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M-06807-01
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SINOPSIS_SERIE
Ciclo que ofrece un acercamiento profundo y reflexivo a textos esenciales de la literatura universal. En cada edición, un destacado escritor mexicano analiza una obra de su elección, explorando su riqueza temática y estética e invitando al público a descubrirla desde una perspectiva personal y crítica. Esta serie brinda una oportunidad única para redescubrir clásicos literarios de todos los tiempos a través de la mirada de grandes figuras de las letras mexicanas
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Escritores mexicanos analizan obras literarias de su elección, revelando su riqueza temática y estética. Oportunidad única para redescubrir a los clásicos y a los contemporáneos a través de la mirada de grandes figuras de las letras mexicanas
TITULO_PROGRAMA
SINOPSIS_PROGRAMA
Ricardo Garibay, destacado escritor mexicano, dedicó parte de su obra a reflexionar sobre El Cantar de los Cantares, un texto bíblico del Antiguo Testamento compuesto por 8 capítulos y 117 versículos. Este libro es conocido por su complejidad y profundidad en la exploración del amor
EXTRACTO_PROGRAMA
Ricardo Garibay reflexiona sobre El Cantar de los Cantares, texto bíblico del Antiguo Testamento con 8 capítulos y 117 versículos, conocido por su complejidad y profundidad al explorar el amor
N_PROGRAMA
1
N_TOTAL_PROGRAMAS
19
DURACION_TOTAL
01:30:06:00
PARTICIPANTES
Ricardo Garibay, escritor
SEMBLANZA_PARTICIPANTE
Ricardo Garibay (1923–1999) fue un destacado escritor, periodista y cronista mexicano, reconocido por su prosa precisa y su habilidad para capturar la esencia del lenguaje oral. Originario de Tulancingo, Hidalgo, dejó un legado literario compuesto por novelas, ensayos, cuentos y crónicas. Entre sus obras más notables destacan Beber un cáliz y Fiera infancia. Su estilo se caracterizó por la profundidad psicológica de sus personajes y una narrativa ágil. Además, se desempeñó como periodista cultural, dejando testimonios invaluables sobre la sociedad y la cultura mexicanas del siglo XX
TIPO_ACTIVIDAD
DISCIPLINA
TRANSCRIPCION
"Venga el amado a su sueldo, como acabo de hablar en cuerdas el esposo, la esposa, avisada de ello, acuérdase de él lo que tenía su amado, que por benditura es el mismo de que hizo la comparación arriba de un chiche, y rúegale que se deje ir con un bar y que se vaya ya con otro sobrino de las mansas, o con un amor de sí mismo, que le habría hecho que se le hicieran a la gente, o me lo que no puedo" El Consejo Nacional para la Cultura y las Artes y el Centro Nacional de las Artes, en su ciclo de lecturas guiadas, presenta "El Cantar de los Cantares" por Ricardo Garibay.
"Si la ley no nos hubiera sido dada, el cantar de los cantares sería suficiente para guiar al mundo", dijo en el siglo I después de Cristo el rabí Akiva.
El Cantar de los Cantares es uno de los libros más breves y a la vez más problemáticos del Antiguo Testamento. 117 versículos cuyo texto apenas ocupa 10 páginas impresas en las ediciones tradicionales de la Biblia y que han dado lugar a un sinfín de traducciones, comentarios e interpretaciones.
Los problemas comienzan en el mismo primer versículo, "Cantar de los Cantares de Salomón".
Este cantar, estas canciones, fueron compuestas verdaderamente por el rey Salomón.
En diversos versículos de la Biblia el monarca es descrito como un gran amante y fecundo compositor, además de que su nombre aparece en varios pasajes del cantar.
Sin embargo, es posible que estas menciones no comprueben su autoría, ya que pudieron ser añadidas en épocas posteriores de acuerdo con la teoría de algunos investigadores que consideran la obra como un cajón desastre con materiales de periodos muy diversos.
La interpretación religiosa que se hizo en la tradición judía salvó a la obra de perderse en el olvido, pues afortunadamente cuando en el siglo I después de Cristo los rabinos decidieron fijar y cerrar el canon de las escrituras, la obra era identificada con la relación de Yahvé y el pueblo de Israel.
Aunado a esto la autoría de Salomón era en ese entonces un hecho incontrovertible, fueron los factores decisivos para que una obra carente de espíritu religioso entrara a formar parte de los libros sagrados.
Durante muchos siglos se ha visto al cantar de los Cantares como una alegoría del amor sagrado entre el creyente y Dios, siendo matizada esta interpretación por cada periodo de la historia con sus circunstancias determinantes específicas.
Inicialmente se pensaba que el cantar representaba las relaciones del Dios de Israel con su pueblo, después pensaron que se trataba de Israel mismo, que en el exilio lloraba a su amado.
Luego se interpretó como la unión de Israel y Judá, hasta que al llegar el cristianismo el cantar se ha interpretado como una representación de la iglesia en su relación con Cristo, al alma y su salvador, a la Virgen María y aún a la historia de la iglesia evangélica hasta la segunda llegada de Cristo.
Así en el siglo XV encontramos un autor que comenta cada capítulo en tres epígrafes diferentes, la iglesia como esposa universal de Cristo, el alma como su esposa particular y la Virgen María como su esposa singular.
En otra interpretación los senos de la pastora representan el antiguo y nuevo testamento, el color moreno de la mujer, las tribulaciones del justo, la yegua del faraón, la iglesia militante, el lecho de los enamorados, la humanidad de Cristo, las siervas del campo, los patriarcas, profetas y apóstoles y así cada uno de los elementos que aparecen en la obra.
También se encuentran múltiples autores que hacen una interpretación literal.
El canta de los cantares es simplemente el canto de amor entre un hombre y una mujer.
En el siglo pasado un cónsul prusiano en Damasco publicó un estudio sobre las costumbres nupciales en Siria.
El día de la boda la novia viste con gran riqueza y lleva el pelo suelto, ceñido por una corona de plata adornada con monedas.
Por la noche a la luz de hogueras baila la danza de la espada.
Un recitador canta un poema en el que se describe la belleza de la novia y el esplendor de su atavío.
Las fiestas duran siete días.
Durante ese tiempo los recién casados reciben los títulos de rey y reina y se entornan en honor suyo los cantos.
Ya en nuestro siglo surgieron teorías que analizaban el paralelismo del cantar con textos de otras culturas del medio oriente como la egipcia, la cananea y la acadia.
Aunque también esto ha sido explicado como una mera coincidencia surgida de sentimientos humanos universales que se expresan con patrones literarios semejantes, de la misma manera se han estudiado las posibles relaciones del cantar con obras dramáticas o líricas de la literatura griega.
Otra tesis parte de la idea de que el clímax y el mensaje del cantar están contenidos en el verso "fuerte como la muerte es el amor".
Como se ha visto son diversos los ángulos por los que podemos acercarnos al cantar de los cantares y este es uno de los rasgos de su riqueza.
Igualmente son abundantes las versiones e influencias directas en la obra de muchos poetas, por ejemplo Francisco de Quevedo escribió una paráfrasis a partir de la primera parte del libro.
Otros autores que se han inspirado en él son Pablo Neruda, Federico García Lorca y Miguel Hernández, entre muchos otros.
De hecho todo poeta que en algún momento ha escrito sobre el amor tiene una deuda con el cantar de los cantares.
En el ciclo de lecturas guiadas que organiza el Centro Nacional de las Artes, destacados escritores se dan cita con el público para platicarnos su acercamiento a cada autor.
Como lo conocieron, cuál es su interpretación de la obra, qué destacan de su literatura para que nosotros nos acerquemos a la lectura a través de sus experiencias.
El autor que nos guiará en el cantar de los cantares, Ricardo Garibay, nació en Tulancingo, Hidalgo.
La mayor parte de su infancia transcurrió en la colonia San Pedro de los Pinos, en la Ciudad de México.
Estudió leyes, aunque desde muy joven se ha dedicado a la narrativa y el periodismo.
Es un gran conocedor de la literatura mística.
El origen de su interés se localiza en una educación religiosa a fondo.
Sus principales actividades de niño eran rezar de rodillas el rosario de 15 misterios, luego la letanía seguida del salve, mientras oía la gritería de la calle.
Para él fue una tortura, se llenó de supersticiones eclesiásticas que lo lastimaron mucho.
En cuanto pudo, se liberó, no de Dios ni de Cristo, pues aunque se declara agnóstico, no creyente, es un tema que le duele.
Se liberó de la iglesia.
Para él fue un gozo ilimitado llegar a la preparatoria, libre ya de la casa paterna y su vigilancia incesante.
Poder decir majaderías en voz alta, sin ocultarse, sin pena y sin vergüenza, era un descubrimiento y un placer.
De este encuentro con el lenguaje y un diambular incesante, desarrolló un oído experto para recoger los acentos, los gritos propios de lugares, profesiones y condiciones, plasmándolos a lo largo de novelas, cuentos, guiones cinematográficos y radiofónicos, además de argumentos para televisión.
Garibay ha explorado por todos los géneros en donde la palabra toma cuerpo y es el protagonista.
Podemos decir que este autor conquistó su libertad a base de palabras, desde las terribles hasta las exquisitas, sin temer a ninguna.
El cantar de los cantares.
Esta es la Biblia de Jerusalén y esta es la Biblia Reina Valera.
He consultado otras varias Biblias y a más de dos docenas de comentaristas.
Vengo haciendo esto que voy a hacer aquí.
Desde hace 50 años, tengo 74 de mi edad y desde hace 50 leo, busco, indago, me bebo el cantar de los cantares.
El hecho de anunciar que yo vengo aquí a hacer esto y que ustedes aceptan, es ya una fiesta.
El cantar de los cantares es acaso el poema amoroso más elevado que ha producido la humanidad.
Ha sido una fuente de vida o fuente de huertos de poesía a lo largo de 2.500 años.
De ahí salimos todos los que escribimos de amor o sobre el amor.
Tal vez el único que iguala el cantar y aún lo supera, sea San Juan de la Cruz, de quien leeremos en la cuarta de estas conferencias, algunos de los poemas que son verdaderas paráfrasis del cantar, para que veamos hasta dónde una obra maestra puede ser superada por una obra maestra superior, valga la redundancia.
El cantar de los cantares siendo el acaso poema más elevado, amoroso que ha dado la humanidad, ha tenido dos vertientes de explicaciones fundamentales.
Una de ellas dice que es la canción de los amores entre Yahvé, Jehová, y el pueblo de Israel.
Esta interpretación es muy antigua, pertenece a los profetas del Antiguo Testamento.
Es la interpretación tradicional o tradicionalista judía del cantar de los cantares.
Una interpretación cristiana dice fundamentalmente que es el canto de los amores entre Jesucristo y la Iglesia, la Iglesia Católica.
Que esto vino a coronar la antiquísima tradición del amor entre Jehová e Israel.
Que habiendo realizado el Señor la redención, habiendo mandado a su Hijo a morir en la Cruz, eso mejoró el panorama o la visión que ofrecía el cantar de los cantares en la interpretación judía remotísima.
Israel ya no tiene por qué ser Israel, ahora es la Iglesia.
Y Dios, el Todopoderoso, el infinitamente Santo, Amable, Virtuoso, Puro, el Genio Absoluto, superior al Universo, ya no tenía por qué ser Él, sino el Hijo.
Entonces, la redención mejora la referencia del cantar.
No es Israel y Jehová, sino Jesucristo y la Iglesia.
Hay otra interpretación que dice, tampoco tiene caso que venga yo dando los nombres de las interpretaciones y de la secuela histórica de cada una de ellas, no tiene ningún sentido.
Que diga yo que las hay y que son esto y lo otro, diciendo la verdad, esto basta.
Una tercera interpretación, digo, repito, dice que es el canto de amor entre el Redentor y el alma de selección.
El hombre señalado o escogido como hijo predilecto del Hacedor o del Redentor, su Hijo.
Esta interpretación es cristiana y cuenta con altísimos ejemplos.
Es la que menos me molesta, el canto de las relaciones entre Dios y la Criatura.
El canto entre el alma, entre mi pobre alma y la infinitud inabarcable del Cristo, de Dios mismo.
Es la que menos molesta.
Porque esto de que sea el canto de los amores entre, ya ve, Israel, entre Jesucristo y la Iglesia, hay que tirar mucho de los pelos de la poesía, del cantar, para poder derivar como natural este asunto.
Que sea el canto del Creador y el alma selecta, esto ya suena un poco más real.
Y la prueba que tenemos, bueno, está en San Juan de la Cruz, está en Esbedenbor, en Malón de Eshaide, en María Josefa de la Trinidad.
Tantos, aún en Lope de Vega, tantos que se han acercado, que han estado dentro de la mística o se han acercado peligrosamente a ella.
Estas sí son las pruebas de que el cantar sea eso.
Lo que hace San Juan de la Cruz no es más que una paráfrasis o digamos un comentario al cantar de los cantares.
Supera al cantar por el milagro de su genio poético, pero no es más que eso, un comentario a la esplendidez del antiguo canto judío.
Yo quiero ofrecer una interpretación, lo he hecho ya en Cuernavaca, en una ocasión, creo que el año pasado.
Lo voy haciendo por radio y lo voy a hacer aquí, en cuatro, llamémosles, lecciones que me permitiré ofrecer a ustedes.
Mi interpretación es absolutamente laica, absolutamente naturalista.
Es el canto de dos amantes, hombre y mujer, que se juntan y se unen, que se separan y se buscan.
Pena, violencia de alma cuando se da la ausencia.
Júbilo cuando se da la unión.
En un riguroso canto a las relaciones amorosas entre un hombre y una mujer.
Relaciones amorosas con todo lo que implican la sensualidad, la simpatía, la recíproca o mutua atracción, la sexualidad, más abierta y más alta.
Que podamos enfrentar en la vida.
El cantar de los cantares.
Hay en la gente que se mete en los trances a que esto obliga, una especie de reverencia arrodillada, frente a este poema casi inabarcable por su belleza, por su delicadeza, por su exquisitez.
El poema tiene ocho capítulos, muy breves, en la Biblia de Cipriano de Valera y Casiodoro de Reina, que es la que más se maneja, que es la que principalmente manejan los protestantes.
Y consta, es lo mismo, pero consta en la Biblia de Jerusalén, Biblia católica excelente, Biblia por cierto, consta de siete cantos.
Viene siendo lo mismo.
A la hora de leer no concuerdan, sino en la totalidad.
Yo prefiero la tradicional división en ocho capítulos de la Biblia de Cipriano de Valera y Casiodoro de Reina.
Estos hombres nacieron, Casiodoro de Reina es de 1569, Cipriano de Valera es de 1602.
Es decir, los tíos vivían hace 500 años, fue cuando hicieron su trabajo.
La Biblia de Jerusalén católica es modernísima, está en castellano, legible, entendible, accesible.
Lo que voy a leer no está en castellano.
Es una lengua que estos dos manejaron, yo creo que sin conocer profundamente el castellano.
Y hay que desentrañarlo conforme se va leyendo, pero es de una intensa poesía.
No he encontrado ninguna otra Biblia y he consultado varias y sobre todo versiones del cantar, muchas.
No he encontrado ninguna otra versión ni Biblia que contenga la macicez poética de Reina Valera.
Oh, si él me besara con besos de su boca, ¿por qué mejores son tus amores que el vino?
Por el olor de tus suaves ungüentos, ungüento derramado es tu nombre, por eso las doncellas te amaron.
Llévame en pos de ti y corremos, metióme el rey en sus cámaras, nos gozaremos y alegraremos en ti.
Acordaremos de tus amores más que del vino, las doncellas te aman.
Morena soy yo, hija de Jerusalén, más codiciable, como las cabañas de Cédar, como las tiendas de Salomón.
No miréis en que soy morena porque el sol me miró.
Los hijos de mi madre se airaron contra mí, hicieron mi guarda de viñas y mi viña que era mía no guardé.
Hazme saber, oh tú, a quien ama mi alma, ¿dónde repastas?
¿Por qué me haces tener majada al mediodía?
¿Por qué había yo de andar como vagueando tras los rebaños de tus compañeros?
Si tú no lo sabes, oh hermosa entre las mujeres, sal yéndote por las huellas del rebaño y apacienta a tus cabritas junto a las cabañas de los pastores.
Ayegua de los carros de Faraón, te he comparado amiga mía, hermosas son tus mejillas entre los pendientes, tu cuello entre los collares, zarcillos de oro te haremos con clavos de plata.
Mientras el rey estaba en su reclinatorio, Minardo dio su olor.
Mi amado es para mí un manojito de mirra que reposa entre mis pechos, racimo de cofre en las villas de Engadí es para mí, mi amado.
He aquí que tú eres hermosa amiga mía, he aquí que eres hermosa, tus ojos son palomas.
He aquí que tú eres hermoso, amado mío y suave, nuestro lecho también florido, las vigas de nuestra casa son de cedro y de ciprés los artesonados.
Este es el primer capítulo y el que se entiende poquísimo, si lo dejamos así, poquísimo, suena, suena, canta, pero deja saber poquísimo y vamos a ver.
A mí me hace feliz hablar del cantar de los cantares y una de las cosas que más anhelo y a mi edad lo que se anhela, se anhela ya de veras, es comunicar la emoción del cantar, la música, el principesco brinco de las palabras del cantar de los cantares.
Hacer reír y llorar y cuanto sea posible en cada ojento, ojalá vaya yo consiguiendo algo, me mueve eso, darles el espléndido regalo de leer el cantar de los cantares, enamorarlos de él, llevarlos a leerlo por su cuenta y explicarlo, explicarlo que me ha llevado a mí una barbaridad de años estar buscando y estudiando pues.
Y entonces el cantar se hace clarísimo como una canción popular.
Canción de canciones, la cual es de Salomón.
Canción de canciones, quiere decir la canción por excelencia, la mejor canción, la más elevada, la más alta, la más digna, la más bella, la más sonora.
Canción de canciones.
En el antiguo hebreo, hacer este giro significaba superlativo o superlativamente el sustantivo de la frase.
Canción de canciones.
Santo de los santos es el santísimo.
Canción de canciones es la cancionísima, la mayor, la más bella canción.
Canción de canciones, la cual es de Salomón.
No, no es de Salomón.
Salomón existió cuando menos, cuando menos 200 años antes de que se compusiera el cantar de los cantares.
Cantar de los cantares o canción de canciones es la misma.
Pero se decía que era de Salomón para darle excelencia.
Salomón era el rey, el rey más fastuoso que dio Israel en aquel tiempo de gloria.
Entonces, lo que era de Salomón era excelente.
¿Recuerdan ustedes Lope de Vega, el poeta del siglo de los de España?
El hombre inagotable en su producción poética o poemática, teatral.
Inagotable.
Compuso no sé cuántas comedias, 1800, no sé cuántos autos sacramentales, no sé más de 400, no sé cuántos poemas, más de 2000.
Y Lope de Vega era visto con una profunda reverencia por el pueblo español.
Cuando algo era sobresaliente o muy principal, decían es de Lope.
Lope era Lope de Vega, Lope se le decía.
Por ejemplo, una fiesta magnífica, es de Lope, era una gran fiesta.
La cual muchos siglos antes es de Salomón y eso denotaba el principado de la obra o de lo que se estuviera haciendo, la excelencia.
Canción de canciones, la cual es de Salomón, la más principal de todas.
"Oh, si él me besara con besos de su boca, porque mejores son tus amores que el vino".
Aquí ya no se entiende.
Primero es tercera persona del singular.
"Oh, si él me besara", está hablando una mujer, la mujer del cantar.
"Oh, si él me besara con besos de su boca".
Parece una redundancia y un poco estúpida.
"Bésame con besos de tu boca", le dice el amante a la amante.
Pero pues sí, si no, ¿con qué besos lo va a besar?
"Oh, si él me besara con besos de su boca".
Esto es poner un énfasis innecesario pero dulcísimo en el deseo, en el afán, en el apetito, en la gana que tiene ella de él.
En la gana del amante por el amante.
"Oh, si él me besara con besos de su boca".
Es hacer un énfasis muy específico en que han de ser besos de él, pero de su boca.
No es posible que sean de otra boca, ya se sabe, pero se enfatiza.
Besos de su boca.
Es amar dos veces, es amarlo él y amar a su boca y amar a sus besos.
Es amar más bien tres veces.
"Oh, si él me besara con besos de su boca, porque mejores son tus amores que el vino".
Era tercera persona de singular y pasamos a la segunda persona de singular.
Tus amores, yo, tú, él.
"Oh, si él me besara con besos de su boca, porque mejores son tus amores que el vino".
Primero, es muy bello esto.
Segundo, ¿por qué cambia de persona la acción?
Viene de los antiguos, muy antiguos cantos egipcios que hacen estos cambios.
He buscado mucho en los especialistas de esta materia, una explicación un poco mayor y no la dan.
Manera de hablar o de rimar o de versificar en los antiguos poemas egipcios.
Con eso se conforma uno.
No hay una explicación racional o adecuada o satisfactoria.
"Oh, si él me besara con besos de su boca, porque mejores son tus amores que el vino".
Ahí ya le está hablando de tú, a él que está enfrente.
Ya es la segunda persona, no la tercera, de desnuda.
Dice que son mejores sus amores, o sea, sus besos, que el vino.
¿Por qué?
El mayor placer que conoce la humanidad, que puede darse así la humanidad, es el sexual.
Nada lo iguala.
Los místicos, los grandes místicos, cuando hablan del arrebato, de que son víctimas o de lo que gozan y que solo ellos gozan, o de lo que solo ellos son víctimas.
Arrebato que es inefable, experiencia que es intraducible.
Inefable, que no se puede hablar, que no se puede decir.
Esto es inefable.
Experiencias profundamente recónditas, valga la redundancia.
Incomunicables.
Para poder comunicarlas, echan mano de metáforas sexuales.
Y San Pablo dice, el que se ayunta con Dios, es uno con Dios.
Ayuntar es copular, copular es penetrarse un ser por otro.
Más claro, agua.
Se ayuntan con Dios, nada menos.
De esta manera, que es la entraña mística, se elevan.
Hasta ver cómo son vistos, hasta amar cómo son amados, lo que es casi imposible de imaginar.
Bueno, para que sea posible imaginarlo, usan las metáforas sexuales, las experiencias sexuales más visibles, más tangibles, para comunicar la inefable experiencia.
Esto es así.
O es de la experiencia amorosa sexual, amorosa sexual.
No sexual a secas, esto hay que aclararlo.
La experiencia sexual a secas es una pura sensualidad, o es una pura bestialidad, la pornografía.
Experiencias amorosas sexuales, donde vibra el amor y se busca el contagio, el contacto, la penetración de los cuerpos.
Esto explica la experiencia mística.
O cuando menos los místicos más connotados, más elevados, más poderosos de la humanidad, no han hallado otra explicación.
Después de este gozo que ha descubierto el género humano para sí, viene el vino.
¿Acaso no hay nada comparable de ver vino?
Sigue cantando ella, la pastora.
Es un canto entre pastores, es hombre y mujer, que de repente son rey y reina.
Sigue cantando ella, la pastora o la reina.
Dice, "Por el olor de tus suaves ungüentos, ungüento derramado es tu nombre, por eso las doncellas te amaron".
Esto es muy hermoso.
El varón se untaba cosas, bálsamos, ungüentos, aceites, para oler bien.
Y si iba al amor, se untaba especialmente para oler mejor.
Esto le daba seguridad y era una ofrenda a la amada.
Y ella recibió la ofrenda profundamente agradecida.
Olía al amante, al amado, a distancia.
"Por el olor de tus suaves ungüentos, ungüento derramado es tu nombre".
Esto ya no se entiende tan fácilmente.
En aquella antigüedad, cuando alguien tenía una cualidad muy señalada, recibía ese nombre, recibía el nombre de la cualidad que tenía.
Si él se acerca, olorosamente atractivo, su nombre es el del ungüento derramado.
Es decir, él se llama ungüento derramado, dice Fray Luis de León.
Si dejamos caer un frasco de un perfume precioso, el perfume se derrama en el piso y entonces trasciende con muchísimo poder su aroma, su fragor, con muchísimo poder.
Mucho más que encerrado en el frasco, claro.
Y aquí el amor de la sulamita, así se llama, así se le llama a la mujer del cantar de los cantares, es tan intenso, la aturde, la enamora, la enajena de tal manera la cercanía del amado, debidamente perfumado, que dice tu nombre es un ungüento derramado, bálsamo derramado, materia preciosa derramada.
Es el nombre que le da al amado, al amante.
Por el olor de tus suaves ungüentos, ungüento derramado es tu nombre, por eso las doncellas te amaron.
En aquella antigüedad, repito la frase, la introducción, el pasado se usa independientemente de la historia.
Independientemente de que esté significando, también presente o futuro.
En el amor no hay tiempo.
Dios Santo.
Lo que está sucediendo en este momento sucedió, sucederá.
Lo que sucederá ya está sucediendo.
En el amor no hay tiempo.
Entonces, no importa el tiempo verbal que use el poeta para decir lo que quiere decir.
Lo podemos poner en presente y de hecho, algunos traductores del cantar lo ponen en presente y otros en futuro.
Dice, por el olor de tus suaves ungüentos, ungüento derramado es tu nombre, por eso las doncellas te amaron, por eso te aman las doncellas, por eso te amarán las doncellas.
¿Por dónde se advierte?
Una ausencia total de celos en el cantar.
Eres de tal manera deleitoso y principal en mi corazón, que no sólo yo te amo, te amarán todas las doncellas de Israel, te amarán todas las mujeres elegidas para amarte, que serán las mejores o que son las mejores doncellas.
Estamos en Oriente, hace dos mil quinientos años.
Parece que no hay celos.
En las mil y una noches, cuando el amado está ausente, la amante, la que queda acá en la ciudad cerrada, busca a Fanosa, entre las más bellas doncellas de allí, para ofrecérsela al amado cuando regrese, de la guerra o de aquello a que haya ido.
Yo siempre envidia a estos varones.
Y se lo ofrecen como un regalo, mira lo que te tengo, amado mío, etc.
En el cantar no se llega a esto, pero sí se llega a una explicación o a una intelección del mundo amoroso, cuando se explica la sulamita, el amor de todas, por ese señalado entre diez mil.
Ojalá vaya quedando todo muy claro, porque es de una profunda exquisitez.
Si no la consigo yo, es de efecto mío, pero está en el poema, ahí está.
Y sigue.
Llévame en pos de ti, ahora le habla otra vez de tú y de ti.
Le dice al rey, al amante, al pastor, al hombre, al amado, sigue cantando ella.
Llévame en pos de ti, correremos, metióme el rey en sus cámaras, nos gozaremos y alegraremos en ti, acordaremos de tus amores más que del vino, las doncellas te aman.
Que es un corolario muy veloz, a lo que ha dicho antes.
Recordemos, en el amor no hay tiempo.
Llévame en pos de ti, es una súplica, ahora que estás, llévame contigo, correremos.
Fray Luis de León dice, ella está desmayada de deleites, de deliquios.
El amante o el amado no está presente y sin embargo ahora es capaz de correr en pos de él.
Y luego dice, metióme el rey en sus cámaras, ya pasó, ya sucedió.
Llévame en pos de ti, corremos, en pos de ti, es futuro, pero es presente.
Estamos corriendo en pos de ti, estoy desmayada de amor, esperándote, oliendo tu nombre como un cuento derramado.
Y ahora, cambia, literalmente.
Llévame en pos de ti, la súplica ya es directa, ya está presente él, si corremos, ya voy corriendo detrás de ti.
Metióme el rey en sus cámaras, ya se encontraron, él ya la lleva al amor.
Qué difícil es imaginar en todo esto.
Yo lo he leído muchas veces.
El amor de Jehová por Israel o de Cristo por su Iglesia son devociones convencieras.
Cuando comencé a leerlo con un criterio, digamos naturalista, con plena objetividad, con humanismo total, advertí la belleza suprema del cantar.
Me di cuenta hasta qué grado había sido yo ordinario en las experiencias amorosas que había tenido.
Hasta qué grado aprendería yo del cantar, amar a una mujer, que es don de Dios, que es alegría de Dios, el bien quererse entre hombre y mujer.
Esto lo reconoce totalmente la teología y también los exégetas del cantar.
Es bien de Dios amarse buenamente.
¿Cuánto hubiera yo ganado?
Si hubiera leído con atención desde el principio el cantar de los cantares.
Dice, "Metióme el rey en sus cámaras".
Bueno, en sus estancias, en su palacio, en sus espacios privados.
La hizo suya.
Se da aquí, de hecho, el primer encuentro, la primera unión de los amantes en el cantar de los cantares.
Como también lo estoy leyendo por radio, este es un regalo supremo que le quiero hacer a mi país, leer por radio esta maravilla.
Tengo ese pequeño mérito, digamos.
He recibido, créanme, toda suerte de mentadas de madre por estar dando una interpretación radicalmente humana del cantar de los cantares.
Se considera casi blasfematorio el asunto.
Dice, "Metióme el rey en sus cámaras, nos gozaremos y alegraremos en ti, que vale por presente y por pasado, y que está en futuro.
Acordaremos de tus amores más que del vino.
Las doncellas te aman.
Otra vez no soy yo sola la que te ama, son todas las que tienen ojos para ver, orejas para oír, manos para sentir, corazón para amar.
Metióme el rey en sus cámaras, nos gozaremos y alegraremos en ti, acordaremos de tus amores más que del vino.
Las doncellas te aman.
El vino deja memoria y descomposición.
El amor deja memoria.
Si acaso, en el más grave de los casos, deja también melancolía.
Y si acaso, en el más grave de los casos, deja también melancolía.
Y si acaso, en el más grave de los casos, deja también melancolía.
Y si acaso, en el más grave de los casos, deja también melancolía.
Y si acaso, en el más grave de los casos, deja también melancolía.
Y si acaso, en el más grave de los casos, deja también melancolía.
Y si acaso, en el más grave de los casos, deja también melancolía.
Y si acaso, en el más grave de los casos, deja también melancolía.
Y si acaso, en el más grave de los casos, deja también melancolía.
Y si acaso, en el más grave de los casos, deja también melancolía.
Y si acaso, en el más grave de los casos, deja también melancolía.
Y si acaso, en el más grave de los casos, deja también melancolía.
Y si acaso, en el más grave de los casos, deja también melancolía.
Y si acaso, en el más grave de los casos, deja también melancolía.
Y si acaso, en el más grave de los casos, deja también melancolía.
Y si acaso, en el más grave de los casos, deja también melancolía.
Y si acaso, en el más grave de los casos, deja también melancolía.
Y si acaso, en el más grave de los casos, deja también melancolía.
Y si acaso, en el más grave de los casos, deja también melancolía.
Y si acaso, en el más grave de los casos, deja también melancolía.
Y si acaso, en el más grave de los casos, deja también melancolía.
Y si acaso, en el más grave de los casos, deja también melancolía.
Y si acaso, en el más grave de los casos, deja también melancolía.
Y si acaso, en el más grave de los casos, deja también melancolía.
Y si acaso, en el más grave de los casos, deja también melancolía.
Y si acaso, en el más grave de los casos, deja también melancolía.
Y si acaso, en el más grave de los casos, deja también melancolía.
Y si acaso, en el más grave de los casos, deja también melancolía.
Y si acaso, en el más grave de los casos, deja también melancolía.
Y si acaso, en el más grave de los casos, deja también melancolía.
Y si acaso, en el más grave de los casos, deja también melancolía.
Y si acaso, en el más grave de los casos, deja también melancolía.
Y si acaso, en el más grave de los casos, deja también melancolía.
Y si acaso, en el más grave de los casos, deja también melancolía.
Y si acaso, en el más grave de los casos, deja también melancolía.
Y si acaso, en el más grave de los casos, deja también melancolía.
Y si acaso, en el más grave de los casos, deja también melancolía.
Y si acaso, en el más grave de los casos, deja también melancolía.
Y si acaso, en el más grave de los casos, deja también melancolía.
Y si acaso, en el más grave de los casos, deja también melancolía.
Y si acaso, en el más grave de los casos, deja también melancolía.
Y si acaso, en el más grave de los casos, deja también melancolía.
Y si acaso, en el más grave de los casos, deja también melancolía.
Y si acaso, en el más grave de los casos, deja también melancolía.
Y si acaso, en el más grave de los casos, deja también melancolía.
Y si acaso, en el más grave de los casos, deja también melancolía.
Y si acaso, en el más grave de los casos, deja también melancolía.
Y si acaso, en el más grave de los casos, deja también melancolía.
Y si acaso, en el más grave de los casos, deja también melancolía.
Y si acaso, en el más grave de los casos, deja también melancolía.
Y si acaso, en el más grave de los casos, deja también melancolía.
Y si acaso, en el más grave de los casos, deja también melancolía.
Y si acaso, en el más grave de los casos, deja también melancolía.
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Y si acaso, en el más grave de los casos, deja también melancolía.
Y si acaso, en el más grave de los casos, deja también melancolía.
Y si acaso, en el más grave de los casos, deja también melancolía.
Y si acaso, en el más grave de los casos, deja también melancolía.
Y si acaso, en el más grave de los casos, deja también melancolía.
Y si acaso, en el más grave de los casos, deja también melancolía.
Y si acaso, en el más grave de los casos, dice el fray Luis de León, que era sacerdote, que se atrevió a dar una interpretación un poco mundana del cantar, y por eso la Inquisición lo metió en la cárcel cinco años.
Dice que quiere decir que ha sido lastimada de intemperies.
El sol la ha quemado, anda medio negra.
Pero que por dentro su alma es encantador.
Creo que se equivoca.
La mujer está haciendo referencia estrictamente a su cuerpo.
Morena soy, oh hijas de Jerusalén, que forman parte del cortejo de la novia.
Y retomo, muchos autores dicen que el cantar de los cantares es un canto nupcial que se cantaba durante siete días que duraba la boda.
Que actualmente, entre los sirios, hay todavía esa costumbre.
O entre algunos pueblos árabes del desierto, hay esa costumbre.
Lo cierto es que los intérpretes católicos se empeñan mucho en hacer ver que es un canto nupcial de donde salen esposo y esposa, que son sumamente fieles uno con otro.
No creo.
Es un canto de amor entre un hombre y una mujer.
No habla de matrimonio el cantar de los cantares.
No habla de rectitud en la conducta de los esposos en ningún momento.
A veces dice esposa mía o esposo mío.
Pero igual dice amado mío.
Y nunca aparece la boda.
Estos retorcimientos que el espíritu devoto o pretendidamente religioso quiere dar al cantar simplemente oscurecen la comprensión o la intelección de las cosas.
No estoy de acuerdo.
No estoy de acuerdo.
Morena soy más codiciable, se está refiriendo a su cuerpo.
Y ciertamente, un cuerpo moreno puede ser tan codiciable o más que un cuerpo blanco o enteramente blanco.
Esto desde luego.
Da una disculpa porque se ha tostado de intemperies, pero no ha perdido su excelencia física.
Yo creo que el cantante es un cantante que no tiene que cantar.
Yo creo que el cantar es un canto al cuerpo humano en su excelencia privadísima.
En la excelencia que le corresponde de modo total un canto a la belleza del cuerpo humano.
Un canto a la gana del cuerpo.
Un canto a la gana que el cuerpo despierta.
Un canto a la gana de la belleza del cuerpo.
Un canto a la gana de la belleza del cuerpo.
Un canto a la gana de la belleza del cuerpo.
Un canto a la gana de la belleza del cuerpo.
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Un canto a la gana de la belleza del cuerpo.
Un canto a la gana de la belleza del cuerpo.
Un canto a la gana de la belleza del cuerpo.
No hay hilación de un capítulo, de un canto a otro en el Cantar de los Cantares.
No hay sucesión de argumento y casi no hay tampoco esto de un versículo a otro.
Repta, apunta locamente para un lado y para otro.
Para el Luis de León, a quien tanto cito, dice que es propio de enamorados o de amantes o de quien canta al amor no tener rectitud ni dirección precisa ni concierto, sino ir de acá a allá armando frases, inventando verbos amatorios, inventando maneras de reverenciarse uno a otra, otra al uno.
Es bello lo que dice para el Luis de León.
Dice ahora y apenas es punto y aparte, hicieron mi guarda de viñas y mi viña que era mía no guardé.
Hazme saber tú a quien ama mi alma.
Sigue hablando ella y la frase es de una esplendidez y de una rotundidad que no es de la vida.
Que no estamos acostumbrados a usar.
Somos groseros aún en el lenguaje del amor.
Malhechos, torpes, toscos, tontos.
Parecería que basta hazme saber ya.
Tú, tú hazme saber ya.
Tú, tú hazme saber ya.
No.
La mano amorosa va mucho más onda.
Hazme saber tú a quien ama mi alma.
No puede haber declaración de amor mayor.
El ser humano tiene dos especies.
La física, esto.
La espiritual.
El alma en el almario es la porción espiritual del ser humano.
Es la porción intemporal, la especie eterna.
Nos acabaremos lamentablemente o afortunadamente, no sé, pero hay algo que sobrevivirá que es el alma.
Quevedo, en su hermosísimo soneto del polvo enamorado, hace un alarde de soberbia en el curso de los catorce versos.
Dice, estoy condenado a morir, a desaparecer, sí, pero algo sobrevivirá de mí, el alma.
Dice, mi alma es el polvo enamorado.
Dice, polvo serán mis restos, polvo serán más polvo enamorado.
Es en la habitación del alma donde se da la especie eterna.
Allí será.
Esa no cambia, no cambiará, no transitará.
Será siempre espejo de sí misma, será especie intemporal.
Se podrá igualar a su creador.
Y dice, hazme saber, oh tú, a quien ama mi alma.
No puede amar de mayor manera, no lo ama ella, no lo ama su cuerpo, las potencias de su inteligencia, su alma.
Su parte eterna lo ama.
Es una bellísima declaración de amor.
Obviamente, nunca la usamos.
Hazme saber, oh tú, a quien ama mi alma, dónde repastas, dónde haces tener majada al mediodía.
Donde llevas el amor.
Dónde llevas el ganado a descansar a la hora de la siesta, que es atroz en el desierto.
¿Dónde estás?
Hay muchos pastores, muchos rebaños, van para acá y para allá.
Y en el desierto, hay hondonadas, quiebros en la arena.
No se ve nada a distancia, no se ve nada.
Y pasa uno cerca y no hay nada.
Y es una hondonada bastante profunda.
Ella le pregunta, ¿dónde estás?
Hazme saber, oh tú, a quien ama mi alma, dónde repastas, dónde haces tener majada al mediodía.
Es decir, lo va a buscar, pero le pide que le dé un norte, ¿dónde anda?
Y dice, ¿por qué?
¿Por qué habría yo de andar como vagueando tras los rebaños de tus compañeros?
¿Por qué habría yo de andar recorriendo medio desierto a ver si estás con este grupo de pastores y con el otro, dime dónde andas y allá voy?
Y este contesta, el pastor, el varón, el amante.
Si tú no lo sabes, oh hermosa entre las mujeres.
La manera de llamar el amante a la amante en el cantar de los cantares, creo que habitualmente es más profunda desde la mujer, más sonda, más sabia en el amor.
El hombre, creo, en ese momento no lo recuerdo todo.
El hombre casi siempre se pone en el lugar y casi siempre se dirige a la esplendidez corporal de la mujer.
Si tú no lo sabes, oh hermosa entre las mujeres, sal yéndote por las huellas del ganado y apacienta a tus cabritas junto a la cabaña de los pastores.
Deja, dice Fray Luis de León, deja que los cabritos vayan buscando a las madres.
Ellos, por el olor de la leche, sabrán dónde están las madres.
Yo ando con las madres en el pastoreo.
Los cabritos, suéltalos, ellos te traen a donde estoy.
Si tú no lo sabes, oh hermosa entre las mujeres, sal yéndote por las huellas del rebaño y apacienta a tus cabritas junto a las cabañas de los pastores.
Y sigue con la palabra y estamos ya en otra parte.
Y en otro contexto dice, a yegua de los carros de Faraón te he comparado, amiga mía.
Comparar una mujer con una yegua.
No sé cómo les suena a las mujeres de hoy a las que están aquí en esta sala.
En aquel tiempo, era la máxima comparación que podía hacer un poeta a propósito de una mujer.
La yegua, ricamente enjaizada, adornada espléndidamente en los carros, nada menos que del rey Faraón.
Era el ejemplo a seguir para poder concebir la belleza de las mujeres.
Esto no debe asombrarnos mucho.
Yo he asistido a las mujeres de las mujeres de la época.
Yo he asistido alguna vez a un concurso de Miss Universo o algo así.
Estaba yo en Acapulco y el presidente municipal me pidió que fuera.
Y dije, pues iré.
Sí, muy bellas las mujeres.
Había un ilustre jurado.
Estaba un joven de la ciudad joven de la televisión abismalmente estúpido que se llama Raúl Velasco.
Era el presidente del jurado.
Cantinflas, el inefable, ese pésimo cómico.
Era el que seguía en importancia.
Y luego don Fulano, dueño de no sé cuántas zapaterías, don Mengano, dueño de coches, de lotes de coches, estas cosas.
Eran los insignes jurados.
Y las bellísimas chicas eran vistas como yeguas.
Tal, tal, tal medida de caderas, perdón, tal modo de moverlas, los muslos, tal, los pechos.
Era una yegua la que iba pasando.
La fotografiaban, la medían y anotaban.
Yo sentía una especie de cólera intensa.
Estaban siendo vistas como animales y así son vistas en estos concursos.
Eso no es una mujer.
Arto más.
Es una mujer.
Pero las chicas sí venían contentísimas y entre más desnudas mejor.
Y entre más desnudas mejor, claro.
Pero no era para exaltarlas verdaderamente.
Era un asunto comercial.
La comparación con la yegua hoy es ofensiva.
En el tiempo del cantar de los cantares era exultante.
Era algo que acusaba mucha militaridad.
A yegua de los carros de Faraón que he comparado, amiga mía, que es un carrito de los carros de los carros de los carros Hermosa son tus mejillas entre los pendientes tu cuello entre los collares, zarcillos de oro te haremos con clavos de plata.
Va a la jada y la describe el amado, el amante en este caso, bellísima, adornadísima.
Y aún la adornarán más.
Dice que los clavos de plata, Friar Luis de León traduce directamente del hebreo, Friar Luis de León tenía ascendencia judía, era de hecho judío.
Conocía mucho las costumbres de allá y dice que los clavos de plata eran, dice él, unas tortolicas pequeñitas primorosamente labradas que le colgaban a las mujeres, no sé si de las orejas, del cuello, del cabello.
Este era el primor que le ofrecía.
Zarcillos de oro te haremos con clavos de plata.
Y viene un salto muy grande al cantar, profundamente significativo.
Mientras el rey, ahora vuelve a hablar ella, mientras el rey estaba en su reclinatorio o dice en su diván o dice en su descanso, cualquiera de estas cosas, en su reclinatorio, Minardo dio su olor.
Con esto se han armado discusiones interminables desde hace veinticinco siglos.
Que qué es esto de Minardo dio su olor.
Entonces, hecha mano de los evangelios, de cuando a Cristo lo unge la mujer porque está en su casa.
Del uso que se hacía de las especias preciosas, de las especias preciosas, para agasajar al huésped, el huésped que es el que recibe, agasajaba al huésped que es el que llega.
Y lo ungía, lo llenaba con líquidos olorosos de mucha delicadeza.
Que el rey está en su reclinatorio o en su banquete, en medio de sus convidados y ella llega y le vacía el nardo, la especie del nardo, el agua de los nardos en la cabeza.
Nunca me han convencido de eso.
Ya cuando tenía yo, digamos, veinte años, sentí que aquí había algo que estaba siendo trampeado.
Que los exégetas no se atrevían a decir qué era esto.
Mientras el rey estaba en su descanso, Minardo dio su olor.
Recordemos que son dos amantes él y ella que se andan buscando, que se encuentran, que se unen, que se separan, que vuelven a buscarse y vuelven a encontrarse.
Es un campeonato amatorio de primer orden, el cantar de los cantares.
El rey está en su reposo, en su descanso.
Ella se acerca, dice Minardo dio su olor.
Esto es deseo, sensualidad intensísima.
Exhalación de perfumes, exhalación de un perfume preciso, el olor del cuerpo.
Mientras el rey estaba en su reclinatorio, en su descanso, en su reposo, en su banquete, Minardo dio su olor.
Minardo es el sexo de la mujer, estrictamente eso.
No es otra cosa.
La mujer llega exhalando olores, está llena de deseo, de deseo amoroso, sexual amoroso.
Va hacia la posesión del rey.
Mientras el rey estaba en su descanso, Minardo dio su olor.
Yo no veo otra explicación.
Ni veo por qué se espantan tanto los exégetas cuando tratan este punto.
¿Por qué lo adornan con tanta devoción convenciera?
Para no dejar ver la relación sexual entre los seres humanos.
Se dice, el Cantare Santísimo aquí va.
Un eminente rabino que en el siglo I de la era cristiana decidió la idoneidad del cantar como canto a Dios.
Insistió en que el cantar, que todos los libros de la Biblia son santos, pero el cantar es santísimo.
Y no le espantó estas alusiones.
Aquí va, era judío de aquel tiempo, primer siglo después de Cristo, un obre oriental.
Hecho a los deberes, olores, quehaceres y afanes de esas regiones.
No le espantó la posibilidad de la exhalación de olores del cuerpo de la sulamita.
Mientras el rey estaba en su reposo, Minardo dio su olor y dice inmediatamente.
Mi amado, es para mí un manojito de mirra que reposa entre mis pechos.
Un racimo de cofer en las viñas de Engadí, es para mí un amado.
Qué curioso que después de haber dicho, mientras el rey estaba en su descanso, Minardo dio su olor.
Diga algo tan íntimo como que su amado es un manojito de mirra que reposa entre sus pechos.
Dice Fray Luis de León, que no puedo citar mayor autoridad que ésta, que en aquel tiempo las doncellas, las vírgenes, las muchachas, hoy sería muy difícil localizarlas si hablamos de virgen, llevaban un manojito de mirra que es un olor delicioso, entre los pechos.
Y dice Fray Luis, lugar hermoso y muy amado, por eso lo metieron en la cárcel.
Allí llevaban para estar todo el día aspirando, o a toda hora, el olor de su cuerpo mezclado con el olor de la mirra.
Después de haber dicho que su nardo dio su olor, parece evidente que lo que digo es cierto.
Dice algo tan íntimo como mi amado es para mí un manojito de mirra que reposa entre mis pechos.
Qué curioso.
Es como la placidez, el tranquilo gozo que llega después del amor.
Es un manojito de mirra entre sus pechos.
Y luego da el mérito del manojito de mirra, racimo de cofer, que es una mirra especialmente exquisita en las viñas de Ngari, que es una región allá, una región geográfica.
Es para mí mi amado, mi amado es para mí un manojito de mirra que reposa entre mis pechos.
Racimo de cofer en las viñas de Ngari, que es la mejor especie de mirra.
Es para mí mi amado.
Ahora canta él por mí.
Vean qué penetración, qué multiplicidad, qué riqueza, qué complejidad en el canto de la solamidad.
El canto del varón se empobrece frente al de la mujer.
He aquí que tú eres hermoso, amado mío.
Ah no, perdón, es ella, perdón.
He aquí que tú eres hermosa, amiga mía.
He aquí que eres hermosa, tus ojos son palomas.
La repetición equivale al superlativo, como si dijera he aquí que eres hermosísima.
He aquí que eres hermosa, he aquí que eres hermosa.
Es decir, he aquí que eres hermosísima.
Y luego esto, aquí dice tus ojos de paloma.
Aquí dice tus ojos son palomas, que yo prefiero con mucho.
Es mucho más bello identificar a los ojos con las palomas enteras, los ojos solos con palomas volanderas enteras, decir como de paloma o tus ojos de paloma.
No, tus ojos son palomas.
Los veo uno volar, siento, trato de comunicar esto.
Hay Biblias que dicen tus ojos son como de paloma.
No, aquí es tus ojos son palomas.
Es muy bello, muy bello.
No hay un modo más expreso o más emotivo para comunicar esto, que a mí me tarasea tanto.
Bueno, dice.
He aquí que tú eres hermoso, amado mío y suave, nuestro lecho también florido.
Nuestro lecho también florido.
Acá dice nuestro lecho verde, que allá, es decir, ya está verde.
Han pretendido un pedazo de desierto, de harina.
Lo han cubierto con ramas verdes.
Para acostarse, para hacer el amor, para pasar la noche.
Aquí lo dice de manera muy indirecta, muy hermosa, muy hermosa.
Nuestro lecho también florido.
Es decir, esta burda cama que hemos tendido aquí, florece, florecerá, floreció con nuestro amor.
El amor hace florecer, hace florecer.
Rejuvenece, rejuvenece, dota de sentido a la vida, dota de sentido a la vida.
Cuando no hay amor, la desesperanza se cuela fácilmente en el corazón.
Cuando hay amor, todo parece una fiesta.
Es una fiesta.
Ella dice eso.
Allí está nuestro, ¿cómo se llaman estas cosas que tienen nombre?
Se tiene una cama de ramas, eso, para nuestro amor.
Pero es el varón, él inmediatamente se transforma en rey y dice, las vigas de nuestra casa son de cedro y de ciprés, los artesanados, tal como era el Palacio de Salomón.
Las vigas de cedro y de ciprés, las labraduras en las vigas, los artesanados.
Él ya se siente el rey y ella humildemente se conforma y con toda felicidad con una cama de ramas verdes.
Esta segunda parte del primer canto, del primer capítulo del Cantar de los Cantares, dice así.
Allí, hueva de los faros de faraón, te he comparado, amiga mía.
Hermosas son tus mejillas entre los pendientes, tu cuello entre los collares.
Sarsillos de oro te haremos con clavos de plato.
Mientras el rey estaba en su reclinatorio, minardo dio su olor.
Mi amado es para mí un manojito de migra que reposa entre mis pechos, racimo de cofre en las villas de Engadí.
Es para mí, mi amado.
He aquí que tú eres hermosa, amiga mía, aquí que eres hermosa.
Tus ojos son palomas.
He aquí que tú eres hermoso, amado mío y suave, nuestro lecho también florido.
Las vigas de nuestra casa son de cedro y de ciprés, los artesanados.
Con esto termino esta primera, ¿cómo le llamaríamos?
Conferencia, no, lección, intento.
Este primer intento de aclaración del Cantar de los Cantares.
Muchas gracias.
"La esposa" Venga el amado su sueldo.
Como acabo de hablar, encuéntrase el esposo, la esposa.
Avisada de ello, acuérdase de lo que tenía su amada.
Que por ventura es el mismo que hizo la comparación arriba de noche.
Y rúgalo que se deje ir con tu madre y que se vaya a mirar con otros asesinos de las manzanas.
"La esposa" [AUDIO_EN_BLANCO]
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