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CUID
MW-07039
SUBTITULO_SERIE
FILIJ 31
SINOPSIS_SERIE
Espacio de reflexión y discusión sobre la lectura y la literatura que reúne a ponentes y participantes del país y del extranjero. Se centra en la generación de espacios de diálogo que fomentan la lectura en contextos públicos y privados, y subraya el valor de la lectura literaria como medio para la construcción de significados, la expresión de ideas y sentimientos, y el reconocimiento de la diversidad de perspectivas. Ofrece una visión amplia sobre los debates actuales en torno a las prácticas lectoras y su papel en el desarrollo cultural.
EXTRACTO_SERIE
Espacio de reflexión sobre lectura y literatura que reúne ponentes del país y extranjero. Fomenta el diálogo en contextos públicos y privados, y subraya el valor de la lectura literaria en la construcción de significados y diversidad.
SUBTITULO_PROGRAMA
Alicia Valencia (México)
SINOPSIS_PROGRAMA
Experiencia sobre una sala de lectura en el interior de la República dedicada a la lectura de mujeres, relato sobre la importancia de leer lo que escriben los demás.
EXTRACTO_PROGRAMA
Experiencia sobre una sala de lectura en el interior de la República dedicada a la lectura de mujeres, relato sobre la importancia de leer lo que escriben los demás.
N_PROGRAMA
8
N_TOTAL_PROGRAMAS
12
DURACION_TOTAL
00:43:46:05
PARTICIPANTES
Alicia Valencia, tallerista colaboradora en el Instituto de Cultura del Estado de Morelos.
SEMBLANZA_PARTICIPANTE
Alicia Valencia
Pedagoga, investigadora y autora mexicana originaria de Michoacán. Su trabajo se centra en los procesos de migración y en la escritura como herramienta para la construcción identitaria; con formación en pedagogía y estudios de posgrado en educación, desarrolla proyectos que acompañan a jóvenes y comunidades vinculadas a experiencias migratorias.
Ha participado en iniciativas de formación, lectura y producción escrita, y combina estas labores con actividades de radio, creación literaria y trabajo cultural. Su obra incluye relatos y propuestas que exploran memoria, desplazamiento y vínculos familiares desde una perspectiva educativa y social.
TIPO_ACTIVIDAD
DISCIPLINA
INSTITUCION_PRODUCTORA
PALABRAS_CLAVE
Artes visuales | Cuento | Edición de textos | Enseñanza de la lectura | Escritor | Escritora | Escritura creativa | Humor (literario) | Ilustración | Libro para niños | Literatura | Novela | Selección de libros
TRANSCRIPCION
Buenos días, bienvenidos una vez más al siguiente bloque. Tenemos una participación más en este Encuentro Internacional de Cultura Lectora, una voz que se suma a esta serie de mesas de reflexión, que en este encuentro van desde la teoría, la investigación hasta la práctica. Es algo muy importante de la integración de estas reflexiones. Y para continuar con este encuentro con el libro, sus posibilidades, sus prácticas, sus usos, les quiero presentar a Alicia Valencia Reyes, que nació en Michoacán, México. Alicia Valencia estudió la licenciatura en Pedagogía en la Universidad Veracruzana. La maestría en Educación Especial en Formación Docente y es doctora con Educación en la Universidad Autónoma del Estado de Morelos, con una estadía en el Colegio de Educación en Tempi, en la Universidad de Arizona. De 1990 a la fecha ha fungido como catedrática en diferentes instituciones nacionales. Se ha destacado en la elaboración y coordinación de cursos de capacitación docente con temas relacionados con reformas educativas, teorías pedagógicas, habilidades docentes, migración, adolescencia y procesos de escritura. Ha fungido como directora de escuela a nivel bachillerato, coordinadora sectorial en el Colegio de Bachilleres del Estado de Morelos y directora académica de CONALEP y CECITE. Del 2000 a la fecha, su tema de trabajo e investigación está relacionado en el fenómeno migratorio mexicano y los procesos de escritura como detonadores de la recuperación de la historia personal. Forma parte del grupo Red Migrante y coordina y produce un programa de radio en la estación radiofónica de la UAM. En el 2009, invitada por el programa Básicas sin Fronteras, coordinó el diagnóstico de las necesidades educativas de jóvenes y alumnos migrantes en torno al estado de Morelos. De aquí se desprendió el diseño de un diplomado sobre pedagogía multicultural. Desde 2007, Alicia Valencia ha colaborado con el Instituto de Cultura del Estado de Morelos como tallerista, tanto del Estado como dentro y fuera de él. Los dejo con Alicia Valencia. Bienvenida, Alicia. Muchísimas gracias. Y pues gracias Jesús por esta presentación, gracias a los que y a las que han hecho posible que estemos aquí compartiendo, estamos reunidos como un pretexto para la reflexión. Ha sido encantador todo lo que hemos escuchado y particularmente quiero dar las gracias a Rebeca Cerda por esta invitación y por esta posibilidad de compartir. Por alguna razón, siempre la formación nos va marcando, nos marca la ruta, nos marca caminos. Y a veces yo algo que me considero dentro de mi espíritu es ser profesora. Y los profesores nos dedicamos a hacer, hacer, hacer. Y a veces nos olvidamos de contar lo que hacemos, de compartir lo que hacemos, de escribir lo que hacemos. y yo vine el día de hoy aquí, me da mucho gusto encontrarme con amigos, amigos viejos, nuevos y con jóvenes. Vine a compartir una experiencia, una experiencia que tiene que ver con la escritura y esta escritura de la mano con procesos educativos y procesos educativos, diríase yo, no formales. Y quisiera iniciar mi participación para seguir disfrutando la mañana y las ideas que el día de hoy se han generado con la lectura de un poema. ¿Por qué escribo? Escribo para descubrirme, para saber quién soy. Escribo para darle voz a mi inconformidad. Escribo para mirar mis huellas. Escribo para exorcizar mis dolores. Escribo para descifrar mis desamores. Escribo para nombrar mis pasiones. Escribo para curar mi alma. Escribo para rescatar mi humanidad. Escribo en la búsqueda de sentido. Escribo para seguir viviendo. Escribo para hermanarme con otros. Escribo, luego existo. Y quise iniciar con esta lectura de este poema de Amparo Espinosa porque justamente es lo que yo he encontrado en esta experiencia de los talleres de escritura. Talleres de escritura que a la fecha he estado coordinando y viviendo con mujeres durante cinco años. He colaborado en estos talleres de escritura con el Instituto de Cultura del Estado de Morelos. Diríase que ahí inició la travesía. Y claro, el inicio de esta travesía pues tiene su origen. Y yo quiero dedicar esta conferencia y esta plática y este compartir a quienes iniciaron esta experiencia, quienes iniciaron esta aventura y que a veces me pregunto si sabían lo que iba a desencadenar. Quiero dedicar esta participación a la maestra Socorro Venegas y a una escritora que también fue apoyo en los inicios de este trabajo, que es la maestra Ethel Krauss. Este taller de escritura, este programa se generó en el estado de Morelos y se llama Mujer Escribir Cambia Tu Vida. Taller que de manera personal he transformado y adecuado para trabajar con mujeres, amas de casa, académicas, maestras, investigadoras, mujeres indígenas, particularmente jornaleras, migrantes, mujeres adolescentes. Y si bien inicié coordinando el taller en Morelos, a la fecha he tenido la oportunidad y la curiosidad también de ver cómo este taller podía funcionar. Me nació la curiosidad, cómo este taller puede funcionar en otro lado. Y tengo un interés de investigación que tiene que ver con los asuntos migrantes y de ahí que me llevé el taller para trabajarlo con las mujeres migrantes ilegales de Alburquerque, Nuevo México, de California, particularmente el Valle de San Joaquín y Denver, Colorado. También me he acercado a los límites entre el estado de Michoacán y el estado de Jalisco, donde he encontrado muchas mujeres migrantes retornadas. Y a partir de estos talleres hemos ido recuperando su historia. He visto rostros de mujeres adolescentes, adultas, abuelitas, bisabuelas de 90 años, narrándose para sí y para las demás. como si fuera una sola historia. He saboreado y sufrido con ellas recuerdos, sus amores, desamores. En estos talleres no solo escribimos la vida, también nos leemos y leemos a las otras. Estas lecturas han dado paso al encuentro, al diálogo con otras mujeres y al diálogo con nosotras mismas. La experiencia de estos talleres es lo que me ha atraído a este foro. Por ello, desde aquí saludo a todas estas mujeres que han ido a los talleres y que en el estado de Morelos, no sólo porque yo he impartido los talleres, es un grupo de talleristas, ya suman más de mil. Y también, por supuesto, quiero enviarles esta energía de esta experiencia a estas mujeres que han dado los talleres, a las que acuden a los talleres y que luego hacen ejercicios de escritura con sus vecinas, sus hijas, sus nueras, eso me han contado algunas. Y en especial pues a todas aquellas mujeres que escriban y que escriben aún cuando no han ido a los talleres. Y bueno, ¿por qué es tan importante, por qué me han parecido tan importantes estos talleres como para compartir la experiencia? No me dejarán mentir, hace aproximadamente 58 años en este país se reconoció la igualdad jurídica de las mujeres. Ejercer este derecho seguramente nos llevará mucho más tiempo, porque hace falta más que leyes para que en México a las mujeres se nos dé el lugar que merecemos en el desarrollo de este país. Y no pido más que los hombres, no va desde ahí. Yo vivo en un estado donde el analfabetismo tiene rostro de mujer, donde los feminicidios han aumentado desmesuradamente en los últimos dos años. Solo estoy hablando de mi estado. Podemos también pensar lo que ha pasado en nuestro país. Donde el 50% de los hogares, informe del INEGI, están sostenidos por mujeres en Morelos, Sin embargo, en este estado, ni el punto 5 de los puestos de decisión están en manos de mujeres. Si bien estamos iniciando la segunda década de un nuevo siglo, mal llamado de las comunicaciones, de la tecnología, de los avances científicos, de las redes sociales, nada de todo esto que anuncia un supuesto mundo de avanzada ha podido romper prejuicios, mitos, tabúes, añejos relacionados con el papel de las mujeres. Solo quiero hacer de manera muy ligera un breve recuento de esta situación que se da en nuestra sociedad y que sale mucho en los talleres. los temas que salen de los que escriben las mujeres. La mujer a lo largo de la historia se le han dado diferentes asignaciones. Aristóteles la llamó varón atrasado. Bernardino de Sagún nos cuenta, mientras que los niños el Estado los educaba para la milicia, a la niña se le creaba para sordomuda. No se le permitían las palabras, El silencio era apreciado junto con la castidad y la diligencia. Los mayores exhortaban a la niña a comenzar a hacer lo que es de su oficio. Hacer cacao, moler maíz, hilar o tejer, y aprender muy bien cómo se hace la comida y bebida al labrar y hacer la pintura de las telas. Se le negaba la calidad de persona. Su única justificación era la utilidad social y como ésta no la daba su trabajo ni su inteligencia la daba su cuerpo. Su valor consistía en ser fecundada. La mujer precolombina, nos comenta también Rosario Castellanos en su hermoso libro Declaración de Fe, estaba siempre sujeta al dominio del varón. Mientras permanecía en su casa, el padre tenía derecho absoluto y potestad de la vida y muerte sobre ella. Vean de qué época estoy hablando. Igual pensamos que esto ya no se da. Igual. Y al casarse pasaba a ser propiedad del marido. La influencia de la mujer en la comunidad era nula. El arte y la literatura era privilegio de los hombres. La mujer carecía de existencia lícita. La soltería y viudez eran vistas con recelo y menosprecio. Las mujeres precolombinas fueron vendidas, cambiadas por armas en la guerra, eximidas de cualquier derecho, y al morir el marido o padre se les arrebataban sus pertenencias. incluso en ocasiones ellas pasaban a ser esposa del hermano del esposo muerto. Quizás también podemos pensar que eso quedó muy en el pasado. Hace menos de 22 días estuve en la Universidad de Arizona compartiendo una investigación que realizamos sobre los niños migrantes retornados retornados de Estados Unidos a nuestro país y me encontré una académica originaria del estado de Michoacán y dentro de la conversación salió el asunto de los talleres y me dijo, yo quiero hacer, escribir la historia de mi madre. Debo decirles que esta es una académica muy reconocida del Colegio de Educación de la Universidad de Arizona y me dice, quiero hacer la historia de mi madre. porque a mi madre, siendo una mujer huichola, mi padre la compró. Yo no podía creer lo que me estaba diciendo. Tuvimos la oportunidad de convivir un poco y me enseñó el recibo. El recibo. Y estoy hablando que esta mujer con la cual yo platiqué tiene mi edad. O sea, no estoy hablando, por supuesto, de las mujeres precolombinas. Hay pasajes en la historia donde a las mujeres se les relaciona con la catástrofe. El poema de la creación de la mitología indígena resalta la figura de una mujer, Xochitl. Esta se presentó al rey llevando el descubrimiento del pulque. La mujer poco después fue juzgada por haber provocado la borrachera causante de los destrozos que el pueblo cometió al ingerir la miel del maguey. Nos siguen culpando por esto. También ha sido usada como un ente maléfico para causar daño, seducir al oponente en la guerra. De igual forma, ha sido sacrificada en pro de su pueblo. En el poema de Quetzalcóatl se narra cómo Tostecuec sacrificó a su hija para que los moradores de Tula tuvieran comida. La concepción cristiana de la mujer, por supuesto, tiene lo suyo. En la epístola a los corintios se reitera la inferioridad femenina con respecto al varón y se establece que aquella debe traer sobre su cabeza la señal de la sujección por respeto a los ángeles. Por eso no se le permite hablar en las asambleas. La mujer ideal, dice Timoteo, ha de ser honesta y vergonzosa, no chismosa, sobria, fiel en todo. Debe aprender a amar al marido y cuidar a los hijos. Lo decía Timoteo. Algunos varones siguen pensando lo mismo y otras mujeres, muchas también. San Pablo señaló que el cuerpo de la mujer debía ser el templo vivo del Espíritu Santo. ¿Quién sabe quién será ese? Pero bueno. De ahí que debía inculcársele la certidumbre de que su cuerpo no era propiedad suya. Por tanto, no era lícito disponer de él. Y vaya que nos hemos creído estas cosas. La mujer no solo fue privada de su cuerpo, también de la lectura, el teatro, el baile, la música, la poesía, por considerarse actividades pervertidas y deshonestas. ¿Qué decir de las exigencias de la mujer en este inicio de siglo? Les quiero leer un párrafo que escribía una de las talleristas. Dice, ser mujer en este momento es responsabilidad, hacer el aseo, hacer de comer, cuidar de los hijos, trabajar, lavar y planchar ropa. Eso me lo enseñó mi mamá. Ser mujer es mucha exigencia, debe ser bella, sexy, inteligente, linda, amable, con sentido del humor, hacendosa, complaciente, educadora, desafiante, valiente y hasta emprendedora. Una verdadera mil usos. Eso lo escribió hace menos de tres meses. Y bueno, ¿por qué quise hacer este recuento? Porque curiosamente parece que esta historia sale en los relatos de las mujeres. Que estos nudos que se han generado de generación en generación salen en los relatos de las mujeres. Hablándoles del taller, toda esta historia que cargamos a cuesta, sin embargo, como señala Clarisa Pincola, por mucho que se le prohíba, reprima, constriña, diluya, torture, hostigue y se le tache de insegura, peligrosa, loca, la mujer vuelve a aflorar, porque hasta la mujer más reprimida tiene una vida secreta, así como me escuchan, secreta, con pensamientos secretos y salvajes, es decir, naturales, que incluso a veces no nos permitimos escuchar nosotras mismas. Ella sabe intuitivamente que algún día habrá un resquicio, una apertura, una ocasión, y ella lo aprovechará para salir. A lo largo de cinco años, he visto como muchas mujeres han encontrado en el taller de escritura ese resquicio, esa abertura. Tallan y tallan la punta de la pluma en una hoja en blanco, a veces con temor, angustia, furia o desesperanza, otras con añoranzas y risas. Las letras aparecen, tambaleantes, tímidas, llorosas, se asoman, se esconden tras la tinta. Hay letras que se empujan para salir y luego caen sobre el papel cansadas o rotas. Para algunas mujeres, la hoja se convierte en una roca filosa y resbaladiza, donde cuesta plasmar la palabra, pero para otras es la gran oportunidad de abrir la puerta y salir a la calle de la vida, de desnudarse, desamarrarse, salir del anonimato. Y quiero compartirles unos testimonios de un taller que hice con chicas adolescentes de un colegio de bachilleros y vean lo que escribe. Mi bisabuelo murió cuando yo tenía como cinco años. Todavía recuerdo cuando preparaba el café en su casita. Era muy humilde. Mi bis se hacía cigarros con hojas secas y papel enrollado. Él me quería mucho, jugaba conmigo. Aunque estaba muy chiquita, aún me acuerdo. Posteriormente, estos testimonios, las chicas comentaban que había sido una oportunidad de recordar a sus abuelos, de recuperar la historia de su familia. Y leamos qué nos dice Rocío. Y ese día le dije al chavo del que estaba enamorada que me gustaba. No me peló. Yo tenía miedo de perder su amistad. Acordamos que no me dejaría de hablar y que no diría que me le había declarado. Pero el muy chismoso fue lo primero que hizo. Me rompió el corazón. Bueno, por si nos recuerda algo. Y Anita de 13 años Anita me la encontré en un taller que hicimos el año pasado en el estado de Morelos en conjunto con el Instituto de la Mujer Anita era una niña que vivía en ese momento en un albergue para mujeres violentadas la experiencia particularmente con este grupo fue muy fuerte y esto nos escribió Anita dentro de sus textos. Le dije a mi mamá que mi padrastro me tocaba. Ella no me creyó. Por eso vivo en el albergue. Y Beatriz nos cuenta de su madre. Mi mamá murió de cáncer. Hace tres años vivo con mi abuela y una tía. Esa es la única familia que tengo. A mi papá no lo conozco. El taller de escritura no tiene exclusividad de edad, de creencia, de ideología, de profesión, oficio o extracto social. Y el proceso de escribirse en estos talleres para algunas mujeres es lento. Se les ve sacudir la pluma como si ésta se negara y se negara a plasmar su tinta en el papel. Otras borran y borran las letras como pretendiendo desaparecer su propia historia. Hay mujeres que escriben con tanta prisa que parece fluirles letras por las venas en lugar de sangre. Las palabras salen corriendo, una tras otra. Y en la etapa de compartir la escritura, de leer, de leerse a las otras, hay mujeres que muestran timidez. La voz se les quiebra o esconde. Un sollozo atora la palabra. Hay mujeres que leen como para sí. El sonido no brota de la garganta. pero también hay otras que alzan la voz y su texto invita a leer a las demás. También el taller de escritura no está suscrito a un espacio. Yo voy a pasarles unas imágenes donde ustedes van a ver desde salones de clase, diríase salas de casa, lobbies de hotel, bibliotecas, cocinas, bueno, tuvimos un taller en una carnicería, o sea, donde se hace posible cuando las mujeres están dispuestas a escribir y quieren escribir. Y estas fotografías, se las paso, son un recuento pequeñito. Dentro de los talleres, ahí llegan las mujeres también con los niños. Y esto ha dado una posibilidad impresionante. En el taller que coordiné en Alburquerque Nuevo México, una de las cosas que más me impresionó ver tantas familias en una situación ilegal y teniendo un hijo tras otro. mujeres jóvenes a veces de menos de 28 años, 25 años, con hasta 3 o 4 niños. Y pues ahí hubo un grupo de apoyo que cuidábamos los bebés mientras que las mamás escribían. Por otra parte, el estado de Morelos es uno de los estados que ocupa el quinto lugar de los estados que recibe jornaleros migrantes. ¿Qué quiero decir con esto? Que la poca tierra que se siembra en el estado de Morelos y la tierra de Zapata, aquella que se luchó justamente para ser sembrada, pues mucha de esta tierra no la siembran y recogen su cosecha los morelenses. Hay mucha gente que viene del estado de Guerrero, del estado de Oaxaca, del estado de Puebla a sembrar estas tierras. y hay una serie de albergues, no sé cómo llamarlos porque es hasta vergonzoso. Las Galeras son una de ellas. En el estado de Morelos registrados hay 12 albergues de jornaleros migrantes y en uno de estos albergues que se llaman Las Galeras, ubicado en Tlaltizapán, hicimos un taller. Fue una experiencia deliciosa porque las mujeres de ahí hablan mixteco y hablan tlapaneco y por supuesto eran mujeres que no sabían leer ni escribir y nos reunimos con otro equipo de mujeres valientes del Instituto de Educación de la Universidad de Morelos y alfabetizamos tecnológicamente a las mujeres, les enseñamos a escribir en la computadora. Fue una experiencia que amerita una conversación diferente. Claro, por supuesto, después con el método Montessori aprendieron a leer y escribir. pero lo que quiero comentar en relación a este taller es que llegaban 8 mujeres y había 14 niños entonces tuvimos que crear un taller alterno para los niños y en varios lugares donde se ha dado el taller hemos tenido que hacer este taller alterno para los niños ¿qué es lo que hemos visto que se ha provocado? cuando los niños ven que sus madres están ocupadas en un taller ellos quieren ocuparse también. Hay una situación de aprendizaje mutuo que se está generando ahí. Y pues siguiendo con esta experiencia, también en el momento de leer, de compartir con las otras los relatos, se apertura un diálogo para sí, pero también un diálogo con las otras mujeres. Estas mujeres de los talleres usan la palabra para nombrar y nombrarse, para pronunciar y pronunciarse. Y en palabras de Freire, pronunciar el mundo es darse y dar existencia. Y la existencia en tanto humana no puede ser muda ni silenciosa. Los testimonios de estos talleres develan cómo las mujeres refuerzan el diálogo con ellas y con las otras mujeres, toman la palabra, disponen de ella como el camino mediante el cual ganan significación para ellas y las otras. Leamos el siguiente fragmento de Azucena y dice, escribir sobre mí es algo que me costó mucho trabajo. No quería abrirme ante las demás mujeres de este taller y que todas se dieran cuenta de mis problemas, traumas, resentimientos. Al principio, escribí en tercera persona. No quería aceptar que esa de la que hablaba y a veces rechazaba era yo. Poco a poco me he ido soltando. Ahora ya puedo hablar sobre mí en primera persona. Ya sé expresar lo que siento de una manera diferente. En palabras de Vygotsky, el lenguaje escrito permite un diálogo interno donde no existe un interlocutor directo. Por consiguiente, se genera un discurso monólogo con un interlocutor imaginario que representa al sí mismo. Veamos al respecto lo que nos dice Elena. Ella es una mujer de la Sierra de Guerrero, es una mujer tlapaneca, está entre el español, el tlapaneco y parte de la comunidad donde vive es el mixteco, así es de que ustedes ya sabrán cómo se comunica. Y Elena escribía, no sé por qué tuve tantos hijos, ahora que escribo sus nombres y los recuerdo de pequeños, me pregunto, ¿cómo fue que tuve tantos? y Rosario una mujer que me encontré en mi primer taller en Tepoztlán escribió así sobre el padre de sus hijas yo no lo quería íbamos juntos a la secundaria ese día peleamos con mi mamá me salí enojada de la casa me encontré a Juan en la calle y me invitó a dar una vuelta Fuimos a su casa a ver una película y luego me dijo ¿Por qué no te quedas? Me quedé con él y mi mamá ya no me recibió en su casa ¿Acaso yo estaba loca? Y este fragmento me encanta y sobre todo recuerdo mucho cada vez que lo leo El rostro de Melinda hicimos un ejercicio de escritura donde se trataba de que ellas recuperaran las fotos fotos de su vida, los trajeran al taller y escribiéramos sobre esas fotos y resultó que las mujeres de este campamento no tenían fotos, entonces les tomamos fotos y luego yo les llevé las fotos reveladas y dije bueno, ahora vamos a escribir sobre estas fotos y Hermelinda dijo, me veo en la foto y no me reconozco Yo no tengo fotos. Y en mi cuarto no tengo espejos. ¿A qué horas me hice tan vieja? Y a veces nos miramos en el espejo todos los días y ni siquiera nos preguntamos esto, ¿verdad? Sí. Lucía, una mujer migrante que me encontré en California, en Merced, narraba en su texto. Me vine para el norte porque mataron a mi marido. Me quedé viuda con dos hijos. Me salí buscando la vida para estar mejor. Tengo 20 años aquí. Mi hijo es adicto. Cuando se pierde, no se dé él en meses. Me pregunto si valió la pena haberme venido. Si esto es mejor. A propósito de estas narraciones, Amparo Espinosa nos señala, contar nuestra historia por escrito favorece el descubrimiento de nuestra interioridad y nos permite objetivizarnos ante nosotras mismas y dejar constancia de nuestra experiencia de vida. Al escribir, la memoria se destapa, aparecen los recuerdos en cadena y surgen uno tras otro sin poderlos detener. Estos se colocan en su lugar y se ordenan para dejar en la que escribe una lucidez, una paz que antes de la escritura quizás no se había experimentado. De manera personal, puedo señalar que durante muchos años hablé de mi infancia como una etapa triste y llena de obligaciones, pero la escritura me ayudó a recuperar la niña que buscaba bichos recostada en el surco de la milpa, cobijada por las matas de maíz, la que jugaba a la matatena y a los encantados en el callejón, la que hacía precitas y platitos de lodo con el agua de la lluvia, la que soñaba en secreto que un día sería grande. La escritura me ayudó a recuperar trozos olvidados. Escribir y leerse ha sido un principio esencial de los talleres. Al escribir, las mujeres establecen un diálogo consigo, pero al leer y compartir su texto, se leen y leen a las otras. Susana, tallerista del municipio de Tlaltizapán, escribía, Cuando leí mi texto, me escuché, y cuando escuché los escritos de mis compañeras, me escuché en ellos. Son historias tan parecidas. Cuando las mujeres leen y comparten su escrito, establecen con su grupo de pares una relación horizontal donde la confianza es una consecuencia natural. En este poder de hacer y transformar, renacen y se reconstituyen las mujeres para sí y las mujeres entre sí. Pilar narra lo siguiente. Mi grupo de escritura está compuesto de puras mujeres, de todas las edades, mujeres alegres, soñadoras, solidarias, llenas de reflejos, llenas de vida, pero sobre todo llenas de ganas de vivir. Estar en este grupo fue un abrir de ojos, un despertar para mí y para mi alma. Estar aquí me devolvió la confianza en mí y en los demás, pues tuve que abrirme a personas antes desconocidas y ahora amigas. Eso nos dice Azucena. Y Pilar nos señala, el taller ha sido una experiencia revitalizante para muchas de nosotras. Con lágrimas en los ojos y la garganta anudada, fuimos capaces de abrir nuestro corazón y compartirlo con el grupo. Nos dimos unas a las otras. Nos dimos confianza. La experiencia vivida en los talleres ha sido para las mujeres que han acudido a él una forma, como dice Clarisa Pincola, de regresar a casa, al hogar, al lugar del tiempo más que del espacio, donde la mujer se siente entera. El hogar está ahí donde un pensamiento o un sentimiento se puede conservar sin que se interrumpa o se le arrebate porque otra cosa exige su tiempo y atención. Todas sabemos cómo regresar a casa por mucho tiempo que haya transcurrido. Sabemos encontrar el camino. Al escribirnos, evocamos a nuestros ancestros. Aparecen las abuelas, los abuelos, los padres, los maestros, los amigos y ellos nos ayudan a encontrar el camino. El hogar es un estado de ánimo que nos permite experimentar sentimientos, asombro, visión, paz, liberación. El hogar es la pristina vida instintiva que funciona tan suavemente como un eje que se desliza sobre su engrasado cojín, donde todos los ruidos suenan bien. La luz es agradable y los olores tranquilizan. En el hogar no solo hay tiempo para meditar, sino también para aprender y descubrir lo olvidado, lo abandonado y lo enterrado. Ahí podemos imaginar el futuro y examinar también los mapas de las cicatrices de la psique, averiguar sus causas y reflexionar por dónde seguir. Los talleres de escritura nos muestran que al hogar no se regresa sola, sino en compañía de las otras, de la mano de las otras, porque la historia de una mujer es la historia de las mujeres. Estas mujeres de las que hablo salen del taller con su memoria escrita, que entregan a su novio, esposo, hijos, nietos, amantes, y con ellos recuperan la historia de sus ancestros. Y por supuesto, dejan huella de su vida. Y sí, pues no estamos contando. En realidad lo que se ofrece al inicio del taller resulta, las mujeres salen con un libro. Y este puede tener diferentes formas de acuerdo a las mujeres de los talleres. Aquí vemos esta decoración que hacen las mujeres en sus libros. De acuerdo a lo que ellas se dedican, hay mujeres artesanas que hacen unas portadas impresionantes de florecitas en punto de cruz. tienen una magia para los colores, pero también tenemos aquellas mujeres que ya usando la imagen y las impresiones, detrás de esta portada hay 80, 100 o más hojas escritas. Y bueno, esta es otra de las portadas, esta es las fábulas de las piedras de mi vida de Pilar y ella nos escribe como un prólogo, dice, no existe piedra en tu camino que no puedas aprovechar para tu propio crecimiento, y ahí empieza el libro de Pilar. Finalmente, quisiera concluir mi participación con un texto de Lupita, integrante de uno de los talleres, y decía cuando se refería al taller y a la escritura, Siento en mis manos la libertad de poder decir mis recuerdos, mis sentimientos, mis ideas. A la timidez inicial le ha sucedido la seguridad y la belleza en cada texto que hemos escrito, porque nos sentimos más identificadas unas con otras y cada una con nuestra vida. Ya no me es ajena ver la hoja en blanco. Al contrario, es una invitación a volcar mis inquietudes y anhelos. Cada hoja son las alas que nos rodean amorosas para que nuestra pluma corra tranquila, segura y feliz para verter fragmentos de nosotras mismas. Somos ángeles que hemos renacido a través de la magia de la escritura. Renazco, me leo y leo a las otras, somos mujeres completas. Muchas gracias.
SISTEMA
NTSC
DOCUMENTO_DIGITALIZADO
SÍ
FECHA_INGRESO_ENTREGA
25/11/2011
CODIGO_BARRAS_LTO
BWF480
BARRA
Difusión
CONDUCCION
Jesús Heredia, presentador
TEMA_CONTENIDO
Promoción de la lectura y la literatura
FECHA_GRABACION
01/01/2011
LOCACION
CLASIFICACION
A
IDIOMA_ORIGINAL
Español
REALIZACION
Ernesto Leobardo Romero Flores
PRODUCCION
Ernesto Leobardo Romero Flores

