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CUID
M-05078
SUBTITULO_SERIE
FILIJ 28
SINOPSIS_SERIE
Participantes de México y otros países comparten en un espacio centrado en la reflexión sobre la lectura y la literatura. El encuentro impulsa conversaciones que fortalecen la creación de entornos que favorezcan el acceso a los libros y el intercambio de ideas. Se destaca el papel de la lectura literaria como medio para construir sentidos, expresar experiencias y reconocer la diversidad de formas de pensar
EXTRACTO_SERIE
Un encuentro que convoca voces nacionales y extranjeras para dialogar sobre la lectura literaria como medio para construir sentidos, compartir experiencias y reconocer la diversidad de pensamiento.
SUBTITULO_PROGRAMA
Luis Bernardo Yepes (Colombia)
SINOPSIS_PROGRAMA
Se aborda cómo la lectura y los espacios comunitarios pueden convertirse en fuerza de resistencia y reconstrucción simbólica dentro de contextos marcados por violencia, desigualdad y fracturas sociales. A partir de experiencias locales, se examina el papel de las bibliotecas como lugares capaces de ofrecer refugio, continuidad y sentido en medio del conflicto, así como su función en la creación de vínculos, la contención emocional y la formación de ciudadanía.
La reflexión subraya la dimensión política de promover la palabra en territorios heridos, la importancia de leer el entorno para transformarlo y el potencial de la mediación cultural para abrir caminos de dignidad frente a lógicas de exclusión, miedo y silencio. También se muestra cómo las prácticas de lectura sostenidas en el tiempo pueden modificar percepciones, activar memorias y contribuir al tejido social, aun cuando los desafíos parezcan desbordar cualquier esfuerzo individual
EXTRACTO_PROGRAMA
Reflexión sobre cómo la lectura y los espacios comunitarios pueden ofrecer refugio y transformación en contextos de violencia, mostrando su capacidad para fortalecer vínculos, generar resiliencia y abrir posibilidades de cambio social
N_PROGRAMA
11
N_TOTAL_PROGRAMAS
12
DURACION_TOTAL
01:19:14:02
PARTICIPANTES
Luis Yepes, bibliotecólogo
SEMBLANZA_PARTICIPANTE
Luis Bernardo Yepes Osorio
Bibliotecólogo y promotor de lectura colombiano cuya trayectoria ha sido significativa en el fortalecimiento de las bibliotecas públicas y en la formación de mediadores. Su trabajo se ha orientado a impulsar prácticas de lectura vinculadas a la vida comunitaria y a promover el acceso a la palabra escrita como herramienta de participación y desarrollo social.
Ha contribuido a transformar las bibliotecas en espacios activos de encuentro y aprendizaje, y participó en iniciativas de política pública relacionadas con el libro y la lectura. Su labor como formador ha acompañado a bibliotecarios, docentes y promotores, combinando la experiencia de campo con una mirada crítica sobre el papel social de la lectura.
En el ámbito académico, ha ejercido como docente en programas de bibliotecología y mediación, aportando una visión que destaca la dimensión humana y cultural del trabajo con lectores. Su enfoque se caracteriza por la claridad, la cercanía al territorio y la convicción de que la lectura puede favorecer procesos de reflexión y convivencia
TIPO_ACTIVIDAD
DISCIPLINA
PALABRAS_CLAVE
Artes visuales | Cuento | Edición de textos | Enseñanza de la lectura | Escritor | Escritora | Escritura creativa | Humor (literario) | Ilustración | Lectura | Libro para niños | Literatura | Novela | Selección de libros
TRANSCRIPCION
De nueva cuenta, sean todos ustedes bienvenidos a este Seminario Internacional de Fomento a la Lectura, esta vez dedicado a la experiencia lectora. Hemos siempre procurado que en este seminario haya voces de otros acentos de la lengua española. En particular han venido a este seminario personas de Colombia. En este seminario tuvimos también la ocasión de tener un catalán colombiano, un colombiano catalán, que habló de Medellín. Medellín es una ciudad muy famosa por Pablo Escobar Gaviria, por los sicarios, por el narcotráfico. Es una ciudad que conocí hace muchos años. Cuando fui invitado a un juego que se llama el Juego Literario. Y cuando estuve ahí encontré las bibliotecas más impresionantes que he visto en mi vida. Bibliotecas que tienen una afluencia de miles y miles de personas diariamente, que son personas que van a resolver desde cuestiones muy simples a leerse, a formarse, etc. Y me di cuenta que Medellín había sido la ciudad fundadora del movimiento bibliotecario de Colombia y del movimiento de promoción a la lectura en Colombia. Es una ciudad maravillosa. La gente de Medellín dice que se debe a su carácter. Ahí hacen las cosas bien y lo que sea. Lo hacen muy bien. Puede ser. En todo caso es una ciudad realmente muy impresionante por su movimiento bibliotecario y por la capacidad que han tenido las bibliotecas de acoger a una población marginada, una población pobre, una población que estaba y que era susceptible de morir o de matar por 50 dólares o por menos. Y bueno, en este seminario que se dedica a la experiencia lectora, Quiero invitar a una persona que para mí es una persona muy querida, no solo para mí, para muchas otras personas también, para Michelle, para Melvira supongo, que tiene una trayectoria de vida muy singular. A cada uno le pregunto cómo quiere que lo presente. Él me pidió que lo presente como que el gángster, pero en realidad su libro se llama No soy un gángster, soy un promotor de lectura. Él va a contar un poco de su vida, supongo, y también va a contar de lo que se hace y de lo que él hace en Medellín en las bibliotecas. En este país hay muchísimas bibliotecas. Ojalá hubiera muchos bibliotecarios como los que hay en Colombia. Tienes la palabra, tienes la gratitud mía por haber venido acá y accedido a esta invitación. Gracias, Daniel. ¿Se escucha? No se escucha. Ahora sí. ¿Aló? Ok. Bueno, ya estoy acá. Voy a leerles un trabajo que hice con mucha pasión, con mucho cariño y con mucha rabia. Quiero darle las gracias a Daniel por esta invitación tan importante, por su deferencia conmigo y por haber apostado por mí en México, donde soy un desconocido. A Mónica González Dijón por tenerme en su nómina de invitados. Gracias Antonio Barquet, estupendo y atento anfitrión. Al ser LALC, con sede en mi país, por sacarme de mi país a compartir con ustedes. A Grisel Castro, nuestra dulce lazarilla, que hace que me lleve a Octavio Paz otra vez conmigo. Quiero aprovechar, ahora que soy dueño del micrófono, para saludar también a María Elvira. Charria, que es maestra en mis inicios en Colombia, cuando todavía estaba extraviado en esto de promover lectura. Eliana Yunes, que ya se fue, pero con ella entendí hace muchos años que esto es un asunto político. Me lo dijo en San José de Costa Rica hace bastante tiempo ya. A Michelle Petit, por su amistad y grandes aportes a nuestra América Latina y por haber vivido en la loca y hermosa Colombia. A todos mis compañeros ponentes, magníficos profesionales con un recorrido inmenso y que hoy me hacen sentir orgulloso al ver mi nombre al lado de los suyos. A Ana Ciro, con quien he intercambiado libros e ideas en este viaje. A Javier Sáenz, con quien compartimos miedos, especialmente el miedo de sentarnos acá a exponer. Y también muchos sueños. A Jordi, por su excelente humor. A Tati, la paisana mía luchadora. Para ellos subastaré esta ponencia firmada para que tengan mucho dinero para los niños de Colombia. Bueno, es broma, tampoco vale tanto. Quiero agradecer finalmente a la escritora María García Esperón, autora mexicana del estupendo libro Juvenil Carta Alejandría, por anunciar de manera tan bella en su blog mi participación en este evento. Todo eso se agradece. Y quiero un beso especial para Luz María, un gran descubrimiento en Colombia y mi guía de fin de semana en México. era la infancia. Comían del mismo pan, jugaban los mismos juegos y vivían las mismas aventuras con sus uniformes de Boy Scout. Hoy, después de buscarse sin saberlo en el vientre de una montaña envenenada con dinamita, están frente a frente. Uno lleva un fusil G3A3 alemán y el otro porta un RX norteamericano. Se miran con celo. Saben que se arrancarán la piel a balazos hasta dejar al desnudo la hogaza de pan de la infancia. Un vecino que militó en la guerrilla del M-19 me contó la historia de dos amigos que en la infancia se quisieron mucho y compartieron diversas vivencias en su barrio. Con el tiempo la vida lo llevó por caminos diferentes, eso suele pasar. El problema es que en Colombia tomar caminos diferentes es quizás verse en la obligación de eliminar al amigo que no tomó el nuestro. Así es Colombia, terriblemente loca y hermosa. Te interpusiste entre la ciudad de la muerte y mi cuerpo agónico, salvándome de perecer. Mataste las bestias que poblaron mi camino y dejaste el sendero expedito para mi lucha, abrazo partido, con la pobreza que nos arrinconó en la infancia, madre. Mi padre y mi madre hicieron de mí un lector. Mi padre con libros que intercambiaba por óvalos para espejos y con periódicos sectarios. Mi madre con radionovelas, fotonovelas y películas cursis. Él puso el entusiasmo para que yo lo fuera. Ella me entregó las respuestas que necesitaba. Sin embargo, ninguno de los dos pensó que me estaban entregando un dispositivo directo para ganarme el pan de cada día. Mis padres, como casi todos los del mundo, tuvieron la esperanza de que fuera un médico o un abogado. Nunca imaginaron que le estaban echando al piste a los sueños de un bibliotecario, y mucho menos a los de un promotor de lectura. Cuando levantaron la mirada, era ya un bibliotecario de barrio rudo. Entonces, como hacen casi todos los padres del mundo, me bendijeron, y con ellos se apartaron las bestias de la duda que se atravesaron en mi camino y querían hacer nido en mi ser. Esta es nuestra pequeña guerra La que al mundo asombra Y le permite a los poderosos imperios Usufructuar y jugar a la solidaridad Camuflados entre buenos Colombia es un país que tiene una guerra de casi 60 años Una hipócrita guerra que se le esconde al mundo Con la máscara de conflicto interno Nací en una ciudad mágica de Colombia A la que hundió un alcalde de Nueva York llamado E-Coach quiso bombardear para librar al mundo del problema del narcotráfico. Soy bibliotecario promotor de lectura y no estoy seguro si en esencia ser lector es lo que me interesa, pues mi objetivo va más allá de contribuir a la conformación de una sociedad lectora. Mis objetivos hacen parte de las utopías, por tanto lucho para acabar con la injusticia social que se campea en mi país, acentuada por la tiranía de los ricos, la guerrilla sin horizonte, el paramilitarismo ciego, el narcotráfico opulento, la farsante parapolítica y la robopolítica perpetua. ¿Se necesitan más males para que satanicen a un ciudadano en el mundo? Yo promovo la emancipación de los seres y la lectura es apenas un medio con el que aspiro a conseguirlo. Pienso que quien se subvierte lo hace por inconformismo, porque hay algo que no encaja y aspira a transformar lo adverso de la situación. No creo que una persona que se encuentre en un estado de placidez, en un lugar gozoso, quiera cambiar esa situación, a no ser que tenga un problema mental. Y si así fuera, supongo que las mayorías anhelantes de un estado de bienestar lucharían por no dejárselo arrebatar, máximes si están promovidas para vivir en justicia. Por ello la lectura tiene sus dosis como el vino del Dios Baco. El camino hacia la emancipación no es fácil, y aparte de una lectura del entorno, se requiere de una lectura de la palabra escrita dosificada, rumiada. Es posible que el primer trago de lectura les haga a los ciudadanos sentirse libres y con ganas de volar, que el segundo los haga rudos y fuertes para luchar por lo suyo. El temor está en que el tercer trago los pueda adormecer, marearlos, sacarlos del banquete de la vida. Dijo querer prestar el servicio militar obligatorio cuando tuviera la edad, eso dijo. Bajaron de la montaña y le hicieron un juicio. Su madre, testigo obligado, vio cómo era declarado un peligro latente y ajusticiado sin misericordia. Al igual que su hijo mayor en el pasado, el que entre risas y rabia había dicho que subiría a la montaña a luchar por los pobres. Eso había dicho. Golpearon la puerta, no hubo juicio. Su madre, testigo mudo, vio cómo era tomado por sorpresa y ejecutado sin conmiseración. Siendo adolescente, me sentaba en un montículo ubicado al final del barrio 20 de Julio de la Comuna 13 de Medellín, Colombia. Allí, junto con algunos amigos, veía partidos de fútbol en una pequeña cancha, escuchaba una banda de heavy metal llamada Black Sabbath en una grabadora Sancho y me embelezaba con las tres montañas que protegían el barrio y fueron el lugar mágico donde me bañaba desnudo, hurtaba mangos, comía guayabas, elevaba cometas y me lanzaba pendiente abajo sobre una tabla embadurnada de cera. La última vez que pude estar allí fue el día en que como una exhalación apareció un hervidero de gente que atravesó la cancha y se internó en las montañas con palas, picos, plásticos y bultos de corotos. Poco a poco desapareció el verde diamante y en menos de lo que canta un gallo, la montaña estaba poblada de casuchas como si un gigante le hubiera dado por jugar al pesebre navideño. Cuando la policía quiso recuperar el verde de los montes era demasiado tarde. Se habían apropiado las montañas familias tenaces que preferían morir antes de regresar por donde habían llegado. A partir de entonces nos cambió la vida a los habitantes del barrio 20 de Julio. Nos dividimos en muy buenos y malos. Nos dividimos en buenos y malos. No se aceptaron términos medios. Por mi parte, nunca imaginé que 10 años después estaría metido en ese pesebre monumental, fundando una biblioteca popular, que luego trasladé al barrio del 20 de julio por circunstancias que no vienen al caso ahora. Tampoco imaginé que sería investigado por grupos armados que necesitaban saber para qué lado estaba mi oficio de bibliotecario. Eran unas milicias que temían que yo estuviera del lado derecho, pues al fin la lectura, lo sabían bien, también fortalece las ideas de derecha. Tampoco imaginé que adyacente a ese gigantesco pesebre como un Jesucristo, nacería un diciembre, 21 años después de conquistar esas montañas, una de las bibliotecas barriales más interesantes y vitales que he conocido en el mundo. la biblioteca pública centro occidental fruto de un convenio entre la municipalidad y la empresa privada sin embargo lo que sí creí intuir es que ese territorio sería un lugar de guerra la manera como se fue configurando las actitudes de muchos de sus pobladores sus expresiones violentas sus miedos a relacionarse con nosotros con nosotros la apatía nuestra el resentimiento que respiraban y la desidia estatal hacían presagiar lo peor. Así fue. Se gestó una guerra cruda, persistente, brutal, silenciosa. La guerra de ese macondo antioqueño no la quisimos ver en su momento y se recrudeció desde finales del año 2000 hasta finales del 2002. En ese periodo, la Biblioteca Centro Occidental se mantuvo firme mientras otras instituciones cerraron sus puertas y huyeron despavoridas del barrio como ratas espantadas por el fuego. Consuelo Marín, promotora de lectura en su ensayo Biblioteca Pública, Bitácora de Vida, relata el papel que desempeñó la biblioteca en esos días aciagos. Se procuraba que los usuarios estuvieran alejados de las ventanas. Si el enfrentamiento no era lejano, la biblioteca permanecía abierta, pero cuando se desataba cerca, mientras un bibliotecario del segundo piso controlaba que los usuarios no corrieran hacia las ventanas, Otro cerraba la puerta, dando tiempo a que las personas que jugaban en la cancha llegaran a refugiarse. Entonces se cerraba la puerta para prevenir que alguno de los combatientes buscara refugio y pusiera en riesgo a las personas que permanecían en la biblioteca. Siempre se disponía el teléfono para que los usuarios pudieran llamar a sus casas mientras los empleados se esforzaban por atender sobre todo a los niños y a las personas con mayor nerviosismo. Las conversaciones y las bromas ayudaron a exorcizar el miedo. Páginas más adelante dice Después de todo, la biblioteca ha sorteado con buena estrella el conflicto armado En la parte física, dos impactos de bala en ausencia de los empleados En la parte operativa, adaptaciones de programas Y en el aspecto afectivo, sensaciones ambivalentes De tristeza por los usuarios muertos o desaparecidos Y de alegría porque la biblioteca ha sido respetada por los grupos armados y es valorada como un espacio cultural de la comunidad. 28 años después de que lloviera las palas y los picos llevarse el verde a las montañas, la Biblioteca Centro Occidental se convertiría entonces en testigo de la que se pensó sería la batalla final de ese territorio, la Operación Orión, la llegada del ejército con francotiradores y sus armas de largo alcance y helicópteros artillados causando desolación y muerte, dejando heridos graves, desaparecidos, desplazados y convirtiendo en perseguidos a muchos de esos conquistadores modernos que se habían dividido con el tiempo y desde sus propias miradas, en guerrilleros que subían a lo más alto de cada montaña a combatir para supuestamente acabar con la pobreza, y en paramilitares que aprendían las artes de la guerra con auxilio del ejército nacional y pretendían acabar con los revoltosos y lograr la paz. Ellos, a veces hijos de una misma familia, se enfrentaron en una lucha fratricida por el control de un territorio que el Estado ignoró por muchos años deliberadamente Isaac Gutmann Stenberg era un asesino a sueldo que acribillaba a sus víctimas desde una moto. El capo number one de la mafia colombiana, aquel que como gato asustado cayó baleado de un tejado, lo llevó a las estribaciones de la ciudad de Medellín. Isaac Gutmann Stenberg solía decir a sus alumnos, desde una moto en marcha siempre se dispara en forma de cruz. Un día de agosto, así lo hizo un avanzado discípulo, cuando Isaac Gutmann Stenberg conducía por la avenida El Poblado un auto Mazda gris como su cortejo. En 1984, la Universidad de Antioquia me informó que sería su estudiante de bibliotecología. Se aproximaba el fin de mi carrera de vendedor de huevos. En ese entonces veía a Medellín a través de la reja del almacén donde trabajaba en el barrio El Salvador, nombre propio para días saciagos. Por sus calles aparecían veloces motocicletas y lujosos autos conducidos por jóvenes sin destino. Fue la época en la que Medellín vio surgir escuadrones de la muerte dedicados a la limpieza social y a la masacre de jóvenes de barrios populares en represalia contra los asesinatos de policías ordenados por Pablo Escobar. Fueron los años siniestros donde reinó el capo número uno del mundo. Se decía en aquel tiempo que este personaje diabólico pagaba dos millones de pesos colombianos, unos mil dólares de hoy, por cada policía que fuera muerto. Para ese entonces, yo iba por la tercera copa de vino del Dios Baco. No quería saber nada de la guerra. Soñaba con ser un bibliotecólogo de prestigio y, por tanto, me encontraba ensimismado en Úrsula Iguarán y los Arcadios Buendía y los Aurelianos Buendía y las Mariposas Amarillas y Mauricio Babilonia y Remedios la Bella, no más. Entre tanto, el patrón Pablo Escobar preparaba sicarios y conducía a Medellín a una desquiciada guerra en la cual su insolencia lo enfrentó hasta consigo mismo. En diciembre de 1993, mientras Confenalco Antioquia me nombraba patrón de la promoción de lectura en su sistema bibliotecario, el patrón de la mafia era cazado como un gato asustado en el tejado de una casa en compañía de decenas de recortes de prensa con avisos clasificados que leía angustiosamente en busca de caletas y refugios transitorios. Eres tan bella, paralizas el tráfico y nacionales y extranjeros ruedan por las alcantarillas al mirarte, te amo. En tus besos naufrago y resurjo loco y ciego, te amo. ¿Qué haces en esta ciudad, en medio de la tiranía de las balas? Te amo. Corría el año 1987 y el amor y la lucha llegaron al unísono a mi vida. El amor refrescaría en mí la poesía. Con la lucha combatiría la rabia e impotencia ante las desapariciones y asesinatos de compañeros universitarios. Desapariciones, la canción igno de Rubén Blades, se escuchaba todo timbal en las tabernas de salsa que cercaban la Universidad de Antioquia y nosotros la cantábamos con voces idealistas. El arma con la que creíamos derrotar a los asesinos era las marchas callejeras. Ese año el médico, ensayista y profesor Héctor Abad Gómez lideró varias marchas en Medellín. Era un hombre que hablaba de la necesidad de tener un nivel de vida adecuado para todos. La última vez que lo observé con vida, iba en una marcha muy blanca que atravesaba la avenida oriental de la ciudad. La encabezaba acompañando una pancarta que decía algo así como, no más asesinatos. Horas después sería asesinado con la infamia propia de los paramilitares en la puerta de la sede sindical de los educadores. Su hijo esperó casi 20 años para sacar los demonios y publicarlos en un fascinante libro de corte universal llamado El olvido que seremos. Tuve mucho miedo a partir de entonces. No quería saber de marchas, ya no creía en su poder. Asustado me refugié en el amor y con el amor de la mano llegué a unos cursos que dictaba la Asociación para el Fomento del Libro Infantil y Juvenil. Descubrí la literatura para niños, una puerta de escape que me internó en una gruta donde pude refugiarme del terror. Mientras me distanciaba de la tiranía de las balas, los personajes de Ligia Boyunga, Christine Nostlinger, Roald Dahl y Gloria Cecilia Díaz me tomaron de la mano y me colmaron de optimismo susurrándome, tranquilo, todo va a estar bien, ya lo verás. Así me lanzaron a un oficio del cual jamás me he podido escapar. Mientras retosaron, el día creó un escenario inadvertido por ellos. Se hizo entonces visible el automóvil azul que le dio a sus besos sabor a dinamita. En 1991, ingresé a la Fundación Ratón de Biblioteca como promotor de lectura de la ciudad. Por vez primera, una organización no gubernamental le pagaba en Medellín a un profesional para que leyera y promoviera lo leído. Fueron dos años en los cuales leí la mejor literatura infantil y juvenil que llegaba a la ciudad. Dos años en los cuales inventé un seminario-taller de largo aliento para los profesores de los barrios ubicados en las laderas de Medellín. Fue la época en la que empecé a escribir para El Colombianito, separata infantil del segundo periódico más importante en circulación del país. Fue una labor tan intensa que un día de marzo de 1992, el escritor cubano Antonio Orlando Rodríguez me dijo, eres el escritor de la fundación. Me lo creí, todo lo creía. Por tanto, debes estar en San José de Costa Rica como ponente en el primer coloquio de promoción de lectura. Fue ese mi bautizo. El año que ingresé a la fundación Entendí lo salvaje de la guerra que librábamos en Medellín Cuando unos asesinos se hicieron explotar En cercanías de la Plaza de Toros, La Macarena Un carro bomba que mató a 7 agentes de la policía secreta Y 10 civiles Además de dejar 70 personas heridas Y 35 vehículos destruidos Cuando creíamos que este tipo de prácticas quizá la habíamos derrotado con la promoción de la lectura o qué sé yo, explotó otro. La guerra estaba vigente en el nuevo siglo, año 2001, mayo. Fue activado por una banda de sicarios perseguidos por grupos paramilitares de ultraderecha. Lo dejaron en la zona rosa de un sector exclusivo conocido como el Parque Lleras. Mató a siete personas e hirió 138. Cinco meses antes, la guerra había utilizado la misma arma. El 10 de enero de 2001 me dirigí al exclusivo centro comercial El Tesoro a ver la película La Virgen de los Sicarios de Barbés Troer. Hubiera podido apreciarla en España un año antes cuando estuve allí becado por el Ministerio de Cultura Español y se el estreno de la película en la Gran Vía, pero había leído el libro de Fernando Vallejo que inspiró la película donde afirmaba que vivir en Medellín es ir uno rebotando por esta vida muerto y sentía vergüenza de compartir esa historia con ciudadanos de otros países. Ese día cuando faltaban unos metros para ingresar al teatro con mi compañera se escuchó un estruendo. En alguna parte del piso se abrió y los cristales de las vitrinas se vinieron abajo. El aturdimiento impedía saber por dónde huir. Fue atroz. Murió una persona, 51 resultaron heridas y 200 carros quedaron destrozados a causa de un Renault 4 que llegó al estacionamiento con el vientre repleto de dinamita y se parqueó a varios metros de donde esperaba mi Mazda Model 85 que milagrosamente salió ileso, nos llevó a urgencias del hospital Pablo Tom Uribe para que le cosieran la herida del brazo a mi compañera y a mí me limpiaran unos minúsculos fragmentos de cristal y de polvo con el fin de que pudiera leer un papel que decía que nos habían atendido a satisfacción. Como una maldición, la posición de los dedos que otrora lanzara una canica, hoy estrangula un gatillo. La adorada Fundación Ratón de Biblioteca que hiciera de mí un bautizado de la fe en la promoción de la lectura tiene un centro de lectura en un barrio marginal de Medellín donde sus promotores, meses después de mi retiro vivieron años, tres exactamente tres años de barbarie resistiendo enfrentamientos armados hasta que en la fase más sangrienta de un conflicto barrial infame tuvieron que salir escoltados. Lo cruento de la guerra comenzó cuando mataron a uno de los líderes más importantes del barrio y posteriormente metieron a la cárcel a los jefes de las bandas. Los atolondrados jóvenes secuaces quedaron sin normas de guerra, con armas, drogas y territorio para proteger. Ni siquiera los niños podían desplazarse de una cuadra a otra porque resultaban enredados en líos de muerte. Yamilio Campo, promotora insignia de la fundación, relata lo siguiente. Un día estando en una lectura con niños, llegaron tres jóvenes al centro de lectura con unas armas llamadas changot, de fabricación casera. Niños y promotores entramos en pánico y como en cámara lenta de película de ciencia ficción, nos tiramos al piso. Medio levanté el rostro y observé uno de los jóvenes armados. ¡Oh sorpresa! Tres años antes era un niño que se sentaba con un promotor a leer cuentos y formular preguntas inocentes. Entraron y salieron de inmediato. Fue una acción de tres segundos. Luego nos enteramos de que uno de ellos era un jefe que había acabado de salir de la cárcel y estaba haciendo reconocimiento del terreno. Y el joven que nos visitaba de niño le había dicho con los de la biblioteca no nos metamos ellos son lo único bueno que tiene el barrio quietos ahí, vociferaron ellos Johnny fue puesto de cara a la pared junto con los otros le descargaron todo el rencor que las minibusis llevaban dentro Johnny se salvó, milagro los médicos cosieron su cuerpo y a los días caminaba por el barrio cual héroe de película norteamericana. Es cuando Diosito quiera, no cuando ellos quieran, solía decir. Meses más tarde, Diosito llegó con ellos a una peluquería. Johnny estaba allí. Diosito dejó que lo tomaran por el cabello, lo sacaran a rastras y le perforaran su existencia remendada mientras un enjambre de gallinazos volaba a su alrededor. Recuerdo ya Johnny. Era obstinado como una yegua. En la época en la que Pablo Escobar aparecía y desaparecía, a él le hacía mucha gracia. Era su héroe. Johnny era muy malo, uno de los sicarios más sanguinarios que pude conocer. Parecía sin alma. Solo respetaba a la gente que en el barrio estudiaba, él que jamás se había leído un libro. Lo recuerdo ahora cuando evoco parte de mi experiencia con la lectura. Me decía que leer era lo más difícil que se podía hacer en el mundo. Me dijo un día con unos aguardientes en la cabeza que yo le había vendido en la tienda que nos ayudó a salir de la miseria. Nos ayudó a salir de la miseria. Lo decía él, que había enfrentado bandas enteras y que una noche se salvó de un fusilamiento contra la pared despoblada de un callejón maloliente. Las oficinas están ubicadas en cualquier recoveco de la ciudad. Los sicarios, como putas en celo, esperan la llegada de los clientes. Cuando es su turno, actúan con prisa, con ansiedad, sin miramientos. Uno que otro prevenido, alcanza a indagar datos de su futura víctima. No vaya y sea su madre, la Virgen no lo quiera. Ya Fernando Vallejo ha hablado un poco del amor que tienen los sicarios de Medellín por la Virgen. En 1993 fui nombrado director de la biblioteca Confenalco Guayabal. Estaba ubicada en las inmediaciones del barrio Antioquia, un barrio que se hizo famoso porque cerca quedaba el aeropuerto urbano Enrique Olaya Herrera, que en una época fue utilizado para el tráfico de droga. Los narcos, antes de aterrizar sus avionetas en la pista, lanzaban cargamentos de droga en los escampados aledaños a dicho aeropuerto. Muchos habitantes del barrio trabajaron recogiendo la droga y algunos solían quedarse con parte de lo recogido. El barrio se convirtió en un expendedero donde se conseguía droga a buen precio. Pablo Escobar reclutó aquí los sicarios más temerarios que tuvo Medellín. Ellos fueron mis vecinos y visitantes. Parecían unos angelitos cuando no estaban en su oficina esperando un trabajo. En la biblioteca hablaban de fútbol, de una casa que le querían comprar a la cucha, de motos y de carros. Disfrutaban como chanchos en los eventos culturales e inclusive algunos leían cuentos infantiles que metían en aburridos libros de texto para dar la impresión que leían cosas importantes y no tontas historias de chiquillos. Cucha para ellos es la mamá. Esta historia que les voy a contar es una de las historias que a mí más me conmueve. El futbolista elegante cae baleado en el asfalto de la ciudad que jamás debió amar, lejos de Los Ángeles, de su estadio Rose Bowl y del arco que debía proteger de artilleros norteamericanos con su vida misma, pero profanó sin querer. En mi camino como promotor de lectura, guardo un recuerdo que me ensombrece y hace triste mis tonos con su recuerdo. En 1993, año en el que me hice bibliotecario en el barrio Guayabal, decidimos invitar al defensa centro de la fascinante Selección Colombia de ese entonces, Andrés Escobar, para que, en la página de libros recomendados de la separata infantil El Colombianito, nos ayudara a promocionar libros infantiles cuyo tema fuera el fútbol. Andrés, un tipo culto, llegó a la biblioteca con su camiseta de la Selección Colombia en la mano y se dispuso para nosotros. Fue una de las tardes más hermosas que he pasado promocionando la lectura. Con mucho cariño permitió que le tomaran fotos, leyó diversos libros y dejó por ahí su camiseta número dos, que cuando se la ponía parecía un titán y no el hombre tierno que sonreía leyendo loco por el fútbol de Collie McNaughton. Él, que con frialdad juvenil, a los 21 años le había metido un gol a la poderosa selección de fútbol inglés en Wembley, donde solo triunfan los héroes de roca. Ese hombre dulce y elegante sería asesinado un año después de la visita a la biblioteca en una discoteca de las afueras de Medellín por haber hecho un autogol en el Mundial de los Estados Unidos. Y eso, en mi país, para los mercenarios de la guerra y los ignorantes, es traición a la patria. Para Saramago es la estupidez del alma humana En Cuernos de Lanzarote el Nobel pide un número que sirva para medir la estupidez humana y dice Ya que están con la calculadora en la mano No se olviden de incluir en la cuenta a un hombre de 27 años De profesión jugador de fútbol llamado Andrés Escobar Colombiano, asesinado a tiros y a sangre fría en la célebre ciudad de Medellín por haber metido un gol en su propia portería durante un juego del campeonato del mundo. Sin duda, tenía razón Álvaro de Campos. No me vengan con conclusiones. La única conclusión es morir. Sin duda, pero no de esta manera. En mi paso por el sueño, construyo el mundo a mi imagen y semejanza. Cuando despierto, lo encuentro derrumbado. Atravieso el umbral e intento reconstruirlo en las ocho horas que me remunera el día. Imposible. Regreso con una serpiente enredada al cuello y penetro en la manzana del sueño donde construyo, una vez más y para mí, el mundo a mi imagen y semejanza. La ciudad ama la promoción de la lectura. En 1995 el ambiente era de credibilidad en esta naciente disciplina. por tanto aproveché e inicié una búsqueda para proponerla como área de estudio en los recintos universitarios siempre he soñado con chicos ilustrados que comprendan el fenómeno de la promoción de la lectura y lo enfrenten con un ánimo reflexivo y humanista no como una tarea de mera supervivencia sin importar si se es lector o no ese instrumentalismo que empieza a adueñarse la promoción de la lectura me fastidia y he querido derrotarlo. Por ello luché en 1995 en el cual me sentía Dios en su paraíso. Me presenté entonces como profesor a la Escuela Interamericana de Bibliotecología de la Universidad de Antioquia con un proyecto donde expuse la creación de una cátedra para el pregrado. Esta se llamaría, como efectivamente se llamó, Biblioteca y Lectura. Fue la oportunidad para ilusionar a muchos chicos hablando de temas relacionados con la lectura, su promoción y su animación en un contexto bibliotecario. Estuve a gusto con mi trabajo de maestro. Realmente me encantaba. Disfrutaba que los estudiantes hicieran sus prácticas en lugares reales, como hospitales, programas radiales, pasillos y escampados universitarios. Intentaba que la pasáramos bien. A lo Daniel Penac les leía de manera gratuita al iniciar la clase algún texto magistral de literatura que me hacía feliz, que nos hacía felices. Cuando me sentía un profesor de poca monta que hacía lo que hacían conmigo los malos profesores que me topé en el camino, me encerraba en mi casa a estudiar películas como La Sociedad de los Poetas Muertos de Peter Way y La Pared de Alan Parker y Música de Pink Floyd. Regresaba luego a las aulas, revitalizado para enfrentar una academia que con los años suele ser tediosa y repetitiva, al punto que finalmente desfallecí. Me molestaba sobremanera calificar. Además me cansaba, me agobiaba, me hacía un hombre triste y enfermé. De esta manera regresé con una serpiente enredada al cuello a los barrios pobres con la esperanza de construir el edén soñado. esta es una historia terrible también tenía colgada en la pared de su tienda una pintura del Che Guevara solo eso en el antejardín había pintado una piedra donde decía este país es de todos o no es de nadie solo eso bueno, también estaban sus sobrinos en el último momento aferrados como garrapatas a sus piernas emitiendo un lamento amargo que resquebrajaba las paredes delante de ellos no me hagan nada, por favor, suplicaba. Lograron arrancarlo de esas pequeñas tenazas y llevárselo, solo por eso. Horas después lo regresaron envuelto en un polietileno negro, solo por eso, créanme, solo por eso, era solo eso. Cuando la guerra se recrudece, cuando a un hombre lo desaparecen por pensar distinto, cuando matan a un tendero por tener una pintura del Che Guevara en una pared resquebrajada, cuando los niños en Medellín habitan sin misericordia las calles y cuando los gobernantes perpetúan la tiranía y la inequidad atisba la desesperanza. Y como cuchillo escarmando en carne viva, surgen las preguntas en relación con la capacidad transformadora y la efectividad del oficio de hacer lectores. La lectura no hace bueno a nadie por sí sola. Tampoco garantiza la felicidad total, quizá chispazos. No asegura el reino de los cielos ni la solución de todas las calamidades. Es más, el demasiado lector suele ser pesado. Luis G. Martín afirma que en el sector editorial y en el mundo literario de los hombres cultos y cultivadores del bien espiritual que es la lectura, se encuentra la mayor concentración de individuos viliosos, marrulleros, hipócritas, envenecidos, desequilibrados y tortuosos. Seguro yo soy uno de ellos. Sin embargo, reconoce que no se le puede negar dos virtudes a este ejercicio. El placer estético que produce, superado solo por la música y la sexualidad, según él, y el desarrollo de una capacidad instrumental que permite la comprensión textual que sirve para leer el prospecto de un medicamento, redactar una carta, hacer una reclamación o estudiar mecánica de automóviles o mecánica cuántica. A sabiendas de ello, surjo y pervivo en mi oficio, porque si la lectura no garantiza la salvación del mundo, por lo menos permite que nos quitemos la venda de los ojos que insisten en ponernos los poderosos. Individualmente quizá no alteremos el orden de las cosas, ni impidamos que asesinen a alguien. Al fin nuestra naturaleza es frágil como una bombilla, pero la suma de individualidades sin ceguera propicia estados de bienestar para las mayorías. Sin embargo, he tenido momentos de desasosiego y desfallecimiento, y no pocos. Esto es una porquería, he dicho mil y una vez, tanto trabajar para ver la guerra podría y perpetua que he tenido que ver toda mi puta vida me lo he gritado ante el espejo y en noches de insomnio y terror está bien ir a una guerra por iniciativa propia pero verla desde la cuna en un ciclo sin fin es una canallada ver a un hombre bueno llegar descuartizado en una bolsa plástica es una mierda el trono siempre ha estado ahí ellos también Solo cambian sus ajadas pieles y sus planchados trajes Yves Saint Laurent. Perfume y apellido son los mismos. Se aparean con las mismas familias y follan en los mismos prostíbulos. Dan forma a un gesto y un asesino actúa o un banquero suizo abre las piernas. La orágena, secuela de sus guiños, es hoy un infierno sinuoso sin escapatoria. Y aún así los hemos soportado por más de tres minutos. Los sátrapas siguen gobernando desde la capital. Muchos han sido grandes lectores. Uno de ellos, mientras traducía a Cavafis, ordenaba asesinar a humildes campesinos. Otro, no hizo mayor cosa para crear un caldo de cultivo favorable para la lectura, cuando tuvo el poder, pero ya viejo, muy viejo, con la lápida pegada a la espalda, dijo muchas verdades, pero quienes ya ostentaban el poder decían que estaba chiflado y los medios de comunicación les hacían coro. Otro más, el de ahora, manipula la constitución para perpetuarse, entre tanto, declama poemas costumbristas. Observándolos, he sentido gozo por haber tomado el camino de la promoción de la lectura desde un enfoque bibliotecario, un enfoque inspirado en las lecturas del mundo que propuso Paulo Freire, un enfoque universal que busca que los ciudadanos tengan la posibilidad de acceder por derecho y no como por dioceros a muchas historias y pensamientos disímiles con la esperanza de que les llegue el libro emancipador, que los arrastre más allá de Itaca, que les brinde sensatez, que los saque la esclavidad. del poder, que les procure un pensamiento distante de chauvinismos y los dote de una actitud pacífica, mas no sumisa. En el Palacio Presidencial son sordos a este tipo de promoción de lectura. Sus sucios y pendencieros moradores, los que creen estar llevando a Colombia por el camino correcto, son sesgados. Sus políticas son de corte asistencialista y guerrero. Hoy se invierte el punto 53 por ciento del producto interno bruto en investigación en ciencia y tecnología y el 6.5 por ciento en guerra es decir 12 veces más el proyecto es claro formar desterrados huérfanos y mendigos e impedir que se constituya la sociedad de derecho que manda la constitución ya que gobernar por dioceros agradecidos es mucho más simple que gobernar ciudadanos ilustrados a ellos los gobernantes nuestros poco les interesa si la nación avanza. Lo importante realmente es ver sus cuentas crecer en los prostituidos bancos suizos. Por fortuna para Colombia, nuestra propuesta de formación de una ciudadanía lectora empieza a ser escuchada por alcaldes demócratas de Bogotá y Medellín, a quienes la razón les ha iluminado el sendero, instándolos a alfombrar sus ciudades con bibliotecas públicas bellas y dignas, con bibliotecarios intrépidos e inteligentes y con promotores de lectura modestos y creativos. Esperamos que sigan poseídos por la razón para que avancen en un proyecto que propenda por la creación de bibliotecas escolares en todas las escuelas públicas de sus ciudades y con bibliotecarios promotores al frente, claro. Siento que sea una ponencia un poco triste y ruda Pero Jordi les hizo reír lo que necesitan reírse por hoy La cuota está pagada, así que Tranquilitos En el país de Blioc Los pulidores de diamantes reciben una tras otra Las piezas sin asombrarse Sus ojos no ven ya el brillo sus cuerpos automáticos no perciben tonalidades ni formas. La fuerza la han dejado en sus herramientas y la imaginación en la cotidianidad de los días. Una chica hermosa como un sol se me acercó en el metro de Medellín. Trabaja allí. Me abrazó sin más y me dijo que ha tenido muchos momentos felices en su vida con la lectura. Me recordó que yo le había leído cuentos en la biblioteca pública piloto cuando era niña. Un lobo se interpuso en mi camino e hizo el ademán de comerme en la casa de la lectura infantil, allá en Medellín. Luego soltó una carcajada, se quitó el rostro y con voz aplautada dijo que yo lo había enamorado de la lectura, que yo era un buen hombre. Estefanía, mi sobrina, ama a Caperucita Roja. Se lee todas las versiones que existen y las que no existen se las inventa. Fue mi tío quien me enseñó. Yo quiero tanto a mi tío. Contesta cuando le preguntan por esa pasión a los ocho años de edad. Un alcalde de Bogotá construye tres megabibliotecas. Un alcalde de Medellín le responde con cuatro parques biblioteca. Otro alcalde de Bogotá instala puntos de lectura o paraderos para libros para parques en lugares estratégicos de su ciudad. Otro alcalde de Medellín le responde con cuatro parques bibliotecas en los distritos rurales de la ciudad. Un gobernador hace ciudadelas educativas con bellas bibliotecas como eje central en municipios marginados de Antioquia. El nuevo alcalde de Medellín quiere que yo asesore el plan municipal de lectura. Hemos tenido que luchar mucho para ver lo que vemos, para no aceptar la cotidianidad de la guerra, pero no la hemos acabado. Sin embargo, se está creando un equipamiento urbano y rural para intentar acabarla con ese instrumento que se llama lectura y que mientras tanto cree entretener. Aún somos débiles, hemos perdido mucho tiempo, pues son demasiados años de equívocos, entre muchos el haber delegado nuestra representación en políticos carentes de ética y vocación humanista. La guerra está casada, es contra su ignominia, así que mi experiencia lectora debe ponerse al servicio de la inteligencia, no de la arrogancia. Si es así, quizá entienda que mi ciudad, un pequeño infierno donde habita la primavera eterna, está cambiando. Pero por inercia histórica, serán otros los que construyan en la estepa cristalina que brotará fruto de una lucha con la agreste ignorancia que tendremos que seguir combatiendo los promotores de lectura que confiamos en la lectura, en su vanidad, pero también en su poder transformador. Viene la última parte para cerrar. Quisiera franquear la barrica de tus ojos y refugiarme ahí donde nadie me pille. Quisiera cuidarme cada segundo entregado a tu causa y dejar que cada día me arrugue de voz. Pero no puedo, amor. Hay demasiados odios esperando en la esquina. Lo siento. Esta guerra es definitiva Nos polarizó Nos hemos dividido en muy malos Y en muy buenos Deseo que nos llegue la inteligencia a nosotros Los buenos Y se le acabe a ellos Los malos, amor Para por fin refugiarme en vos Y hablarte de mis viajes Contarte las mil y una versión de Caperucita que me sé Decirte cuánto te quiero Cuánto me gustan las bibliotecas y expresarte lo bien que la paso con la lectura y contigo. Cuando llegué de Chile, amor, un policía de inmigración me preguntó por mi oficio. Le dije que era bibliotecario. ¿Entonces a usted le gusta mucho leer? Me preguntó. Le dije que sí, que en el avión casi me había leído este libro y le mostré el perdorado del eclesio que traía para vos. Se sonrió conmigo. Es increíble, amor. no me escaneó para ver si traía dólares para lavar ¿recuerdas que una vez me desnudaron para buscarme cocaína en el estómago cuando iba para España? pues esta vez no, amor caminé con el pecho hinchío de orgullo una lágrima feliz se asomó reí como loco, lo confieso ¿será que todo lo que hemos hecho habrá valido la pena, amor? muchas gracias Thank you. gracias gracias joder gracias muchas gracias porque pensé que era difícil después de Jordi Sierra hacer parar a alguien que estuviera Muchas gracias Luis Bernardo. Ahora yo te voy a pedir que hables. Sí, ya podemos hablar. No, vamos a hablar de lo mismo. Porque hablaste de un tejido social que es ciertamente un tejido social muy complejo, muy duro hablaste de una guerra y de bueno, de algo que a mí me parece cada vez más atroz que es estos niños que bueno están jugando y al día siguiente se están matando y de ese bueno, yo conozco Colombia hace muchos años, una de las cosas, muchos muchos años me acuerdo cuando fui por primera vez hace 13 años no hace 13 años, cuando yo tenía 13 años ojalá fuese hace 13 recuerdo que me impresionó muchísimo los gamines, entonces le llamaban los gamines eran niñitos de 6, 7 años incluso menos de 2, 3 años que estaban en la calle y estaban ahí dando vueltas niños sin casa sin familia y después una de las tantas veces que he vuelto a Colombia me tocó estar en el censo en Colombia que en el censo en Colombia te piden que no te muevas de la casa entonces las calles están vacías y estaba yo era jurado del premio nacional si no me equivoco y entonces yo podía salir por las calles estaba caminando en las calles y en las calles solo había soldados unas cuantas personas que estaban levantando el censo y había muchas personas que no tenían casa para quedarse ya no se les llamaba gamines sino se les llamaba los desechables que es una cosa que es muy fuerte yo dije 50 dólares pero creo que no sé si llegaba tanto tú le pagabas 50 dólares a una persona quiero que mates a esto y lo mataban y bueno muchas de las historias que has contado son historias que conmueven Pero yo quisiera que hablaras también de otras cosas que están pasando en Colombia y que a mí me parecen quizás, bueno, pues realmente es lo que más me interesa, ¿no? Porque la mierda parece que se exporta y no siempre se exportan las cosas buenas. Y hoy vemos, me acuerdo mucho de la primera vez que aparecieron unas cabezas acá. Y entonces estaba Rocha diciendo que yo recuerde, nunca había pasado esto. Y hoy todos los noticieros amanecemos y cuántas cabezas se encontraron y se encontraron a los cuerpos y las orejas. Vamos viviendo en una cultura que cada vez nos hace más cercano. y no nos damos cuenta de que ya lo nombramos así fácilmente y bueno poco a poco las cosas van avanzando y de repente ya es familiar que corten cabezas, que aparezcan 21 personas por ahí, campesinos que les cortaron la cabeza, quién sabe por qué etcétera y hay todo un ejercicio que se ha hecho en Colombia que lo han hecho gente como tú de trabajo con la palabra, de trabajo a partir de los libros, de trabajo a partir de los relatos. Mucha gente muy querida, Yolanda Reyes, Irene Vasco, Gloria María, en fin, mucha gente que ha hecho un ejercicio de retomar las palabras y que a partir de que se retomen las palabras causar una cierta extrañeza frente a lo que se está viviendo y también hacerse ver como, digo, recuerda algún ejercicio que se ponían en un mapa y que se ubicaban en un mapa quisiera que hablaras de eso porque, digo las conferencias son también para conmover pero también son para transmitir ciertas cosas y bueno, en Colombia hay cosas atroces pero él lo dijo hay una guerra entre Bogotá y Medellín a ver quiénes hacen las mejores bibliotecas acaban de abrir dos estupendas bibliotecas en las montañas en Medellín que son unas bibliotecas muy impresionantes en donde el corazón de estos barrios de sicarios de repente están haciendo así unos muestros que tienen toda una historia y que están transformando el tejido social a partir de las palabras. Entonces, quisiera que hablaras un poquito más de eso. Sí, primero que todo, pues yo quiero aclararles. Yo no quiero jugar con la miseria de mi país, ni con lo que está pasando, ni mucho menos, ni intentar que me digan pobrecito. No me interesa ni nos interesa. Es una estrategia. Colombia estuvo marginada mucho tiempo, muchísimo tiempo, parecía una dictadura, entonces nadie se enteraba de lo que estaba pasando allí. En la medida que empezamos a descorrer la cortina, ese manto negro, empezamos a denunciar. Si usted ve cualquier presentación, veían en la década del 80 todavía con esa violencia presentaciones de colombianos y todavía inclusive hoy una presentación oficial colombiana, es la maravilla. O sea, Colombia es la maravilla, es lo mejor. Y sí se están haciendo cosas muy buenas. Pero cuando algunos artistas empezaron a denunciar lo que estaba pasando en Medellín y en Colombia, Colombia empezó a mejorar y empezó a cambiar. Hay una crítica muy grande, lo hablábamos ahora con mis compañeros ponentes, sobre Víctor Gaviria, el que ha hecho la película de Rodrigo de No Futuro, La Vendedora de Rosas. Dicen que es un tipo que le hace mucho mal a la ciudad y a Colombia porque vende la mala imagen de Colombia. Pero casualmente, cuando él hizo la película, casualmente no, cuando él hizo la película de Rodrigo D. No Futuro, una película muy mal editada, por cierto, en las laderas de Medellín, hoy, años después, pusieron los ojos allí, o inmediatamente después pusieron los ojos allí, y ya hoy hay un metrocable, y ya hay una biblioteca gigantesca, y ya las calles están organizadas, y hay centro de salud, y hay de todo. O sea, el arte como denuncia, pero bien hecha. Los libros de No nacimos pa' semilla, El peladito que no duró nada, Mujeres de fuego, La parábola de Pablo, han empezado a mostrar un montón de aristas de la ciudad que han permitido que los políticos se fijen en esa ciudad, se fijen en ese rincón de la ciudad. Entonces, primero que todo decirles que el arte, en la medida que se sepa hacer bien, no panfletario ni nada, y que sea capaz de mostrar las realidades oscuras que no quieren mostrar el oficialismo, puede ayudar. Y ya de ahí vienen las iniciativas propias de otros, como fueron los promotores de lectura y bibliotecarios del país, que aprovecharon esas circunstancias donde ya se decía que tal lugar estaba herido de muerte, se presentaba un proyecto a ese lugar herido de muerte, tenía fácil aprobación, pero ahí ya se necesitaba la inteligencia y la creatividad del promotor de lectura o el bibliotecario para llegar con los recursos. Entonces, lo que le pasó a Medellín fue, primero, quitarle la venda de los ojos al mundo y mostrar bien qué era lo que estaba pasando. Y segundo, un ejército mejor, un ejército de bibliotecarios, digámoslo así, de promotores de lectura, comenzamos a trabajar en distintas zonas del país. Muy desesperanzados al principio, porque uno empieza a promover la lectura, en el caso mío en Medellín, empezamos a promover la lectura, a hacer bibliotecas, pero parecía que no pasaba nada, que los niños seguían, que la violencia seguía. Pero con los años hemos descubierto que sí pasó, que hubo resonancia, que algún día un alcalde vio que era bien que se promoviera la lectura, que el discurso continuo, que las publicaciones continuas, que las ejecutorias continuas, que la formación que se le fue dando a la gente paulatinamente en los barrios, en las veredas, en el campo, empezó a dar resultados. resultados hasta de tipo político para ellos, porque ya si un alcalde decía, un candidato alcalde ponía en su plan de desarrollo que iba a construir bibliotecas, ya votaban por él, cosa que a ellos les gustaba mucho, que votaran por ellos, porque ellos creían que si hacían bibliotecas no votaban por ellos, pero si ponían puentes sí votaban por ellos. Entonces, la biblioteca nos dio para todo en Medellín y hemos configurado, es verdad, yo en esto sí no puedo ser modesto, un ambiente bibliotecario y promotor en Medellín espectacular. O sea, yo conozco muchos países, pero hay una cosa que yo sí sé que le llevamos la delantera a muchos y es en la vitalidad de las bibliotecas. De hecho, esa colección que se llama Biblioteca Pública Vital, que vale decir que fue inspirada en una frase que apareció en la revista Educación y Biblioteca, de una entrevista que le hicieron a Daniel Goldin, que lo tengo ya aquí, es que hablaba de unas bibliotecas vitales. Entonces, uno mismo, como se le había hecho paisaje, no se había enterado que eran tan vitales. Uno de los proyectos interesantes es el de Confenalco Antioquia, que ha ido irradiándose para toda la ciudad. En el manifiesto de la UNESCO, a todo el mundo le suelen decir que, por ejemplo, las bibliotecas deben ser promotoras de la lectura, de la información para la participación ciudadana, del fomento y de la divulgación cultural y que se pueda acceder a la información de manera ágil y certera. Pues uno va a las bibliotecas públicas y tienen procesos técnicos y un especialista en procesos técnicos que quizá te ayuda a que la gente pueda acceder de manera plena a la información con determinado sistema de clasificación. Pero luego vas a ver el tema de la lectura y de la información local y del fomento y la divulgación cultural. Y todo eso es un amasijo que no tiene claridad, que no tiene recursos, que no tiene dolientes, como decía mi jefe en Medellín, y no se pueden hacer las cosas. Entonces, lo que hemos tratado de hacer en Medellín y en Colombia especialmente es que la gente empiece a reconocer, y esto ha pasado. Si tú tienes una idea, tú quieres que tu biblioteca sea promotora de lectura, pues crea un área de gestión de promoción de lectura. No te estoy diciendo que semente la biblioteca y que el bibliotecario no vaya a ser promotor y que el vigilante no lo vaya a ser y que la señora de la CEO no lo vaya a ser porque igual tienen que ser promotores de lectura. Porque tú puedes promover mucho la lectura, pero si el vigilante no te deja entrar o es grosero, pues no hay capacidad de respuesta. Entonces, se hace un llamado de atención hoy y se hizo desde Confenalco. cuando quieran una idea piensen en el ser humano es él el que la ejecuta él la saca adelante entonces lo que hicieron las bibliotecas lo que está haciendo con Fenalco y está tratando de irradiar son áreas de gestión hay un área de gestión de fomento de la lectura tiene un bibliotecólogo y personal a cargo hay un área de gestión de servicio e información local tiene su bibliotecóloga y personal a cargo hay un área de fomento y holgación cultural que es muy importante porque si uno deja la cultura a drede se le convierte la biblioteca en un centro cultural de expansión de la danza, la música, y la lectura pierde su centro de atención. Entonces, con estas personas lo que hace es que nos reunimos quincenalmente cuatro horas todos los lunes y mantenemos un trabajo articulado, la de procesos técnicos, bueno, la jefe del departamento, los jefes de las bibliotecas sucursales, la jefe de procesos técnicos, el jefe de fomento de la lectura, el jefe de servicio de información local, y buscamos que todo lo que vamos pensando y construyendo en equipo, porque igual golondrinas no hacen verano, lo que vamos construyendo en equipo se vaya permeando a todo el sistema. Entonces, al irse permeando al sistema, se van viendo logros, porque el sistema, ¿qué hace? Las bibliotecas, ¿a quién escuchan? A la comunidad. Las bibliotecas son las lectoras de la comunidad. Es que yo no voy a venir aquí a montar una hora del cuento con la gente de la cárcel, porque aquí no hay cárcel, pero en otras bibliotecas hay cárceles. Entonces, son los bibliotecarios los que leen su comunidad. Es una lectura permanente, perpetua. Y son los bibliotecarios que consultan con un grupo de gente a ver cuáles son los programas y servicios que son afortunados, propicios, pertinentes. Y ese eco, cuando es en un solo sistema, va retumbando a otros sistemas. ¿Por qué? Porque a muchos nos gusta ser triunfadores. A la mayoría de seres humanos, de hecho, por eso triunfaron los cuentos de hadas con finales esperanzadores. porque nos gusta triunfar. Entonces, eso se ha irradiado a Bogotá, a Barranquilla, a algunos lugares de Cali, ese estilo de trabajo, y es lo que da como resultado que Medellín en este momento tenga personas que no solo hagan, que tienen que hacer, sino que piensen lo que hagan. Porque a veces hay programas que pueden ir cambiando, ir rotándose. La sociedad va muy rápido con el tema de los medios de comunicación, ya muchos soportes son pentasensoriales, siempre habrá quien tenga que pensar el tema de cómo llegarle a esas personas. Entonces, hay que dejar de ser ilusos y pensar que es que la promoción de la lectura se va haciendo así nomás a la buena de Dios. Sí se va haciendo a la buena de Dios, pero también se va haciendo a la buena de nosotros, en la manera de que tengamos recursos, tengamos posibilidades y tengamos gente pensando para ello. No sé si así un poco, Daniel. Entonces, lo que pasa ahora es que en Colombia tenemos un sistema de bibliotecas privado, que son las cajas de compensación familiar, que manejan una especie de recurso parafiscal, se llama allá, porque allá nos gusta la palabra para, paramilitares, parapolíticos, parafiscal. Entonces, tenemos un impuesto parafiscal, donde en lugar del empresario entregarle el dinero a las arcas del Estado, se lo entrega a una organización que se llama Caja de Compensación Familiar. Es como el Seguro Social. Como el Seguro Social. Entonces, lo que hace la Caja de Compensación Familiar es desarrollar vivienda, educación, cultura, recreación, etc. Y uno de los frentes es bibliotecas. Ese sistema con corte privado se maneja muy bien, muy eficientemente, que es las cajas de compensación como Confernalco Antioquia. Luego vienen las bibliotecas del municipio de Medellín. En las últimas décadas hemos tenido buenos gobernantes y han querido emular las bibliotecas públicas que vienen con recursos privados. Le ha hecho mucho bien a Medellín. Le ha hecho tanto bien que llegó un momento en que dijeron, vamos a juntarnos. Entonces, vamos a crear unos magníficos parques bibliotecas. Bibliotecas muy dignas de 10 o 12 mil metros cuadrados, donde la gente quiera estar y quiera leer. Nosotros construimos los edificios, dotamos todo y ustedes la manejan con su personal. Y ese ha sido un fenómeno interesante en Colombia. Entonces ya una ladera donde se decía que era imposible subir, que el metro jamás iba a subir allá, que ellos tenían que ir pobres, arrastrados y amargados toda la vida porque los metros no suben, pues resulta que sí suben, suben por cables. Entonces hicieron que subiera el metro cable. Luego compraron casas, el Estado compró casas propicias en esa montaña y ahí construyó la biblioteca que hoy se llama Biblioteca España. Y que Jordi tenía una historia muy bonita inclusive que le pasó por allá en los tiempos de guerras y él le ha tocado ver la transformación de esa zona. Entonces, eso es lo que ha pasado. Es la mirada también desde lo estatal y lo privado. Nos hemos unido, hemos tratado de aprender otra cosa que es muy importante, aprender todo el tiempo, seminarios, congresos. Medellín es una ciudad muy vital ahora, Bogotá también lo está haciendo, donde siempre han habido congresos, seminarios. Y otra cuestión que no se veía en su momento es que el ambiente que tuvo Medellín en la década del 50 daba para ser una ciudad potente y muy lectora, sino que a nosotros nos llegó también. Aparte de la mala distribución de la riqueza, nos llegó el mal del narcotráfico y a nosotros nos torció todo el camino. Pero nosotros fuimos un país escogido por la UNESCO en 1954 para hacer la primera biblioteca internacional con muchas propuestas interesantes como fue la Biblioteca Pública Piloto. Se creó la primera escuela de bibliotecología en Colombia donde salió mucha gente animada para hacer bibliotecas, para trabajar en bibliotecas. Colombia es sede del CERLALC, es sede de organismos como Fundalectura. O sea, Colombia en general tenía todo para triunfar, todo en el tema bibliotecario. Lo que pasa es que nos ha tocado redoblar esfuerzos, como les decía yo en el texto, uno nos fuimos para el bien, otro es para el mal, y nos ha tocado tomar aire y empezar despacio a ver qué va a pasar con este tema del narcotráfico. El narcotráfico es un mal muy grande que permea todo el proceso de una sociedad. Esta solo es una historia de usuarios, pero yo les podría contar mil historias de usuarios que hemos tenido, que quisieron ser buenos lectores porque así parecía. Y eso debe quedar claro. Los males no van solo para la clase de abajo, van para la clase media y la clase alta, que también es ambiciosa. El problema no es ese. El problema es que tenemos que hacer el equipamiento urbano para todo el mundo, para todo el mundo. Hicimos paraderos para libros para parques en barrios de ricos y los chicos de ahí, o sea, los paraderos para libros para parques son un mueble metálico que resiste la intemperie y que tiene 300 muy buenos libros. Tomamos la decisión de ubicar esos paraderos para libros para parques en barrios pobres y nos está dando muy buen resultado. Decidimos hacer un experimento de hacerlo también en barrios ricos porque, bueno, ellos son los que van a dirigir el país, ellos son los déspotas del futuro, entonces es mejor ir organizándolos desde ya, sensibilizándolos, haciendo un proyecto social con la lectura. Y resulta que ellos no lo quisieron, cogían los paraderos para libros para parques a patadas, los rayaban, nos decían que para qué eso, que se lo llevaran a los pobres. Y es un proyecto que se nos ha retrasado en Medellín, por lo menos en los barrios de clase alta. Pero igual los tenemos en clase de barrios marginados. Entonces, sí están pasando muchas cosas en Medellín. De hecho, nosotros somos la sede de unas pasantías que los invito para que se postulen, unas pasantías que nos financia la IFLA. Tendrían que estar atentos en estos días en internet, en la página de Confenalco, para ver si hay compañeros interesados. La IFLA, al ver el proyecto bibliotecario en Medellín, nos financia para que estén un mes allí. Un mes donde los promotores de lectura, especialmente bibliotecarios de bibliotecas públicas de los países de Sudamérica y Centroamérica, estén en Colombia, en Medellín específicamente, mirando cómo trabajamos los servicios de información local, cómo hacemos el fomento de la lectura, cómo gestionamos las bibliotecas, cómo conseguimos los recursos, cómo planeamos. Oye, estoy hablando tanto. Más preguntas. A ver, bueno, yo quería contarles. Yo cuando, bueno, he estado las veces esas que he estado en Colombia y llegué a Medellín y entonces me enteré de esta historia de la biblioteca piloto. porque nadie me sabía explicar por qué una ciudad así era una ciudad tan bulliciosa y como un país. Entonces encontré eso, ¿no? Encontré a alguien, me contó la historia de la Biblioteca Piloto. Y la Biblioteca Piloto, bueno, fue auspiciada por la UNESCO, fue cofinanciada por la UNESCO durante cinco años con un programa que obligaba también al gobierno a partes iguales. Y él se marginó luego, el gobierno se marginó. El gobierno se marginó, pero bueno, les quería contar una cosa que no sé bien por qué, Luis Bernardo dijo una cosa que a mí me pareció muy, muy, muy importante. Dijo, las bibliotecas son las lectoras de la comunidad, en el sentido en que no sé cuántos de acá sean bibliotecas, pero en cada una de las escuelas de ustedes hay una biblioteca o puede haber una biblioteca. El libro este que acabo de publicar, pero no imposible, es de Claudia Gabriela Nájera Trujillo. Es una biblioteca que también se hizo una lectora de una comunidad. Y bueno, a mí me impresionó muchísimo, tú hablabas de servicios de la comunidad. En la biblioteca de Confenalco había una sección que atiende llamadas telefónicas. Entonces está atendiendo las llamadas telefónicas, corrígeme si me equivoco, pero de repente hay gente que no se puede desplazar y que necesita saber tal o cual cosa. y entonces pregunta al bibliotecario ahí y le contesta. En una estrategia como muy torpe diría que venga la biblioteca, que se joda. Pero no, acá es una biblioteca que atiende a la comunidad que es lectora de ella y que responde. Esos son los servicios. No es solo promover a García Márquez, a Prusto, al que sea. es también responder a cosas muy cotidianas y estar ahí. Y hay una cosa que a mí también me interesa muchísimo remarcar, y es el trabajo colectivo, el trabajo en donde están formándose, están investigando, están dividiéndose, y la importancia en este país en donde se construyen tantas pirámides y edificios y se dota mucho de acervos, ahí la importancia está dada en el capital humano. Cuando está ese capital humano es muy difícil que se rompan. Ese es el sentido de estos seminarios también, formar capital humano. Un capital que se va formando y se van generando redes. En fin. Permitíme una cosa, Daniel, que es que me llama mucho la atención y es una lucha que tenemos y es prestarle atención a los servicios de información local, o sea, para nosotros es fundamental, las últimas reflexiones que he hecho como promotor de lectura me la he pensado así y digo, a ver, yo soy un promotor de lectura y yo le estoy diciendo a la gente lea, es muy bueno, es muy chévere es muy placentero, en fin pero luego la persona común y moliente dice, sí, pero ¿para qué? a veces también se necesita el sentido utilitarista en este caso es si yo tengo un servicio de información local y yo sé que me van a dar un manual donde denunciar, donde por ejemplo hacer mis gestiones de documentos, donde asistir a ciertos eventos de la comunidad o de la sociedad yo le voy viendo también cierta utilidad a la biblioteca a mí me dicen los bibliotecarios pero es que es muy complicado, necesitamos tecnología y yo oye, pero es que tú tienes que empezar a encarpetar la dirección y el teléfono y los nombres de los médicos de la comunidad, de los cerrajeros, de los plomeros, de los carpinteros, de las tiendas, de las farmacias que están abiertas, de los pequeños cuentos, una basecita de documentos. Los padres de familia suelen decir, mi hija tiene 14 años y no sé qué leerle. Es posible que el promotor tenga una carpeta en el servicio de información local donde también puedan prestar ese tipo de servicios. O sea, que es muy bueno que hagamos promoción de lectura, muy bueno que leamos en voz alta, muy bueno que mostremos lo orgásmica que es. Pero también es muy bueno que tengamos, seamos consecuentes con eso y tengamos capacidad de respuesta en espacios bibliotecarios donde las personas digan, vale la pena, cada que voy a la biblioteca encuentro lo que deseo, encuentro lo que sueño, puedo participar. Nosotros en la biblioteca de Confenalco, por ejemplo, lo primero que nos conseguimos son el plan de gobierno de los alcaldes, los planes de los concejales, su hoja de vida, su currículum, todo, todo, todo tratamos de tenerlo para que la comunidad se sienta incluida. Porque finalmente uno para qué promueve la lectura, creo yo, entre otras cosas, para incluir también a la sociedad, para que no nos marginen más de la palabra escrita, para que mañana sean nuestros ciudadanos los que lean los prospectos, como se maneja un computador, una nevera, porque fueron las comunidades las que lo construyeron y no otros. O sea, a mí el caso, por ejemplo, de Finlandia me parece maravilloso lo que han hecho con la educación y con la lectura, la lucha que han hecho para que la educación primaria sea lo más importante, para que todos los maestros tengan, valga la redundancia, maestría, todos los que son de básica primaria, para que le paguen salarios dignos, para que sean importantes socialmente, porque descubrieron que la lectura es fundamental. Muchas gracias, México. Go, go, go.
SISTEMA
NTSC
DOCUMENTO_DIGITALIZADO
Sí
FECHA_INGRESO_ENTREGA
25/10/2008
FECHA_PUBLICACION
27/11/2008
CODIGO_BARRAS_LTO
BWF480
BARRA
Divulgación
TEMPORADA
28
CONDUCTOR
Daniel Goldin, editor, bibliotecario y escritor mexicano
TEMA_CONTENIDO
Promoción de la lectura y la literatura
FECHA_GRABACION
20/11/2008
LOCACION
CLASIFICACION
A
IDIOMA_ORIGINAL
Español
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REALIZACION
Alfredo Chávez
PRODUCCION
Ana Victoria Martínez Anaya

