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CUID
MW-04409
SUBTITULO_SERIE
FILIJ 25
SINOPSIS_SERIE
Ponentes y participantes provenientes de diversas regiones del país y del extranjero —entre ellos ilustradores, editores y críticos de reconocido prestigio— se reúnen en este foro para dialogar, discutir y reflexionar sobre temas vinculados con el libro, el fomento a la lectura y las nuevas tendencias en ilustración.
Este espacio abre la posibilidad de intercambiar perspectivas y subraya la importancia fundamental de la lectura —en especial la lectura literaria— como vía para construir sentidos, expresar ideas y explorar sentimientos
EXTRACTO_SERIE
Especialistas nacionales e internacionales dialogan sobre el libro, el fomento a la lectura y las tendencias en ilustración, destacando la importancia de la lectura literaria para construir sentidos y expresar ideas y emociones
SUBTITULO_PROGRAMA
Daniel Goldin (México)
SINOPSIS_PROGRAMA
Reflexión sobre la relación del lector con el libro‑álbum, subrayando su importancia en el desarrollo infantil. Expone cómo la combinación de imagen y texto permite construir significados profundos y accesibles. Concluye que la literatura infantil ha evolucionado gracias a autores que amplían las posibilidades del álbum ilustrado
EXTRACTO_PROGRAMA
Reflexión sobre cómo el libro‑álbum potencia la lectura infantil al unir imagen y texto, creando significados accesibles y profundos. Afirma que la literatura infantil ha crecido gracias a autores que amplían este formato
N_PROGRAMA
9
N_TOTAL_PROGRAMAS
10
DURACION_TOTAL
01:07:41:10
PARTICIPANTES
Daniel Goldin, editor
SEMBLANZA_PARTICIPANTE
Daniel Goldin Halfon
Editor y pensador clave en el ámbito de la lectura y la literatura infantil en Iberoamérica. Formado como psicólogo en la UNAM, llevó esa mirada al mundo editorial, interesándose por cómo los lectores construyen sentido más que por enfoques pedagógicos tradicionales.
En 1990 fundó y dirigió la colección Los Primeros Años del Fondo de Cultura Económica, desde donde transformó el libro infantil al introducir obras innovadoras y promover una lectura que valorara la imagen y la sensibilidad del niño. Su trabajo combinó selección de autores, formación de mediadores y reflexión teórica, convirtiéndolo en un referente del libro‑álbum en México.
Entre 1999 y 2005 amplió su labor a la gestión bibliotecaria y la divulgación. Participó en la concepción de la Biblioteca Vasconcelos, publicó textos que sistematizan su pensamiento sobre la lectura y compartió sus ideas en foros internacionales
TIPO_ACTIVIDAD
DISCIPLINA
PALABRAS_CLAVE
Artes visuales | Cuento | Edición de textos | Enseñanza de la lectura | Escritor | Escritora | Escritura creativa | Humor (literario) | Ilustración | Lectura | Libro para niños | Literatura | Novela | Selección de libros
TRANSCRIPCION
Yo creo que la primera lección que hice fue una lección, la de Willy el tímido fue un libro que yo vi y del cual yo sentí un deber hacia mí mismo de publicarlo y yo dije este es un libro sobre mí Es un libro, confié plenamente en que si era un libro sobre mí, podía ser un libro para muchísimas personas. No pensé en que era un libro que pudiera ser extraño porque era un mono, no pensé en que pudiera ser un libro extraño porque la vestimenta revelara una sofisticación que no tiene que ver con la vestimenta nacional. Yo siempre percibí que era un libro y un personaje que nos podía decir muchísimo a niñas de todas las latitudes y de todas las edades, porque me parece que es un personaje absolutamente vulnerable. Cuando decidí por ese libro me di cuenta que tenía que pelear por ese libro y tenía que pelear por ese libro para conseguir ese libro con otros libros. En un principio no había definido que iba a ser una política de autor, pero al sacar los tres primeros libros, yo saqué los primeros 21 libros de la colección del fondo, saqué Gorila, saqué El libro de los cerdos y saqué Willy. Me di cuenta que eran tan bien recibidos que era una demanda del público. Algunos editores extranjeros, algunos distribuidores norteamericanos en algún momento me dijeron, oye ya nos cansamos de tanto Anthony Brown y yo siento que el público no se ha cansado de los libros que ha visto ni de los que van a venir, entre otras cosas porque se trata de un autor sumamente vital. En el fondo ciertamente publicamos 21, yo en algún momento de mi vida, desde otra editorial, espero seguir publicando libros de él. Probablemente no las traducciones, sino espero originar libros con él, porque entre otras cosas creo que el contacto de Anthony Brown con el público mexicano ha sido tan determinante para él. En su próximo libro ya están unas muñequitas mexicanas que, bueno, creo que puede seguir diciendo muchas cosas. Me parece que es importante dentro de una política de autor Dentro de una política de editor, pero también dentro de una educación lectora, tratar de averiguar cuánto más puede decir un autor y regresar a un autor que dice siempre mucho más de lo que creíamos en un principio haber dicho. Mira, yo creo que ese es un gran misterio. ¿Qué hace que uno vuelva una y otra vez a un poema, a una canción, a un cuarteto de Brahms? No lo sé muy bien. Creo que fundamentalmente lo que hace es que te siguen diciendo cosas y que no te las termina de decir claramente. Los libros de Anthony Brown tienen una cantidad enorme de guiños, de secretos, de citas entre libros, de lenguajes que se superponen. Y en ese sentido parece como que lo que hace es volver a ellos, es descubrir más. Esa es una forma de ver la cosa. A mí me parece que sin descontar eso, lo que hace repetir la lectura es que te sigue diciendo algo, que tú sigues sintiéndote tocado por algo y que en ciertos momentos la lectura con ese libro, el contacto con ese libro sigue haciendo emerger de ti algo que no se termina de decir. Y también, por otro lado, creo que uno vuelve a las cosas placenteras. ¿Por qué volvemos a comer mango? Porque nos gusta mucho el mango. Y el mango también se desaparece en la lengua, para averiguar por qué nos gusta. Mira, me parece como editor importante generar una línea de autor en la medida en que el autor en verdad siga progresando. Hay libros de autores que yo había publicado y que dejé de publicar porque me parece que lo que después hicieron ya no me parecía muy interesante. No forzosamente tienes que agotar todo Cervantes, todo Gacía Márquez, todo Cortázar. Si te deja de decir ya no. En lo particular me parece que una de las tantas estrategias que uno puede seguir para formarse como lector es la búsqueda a través de un autor. Porque permite ir comprendiendo, en el caso de Anthony Brown es muy interesante ver cómo un libro que había sido escrito o dibujado hace 25 años, se fue recreando y el autor volvió a sus propias imágenes. Le pasó a Piaget con sus preguntas, le pasó a Rembrandt, le pasó a Van Gogh. Siempre vuelven sobre ciertas cosas que están obsedidas. Siempre y cuando esa línea esté abierta, me parece que es muy importante, como me parece que es muy importante para comprender la dimensión de la lectura repetir, regresar a algo. Ahora, si lo tomas como una política y tratas de agotar a un autor, y ese autor ya te dejó de decir, creo que te estás equivocando. Gracias a todos ustedes. Debo reconocer que me siento un hombre muy afortunado por muchísimas cosas. Y una de esas es, digo, por estar acá y estar acá con ustedes. Pocas veces nos toca la oportunidad de hacer cosas y recibir la respuesta. y muchas veces he recibido la respuesta de ustedes o respuesta de muchas otras personas y me da muchísima alegría. Este seminario convocó a gente que quiero mucho, que admiro mucho, que respeto mucho, que es muy inteligente y que tuvieran la descortesía de decir cosas muy inteligentes, muy agudas, muy bien dichas, muy simpáticas, y entonces me siento un poco como que me han robado muchas cosas que decir, me han quitado hasta chistes, entonces me toca tratar de leer, voy a ser quizás el primero que lea un texto, y quizás sea un texto que desconcierta un poco. Estoy en una fase de mi vida en donde más bien me siento, no diría que más tarado que antes, pero sí más atraído por ciertas preguntas esenciales y he descubierto que todavía no paso la primera lección de primero de primaria y que trato todavía de responder a preguntas que me hice pues mucho antes de saber lo que era una pregunta. Este es un seminario sobre el libro-álbum y la pregunta sobre la que bordo esta intervención es una pregunta sobre algo que a mí todavía me sigue asombrando no son las preguntas que hace la pintura no son las preguntas que hacen los libros no son las preguntas que hace el álbum es el hecho mismo que esté ahí algo en la pared, que haya una realidad que podamos abrir. Para mí el hecho de que se cuelga un cuadro y que abra una ventana, quién sabe a dónde, es algo que me sigue asombrando de una forma que me siento un poquito bastante bobo, pero me sigue asombrando. y también llega un momento en donde uno debe ser fiel a sus boberías, es decir, a sus asombros y donde además descubre que no puede terminar de decir esos primeros asombros. Creo que a algunos de nosotros nos ha pasado, si no me equivoco, Javier me mira con una mirada cómplice y bueno, pues le estoy fiel a esos primeros asombros. Antes de comenzar la lectura, ayer en la noche, porque no solo fue María Elvira la que no durmió, yo tampoco, me acordaba del tiempo que estuve en la universidad abierta. Es importante a mí decir que fui un estudiante en la universidad abierta y empecé a estudiar solo después de haber dejado la escuela. Me acuerdo cuando en la clase de crítica literaria escuchamos, leímos Obra Abierta de Humberto Eco. Yo llegué a la clase muy, muy alucinado, lleno de ideas. Y entonces en algún momento le dije a un maestro muy querido que se llama Gonzalo Celorio, que para mí el sentido de la obra abierta es justamente estar abierto. entonces Gonzalo que me quería y me quiere mucho me dijo bueno si pero existe la obra abierta que se cierre yo en ese entonces no le pude contestar hoy más bien creo que en el sentido de la obra abierta justamente que esté abierta y como a veces me imagino que el mundo es un poco un desierto. Creo que el sentido de una obra, el sentido de un cuadro, el sentido de un libro, es de repente justamente en esa superficie que uno ve como desierta, abrir un venero, abrir un manantial, y el sentido de estar al lado de un manantial, al lado de un venero, es justamente estar al lado y poder abrevar, no cerrarlo. En fin, cuando yo era pequeño no era común encontrar a un niño con un álbum. En algunos hogares había libros para niños, cuentos, novelas o antologías que habían nacido viejos y que formaban parte de colecciones en las que se combinaba un diseño editorial pacato e ideas conservadoras acerca del sentido y el contenido de la lectura. En las bibliotecas era posible encontrar, además, enciclopedias y algunos libros didácticos. Pero también ahí los álbumes brillaban por su ausencia. al menos en el sentido que hoy les damos a este género editorial, es decir, un relato que se construye a partir de una compleja relación entre diseño, ilustraciones y texto literario. Sin embargo, recuerdo que antes de haber aprendido a leer, pasé muchas horas sentado en un sillón o recostado en el piso viendo libros. poco importaba que no hubiera sido pensados para chicos de mi edad si tenían grabados, fotografías, dibujos o ilustraciones me gustaba ojearlos no podía entender los textos que acompañaban a las imágenes pero sabía que esos signos eran palabras por eso, ahora que evoco esos momentos asocio las palabras a un rumor acuoso que cercaba el único territorio donde podía desembarcar. Y es que las imágenes eran eso, territorios que emergían de un océano inhóspito que se extendía a todos los rincones de la casa. Sí, verdaderas islas con la connotación que tiene esa palabra en la infancia, es decir, pequeños parajes que prometen tesoros y otorgan refugios. Al llegar a ellas, momentáneamente dejaba de responder a los poderes encarnados en las lentas manecillas del reloj. Sabía que en un rato debería volver a enganchar en sus engranajes, pero en ese momento lo importante eran las rutas que se abrían ante mí. Todo lo demás se sumergía en el olvido. Y muchas mañanas en que el tedio, el silencio o la soledad ensombrecían mi vida, desembarqué en aquellas islas y vagabundié sin rumbo ni objetivo precisos. Hace algunas semanas, platicaba con una amiga sobre este seminario, el primero en nuestro país que aborda este género tan difícil de definir. Repasamos la rica y diversa producción editorial de las últimas décadas y nos alegramos al reparar que para muchos niños de hoy el álbum es la primera asociación cuando se les habla de libros. Esto es un cambio notable que en principio debemos celebrar. Se trata sin duda de una evolución de la literatura infantil y juvenil, que como la propia literatura infantil y juvenil debe ser comprendida como efecto, tal vez como causa, de la transformación del lugar social de los niños en nuestra sociedad. de su reconocimiento como sujetos, de la necesidad de ampliar, adelantar y complejizar su educación. Y por qué no decirlo, también del descubrimiento de los niños como un atractivo mercado. Por poner un ejemplo simple, el álbum revela una confianza en la inteligencia de los niños más pequeños, del todo contrastante con los tradicionales cuentos ilustrados, para no hablar de esos libros didácticos, supuestamente didácticos, que aún hoy circulan en las aulas y en las librerías, y que les enseñan a los menores cosas tan importantes como que el vaso está sobre la mesa y debajo del techo. Pero como la evolución de la infancia, el desarrollo de la LIG es un proceso que tiene muchas aristas y claroscuros. Y en no pocos momentos me pregunto, por ejemplo, cuánto del enorme potencial de la literatura infantil y juvenil no ha sido anulado por las formas de socializar y comercializar los libros dentro y fuera de la escuela. que me perdonen los fanáticos pero a ratos me entra la duda de si los chicos que crecieron con Roald Dahl o Gianni Rodari que se alimentaron con Nostlik y se empancharon con Pancho y Lujosa realmente serán menos conformistas o más imaginativos que los de generaciones anteriores la culpable ambigüedad que siento ante el aparato que rodea las novelas, mi escepticismo, al menos temporal, sobre sus pretendidos efectos, es similar al malestar que me provoca mucha de la literatura sobre los álbumes, y se acrecienta cuando veo florecer modalidades de intervención didáctica, que me hacen recordar al corral de la infancia para citar a Graciela Montes y anhelar las praderas salvajes. Y es que definitivamente no coincido con Ferrin Odelman, un crítico muy brillante, cuando afirma que necesitamos palabras para darle sentido a la ilustración. No, al menos, si lo que nos interesa es el sentido que tiene sentido para los lectores. Y si estoy metido en esto, en esto de hacer álbumes, en esto de promoverlos, es justamente porque me parece que el álbum es el género más cercano al silencio y porque el silencio, después de leer un álbum, es algo distinto. Así de simple. Por eso, mientras mi amiga miraba con excitación las posibilidades que la compleja relación entre texto e imagen abre para la educación lectora, yo le comentaba que la comprendía cabalmente, pero que al mismo tiempo sentía terror de que ahora se quiera usarlos para alfabetizar visualmente a los niños y así educarlos para vivir en la era de la imagen, por repetir un inmenso lugar común, por lo demás muy cuestionable. Mientras charlábamos, la hija menor de mi amiga se levantó de la mesa, bastante aburrida, y se puso a ojear un libro de esos nacidos viejos. Allí estaban los álbumes, pero ella ojeó uno de esos libros viejos. Estaba en silencio, ida o abstraída. Y al verla así, vinieron a mi memoria recuerdos de esos ratos de los que hablé en un principio. Y le dije a mi amiga, es desde ahí desde donde me gustaría partir. Entonces mi amiga me respondió, pasa horas y horas viendo libros. Un registro que sin embargo no había considerado cuando hablaba de las complejidades semiológicas y posibilidades didácticas de los álbumes. ¿Qué pasaba en la mente y el cuerpo de esa niña cuando miraba ese libro, como lo hemos hecho millones antes que ella? ¿Qué huella han dejado en nuestras vidas esas experiencias tan intensas? ¿En qué se diferencian esas experiencias de las que brindan los modernos álbumes? Esas son las preguntas que originan esta plática. Asumo que no tienen respuesta y ejercito mi libertad de especular sin pretensiones probatorias. Desde el punto de vista de la productividad escolar, esos fantaseos y evasiones son experiencias sin valor. meras huidas, meros escapes o evasiones desde otro ángulo, lejos de ser un gasto inútil son una forma de invertir en un terreno del que nunca podremos tener noticias en cualquier caso, me gustaría pensar el apogeo del álbum desde el reconocimiento de esa práctica inveterada con el deseo de preservarla como un territorio autónomo, una provincia libre para la ensoñación y el pensamiento silvestre. Especulo a partir de la certeza de experiencias que tuvieron su origen en álbumes y al pensar en ellas me parece más atractivo aprovechar la certidumbre de felicidad que los álbumes propician generosamente para desestabilizar nuestras formas de comprender la lectura, más que para valernos de ello, para alfabetizar visualmente. Ustedes dispensarán que el texto que voy a leer no sea propiamente una conferencia, en el sentido de una argumentación para demostrar tal o cual tesis. A la manera de un álbum antiguo, en estos textos fragmentarios, he recogido estampas, como las estampas de Azorín, es decir, observaciones, reflexiones, sumias, recuerdos. A la manera de un álbum moderno, prefiero sugerir más que afirmar. Avanzo por analogías y ecos, no por un encabalgamiento de premisas y conclusiones. No pretendo demostrar nada, en todo caso, si de símiles se trata, me gustaría producir en ustedes una suerte de masaje, que permita ensoñar, abrir preguntas, recuperar emociones o vivencias, tal vez después platicando con ustedes, podamos darle a estas notas una forma más coherente. Son 18 estampitas. Me cuelgo, me cortan la cabeza, alguien me hace una seña. La primera estampa se llama El drama de darle vuelta a la página. El título de la primera estampa proviene de la mejor definición de álbum que he encontrado. Un álbum es un texto, ilustraciones, diseño total. Es obra de manufactura y producto comercial, documento social y cultural, histórico y, antes que nada, es una experiencia para los niños. Como manifestación artística se equilibra en el punto de la interdependencia entre las imágenes y las palabras, en el despliegue simultáneo de dos páginas encontradas y en el drama de darle vuelta a la página. ¿A qué se refiere Bader cuando habla del drama de darle vuelta a la página? Parece una cuestión trivial. Como seguramente muchos de ustedes se han percatado, al leer un álbum, el niño expresa de dos impulsos contradictorios. Por una parte, la narración lo incita a dar vuelta a la página. Por la otra, la imagen lo retiene. Puede que también hayan observado el movimiento ocular de un niño mientras mira un álbum. Lo dijo ayer, si no me equivoco, Manuel. Los ojos se fijan en un punto, luego peinan la superficie, suben al extremo de la página, se deslizan a un costado, luego a otro. Con frecuencia el movimiento de los ojos es acompañado de otros. El niño pone un dedo en la página, se inclina sobre ella o levanta el libro para mirar un detalle. Al cabo de un rato devuelve el libro a su distancia. Sin duda, ese vagabundeo errático es muy distinto al peregrinar de la vista, peregrinado ordenado, debería decir, de la vista que realiza cuando lee un libro. Pero ¿por qué un drama al darle vuelta a la página? Tal vez porque es una situación que, como todo drama, obliga a resolver una disyuntiva dolorosa, la necesidad de abandonar una fuente de placer o escoger entre dos de ellas. Y es que, sin importar su densidad visual, una ilustración que dice algo, una ilustración bien lograda, siempre resulta inagotable. Es un remolino que te sumerge en su profundidad y a la vez un estanque que te invita a contemplar tu reflejo y a dar un chapuzón en tus o sus profundidades. profundidades. Siempre te dice algo, pero algo que no puedes decir de otra manera, como la música o la poesía. Este drama, el drama de darle vuelta a la página, es sólo similar al que le sucede al lector de un libro de poesía. Y es que, ¿qué lector de poesía no ha sentido la violencia de dejar un poema para avanzar en la lectura de otro? Poco afectos a hacer perdurar los dramas, los niños resuelven esta disminutiva volviendo una y otra vez a sus libros preferidos. 2. Algo más sobre la poesía y los álbumes. Curiosamente, tanto la poesía como los álbumes son muy bien recibidos por los niños de lectores y con mucha dificultad por la escuela. En realidad, no es fácil enseñar con ellos, y si no enseñar, ¿qué hacer con los álbumes y los poemas? Nada, salvo leerlos y gozarlos una y otra vez. Es decir, nada, salvo invertir tiempo. Un bien tan escaso en la escuela como para gastarlo en algo que revitúa tan poco. Los álbumes tienen además una desventaja práctica. Por lo general, son más caros que los otros libros para niños. En la escuela nadie quiere comprarlos, pues se agotan pronto. Aunque en la casa sus páginas se gasten y maltraten de tantas lecturas. También en la escuela cuando están, se gastan de tantas lecturas. Tres ¿Qué aprendemos cuando aprendemos a leer? Una hipótesis exagerada Tal vez lo más paradójico de aprender a leer es que si bien es una actividad que depende de los ojos no se puede realizar si miramos las letras con atención Las letras han sido diseñadas con esmero Cada rasgo ha sido pensado para facilitar la comprensión y el fluir de la mirada. Son la exquisitez del diseño gráfico. Pero si uno se detiene a verlas propiamente, no puede leer. Leer requiere simultáneamente que percibamos las letras y que no las observemos. Requiere también una velocidad. Si leemos muy lento, no podemos comprender. y requiere una mirada educada a seguir una determinada dirección. Un lector normal no ve sino algunos rasgos de las letras, aprende a anticipar y a comprobar sus anticipaciones. Adivina porque busca sentido. Detrás de la aparente placidez de la lectura, en las profundidades del cerebro, cerebro, cerebro, ya salió el bebé que soy. En las profundidades del cerebro se realizan complejas operaciones para que podamos seguir desplazándonos. En nuestro aprendizaje lector, primero aprendimos a distinguir las letras, después a detener la vista solo en sus rasgos esenciales. Al principio necesitábamos de voz para comprender lo que leíamos. Luego la introyectamos y aprendimos a leer en silencio. No lectores, errábamos aleatoriamente por la página. Después aprendimos a seguir un orden. Tal vez también aprendemos que el sentido está en otra parte y corrimos a buscarlo. ¿Será que también aprendimos a concebir el sentido como algo cada vez más desprovisto de corporeidad, color y sonido? ¿O para jugar con el lenguaje aprendimos un sentido cada vez más desprovisto de sentidos? La fatalidad del aprendizaje lector. Lo fatal, que no forzosamente terrible, de aprender a leer es que nunca más podremos volver a ver igual. Escuchemos lo que nos dice François D'Oltre al recordar su encuentro con las babuchas de Bapa Hussein, un libro con grabados en blanco y negro que ella se encontró en la biblioteca de su padre. Este libro, estoy citando a François D'Onton, este libro me parecía magnífico porque yo creía que las imágenes se movían, pero para mi gran sorpresa no lo hacían. Lo abría, bajareaba, luego volvía a mirar la imagen, siempre era la misma. No se había movido. Un día, su institutriz, que había notado su comportamiento, le pregunta a la pequeña Doltot si le interesa ese libro. Ella le contesta que quisiera saber qué dice. Y la institutriz, entonces, fatalmente, le propone aprender a leer. Y dice François Asolto, así fue como aprendí a leer, cosa que me desilusionó tanto, una absurda actividad totalmente idiota que llamaba aprender a leer. Y las babuchas de Babá Hussein no tenían nada de interesante. El texto era idiota a morir sin ningún interés comparado con todo lo que las imágenes habían suscitado en mí. Terminé llorando. Quiero desaprender a leer. Ya no quiero leer. Pero la institución le respondió, ¿sabes? Creo que no lo lograrás. Y tenía razón. Yo estaba furiosa contra esa canallada a la que me habían arrastrado. Aprender algo que no se puede desaprender. Cinco, ¿qué aprendemos a leer? Dos. Tal vez cuando aprendemos a leer, adquirimos fatalmente muchas otras cosas. Por ejemplo, entrar en un sistema donde la comunicación del significado es lo único valioso socialmente. Seis, una digresión de un visitante de museos. No importa el tamaño de la obra que esté colgada, su belleza, dramaticidad ni colorido. La inmensa mayoría de los visitantes se detienen más tiempo a leer la cédula colgada al lado de la pintura que a mirar la obra. En algunos casos saltan de la cédula a la obra. Habitualmente regresan a la cédula para confirmar lo visto. En efecto, parece difícil dejar la última palabra a la imagen o tolerar su silencio. Siete. El lugar del texto en los álbumes. Cuando valoramos un álbum, normalmente destacamos las imágenes. En el álbum, el ilustrador es la estrella y prueba de ello es que acá están oscuros ilustrados. pero cuando hablo con otros editores siempre llegamos a la conclusión de que lo verdaderamente complicado de este oficio es encontrar un texto como me dijo una vez Klaus Kluge el legendario editor de Andes Alprés un buen texto es un auténtico milagro escribir para un álbum tiene enormes dificultades que pasan inadvertidas para todos los que no están involucrados profesionalmente. El texto debe narrar una historia, para decirlo brevemente, cosas significativas que le pasan a alguien, de una manera muy concisa y dejando suficientes espacios de libertad para otro artista. Por ejemplo, un texto como el de Hawaia Noram, en el desván, Evoca, y entré, y el desván estaba vacío o no. Evoca en poquísimas palabras el contraste entre la mirada enriquecedora que tiene un niño y la mirada empobrecida que tienen los adultos. Podemos imaginar una novela a partir de lo que ahí acontece. Sin duda Proust podría escribir 300 páginas sobre eso. Pero lo extraordinario es su concisión y generosidad. Pues todo un buen texto de un álbum es generoso por partida doble. Con el ilustrador y con el lector. a ambos les deja un gran espacio para la construcción de significados y la creatividad. Esta concisión es una de las razones por las cuales el álbum es un género tan hospitalario, como cuando uno llega a una carpa beduina, si te sirven solo media taza de té, quiere decir que estás invitado a permanecer. Si tu anfitrión te llena la taza, cortésmente te está invitando a retirarte. Ocho, las imágenes y las palabras en el vaivén. El texto de un álbum debe tener párrafos cortos, por lo menos un álbum como yo lo imagino. Si las frases se encabalgan en un trote largo, se violenta el ritmo de este género. La lectura de un álbum se teje en el vaivén entre las palabras y las imágenes. Las palabras quedan suspendidas cuando miramos la imagen. Al errar en ellas, escuchamos un eco, podemos rumiarlas. Se hace ostentible que ni unas ni otras dicen todo. habitualmente estaríamos tentados a pensar que la imagen al decir lo que las palabras ocultan tiene un mayor peso de verdad pues desde los griegos atribuimos a la imagen la verdad objetiva pero esto es una simplificación lo han puesto Cristian y todos los demás ponentes esto es una simplificación En los mejores álbumes, las ilustraciones nos retratan una realidad objetiva y siempre nos queda la duda de qué es lo que estamos viendo. La imagen interior, cómo se ve un personaje, cómo ve el mundo este personaje. Podemos ver acá en Willy el tímido cuando él después de muchos ejercicios se ve y por fin está contento. Y al final del libro de Anthony Brown, que siempre nos pone muchas trampas, otra vez las trampas de Javier, siempre nos pone muchas trampas, nos deja la duda de qué estábamos viendo. No sé si esta es la imagen verdadera o la otra es la imagen. verdadera. En ese bamboleo, en ese ir de las palabras a las imágenes, podemos atisbar algo que palabras ni imágenes pueden aprender. Ninguno tiene la última palabra, ninguno anula al otro. El mensaje nueve, el mensaje del libro álbum. Una vez escuché a alguien decir que el único mensaje de un libro es ser un libro, es decir, ser un objeto compacto que contiene un infinito. Tal vez el mensaje del libro es triven abrirlo y darle vuelta a la página. Abrirlo es darle vuelta a la página de la realidad. En una de sus novelas, César Aira suelta una frase así como un detalle y dice el arte de cambiar el tema de conversación y luego rectifica y medita. Tal vez todo el arte sea eso, cambiar el tema de conversación. Quizás el mensaje de un libro escribe en parecer una casa que brinda cobijo y ser simultáneamente las puertas y ventanas de esa casa que nos brinda cobijo. Esta es una imagen que a mí me encanta, porque es eso. Es una ventana, pero la está cargando como un libro. No sé si eso es lo que hizo decir o no. Y el mensaje arquetípico del álbum, me pregunto ahora, ¿No es saber que entre dos imágenes inagotables hay un caminito de palabras que a diferencia de las migas en Hansel y Gretel siempre están ahí aguardando? Diez. La voz dentro de los álbumes. Me pregunto si la economía de un álbum supone más que la disyuntiva de leer y contemplar. la invitación a una situación de lectura compartida. Alguien que lea un texto mientras contemplamos las imágenes. No es extraño que las citas... No es extraño... No es extraño que la situación de lectura sea tantas veces recreada en los álbumes. Si es así, convendría pensar que ese masaje entre palabras e imágenes está mediado por la voz que es también cuerpo, la manifestación más corporal del espíritu. Y aun cuando esté el sujeto solo, cuando ya pueda leer en voz baja, el niño le da voz al texto y al hacerlo entra en una dimensión corpórea. Tal vez en lo profundo rememora experiencias más cercanas. y acá añadiría esa dimensión del objeto físico a la que hizo también mencionar ese objeto físico la dimensión de la lectura también tiene eso ustedes lo vean rápido Algo más sobre la voz y el aprendizaje lector. Regreso a la experiencia de Doltó sobre su traumático aprendizaje de lectura. Cuando luego de tres o cuatro meses de esfuerzos con sílabas, aprendió por fin a leer. Balbuceaba con voz forzada, con los ojos clavados en el texto para unir las letras, y un texto no quiere decir nada cuando es balbuceado sílaba por sílaba. Lo que la salvó fue la confianza de su institutriz y la petición de ella de que siempre escuchara lo que leía. Un buen día logré escuchar lo que leía, cito Adolto. Eran sílabas separadas que querían decir algo, y se las unía escuchándolos, y salía a leer y no quería dejar el texto. Quería continuar. Entonces su institutriz le dijo, basta por hoy, ya tenemos una hora con esto, regresarás mañana. Ay, cuántas cosas debemos aprender cuando aprendemos a leer. 12. Este soy yo. Hace muchos años, una de esas mañanas de domingo en las que los padres queremos seguir durmiendo, reinaba el silencio en la casa y me despertó la voz de Pablo, el segundo de mis hijos, repitiendo una frase inquietante, este soy yo, este no soy yo. Me levanté intrigado y lo vi tendido en el piso, mirando un libro sobre castillos medievales. Con el dedo señalaba a distintos personajes, clasificándolos de acuerdo con una categorización primitiva y esencial. Este soy yo, este no soy yo. Pablo, como cualquiera de nosotros, era una muchedumbre y lo asumía con una naturalidad envidiable. Podía ser este y aquel al mismo tiempo, a pesar de que entre los dos personajes no había semejanza alguna. Tal vez Pablo estaba repitiendo el acto cultural fundacional, dividir lo propio y lo ajeno, y tras hacerlo se aprestaba a librar una de sus primeras batallas en su larga carrera por habitar el mundo. Muchas veces he recordado esa frase enigmática al escuchar a otros niños, e incluso adultos, hablar sobre los álbumes que más nos han marcado. Y yo mismo he sido personajes tan disímbolos como Bruno el rezongón o Willy el tímido. Como pueden ustedes ver, no hay entre ellos y yo ninguna semejanza. Ni hay ninguna semejanza entre ellos mismos. pero lo es cierto es que me he sentido mejor representado en esas imágenes que en cualquiera de las fotografías de mis pasaportes al pensar en donde habitan los monstruos de Maurice Sendak otro libro del que ya se ha hablado acá y que como a tantas otras personas a mí me ha dejado profundamente marcado me percato de que me puedo identificar con cualquiera de los entrañables monstruos pero no con Mac que me parece más bien un niño berrinchudo a veces solo la lejanía permite la identificación profunda 13. Algo más sobre la caracterización Mientras preparaba esta charla, he leído muchos comentarios muy inteligentes y ayer escuché otro más, y muy reveladores sobre donde habitan los monstruos Confieso que cada uno de ellos me ha permitido ver cosas que yo no había visto. Me confieso un bobo lector. Después de leer, la sensación que tengo es, no vi, no vi, no vi, no vi, y cuántas cosas hay. Pero no leí ningún comentario sobre lo que me parece a mí lo esencial. Los propios monstruos. ¿Por qué un personaje es entrañable y otro nos parece tan distinto? No lo sé. Como dijo Mauricio ayer, no tengo ni prostituta idea. Pero debo decir que esa cualidad tan difícil de definir, tan difícil de... Me ha sido muy fácil reconocerla en mis primeras elecciones como editor. Ha sido la más determinante y supongo que también para muchos niños. El otro día que veía a Anthony Brown firmar los libros, vi a un niñito que lo miró de lejos, se acercó corriendo, lo abrazó y le dio un beso y se fue corriendo. Estoy seguro que era por la identificación de ese niño con esa cosa que yo no puedo explicar, es una de las tantas cosas que no puedo explicar y que me parecen verdaderamente lo más, lo más, lo más importante. La lectura del tiempo en las imágenes. Este es un tema inagotable, ya se ha abordado, sigo avanzando en eso. El tema del tiempo es central en el género del álbum. Nos repitieron, justo porque es un género que dispone de poco espacio, 32 o 40 páginas con guardas incluidas y hay que saber leer las guardas. Y habitualmente se lee el tiempo en el eje del relato, es decir, en la sucesión de imágenes y palabras, en sus condensaciones, en los altos, en los silencios. Quisiera mostrar otra forma en la que el tiempo se hace presente en los álbumes. Los monstruos de Sendak, al menos me parece, son a un tiempo prehistórico y artificial. Por su dibujo recuerdan a los libros antiguos. Por sus ojos amarillos prefiguran el delirio psicodélico. Willy, no sé si está acá. Bueno, todos tenemos presente a Willy. Willy es un chimpancé, es decir, nos remite a un estadio primitivo, pero su atavío de una exquisita socialificación habla de una elaborada civilización. Las ilustraciones de Van Alsburg, algo está a punto de suceder. Y en las de Marta Vicente, los objetos esconden una historia que les urge recordar. En los mejores álbumes, el devenir temporal no solo se da en el plano de la trama. Tal vez, por esa condensación temporal, la pequeña adulto imaginaba que se moverían las imágenes cuando ella no las viera. 15. Unos ojos que me miran. me detengo en una observación que le escuché hace muchos años a mi querida maestra, amiga entrañable bienes de mi patria el poder que tienen los ojos de los personajes en un libro ilustrado. La mirada es lo más expresivo, pero las miradas de los personajes entre sí constituyen un rasgo de guarosimilitud. Veamos, por ejemplo, esta escena educando a Luis. No es que me parezca especialmente buena esta ilustración, pero me parece que Es un muy buen ejemplo, en donde se da una interrelación entre la maestra, la niña y el niño autista. ¿Por qué nos conmueven los ojos? Es otra de las tantas cosas que no lo sé. Hay veces son unos ojos muy realistas, en otros casos son unos simples puntitos. A mí, en lo profundo de mi ser, me tocan las dos, no tengo por qué escoger. En ningún momento es más fuerte la mirada que cuando te mira directamente. Parece como si desde otra dimensión te estuvieran invitando, te estuvieran cuestionando, te estuvieran inquiriendo. Y pienso en esa cuestión en la que habló Anthony Brown al principio cuando hizo un dibujo. Dijo, uno dibuja una mancha y lo que habitualmente llenamos es un rostro. Creo que alguna relación hay con eso. Dieciséis. Sobre la edad a la que están dirigidos los álbumes. Con frecuencia me han preguntado y escuchado discusiones acerca de si el género del álbum es privativo de los niños menores, de los prelectores, o si es posible hacer álbumes para mayores. Como en tantas otras cosas, creo que la respuesta no está dada y no puede ser sin duda alguna prescriptiva. Son los autores o los editores los que proponen y son los lectores los que deciden. Yo he visto trabajos maravillosos de niños de preparatoria, de jóvenes de preparatoria, sobre los álbumes pensados para prelectores. Creo que eso no es lo importante. Lo relevante, lo que me parece que es importante entender, es que el lenguaje de los álbumes, es decir, la conjunción entre imágenes y palabras, moviliza emociones profundas que simbran estructuras arcaicas en el interior de las personas. 17. El triángulo prelector. En un ensayo sobre la lectura en bebés, Evelio Cabrejo afirma que a partir del cuarto mes de la gestación, El niño es capaz de reconocer la voz de su madre y que esa actividad que pone en marcha el movimiento del pensamiento revela que antes de nacer ya existe en el niño la capacidad de leer, es decir, de discriminar información sensorial para construir sentido. Esa capacidad le permite situarse como un pequeño sujeto en el mundo complejo y abstracto de la intersubjetividad y es el reflejo de nuestra predisposición biológica a la interacción. Es la protogénesis de la lectura, su antecedente más arcaico. Y las sucesivas etapas del desarrollo del lector se superponen sobre esta base. A los seis meses, quizás antes, el niño lee el rostro de su madre y a través de él aprende a leer el mundo. Por ejemplo, cuando la madre se sitúa al lado del niño y le muestra los móviles en la cuna y le dice esto, esto, esto, esto. y poco a poco se va abriendo el mundo. En ese espacio, el niño aprende a dialogar con el mundo y es como una entrada a ese universo. Tal vez el álbum sea en realidad una evolución de ese triángulo. Al igual que en el primer triángulo, el niño y el adulto comparten una representación simbólica del mundo, en el que la voz o su recuerdo ayuda a desbrozar la imagen, en el que la mirada reciproca, es un verbo, desde otra dimensión que nos permite sumergirnos en las profundidades de una vida informe, en las que existe un bamboleo arcaico entre palabras, silencio, Tal vez también al igual que en ese triángulo existe la piel, esa dimensión corporal de la que hablaba hace un rato Ángela. ¿Cómo traducir lo que acontece en ese triángulo? ¿Cómo reducir a palabras el sentido en el sentido, como un masaje de corrientes profundas? No lo sé. Tal vez lo importante es mantenerlo como un semillero, reforzar el brazo dentro o fuera de la escuela, reforzar el juego de palabras, la soledad acompañada, llena de resonancia, libre de interrogatorios. Y es que está bien que trabajemos con los álbumes, está bien que le preguntemos a los niños cosas y que los hagamos observar o que nos dejemos enseñar por ellos. Pero después de todo, me parece esencial recordar que si un encuentro con un libro puede convertirse en una experiencia verdaderamente significativa, no es por lo mucho que podamos trabajar en él, sino porque, por alguna razón insaldeable, ese libro trabaja en nuestro interior. ¿Qué es el autor? sino seguir trabajando con algunos ilustradores que a mí me gustan mucho. Pienso por ejemplo en Isol, que publiqué en el fondo y ahora voy a publicar en CERRE. Pienso en Marta Vicente, que es alguien que creo que tiene una capacidad extraordinaria. Pienso en el propio Javier Saez, que Javier Saez es una persona por la que yo voy a apostar muchísimo pienso en Mauricio Gómez Morín que también me parece que es un ilustrador que todavía va a dar pienso en el propio Ricardo Peláez que creo que es alguien que todavía puede dar muchísimas cosas para mí el reto en este momento son los autores que están ahí y que han estado como esperando tener un diálogo enriquecedor con un editor ¿Qué es el editor? sobre todo que tiene que hacer que ese surgimiento del autor y ese surgimiento del ilustrador sea en el escenario de una emoción muy positiva en el lector. Si no lo hacemos así, si pensamos que la figura es el autor o el ilustrador y el escenario no es la escena placentera del lector, Entonces lo que nos vamos a topar es con autores vedettes y con editores como una especie de marketing, de gente, de promotores. Yo siempre he tratado de pensar mucho en el lector, quizás pienso más en el lector que en el autor y que en el ilustrador. Y pienso que para hacer llegar esa emoción o ese proceso intelectual desencadenador del lector, tienes que pensar en cosas incluso a veces muy simples como fijar el precio de un libro, dónde lo vas a distribuir, cómo vas a poner la portada o la solapa. En fin, son una cantidad de factores que hacen que el trabajo del editor siempre sea muy distinto. Rara vez haces las mismas actividades un día. Mira, yo pienso que el álbum, por fortuna, es un género que está teniendo cada día más interés, no solo entre los editores, sino entre los lectores. Pienso que hay muchísimos más y eso es muy grato, pero pienso que se está cayendo en un cierto facilismo, o de ser iconoclastas, o de ser melcochosos, o de ser virtuosos. Y pienso que pese a que hay una producción más rica y hay una producción más iconoclasta, empiezan a haber álbumes que más bien están buscando como satisfacer al adulto o a la crítica. Pienso que hay una cantidad de álbumes importantes que están hechos al vapor y están un poco como destinados a las máquinas de comercialización. Y me parece que el arte del álbum, tanto por el autor, por el ilustrador, como por el editor, es un arte de cocción lenta, de cocina esmerada, atenta, y que ojalá que toda esta moda, este auge, este beneplácito que tienen los lectores hacia los álbumes, no se traduzca en una depauperización del género de la producción.
SISTEMA
NTSC
DOCUMENTO_DIGITALIZADO
Sí
FECHA_INGRESO_ENTREGA
12/12/2006
FECHA_PUBLICACION
15/10/2015
OBSERVACIONES
Sin conducción en el programa
CODIGO_BARRAS_LTO
BWF480
BARRA
Divulgación
TEMPORADA
25
TEMA_CONTENIDO
Promoción de la lectura y la literatura
CLASIFICACION
A
IDIOMA_ORIGINAL
Español
REALIZACION
Edgar Mauricio Sánchez Alcántara
PRODUCCION
Illa Geisel Serna Munguía
LIGA_COLECCION_INTERFAZ
https://interfaz.cenart.gob.mx/video/seminario-internacional-de-ilustracion/

