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M-10012
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SINOPSIS_SERIE
Esta obra ofrece un recorrido exhaustivo por la herencia cultural de México a través de su producción artística, abarcando desde los orígenes prehispánicos hasta la era contemporánea. Presenta una visión unificada que destaca lo más profundo y valioso de la identidad nacional, plasmada en cuatro periodos fundamentales: prehispánico, virreinal, independiente y contemporáneo. Se propone como una celebración del arte como máxima expresión del rostro creativo de México
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Recorrido por el arte mexicano desde la época prehispánica hasta la actualidad, mostrando lo más profundo y valioso de nuestra identidad nacional
TITULO_PROGRAMA
SINOPSIS_PROGRAMA
La cultura mesoamericana vivió un nuevo amanecer con el establecimiento de sucesivas migraciones que conformaron la grandeza de Xochicalco, Cacaxtla, Tula y el posterior esplendor de México–Tenochtitlan. De todas ellas se conservan magníficos testimonios de su legado histórico y artístico. Igualmente, los registros de su vigorosa organización política, religiosa y social
EXTRACTO_PROGRAMA
Tras migraciones, Xochicalco, Cacaxtla, Tula y Tenochtitlan marcaron un nuevo esplendor mesoamericano, dejando un grandioso legado histórico, artístico y de organización
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3
N_TOTAL_PROGRAMAS
12
DURACION_TOTAL
00:50:15:02
SEMBLANZA_PARTICIPANTE
Carlos Fuentes (1928-2012)
Escritor, diplomático y ensayista mexicano. Reconocido como una de las figuras centrales de la literatura hispanoamericana del siglo XX, fue parte del llamado "Boom latinoamericano". Su obra abarca novela, cuento y ensayo, explorando la identidad mexicana, la historia y las tensiones entre modernidad y tradición. Entre sus libros más destacados se encuentran La región más transparente (1958), La muerte de Artemio Cruz (1962) y Terra Nostra (1975). Desempeñó también una importante labor diplomática y recibió múltiples premios internacionales, consolidándose como una voz influyente en el panorama cultural y literario.
Guillermo Sheridan (1950-)
Ensayista, editor y crítico literario mexicano. Ha desarrollado una amplia labor de investigación sobre la poesía mexicana moderna, especialmente en torno a la obra de Octavio Paz y otros autores del siglo XX. Ha sido profesor, coordinador de proyectos académicos y colaborador en diversos medios culturales. Su trabajo combina el análisis literario con la divulgación crítica, lo que lo ha convertido en una referencia en los estudios literarios contemporáneos de México.
TIPO_ACTIVIDAD
DISCIPLINA
INSTITUCION_PRODUCTORA
CONACULTA | Coordinación Nacional de Medios Audiovisuales (CNMA) | TELEVISA
TRANSCRIPCION
La geografía cultural de Mesoamérica vio el atardecer de Teotihuacán, la declinación de la cultura zapoteca en Monte Albán y la enigmática desintegración de Palenque.
Pero también contempló una nueva aurora de civilización, otros centros urbanos que se fueron creando en su territorio como claros reflejos de una renovadora fuerza creadora.
Este nuevo renacimiento de la cultura mesoamericana se conoce como "período post-clásico" y abarca desde el siglo X hasta el colapso de la civilización precolombina con la conquista española.
Los acontecimientos principales de este periodo fueron recogidos en extraordinarios códices realizados en papel amate o en pieles de venado en forma de hojas que se desdoblan.
Además de la valiosísima información que contienen, son notables por su belleza estética. En los primeros momentos de la colonización española, Fray Bernardino de Sahagún estableció un método de investigación para conocer las cosas naturales, humanas y divinas de los mexicas, logrando obtener una vastísima información.
Otro gran compilador fue el dominico Fray Diego Durán, quien obtiene de sus relatores los acontecimientos más importantes sobre el origen y desarrollo de México, Tenochtitlán
La convergencia de distintos grupos étnicos y tradiciones culturales dio pie al surgimiento de nuevos centros de poder. Xochicalco, en el estado de Morelos, fue una metrópoli puente entre el período clásico y el post clásico.
Su época de esplendor transcurre entre los años 800 y mil de nuestra era. Encrucijada de caminos, Xochicalco muestra en su edificio principal sorprendentes relieves de serpientes emplumadas que parecen estar en movimiento.
Las acompañan personajes con vestimentas suntuosas y unos glifos de gran tamaño que señalan la fecha 9 o 7, ojo de reptil o viento, el nombre calendárico y el día de nacimiento de Quetzalcoatl.
Son notables las representaciones de acontecimientos astronómicos y lo que posiblemente sea un ajuste de fechas en el calendario, como esta mano que jala con una cuerda el glifo 11 mono.
Tres estelas labradas muestran a Quetzalcoatl emergiendo de las fauces de una serpiente y a Tláloc, el antiguo dios Teotihuacano junto a glifos que repiten la fecha de nacimiento de Quetzalcóatl.
Cacaxtla, en el actual estado de Tlaxcala, se desarrolló como un centro comercial, militar y religioso. En su basamento aún se aprecian pinturas murales de excepcional belleza.
Enmarcado por una banda de animales acuáticos, un personaje pintado de negro y ataviado con las características de una ave fantástica, se posa sobre una serpiente emplumada. Entre sus brazos, sujeta una barra de serpientes como símbolo de poder.
Estos elementos son evidencia de los contactos culturales que en esta época tuvo el altiplano central con culturas tan distantes como el área maya. En un muro contiguo está un personaje vestido
con la piel de un jaguar.
En el mural de "La Batalla", dos grupos antagónicos, unos con atributos de jaguar y otros con tocados de plumas luchan entre sí. Aunado a su dramático estilo, es significativo el carácter simbólico en la lucha de los contrarios, en este caso el ave y el jaguar.
En otro de los murales del templo rojo, la presencia de un anciano con su carga de mercancías preciosas, como un gran tocado, un atado de plumas exóticas y un caparazón de tortuga, vuelve a señalar el carácter comercial de este sitio.
Los extraordinarios murales de Cacaxtla, además de su firme trazo, tienen una riqueza temática y simbólica que los convierte en únicos en su género.
Tula, la gran metrópoli del Altiplano Central, ha sido asociada a la cultura Tolteca. Provenientes de la inmensa bastedad del norte, los Toltecas fueron quizá la migración más significativa de este período.
Tula, más que por su legado artístico, sintetizado en estas esculturas hieráticas de guerreros, conocidas como los Atlantes, fue famosa por Ce Ácatl Topiltzin Quetzalcóatl Un caudillo, un héroe, un dios y un símbolo.
Perseguido por los sacerdotes de Tezcatlipoca, practicantes de los sacrificios humanos, fue forzado a huir de Tula. Él juró volver en la fecha Ce Ácatl, dos caña. Su juramento tuvo tonos proféticos, ya que en una fecha igual desembarcaron los españoles en tierras mexicanas. Quetzalcoatl se convertirá en el mito central de los pueblos mesoamericanos.
Otro de los grupos que influyeron en Tula fueron los huaxtecos, pueblo de lengua mayense, cuyo territorio abarcaba el norte de Veracruz y sur de Tamaulipas. Su dios Ehecatl, Dios del Viento, se asimiló a Quetzalcoatl como una de sus manifestaciones. Todo ello expresa las relaciones de la Huaxteca con el Altiplano Central.
De esta época es el magnífico relieve de Tepetzintla y la escultura del llamado "Adolescente", obras maestras del arte prehispánico, exaltación del orden cosmogónico creado por Quetzalcoatl. Durante este período se intensifican los contactos entre las distintas culturas del altiplano central con los pueblos del sudeste.
Centro de la cultura maya, Chichen Itzá fue uno de los puntos hegemónicos de la península de Yucatán. La similitud religiosa entre Tula y Chichen Itzá se manifestó particularmente en sus creaciones simbólicas y en el Templo de los Guerreros quedó grabada en piedra la efigie de Kukulkan, emergiendo de las fauces de una serpiente emplumada, emblema de la guerra y del sacrificio.
En el interior del gran recinto, las pilastras aparecen labradas con serpientes y remolinos de plumas, así como con guerreros que, al igual que el dios Quetzalcoatl Kukulcán luchaban contra las fuerzas de la noche para que el sol regresara de su viaje por el inframundo.
La enigmática figura del Chac Mool se encuentra tanto en ciudades mayas como en el resto de Mesoamérica. Aún cuando por su forma parece un transportador de ofrendas y plegarias, varios especialistas han tratado de explicar su significado.
Algunos lo asocian con el culto al dios Quetzalcoatl Kukulcán, relacionándolo con el guerrero sacrificado que ofrecía su sangre al dios. Otros asocian al Chac Mool con la fertilidad, la lluvia y el maíz.
La pirámide de Kukulcán es un inmenso observatorio que a través de la luz del sol marca con sombras el paso de los equinoxios de primavera y otoño. Kukulcán Quetzalcoatl, en forma de una gran serpiente, baja por la pirámide en un fascinante juego de luces y sombras.
Es al mismo tiempo un calendario, pues sus plataformas dan cuenta de los 18 meses del año prehispánico. Sus 364 escalones sumados a la plataforma
superior completan los días de la cuenta solar anual.
Todo ello habla del gran conocimiento que lograron sobre el movimiento de los astros y del rigor científico con que diseñaron estas construcciones.
En el interior del primer templo, que más tarde fue cubierto por la pirámide, se encontró un Chac Mool sobre el que había algunas ofrendas y al fondo, un jaguar pintado de rojo con incrustaciones de jade.
Hay un marcado paralelismo entre la arquitectura ritual de Tula y Chichen Itza. La práctica de los sacrificios humanos en Tula, fue representada simbólicamente en los relieves de águilas devorando corazones, lo que muestra su vocación guerrera. De igual forma, en Chichen Itzá, las águilas y los jaguares aluden a los guerreros que capturaban víctimas para alimentar al Dios Sol.
Un notable elemento simbólico de este período es el coatepantli o estructura de serpientes que aparece por primera vez en Tula. Una de sus funciones fue la de separar el espacio de los hombres del espacio reservado a los dioses.
Esta tradición constructiva se encuentra en sitios como Tenayuca, en el estado de México, donde un impresionante cinturón de serpientes rodea la pirámide.
En este coatepantli, cada sección del muro se componía de 52 cabezas en consonancia con los 52 años del siglo mexica. Una vez más, la conciencia de señalar el paso del tiempo se convierte en una magna obra arquitectónica.
Durante el posclásico surge al norte del país un centro de civilización en Paquimé, Chihuahua, la silenciosa metrópoli en el desierto con su insólita arquitectura hecha de tierra, y en el sur se desarrolla Tulum en Quintana Roo, el enigmático mirador desde donde los mayas abrazaban al mar caribe.
El período posclásico tardío se inició con las migraciones de los diferentes pueblos, entre los que destacaron los mixtecos, que hacia el siglo XII invaden los valles de Oaxaca, poblados por los zapotecos.
Con ellos compartieron las antiguas tumbas de Monte Alban y ahí dejaron la magnífica ofrenda de oro de la tumba número 7, descubierta por Alfonso Caso en 1932. Al mismo tiempo, los mixtecos continuaron en Mitla, el ancestral culto a los señores y a la región de los muertos, o Mictlán, de donde este sitio recibe su nombre.
Su concepción arquitectónica es muy distinta a la de Monte Alban, tanto en los espacios como en los volúmenes y su técnica constructiva. Del arte zapoteca sólo se conservó el tablero, adaptado por los mixtecos para enmarcar unos paneles incrustados con piedras finamente labradas.
Con ellas, formaron múltiples versiones de la Greca escalonada, símbolo del rayo y de la serpiente. Fueron los últimos en llegar. Los aztecas, mexicas o nahuas, partieron de la tierra mítica del norte Aztlán, siguiendo las instrucciones de su sacerdote, Tenoch. llegar a un sitio donde un águila sobre un nopal devorase a una serpiente y ahí fundar su ciudad capital, Tenochtitlán.
La fundaron en 1325 y fueron en cierto modo los advenedizos del mundo precolombino mexicano, los últimos en llegar, los últimos en poblar el valle central de México.
En cierto modo, la historia de los Aztecas es una historia de… emulación y de necesidad de legítimarse frente a la gran cultura precedente del México central, la cultura tolteca.
Los toltecas estaban regidos por el dios Quetzalcóatl, la serpiente emplumada, dios de la bondad, de la agricultura, un dios benéfico que un día partió hacia el oriente, prometiendo regresar para ver si los hombres y las mujeres habían cumplido sus enseñanzas morales.
Los aztecas, en cambio, tenían como deidad suprema a Huitzilopochtli, dios de la guerra, la exacción y el sacrificio.
¿Cómo combinar estas dos herencias? La herencia propia de los Aztecas y la herencia tolteca, la herencia de Quetzalcoatl y la herencia de Huitzilopochtli.
Los Aztecas establecieron un estado totalitario, gobernado por un monarca supremo, el Tlatoni, el hombre de la Gran Voz, el señor de la Gran Voz, un estado velicoso que sometió a los pueblos circundantes y que ejercía el sacrificio humano.
En cambio, la herencia de Quetzalcoatl se comenzó a manifestar en las artes, el comercio y la educación. ¿Cuál de las dos rutas seguir?
Hacia los siglos XI y XII de nuestra era, los chichimecas inician su migración hacia el sur. Eran parte de los siete pueblos que partieron del mítico Chicomoztoc, o lugar de las siete cuevas, hasta invadir prácticamente todo el altiplano central.
Durante casi dos siglos, los aztecas o mexicas peregrinaron desde Aztlán, lugar de la Blancura o de las Garzas, guiados por Huitzilopochtli, su caudillo Dios, quien les había prometido un lugar de residencia en donde realizarían un destino de grandeza.
Según las instrucciones del Dios, debían fundar su ciudad en el lugar donde encontraran un águila posada en un nopal.
Al llegar al valle de Anahuac, los mexicas fueron rechazados por los pueblos ribereños, hasta que el señor de Azcapotzalco les permitió asentarse en un islote en medio del lago. Ahí fundaron la ciudad de México, Tenochtitlan, y desde entonces comenzó la formación de un Estado que durante más de 100 años dominó casi todo el territorio de Mesoamérica.
Siguiendo la tradición tolteca, los mexicas creyeron que antes del universo actual habían existido cuatro mundos a los que llamaban "soles", los cuales fueron destruidos por catástrofes.
La humanidad había sido completamente exterminada al acabar cada uno de los soles.
Reunidos en Teotihuacán, en medio de la oscuridad, los dioses hicieron un gran fuego y en él se arrojaron voluntariamente dos de ellos.
El primero volvió con la forma del sol y el segundo como la luna, pero el sol se negó a moverse si los demás dioses no le daban su sangre y ellos se vieron obligados a sacrificarse para alimentarlo.
El quinto sol, o época actual, fue creado por Quetzalcoatl.
Él formó la especie humana, logrando hacer revivir los huesos de los antiguos muertos, amasándolos con su propia sangre.
De esa mezcla nació la pareja humana.
Los mexicas enriquecieron con su propia experiencia la antigua cosmovisión mesoamericana. Sus propios textos presentan una historia épica cargada de simbolismos en la que se transforman de un humilde pueblo seminómada a la gran potencia de mesoamérica. tuvieron también una excepcional conciencia histórica y se supieron portadores de un gran legado.
Consideraron como su propio origen a Teotihuacán y se asumieron como herederos de la cultura de los Toltecas.
Quetzalcoatl legó a los seres humanos el pensamiento, la palabra, la escritura, el arte, la música, el conocimiento de los astros, es decir, la cultura.
A este legado de Quetzalcoatl se le conoce con el nombre de Toltecáyotl, que puede traducirse como civilización. Tolteca, artista, discípulo, abundante, múltiple, inquieto. El verdadero artista, capaz, se adiestra, es hábil, dialoga con su corazón, encuentra las cosas con su mente.
El hombre maduro, corazón firme como piedra, corazón resistente como el tronco de un árbol, rostro sabio, dueño de un rostro y un corazón, hábil y comprensivo.
Tú, dueño del cerca y del junto, aquí te damos placer.
Junto a ti nada se echa de menos.
Oh, dador de la vida. Asentados sobre islotes, los mexicas trabajaron durante 50 años acumulando lodo, piedras y estacas, ampliando la pequeña superficie original.
Formando líneas paralelas con troncos de madera clavados en el lago, rellenadas después con tierra y piedras, hicieron amplias calzadas sobre el agua, con lo que tuvieron fácil acceso hacia los pueblos de tierra adentro.
Desde su origen, la ciudad fue dividida en cuatro barrios, alineados sobre calles y canales, lo que le daba un sentido de original belleza a la gran ciudad.
El recinto sagrado de México, Tenochtitlan, llegó a contar con 78 edificaciones. Una población de santuarios, adoratorios, palacios, construcciones religiosas y recintos de poder.
Orgullosa de sí misma, se levanta la ciudad de México, Tenochtitlán. Aquí nadie teme la muerte en la guerra. Esta es nuestra gloria. Este es tu mandato, o dador de la vida. Sobre sus tres calzadas se desplegaba la actividad de la gran urbe.
A partir del siglo XV fluían ya numerosos productos de toda índole. El gran mercado de Tlatelolco, que maravilló a los conquistadores españoles, fue muestra de una pujante organización comercial.
La Mexica fue una sociedad altamente organizada, cuyos escalones semejan la estructura piramidal de sus templos, con los pipitlin o nobles de donde surgían los Tlatoani o gobernantes máximos. los pochtecas o comerciantes diplomáticos y los guerreros sobre una inmensa población de macehualtin o gente del pueblo.
El Estado Azteca se consolidó a través del ejército y los comerciantes, o pochtecas, que hacían labor de espías. Esta doble estrategia de comercio y guerra llevó a los mexicas hasta Chiapas y Guatemala. Una política fundamental fue la distribución de tierras, por medio de la cual regularon la producción agrícola y la tributación sobre los pueblos dominados.
Testimonio de este control administrativo es la matrícula de tributos que contiene la lista de productos que cada pueblo o señorío debía pagar.
A partir del siglo XV los mexicas se dirigen a las costas de mayor potencial agrícola como el Totonacapan, las prodigiosas tierras de la costa del Golfo de México.
Habitado por los Totonacos, pueblo que en el siglo IX emigró hacia los antiguos asentamientos de la cultura del Tajín, de la que fueron sus herederos.
En el cementerio Totonaco de Quiahuiztlán, en Veracruz y mirando al mar, se recrea el antiguo estilo de las pirámides con nichos.
Su capital, Zempoala, fue la primera ciudad que deslumbró a los europeos, quienes al contemplarla
a la distancia, la creyeron hecha de oro y plata, pero en realidad era sólo el reflejo de sus edificios policromados y encalados que producían una maravillosa fantasía.
No obstante su poderío, las fronteras del dominio Azteca fueron amenazadas por otros pueblos en expansión. Los feroces oponentes del poder mexica fueron los Uacúsechas o águilas purépechas.
Asentados en las tierras lacustres de Michoacán y tras una serie de luchas internas, el estado purépecha quedó dividido en tres señoríos: Pátzcuaro, Ihuatzio y Tzintzuntzan..
La educación azteca se impartía en dos tipos de escuela, el Telpochcalli o casa de jóvenes, en el que niños y adolescentes del pueblo recibían una educación orientada hacia la vida práctica lo mismo que hacia la guerra, y el calmecac, destinado a la educación de los nobles.
En un ambiente austero, los alumnos combinaban el estudio de la historia, el calendario ritual y las reglas administrativas, con fuertes ayunos, prácticas de dominio de sí mismos y la veneración de los dioses.
De la educación familiar existen bellos testimonios. Fray Bernardino de Sahagún recopiló un conjunto de admirables textos que recogen las tiernas palabras con que los padres y madres mexicas con que los padres y madres mexicas amonestaban a sus hijos.
Uno de ellos comienza así. Aquí estás, mijita, mi collar de piedras finas, mi plumaje de quetzal, mi hechura humana, la nacida de mí. Tu eres mi sangre, mi color, en ti está mi imagen. Oye bien, hijita mía, niñita mía, no es lugar de bienestar en la tierra.
En los viejos códices, la imagen de los mexicas estaba lejos de aparecer con rasgos de grandeza.
Tlacaélel, el poder detrás del trono de tres Tlatoanis y creador del llamado misticismo guerrero Mexica, sugirió reinterpretar el pasado. Para ello, habría que establecer otras palabras de recuerdo y cambiar el contenido de los códices y quemar aquellos que no convenía conservar.
Los nuevos códices insistirán en la idea de que los mexicas, durante mucho tiempo, fueron un pueblo perseguido, pero que gracias a su determinación y voluntad de lucha, con el auxilio del Dios Huitzilopochtli, se consideraron un pueblo elegido.
Su destino quedó ligado desde entonces a la realidad grandiosa del universo. Para los mexicas, la guerra era un verdadero juicio de los dioses, como ordenadores de todas las cosas. La táctica de la guerra florida que los hizo famosos, fue que ellos no trataban de matar a sus contrarios, sino hacerlos prisioneros para después sacrificarlos a los dioses.
Los sacrificios humanos no estaban inspirados en sentimientos de crueldad o de odio por las víctimas, ya que estas eran consideradas valiosas ofrendas, cuya sangre daban a los dioses para contrarrestar la sombría amenaza de extinción del mundo.
Las almas de los guerreros que recibían esta muerte florida iban a la casa del sol.
Los objetos de uso ritual para este sacrificio, además del cuchillo de pedernal, eran la piedra sobre la cual se recostaba la víctima y los llamados "Cuauhxicalli" o “vasijas de águila", donde colocaban los corazones de los sacrificados.
También es notable el "Temalácatll", enorme cilindro profundamente labrado en piedra, donde el prisionero de guerra era victimado en un sacrificio gladiatorio.
Una obra de excelente calidad es la llamada "Piedra de Tizoc", en cuya cara circular se narran los triunfos guerreros del séptimo gobernante de los mexicas.
La práctica de los sacrificios humanos aparece con todo su dramatismo en el Tzompantli o Altar de las Calaveras, muro de cráneos labrados en piedra para significar la gloria de las víctimas sacrificadas.
Los aztecas supieron equilibrar las necesidades fundamentales de vida y muerte en el doble santuario del templo mayor de Tenochtitlán, donde reunieron a Tlaloc, el antiguo dios de Mesoamérica, con su dios Caudillo, Huitzilopochtli.
Este equilibrio se plasma también en la representación velicosa de los caballeros jaguares y águilas. las dos órdenes guerreras de los Aztecas.
En el Centro Ceremonial de México, Tenochtitlán, estaban los recintos reservados a estas élites militares. Ahí, los mexicas dejaron testimonios de una concepción místico guerrera en la que Jaguares y Águilas representaban la batalla sagrada del cielo y de la tierra, de las fuerzas oscuras y de las fuerzas luminosas.
Para ellos, la guerra entre los hombres tenía su correspondencia con la guerra cósmica. El excepcional templo monolítico de Malinalco, en el estado de México, estaba reservado para los actos iniciáticos de la élite militar.
En su interior, esculturas de águilas que representan al sol conviven con la de los jaguares, que simbolizan a la tierra. Este encuentro de fuerzas celestes y telúricas vigorizaba el carácter de los guerreros mexicas.
Desde donde se posan las águilas, desde donde se yerguen los tigres, el sol es invocado. Como un escudo que baja, así se va poniendo el sol. En México está cayendo la noche. Nezahualcoyotl, junto con otros poetas filósofos, llegó a dudar de la realidad de este mundo y sintió e imaginó que la vida era como un sueño.
Solo venimos a dormir, solo venimos a soñar. No es verdad, no es verdad que venimos a vivir en la tierra. En hierba de primavera venimos a convertirnos, llegan a reverbecer, llegan a abrir sus corolas nuestros corazones. Es una flor nuestro cuerpo, da algunas flores y se seca.
México Tenochtitlan, reunió formas y artes que han quedado moldeadas en admirables piezas de cerámica, que reflejan un gran rasgo fundamental del pensamiento mesoamericano, la dualidad. Tlalock, pintado de azul, representa la lluvia y su acción fecundadora. Su pareja, Chalchiuhtlicue, la de falda de Jade, es la contraparte femenina, Diosa del agua en su modalidad de ríos, lagunas y el mar.
Xipe Tótec era el Dios de la fertilidad, la renovación y el cambio. Formaba parte de las deidades luminosas de la vida, aunque los ritos con que era venerado implicaban que la víctima fuera desollada y con su piel se vistiera al sacerdote.
Por esta razón, en sus representaciones, Xipe Tótec aparece investido con una piel humana. Esta extraordinaria olla Efigie está decorada con el llamado estilo "códice" por la cantidad de signos que están representados en ella.
Corresponde a Chicomecóatl, la diosa del maíz maduro. De la misma forma que modelaron a los dioses de la vida asociados al agua, también representaron a los dioses de la muerte, relacionados con la sequía, con lo que completaban su persistente concepto de la dualidad.
Esta escultura del dios murciélago, posiblemente de origen oaxaqueño, aparte de su aspecto terrorífico, el atributo de propiciar la renovación, es muerte que antecede la vida.
Una escultura representa a un sacerdote dedicado al culto y rituales de la muerte. Su figura está formada de varias piezas que se ensamblan, propio de las esculturas de gran formato, y es notable porque permite conocer cómo vestían esos personajes.
Mictlantecuhtli era el Señor del Mundo de los Muertos, una de las deidades más veneradas del pueblo Mexica. de su tórax, cuelga el hígado, relacionado con las pasiones humanas, y se sabe que este Dios residía en el último y más profundo de los niveles del inframundo.
Tezcatlipoca, contraparte dual de Quetzalcoatl, y venerado como el imprescindible Dios del destino, es representado en esta delicada urna funeraria, procedente de la costa del Golfo de México y encontrada en el Templo Mayor de Tenochtitlán. Los braceros formaron parte esencial en los cultos religiosos y fueron quizá los objetos más repetidos por los alfareros mexicas en gran variedad de formas y decoraciones.
El exterior de los templos refurgía con el fuego prendido en ellos y el humo del copal envolvía con su perfume todo el recinto sagrado. Los mexicas labraron esculturas en piedra de grandes dimensiones. En ellas representaron con gran cuidado su cosmovisión y sus dioses, a la naturaleza y al hombre, los acontecimientos históricos y los signos de su complejo lenguaje.
La serpiente de Cascabel fue uno de los símbolos cuya memoria se remonta hasta los orígenes de la civilización mesoamericana. Sus representaciones recorrieron todas las facetas de la expresión plástica. Otro símbolo relacionado con el principio de generación y origen de la vida es el caracol marino. La pieza, por su perfecta proporción y sentido del movimiento, es considerada una obra maestra de la escultura prehispánica.
El coyote emplumado es un ejemplo de la calidad y el realismo logrado por los escultores mexicas. Realizada en obsidiana negra, una extraordinaria vasija en forma de mono es una muestra del trabajo lapidario de menor formato que asombra por la calidad de su diseño y la perfección con que fue tallada y pulida.
El mono fue asociado al culto de Ehécatl Quetzalcóatl, "Dios del Viento", como se representa en esta extraordinaria pieza, plena de movimiento. Durante el período posclásico tardío, surgió una escultura naturalista, cuya principal preocupación fue resaltar las formas humanas y mostrar la identidad tanto de hombres humildes o más iguales, como la de esforzados guerreros.
También los dioses mexicas fueron esculpidos en piedra. Posiblemente son las representaciones más sobresalientes de su creación artística, donde conjugan más plenamente el sentido de lo sublime y lo terrible, como la dramática escultura de Tlazoltéotl, diosa del maíz.
En contraste, la armonía de formas y el perfecto equilibrio de la realización escultórica Mexica, encuentran en Xochipili, príncipe de las flores y dios de la germinación, el espíritu de un arte sublime.
Coyolxauhqui, diosa de la luna y hermana de Huitzilopochtli, es parte de uno de los mitos primordiales de la religión mexica. Coyolxauhqui fue arrojada del cerro de Coatepec por Huitzilopochtli cuando ella y sus otros hermanos intentaron matar a su madre, Cuatlícue.
Al caer desde lo alto, el cuerpo de Coyolxauhqui quedó desmembrado, como una suerte de representación del triunfo del Sol sobre los poderes nocturnos de la Luna y de las estrellas. Coyolxauhqui está representada en un gran disco de piedra de 3.25 metros de diámetro y se sabe que yacía al pie de la escalinata del templo de Huitzilopochtli en el Templo Mayor.
El arte Azteca es impresionante y monumental. El poeta francés Baudelaire lo llamó un arte bárbaro, es decir, anterior a todo concepto de la persona humana.
Y en efecto, el arte sagrado de los aztecas reúsa todo antropomorfismo. Los dioses son dioses no porque son humanos, sino porque son divinos.
No hay el antropomorfismo de los dioses griegos o latinos. El mejor ejemplo es quizá la Coatlicue, la diosa madre del panteón Azteca, este cubo decapitado compuesto de elementos que son manos laceradas, fauces abiertas, calaveras y una falda de serpientes, un conjunto extraordinario que proclama su enajenación, su distancia frente al ser humano. la Coyolxauhqui, la hija de la Coatlicue, también yace desmembrada en mil pedazos por la violencia de su hermano Huitzilopochtli.
Y sin embargo, Y sin embargo, despojado de su contexto sagrado, de su contexto religioso este es un arte radicalmente moderno. Es un arte de una extraordinaria polivalencia, casi, se podría decir, tan moderno como una obra cubista.
Una de las esculturas más complejas que haya producido el genio Azteca es la que representa a Coatlicue, diosa y madre y ser que fertiliza la tierra. El nombre de Coatlicue significa
la de la falda de serpientes.
Además de diosa de la tierra, Coatlicue, como muchas otras esculturas, está labrada en su base con la imagen de Tlaltecuhtli, señor de la Tierra.
Esta prodigiosa obra ha sido interpretada como una representación de la creación del mundo. También es considerada como un tratado de cosmología hecho piedra. El monolito conocido como "Piedra del Sol", emblema de la grandeza cultural mexica, es un disco de 3.60 metro de diámetro, dividido en círculos que corresponden a los 18 meses de 20 días del año prehispánico.
En el centro del disco aparece un rostro humano que ha sido identificado con Tonatiuh, Dios del Sol, con Tlaltecuhtli, monstruo de la tierra, y con Tlaloc, el ancestral Dios del agua. Las cuatro alas rectangulares que salen hacia arriba y hacia abajo indican las cuatro eras o soles anteriores, que sumados al círculo central, representan la leyenda de los soles.
El quinto sol es el sol en movimiento, la era de la presente humanidad que terminará también en catástrofe. Dos serpientes enmarcan el borde del disco y de sus fauces se manan las dos deidades símbolos de la dualidad.
Pero al lado del mundo sagrado de los aztecas, había un mundo social de escuelas y mercados, de poetas inclinados sobre la brevedad de la vida, de maravillosas artesanías y prodigiosos códices, todo un mundo en pleno desarrollo cultural que fue interrumpido por la conquista europea.
Cuando el año Ce Ácatl, año de la caña 1519, la hueste española capitaneada por Hernán Cortés desembarcó en Veracruz en el momento mismo previsto para el retorno del Dios Quetzalcoatl.
Desde lo alto de su capital Azteca, el emperador Moctezuma bien pudo decir, "Los dioses han regresado". Síntesis de la civilización mesoamericana, los mexicas fueron una de las últimas grandes culturas prehispánicas.
Pueblo de paradojas, místico y guerrero, creador y sangriento, sabio y brutal, fue también un pueblo de rostro y corazón. Los mexicas hicieron suyo todo el saber de las culturas de quienes los antecedieron y durante más de 100 años fueron la potencia dominante.
Ellos les causó profundas rivalidades que facilitaron su caída el 13 de agosto de 1521 frente a los conquistadores españoles y sus aliados indígenas. No obstante, quedó escrito en sus cantares. Mientras subsista el mundo, perdurarán la gloria y la fama de México Tenochtitlan
SISTEMA
NTSC
DOCUMENTO_DIGITALIZADO
Sí
OBSERVACIONES
Sin carta de derecho ni fecha de entrega
CODIGO_BARRAS_LTO
BWF481
INFORMACION_ADICIONAL
Fernández, J; Garza, M. de la; Jiménez Codinach, G.; Monsiváis, C. Nava, J.A.; Sarmiento Donate, A.; Tajonar, H. (2001). México: CONACULTA, OCEANO. UNAM, Fundación Televisa.
BARRA
Divulgación
TEMPORADA
1
CONDUCTOR
Carlos Fuentes Guillermo Sheridan – Voz en off
TEMA_CONTENIDO
La herencia cultural y artística de México, desde la época prehispánica hasta la contemporánea
LOCACION
CLASIFICACION
A
IDIOMA_ORIGINAL
Español
ENLACES_RELACIONADOS
REALIZACION
Felipe Galindo Aranda
PRODUCCION
Héctor Tajonar

