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MW-21108
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La teatralidad en la cancha
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El Coloquio Internacional de Teatro y Fútbol celebra su tercera edición, explorando las conexiones y diferencias entre estos dos universos apasionantes. A través de conferencias y actividades diseñadas como ensayos y entrenamientos, reflexionamos sobre cómo el arte y la ciencia convergen en estas disciplinas.
Pensemos que jugamos la jornada tres del campeonato; acumulando minutos para mejorar el juego colectivo, conservamos el plantel que nos ascendió a primera división, incorporando refuerzos de primer nivel. La técnica mejora y el juego fluye.
Pensemos que presentamos la tercera función de la temporada; los sobresaltos del estreno han sido superados, las relaciones se afianzan y el ritmo es una resultante estable. La técnica mejora y el juego fluye.
Jorge Dubatti e Ignacio Escárcega hicieron evidente la asimetría y las similitudes que existen entre el teatro y el fútbol. Basándose en la definición de teatralidad, llegaron a la conclusión de que ambas prácticas pertenecen a la misma familia y que todos los seres humanos desarrollamos la teatralidad en todo momento con el objetivo de organizar la mirada del otro.
En esta edición, celebramos cómo el teatro y el fútbol generan vínculos humanos, construyen emociones compartidas y transforman nuestra manera de interactuar con el mundo.
EXTRACTO_SERIE
En 2013, el grupo 8M3 y el CITRU organizaron el Coloquio Teatro y Fútbol, reuniendo a creadores teatrales y aficionados al deporte para explorar las similitudes entre ambos y la influencia del fútbol en figuras emergentes de la escena mexicana.
TITULO_PROGRAMA
SUBTITULO_PROGRAMA
Lectura Dramatizada
SINOPSIS_PROGRAMA
Ella es la goleadora del Club Atlético Once Unidos. Él es mudo y poeta; escribe las canciones del mismo club. A ella le pone triste que él no pueda cantar las canciones que escribe. Él está enamorado de ella y de sus goles. Ella lo va a invitar a jugar un partido en la arena, donde se van a pisar la piel. Él no sabe jugar al fútbol, pero eso no importa. Ella le va a decir que la quieren de un club de Buenos Aires y él va a aspirar la colonia para soportarlo. Ella va a sacar una toalla de su mochila y se van a envolver los dos, como recién nacidos.
EXTRACTO_PROGRAMA
Él está enamorado de ella y de sus goles. Ella lo va a invitar a jugar un partido en la arena. Él no sabe jugar al fútbol, pero eso no importa. Ella le va a decir que la quieren de un club de Buenos Aires y él va a aspirar la colonia para soportarlo.
N_PROGRAMA
4
N_TOTAL_PROGRAMAS
7
DURACION_TOTAL
00:35:08:00
PARTICIPANTES
Romina Coccio, actriz y docente especializada en técnica de improvisación teatral.
SEMBLANZA_PARTICIPANTE
Romina Coccio
Actriz y docente especializada en Técnica de Improvisación Teatral. Realizó sus estudios en Buenos Aires, Argentina. En 1996, junto a un grupo de actores, fundó la compañía de improvisación teatral “Sucesos Argentinos”, con la cual trabajó durante 8 años ininterrumpidos. En 2005 se mudó a la Ciudad de México, donde ha participado en más de 25 montajes teatrales. Ha llevado sus seminarios a Perú, Colombia, Argentina, México, Uruguay, Costa Rica y España.
José Juan Meraz
Actor, director y networker. Egresado del Centro Universitario de Teatro (CUT) de la UNAM, ha trabajado en más de 30 obras teatrales con prestigiosos actores y directores de México, en producciones como Los Endebles dirigida por Boris Schoemann y Animales Insólitos por Martin Acosta. En cine, ha participado en más de 15 largometrajes, destacando El Gavilán de la Sierra, Exxxorcismos, Año Bisiesto, La Mitad del Mundo y Familia Gang. En televisión, ha aparecido en series y telenovelas para varias plataformas, incluyendo El Señor de los Cielos, La Búsqueda y La Candidata. También se ha desarrollado con éxito como empresario en el negocio del cannabis medicinal y en negocios digitales.
TIPO_ACTIVIDAD
DISCIPLINA
PALABRAS_CLAVE
TRANSCRIPCION
[Música] Los días de la fragilidad.
Miramar, provincia de Buenos Aires.
Invierno.
Ella y yo.
Primer tiempo.
[Música] [Música] Hoy no pude dejar de mirarte desde el corazón de la popular local.
Te miré todo el tiempo a vos.
¿Cómo aguantás la pelota de espaldas?
¿Cómo atrincherás los pies al pasto y nadie, aunque quiera, te mueve?
¿Cómo subís los codos y pones el culo para cuidar el fútbol como si fuera tu cría?
¿Cómo corres todas las putas pelotas como si fueran la última?
¿Cómo?
¡Decime cómo!
Cuando ya sentía que perdíamos, que el partido se nos iba, que no quedaba fuerza, te llovió esa pelota sucia, la mataste bien muerta, aguantaste a las defensoras inmensas y cuando pudiste meter el giro, te llenaste la pata y sacaste un escupitajo seco al segundo palo, cuando no había tiro ángulo, nada, me clavé a la reja.
Y si hubieses tenido voz, el grito habría salido con la fuerza de uno de esos temporales que se llevan en pleno invierno los balnearios adentro del mar.
Cuando llegué a casa y pude dormir, te me aparecías entre los sueños, con las medias, las vendas, los botines puestos, con la camiseta embarrada clavada al cuerpo, y con las rodillas llenas de sangre golpeándote el pecho me decías...
¿Te gusta cómo de fino?
¿Tengo buena pegada?
¿Te gusta mi fútbol?
Me levanté agitado en el medio de la noche y caminaste al mar.
En la orilla te dibujé a vos, el pelo lleno de arena que cae sobre el nueve tatuado de tu espalda.
Después borré el dibujo y me metí al agua para vaciarme, para ver si ibas renando olas, el frío del invierno este me pegaba en la cara y me limpiaba un toque las imágenes, pero ni filtrando las olas dejabas de aparecerte vos, trotando sola en la inmensidad del estadio de General Alvarado y miles de personas, todas iguales a mí, coreando tu nombre en la popular local.
¡Hija de puta!
Me gustás un montón.
Tanto, tanto que me cuesta respirar, mira, como si me taparan con una bolsa de nylon la cara así.
Y yo, yo juego bien.
¿Cómo juego yo?
¿Te gusta cómo juego yo?
Cuando mi mamá quedó embarazada de mí, venía todos los domingos a la cancha del Once Unidos.
Durante esos nueve meses nunca perdimos un partido de local.
Mamá tenía miedo que cuando yo naciera perdiéramos el invicto, pero no.
Nací y seguimos ganando.
El once no es un club, es un equipo, es una pasión, es un sentimiento, no es chamuyo de televisión.
Vos sos la enfermedad mental que no quiero curarme.
Vos sos la falopa que corre en mis venas y llevo en la sangre.
Y a vos, amigo unido, yo te digo, oh, oh.
Y a vos, amigo unido, yo te digo, oh, oh.
Y a vos, amigo unido, yo te digo que sos amargo, sos pecho frío, que sos amargo, sos pecho frío, que sos amargo, sos tiratiro.
El once no es un club, es un equipo, es una pasión, es un sentimiento, no es chamuyo de televisión.
Vos sos la enfermedad mental que no quiero curarme.
Vos sos la falopa que corre en mis venas y llevo en la sangre.
Y a vos, amigo unido, yo te digo, oh, oh.
Y a vos, amigo unido, yo te digo, oh, oh.
Y a vos, amigo unido, yo te digo que sos amargo, sos tiratiro, que sos amargo, sos pecho frío, que sos amargo, sos pecho frío.
Mamá me cantaba esas canciones de cuna para dormir.
Canciones de cuna para bebés del Club Atlético Once Unidos.
Decía que cada vez que el once llegaba a posición de gol, yo le pateaba la panza.
Antes de nacer yo ya sabía definir, ma.
El primer regalo que me acuerdo fue una pelota caprichito naranja plastificada.
Esta.
Que brillaba un montón y me la pasaba todo el día en el mar jugando al cabeza con mi mamá.
La que perdía tenía que tragar un poco de agua.
Mi mamá me obligaba a ganar.
Si perdés, nena, vas a tragar tanta agua que te vas a quedar muda.
Así.
Como vos.
Mudo.
Como vos.
Muchas horas adentro del mar, en Miramar, en invierno, te pueden hacer perder la voz.
Decía mamá.
A ella le debo todo mi fútbol.
Por eso los goles los festejo señalando el mar.
Por eso siempre después de un gol corro al banco y me tiro el pelo para atrás.
El aguatero me espera con el bidón, me moja el pelo como en un bautismo.
Como cuando a mi mamá se lo mojaba y se hacía así para atrás, la peinadita.
Así.
Hoy, cuando hice el gol, te miré un toque después de la peinadita.
Miré para tu tablón en plena parabalancha.
Quise ver cómo gritabas vos un gol.
Un gol mío.
Me da intriga.
Cosa me da que te guste tanto el fútbol y no puedas gritar el gol.
Quise ver cómo hacías, si cambiabas el grito por otra cosa.
Y me asustó un poco verte clavado a la reja de la popu con la boca abierta.
Como si pudiera salir de ahí algo parecido a un grito de gol.
Y no supe si hacías como que gritabas el gol o si todavía lo seguías intentando.
Mantenías la ilusión de sacar un sonido afuera.
No sé.
Tus canciones son hermosas.
Las canciones del once que escribís.
"Sos un poeta", dicen todos acá en el club.
Es una lástima que no puedas cantar las mismas canciones que vos escribís.
O no, capaz que no, no sé yo.
Capaz que te alcanza con que canten los demás.
Digo cualquiera.
Como si tampoco pudieras escucharme.
Pero escuchar, escuchar, sí.
¿No?
¿Qué me mirás?
¿Qué tengo?
Ah, es sangre.
Sangre en la rodilla.
Fue cuando fui al piso a morir en esa pelota dividida en el segundo tiempo.
Estuve un poco imprecisa.
Un toque y me desconcentré.
Pensé todo el partido en el primer mano a mano.
Erré por pensar.
Tuve demasiado tiempo.
A veces no está bueno tener demasiado tiempo para pensar.
Defino mejor si me apuran.
No, no, no, no.
Agua oxigenada no.
Me arde.
Prefiero que se vea un poco la sangre al aire.
Porque es como un trofeo.
Una muestra de que dejé la vida en todas las pelotas.
Mamá era poeta también.
Como vos.
Decía que mi sangre en la rodilla era un pequeño archipiélago rojo.
Quiero que me cures.
Que me pongas agua oxigenada.
Que me soples fuerte en la herida.
Pero eso es pedirte un montón.
Prefiero pensar todo esto en voz alta y no decirte nada.
Quedarme con tu boca abierta, pegada a la reja de la popular.
Con el grito de gol ahogado, como un niño.
Con el grito de gol ahogado, como si el gol valiera tanto.
Que te olvidás, que no podés gritarlo.
¿Me dejas limpiar de la sangre?
Tengo agua oxigenada.
Eso pienso, pero no le hago la seña.
Ahora se va a hacer de noche.
Van a cerrar las puertas del estadio y yo me voy a quedar solo en un rincón de la popular.
Y voy a inventar canciones para el equipo de bandas que ya no existen.
Que ya no salvieron después del primer disco.
O de cantantes en coma.
Y me voy a decir a mí que nada de eso parece importante comparado con tu fútbol.
Sí, porque algunos goles tuyos son re difíciles.
Cosas imposibles de hacer.
Maniobras que me flashean la piel.
Grandes hazañas históricas.
Mira, comparado con un gol tuyo, llegar a la luna es una gilada, mi amor.
Lo complejo es captar tu atención.
Decirte "acá estoy".
Hacerte centellar en la cámara de tu cerebro una simple idea.
Soy el mudo del once.
Soy lo que necesitas.
Yo soy el mudo del once.
Soy lo que necesitas.
Yo soy el mudo del once.
Eso para mí es llegar a la luna.
Aunque en esta cancha no importa la luna.
¿Y qué importa si existe la luna o no?
¿O qué carajos es la luna?
Lo difícil es explicar cosas como que me gustás un montón.
Que quiero jugar en tu equipo, con vos.
Y quizá eso vaya a morirse.
Vos, nuestro equipo, yo.
Como un gol en algún momento.
Pero igual, acá estás vos.
Y acá está tu gol.
Y mirá, ahora estás pasando, ¿sí?
Y te vas a bañar.
Y salís del vestuario y después te subís al bondi.
Y moves la mano atrás de una ventanilla que refleja esas cosas.
Justamente que es la luna.
Medio tiempo.
Al otro domingo, la espero en el pasillo del túnel del vestuario visitante.
Soy una sombra con volumen y peso, pienso.
Soy un barra brava del once samurai.
Vamos, vamos nosotros, vamos.
¡Ah, mirá, mirá!
Ahí está, ahí está.
¡Gol!
¡Gol!
¡Vamos, carajo!
¡Vamos, vamos!
¡Vamos otra vez a ganar con un gol suyo!
De nuevo vos, la puta madre, viejo.
Grande.
¡Vamos!
Me le acerco y le agito de uno.
Léeme los labios, mudo.
¿Querés jugar un partido contra mí?
Un uno a uno.
Move la cabeza y decime.
En las alcantarillas del asfalto de casa.
Las alcantarillas hacen de arco.
O mejor en la arena.
En la arena.
¿Querés?
No, hoy no.
Mañana.
Arena mojada, dos buzos para armar los arcos.
Antes de que caiga el sol.
En la bajada de la once.
Sí, mañana.
Pensé en aspirar colonia Paco.
Cuando era chico y tenía miedo y me dolía la panza, mi mamá me daba colonia Paco para que me calmara.
¡Yo llevo la pelota!
A veces pienso en esa tarde en que me desafió a jugar un fútbol contra ella como en una escena de un sueño de una película miramarense, muda, que todavía se sigue filmando.
¡Hasta mañana!
¡Lleva canilleras!
Segundo tiempo.
No poder entrar en el pensamiento del otro.
Eso es insoportable.
¿Qué significa que ella quiera jugar un fútbol contra mí a todo o nada?
Esa noche no puedo dormir, pienso, hasta quedarme seco como una lagartija en verano.
Cuando entro al sueño, me ataca la pesadilla.
Yo, mordiendo torpe el hueso del tobillo de ella.
Yo, mordiendo el hueso del tobillo de ella.
¡Yo!
¡Yo!
¡Yo!
Nada de eso pasa.
Chamuyo mental.
Me despierto.
Hoy es el día.
Y es el día, mudo.
Hoy es el día, mudo, me digo, para despertar en una charla técnica privada para mí.
Hoy vas a jugar un fútbol contra ella y no te vas a guardar nada.
Vas a dejar la vida acá.
Vas a ir a cada pelota como si fuera la última.
Alma y huevo.
Sangre mafia, mudo.
Hoy vas a comerle el hígado.
Hoy vas a jugar un uno contra uno contra ella donde se van a pisar la piel, viejo.
Hoy somos nosotros.
Vamos, nosotros.
Hoy vas a dejar la vida en esa arena.
Y con cada parte de tu cuerpo que se rompa vas a escribir una canción sobre lo difícil que es enamorarse de una goleadora como ella y no poder gritar ninguna de sus goles.
¡Mudo!
Va.
Vamos, vamos.
Me levanto y camino por la playa, cubierto por caracoles que crujen y se quiebran con cada paso que doy.
Ah, mirá.
Las olas rompiendo se parecen un poco a mí.
El sonido de una persona que ahueca los labios, retrae la lengua contra el paladar y suelta una leve exclamación haciendo silencio, algo...
Así.
En la otra escollera alcanzo a ver su sombra.
Parte de esa sombra se acumula en mi pecho y aspiro colonia Paco.
Una, dos, tres veces.
Son los días de la fragilidad.
De pronto una fuerza se anima, viene desde el fondo de los tiempos y ella me espera ahí sentada en la arena como un animal quieto y taciturno.
Y yo...
Yo camino hacia ella con la decisión propia de un mudo, drogado en una fiesta de verano.
El mudo llega sonriendo, con la boca abierta, morfándose un sol como si necesitara mostrar que su boca sirve para algo.
Yo tengo nervios, me froto átomo desinflamante en el cuádriceps, soy un animal que se rasca fuerte en la herida que le duele.
La noche anterior costó dormir.
Soñé que yo era Messi, pero conservando mi cuerpo.
Caminaba a la cancha con su paciencia samurai, hasta que la electricidad del partido me enchufaba y en un súbito arrebato de vértigo enfermo rompía todo con una jugada galáctica.
Como si necesitara el descanso para activar la fuerza, la calma para la paliza.
Como en ese poema que mamá me leía donde un chinito dormía mucho para poder cruzar un desierto de bambúes de arena.
Comeré y beberé despacio para tener la fuerza de quien mira un árbol por primera vez.
Messi es un anime.
Son Goku, el hijo de Son Goku.
Y yo soñé que era Messi y cuando desperté no supe si era yo soñando ser Messi o si era Messi el que flasheaba ser yo.
Hace tiempo que ya no le pido goles a Dios y prefiero besar, antes de un partido importante, la estampita de un santo paraguayo que parece mucho a mi mamá de viejita.
Este es el santito.
Y esta es mi mamá.
Tengo miedo.
Hago como que no, pero sí.
Miedo de perder el partido.
Miedo de no parecerme a Messi más que en sueños.
Miedo de que el mudo me guste un montón.
Miedo de que su fútbol se parezca al mío.
Miedo de que él no pueda nunca gritar un gol.
Miedo de que él.
El partido está por empezar.
El mudo arma dos montañitas de arena para su arco.
Yo pongo dos buzos en el mío.
Él usa la remera suplente del Once Unidos adentro del pantalón.
Yo uso la remera titular del Once Unidos afuera del pantalón.
Él se saca las medias.
Yo me ato el pelo.
Llego y casi ni la saludo.
El hongo mis músculos frente a ella solo.
Solo como un perro que solo tiene fe en su carne.
Cualquiera.
Cualquiera, me digo.
Un fútbol contra el mudo en Miramar en invierno.
Y miro a los costados por si alguien del pueblo me mira.
Pero no hay nadie en este desierto líquido.
El partido empieza.
Voy a regularme un toque.
Voy a guardarme un toque.
No le voy a enrostrar de una a mi fútbol todo entero.
¿La pero o salgo?
No, la pero.
Salgo, vamos.
Salgo, quito.
Si me va, si me va.
Mira, se deja.
No, se está dejando.
No juega, en serio.
Mira qué cara de perra.
Se guarda, se deja.
Estoy jugando bien.
No, no, no estás jugando bien, mudo.
La arena te pesa, la pelota te pesa, el partido te pesa.
Vos pesas, mudo.
Es una re ternura este mudo.
Le pego una patada en el tobillo.
Una excusa para sentirle la piel.
Ay, mirá.
Algo le salió de la boca.
Se le chorreó algo.
De la boca, un chirrido, un gemido.
Algo.
Animal.
Saltamos a disputar una pelota en el área dividida.
Y me entra un codazo de ella de lleno en toda la nariz.
¡Pah!
Un mar rojo.
Mi sangre no le importa, no se para el partido.
No, no, hay que hacer como si valiera ese codo en la nariz rota.
Claro, como si mi sangre no saliera, no siguiera saliendo.
No, no, cómo no.
Mirá, mirá, está saliendo, cómo no.
Pero la sangre sigue, empecinaba a crecer.
Y ella pone su mano en su camiseta.
Y me limpia.
Y nos llenamos cada vez más de sangre.
La cara, las manos, el pelo, los labios.
Hasta el llanto me sale rojo.
Y me despega.
Y me despega.
Y me despega.
Y me despega.
Y me despega.
Y me despega.
Y me despega.
Y me despega.
Y me despega.
Y me despega.
Y me despega.
Y me despega.
Y me despega.
Y me despega.
Y me despega.
Y me despega.
Y me despega.
Y me despega.
Y me despega.
Y me despega.
Y me despega.
Y me despega.
Y me despega.
Y me despega.
Y me despega.
Y me despega.
¿Hablaste?
Tenés linda voz.
Hablás lindo, mudo.
¡No, no!
Vamos al mar.
¡Dale!
Al mar, ahora.
A no hacer pie.
¡Dale, vamos al mar!
A barrenar olas de pecho.
A reconciliarnos con todos los que están adentro en Miramar en invierno, sin trajes de neoprene.
Como los viejos surfistas, que se la revancaban hasta que se les rompían los huesos.
¡Dale!
Ella me pide que hagamos una metida crepuscular.
Ella me pide que hagamos una metida crepuscular mientras sube el viento de la amenaza de muerte que se viene.
¿Cómo te sobrevivo mañana?
¿Cómo te sobrevivo, eh?
Decime.
¿Qué voy a hacer mañana cuando ya tenga el pelo seco para soportar el sonido de un cambio que se pasó mal en el rápido del sur, que atraviesa el arco de General Alvarado y te arranca súbita de tu nudo para siempre?
Decime.
Témperele y mientras apresura el pánico dentro de mi cabeza, eh.
Entonces nadamos y somos dos cuerpos concentrados en la falsa gracia de permanecer juntos en su penso todavía.
¿Foto?
¿Foto?
¿Selfie?
Y ahí quedamos, los dos guardados ahí, en ese simulacro de la pantalla y la luz.
Dos anacrónicos del amor sonriendo con el pelo mojado, a punto de morder la arena gracias a una ola que crece como una lengua de serpiente, rabiosa encima de nosotros.
[Llantos] Ahora que nuestro partido toca su fin, la escena se cierra, cae la anestesia de la noche local arrancada como un diente cubriendo toda posible respiración.
Cuando estoy a punto de aspirar colonia Paco, ni siquiera vas a llorar pienso.
Voy a pasar este invierno a fuerza de nebulización, eh.
Débil como una vainilla en un vaso de leche.
Ella saca de su mochila una toalla de los 11 unidos y nos envuelve a los dos, como recién nacidos, como bebés en coma que apenas pueden respirar.
Que apenas pueden.
Que apenas.
Y aplastados los cuerpos en la arena, con todo el peso nos dormimos.
[Suspiro] Y eso... es lo mejor que nos puede pasar.
Porque mucho más allá del sueño, mucho más acá de la pesadilla, está Témperele.
Sí, está Témperele.
Y está su fútbol en el exterior de mí.
Y somos ella y yo convertidos en... en tierra, en humo, en polvo, en fútbol, en... en nada, en nada, en nada.
Dejá de hablar, mudo.
[Toc, toc] Mudo tribunero mío.
Exagera, por favor.
Basta.
El ruido... dejá.
Amor, te canto una canción.
Una de cuna.
Te gusta, nos deja tranquilos a los dos.
En la canción, estamos adentro los dos.
Días de quietud, imaginarte a vos lleno de sol.
Dormí, dormí con esta canción que te canto.
Tranquilo, no hables.
Dormamos.
Así, un poquito.
La canción dice...
Dame tierna luz, paz, lenta voz.
Días de quietud, imaginarte a vos lleno de sol.
Quiero entrar, puerto en el mar, y frágil estarás, lleno de sol.
Estamos perdidos en el mar.
Nadamos, andar sin sentido.
Sin poder buscarnos hoy.
Eso.
Te canto.
Ya está, ya pasó.
Mudo.
No hables.
Mi modo.
Shh.
Shh.
[Pausa] [Música] Estábamos los dos, mirando el mar.
Cuando la noche moría.
Cómo moría lo nuestro.
Juro que no lo sabía.
Miré para mi derecha.
Vi que desaparecías.
Grité con todas mis fuerzas.
Y noté que no me oías.
Me quedé.
Toda la noche en la arena.
Intenté.
Que algo valiera la pena.
No puedo conseguir cambiar ni corregir lo que me corre en las venas.
Corazón.
Hoy no dejes de latir.
Te alejaste un día.
¿Por qué decidiste partir?
Chau.
[Aplausos] [Música] [Aplausos] [Música] [Música]
SISTEMA
ATSC
DOCUMENTO_DIGITALIZADO
Sí
FECHA_AUTORIZACION
24/08/2016
FECHA_INGRESO_ENTREGA
19/12/2024
FECHA_PUBLICACION
13/01/2025
INGESTO
Jorge Vallejo Gutierrez
BARRA
Divulgación
TEMPORADA
3
CONDUCTOR
José Juan Meraz, dirección teatral.
TEMA_CONTENIDO
Teatro y futbol
FECHA_GRABACION
24/08/2016
LOCACION
CLASIFICACION
A
IDIOMA_ORIGINAL
Español
REALIZACION
Ernesto Leobardo Romero Flores
PRODUCCION
Socorro López Arenas | Miriam Arreguín Ruiz
LIGA_COLECCION_INTERFAZ
https://interfaz.cenart.gob.mx/video/coloquio-internacional-de-teatro-y-futbol/

