liga de Fútbol del Colegio Madrid.
Con ustedes, Juan Campesino.
Gracias, muchas gracias.
Tienes 10 minutos. 10 minutos, no, lo leo rápido.
Muchas gracias por la invitación, me parece una iniciativa fantástica esta del Coloquio de Teatro y Fútbol, creo que tiene mucho futuro y espero volver a estar aquí en el próximo mundial.
Mundial, es bien anual, además ahora va a ser como la Copa América, ¿no?
Exactamente.
Bueno, si hay algo que me sorprende, es el desprestigio del que aún hoy goza el fútbol, y en general todos los deportes, en los ámbitos cultos de nuestra sociedad, sobre todo en aquellos que se autodenominan progresistas o llanamente de izquierda.
Se lo llega a considerar al fútbol como la máxima expresión del capitalismo más despiadado, en los términos en que lo han descrito pensadores como Guy Debord y Jean Baudrillard.
Si un partido de fútbol, deporte idiota desde que se juega con los pies, tiene la capacidad de colocar al mundo frente a un televisor, es porque detrás del partido hay un sistema empeñado en idiotizar dicho mundo.
Hay que ver cuánto ganan los jugadores por su juego de niños, mientras los aficionados dejan la quincena, ganada con el sudor de su frente explotada, en la cervecería de la esquina.
De este modo resumo un argumento que he escuchado por aquí y por allá, recubierto de unas envolturas y otras.
Sin ir más lejos, a mi padre, que tenía condiciones para convertirse en profesional, había marcado un autogol y dos goles en su debut en el Azteca con el equipo de la ANDA.
Mi madre le dijo "yo me casé con un actor, no con un futbolista", y así lo condenó a ganarse la quincena, ¿cuál quincena?
Con el sudor de su frente explotada.
Pues se refería desde luego no a una estrella de televisión, otro agente de la alienación imperialista, sino a un actor de teatro, de ese arte comprometido, tras Brecht, en desengañar al público despejando la niebla de su sumisión.
Semejante argumento se olvida de que el futbol convocaba a las multitudes aún antes de la llegada de la televisión.
Olvida así mismo que, como el deporte de las patadas, el teatro ha sido también un instrumento de alienación al servicio del sistema capitalista.
¿No fue el teleteatro, me pregunto a propósito, el antecedente directo de la telenovela, idiotizadora por antonomasia de una nación entera?
La respuesta no es tan sencilla como parece.
Ante la concepción neoclásica del teatro como escuela de virtudes, virtudes morales, la virtud de ser una dama, por ejemplo, o caso del culebrón, la virtud de dejar de ser la chacha para convertirse en la señora de la casa.
Concepción de la que ni siquiera el realismo logró desprenderse.
Ante esta concepción, el arte teatral contemporáneo se atrincheró en su elemento primordial, en esa espesísima cerveza en cuya espuma se mojan los bigotes de Nietzsche.
Me refiero desde luego a la carne sufriente, o de otro modo, al cuerpo, cuerpo del delito en cualquier caso.
Ahí estartó con la virulencia de su teatro peste, dispuesta a infectar no las almas de los espectadores, sino sus fibras nerviosas.
Ahí también Grotowski, llevando el cuerpo de don Fernando al límite de la pasión calderoniana, pasión dionisiaca que con su embriaguez rebasa por mucho la claridad de las pesarosas ensoñaciones de un Strindberg o un Sartre.
Ahí también el viscerrealismo de los accionistas vieneses, enemigos de todo vegetarianismo.
Si no es que el mismo, un martirio análogo al de un constante Ryszard Zieslak, es el que ha llevado a otro cristiano a desarrollar un músculo extra en su cuadríceps femoral.
No se trata claro de cualquier cristiano, es casi un mesías, sí con doble S, como aquel que mediante un prolongado tratamiento de inyecciones convirtió su minúsculo cuerpo en el de un gladiador en todo comparable a Rolando. 12 pares de zapatos tuvo que adquirir durante el proceso.
Lo hizo para que no lo cosieran a patadas otros gladiadores con músculos adicionales en los cuadríceps femorales.
Otro tanto hizo tétis al sumergir a su vástago en las aguas de la estigia.
Ni uno ni otra contaban en pero con la saeta envenenada de Alejandro, convertido ora en Mario Götze, ora en el rey Arturo.
Ese en cuya mesa redonda, o mejor dicho en cuya cancha rectangular, a cambio de los lanzarotes y los percebales, de los lautaros y los tucapelos, se dan cita a los Alexis y los Vargas.
Ese cuyo santo grial se denomina Copa América Centenario.
También el caballero del lago y el de los pies ligeros anunciaron que se retirarían de la contienda.
En el destierro el uno, atribulado por la vacilación entre su amor por la reina y su deber con Arturo, entre su amor por la albiceleste y su deber con la blaugrana, parece que Alcid Díaz de Vidal no tiene problemas para combinar el amor por la ginebra y el deber con su majestad, o gay.
Al otro le robaron su trofeo Jules Rimet, en ese entonces carecía de alas y se llamaba Copa Briseida.
Y ni yendo a rogarle se dignó a regresar.
Hubo que matarle a Patroclo para que lo hiciera.
¿No habrá que retirarse Javier Mascherano para que Messi brille en una final?
No hay, sin embargo, suficiente sangre de dragón para bañar a todos.
Cuando la coca es poca, a Maradona le toca.
No todos pueden ser héroes, pues.
Por eso la mayoría debe o bien retroceder tres vueltas a la muralla, o bien colocar esta medio metro al frente.
Por fortuna, Cómex nos garantiza que sí habrá suficiente spray para evitar esto último.
Perfecto.
El fútbol es una épica contemporánea.
La épica de una sociedad que, habiéndose quedado sin territorios físicos que conquistar, se ha dado a la conquista de territorios simbólicos.
Y digo épica en el sentido más clásico del término, toda vez que, más que la guerra o sus protagonistas, el epos es la voz que los celebra con su canto.
Épica no es, entonces, la guerra como tal.
En todo caso, la guerra puede ser heroica.
Épica es, o puede serlo, la representación de la guerra en un poema, en una película o en un juego.
Pero, ¿qué digo en un juego?
En el juego, o a la limón con el legendario Ángel Fernández, el juego del hombre.
Del hombre, y aquí tanto los bigotes de don Ángel como toda proporción guardada, los míos, se mojan en la espuma del género y no de la especie, porque, insisto, se juega con los pies.
¿Alguna vez se ha dicho de una dama que piensa con las patas?
Sí, así en el ajedrez, que únicamente emplea las manos.
El fútbol se jugara con la cabeza, como pretenden muchos de los que se quedan tras la línea de cal.
Los delanteros que piensan en su gol antes de meterlo, no lo fallarían, como de hecho ocurre aún en los casos en que se trata de un gol de cabeza.
Los goles no se piensan, se hacen, y se hacen con los pies.
En el fútbol la cabeza no es más que otra extensión del empeine, como lo demuestra el pie de atleta que le escoce a nuestro nueve de la fama entre los caireles.
En la cancha, el único ángulo desde el que se puede pensar es aquel, y aquí resuena el canto del perro Bermúdez, "donde las arañas tejen su nido".
¿Ahora qué?
Por tratarse más que de un relato de la guerra, de una reproducción de la misma, la pierna izquierda de Roberto Carlos no hablaba de cañones, era un cañón.
El deporte de los panaderos tiene mucho de drama.
Para empezar, se desarrolla en un escenario, en tiempo real.
Entre personajes y público, como en los antiguos certámenes áticos, se sitúan coros y corifeos, acá los llaman porras, allabarras, hinchadas, acuya.
Cuando la materia es trágica, el personaje de alta estirpe experimenta una peripecia y cae precipitadamente en la catástrofe.
Los colosos fallan el último tiro de la tanda de definición, sufren un desmayo fenomenal antes del partido por el título, le escupen o le propinan un cabezazo al rival más cercano, o bien reciben siete anotaciones en su propia cancha, ante el terror y la compasión de su público catártico.
¿Quién no exige, ante semejante amartia y tras la respectiva anagnórisis, que el causante de la peste se arranque los pies, o que cuando menos vaya a sentarse en la banca con cara de "trágame tierra"?
Cuando a cambio se trata de una comedia, los personajes de baja ralea se salen, mediante artimañas y una poca de suerte, con la suya.
Debido a la descalificación de un equipo clasificado, los villanos pasan de último momento y se roban la copa del torneo, o ganan la liga alimentándose de pizza apenas un año después de haber ascendido, o bien recurren a un deux ex manus para arrancarse de tajo esa espina clavada en el Atlántico Sur.
En cualquier caso, siempre queda una moraleja, juego de manos es de villanos, no hagas limpieza étnica en tu territorio si no quieres que te descalifiquen de la Eurocopa, no se puede ser al mismo tiempo cantinero y goleador de la liga.
Abundan también los partidramas satíricos en los que la ocarina de Marcias o la bandera de alguno de sus hilenos, inclinan arbitraria y chocarreramente la balanza hacia uno de sus lados, dando por buen un gol fantasma o por el contrario anulando uno legítimo.
Se trata de cotejos misceláneos, tragicómicos y fantásticos, en los que el área grande puede convertirse en fosa de clavados y el círculo central en cuadrilátero de boxeo.
Se dan a sí mismo los partidos farsa, como el 6 por 0 con que Argentina despachó de su fiesta mundialista al equipo de la franja, tan mochado.
No, no mochó, ese es el otro equipo de la franja.
Los partidos pieza, que acaban tal como empezaron, con par de roscas.
Los partidos melodrama, así la final de la Champions que hace un par de años el Madrid le ganó al Atlético en el alargue.
Aún hay más, diría Raúl Velasco.
En tanto que épica y drama contemporáneos, al final en la cancha siempre hay ganadores y perdedores.
El fútbol ofrece a los aficionados un modelo aspiracional mediante la representación plástica de las estructuras y los procesos sociales.
Por cuanto a las primeras, la semejanza resulta obvia.
Los equipos no solamente comportan una ordenación jerárquica análoga a la de la sociedad industrial, en la que se observan un órgano de gobierno, directivos, entrenadores, cuerpo técnico y tres estratos socioeconómicos fundamentales, clase baja o trabajadora, defensas, clase media, armadores y contención, y clase alta, delanteros.
Sino que las formaciones, 4-4-2, 4-3-3, 4-5-1, ofrecen la forma de aquella pirámide que Kandinsky y con él muchos más empleaba para representar el orden social.
No por nada los equipos también se conocen como escuadras, en cuya punta se sitúan los que ganan más porque, como los analistas simbólicos de Robert Reich, con su creatividad y eficacia te resuelven el partido en un santiamén.
Por eso venden más camisetas y obtienen grandes patrocinios.
A cambio de los trabajadores rutinarios, llámense los defensores, se espera que trabajen con eficiencia, que aprieten la pierna y aguanten.
A ellos, como al obrero, un momento de distracción les puede costar el partido o un dedo de la mano.
En el medio, los volantes prestan sus servicios.
Trabajan a destajo o son pequeños empresarios.
Lo suyo es el comercio, llevar la pelota de un lugar a otro, propiciar el intercambio de balones.
Se trata del mismo sistema de competencias que hoy por hoy regula las normas laborales y educativas en todo el mundo y que determina el modelo democrático planetario.
Doy con ello en el tema de los procesos sociales, donde la analogía tiene tanto que ver con la economía como con la política.
Ahí el fútbol replica la paridad de oportunidades que empapa el ideal democrático.
No importa que hayas salido de una zona residencial, de una favela o de una alcantarilla.
Si tienes condiciones y trabajas con determinación, siempre podrás convertirte en el próximo Franz Beckenbauer, en el próximo Pavel Nedved o el próximo Apache Tevez.
Más todavía, si lo consigues, te convertirás en un orgullo para tus mayores, en la inspiración de tus contemporáneos y en un ejemplo para las generaciones venideras.
No es la moda de la hoy en extinción época moderna, moderna de modas.
Impuesta siempre desde arriba la que determina el éxito de un futbolista.
Su popularidad se construye a la inversa, desde abajo, sobre la base de las competencias adquiridas y los logros acumulados, tal como dicta la sociedad actual con su meritocracia.
En fin, mientras el árbitro no pite el final, todo puede pasar.
Pero pasará necesariamente por el cuerpo, el cuerpo técnico, el cuerpo arbitral, el cuerpo médico, el cuerpo a cuerpo.
No es casual ni banal.
El de policía también es un cuerpo, como el de bomberos.
El de administradores es en cambio un consejo, la de director es una mesa y el de investigador es un colegio.
Está cierto el cuerpo académico, con la salvedad de que así lo estipulan, por ejemplo, los estatutos de nuestro centro, el colegio de investigadores es solamente un órgano, mientras que el cuerpo académico representa un organismo completo.
Representa, he ahí la clave.
La auténtica representación se efectúa con el cuerpo.
Tan es así que, cualquier aficionado al teatro lo sabe, en el escenario toda palabra es acción.
Ahí, como en ningún otro sitio, el verbo se hace carne.
La cancha, insisto, también es un escenario, en el que se representa una guerra.
Y al igual que la de las tablas, esta representación cuenta con un libreto que el director técnico comunica verbalmente, de forma oral o escrita, da lo mismo, a los jugadores con la esperanza, con la confianza, de que con su cuerpo, estos convertirán la palabra en acción.
Si acaso, la diferencia más notable es que la cancha da mucho más espacio a la improvisación.
Si bien la misma se diluye, trayendo a colación el performance, el happening, el stand-up, y en especial las competencias escénicas que practican grupos, como la liga de improvisación.
Se diluye también al considerar que, si bien la cancha da espacio a la libre expresión, el cronómetro le resta tiempo, le impone límites.
Regreso.
El lugar de privilegio que ocupa el cuerpo, así en los deportes como en las artes escénicas, auténticamente contemporáneas, revista una impronta paradójica que se sitúa en el marco del positivismo dominante desde hace un par de centurias, pero cuyos orígenes pueden rastrearse milenios atrás, hasta la concepción tradicional del cuerpo, en contraste con la del alma, virtuosa y eterna, como receptáculo accidental del vicio y la degeneración.
Claro que resultaría alegórica o irónica, y no paradójica, las partes altas son altas y las bajas, bajas, la necesidad es la necesidad y la contingencia, contingencia.
De no ser por la gran exposición mediática de la que ha sido objeto el cuerpo a lo largo del siglo más reciente, y en la misma medida por el complejo proceso socio-económico, deudor del psicoanálisis tanto como del marxismo, que ha dado en llamarse revolución sexual.
En este sentido, me pregunto si los cuerpos de Messi, de Cristiano Ronaldo y compañía, constituyen receptáculos del vicio o fuentes de virtud, objetos del deseo o sujetos del deber.
Supongo que cuando promocionan su marca de calzoncillos apelan a lo primero, al tiempo que lo segundo brilla cuando se quitan la playera para regalársela a un niño, en especial si éste padece cáncer terminal.
En ambos casos, y esto reviste no poca importancia, el cuerpo que queda a la vista es un lienzo tapizado de representaciones gráficas.
Regreso aún más.
Quienes en el ámbito del teatro y en general de la cultura desprecian el fútbol por considerarlo trivial y enajenante, olvidan que la reivindicación del cuerpo que suponen tanto las artes como los deportes, arrastra todavía para unas y otros el lastre del desprecio y el resentimiento.
¿Qué escándalo que gane más y sea más famoso Zlatan Ibrahimovic que Noam Chomsky, Tom Cruise que Stephen Hawking, cuando lo único que hacen es el uno meter la pierna y poner la carota el otro?
Así, qué chiste.
Entre los que hacemos teatro en nuestro país, la cuestión se agrava porque ha llegado a olvidarse que, en nuestro oficio, la materia de trabajo es el mismo cuerpo.
Habrá que ver cuántos de los actores que hoy inundan nuestros escenarios, comerciales o no, independientes o no, de arte o de entretenimiento, cuentan con el acondicionamiento físico del mentado Ryszard Cieslak.
En México, y aquí empiezo con la política que prometí, en realidad no la prometí porque me salté esa parte, pero bueno.
En México, los círculos intelectuales cargan aún con la herencia española que veía cierta indignidad en el trabajo manual, el pedestre ni se diga.
No es un secreto que España se quedó a la saga del desarrollo industrial a causa de dicho desprecio y que no tuvo ningún impulso manufacturero que transmitir a sus colonias, a no ser por el trabajo de la tierra y la extracción de materia prima.
La segunda mitad del siglo XIX incorporó a esta problemática, en México repito, la concepción positivista de la educación, la administración y el mercado laboral.
Concepción de la que no hemos conseguido desembarazarnos y cuyo centro invaden las ciencias y las tecnologías en detrimento de otras materias como las culturas física, ética y estética.
No queramos tapar el sol con un dedo.
Que Frida Kahlo se haya convertido en un fenómeno global, que González Iñarritu gane Óscares, Toledo premios Príncipe Claus y Rafa Márquez ligas europeas, no significa que las artes y los deportes hayan dejado de ocupar un lugar accesorio, cuando no de plano marginal, en el marco de prioridades socioeconómicas de las políticas administrativas.
Sólo así se comprende que una isla del tamaño de Yucatán tenga más medallas de oro en una sola división del boxeo olímpico que nuestro país en todos los deportes.
Y que un país con una población apenas mayor que la de las delegaciones Istapalapa y Gustavo Amadero haya obtenido más logros futbolísticos en dos décadas que México en toda su historia.
Puede que la cosa haya empezado a variar, que tanto artistas como deportistas hayan comenzado a ser reconocidos por derecho propio, lo que sin duda se debe, entre otros factores, a iniciativas como la de este foro, al que habiendo dicho, esto también me lo salté, al que concedo toda la seriedad que se merece y sin la cual resulta improbable que nuestro teatro y nuestro fútbol salgan de la ratonera.
Muchas gracias.
Por cinco, pero está bien, estamos en tiempo.
Finalmente siempre nos queda la pregunta, ¿qué hace el fútbol para llamar multitudes?
¿Y qué hace el teatro?
Obviamente son dos actividades distintas, pero que finalmente en su esencia llevan al convivio, a la comunidad, al estar con el otro, al reconocernos también en el otro.
Y pues bueno, ahora sí ya el tiempo se nos acabó.
Y bueno, agradecer a esta alineación de primera que estuvo con nosotros hoy por la tarde.
Muchísimas gracias a Juan Claudio, a Antonio, a Lorena, a Ricardo, a la maestra Merlín, a Martín y por supuesto a todos los que nos acompañaron aquí en presencia y vía streaming.
Gracias.
(Aplausos) (Música) [Música]
SISTEMA
ATSC
DOCUMENTO_DIGITALIZADO
Sí
FECHA_AUTORIZACION
24/08/2016
FECHA_INGRESO_ENTREGA
19/12/2024
INGESTO
Jorge Vallejo Gutierrez
BARRA
Divulgación
TEMPORADA
3
CONDUCTOR
Araceli Rebollo Hernández, Coordinadora de Difusión del Centro Nacional de Investigación, Documentación e Información Teatral Rodolfo Usigli.
TEMA_CONTENIDO
Teatro y futbol
FECHA_GRABACION
24/08/2016
LOCACION
CLASIFICACION
A
IDIOMA_ORIGINAL
Español
REALIZACION
Ernesto Leobardo Romero Flores
PRODUCCION
Socorro López Arenas | Miriam Arreguín Ruiz

