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MW-10076
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SINOPSIS_SERIE
Recorrido por la evolución de la fotografía en México, desde sus inicios en el siglo XIX hasta su consolidación como herramienta de registro histórico y expresión artística. Combina imágenes de archivo, análisis especializados y testimonios para destacar la importancia de la fotografía en la construcción de la memoria visual del país
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Recorrido por la evolución de la fotografía en México, desde el siglo XIX hasta su consolidación como medio de registro y expresión. Incluye archivos, análisis y testimonios que subrayan su papel en la construcción de la memoria visual del país
TITULO_PROGRAMA
SINOPSIS_PROGRAMA
La fotografía llegó a México en 1839 con los daguerrotipos, maravillando a una sociedad que vio en ellos "espejitos mágicos". Evolucionó de retratos de élite a documento social, capturando desde presos hasta emperadores. Técnicas como el colodión húmedo y las cartes de visite revolucionaron el arte. Estudios como Cruces & Campa y fotógrafos como Díaz González retrataron un México en transformación, mezclando identidad, memoria y arte
EXTRACTO_PROGRAMA
La fotografía llegó a México en 1839 y pasó de retratar élites a documentar lo social. Técnicas y autores dieron forma a una mirada que capturó identidad, memoria y cambio en un país en transformación
N_PROGRAMA
1
N_TOTAL_PROGRAMAS
5
DURACION_TOTAL
00:26:20:09
PARTICIPANTES
Josefina Echanove, Rubén Benites, Laura E. Cosio, Peggy Echanove, Martha Galván, Alberto Gurrola, Rafael Herrejan, Lidia Marguelles, Alajandra Orepeza, Jorge Reigadas y Emilia Ruíz Sandoval
DISCIPLINA
INSTITUCION_PRODUCTORA
CENART | CONACULTA | Imagia S.A. | UPA
PALABRAS_CLAVE
Archivos | Arte contemporáneo | Divulgación científica | Equipo fotográfico | Estética | Fotografía | Historia cultural | Innovación científica | Registro de archivos
TRANSCRIPCION
La fotografía en México Cuando yo era una niña, hace muchos, muchos años, vi llegar la primera cámara fotográfica a Veracruz, una de las que construyó Daguerre. M. Préhier no era daguerrotipista En aquella época nadie lo era Él seguía las instrucciones que venían en el manual de Daguerre en francés Nadie sabía lo que estaba haciendo Pero vimos aparecer las figuras Él trajo dos cámaras y todos los químicos necesarios Hizo algunas demostraciones en Veracruz y luego en la Ciudad de México reprodujo la catedral Él quería vender sus cámaras oscuras, pero eran muy caras Costaban 80 pesos Entonces decidió organizar una rifa Desde principios del siglo XIX, artistas y científicos realizaban experimentos para conservar las imágenes que aparecían en la cámara oscura. Este artefacto, utilizado por los pintores desde el Renacimiento, permitía dibujar las figuras proyectadas en una hoja de papel. Entre 1816 y 1839, los ingleses Henry Fox Talbot y Sir John Herschel, los franceses Joseph Nicephore Nibbs, Hipólite Bayard y Jacques-Louis Mandé Daguerre, habían descubierto la sensibilidad de las sales de plata. Todos los procedimientos fotográficos descansan en un mismo principio. La oxidación de la plata expuesta a la luz. En América también, el brasileño Hércules Florence y el mexicano José María Herrera, maestro de geología en el Colegio de Minería de la Ciudad de México, buscaban la manera de fijar las imágenes que se reproducían en la cámara oscura. El invento de Nips no era todavía muy preciso. Para perfeccionarlo, se asoció con Daguerre, un empresario de espectáculos creador del diorama. quien experimentando por su lado llegó a fijar imágenes impresas en una lámina de plata en 1835. El procedimiento de Daguerre, bautizado Daguerreotipia, no era el más sencillo ni el mejor. No permitía aún la reproducción de múltiples copias característica de la fotografía que conocemos ahora. Fue, sin embargo, el método más conocido en los 30 primeros años de la historia de la fotografía. Por otra parte, el inglés Fox Talbot perfeccionó un procedimiento fotográfico similar con papeles sensibilizados que llamó calotipia. Ante esa competencia, Daguerre tuvo la idea espectacular. presentó su invento ante los diputados franceses y lo donó públicamente a la humanidad. Él guardó picar lo que se veía gracias a la cámara oscura. Capturé y aprisioné la luz fugitiva y obligué al sol a pintar para mí. En pocos meses, los primeros aparatos de daguerrotipia que fabricaba su cuñado, Alphonse, Giroux, cruzaron los mares. Entonces éramos unos simples aficionados. El proceso era tan complicado. El éxito dependía de tal cantidad de pequeñas circunstancias que era verdaderamente maravilloso que todo saliera bien. Un rayo de sol podía haber marcado la placa al ponerla en la cámara o al retirarla. El clima y la atmósfera tenían gran influencia y podían frustrar la operación. Para realizar un daguerrotipo se necesitaba una lámina de cobre como la que se usaba para el grabado. Esta placa se bañaba en plata pura y se pulía perfectamente hasta dejarla brillante como un espejo. La plata se sensibilizaba con vapor de yodo y se exponía en la cámara oscura. Se sacaba y se revelaba al vapor de algunas gotas de mercurio calentadas en un matraz. Finalmente, se fijaba como las fotografías actuales. En una solución salina, se secaba y se insertaba en un marco. La imagen era muy frágil, por lo cual se protegía con un vidrio. Desde 1841, varios comerciantes de la Ciudad de México vendían cámaras, lentillas y químicos para que los aficionados pudieran realizar daguerrotipos. Cuando empezamos en este negocio, después de la invasión norteamericana, todo mundo quería su retrato. A la gente le gustaban mucho porque eran como pequeñas joyas. Eran como espejitos en los cuales aparecía de repente una figura. eran lindísimos en sus estuches forrados de terciopelo los había de todos tamaños y para todos los gustos los que llamaban Jamie Lynn y Union Cases eran los más bonitos y los mandábamos traer de Nueva Orleans ahora ya nadie se acuerda de eso a cualquier cosa le llaman daguerrotipo Ambrotipos, melanotipos, protipos. Para la gente es lo mismo. A mí había algo que me espantaba. Era como verse en un espejo y estar muerta al mismo tiempo. Entre 1844 y 1850, numerosos aventureros, sabios, comerciantes, truanes y espías cruzaron el continente americano sirviéndose de la daguerrotipia para impresionar a los habitantes, ganarse algún dinero o recoger imágenes de paisajes desconocidos. Los primeros profesionales de la daguerrotipia buscaban formar su clientela y recorrían grandes distancias para retratar a los opulentos hacendados del Bajío y de tierra adentro, a los enriquecidos comerciantes del camino de Veracruz a México, a los mineros del centro y del norte de la República. Al llegar a la ciudad se instalaban en fondas, casas de huéspedes o cuartos de hoteles que transformaban en improvisados estudios. Se anunciaban en los periódicos. En aquellos años todo era más fácil. No había tanta competencia. Los daguerrotipistas llegaban y se iban luego luego. Los primeros en llegar fueron los franceses, lógicamente. Filogón David pasó por aquí y se fue a Sudamérica. Al contrario, Mangiel Yumenil venía de Argentina. Después empezaron a llegar los norteamericanos. Andrew Halsey, Randall Hoyt, Costin y Oliver Turner. Halsey siempre traía novedades. Las lentillas austriacas, los aceleradores de Poitibón. Y Hoyt fue el primero en mostrarnos cómo se debían colorear los daguerrotipos. con pinceles plenísimos de pelo de Marta o plumilla de paloma. y mandamos a hacer el tragaluz. Ampliamos las escaleras. Abrimos un salón especial para que las damas pudieran arreglarse sin ser molestadas. Al poco rato inauguramos la fotografía. Pusimos un anuncio en el monitor y empezaron a llegar los clientes Para mayor perfección, recomendaba a las damas que vistieran con trajes negros o de colores oscuros Los adornos y las joyas negras aumentaban la hermosura en el daguerrotipo También les recomendaba que tuvieran el menor lustre como fuera posible. Los caballeros podían usar chalecos y corbatas negros. Y los niños usar trajes estampados o a cuadros, también oscuros. Aquella asombrosa semejanza de la fotografía era lo que seducía a nuestros clientes, aunque también los asustaba un poco. Pero ya con color era otra cosa. Entre 1850 y 1860 la técnica fotográfica cambió sustancialmente. Un sobrino de Nicepho Knips tuvo la idea de adherir una emulsión sensible a una placa de vidrio gracias a la albúmina o clara de huevo. Al mismo tiempo, un científico inglés, Frederick Scott Archer, inventó un adherente aún más potente, el colodión, mezcla de algodón diluido en éter y de nitroglicerina. Mediante este procedimiento se podía fijar la mezcla sensible a la luz a una placa de cristal y obtener un negativo en vidrio. Bautizado colodión húmedo, porque las placas de vidrio tenían que ser expuestas en la cámara oscura antes de que se secara la preparación, permitía realizar un gran número de impresiones a partir de un solo negativo. Con el colodión húmedo y el papel albuminado, empieza la fotografía que conocemos ahora. El ambrotipo es un negativo en vidrio con emulsión de colodión húmedo ligeramente sobreexpuesto. Al colocar esta imagen sobre un fondo oscuro, da la apariencia de una imagen positiva. Con los mismos formatos que las placas de daguerrotipia, los ambrotipos podían insertarse en los estuches comerciales de cuero o baquelita. El ambrotipo proporciona una sensación de relieve que los fotógrafos trataron de destacar, recortando la figura y yuxtaponiéndola a un fondo pintado a mano. Esta variante, patentada en Inglaterra, tuvo un enorme éxito en México entre 1858 y 1862. Los retratos que llamaban de bulto eran bastante raros Ahora nadie los usa Pero durante dos o tres años todo el mundo los hacía Y empezaron las peleas Don Joaquín María Díaz González fue el primer daguerrotipista mexicano alumno de Primitivo Miranda en la Academia de San Carlos. Pintaba miniaturas cuando abrió su estudio, pero no tuvo mucho éxito. Entonces se fue a estudiar al extranjero, a Italia. Cuando regresó, volvió a abrir su estudio en Santo Domingo, en frente del estudio de Balbontón. Fue una guerra de muerte. Al poco tiempo, Balbontán se tuvo que ir a San Luis Potosí. Pero a Díaz González no le fue tan bien. Le dieron el puesto de fotógrafo en la cárcel de Belén. Y ahí se la pasó, retratando presos famosos como Chucho el Roto. Dicen por ahí que vendía esos retratos a ciertas damas de la alta sociedad. En México, la fotografía fue utilizada desde fecha muy temprana para identificar a ciertos sujetos considerados como peligrosos Los delincuentes en general y también las prostitutas, los sirvientes y los choferes En 1854, en pleno estado de guerra civil el general Santa Ana instituyó la fotografía de los presos de la cárcel de Belén antes de su traslado al penal de San Juan de Ulúa. El coronel José Muñoz fue el primer fotógrafo para este trabajo. Joaquín Díaz González ocupó el cargo en 1860 y lo conservó por 20 años. En 1865, Maximiliano mandó retratar a las prostitutas en un intento por prevenir la extensión de enfermedades venéreas. En aquella época todo mundo quería retratarse. Y cuando digo todo mundo... Maximiliano y Carlota traían su propio fotógrafo. Pero el general Bazán vino aquí con Pepita, su joven esposa. Y hasta la mismísima doña Margarita Maza de Juárez llegó aquí, acompañada de sus hijas y sus tiernos. En una ocasión se encontró con Concha Lombardo, la viuda del general Miramont, en la antesala. Eso fue después de la guerra, por supuesto. Mi marido tuvo que irse a Francia a estudiar nuevas técnicas. Y yo me quedé sola varios meses sin saber qué hacer. Cuando volvió, un poco antes de la guerra con los franceses, trajo un montón de cosas. Ya se empezaban a hacer las tarjetas, las famosas cartes de visita, que llamábamos imperiales. y se compró una cámara alemana de lentes múltiples preciosa. La CAC de Visite, o tarjeta de visita, fotografía en papel albuminado de pequeña dimensión, patentada por Bisderig en Francia en 1862, y susceptible de ser enviada por correo, tuvo un inaudito éxito a partir del imperio de Maximiliano y Carlota. Se acostumbraba a insertar estos retratos en lujosos álbumes empastados en cuero. Imágenes de seres que con sus actitudes, sus hábitos, sus modas, su lenguaje y hasta con su fisonomía de rostro y ademanes, dibujan una manera de ser sui generis y definen el carácter íntimo, desvanecido por lejano, de la historia civil y política de un México jugado ya, inevitablemente de la memoria ciudadana y extranjero a nuestros conceptos y a nuestra sensibilidad. El retrato detiene al sujeto en su cronología personal, permite constatar la propia existencia, la manera individual de ser. La fotografía alimenta la memoria privada y colectiva, permite conocer íntimamente el rostro de los políticos en turno, de las actrices de moda y de los escritores admirados. En 1873 los señores Antíoco Cruces y Luis Campa abrieron el estudio Fotografía Artística a un costado del Zócalo Tenían cuatro pisos de salones, galería de exposición, vestidores para los señores y las señoras, además de los laboratorios y del estudio azul en la azotea. Los grandes estudios empleaban a varios trabajadores que realizaban las tomas, revelaban y fijaban las imágenes, las pegaban sobre cartones o las enmarcaban. Muchas veces la esposa del fotógrafo o sus hijas les ayudaban en estas complejas tareas. ¡Ah, los fotógrafos! Nuestras almas infantiles guardan tenaces rincores de aquellos terribles personajes. Visitar a estos pequeños verdugos significaba ponerse un traje especial después del corte de pelo obligatorio, como los condenados a muerte. Luego venía la tortura del cepo apretando la nuca. Y en el silencio obtenido por un temible, ¡no se mueva! El lento disparo de un obturador que con razón se llamaba de guillotina. Más tarde nos entregaba nuestra cabeza en un cuadradito de cartón y era verdaderamente una cabeza de pequeño ajusticiado. A veces incluso traían a sus perros o gatos, o nos pedían que fuéramos a sus casas para retratar al abuelo que se estaba muriendo, o a la señorita a quien su padre no dejaba salir a la calle. Ahora solo traen niños vestidos de marineros, novia de traje alquilado, licenciadillo que quiere un retrato coloreado para darlo a la novia y que lo cuelgue arriba de su cama. El estilo mismo de los retratos fue cambiando al ritmo de la moda. A finales del siglo, los grandes fotógrafos de estudio de la Ciudad de México realizaban retratos retocados, de iluminación muy cuidada y tratados con grasas que borraban los efectos del rostro. En provincia, sin embargo, algunos fotógrafos continuaron retratando a sus clientes de pie frente a un telón pintado hasta muy entrado el siglo XX. La posibilidad de conservar imágenes fieles a la realidad modificó radicalmente la visión del mundo y de sí mismos que tenían los hombres del siglo XIX. He visto a tanta gente reclutarse Dos generaciones, quizá tres Niños que se hicieron hombres Guapas mujeres que se volvieron ancianos ante la cámara A mí solo me quedan mis recuerdos de la gran época de los estudios fotográficos Lo puedo decir con orgullo
SISTEMA
NTSC
DOCUMENTO_DIGITALIZADO
Sí
OBSERVACIONES
Sin locación en el programa ni carta de derechos.
CODIGO_BARRAS_LTO
BWF480
INFORMACION_ADICIONAL
Monsiváis, C. (2012). Maravillas que son, sombras que fueron: la fotografía en México. México: Museo del Estanquillo y Era Editorial.
BARRA
Divulgación
TEMPORADA
1989
TEMA_CONTENIDO
Origen de la foptografía en México
CLASIFICACION
A
IDIOMA_ORIGINAL
Español
REALIZACION
Gregorio Rocha
PRODUCCION
Carlos García
LIGA_VIDEO_INTERFAZ
http://interfaz.cenart.gob.mx/video/la-fotografia-en-mexico/?play=1
LIGA_COLECCION_PODCAST
https://itunes.apple.com/mx/itunes-u/la-fotografia-en-mexico/id796617338?l=en&mt=10

