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CUID
M-10118
TITULO_SERIE
SINOPSIS_SERIE
Serie que aborda la mecánica creativa de dos destacados escritores mexicanos: Sergio Pitol y Juan José Arreola. Trbajo e inspiración que se refleja en su obra
EXTRACTO_SERIE
Serie que aborda el momento de la creación de obras literarias de dos destacados escritores mexicanos: Sergio Pitol y Juan José Arreola
TITULO_PROGRAMA
SINOPSIS_PROGRAMA
A lo largo de su obra, el autor explora sus temas recurrentes: los vínculos con su tierra natal y sus influencias literarias, la figura inspiradora de la musa, su pasión por el ajedrez, las amistades significativas y el mundo del espectáculo. Esta selección rescata su voz en grabaciones y imágenes emblemáticas, ofreciendo un recorrido íntimo por los ejes que definieron su creación y legado artístico
EXTRACTO_PROGRAMA
El autor revisita sus obsesiones: orígenes, musa, ajedrez, amigos y farándula. Su voz grabada e imágenes icónicas revelan los pilares de su obra literaria y su universo creativo
N_PROGRAMA
1
N_TOTAL_PROGRAMAS
2
DURACION_TOTAL
00:27:54:17
PARTICIPANTES
Hugo Gutiérrez Vega, Pillar Pellicer, Eduardo Lizalde, Rosenda Monteros, Antonia Guerrero, Elsa Gallegos, Vicente Preciado y Héctor Gómez
TIPO_ACTIVIDAD
DISCIPLINA
TRANSCRIPCION
Gracias por ver el video. La Biblia La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días El unicornio, figura arquetípica e incorruptible, luz y sombra, una criatura de sueño, de soledad, de fuerza y hermosura, salvaje y sabio a la vez. Su voz se asemeja al tañer de las campanas, espíritu de la mañana y bestia de medianoche. Según leyendas medievales, el cuerno del unicornio es un antídoto poderoso para contrarrestar cualquier veneno. El unicornio es tan libre e indomable que ningún cazador logra apresarlo jamás. El único ser que puede atraerlo hacia sí para domarlo es una doncella virgen y virtuosa. El unicornio se mira en el espejo de la verdad buscando la sabiduría del conocimiento de cienzo Los abismos atraen Yo vivo a la orilla de tu alma Inclinado hacia ti Sondeo tus pensamientos indago el germen de tus actos vagos deseos se remueven en el fondo confusos y ondulantes y sigo creyendo en la belleza Soleto a Juan José Abrión Tú, que dices las cosas desde el vaso, donde se beben día entre diamantes Las islas son para vivir errantes, llenos de desnudez y paso a paso Las manos siempre pones sobre raso, y ahí están las palabras fabricantes Arreola amó el lenguaje desde la infancia. Celebró a los que mediante la palabra han hecho visible el espíritu. Desde Dostoyevsky, López Velarde, Kafka, Pellicer, Whitman, Joyce, Schmitzler, Poe, García Lorca, Musil, Baudelaire, Shakespeare. Góngora, Onío, Proust, Astarrilque e Isaías. Juanito, Juan José. Ay... Padre... Quiero preguntarle... ¿Menosorquia es una mala palabra? ¿Menosorquia? No, no la conozco Juanito... ¿Dónde la oíste? Se la oí al diablo... Él la iba diciendo en un sueño que tuve... Yo estaba en la azotea, mirando por una caña, y era como un convite en el circo. Y era adelante un día dorado, como una mojita, todo pintado por su compañero. Ese bambollado también, ese no me hizo. ¡Guau! ¡Dame un autor de la otra! ¡Guau! ¡Dame un autor de la otra! Y al pasar, no a mí, no a tan auto que su cabeza llegue junto a mí, diciendo que yo estaba en la protección. ¡Válgame Dios! Ah, me acuso, padre, de que escribió un cuento. ¿De qué se trata? Aquí está. Se lo dejo. Mañana me voy a pagar. ¡Sea por Dios, Juan José! ¡Qué! No más espántalos, pero no les tires layo con tu escopeta. Los cuervos son como tú y como yo. Ustedes ya no se acuerdan, pero los cuervos trajeron otra vez el maíz a Zapotlán. Antes nuestra tierra se llamaba Tlayolán, que quiere decir que el maíz nos da la vida. Pero los vecinos nos hicieron guerra entre todos. Nos quitaron primero la sal y luego se llevaron las mazorcas todas, sin dejarnos ya ni un grano para la siembra. Y entonces Tlayolán se llamó Zapotlán, porque ya no comíamos maíz sino zapotes y chirimoyas. Andábamos descriados, ya sin fuerzas para la guerra. Pero tuvimos un rey y su nahual era cuervo. Se hacía cuervo cuando quería, con los poderes antiguos de Topil, Sili y Ometecutli. Y se iba a volar sobre los sembradíos ajenos y veía que todos tenían el maíz que nos quitaron. Y como su nahual era cuervo, sabía que los cuervos buscan y esconden las cosas y nos enseñó a todos para que nos volviéramos cuervos. Cuando comenzaron las lluvias, ya para meterse el sol nos hacíamos cuervos y nos íbamos volando para buscar el maíz que sembraban las gentes de Sayula, de Autlán, de Amula y de Tamatsula. Volvíamos cada quien con su grano de maíz en el pico a esconderlo en la tierra de Zapotlán. Pero como nos costaba mucho trabajo encontrar las semillas y todos teníamos ganas de comer maíz, nuestro rey cuervo dijo que los que se tragaran el grano por el camino se quedarían ya de cuervos, volando y grasnando entre los surcos, buscando para siempre el maíz enterrado. Muchos de nosotros no se aguantaron las ganas y se tragaron el grano en vez de sembrarlos en nuestra tierra. Y ya no volvieron a ser hombres. Ya no volvieron a ser hombres como nosotros. Sobre la hierba del prado danza la musa de Aristóteles. El viejo filósofo vuelve de vez en cuando la cabeza y contempla un momento el cuerpo juvenil inacarado. La musa sigue danzando en la pradera y desarrolla ante sus ojos un complicado argumento de líneas y de ritmo. De pronto, con agilidad imprevista, Aristóteles echa en pos de la mujer que huye casi alada y se pierde en el boscaje. La musa armonía danza frente a él, haciendo y deshaciendo su friso inacabable su laberinto de formas fugitivas donde la razón humana se extravía esto que ahora soy antes no era si busco lo que fui ya no lo encuentro amor, dime quién soy Tú me conoces. ¿Sabían que Arreola fue el creador del salto del unicornio? Es una danza que inventó para cruzar las calles. Es algo así como esto Aristóteles soñó que caminaba en la hierba a cuatro pies, bajo la primavera griega y que la musa cabalgaba sobre él. Recordarás, Juan José, que durante mucho tiempo mantuvimos una polémica, porque los dos hicimos el mismo personaje, el rapacini de Octavio Paz, esa obra magnífica basada en el cuento de Hocter. Tú hiciste un rapacini brincón, farsístico, muy ágil, y yo hice un rapacini reposado, un poco gordito, siniestro, porque se trataba de un envenenador de jardines que experimentaba con su propia hija. Siempre insistí yo en que mi rapachín era mejor que el tuyo. Tú nunca lo aceptaste, hasta que por fin un día dijiste, estoy de acuerdo, tu rapachín es mejor que el mío, pero yo soy el mejor Hamlet. Tú sigues creyendo en la belleza. Muy caro lo pagarás. José, ¿te acuerdas de aquel viaje que hicimos a París? Con el avión, arriba del Atlántico Y de pronto pasamos la línea del tiempo Y entonces nos dejaron entrar a la calle Queremos el amanecer Y entonces, tú te pusiste a recitar a Pellicer Con tu tapa aquella que nunca te quitaba Y tus manos maravillosas Que embrujaron el cielo Eras como el creador del universo ¿No fue? Ninguna revelación Nada que se parezca al brusco despertar de la conciencia Pues bien, maestro Creo que hemos cumplido casi medio siglo De jugar la apertura del gambito de rey Esta vez no aceptada Espero no me ganes Una vez más, por enésima vez Así que jugaré el caballo A este punto Muy bien Comeré el unicornio Con un jaque al rey Para ver si puedo sobrevivir a la apertura Jaque al rey Usted va a comer con la dama a ese caballo Maestro Y veo que desgraciadamente me ha vuelto a ganar un gambito de rey y como decía nuestro amigo Guillermo Rousset esto va para mal incondicional surrender decía Rousset bendición incondicional mi rey dobla y se reina atraído por el abismo vivo la melancólica certeza de que no voy a caer nunca ¿Te acuerdas Juan? Era el año 1957 Teatro del Caballito Todos iniciábamos Lo que sería con el tiempo El gran hito dentro del teatro mexicano, poesía en voz alta. El teatro se dividió en antes y después de poesía en voz alta, ¿te acuerdas? Y todos teníamos un entusiasmo y atacamos el proyecto con la alegría de los niños. Hicimos tantas cosas hermosas. Ahí empezó nuestra amistad, nuestra larga, muy productiva, muy hermosa amistad. Cuántas cosas hicimos, cuántos autores, qué novedoso era todo. Juan de la Encina, Calderón, Dalí, Lina Barri, Jacques Neville, Lorca. ¿Por qué? ¡Miau! ¡Miau! Tómame un pañuelo blanco, tómame un corona blanco, no llores más. Me duelen las heridas que los niños me hicieron en la espalda. También a mí me duele el corazón ¿Por qué te duele un día? ¿Por qué no anda? Ayer se me paró muy despacito Ruiseñor de mi cama Mucho ruido Si vieras Me pusieron con estas rosas frente a la ventana ¿y tú qué sentías? pues yo sentía surtidores y abejas en la sangre me ataron las dos manos muy mal hecho los niños vidrios me miraban. Un hombre con martillo iba clavando estrellas de papel sobre mi capa. No vinieron los ángeles, no, gato. No me digas más gato. No, soy gata. ¿Eres gata? ¿Tuviste conocerlo? ¿Por qué? Por mi voz de plata. Salud, Juan. A veces el vértigo desvía los ojos de ti, pero siempre vuelvo a escrutar en la cima. Amo el fondo verdinoso de tu alma. En él se hallar mil cosas pequeñas y turbias que de pronto resplandecen en mi espíritu. Tu seducción es mi inspiración. Jaque, ¿te acuerdas Juan José, quien ya te fue a visitar al Cate del Caballito, donde representabas a Rapachín, en la hija de Rapachín y de Octavio Paz, con aquel decorado extraordinario de leno de la tarde. Cuando llegué al foro, salías de cena violentamente y pasaste junto a mí con una rafaga sin verme y con el brazo encima de la frente. Ibas a tu cama. Yo sigo a la orilla, ensimismado. Muchos seres se despeñan a lo lejos. Sus restos yacen borrosos. disueltos en la satisfacción. ¿De qué se enorgullecen los hombres que no les somos? Un unicornio. ¿De qué se nutre mi contemplación voraz? Veo el abismo y tú yaces en lo profundo de ti misma. Maestro, ándele, muévase, porque ahí viene el diablo y viene a gatas. Ándele, acuérdese que usted decía esa frase cuando se veía ya medio amenazado como ahorita. Ándele, muévase. Maestro, ¿se acuerda cuando había una situación como esta que usted decía? Claro, claro, me distraje, me distraje, claro, claro está que en el clarísimo jardín de abril y mayo, todo se mira de frente y nada de soslayo. Maestro, pues, le voy a matar su unicornio. Mire, ¿y qué decía usted cuando estaba ya así? ¡Ah, qué caray! ¡Ah, qué caray! Pues, no tiene pelos mariquita porque todos se los quitan. No tiene pelos mariquita porque todos se los quitan. Ni modo. ¿Se acuerda usted, maestro, cuando le daban saque? Que usted se ponía alegre cuando la partida era buena. y se ponía triste pues cuando era una partida triste ¿se acuerda usted de todo eso maestro? bien, hasta la siguiente maestro me pondré en pie y echaré a reír y sigo creyendo en la belleza. Arreola jugaba un ajedrez verbal de una partida eterna que se llama leer y saberse leído. Conoció al tacto la piel de las palabras y tuvo el exclusivo don de saber hablar en prosa y soñar en verso.
SISTEMA
NTSC
DOCUMENTO_DIGITALIZADO
Sí
OBSERVACIONES
Nota: Sin carta de derechos. Parámetros corregidos por P.H.S.
CODIGO_BARRAS_LTO
BWF481
BARRA
Divulgación
TEMPORADA
2002
TEMA_CONTENIDO
El autor revela sus obsesiones: raíces, musa, ajedrez, amigos y farándula, mediante su voz e imágenes icónicas
CLASIFICACION
A
IDIOMA_ORIGINAL
Español
ENLACES_RELACIONADOS
https://www.escritores.org/biografias/97-juan-jose-arreola-zuniga [Consulta: 24 de agosto 2015]
REALIZACION
Michael Vetter
PRODUCCION
Michel Amantón
LIGA_COLECCION_INTERFAZ
https://interfaz.cenart.gob.mx/video/los-literatos/#tab-id-3
LIGA_VIDEO_INTERFAZ
https://interfaz.cenart.gob.mx/video/los-literatos/?play=id_0001

