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SWC-60614
TITULO_SERIE
SINOPSIS_SERIE
El Centro Nacional de las Artes (Cenart), institución de la Secretaría de Cultura del Gobierno de México, celebra el Día Internacional de la Mujer Indígena.
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El Centro Nacional de las Artes (Cenart), institución de la Secretaría de Cultura del Gobierno de México, celebra el Día Internacional de la Mujer Indígena.
SINOPSIS_PROGRAMA
Reflexión sobre las experiencias de las mujeres, que entrelaza la tradición del folclor mexicano con el lenguaje del movimiento. La propuesta desmonta estereotipos sociales y articula una narrativa de resistencia y poder, subrayando la justicia social y el derecho de cada mujer a protagonizar su propia historia.
EXTRACTO_PROGRAMA
Reflexión sobre las experiencias de las mujeres, que une el folclor mexicano y el movimiento para desmontar estereotipos y proponer una narrativa de resistencia, justicia social y protagonismo femenino.
N_PROGRAMA
1
N_TOTAL_PROGRAMAS
6
DURACION_TOTAL
00:48:49:03
PARTICIPANTES
Margarita Tortajada, investigadora del Centro Nacional de Investigación, Documentación e Información de la Danza José Limón.
Carlos Nieves, moderador.
SEMBLANZA_PARTICIPANTE
Semblanza:
Margarita Tortajada es doctora en Ciencias Sociales por la UAM Xochimilco, maestra en Educación e Investigación Artísticas por la SEP-INBAL y licenciada en Ciencia Política por la UNAM. Desde 1988 es investigadora del Cenidi Danza “José Limón”, donde integra el Consejo Académico desde 2020.
Su labor articula la experiencia dancística con los estudios de género y la investigación académica.
TIPO_ACTIVIDAD
DISCIPLINA
INSTITUCION_PRODUCTORA
PALABRAS_CLAVE
Creación cultural | Cultura tradicional | Danza tradicional | Historia | Música tradicional
TRANSCRIPCION
Buenas tardes Bienvenidas, bienvenidos, bienvenides A esta conferencia magistral del día de hoy Agradecemos su asistencia Les vamos a platicar un poquito del porqué de esta conferencia y el resto de actividades académicas que tenemos planificadas. Buenas tardes. Bienvenidas, bienvenidos, bienvenides a esta conferencia magistral del día de hoy. Agradecemos su asistencia. Les vamos a platicar un poquito del porqué de esta conferencia y el resto de actividades académicas que tenemos planeadas el día de hoy y el día de mañana. Y daremos paso a la conferencia magistral, presentando obviamente a nuestra invitada de lujo. Mi nombre es Carlos Nieves. Soy docente de la Academia de la Danza Mexicana. Formé parte del comité para poder encontrar una línea de trabajo que se ubicara con la conmemoración que se hace este año por parte del gobierno federal. ya que es el año de la mujer indígena, entonces el Centro Nacional de las Artes, a quien agradecer por la invitación de parte del comité, nos proponía encontrar una línea de programación para el festejo de este año del Día de la Danza que pudiera hacerse de esa perspectiva. En ese sentido, nos enfrentamos a retos muy grandes ya que nos encontramos con una gran invisibilización de la participación de la mujer indígena, No solo en esta cuestión del arte de la danza, sino en la estructura social que tenemos, es uno de los grandes retos que como sociedad tenemos en el presente, y particularmente en las artes nos dábamos cuenta que hay una gran invisibilización al respecto. Caímos en la cuenta de que tal vez incluso no existía, pero esa era una sentencia bastante absolutista a la que nos negamos a decir, sino más bien deseamos rastrear que seguramente sí las hay, pero no las vemos o no las queremos ver. Partiendo de eso entonces buscamos que la programación desde ese punto de partida también pudiera ser más incluyente y por eso como pueden observar en la sábana de todo lo que tenemos programado hay diferentes propuestas de danzas que vienen desde lo tradicional, lo popular, lo folclórico y nuevas formas de experimentación a partir de ellas. algunas personas las llaman folclore experimental en ese sentido por eso pudimos con el apoyo del SENAR convocar a grupos de danzantes tradicionales, vamos a tener a las mujeres voladoras y danzantes de guaguas el día de mañana en la plaza Legorreta el día de hoy se inauguró con un grupo de danza tradicional y folclórica de Milpa Alta donde participaron danzantes tradicionales de aztequitas y hacen una muestra de su folclore como identidad cultural local en fin, partiendo de eso entonces también nos dimos cuenta que era necesario abrir estos espacios de reflexión y por eso el día de hoy va a estar con nosotros la doctora Margarita, a quien le agradecemos muchísimo y le propusimos doctora, no encontramos mucho, tú eres la principal investigadora para nosotras en el tema de la danza en México y particularmente en los estudios de género y pues, ¿qué podríamos encontrar? lo más que habíamos ubicado en la danza escénica eran imaginarios sobre algunas bailarinas de la época de oro de la danza moderna, donde se mencionaba por personas de esa época que, bueno, tal vez eran indígenas por sus rasgos, su fisonomía, incluso una de ellas que era la bailarina Nieves Orozco de Ballet Nacional, que fue la modelo de Diego Rivera para las pinturas como esta de los Alcatraces, pero no teníamos ninguna certeza al respecto de si realmente se asumían como indígenas, si crecieron en esos contextos, si hablaban alguna lengua originaria. entonces partiendo de inferir esto es que convocamos, invitamos a la doctora para saber si había algo más al respecto y pues asumió este reto por lo que el día de hoy nos va a compartir un poco de una breve pero sustanciosa investigación que tuvo unos hallazgos bastante valiosos y bueno tendremos la conferencia en este momento y después abriremos algún espacio para poder conversar y dialogar con ustedes a partir de las inquietudes que surjan Entonces si me lo permiten para iniciar formalmente voy a dar presentación a la doctora y darle paso a su conferencia. La doctora Margarita Tortajada es doctora en ciencias sociales, investigadora del Centro Nacional de Investigación, Documentación e Información de la Danza José Limón, además de que es miembro del Sistema Nacional de Investigadores. Ella conjunta su experiencia académica y su formación artística en numerosos artículos y 15 libros que hacen análisis históricos, políticos y teóricos sobre la danza en México. Ella es pionera de estudios de género en la danza en nuestro país. Actualmente es docente en programas de licenciatura y posgrado con sesgos de artes escénicas y es coordinadora de danza del colectivo Mujeres en la Danza Asociación Civil. Ha recibido numerosos reconocimientos y distinciones, entre ellos el premio Christina Lindberg-Schultz Lecture Award en Estudios de la Danza de la Universidad de California en Estados Unidos en el 2010, además del XXVI Premio Nacional de la Danza José Limón del Gobierno del Estado de Sinaloa en conjunto con el CONACULTA y el INBA. Esto fue en 2013. Actualmente en la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo se imparte bien anualmente la Cátedra Patrimonial Margarita Tortajada que enfoca sus estudios a lo que corresponde al campo de la danza en México. Sin más, Margarita te agradecemos mucho y damos paso para que puedas compartirnos lo que encontraste. Muchas gracias. Muchas gracias. Buenas tardes a todos y todas. Les agradezco que me hayan invitado y les agradezco que estén ustedes aquí. Y efectivamente, les voy a contar lo que descubro. La conferencia inicialmente que me solicitaron era algo así como la presencia de las mujeres escénicas, la presencia de las mujeres indígenas en la danza escénica. Y yo le pongo como subtítulo, digamos, resistencia y cambio, ¿no? Porque es muy alejado de los estereotipos que se tienen, ¿no? Lo que yo encontré. Bueno, primero debo decir que no hay un solo tipo de mujer, no hay un solo tipo de indígena, no hay un solo tipo de bailarina, ni de ninguna actividad, ni de ningún género. La diversidad es muy grande. Eso lo encontré al acercarme a un grupo de nueve jóvenes talentosas llenas de vida y sueños que se valen de la danza como medio de expresión, de fortalecimiento de su identidad y como proyecto de vida. No puedo saber cuántas de las mujeres que se reconocen como indígenas se dedican a la danza escénica, ni a cuáles géneros. Pensé en un inicio que la danza folclórica sería la más cercana a su cultura y necesidades expresivas, y así lo confirmé. pero con un muy reducido número de chicas entrevistadas, ¿no? Nueve, o sea, nueve chicas, pues sí son nueve vidas, pero no es el universo, ¿no? Sin embargo, hay quienes prefieren la danza contemporánea o el ballet, ¿no? Según me dijeron, o que cambiaron, ¿eh? Que cambiaron su visión de lo que pensaban que era la danza. Para realizar esta investigación agradezco la gran ayuda que me dieron mis compañeros y compañeras, amigos y amigas, porque localizarlas fue un duro trabajo. Y les voy a decir quiénes me ayudaron, porque sin ellos no los hubiera encontrado. De la Universidad de Colima, la profesora Adriana León y el estudiante Enrique Luna. El profesor Juan Carlos Palma, el director Julio Quintero y el secretario académico Víctor Lozano de la Escuela Nacional de Danza Folclórica de Limba. El maestro Javier Cristian Navarro de la Escuela de Bellas Artes de la Ciudad de Toluca. El maestro Guillermo Talavares de la Universidad Intercultural Maya de Quintana Roo. El maestro Francisco Villalobos de la Universidad Autónoma de Chiapas. La maestra Mayrani Peralta de la Facultad de Danza de la Universidad Veracruzana. La maestra Diana Reyes González, ex bailarina y directora general de eventos especiales de la Secretaría de Educación y Cultura del Estado de Sonora. y por supuesto el maestro Carlos Nieves, de la Academia de la Danza Mexicana de Limbal, mi compañero y cómplice en este y varios otros proyectos. Sobre todo agradezco a las jóvenes bailarinas que generosamente me contaron su historia en la danza. Son Erika Velázquez, originaria de San Mateo Tenco, Estado de México, y Jacqueline Tlapa Izquierdo, originaria de Tecalyacac, Estado de México también. Ambas egresadas de la Licenciatura en Educación de las Artes Escénicas de la Escuela de Bellas Artes de Toluca, que depende de la Secretaría de Educación, Ciencia, Tecnología e Innovación del Estado de México. Elena Gallardo Santos, bailarina, bailadora e intérprete de varios instrumentos musicales, originaria de Cruz Grande Guerrero y egresada de la Licenciatura en Artes de la Universidad Autónoma de Guerrero. Todas son licenciadas. Carla, originaria de San Diego, municipio de José María Morelos, en Quintana Roo, directora también de su propio grupo, y Nelsia Azucena Kumay, originaria de Tepich, municipio Carrillo, Puerto, Quintana Roo, ambas egresadas de la Licenciatura en Gestión y Desarrollo de las Artes de la Universidad Intercultural Maya de Quintana Roo. Brenda Yadeni Bautista Cruz, originaria de Cochiscuatitla, del municipio de Atlapexco, Hidalgo, y egresada de la licenciatura en danza del Instituto de Artes de la Universidad Autónoma de Hidalgo. Cintia Yasmín Rosa Rodríguez, originaria de San Dionisio del Mar, Oaxaca, y egresada de la licenciatura en danza del Centro de Estudios para el Arte y la Cultura de la Universidad Autónoma de Chiapas. Yolcin Sacil Orozco Ascona, originaria de Santa María Tlahuitolepec, en la Sierra Norte del Estado de Oaxaca, y actualmente estudiante de la Escuela Nacional de Danza Folclórica de Limba. Y por último, Estefany de Jesús Vera Cruz, originaria de Coatzacoalcos, Veracruz, y actualmente estudiante de la Licenciatura en Danza Contemporánea de la Universidad Veracruzana. Voy a presentar una cronología mínima de los esfuerzos que se han hecho por lograr el reconocimiento de los derechos de los y las indígenas. Vemos el primero. En 1989, bueno, ven de dónde están tomadas esta información, que a su vez recupera información de diferentes fuentes oficiales, ¿no? Bueno, es de la antropóloga Marisol Melesio Nolasco. En 1989 se dio el reconocimiento de los derechos de los pueblos indígenas en México al adoptar el Convenio 169 de la Organización Internacional del Trabajo. En el 92 es la primera referencia a los derechos de los pueblos indígenas que se hace en la Constitución, con la reforma de los artículos 4 y 7. En el 96 se firmaron los Acuerdos de San Andrés que establecen las exigencias, exigencias ahora por parte de los pueblos y comunidades indígenas mexicanas para que se les reconocieran sus derechos. El 14 de agosto del 2001 se reforma el artículo segundo constitucional, donde se establecen los derechos políticos de los pueblos y comunidades indígenas y afromexicanas, se establecen las obligaciones de todos los niveles de gobierno para su desarrollo con pertinencia cultural y se reconoce la pluriculturalidad de la nación. Ahí se establece y garantiza que las comunidades indígenas y afromexicanas pueden, uno, decidir sus formas de convivencia y organización social, dos, aplicar sus normas para solucionar conflictos internos, tres, elegir sus propias autoridades tradicionales, cuatro, preservar y enriquecer sus lenguas, cinco, elegir representantes indígenas y afromexicanos a puestos municipales, Acceder a la impartición de justicia tomando en cuenta sus costumbres y diferencias culturales, además de contar con intérpretes traductores. En cuanto a las responsabilidades, porque ahorita ya no nada más se trataba de enunciar los derechos, sino establecer las responsabilidades que tiene el Estado para que se cumplan esos derechos. el impulso del desarrollo regional, garantizar e incrementar la escolaridad, asegurar acceso efectivo a los servicios de salud, mejorar las condiciones de las comunidades, propiciar la incorporación de las mujeres indígenas y afromexicanas, primera mención de ellas en específico, extender y ampliar redes de comunicación, apoyar actividades productivas y de desarrollo sustentable, protección a indígenas y afromexicanos migrantes, Consultar a los pueblos y comunidades indígenas y afromexicanas en el diseño de planes de desarrollo en los niveles federal, estatal y municipal y propiciar su participación en la aplicación de los mismos. A simple vista, reconocemos que hay una enorme brecha. Con esas listas enormes de obligaciones y de derechos, pues no los vemos. Entonces hay una gran brecha entre lo escrito y la realidad de las comunidades indígenas del país. Esto ha sido señalado por las propias comunidades, diversas ONGs y organismos internacionales. Y en este caso, porque es lo que tiene más impacto en el trabajo que yo hice, voy a destacar dos aspectos, la escolaridad y la incorporación de las mujeres a las diferentes actividades. Todos estos aspectos son importantes, pero creo que estas dos obligaciones se reflejan o no en el acceso que tienen estas mujeres, por lo menos las nueve que yo entreviste, para llegar a las universidades y a tener una formación dentro de la danza isémica. En 2011 hubo una nueva reforma constitucional. El capítulo primero de la Constitución cambió de nombre, antes se llamaba Garantías Individuales, y se convirtió en de los derechos humanos y sus garantías. El artículo primero constitucional establece que todas las normas relativas al reconocimiento y defensa de los derechos humanos se deben interpretar eligiendo la que proteja de mejor manera a los titulares de un derecho humano. Esto debido a que muchísimas de las legislaciones se contradicen, ¿no? Y entonces no las aplican o no aplican la visión de género o no aplican el hecho que sean indígenas o no aplican todo lo que señalamos, ¿no? Como las obligaciones de gobierno. De ahí dice que siempre se debe dar, interpretar las leyes según se proteja de mejor manera los derechos humanos. Para todos, para ustedes, yo y todo el mundo. Según el censo de 2020, en México existen poco más de 19 millones de indígenas, de los cuales el 51% son mujeres. Los y las hablantes de una lengua indígena han disminuido y en menos de 100 años han pasado del 16% de la población mexicana en 1930 al 6.1% en el 2020. Factor que tiene relación, eso es bien importante, porque el hecho de no hablar una lengua indígena no necesariamente significa que no eres indígena. ¿Por qué? ¿Por qué se han perdido las lenguas? Tiene relación con las políticas integracionistas y otros fenómenos como la migración a las ciudades y la consabida dispersión geográfica. Falta de transmisión de conocimiento entre generaciones. Exclusión del uso de la lengua en espacios públicos diferentes de los propios y ausencia generalizada y constante de las lenguas indígenas en medios de comunicación. Falta de educación bilingüe o de baja calidad. y miedo a la discriminación por parte de los propios hablantes y hablantes de las lenguas, ¿no? Y qué razón por la que no la usan, ¿no? No necesariamente son discriminados, pero ellos lo sienten, ¿no? Vamos a ver comparativos en otras cosas. Para señalar esa discriminación por razón de etnia y género, ¿no? Porque de clase, pues, ni tenemos que mencionarlo, ¿no? Por etnia, según documentos de Coneval, el porcentaje nacional de rezago educativo es del 15.4% y el de la población indígena de 31.1%, o sea, el doble. Por género, según datos oficiales, la población analfabeta indígena de 15 años y más fue de 22.3% en el caso de mujeres y de 13% en el caso de hombres indígenas. Y la participación económica de hombres indígenas de 12 años y más es de 68.5% y de mujeres la mitad otra vez, 33.5%. Y por otra parte, en términos generales, se consideran las mujeres indígenas bajo estereotipos y esencializándolas, es decir, como una única forma de hacer sentir y pensar. No todas son iguales, como ningún ser humano lo es, aunque compartan la misma cultura, lengua, género, profesión, etc. Siempre hay rasgos propios, identitarios e individuales. Así sucede con las mujeres indígenas, también todas ellas viven en culturas y circunstancias diferentes. No es lo mismo ser raramuri que ser masawa. El hecho de ignorar esas diferencias e individualidades las invisibiliza y esa es una de las peores formas de discriminación. Por ejemplo, en los censos nacionales solo se les considera indígenas a las mujeres que hablan una lengua indígena. Y ya vimos que hay muchas razones por las que la dejan de usar, pero no por eso rompen con su cultura. Así que aquellas que siguen siéndolo, pero que han perdido el uso de su lengua, no son contabilizadas como indígenas en los censos, en diversos espacios o situaciones, o ellas mismas no se consideran del todo indígenas por esa razón. La antropóloga Melesio, de quien estamos tomando los datos, nos dice que hay enfoques teóricos y conceptos que a partir de cuestiones culturales y de la asignación de identidades, como la etiqueta de grupos vulnerables, Conciben que por naturaleza las mujeres indígenas, entre otros grupos de población como indígenas, infantes, migrantes, adultos mayores, entre otros, son un sector débil y vulnerable. Que están necesitadas de cuidado, que son incapaces de salir de la pobreza por sí solas y que no pueden tomar decisiones propias porque son ignorantes y no saben lo que es bueno para ellas. Eso implica, nos dice la antropóloga Melesio, que los programas gubernamentales para atenderlas sean fragmentarios, sin imaginación, sin consulta ni participación de la población indígena, que sean meros paliativos coyunturales y que no se contemplen soluciones desde políticas públicas integrales, lo que les resta la posibilidad de obtener niveles de igualdad y equidad, pues mientras sigan siendo ubicadas dentro de los grupos vulnerables en paquete general, no tendrán oportunidades para acceder con equidad a los satisfactores básicos a los que legalmente tienen derecho. Esta visión ha permitido violaciones sistemáticas a los derechos humanos de los grupos etiquetados como vulnerables, se les limitan las posibilidades de ejercer sus derechos ocultando con esta concepción hechos que tienen raíces discriminatorias por racistas, misóginas, xenofóbicas, etc., Y sobre todo, encubre las desigualdades que con base en determinaciones históricas y estructurales niegan y restringen el acceso a condiciones de vida dignas. De tal manera que es necesario tener un enfoque de género intercultural y de defensa de los derechos humanos y dejar de concebir a los llamados grupos vulnerables como si fueran parte de su naturaleza. O sea, ya nazista, indígena, por lo tanto, por razones casi biológicas, entras a grupos vulnerables. No es así, porque en realidad hay factores políticos, económicos, sociales y culturales que afectan su calidad de vida. Por eso la antropóloga me le dio hace un llamado para nombrarlos correctamente, no decirles grupos vulnerables, sino vulnerados, y vulnerados por las instituciones, sino que no cumplen sus obligaciones. Y si era con una cita hermosa que la puse, de la comandanta amada del ZLN, que en el 2019 dijo, somos mujeres que sufren, pero también somos mujeres que piensan y se organizan. Y sobre todo somos mujeres que luchan. Luego dicen que tal o cual profesión es la más peligrosa, que si más peligroso es ser periodista o ser jueza represiva o ser juez o ser malos gobiernos. Pero tú y nosotras lo sabemos, que lo más peligroso ahora en el mundo es ser mujer. Eso lo dijo la comandante. Pero ante la realidad, la que yo encontré y la que podemos verla si abrimos los ojos, las mujeres indígenas, pues sí, sí sufren, pero también luchan, se organizan, defienden sus derechos y sus vocaciones, incluyendo la vocación de la danza. Determinan sus proyectos de vida. Es necesaria oír su voz, sus aspiraciones, necesidades, deseos, conocer su realidad, esa cruzada por tantos discursos que nos obliga a tener la perspectiva interseccional. Ellas deben participar activamente y el resto de la sociedad nuestra obligación sería acompañarlas, impulsarlas, apoyarlas y reconocer que tienen capacidad de agencia y que saben lo que quieren. Bueno, vamos a ver, a este apartado le llamé rompiendo estereotipos. Hasta hace unos años, perdón que hable de todo esto, pero tenemos que situarlas, tenemos que entender quiénes son, dónde están y cuál es su situación. Hasta hace unos años, como lo demuestran varios estudios, la migración de las mujeres indígenas a las ciudades se debía a la búsqueda de trabajo principalmente, pero eso ha cambiado. Sigue siendo un cambio profundo, ¿no? Y siguen viniendo o moviéndose muchas indígenas a los centros urbanos porque buscan trabajo, ¿no? Pero las jóvenes que aquí hablan migraron para estudiar, ¿no? Y además para estudiar danza, que es absolutamente que rompe con cualquier estudio que se haya realizado, ¿no? Así que, aunque se les considere muchas veces seres pasivos y que están obligadas a seguir la tradición de ocuparse del trabajo en casa, todas ellas son actores sociales con agencia, con poder de decisión y lo han demostrado, ¿no? Al venir a las ciudades con el deseo de estudiar, ¿no? Ellas lograron que su voz se escuchara para pedir y reclamar, plantear sus demandas frente a la familia primero. Por eso yo las veo dentro de un marco más amplio que el individual y las incluyo en la lucha, incluso internacional, que están dando las mujeres indígenas. Existen grupos, por ejemplo, que defienden sus derechos, que realizan estudios de su propia realidad y hasta han desarrollado sus propias metodologías de investigación intercultural. Así lo plantea el Fondo Internacional de Mujeres Indígenas que tiene la consigna Nada sobre nosotras sin nosotras. y que entre sus metodologías mencionan el tejido como estrategia de participación, el tejido, el apoyo espiritual y ancestral, las lenguas indígenas como conceptualizaciones propias y otras metodologías de reflexión. También existen las propuestas de investigadoras académicas sobre la etnización de la investigación social y sus métodos, como un proceso que implica una crítica y resistencia a la hegemonía del conocimiento occidental, señalando aspectos problemáticos de la colaboración entre la academia y las organizaciones indígenas en el desafío de cuestionar la hegemonía de las metodologías de investigación social convencionales y potencializar nuevas maneras de abordar temas como etnicidad, género, conocimiento y poder desde una perspectiva decolonial e interseccional. Conociendo sólo de manera parcial esta producción de textos y reflexiones, me acerqué a las nueve jóvenes que hacen danza escénica con el fin de conocerlas a ellas y su experiencia. Todas las jóvenes que aquí habían migrado a otras ciudades con el apoyo de su familia, que aparentemente parecía algo muy extraño, pero lo hicieron porque supieron convencer a sus familias con sus argumentos y acabaron ellos aplaudiendo también la familia, aplaudiendo la decisión de estas chicas. La danza escénica, vamos a ver qué es eso de la danza escénica, es la que implica disciplina corporal, la que implica la academia y la necesidad de que haya un otro, una otra presente, es un convivio, esa es la vocación artística, se crea para alguien que va a estar ahí presente, el espectador. Esa danza también es una forma de lucha para muchas mujeres indígenas y de resistencia, ¿no? De resistencia a todas las formas de opresión y para transformarlas, pero no porque quieran desaparecer sus comunidades, ¿no? Esa actividad que en el resto de la sociedad, en centros urbanos o en comunidades rurales, sigue sin obtener el prestigio y reconocimiento como una profesión con toda la dignidad que tiene y los aportes sociales que brinda. Esa, también con esa ellas quieren participar. Eso en contra de entrevistar a las mujeres que entraron en la elaboración de este escrito cuyo fin es Dales POS Todas estas jóvenes, ellas tienen entre 20 y 25, 26 años, son muy jóvenes Son estudiantes o egresadas universitarias Han construido un proyecto de vida, aunque han emigrado, no rompen con sus comunidades Al contrario, quieren regresar su saber y experiencia a sus pueblos, quieren facilitarle el camino a otras jóvenes como ellas y decirles que hay alternativas en la educación, la vida laboral, la expresión de su cultura, la manera de verse a sí mismas y a las demás. Con ello se confirma lo que señala la antropóloga que cité anteriormente. Las mujeres indígenas son ejes fundamentales en la continuidad y preservación de la herencia cultural de los pueblos originarios, pero también importan como críticas y transformadoras en sus comunidades. Y desde ellas, para cambiar las prácticas y o tradiciones que las dañan, así como en la construcción de paradigmas que mejoren sus condiciones de vida e incrementen su participación en las instancias en toma de decisiones. Un momento. Bueno, primero hablaré de Stephanie y de Jesús Veracruz. No las tengo en orden, sus imágenes, ¿no? que les dije es de la licenciatura de danza de la Universidad Veracruzana, licenciatura en danza contemporánea. Ella está en cuarto semestre y aunque ella no se considera indígena, tiene relación con varias compañeras que sí lo son, pero ella acepta que viene de comunidades rurales, no decide aún si es o no es, pero bueno. considera que es un número reducido las mujeres indígenas que ingresan a la danza escénica porque no hay suficiente oferta educativa en sus pueblos, que son realidades exactamente las que ella sufrió, porque me las dijo, ¿no? No hay suficiente oferta educativa en sus pueblos por razones económicas, por el estigma que hay sobre la danza como profesión, ven, en todos lados, es eso de que te vas a morir de hambre, ¿por qué te dedicas a bailar, no? Porque muchas se convierten en madres muy jóvenes o porque no tienen apoyo de sus familias. Ella, como las otras entrevistadas, señalan que la danza es un espacio privilegiado porque hay libertad. Y dice ella, te cambia el chip mentalmente. La manera en que te relacionas con la sociedad es diferente, te cambia la vida. Como las otras jóvenes, ingresar a la danza escénica y enfrentarse a las técnicas disciplinarias fue algo inesperado. Era, dice ella, luchar contra el cuerpo para dominar la técnica, pero le entré al ruedo. Dejó de compararse con los demás y se dedicó de lleno, aunque a veces siente que no la entienden en la facultad por sus diferencias culturales. También incorporó a su vida otras prácticas, como el estudio, la lectura, el arte, que dice que en su comunidad no tenía acceso a eso. Ella pretende dedicarse a la interpretación, la docencia y la investigación. Quiero estudiar, dice, los diferentes cuerpos y culturas. Mantiene lazos muy estrechos con su familia, aunque ella está en Jalapa, está en la Facultad de Danza y su familia es de Coatzacoalcos. Y también su familia se ha dado cuenta de los cambios que ha experimentado como estudiante de danza. Como ha habido cambios en sus comportamientos, sus maneras de pensar. Ahora dice ella, tengo una nueva identidad, pero no quiere decir romper con mi familia y mis orígenes. Sería como ir en contra de mis principios. No tienes que abandonar nada. Es mío y nadie me lo va a quitar. Ahora Brenda, Brenda Yadeni Bautista Cruz dice, me considero indígena porque nací en un pueblo que es indígena. Mis raíces son indígenas y nunca he tenido la pena de decirlo. Soy indígena orgullosamente de la huasteca hidalguense. Cuando me acerqué a la danza me daba miedo también irme de mi pueblo. Llegué al Instituto de Artes de la Universidad Autónoma de Hidalgo. Y vi a tanta gente con otras maneras de pensar, formas de vivir y eso me tranquilizó. Porque también conocí a otros indígenas. Ella, como el resto de los jóvenes, de las jóvenes, señala la importancia de los y las docentes para su formación, desarrollo y adaptación. también el papel de sus padres, sobre todo de la madre, para sentirse apoyadas. Ella inició en la danza porque su mamá la impulsó y su maestra de danza la inspiró, dice. Bailaba guapango y formó un trío, la muchachita, bien jovencita, ¿no? Lo que se hace es bailar guapango y ella inventó para tener música y para poder viajar y tal, crear un trío, claro, ella era la única chica, ella tocaba el violín, y dos hombres que formaban el trío, y eso lo acompañaba con la danza. Yo decía, dice ella, yo decía, quiero ser artista, quiero ser bailarina, yo soñaba muchísimo. Cuando concluyó la preparatoria, debía decidir que estudiar. Yo pensaba en la danza y decía, no me veo haciendo otra cosa que no sea danza. Busqué escuelas, y la que en ese momento era lo más adecuado era el Instituto de Artes, y me fui. Claro que me dijeron, ¿pero eso se estudia? ¿Se vive de la danza? Fue una decisión muy difícil. En mi familia me decían, ¿puedes estudiar para ser maestra, para ser doctora? Y yo, no, yo quiero danza. Mis papás me apoyaron y dijeron, te vas a estudiar danza, pues. Al ver todo me dio mucho miedo, pero dije, me voy, sí voy, sí lo voy a lograr. Allí encontró a compañeros que venían de otros pueblos y se sintió en confianza. Incluso debatía con algunos de ellos que también eran guapangueros. Yo les decía, es que en mi pueblo no lo bailan así, no usan eso. Tampoco tenía el concepto de la danza académica y que llevaran la danza tradicional a la escena. Yo decía que hay cosas muy raras. Es que no me cuadra. ¿De dónde sacan eso? Luego se vino la pandemia y tuve que estudiar la licenciatura en una pantalla. Fue horrible. Aquí en casa me puse a investigar acerca de mi pueblo, los pueblos vecinos, y tengo una investigación inconclusa sobre vestimentas tradicionales de Itzokat, que es un pueblo del mismo municipio. Yo me preguntaba, ¿por qué el folclore se tiene que descomponer o deshacer para componer algo nuevo? Veo danzas del pueblo que tienen un cambio total en el escenario y a los que somos indígenas nos cuesta aceptar que nuestra danza se transforme así. Es como nos hemos sentido. Para buscar respuestas investigó sobre los bordados y el uso de la indumentaria y luego del vestuario. Pensaba, dice ella, que ya sabía cómo se visten, cómo se mueven, cómo bailan, pero cuando me meto a profundidad con gente que está viviendo el proceso fue diferente. Y dije, no lo sabía, y eso me llevó a abrir más mi panorama de la danza y decidí dar mi propia aportación, que será la investigación. Eso también me dio la danza, acercarme a mi cultura. Antes pensaba que la danza solo era ejecutar, bailar, sonreír, gritar, pasarla bonito, y ahora sé que también es meterte, indagar, investigar para no sacarte las cosas de la manga y confundir al espectador. Hay gente que ignora al pueblo, no se acercan a preguntar a quienes saben, a quienes tienen mucho tiempo bailando o bordando, con mucha experiencia vivida. He trabajado por dos años y muy de cerca con esta familia de bordadoras que también hace huapango. Esa investigación yo la quería para mí, pero ahora la voy a usar para mi titulación y así la puedo compartir. Esas bordadoras me enseñaron mucho. Fue muy bonito ver todo lo que hacen con las manos, cómo cuentan la aguja, luego maquinan todo el trabajo que tienen y que reparten entre todas para vivir de ello. Ellas son artesanas. Ellas crean sus diseños, no se repiten, pero aunque se repitan no son los mismos. Me explicaron que aunque un diseño parezca que se repita, no es así, porque puede ser que la mujer que lo elaboró en ese momento estaba triste, desesperada, tuvo que dejar a su hijo enfermo, tuvo que buscar otra forma de vivir, estar enojada o feliz. Te das cuenta en los colores, me decían, porque a veces los colores brillan y a veces son opacos. Yo decía, es metáfora. Y es cierto, los colores cambian. El rojo puede ser vivo, muerto, opaco. Son experiencias de vida, me decían. Esos son nuestros bordados. Así que cuando sacamos a vender una prenda no es solo una mercancía, y tiene un destino, ya está dirigido para alguien que lo va a elegir entre todas las demás. También hablamos del regateo, porque se regatea en los bordados, aunque sean bellísimos, igual que en la danza. Ahora siente que puede hacer una danza sobre huapangos, retomando lo que estudió. Claro que los maestros de danza del pueblo critican porque tienen reglas fijas y no aceptan cambios de una mujer joven como yo. Y en mi futuro no me veo en un salón como maestra, sino como investigadora, en campo, observando, preguntando, aprendiendo. En la carrera no me gustaban las clases teóricas, pero tuve una maestra que me impulsó a preguntar. No solo es bailar, vas para más, no te quedes aquí, me decía. Y ahora me pregunto sobre cada danza, como la de la tortuga que se está perdiendo, que me pueden enseñar la danza, pero no solo para repetirla. Quiero saber a profundidad por qué, para qué, cómo nació. Lo quiero hacer aquí. Aquí hay mucho y no lo estamos aprovechando. Esto lleva tiempo y espero que vengan más personas y nos unamos para investigar. Además quiero que se ponga por escrito y dejarlo para los demás. Eso sería una aportación. Yo hablo náhuatl, no tan fluido. Mis abuelitos me enseñaron a dialogar con ellos. Cuando no entiendo algo pregunto. Veo niños de 7 u 8 años que en su casa siempre lo hablan y me gusta mucho oírlos. Me da ternura. Y ahora Erika Velázquez. Fue accidental la llegada de Erika a las danseyes del Estado de México. Solo sabía que quería estudiar algo de artes y encontró la Escuela de Bellas Artes de Toluca. Dice que hizo así casi de Kilmarine, ¿no? Dijo artes escénicas, está bien. Nunca había practicado danza ella. Al principio, dice, era muy cansado, era muy sedentaria y para mi cuerpo fue algo muy drástico. Me pareció una tortura al principio por el entrenamiento físico y también el mental que conlleva la danza. Se me hizo muy pesado. Mis papás dijeron, pues salte de la carrera, te pagamos otra. Y yo dije, no. Después tomaba las clases y al terminar era algo muy satisfactorio. Y así le fui tomando gusto. Al principio era dolor y después satisfacción. Y actualmente en la danza me siento libre. Ya es parte de mí. Esto es lo que quiero hacer para siempre. Quiero ser libre. Y también hacer teatro. Lo que más me gusta es la danza contemporánea. Que aunque tenga técnicas rigurosas, se puede experimentar y ser más libres. En mi casa dicen que están orgullosos de mí. Que tuve un cambio total. La persona que fui hace cuatro años ya no lo soy ahora. Soy completamente diferente, tanto mi mente porque se liberó. Tengo 21 años y me considero indígena. Y esa conciencia significa un proceso largo y difícil porque una de mis principales dudas es que no tengo las tradiciones o costumbres directamente. Tampoco he sufrido ningún tipo de discriminación como el que sufren las comunidades indígenas por su cuerpo, su color, de donde viene su vestimenta. He investigado sobre mi familia, el lugar donde vivo, y llegué a la conclusión que aunque no vivo en el contexto indígena, yo lo soy, porque vengo de raíces. Mis papás lo rechazan y se rieron cuando les dije. Pero mi mamá de repente dice algunas palabras, y una tía también dice palabras en otomí, que ni ella sabe que es otomí. Yo le pregunté, y me dijo que su abuela las decía, pero nunca le enseñó la lengua, porque le decía que en unos años esa lengua no iba a servir. Yo reconozco ser indígena y es un motivo de orgullo. Reconozco el pasado y el presente, son parte de mí. Quiero seguir preparándome en la danza. En la Escuela de Bellas Artes no nos dan todo y quiero seguir aprendiendo. Además, seguir trabajando en el kinder en donde doy clases de artes. Me interesa la investigación también. Estoy haciendo mi tesis sobre tejido de tules. Las sillas de tules son representación de los adultos mayores. Es una artesanía que se está perdiendo y la uso en mi videodanza como una metáfora del proceso del barrio de Guadalupe. Entrevisto a los mayores de la comunidad. Eso me ha ayudado a descubrir parte de mi familia. Al principio pensé que lo hacía por la comunidad y luego entendí que lo estoy haciendo por mí misma, para descubrir mi propia persona y mi propia familia. También bailo en un grupo que formamos los propios alumnos. Hacemos proyectos. Una compañera monta las coreografías y lo difundimos. También he hecho teatro, en donde me dan libertad y he escrito algunos guiones y los montamos con los compañeros. Carla Canche. Dice, me considero una mujer indígena, ella es maya. Soy de San Diego, en la zona maya de Quintana Roo, y hablo maya. Conocí la danza en mi comunidad como parte de las tradiciones que tenemos. En el pueblo se hace el baile de la cabeza de cochino para el patrono del pueblo, y unas señoras bailaban y me llamó la atención, me acerqué. Cuando tenía 12 años, llegó la misión cultural que daban talleres a las comunidades y me integré al de danza. Cuando terminé el bachillerato y me fui a la Universidad Intercultural a la carrera de licenciada en Gestión y Desarrollo de las Artes, daban danza folclórica como optativa por seis semestres y lo tomé. Yo amo bailar, así que aunque había cubierto esos semestres, seguía yendo por amor a lo que me gusta hacer. Ahora me dedico a dirigir mi grupo en mi comunidad. gracias a la experiencia que tuve en la licenciatura. La danza es importante para mí y para la comunidad, también para rescatar lo que tenemos aquí y mostrarlo en el arte. No debemos dejar morir lo que tenemos. Hasta hace un año en mi comunidad la única persona que se dedicaba al arte era yo, pero ahora en mi grupo hay 20 jóvenes de 12 a 19 años de edad, 16 mujeres y 4 hombres porque es más difícil con ellos. Y bailamos aquí, tenemos salidas representando a San Diego y nuestra cultura. Bailamos en teatros, en fiestas y en eventos, como en el festival infantil y juvenil de folclor en Orizaba. Cuando me fui a estudiar a la universidad me apoyó mi familia. Soy la segunda persona que ha ido a la universidad. Mis papás decían que si la danza me gusta, que si me da satisfacción y alegría, pues adelante. Siempre saldré adelante. Pero parte de la familia decía que no iba a poder vivir de la danza. No les pagaban a los artistas. Nunca vas a salir adelante. Eso fue al principio Ahorita que estoy haciendo diferentes cosas en la comunidad Pues qué bueno que estudiaste Me dicen que te metiste aquí Que hiciste esto Conforme pasa el tiempo ya se ven los resultados Y cambian las opiniones Trabajo todos los días con mi grupo Mucho del repertorio que sé lo aprendí en la universidad Mi titulación la estoy haciendo Sobre el trabajo que realizo con el grupo De organización, gestoría, docencia y todo lo que hago Mi grupo funciona bien Hace una semana organizamos un evento cultural al cumplir un año y organizamos una baquería regional propio de la península de Yucatán. Y así se ha convertido ella en una protagonista de su pueblo al establecer la danza como su proyecto de vida. Siento, dice, que bailar es una apropiación cultural. Me hace sentir más enraizada en mi comunidad. Bailar y ser parte de las tradiciones de la comunidad, eso me da satisfacción, pero también es una responsabilidad para representarlas bien y para dejar un camino que usen las generaciones que vienen y quieran bailar también. A los bailarines les cuento mis experiencias, lo que bailar ha sido para mí, lo difícil que era antes viajar diario para ir a ensayos. Les digo que cuando quieres hacer algo lo haces sin importar nada. Creo que les ha ayudado a escuchar que si una persona pudo ellos también. Ahora es más fácil porque ya no tienen que salir de la comunidad, aquí mismo lo tienen. Somos el primer grupo de nuestra comunidad y después de muchos esfuerzos. Entre los papás de mis bailarines hay un sector que aprueba lo que hacen y apoya en las decisiones de sus hijos para estar en el grupo, pero hay otro sector que lo rechaza y dice que es mucho gasto, no les va a servir de nada, que solo pierden el tiempo. Poco a poco las barreras se han ido rompiendo y sí ha crecido el número de bailarines. Empecé con ocho señoritas. También es porque hay más aceptación por parte de los padres de familia. Bueno, ya les di algunos ejemplos, pero vamos a hablar de las conclusiones porque tenemos tiempo, medido. Y la primera es que son todas jóvenes, todas universitarias, todas se enfrentaron a su familia y las convencieron y obtuvieron el apoyo para dedicarse a la danza, todas migraron. Por ejemplo, la chica de Oaxaca, que se fue a la Escuela Nacional de Danza Folclórica, o sea, son 10 horas de trayecto para ella, ¿no? Entonces, ella no va frecuentemente a su comunidad, pero ella no ha roto los lazos y sigue hablando y habla mije, ¿no? Hay otras que es más cercano, como la que estudió en el Instituto de Artes de la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo, porque ella es de una comunidad cercana. Sin embargo, sí es un mundo diferente para ellas. Todo es alejado en términos culturales. Es otra realidad. Ellas se sentían atemorizadas al principio, pero han acabado con eso. y salvo alguna no han sentido discriminación, no han sentido que las hagan a un lado por ser indígenas. Al contrario, hay una que hasta es la maestra de ceremonias en todas las celebraciones, porque habla maya, porque es bilingüe, ¿no? Y habla bien, porque es lengua materna, ¿no? Y no ha perdido el uso para nada, ¿no? Y entonces, para mí, ellas son muestra de los cambios que se están dando entre las comunidades indígenas, entre los cambios que las mismas mujeres indígenas están provocando. Y como han visto, como una de las posibilidades, una de las alternativas para desarrollarse, la danza. Todas, todas, sin excepción, hablan de la libertad que les da la danza. Aunque sigan técnicas, aunque obedezcan repertorios, ellas se encuentran la libertad y la posibilidad de expresarse. Ellas dicen, solo ahí soy yo, ¿no? Entonces, pues sí, fue muy emocionante acercarme a este grupo de chicas, oírlas, ¿no? y entender que la danza escénica, incluyendo la escénica, es un medio identitario, incluso para las comunidades indígenas, porque ellas ahora se sienten más parte de sus comunidades. A pesar de que han ido a otras realidades, a otros espacios, a otras culturas, ellas sienten un arraigo mayor, todas, todas así lo dijeron. Thank you. Transcription by CastingWords Gobierno de México
SISTEMA
ATSC
DOCUMENTO_DIGITALIZADO
Sí
FECHA_AUTORIZACION
29/04/2025
FECHA_INGRESO_ENTREGA
17/09/2025
FECHA_PUBLICACION
31/03/2026
INGESTO
Jorge Vallejo Gutierrez
BARRA
Divulgación
TEMPORADA
1
CONDUCCION
Carlos Nieves, moderador
TEMA_CONTENIDO
Mujeres indígenas, identidad, justicia social, género y resistencia.
FECHA_GRABACION
29/04/2025
LOCACION
CLASIFICACION
A
IDIOMA_ORIGINAL
Español
ENLACES_RELACIONADOS
https://cenididanza.inba.gob.mx/repisa/item/39-margarita-tortajada
REALIZACION
Edgar Mauricio Sánchez Alcántara
PRODUCCION
Elvira Sánchez Salgado
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https://interfaz.cenart.gob.mx/video/dia-internacional-de-la-mujer-indigena/
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