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M-08392-02
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SINOPSIS_SERIE
Ciclo que ofrece un acercamiento profundo y reflexivo a textos esenciales de la literatura universal. En cada edición, un destacado escritor mexicano analiza una obra de su elección, explorando su riqueza temática y estética e invitando al público a descubrirla desde una perspectiva personal y crítica. Esta serie brinda una oportunidad única para redescubrir clásicos literarios de todos los tiempos a través de la mirada de grandes figuras de las letras mexicanas
EXTRACTO_SERIE
Escritores mexicanos analizan obras literarias de su elección, revelando su riqueza temática y estética. Oportunidad única para redescubrir a los clásicos y a los contemporáneos a través de la mirada de grandes figuras de las letras mexicanas
SINOPSIS_PROGRAMA
Sergio Pitol, escritor y traductor mexicano, expresa su admiración por Antón Chéjov y reflexiona sobre su impacto en la literatura y el teatro modernos. Chéjov, maestro del relato corto, dejó una profunda huella en la dramaturgia del siglo XX. Pitol tradujo Un drama de caza, acercando al público hispanohablante una de las obra menos conocida del autor ruso
EXTRACTO_PROGRAMA
Sergio Pitol reflexiona sobre la influencia de Antón Chéjov en la literatura y el teatro modernos. Pitol, tradujo al español Un drama de caza, acercando al público hispanohablante una de las obras menos conocidas del maestro del relato corto
N_PROGRAMA
2
N_TOTAL_PROGRAMAS
19
DURACION_TOTAL
01:30:08:00
PARTICIPANTES
Sergio Pitol, escritor
SEMBLANZA_PARTICIPANTE
Sergio Pitol (1933–2018) fue un escritor, traductor y diplomático mexicano, ganador del Premio Cervantes en 2005. Nacido en Puebla, su obra abarca novelas, cuentos y ensayos, destacándose por su originalidad y su exploración del lenguaje y la memoria. Entre sus libros más importantes están El desfile del amor y El arte de la fuga, que forman parte de su Trilogía de la memoria. Como traductor, introdujo al público hispanohablante a autores de renombre como Henry James y Antón Chéjov. Pitol también ejerció como diplomático, experiencia que marcó su visión cosmopolita y enriqueció su obra literaria
TIPO_ACTIVIDAD
DISCIPLINA
TRANSCRIPCION
[Música] [Música] [Música] [Música] [Música] [Música] El Consejo Nacional para la Cultura y las Artes y el Centro Nacional de las Artes en su ciclo de lecturas guiadas presenta "Novelas Cortas de Anton Chekhov" por Sergio Pitol.
Antes de dar inicio a la conferencia que nos ofrece Sergio Pitol sobre la obra del escritor ruso Anton Chekhov, he de hablarles brevemente de la vida de este escritor que fue una especie de gigante de las pequeñas cosas.
Tal como dijo el gran escritor Máximo Gorky, nadie ha comprendido tan clara y sutilmente como Chekhov la tragedia de las pequeñeces de la vida.
Chekhov nació en 1860 en Tagnarok.
Su padre, que era un hombre profundamente religioso, solo pudo ofrecer a sus hijos una infancia de pobreza y golpizas cotidianas.
Años después, en Moscú, cuando era estudiante de medicina, Chekhov gustaba de entretener a sus amigos inventando historias que los hacían reír desenfrenadamente.
Dada la situación extrema de su familia, se le ocurrió escribirlas para ganar dinero y así comenzó a publicar cuentos.
Tenía 24 años cuando descubrió asombrado que era un escritor famoso y al saberlo dijo que la medicina era su esposa legítima y la literatura solo su amante.
Sin embargo, pocos años después, tuvo que retirarse de la práctica médica cuando se le diagnosticó una tuberculosis en estado muy avanzado.
A sus 41 años conoció a una joven actriz, Olga Nikper, y se enamoró de ella casándose ante el amargo resentimiento de sus padres, a quienes, por cierto, nunca dejó de mantener económicamente.
Poco después, Chekhov murió en un balneario alemán, a donde fue en busca de mejoría.
Tenía solamente 44 años y además de haber escrito un total de 247 cuentos y novelas cortas como dramaturgo, transformó el teatro universal.
En el ciclo de lecturas guiadas que organiza el Centro Nacional de las Artes, destacados escritores se dan cita con el público para platicarnos su acercamiento a cada autor.
¿Cómo lo conocieron?
¿Cuál es su interpretación de la obra?
¿Qué destacan de su literatura para que nosotros nos acerquemos a la lectura a través de sus experiencias?
En esta ocasión, Sergio Pitol nos habla de sus reflexiones acerca de las novelas cortas de Anton Chekhov.
Una de las principales características de Sergio Pitol es la de ser un viajero.
Los cerca de 20 años que trabajó para el Servicio Exterior Mexicano en diferentes países le da una perspectiva única a toda su creación.
A lo largo de su narrativa, que abarca nueve libros de cuentos y cinco novelas, se confiesa a través de sus personajes, muchos de ellos, como él, mexicanos, que viven en un país distinto entre derrumbes y resurrecciones internas.
Esta necesidad de escribir solo de lo que conoce es uno de los lazos que une a Sergio Pitol con Anton Chekhov.
Otro es su profundo conocimiento de la literatura eslava, con numerosas traducciones, artículos y ensayos, se ha convertido en uno de los principales divulgadores de esa cultura.
Por ejemplo, en su ensayo "La Casa de la Tribu" evoca y recrea la vida y el pensamiento de los grandes escritores rusos, entre ellos Tolstoy, Pushkin, Gogol y el mismo Chekhov.
Esto lo hace la anfitrión ideal para nuestra plática.
Página 115.
En ella está el verdadero bien.
Entonces, Iván Dmitrich Gromov le respuesta, "comprender la vida, lo exterior, lo interior, perdóneme pero no lo comprendo, lo único que sé, lo único que sé es que Dios me creó con sangre caliente y nervios, como lo oye.
El tejido orgánico, si es capaz de vida, debe reaccionar a cualquier excitación y yo reacciono.
Al dolor respondo con gritos y lágrimas, a la infamia con indignación, a la villanía con asco.
A mi modo de ver, esto es en realidad lo que se llama vida.
Cuanto más bajo es el organismo, menos sensible se muestra y más débilmente reacciona la excitación.
Y cuanto más elevado, tanto más sensible y enérgica es su reacción a la realidad.
¿Cómo puede usted ignorarlo?
Es usted médico y no sabe cosas tan elementales, para despreciar el dolor, estar siempre satisfecho y no asombrarse de nada, hay que llegar hasta ese estado".
Y le señala el cuerpo del otro loco que es un ser vegetal, "hay que llegar hasta ese estado o bien haberse templado con el dolor hasta el extremo de perder toda su sensibilidad hacia él, es decir, en otras palabras, dejar de vivir.
Perdóneme, no soy sabio ni filósofo y no comprendo nada de estas cosas".
Los diálogos son de ese tipo y a medida que se desarrollan estas visitas, estos diálogos, hasta volverse rápido, va cundiendo en el pueblo el rumor extraordinario, extraño, incomprensible de que el médico, el doctor Andrey Efimovich, hace visitas constantes a la casa de los locos y habla con ellos.
Y a partir de este momento, Andrey Efimovich Rakhin marca su destino final, sin saberlo.
En el intento de convencer a este hombre por el que tiene simpatía, por el que tiene piedad, con el que le gusta hablar porque es el único con el que oye ideas y razonamientos, la cárcel entera lo va acosando, lo va acercando, le hacen pruebas, lo llevan de paseo fuera, en lo cual pierde su independencia económica y al final se encuentra entre rejas, llevado con un engaño.
El final de la sala número seis, el pabellón número seis, es uno de los pabellones trágicos.
Andrey Efimovich, el doctor, ha sido internado.
A las primeras horas de su internación, filósofa, le vienen a la mente todos los argumentos que le ha dicho a su amigo, el paranoico, sobre la libertad interior, el olvido del mundo, el mundo es vanidad, todo esto, pero hay un momento, pero gradualmente se va inquietando, se va inquietando.
Este es uno de los momentos más magistralmente escritos por Chekhov o por cualquier escritor.
Este pasar del pensamiento abstracto, del pensamiento puro, a una especie de inquietud física, de inquietud física, de desazón, hasta que necesita todo lo que él había negado, hasta que siente todo esto que él había negado, que es la necesidad de salir, de escapar de allí.
Y entonces viene la petición primero, la orden a Nikita, que era su subordinado, un subordinado mínimo, de que lo deje abrir, de que lo deje salir y las voces de Iván Dmitrich, que lo apoya, pero que lo aconseja, "no nos soltarán nunca, harán que nos pudramos aquí, oh Dios mío, será que en el otro mundo no haya infierno y que estos miserables sean perdonados, dónde está la justicia, abre canalla, no puedo respirar".
En ese momento, el pensamiento de Nikita, de su subordinado, no era de siempre, era de siempre, era de siempre, y no era de siempre, y en ese momento, el pensamiento de Nikita, de su subordinado, era de siempre, y no era de siempre, y en ese momento, el pensamiento de Nikita, de su subordinado, no era de siempre, y no era de siempre, y en ese momento, el pensamiento de Nikita, de su subordinado, no era de siempre, y en ese momento, el pensamiento de Nikita, de su subordinado, no era de siempre, y cuando se comienza a hablar de literatura rusa, es ya la gran literatura rusa, la literatura de Pushkin, de Tolstoy, de Turgenev, de Dostoyevsky, y finalmente, cronológicamente, de Chekhov.
Esta literatura y estos escritores han tenido grandes dilemas en su vida, y los escritores, por ser grandes escritores, y escritores que han planteado, con una valentía enorme, que han planteado problemas literarios, no solamente en la forma, sino en el contenido, eran inconcebibles en un régimen zarista, autócrata, donde la censura era extrema, y las reglas del juego que se permitían para un escritor, eran muy pequeñas.
Ellos las rebasaron, sufrieron la cárcel como Dostoyevsky, el exilio en las repúblicas interiores, es decir, en los confines del imperio, en las regiones salvajes, como Pushkin, el exilio a Europa como Turgenev, el exilio en su casa como el viejo Tolstoy, que tiene prohibido salir de sus propiedades y acercarse a las ciudades de importancia.
Todo esto, por una individualidad fuertísima, por una valentía muy extraordinaria, y por la creación de una obra que es ya imperecedera, que sigue leyendo allá, que se sigue leyendo en el mundo, que sigue teniendo influencia en las literaturas y pensamientos en muchas partes.
El otro autor que se me escapaba es Nicolás Gogol, que escribió una obra fabulosa, que se llama una novela fabulosa, Las Almas Muertas, que trata de manera satírica el sistema de esclavización en Rusia, el sistema de servidumbre, y una comedia crítica que nadie sabe cómo logró pasar la censura, El Inspector.
Cuando Chekhov comienza a escribir, casi todos estos autores han muerto, y el único vivo es Tolstoy, a quien la literatura ya no le interesa.
Le interesa su obra social, su obra religiosa, es uno de sus mejores amigos, la amistad entre ellos es intensa.
Tolstoy lo ve como un hijo con el cual difiere en muchos aspectos, pero que le resulta admirable como escritor y como persona.
Puede que en las ideas difieran en muchas partes.
Y de la misma manera, Chekhov ve a Tolstoy como un gigante, como un… habla a veces de él como un bosque, como un roble, como un semidios, con cuyas ideas, curiosamente, tampoco tiene encuentro.
Difieren en muchísimas cuestiones sobre la religión, sobre la ciencia, sobre la sociedad, pero están de acuerdo siempre en que el escritor, entre otras cosas, que el escritor para ser escritor debe decir la verdad, su verdad.
De otra manera, como dice, la literatura se los cobraría muy fuerte.
Y en efecto, en la época de Chekhov hubo muchos otros escritores de los cuales casi ninguno queda sino en las enciclopedias.
Hay dos jóvenes, muy, muy jóvenes, que empiezan a escribir cuando Chekhov está ya casi a punto de morir, que son Gorky y Van Buning, que ya formarán otra etapa de la literatura, de la literatura del siglo XX.
En el primer relato que leímos, el viejo maestro, el viejo académico, que sabe que está al final de una enfermedad mortal, que está en la parte final, filosofa o divaga o hace digresiones sobre distintos géneros de profesionales, los alumnos, los maestros, los novelistas rusos, el teatro ruso, y esto lo va haciendo en distintos momentos y siempre encuentra una queja, una falta, una carencia en ellos, que es el espíritu de libertad.
Quieren vivir tutelados, quieren asirse de una persona que tenga renombre, que tenga prestigio como él, o fingir pensamientos políticos y sociales que no viven.
Quieren pasar como altograndes burgueses, como aristócratas decadentes, pero no contar su verdad.
Y, como decía Chekhov, la literatura, eso lo cobra carísima, a un precio altísimo, ninguno de ellos sobrevivió a su tiempo.
Comentaba yo en otra ocasión que algunos críticos, en un momento, consideraban a Chekhov como un cínico.
Esto venía de la extrema izquierda o de la extrema derecha.
La extrema derecha le reprochaba su liviandad en el juicio ante pecados o asuntos oficiales que le parecían graves.
Es el caso del cuento "Ladrones de caballos", que he leído un fragmento de "Carta de Chekhov a Suborín", donde le reprocha el editor que él y su público, el editor y el público de ese editorial, no entienden por qué no hay una condena más radical hacia los ladrones de caballos.
Y entonces, Chekhov le dice que eso le parecería una banalidad, porque todo mundo sabe que robar es malo, que robar entra en cualquier decálogo.
El hecho de robar forma parte de cualquier decálogo social.
A él lo que le interesa son otras cosas y el lector sabría, tendría la inteligencia, si lo esperaba, de saber hacer una recomposición moral de lo que Chekhov había escrito.
Los grupos anarquistas que eran muy fuertes, los nihilistas que eran terroristas, el socialismo radical, también lo reconvenía de alguna manera, diciendo que presentaba los problemas y era necesario dar soluciones.
En una carta de Chekhov a Suborín, el editor que fue su amigo íntimo, su protector, su confidente durante gran parte de su vida y con quien al fin rompió por cuestiones políticas, dada la orientación de Suborín a la derecha en los últimos años, en una carta le dice, "En las conversaciones que tengo con los escritores, insisto siempre en que no es quehacer del artista el resolver problemas estrechamente especializados.
Es malo que el artista se ocupa de lo que no comprende.
Para las cuestiones especializadas existen los especialistas.
Es asunto suyo juzgar de la comunidad, del destino del capital, de la nocividad del alcohol, de la ginecología, etc.
En cuanto al artista, debe juzgar lo que comprende.
Su dominio es tan limitado como el de cualquier otro especialista".
El dominio del escritor es tan limitado como el de cualquier otro especialista.
"Eso lo repito y en eso insisto.
Decir que en la esfera del artista no debe haber solo planteamientos de problemas, sino respuestas, no lo pueden decir, es algo que no puede decir, sino alguien que nunca ha escrito.
El artista observa, elige, adivina, compone.
Ya esos actos suponen desde el principio la existencia de un problema.
Si desde el principio el autor no lo hubiera planteado, no habría nada que adivinar ni dónde elegir.
Usted, estimado Subori, confunde dos conceptos, la solución de un problema y su justo planteamiento.
Para el artista lo único necesario es plantearlo.
Ningún problema, por ejemplo, se resuelve en la Ana Karenina de Tolstoy, ni en el Eugenio Onyegin de Pushkin.
Pero son obras que le satisfacen a usted plenamente por la sola razón de que en ellas todos los problemas importantes han sido adecuadamente planteados".
El texto último que vimos, la sala número seis o el pabellón número seis, es una obra que plantea problemas.
Y que añadir soluciones a esos resultaría casi una ociosidad.
Es tan contundente este mundo trabajado por Tolstoy, por Chekhov.
Está tan presente en él una problemática moral, una crisis moral, que darle añadidos como de receta sería desgastarlo.
En el final del relato, si ustedes recuerdan, este pobre médico que comenzó a ir unas semanas o unos meses antes a asistir a la sala donde viven los locos, al pabellón número seis, al final, después de unas horas de estar él internado allí y saber que no tendrá salida nunca más, y sentir, ver, reconocer que estos otros locos han pasado 14, 18 y hasta 20 años pudriéndose en esa cobacha maloliente sujetos a un régimen de golpizas, a un régimen permanente de golpes, bueno, ahí está ya una moral.
El hecho de haber ignorado, siendo director del Hospital General al cual pertenece esta celda, le parece a él una forma criminal, una manera de haber golpeado también él como Nikita el golpeador a esta gente, a estos hombres.
En todos los cuentos de Chekhov hay todos estos aletazos que exigen del autor o solicitan del lector un replanteamiento de estos temas que trata.
Y en todos ellos la respuesta es la búsqueda de la libertad.
No hay libertades interiores, no hay libertades en la sala de lectura que sean válidas del todo.
La libertad se tiene que conquistar y él no la había sabido conquistar y muere víctima del poco esfuerzo que había hecho durante los 20 años de director.
Recuerdo que leyendo a Thomas Mann, unos diarios de Thomas Mann, el escritor alemán, que había vivido durante todo el nazismo en el exilio, durante todo el periodo nazista, en el exilio, hace una primera visita tres años después de la guerra en 1948, por primera vez a Alemania desde 1933, desde el año en el que llegó Hitler.
Y lo que más le repugnó, lo que más le fastidió fue el hecho de que gente a la que había conocido, gente que se le acercaba, él fue a dar unas conferencias, él fue a hacer unos planteamientos, una gira académica y sobre todo estaba interesadísimo porque todo este periodo había estado escribiendo, pensando en Alemania.
Lo que más lo rechazó, lo que más rechazo le produjo fue el hecho de que la gente le dijera "es que no sabíamos nada, es que no habíamos tenido noticias, ni de los campos de concentración, ni de los horrores que hemos visto después de que acabó la guerra".
Entonces, Mán, que como muchos otros escritores o científicos, filósofos, lo habían sentido, habían sentido esta atmósfera desde 1933 y se fueron de Alemania por eso, esto que consideró una hipocresía nacional le impidió que se quedase a vivir los últimos años que le quedaban en Alemania.
Le ofrecían puestos muy seductores, que en un momento lo mareaban, pero en el instante los rechazaba por no tener que convivir con este mundo de falsarios, de que nunca habían visto, nunca habían oído, nunca habían leído nada, creían que todo estaba bien.
Y eso, en el fondo, quizá es lo que más repugna a Chejov, esa indiferencia.
Y lo dice en varios cuentos y en varios textos, la indiferencia es una forma de la muerte.
La solidaridad para él era la acción, el cambio.
En su campo fue como médico y como ciudadano, digamos.
Participó en muchísimos, en la creación de hospitales, de institutos de ciencia, institutos de investigación en escuelas, porque, como lo han dicho también sus personajes, y como lo dijo él en una carta que ya leímos, creía en aquellos tiempos en que la ciencia y la tecnología estaban comenzando, que la ciencia iba a ser la solución al hombre.
Y en ese sentido, en ese momento, en ese momento, en ese momento de la muerte de Chejov, en ese momento de la muerte de Chejov, en ese momento de la muerte de Chejov, en ese momento de la muerte de Chejov, en ese momento de la muerte de Chejov, en ese momento de la muerte de Chejov, en sus textos, en la celda número seis, en el horroroso, en el barranco, en muchos más, y en actos también que pueden considerarse políticos, su renuncia a pertenecer, en sus últimos años, a muchas instituciones patrocinadas por el régimen autocrático.
El rechazo, la devolución de medallas y de honores, cuando en esas organizaciones la censura castigaba a otros escritores.
Pero la originalidad de Chejov, y es uno de los meollos de su obra, y está en el corazón de su teatro, que es quizá lo más extraordinario de Chejov, las cuatro obras finales, es el concepto de soledad.
El hombre debe trabajar, el hombre debe ser generoso, el hombre debe dar de sí a los demás, pero sabiendo que en el fondo hay algo, un núcleo muy importante, una esencia muy fundamental de su organismo y de su individualidad, que resta secreta, a veces está para él.
Aquella broma que le hacían sus amigos, cuando decían que era tan extremado en las correcciones, se me dejó el tiempo en divagar, que era tan extremado en las correcciones que si los editores le dejaban un texto, ese texto acababa diciendo "Iván y Marusha se conocieron en verano, se enamoraron en verano, al poco tiempo se casaron, meses después eran infelices".
Bueno, esa sensación de soledad, esa sensación de que ninguna persona puede plenamente resolver los problemas de las otras, ni los padres comprender a los hijos en su integridad, ni los hijos a los padres, ni los hermanos a las hermanas, ni los amantes a las amantes, ni los esposos a las esposas, es también parte de un periodo de transformación en Rusia, en que se mueven valores ya sociales que son absolutamente distintos a los anteriores, en que gran parte de esta sociedad, la inteligencia, los profesionistas, los maestros, los alumnos, se sienten desubicados, se sienten hombres y mujeres superfluos, se sienten desgajados del núcleo religioso en algunas partes, del núcleo patriarcal en otra, están en el borde de la ciencia de nuevos mundos, entre otros, el de la revolución.
Chekhov es un autor que influye mucho en los escritores existencialistas, por ejemplo, en Sartre, en el teatro y la literatura del absurdo, en Beckett, sobre todo.
Beckett, Samuel Beckett, declaró que él no hubiera podido escribir su obra maestra, lo que después fue su obra maestra, "Esperando a Godot", si antes no hubiese leído o visto en el teatro la obra de Chekhov, "Las tres hermanas".
Todo lo que de inexplicable tiene el círculo más inmediato, los mecanismos inexplicables que se producen siempre en el círculo inmediato de una persona.
En este juguete cómico, ya lo vemos, que leímos la vez pasada, "El aniversario", los personajes no establecen diálogos, los personajes monologan sin oírse ni entenderse.
Una señora llega a la oficina de un banco pidiendo y exigiendo, insistiendo casi violentamente que le resuelvan la situación de su marido, que no es empleado del banco, sino de una oficina de gobierno que no tiene nada que ver con las cuestiones bancarias.
La esposa del dirigente llega y habla, y habla, y habla de lo que le sucedió en el tren, de lo que cantaron en el tren, de una pequeña tragicomedia que sucedió en su círculo familiar, donde pasó algunos días y un falso suicidio.
Nadie se oye, todos hablan y el resultado final es casi una pérdida de razón.
A un empleado, el director le pide que saque a una mujer, que la saque de ahí, y a quien persigues a la esposa del director.
Ahí, en forma cómica, en un mecanismo muy simple, está integrado, esbozado, el mundo existencial de la obra chejoviana, tanto de sus relatos como sobre todo de su teatro.
Personajes que hablan y hablan y hablan, diálogos que entran, situaciones triviales que se atraviesan en momentos trágicos.
Y esto lo vemos, vamos a verlo, en los dos últimos novelas cortas que les pedí que leyesen.
¿Por qué son novelas, por qué Tolstoy le tituló novelas cortas a estos relatos y no cuentos?
En primera parte, en primer lugar, son tan breves algunas como algunos cuentos.
Hay cuentos largos que superan el número de páginas de estas novelas cortas.
Pero, aún ahora y mucho más entonces, los cánones literarios, los géneros literarios han tenido modelos establecidos.
En un cuento, lo que interesa es la trama.
Los personajes son vectores de la trama, son mecanismos para que la trama se mueva y el momento final, la solución final es el gran momento del cuento.
Desde las primeras líneas y que celosamente el autor va ocultando y va moviendo todas las piecitas, todas las piecitas que son los personajes y las acciones para que al final ese final estalle y nos produzca a los autores el efecto sorpresivo.
El cuento del siglo XIX es siempre eso y gran parte del cuento de nuestro siglo.
A pesar de que ahora los géneros los hemos magullado y los hemos movido con mucho más facilidad y mucho más, pues con mucho más furia que entonces el cuento eso era.
Piensen en algún cuento de Edgar Allan Poe y es el modelo perfecto.
La novela corta, la novela corta en cambio, a pesar de sus pocas líneas, tiene que tener, y por eso es novela, un cuidado especial en los personajes.
Los personajes deben tener una psicología.
Aunque esté mostrada por algún gesto, por alguna frase, nosotros los tenemos que ver como personajes novelísticos, como personajes de quienes esa frase o ese gesto se puede lograr un desarrollo.
No es mecánico el factor humano.
Y el final no tiene por qué ser siempre sorpresivo.
No tienen que ir todos los hilos, no tienen que moverse todos los hilos para concluir en un punto final.
Ahora, en Chekhov la originalidad de él fue extraordinaria porque a veces no hay comienzos, no hay comienzos clásicos, no hay comienzos nutridos y no hay finales.
O los finales son verdaderamente asombrosos.
Por inesperados, no porque sean mágicos, no porque sean maravillosos, no porque sean misteriosos, sino por inesperados.
Estos dos relatos que leyeron ustedes para esta vez, "El asesinato" y "En el barranco", son relatos de la Rusia profunda.
Son relatos, como lo es también la sala número seis, relatos de la pequeña aldea, de la pequeña ciudad, del mundo en el que no hay ferrocarril o el ferrocarril comienza a pasar, comienza a tener por primera vez una estación en ellos.
Son relatos donde se siente también un cambio social.
Hay como vislumbres de que va creándose una clase social, sea la comerciante o la industrial misma, en esos lugares.
Y que se va creando de una manera implacable, de una manera destructiva.
Y en eso, Chekhov, que tantas veces ha repudiado y ha pensado el mundo de Tolstoy, en estos relatos está muy cercano.
Hay, para empezar, un hálito religioso en los dos relatos.
En un asesinato, la religión ocupa el espacio casi entero del relato.
El asesinato del título viene siendo una consecuencia de un fenómeno religioso, en primer lugar, y en el segundo, del dinero.
En los dos relatos hay tintes religiosos y la aparición del dinero como motor de lucro, de la posesión, de la propiedad.
En el primero, un asesinato es mucho más imperioso el tema religioso.
Y en el segundo, el tema del dinero, aunque en ambos están ligados.
Para estas fechas, es a finales del siglo y a finales casi de la vida de Chekhov cuando escribe estos relatos.
Este imperio omnipotente que era la Santa Rusia, este poder autocrático de los Zares y esta religión única de los popes ortodoxos empiezan a resquebrajarse.
Para empezar, la religión ortodoxa comienza a dividirse en sectas.
En los dos cuentos vemos a que uno habla de una secta molconiana en el Cárpato, que es una zona de Rusia, donde se llega al contacto divino por la orgía.
En los dos cuentos se habla de las sectas flagelantes.
En el asesinato se habla de ortodoxos del viejo rito y del nuevo rito.
Es decir, hay como un estallido de algo que había estado durante 900 años compacto.
La sociedad empieza a dividirse, hay nuevas clases sociales.
Y este régimen autócrata por excelencia del zarismo, el zar como la única persona, la máxima persona del imperio, empieza a venirse abajo porque la corte de Nicolás II, el último emperador, está invadida de… ¿qué podemos decir de estos personajes como Rasputín?
De personajes que se han apoderado del poder por medio de prácticas religiosas desacostumbradas, por la sugestión un monje, un monje que además ha sido excomulgado, con grandes poderes magnéticos, ha penetrado en la corte, en la familia real misma, es consejero del emperador, es el médico de la zarina y de sus hijos, es más fuerte que el jefe de la policía secreta, que puede dar órdenes al ministro de la guerra.
Y en estos dos cuentos se mezcla ya también, se muestra esta Rusia trastrocada, esta Rusia que está como en espera de algo que no llega.
Un asesinato es una novela que juega con elementos simétricos.
Dos primos tienen una manera diferente de ejercer el culto y de concebir la religión.
Proceden de una familia que por varias generaciones ha estado mortificada por prácticas religiosas diferentes a las de la comunidad en la que viven.
Hay una abuela o bisabuela prascovia que de repente se aparta del rito y a partir de ese momento cada generación ha tomado modalidades diferentes.
En el final de esta familia quedan dos primos hermanos que debieran haber sido herederos de una propiedad, pero de las cuales uno de ellos se ha apoderado y desprovisto al otro de sus derechos.
La novela comienza con una celebración religiosa.
En la estación de Progonaya se celebran las vísperas, es decir, una de las ceremonias del culto ortodoxo.
No hace Chejov la descripción de esa ceremonia, sino de las circunstancias en que la ceremonia se desarrolla.
El canto de Matvey, Matvey es uno de los dos hermanos que van a entrar en contienda.
La felicidad que emana su cara y que resplandece en ese canto.
Es una ceremonia luminosa y ese capítulo se cierra con la misma ceremonia de vísperas celebrada en la casa del primo de Matvey, Yakov Ivanish, pero que aún no ha terminado porque él se propone en todas sus ceremonias exagerar el culto.
La simetría se presenta ya en este comienzo, en este capítulo.
El mismo rito, la misma ceremonia se está celebrando, pero ahí hay una ruptura asimétrica porque la religiosidad es distinta en cada una de esas ceremonias.
En donde ha sido radiante de felicidad y de luz, en la otra es oscura, es tétrica, tiene algo de fanatismo solitario, de no participación.
El término de religión viene de reliquio, de ligar.
En la primera hay esta liga de los creyentes y en la segunda es solamente tres personas de una familia que celebran esta ceremonia en un recinto cerrado a todos los demás.
El primer primo Matvey considera que eso es pecado, que eso es pecado de soberbia e insiste, e insta a su primo a cambiar de hábitos, a arrepentirse de sus prácticas.
Esa cosa tan sencilla desemboca en una cosa tremenda como es el asesinato de Matvey, hecho con una hazaña brutal.
Entre uno de los hilos que une toda la novela que va circulando, en toda la novela que la va cosiendo, es la tormenta.
En cada una de las ceremonias, en cada uno de los actos, en las conversaciones que van teniendo estas personas con otras, está siempre presente la naturaleza y la furia de la naturaleza.
Es una tormenta invernal de un invierno que debía ya haber terminado, de un invierno que ha cubierto el mes de abril y de mayo, que no ha dejado paso a la primavera y que va creando esas alusiones, esos ruidos en el campo.
En la primera ceremonia son las copas de los árboles las que se mueven y silban.
En la segunda ceremonia se oye como azotes en los techos de la casa donde se celebra.
Todo esto que parece así como casual, va teniendo un sentido, va haciendo, va dando características al personaje de un mundo y al del otro.
Quiero leer el relato de la vida que hace Matvei, que me parece muy bello.
Bueno, ya en la primera, en esta primera ceremonia con la que se inicia, dice "todos se mantenían en silencio, fascinados por el brillo de las luces y los aullidos de la nevasca que cuando nadie la esperaba se había desatado.
La cara de Matvei resplandecía de felicidad, alargaba el cuello como si quisiera salir volando, cantaba con voz de tenor y recitaba con el mismo timbre poniendo en ello un dulce vigor.
Al llegar a la voz del arcángel empezó a agitar la mano como un director de orquesta y procurando ajustarse al sordo bajo del sacristán dejó oír una complicada fioritura.
Veíase que esto le producía gran satisfacción".
Bueno, este Matvei había trabajado antes en una fábrica de azulejos donde tenían un coro también religioso.
En la fábrica de azulejos teníamos nuestro coro y he de decirle, le está diciendo al posadero de la cantina, al cantinero de la estación, y he de decirle que aunque lo componíamos simple obreros, cantábamos de veras magníficamente.
A menudo nos hacían ir a la ciudad y cuando el vicario Iohan celebraba en la iglesia de la Trinidad el coro de la diócesis cantaba a la derecha y nosotros a la izquierda.
De lo único que en la ciudad se quejaban era de que dilatábamos mucho el canto, que aquello se prolongaba demasiado.
"Bien es verdad que empezábamos a las siete el himno de San Andrés y el Hosana y terminábamos pasadas las once.
Así que cuando llegábamos a la fábrica eran ya más de las doce.
¡Qué bien se pasaba allí!", suspiró Matvei.
"Lo que se dice muy bien", sergué Iñika Norish.
"En cambio, aquí, en la casa familiar no hay la menor alegría.
La iglesia más próxima está sin cobertas y con mi mala salud me resulta imposible llegar hasta ella.
No hay cantores.
En nuestra familia no se conoce la tranquilidad.
Todo es ruido, blasfemias y suciedad.
Comemos todos de la misma cazuela como los mujícs y en la sopa parecen cucarachas.
Dios no me concede la salud y a no ser por esto yo me habría marchado hace tiempo", sergué Iñika Norish.
Luego dice, "A decir verdad no quiero a mi primo", prosiguió sirviéndose un vaso de té.
"Es mayor que yo y parece pecado criticarlo.
Temo a Dios nuestro Señor pero no lo puedo aguantar.
Es un hombre orgulloso, muy serio, mal hablado, tortura a sus familiares y criados y no frecuenta la iglesia.
El domingo pasado le pedí cariñosamente, 'Primo, vayamos a la misa de Pajomobo' y él replicó, 'No quiero'.
El Pope de Pajomobo juega las cartas y tampoco ha venido hoy aquí porque dice que el sacerdote de Vadepniapino fuma y bebe.
No es amigo de los popes.
Él mismo dice en su casa la misa, los maitines y las vísperas y su hermana le sirve de sacristán.
Él empieza el 'Oremos' y ella sigue con una voz fina como una pava, 'Señor, ten piedad de nosotros'.
Un verdadero pecado.
Todos los días le digo, 'Date cuenta de lo que haces, primo, arrepiéntete', pero no me hace caso.
Matvey le cuenta su historia.
En cada ocasión que va a la estación del ferrocarril le cuenta la historia a Serguéi Nikanoris, el cantinero que es tratado pésimamente por el jefe de estación y a un jefe de policía, el jefe de policía de la estación.
Y es magnífica.
Ustedes leyeron todo el cuento.
Es la parte dos que comienza en la 207, que cuenta cómo él, Matvey, en una época también, por puritanismo empezó de ir a la iglesia porque un sacerdote olía tabaco, porque hacían ruido las faldas de una señora y empezó a tener su propia iglesia.
Y siente que ha sido tocado por el diablo.
Según yo, yo era el único que vivía según los mandamientos.
El maligno no dormía y conforme el tiempo pasaba, aquello iba en aumento.
Dejé de cantar en el coro e ir a la iglesia.
Me creía un hombre justo y la iglesia, viendo su imperfección, no me agradaba.
Es decir, como el ángel caído, me ensobervecía hasta lo increíble.
Después de esto, quise tener una iglesia para mí mismo, para mí solo.
Alquilé a una mujer sorda un pequeño cuarto muy a las afueras, cerca del cementerio, y lo convertí en un oratorio por el estilo del de mi primo, aunque en el mío había candelabros y un incensario de veras.
En este oratorio me atenía las reglas del santo monte Atos.
Es decir, cada día los maitines empezaban siempre a medianoche y en las fiestas más solemnes, la misa duraba diez y hasta doce horas.
Después de todo, los frailes, según las reglas, permanecen sentados durante la lectura del evangelio.
Pero yo, para serme más agradable a Dios, solía leerle de rodillas.
Leía y cantaba durante un largo rato con lágrimas en los ojos y suspirando, alzando los brazos.
Y nada más terminada la oración, sin dormirme iba a la fábrica y durante el trabajo no cesaba de orar.
En fin, que por la ciudad empezó a correr el rumor, "Madvey es un santo, Madvey cura a los enfermos y a los locos".
Claro que no había curado a nadie, pero ya se sabe, en cuanto aparece un sisma o una falsa doctrina, las mujeres no lo dejan a uno en paz, acuden como las moscas a la miel.
Empezaron a acosarme casadas y solteronas de toda clase.
Me hacían reverencias, me besaban las manos y afirmaban que yo era un santo.
Una llegó a verme con la cabeza ureleada por un nimbo.
El oratorio se había hecho pequeño, por lo que alquilé un cuarto más espacioso y aquello se volvió, se convirtió en una verdadera torre de Babel.
El diablo se apoderó de mí definitivamente y tapó la luz de mis ojos con sus repugnantes pezuñas.
Todos parecíamos pesos, posesos.
Yo leía y las casadas y solteronas cantaban.
Y así, sin comer ni beber, permanecíamos de pie días enteros.
De pronto ellas empezaban a extremecerse como si tuvieran calentura y luego se ponía a gritar una y otra.
Aquello daba miedo.
También yo me extremecía como un judío en la caldera.
Yo mismo no sé la causa, pero mis piernas empezaban a saltar.
Era algo portentoso.
No quería, pero saltaba y agitaba los brazos.
Después de esto empezaban los gritos y chillidos.
Bailábamos todos y nos perseguíamos hasta que caíamos rendidos.
Así, en un momento de absurda locura, caí en el pecado de la lujuria.
Y sigue contando cómo alguien en un momento, un jefe suyo, le dijo que debía romper con esas prácticas, que fuera una persona como los demás, que comiera, bebiera, vistiera y rezara como el resto de la gente, etcétera, etcétera.
Que todo lo demás viene del diablo.
Y seguía contando Matvey este monólogo.
Aquí está ya en esta forma de composición del relato, gran parte de la originalidad de Chekhov y la esencia de su teatro que fue absolutamente revolucionario en su momento.
Esta cosa, un monólogo y después salen comentarios que no tienen nada que ver con él, que tienen que ver con otra cosa muy distinta, el dinero del primo.
Bueno, estas prácticas religiosas, estos éxtasis que ha vivido Matvey y los otros que vive el personaje, se desencadenan en una noche en que la tormenta es todavía más extremada, en un asesinato.
Un asesinato brutal, un asesinato cometido por el primo, la hermana Aglaya, el primo, él con un rodillo y ella con una plancha, que terminan bañados de sangre, pero con un testigo que se deja corromper o se deja comprar por 500 pesos para tener su silencio.
De cualquier manera, es tan evidente, aunque arrojan el cadáver lejos de ahí, que la familia es condenada a muchos años de cárcel, Matvey una pena, a Chekhov, el hermano, una pena de muchos años, no sé cuántos, 30, que después, bueno, fueron condenados, los cuatro fueron condenados culpables de asesinato con fines de lucro, Yakov Ivanovich a 20 años de trabajos forzados, el primo, Aglaya, la hermana del primo, a 13 años y 6 meses, Sergey Nikanorich, el testigo que violó el crimen y se dejó corromper, a 10 años, Ida Shutka, a 6, que no participó, ni mucho menos que es la hija de Yakov.
Y después de esto, viene un capítulo que parece como desprendido de otra novela, porque todo esto ha tenido una intensidad en unos cuantos, en un día, el día de las, en dos ceremonias religiosas, que están muy cercanas.
Todo esto ha tenido una iluminación cronológica perfecta, aunque todo está también trabado de monólogos y frases que interrumpen el monólogo para tratar de otros asuntos.
El final es un final que me parece extraordinario, es un final espléndido, es en la isla de Zajalín, aquella isla de que he hablado, a la que Shekhov viajó y consideró que después de haber conocido ese penal, esa isla de castigos y de depravación en la crueldad, su vida había cambiado.
Ahí va a dar la familia y el cantinero, cada uno a lugares distintos de la enorme, de la inmensa isla.
Y le pareció que por fin había encontrado la verdadera fe, aquella que tanto ansiaba y tanto había buscado sin encontrarla, todo su linaje a partir de la abuela Adbotia.
Ya lo sabía todo y comprendía dónde está Dios y cómo había que servirle.
Lo que no comprendía era por qué la suerte de la gente es tan distinta, por qué esta fe sencilla que Dios concedía a unos graciosamente junto con la vida, le había costado a él tan cara al precio de tantos horrores y penalidades, que a juzgar por todo se prolongarían hasta su propia muerte.
Y ahí ya viene la...
Esto le hacía temblar los brazos y las piernas como si estuviera borracho.
Miraba fijamente las tinieblas y le parecía ver a través de miles de versas de oscuridad su tierra natal, su provincia, su distrito, Progónaya.
Le parecía ver la ignorancia, el salvajismo, la insensibilidad y la torpe y bestial indiferencia de la gente que él había dejado allá.
Las lágrimas le nublaban los ojos, pero él seguía mirando hacia la lejanía donde se distinguían las pálidas luces del barco y el corazón se le oprimía dominado por la nostalgia.
Deseaba vivir, volver a casa, hablar allí de su nueva fe, salvar de la perdición siquiera fuese una persona y vivir sin sufrimiento siquiera un día.
La lancha llegó y el guardián, etcétera, etcétera, y luego de nuevo la réplica de la tempestad.
Arriba en la abrupta orilla crujían los árboles, parecía empezar la tempestad.
Es con mucho en el tono un relato religioso, ¿no?
Es la conversión, la aparición de un dios que él había buscado por fórmulas tribales, por fórmulas rituales, que se le da en la miseria, en el castigo, pero sobre todo con la convivencia de otros, otros a quienes él hubiera considerado, habría, había seguramente considerado inferiores toda su vida.
Los judíos, los gitanos, los caucasianos, todas estas razas que vivían como razas segregadas en el imperio.
En el barranco es también una historia con modulaciones religiosas.
El barranco es quizá la historia más cruel, más repelente de Chejov.
Es el mundo, es un mundo, es un submundo que lleva el nombre de mundo, ¿no?
Es la historia de una familia en una aldea que a diferencia de todos los lugares en que la gente habita, que suelen estar en una cima, en una colina, está metida entre colinas en el fondo de un barranco.
¿Ustedes lo leyeron?
Sí, recuerdan el principio es la descripción de la población del barranco.
Y es una descripción que parece mucho, que tiene los mismos adjetivos, que tiene los mismos elementos que la descripción de la celda número seis, donde toda esa peste, enfermedad, miseria, ruina, y donde viven dos familias ricas, una la del comerciante y otra la de unos nuevos industriales de ladrillos.
El barranco tiene las mismas características infernales de la celda de locos.
Y tiene también esta, pues hace alusión a las zonas infernales de la divina comedia, ¿no?
Llegar ahí es como caer en el mundo del mal.
Ahora, en esta novela, los monólogos son breves.
Es una novela de plena madurez.
Los monólogos son breves y se van intercalando constantemente sin que temáticamente parezcan continuarse.
Y sin embargo, al final del rato vemos que todo era compacto, que todo estaba en todo, que cada pieza era un ladrillo de esta edificación formal literaria.
En un estudio de Nabokov, Vladimir Nabokov, en su libro sobre la literatura rusa, dice que la técnica que adoptó Chekhov para describir esta historia, que a él le parece una de las dos más extraordinarias de Chekhov, es una técnica que está usando pantallas todo el tiempo.
Nadie es lo que parece ser.
En este mundo donde vive la familia del comerciante Grigori Petrovich Sibukin, ni en la otra los yimins o algo así, que queda como a un lado, pero va siendo eco a esta familia y va a ser la que al final de cuentas, al final de la historia, sabemos, los va a hundir y los va a desplazar.
Según parece, en este cuento, en esta aldea, en este pueblo, en Ukleyevo, no sucede nada.
Y eso lo dice Chekhov.
Es un lugar donde no ha ocurrido nada que valga la pena y donde no pasa nada que valga la pena.
Pero se van mostrando de esa manera, pero después vamos a ver, nadie es de la familia de este comerciante, Grigori Petrovich Sibukin, y en sus negocios, nadie, nada es lo que parecía.
Pasa él por un comerciante probo y vende alcohol de contrabando, es decir, alcohol no fabricado legalmente, sino alcohol casero que ha resultado en algunos casos venenoso.
Se considera el patriarca de la entidad y sin embargo, compra caballos robados, borregos robados, todo lo que se vende en su comercio, todo lo que es comestible, es putrefacto.
Compra carne podrida, compra aceite podrido para poder venderlo a los mujiqs.
Es un pueblo donde en casi todos los actos sociales oímos los aullidos y los gritos de los campesinos.
Es un pueblo en que hasta en lo más mínimo se engaña.
A dos costureras se les tiene trabajando durante una temporada en la casa para preparar el traje de la novia y de las señoras de la casa, después de haber fijado una cantidad.
A la hora de pagar, se les paga con alimentos y objetos de los que no tienen ninguna necesidad.
Hay un momento en que se habla de las dos mujeres llorando, sentadas sobre unas piedras después de haber sido pagadas con esto, porque han sido engañadas.
Todo parece el engaño y Chekhov va corriendo cortinas, va corriendo visillos.
La máxima joya que parece contener la casa de Aleksei, de Grigori Petrovich Siburkin, es su nuera, Aksinia.
Con una cara siempre modosita, una sonrisa angelical, unos ojos que miran a la gente con ingenuidad y que es de los personajes de la literatura rusa, quizá uno de los más monstruosos, de los más aberrantes, de los más posesivos, de los más diabólicos movida por la posesión, que la han casado con un mudo, un hijo sordomudo y casi demente, casi débil mental.
Todos elogian a Aksinia por su bondad, su capacidad de trabajo y es ese ser que Chekhov nos describe en varios momentos, como con flachazos, como vestida con los colores de una víbora y los movimientos de una víbora, su pecho verde y amarillo, que en dos o tres momentos comenta y que siempre le recuerda a una víbora que se hiergue para atacar a su víctima.
Ya en la presentación se dicen algunos datos que nos dan un tono de la vida de estos pueblos, de estos comercios y de estos habitantes.
"No tiene dote, pero no nos importa", dijo el anciano Tsibukin a la tía de Lipa.
A nuestros Tepan también le buscamos novia en una familia pobre y ahora no paramos de alabarla.
Tiene manos de oro, lo mismo en la casa que en el negocio.
Lipa, de pie junto a la puerta, parecía decir "Haced de mí lo que queráis, confío en vosotros".
Su madre, escondida en la cocina, se moría de vergüenza.
Allí en su juventud, un mercader en cuya casa fregaba ella los suelos, se enfadó y la pisoteó, causándole tal espanto que quedó atemorizada para toda la vida y este miedo le producía un temblor permanente de piernas, manos y mejillas.
Sentada en la cocina, trataba de oír lo que decían los huéspedes y no cesaba de santiguarse, apretándose los dedos contra la frente y mirando el icono.
Bueno, esta entrada, esta entrada así tan breve de Lipa y la mención a la madre como si fuera algo de lo más normal, que en su juventud un campesino la pisoteó y la pateó de tal manera que quedó con ese permanente temblor de piernas, manos y mejillas, nos da la tónica de la brutalidad del mundo al cual se va a introducir a esta jovencita, a este mundo que está acorazado por la mentira, por la falsedad y que en el centro tiene el hervor del infierno.
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Archivo que tuvo la CUID M-08393
INGESTO
Jorge Vallejo Gutierrez
BARRA
Divulgación
TEMA_CONTENIDO
Revisiones de autores mexicanos a obras literarias de alcance universal
LOCACION
CLASIFICACION
A
IDIOMA_ORIGINAL
Español
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REALIZACION
Sergio Nahúm Moreno Sotelo
PRODUCCION
Sergio Nahúm Moreno Sotelo

