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CUID
MW-05396
SUBTITULO_SERIE
FILIJ 29
SINOPSIS_SERIE
Jornadas de reflexión y discusión centradas en la apertura de espacios para el diálogo, lugares que promueven la lectura y la literatura en distintos ámbitos, tanto públicos como privados. Este foro permite el diálogo sobre lo indispensable que son la lectura, y en particular la lectura literaria, para construir sentidos, expresar ideas y sentimientos, y respetar las diversas formas de pensamiento
EXTRACTO_SERIE
Jornadas de reflexión que abren espacios de diálogo y promueven la lectura literaria como herramienta esencial para construir sentidos, expresar ideas y respetar la diversidad de pensamiento
TITULO_PROGRAMA
SUBTITULO_PROGRAMA
Graciela Bialet (Argentina)
SINOPSIS_PROGRAMA
Reflexión sobre la promoción de la lectura como práctica educativa, cultural y social, con énfasis en modelos que integran pedagogía, comunicación y literatura infantil. El contenido aborda el diseño y la gestión de programas públicos de lectura, la articulación entre formación docente, intervención comunitaria y mediación cultural, así como la importancia de la literatura como experiencia estética y como herramienta para desarrollar sensibilidad, empatía y pensamiento crítico en niños y jóvenes. También se exploran los vínculos entre políticas lectoras, creación literaria y participación en redes profesionales que dialogan con el fomento del libro y la lectura a nivel regional e internacional
EXTRACTO_PROGRAMA
Síntesis temática sobre la promoción de la lectura como práctica educativa y cultural, abordando modelos pedagógicos, programas públicos, mediación literaria y el papel de la literatura infantil en la formación de empatía y pensamiento crítico
N_PROGRAMA
2
N_TOTAL_PROGRAMAS
12
DURACION_TOTAL
01:53:25:00
PARTICIPANTES
Graciela Bialet, escritora y gestora de políticas públicas
SEMBLANZA_PARTICIPANTE
Graciela Bialet
Escritora, pedagoga y gestora cultural argentina cuya trayectoria se sitúa en la intersección entre literatura, educación y políticas públicas de lectura. Con formación en Educación y una maestría en Promoción de la Lectura, impulsó iniciativas que transformaron el acceso a los libros y la formación de lectores en su país. Su trabajo más emblemático fue la creación y coordinación del programa Volver a Leer en Córdoba, reconocido por organismos internacionales y considerado un modelo pionero en el ámbito educativo. Posteriormente integró la estructura del Plan Nacional de Lectura, donde continuó fortaleciendo estrategias de alcance regional.
Como autora, ha desarrollado una obra diversa que abarca novela juvenil, cuento y ensayo pedagógico, con títulos ampliamente difundidos y estudiados en instituciones académicas. Su producción literaria, distinguida con múltiples premios, se caracteriza por abordar con sensibilidad temas sociales, afectivos y de memoria, reafirmando su convicción de que la literatura es un medio esencial para educar la sensibilidad y ampliar horizontes culturales. A finales de la década de 2000, su figura se consolidó como un referente tanto en la gestión de programas de lectura como en la creación literaria destinada a niños y jóvenes
TIPO_ACTIVIDAD
DISCIPLINA
PALABRAS_CLAVE
Artes visuales | Cuento | Edición de textos | Enseñanza de la lectura | Escritor | Escritora | Escritura creativa | Humor (literario) | Ilustración | Lectura | Libro para niños | Literatura | Novela | Selección de libros
TRANSCRIPCION
Ella es orgullosamente profesora de enseñanza primaria, también es comunicadora social, licenciada en educación y tiene una maestría en promoción de la lectura y literatura infantil. La responsabilidad que acarrean los dones es mucha. Ustedes saben que los talentos, como lo vemos en todos los cuentos maravillosos, no se deben guardar y no se deben ocultar. Y así Graciela asumió la responsabilidad y en su papel de reformadora creó y coordinó entre 1993 y 2007 el programa Volver a Leer, del Ministerio de Educación de Córdoba, programa que fue distinguido por la Organización de Estados Iberoamericanos y recibiera el premio Pregonero Institucional en 2007. Desde el año 2008, coordina la Región I y las publicaciones pedagógicas del Plan Nacional de Lectura de Argentina. Graciela ha sembrado ideas y compartido sus inquietudes en importantes congresos nacionales e internacionales. También ha publicado artículos diversos sobre temas como la lectura, la formación de los lectores y la literatura infantil y juvenil en revistas especializadas de España, México, Argentina, Cuba y Estados Unidos de Norteamérica. Es asesora de la Fundación Mempo Giardinelli en el área de fomento del libro y la lectura y desde hace 23 años participa con mucho ánimo en la elaboración de la Feria del Libro de Córdoba. Este aspecto de su compromiso social y humano no la ha alejado del arte literario. Como escritora, ha abordado distintos géneros de la literatura infanto-juvenil, la novela, el ensayo y textos pedagógicos para niños, así como para los docentes, a través de la elaboración de diseños y desarrollos curriculares de literatura para nivel inicial y terciario, a nivel provincial y nacional. Posee, además, 25 obras publicadas. Ha recibido 16 distinciones, 5 en reconocimiento a su producción pedagógica y 11 a su obra literaria, entre ellas de funda lectura y amnistía internacional. Algunas de sus obras han sido traducidas al inglés y al italiano y son textos de lectura y análisis en universidades de Argentina, Brasil y Canadá. Sus libros más difundidos son El libro de las respuestas a viondas, De boca en boca, Sanfarrancho y otros cuentos, Nunca es tarde, Caracoleando, Hada desencantada, Buscapríncipe encantador, Gigante y las novelas para jóvenes, Los sapos de la memoria, Si tu signo no es cáncer, que ya figura entre los favoritos IBI México 2008 y el jamón del sanguche. Hoy en este Seminar Internacional Leer Literatura, un momento para el encuentro entre el niño y el adulto, nos hablará de la literatura y la educación de la sensibilidad. Les quiero pedir, por favor, que al terminar la presentación de Graciela, nos hagan el favor de pasarnos sus preguntas o comentarios por escrito. A los lados estarán dos personas con las tarjetas para que ustedes puedan escribirlas y nos las van a hacer llegar. Las dejo con Graciela Violet. Gracias. Bueno, muchas gracias. Como ven en la portada, puse literatura infantil y juvenil, educación de la sensibilidad y no pude evitar poner que voy a hablar sobre cartas de resistencia. Quiero agradecer fundamentalmente a Conaculta por esta invitación, a Laura Emilia Pacheco, que anda allá, a Filipe, a mi querida amiga Rebeca Cerda, a Laura Guerrero que me acompaña, a mi editora del Grupo Editorial Norma acá en México, Lorenza Estandía, También a Laura Niembro, de la Feria del Libro de Guadalajara, a Patty Rodríguez, de Chilpancingo, a Rosa Zavala, del Plan Nacional de Lectura de Acapulco. ¿Y por qué a todas ellas? Porque creen que puedo tratar de traer mi granito de arena y mi maleta de lecturas desde el fin del mundo donde vivo a esta maravillosa tierra mexicana, la que me tendrá dando la lata en este precioso país por un mes completo. Como nos enseñó cantando la chilena, la querida Violeta Parra, gracias a la vida que me ha dado tanto, me ha dado el sonido y el abecedario, con él las palabras que pienso y declaro, madre, amigo, hermano, y luz alumbrando la ruta del alma del que estoy amando. Y para empezar, voy a empezar con dos cartas de resistencia, porque para mí leer es leer. Dos cartas en dos tonos. Señor PPL Smith, usted nunca contesta mis preguntas. Usted nunca muestra el menor interés en nada de lo que hago. Es probablemente el más horrendo de todos esos directores. Y si me hace estudiar, no es porque le importe un comino de mí, sino por algún sentido del deber. No sé nada en absoluto respecto a usted, ni siquiera su nombre. Resulta muy poco estimulante escribirle a una cosa. No me cabe la menor duda de que arroja usted mis cartas al canasto sin leerlas. De aquí en adelante le escribiré solo respecto a mis estudios. La semana pasada volví a rendir examen de latín y geometría. Pasé muy bien en ambas materias. Les saludo atentamente, Jesúsa Abot. Querido papayito, piernas largas Buenos días de nuevo No ensobré esta carta ayer antes de que pasara el cartero De modo que te agregaré algo más Hay un reparto de correspondencia por día Y llega a las 12 Qué bendición para los granjeros Es el correo rural Nuestro cartero no solo entrega las cartas Sino también nos hace los mandados en el pueblo a razón de 5 centavos cada uno. Ayer me trajo cordones para los zapatos, un pote de cold cream. Después el sol me quemó la nariz antes de que me comprara el sombrero nuevo. Una corbata azul Windsor y un frasco de betún negro. Todo ello por 10 centavos. Me hizo un buen precio debido a la amplitud del pedido. También nos cuenta lo que está sucediendo en el gran mundo. Son varios los granjeros de la ruta que reciben los diarios. y él los lee mientras va a entregarlos y después transmite las noticias a los que están suscritos. Así pues, en caso de que estalle una guerra entre los Estados Unidos y Japón o si asesinan al presidente o si el señor Rockefeller le deja un millón de dólares al hogar John Gray, no necesitas molestarte en escribir, pues me enteraré de todos modos. Siempre tuya, Judy. He querido comenzar con la lectura de este, uno de los libros favoritos de mi adolescencia, porque la literatura y este tipo de relatos de la infancia acompañaron mis quinceañeros y convulsionados pasos lectores, desentendidos de críticas a favor y en contra del género. ¿Hay una literatura infantil y juvenil? Permítanme aclarar que durante mi exposición, en la que me posicionaré en mi doble rol de escritora y el de educadora, aludiré a la literatura infantil y o juvenil indistintamente, recurriendo a la definición española de considerar como literatura para la infancia aquella destinada a humanos recién nacidos y hasta los 16-18 años. Debe considerarse una literatura infantil. Si los chicos aprendieran a conocer con el código de la lectoescritura el camino de ser lectores, ¿por qué no leer directamente la literatura universal, los clásicos, los contemporáneos, lo que quieran, si al fin la libertad es libre y la sensibilidad de cada uno es lo único que cuenta? ¿La literatura infantil es solo un pretexto de comercialización editorial? Una frase encabezaría para mí cualquier copete para desandar argumentaciones. La aprendí de mi maestra, Malicha Leguizamón, pionera del estudio de la literatura infantil y juvenil en la Argentina. Ella repetía una y otra vez que la literatura infantil es literatura, es arte. Punto. Y en tal caso solo existe buena y mala literatura. debe ser reconocida por sus valores estéticos pero eso no inhibe ni subestima a mi juicio que sea calificada con el adjetivo infantil lejos de minimizarla la define de hecho la buena literatura infantil es aquella que cualquier lector de cualquier edad lee y disfruta y es como querer desmerecer las categorías definidas como por ejemplo literatura medieval o rusa o literatura realista o fantástica solo porque las precede un adjetivo calificativo cuya función es precisamente esa, atribuirle una cualidad más, una especificidad que la enriquece. Repito lo aprendido de mi maestra, y es que a todas las calificaciones literarias le cabe la adjetivación rotunda y definitoria, mala o buena literatura, sea infantil, rusa, española, fantástica o la que fuese. ¿Qué está pasando que hablar de infancia pareciera volver a ser un tema en cuestión? ¿Es que las infancias están llamadas a otras funciones? La literatura es arte, repite también Jean Delet. Y como tal, metamorfosea las necesidades originales en finalidades originales. Repito, necesidades originales en finalidades originales. Y ahí me parece que radica el punto en cuestión, las necesidades del lector, las originales y particulares representaciones culturales, volitivas, evolutivas del joven lector. Los humanos nos sumamos al concierto de la vida, integrándonos a un medio natural y social contorneado por una cultura en particular. Esa cultura nos define, nos programa lingüística y emocionalmente, nos reúne alrededor del fuego, nos instala en la temperatura térmica del iglú, nos cuelga en la maca del espacio que nos toca, ya sea entre lianas selváticas o palmeras desérticas, aquí o allá, Guanajuato o la Patagonia. Ese aquí o allá nos define, nos produce en una empresa que siempre es social, como dirán los antropólogos culturales Berger y Luckmann. Sin embargo, nuestra propia biología interviene con su punzante reloj y también nos modela. A medida que nos producimos en el entorno, también lo alteramos. Ocupamos más espacio, crecemos en tamaño y demandas, Disputamos un lugar en el grupo, modificándolo no solo físicamente, sino en el funcionamiento de sus relaciones. Y si no fuese así, no hubiésemos evolucionado. O sea, nacer, ser niño, ser adolescente, joven, adulto, viejo y morir es un proceso que no se transita solamente en el tiempo. Es la vida misma transcurriendo y haciendo vida. Cito al educador brasileño Paulo Freire. El mundo no es, el mundo está siendo. Todos estos momentos se dan en relaciones de comunicación que implican la incorporación de las personas, ya sea en estado de infancia, de juventud o adultez, a su medio natural y sociocultural que van marcando y pautando sus modos de construcción de la realidad, tanto la de la vida cotidiana como la del imaginario. Mientras los niños están tratando de entender ese mundo, podríamos decir que los adolescentes quieren demolerlo, quieren cambiarlo, protestan, necesitan confrontarlo para empujar la rueda de la vida y gritar, acá estamos, el mundo es nuestro, mi vida es mía y los mayores no entienden nada. Si podemos reconocer este andar creciendo, No veo por qué no se puede entender que si bien el arte es arte y la literatura como tal es literatura, no puede haber formatos para los distintos momentos de la vida. Sería como tratar de argumentar que como literatura hay una sola, todos los lectores son iguales, sus representaciones unívocas, y entonces tendrán razón los anticuados profesores de literatura al preguntar qué quiso decir el autor y tener la única respuesta válida. Pero ya sabemos, porque hay infinidad de ensayos e investigaciones que lo han demostrado, que los textos siempre son incompletos. Y es precisamente el lector desde sus pautas de representaciones culturales quienes realmente lo completan y dan sentido. Como justificó en su ya famoso plagio El cartero de Neruda, la literatura, ¿qué dice ahí? No es de quien la escribe, ¿de quién es? ¿eh? ¿de quién la necesita? la literatura no es de quien la escribe sino de quien la necesita, decía bueno, en realidad es de los dos o mejor dicho de los tres el escritor, el lector y hasta el propio texto así como el cartero de Judy Abbott el de papayito piernas largas que socializa la lectura y acerca los relatos entre quienes los mandan y quienes los reciben suscribiéndolos al contenido aunque no paguen el periódico, y es que ya se sabe que los carteros son cosas serias. Educar la sensibilidad implica negociar con las necesidades del otro, humanizar las relaciones corrompidas por la cultura individualista imperante desde los modelos de globalización neoliberales. Ponerse en el lugar del otro, no considerarlo de antemano un enemigo, un rival, una amenaza. Es necesario desarrollar procesos de empatía, como se la define en el diccionario, como un sentimiento de participación afectiva de una persona en la realidad que afecta a otra. La empatía consiste en ser capaz de ponerse en la situación de los demás, que nos importe lo que les sucede, nos conmueva, nos llene de necesidad de actuar, de solidarizarnos, de sentir, sufrir y gozar con los demás nuestras vidas en un colectivo de gente que coopera y comparte sus oportunidades. Como los hipopótamos y los pájaros, esos que comen los parásitos de su piel, beneficiándose mutuamente. Importan dos maneras de concebir el mundo. Una, salvarse solo, arrojar ciegamente los demás de la balsa y la otra. Un destino de salvarse con todos. Comprometer la vida hasta el último náufrago. La literatura está llena de empatías entre los personajes. Cito a Graciela Cabal. Que la solución es social y política, pero ya lo sabemos. Pero también sabemos, porque nos lo contaron nuestras abuelas cuando éramos chicos, y las abuelas nunca mienten, que los mosquitos son capaces de ganarle a los leones. Que los conejos se burlan de los lobos, que los pobres campesinos engatusan a los gigantes y que los tontos retontos nos guiñen el ojo mientras se quedan con la más hermosa de las princesas. Cuando revisamos la historia de la escuela y de la pedagogía, deducimos que el propósito de la educación siempre estuvo puesto en... de saberes que, por un lado, recuperaron contenidos de conocimiento ya elaborado en el contexto social que los producía y sistematizaba, y por el otro, legar a futuro ese bagaje de experiencias en el afán de mejorar las condiciones de vida de su descendencia. Trascender, darle a los demás lo mejor que se tiene, su patrimonio lingüístico, cultural, usos, objetos y costumbres, sus ideas, sus pensamientos, sus sentimientos, sus modos de pensar y hacer del mundo un mejor espacio para vivir. Como dijo Freire, educar es un acto de comunicación, de amor, por tanto, de valor. Y es precisamente esa tendencia natural del hombre a percibir, producir y valorar emociones, sentimientos, ansias de trascender desde la esencia de su propia humanidad, lo que lo distingue de los demás seres vivos. Por ende, impuso en la génesis del proyecto educativo inicial su impronta de educación de la sensibilidad. La posibilidad de entender y sentir ciertas vivencias y expresiones como el arte, como reír, soñar y conmovernos, ha sido un eje en los procesos educativos entendidos como dar y recibir, basados en poner en común saberes y sentires construidos con el otro, el prójimo, el próximo, que nos importa, nos preocupa. Por tanto, ocupa. Ocupa en todos los sentidos del término. Nos ocupa espacios emocionales. Nos ocupa en la tarea de ponernos a hacer y a reflexionar. Nos ocupa también en términos profesionales porque es la razón por la que elaboramos docentes y escritores y demás trabajadores que hemos abrazado esta franja del saber y del hacer en pro de la infancia. La sociedad nos confía este espacio de ocupación no tan solo para justificar un salario, sino para garantizar su propia trascendencia, hecha de dinero y bienes materiales, pero fundamentalmente de sentido común de supervivencia y esencia emocional. ¿Para qué servirán las millonarias cuentas bancarias de algunos cuando ya no estén los bosques y el agua? que se van agotando por el insensible afán de acumular más y más ganancias. Y es que hay que volver a insistir con educar la sensibilidad. Los relatos alrededor de la mesa o el fogón, las historias, la lectura, el cuento de las buenas noches, las canciones, la literatura y el arte, son sin duda el legado imprescindible. Porque la ciencia y lo material pasan, se destruyen, se superan así tecnológicamente. Pero el arte, desde el rupestre al contemporáneo, coexiste en nuestros imaginarios como una colección irrevocable, conectándonos con la humanidad completa. Si no educamos la sensibilidad, como dijo esa señora tan sencilla, se va perdiendo, se extravían las utopías, se desconocen los posibles mundos, el aburrimiento y el tedio anestesian ideales y metas a seguir. Se va perdiendo. Si no educamos la sensibilidad, se va perdiendo. Es importante tener presente que la educación de la sensibilidad se concreta en familia y en la escuela, facilitando estrategias, tiempos y espacios artísticos creativos, y dentro de ellos está la literatura. Los grandes cambios tecnocráticos de la globalización, impuestos a las sociedades actuales, sobre todo a las dependientes como las nuestras, tuvieron su correlato en nuevos modos de educarnos. Las reformas educativas generadas en los 90, a partir de los modelos económicos liberales, cercenaron estos espacios. En mi país, y sé que en casi todos los de la región, en los institutos de formación docente, la literatura infantil y juvenil dejó de ser una disciplina con cargo horario y contenidos propios. Solo se enseñaba el IJ como un tema más dentro del espacio curricular de lengua en un año del profesorado. En el nivel secundario desaparecieron las horas específicas de clase para la literatura, las cuales se mixturaron también con las de la enseñanza de la lengua, ortografía, usos del discurso, sintaxis, etc. Lo mismo sucedió en la primaria excepto en las escuelas de prolongación de jornada. ¿Es casual este recorte? No. Si tiene cuatro patas y ladra, es perro, dicen en mi tierra. Este recorte formó parte del proyecto político del individualismo a ultranza. Y es que el arte literario sensibiliza, genera y potencia ideas creativas. En definitiva, es peligroso para el sistema descarnado del sálvese quien pueda. Y no contribuye a que las leyes del mercado y el consumo se apoderen de las voluntades de nuestros niños. Les hace perder el tiempo que mejor estaría usado en el shopping, caramba. Le llenan la cabeza de ideas a lo cada uno vaya a ser, que se les ocurran nuevas maneras de humanizarse, de humanizarnos y se pierdan los consumidores. Esto no quiere decir que los profesores hayamos abandonado la causa, no. Pero la regulación dispositiva que establece cargo horario y contenidos propios para la práctica literaria aún está desdibujada. Y si no nos ocupamos ahora mismo de reposicionarlo, se irá perdiendo a la par de la sensibilidad. La familia, padres, tustores, han debido modificar sus modos relacionales con sus niños debido a las nuevas maneras de trabajo, muchas horas fuera de casa, inestabilidad laboral. Sin embargo, como nos dice Mempo Giardinelli, solo se necesitan dos a cinco minutos diarios. Uno le lee al otro como quien da de comer al que tiene hambre, no como una dádiva, sino como un acto de fraternidad, de compartir, de compartir lo mejor que se tiene. La lectura en voz alta es el mejor camino para crear lectores simplemente compartiendo las palabras que nos vinculan. Compartir la lectura es compartir el lenguaje placenteramente, afirmándolo como un vehículo de entendimiento, fantasía y civilidad. Fin de la cita. Leer literatura a nuestros niños es un acto solidario, cívico e imprescindible para poner en juego el desarrollo de la sensibilidad. Cuando leemos con ellos, para ellos, esa oreja que lee, esa mirada que sigue el texto, esa voz autónoma del que ya le pone sonido a la escritura, estamos educando su y nuestra sensibilidad. Cuando leemos literatura e invertimos unos minutos de nuestro desgastado tiempo de padres o de maestros, siempre escaso y desbordante de temas a enseñar. Para narrarles una historia o una poesía a los chicos, no estamos perdiendo el tiempo. Estamos prestándoles nuestras desplumadas alas para que ellos la carguen de fantasías y se echen a volar dibujándose y dibujándonos nuevos celestes donde, como dice Bertolt Brecht, quebrantar lo inveterado. Y hace falta tan poco para hacerlo. Miren por favor, solo con una hoja de papel. Amo las cosas loca, locamente. Me gustan las tenazas, las tijeras. Adoro las tazas, las argollas, las soperas, sin hablar, por supuesto, del sombrero. Amo todas las cosas, no sólo las supremas, sino las infinitamente chicas, el dedal, las espuelas, los platos, los floreros. ¡Ay, alma mía! Hermoso es el planeta lleno de pipas por la mano conducidas en el humo, de llaves, de saleros, en fin, todo lo que se hizo por la mano del hombre. Toda cosa. Las curvas del zapato, el tejido, el nuevo nacimiento del oro sin la sangre, los anteojos, los clavos, las escobas, los relojes, las brújulas, las monedas, la suave suavidad de las sillas. Hay cuantas cosas puras ha construido el hombre, de lana, de madera, de cristal, de cordeles, mesas maravillosas, navíos, escaleras. Amo todas las cosas, no porque sean ardientes o fragantes, sino porque no sé, porque este océano es el tuyo, es el mío. Los botones, las ruedas, los pequeños tesoros olvidados, los abanicos en cuyos plumajes desvaneció el amor sus azares. Las copas, los cuchillos, las tijeras. Todo tiene en el mango, en el contorno, la huella de unos dedos, de una remota mano perdida. En lo más olvidado del olvido. Yo voy por casas, calles, ascensores, tocando cosas, divisando objetos que en secreto ambiciono. Uno porque repica, otro porque es tan suave como la suavidad de una cadera, otro por su color de agua profunda, otro por su espesor de terciopelo. Oh río irrevocable de las cosas, no se dirá que sólo amé los peces o las plantas de selva y de pradera. Que no sólo amé lo que salta, sube, sobrevive, suspira, no es verdad. Muchas cosas me lo dijeron todo. No sólo me tocaron o las tocó mi mano, sino que acompañaron de tal modo mi existencia que conmigo existieron y fueron para mí tan existentes que vivieron conmigo media vida y morirán conmigo media muerte. Dentro del mundo de la literatura, al menos en Argentina, la literatura infantil y juvenil no es muy tenida en cuenta en los cánones de las universidades, ni por la crítica, salvo en honrosas excepciones, y aún esas excepciones se ven siempre menoscabadas por magros presupuestos o por descalificaciones arteras. Y soy testigo fehaciente de ello. No puedo evitar contar esta anécdota. En la Feria del Libro de Buenos Aires, por ayer en 1990, la Fundación El Libro y la Asociación de Literatura Infantil de la Argentina me otorgaron un premio literario en un certamen de cuentos para adolescentes. Muy feliz viaje desde mi ciudad de Córdoba a recibirlo y me acompañó Malicha. Cuando salimos de la ceremonia de entrega de premios, en uno de los de la Feria del Libro de Buenos Aires, vi a unos metros al escritor Adolfo Bioy Casares. Casi me ahogo en un suspiro. Entonces mi maestra y amiga me propuso presentármelo. No me moría y no más, solo porque perdería tamaño oportunidad de decirle, aunque sea mucho gusto, al inventor de Morel. Bioy y Malicha se conocían, claro. Eran viejos discutidores, supe luego. Cuando le di la mano al genial escritor, él me echó una de sus miradas fulminantes, seductoras es que yo era joven en aquella época Malicha me presentó como una autora de literatura infantil y le comentó que acababan de asignarme un premio por un cuento para adolescentes entonces B.O.I. me miró nuevamente guiñando un ojo dijo ah, bueno, quiere decir que la literatura de esta joven va creciendo yo me reía carcajadas como una chiquilla nerviosa frente a su rockero preferido pero ellos se trenzaron en una discusión añeja que aglutinó a una decena de profesionales del libro que andaban por ahí al mejor estilo ateniense del ejercicio de la retórica en torno a la discusión si la lija existía si era un pretexto, subliteratura, un negocio editorial el mismísimo Jorge Luis Borges desistía de considerar la literatura para niños y jóvenes No supo contar Graciela Cabal, que fue su alumna en la universidad. Sin embargo, tradujo El príncipe feliz de Oscar Wilde a los nueve años. Y salió publicado en un diario porteño, El País, en 1910. Cosas de niño. De niño prodigio, dirán algunos. Un jovencito seducido por Wilde, que al decir de un Borges ya adulto, era, cito, un escritor con encanto. Su obra no ha envejecido. Pudo haber sido escrito esta mañana. Fin de cita. Pero ¿cómo? Estamos frente a una contradicción. Ese mismo Borges, ya mayor, casi un prócer de las letras hispanoamericanas, que descreía de la Lig, sintió siendo pequeño la necesidad, hoy recuerdo, la necesidad original de leer y compartir un texto escrito para niños y la convirtió al traducirlo en una finalidad original. O sea que es como decíamos al principio de esta ponencia, el arte literario metamorfosea las necesidades originales en finalidades originales. ¿Y quién define esas necesidades? El lector. En este caso, infanto juvenil. Aquel cuento ganador de ese concurso y aquella enorme discusión era mi primer cuento escrito para jóvenes y mi inicial aproximación al mundo en el que me metía, el de la literatura juvenil como un lugar de resistencias. El premio era la edición y yo no lo cedí, y es que estaba confundida, no me gustaba el trato ninguneador que había percibido, y al final, por suerte, no lo editaron, porque a partir de ese cuento luego escribí la novela Los sapos de la memoria, que trata sobre los hijos de desaparecidos en la atroz dictadura militar de los 70 en mi país, y su repercusión entre los adolescentes me confirmó que ese lugar de resistencia era un buen lugar, un espacio literario para conversar sin vueltas de los temas que los jóvenes quieren y necesitan hablar, donde desnudar tabúes e hipocresías y a todos esos temas los pueden leer en contextos donde las voces actualicen los discursos y en sus entornos comunicativos más próximos y no tan sólo en los clásicos que como son universales, inmortales, imprescindibles también. Me llegó una vez una crítica supuesta que yo tomé como supuestamente descalificadora que decía que en la novela de los sapos de la memoria se percibían guiños ideológicos. Pues claro, si es una novela profundamente ideológica, creada para denunciar la represión y la búsqueda de memoria verde y justicia, ¿y eso es malo? El francés Marc Soragnon, al referirse a los tabúes y clima de encasillamiento que se generan a la hora de tratar temas conflictivos en la ley, critica esto y dice, ¿cómo? Las obras que se ocupan de estos problemas se consideran comprometidas, en cambio las que las ignoran son artísticas. Ah, qué bien. ¿Acaso los que escriben autoayuda no hacen guiños y cabezazos ideológicos? Pues sí, la del individualismo a utranza. Esas obras con buena técnica de escritura, de oficio las llamo yo, esas que cuando acabas el libro no sabes de qué se trató, pero están tan bien escritas, ¿no tienen ideología? Pues sí, la que meta dice, mirenme, qué bien que escribo. Y escribo tan bien que les hago creer que en este cuento hay una historia, porque en realidad lo que importa no es el mensaje ni quién lee, sino yo, yo, yo. Y a estos textos, los círculos legitimadores las consideran artísticas. Ay, ay, ay, con los tabúes. Miren, ya en los 80, Soria, ¿no? Alertaba sobre el tema, otro tema diciendo, cito, los adolescentes miran películas pornográficas que difunden en un canal de televisión y quieren plantear sus preguntas, pero ¿a quién se las van a plantear? Los padres no hablan con sus hijos de amor, sino cuando se trata de SIDA. No toleran su lenguaje pro-cast, pero emplean ese mismo lenguaje cuando están a solas con sus amigos. Los que militaban por la libertad sexual en 1968 se manifestaron tan incapaces como las generaciones anteriores para abordar con libertad los problemas de la sexualidad con sus propios hijos. Entonces, el gran tabú sigue en pie. Fin de cita. Y es que hay temas y textos literarios que no envejecen, como decía Borges, parecen escritos hoy mismo, aunque hayan sido plasmados hace siglos. Pero hay otros temas que tienen que ver con la actualidad y de ellos también debe hablar la literatura para niños y jóvenes. De esos temas precisamente son de los que la literatura juvenil se nutre para poner en piel y en boca de protagonistas con los cuales los jóvenes se sientan identificados y sensibilizados. Una de las características más notorias de la literatura juvenil es precisamente esa, que los personajes viven, piensan, actúan y son jóvenes como los lectores. En realidad, el autor de la literatura juvenil infantil recurre a su yo infantil para darle voz y vida a esos personajes y desde ese territorio contar una historia. Así, autor, texto y joven lector se encuentran, o no, en el espacio de ficción, donde significar y confluir en el impacto de fluición del que habla Humberto Eco y que se produce en el mismísimo acto artístico. Como asegura desde el psicoanálisis François D'Aulthot, cada artista, cito, es mediador de expresiones prohibidas o reprimidas, sea cual fuere el sector del lenguaje en que ejerza su arte. en el que su imaginación creadora libere lo reprimido que no pudo expresarse a su tiempo, permite también a lo vivido actual, y no ya solo a lo vivido hace mucho tiempo, expresarse de un modo distinto que se lo hiciera con el simple lenguaje interpersonal corriente. Fin de cita. Me pregunto, descalificar la literatura infantil y juvenil, ¿no conlleva de más un trasfondo ideológico de negación, de reconocimiento de los distintos y novedosos ideales de personas que transitan una etapa particular en la vida? Los niños no son nuestro yo renaciendo. Son, como ya dijo Khalil Gibran hace tanto, hijos e hijas de la vida. Los adolescentes no son proyectos de humanos adultos que hay que soportar hasta que crezcan para ver si finalmente servirán para algo. Mi amiga Graciela Cabal decía que si uno era capaz de no asesinar a su hijo o hija adolescente cuando regresaba a casa, por ejemplo, con un tatuaje impúdico en un lugar aún más impúdico, Dios en recompensa el tiempo te podía regalar un nieto. Los niños y adolescentes tampoco son un contenedor de mandatos a plazo fijo. Son personas en estado de niñez, pubertad, de juventud, que gloriosamente desafían la autoridad de los mayores porque de ellos es el reino del futuro. Tienen derecho a productos culturales específicos, músico, teatro, plástica y literatura juveniles. Y al referirlo como infanto-juveniles, lejos de acotar o deduz o reducir a la literatura, se la está adjetivando, calificando, destacando su propiedad de bien cultural dedicado artísticamente a los chicos. Es precisamente cuando más oportunidades tengan los niños de reflexionar acerca de lo que los aqueja, les duele, los convulsiona, les emociona, cuanto más probabilidades dispondrán de tomar las mejores decisiones. Y es que eso es lo que provee el arte al pensamiento y a la sensibilidad. Me gusta fantasear pensando, ¿qué hubiera sucedido si Leonardo da Vinci no hubiera fantaseado sobre la posibilidad de la existencia de una máquina de volar por allá en el siglo XV? A ver, volarte llevaba la hoguera, solo los ángeles volaban en esa época. Era un hombre que transitaba del arte a la matemática, a la utopía y hasta la literatura. Y era capaz de escribir más y más cartas de resistencia burlándose de su entorno o remedando su entorno. Como por ejemplo estas cartas sobre las conductas indecorosas en la mesa de mi señor. Existen conductas indecorosas para un invitado a la mesa de mi señor. Debe evitar, debe evitarlas. Basé este catálogo en las observaciones que realicé durante este último año sobre aquellos que se sentaron en la mesa de mi señor. Ningún invitado deberá sentarse sobre la mesa, ni a de espaldas a ella, ni en la falda de ningún otro invitado. No deberá colocar su pierna sobre la mesa, tampoco deberá sentarse debajo de la mesa. No deberá colocar su cabeza en el plato para comer, no deberá tomar comida del plato de su vecino, por lo menos sin antes pedirle permiso. no deberá colocar trozos a medio masticar de su propia comida en el plato de su vecino al menos si no le ha pedido permiso no deberá limpiar el cuchillo en la ropa de su vecino no deberá hacer ruidos con la nariz ni dar codazos y no deberá conspirar en la mesa, claro, al menos que lo haga con mi señor Da Vinci fue un niño que tuvo las posibilidades de manejarse con todas estas posibilidades que da el arte y que lo llevaron a pensar y hacer uno de los grandes aportes de nuestra cultura. Diversidad, lateralidad, desafío, combustión de ideas. Por eso, resistencia es para mí una carta ganadora a la hora de definir la ley. Ruptura de tabúes, vocabularios coloquiales y directos, escenarios propios de la infancia, secretos, la vida de otros parecido a la mía, la propia en la de los demás, historias contadas desde el humor, la rabia, la rebeldía, la búsqueda de justicia, la aventura, el amor, lo oculto, las sombras. Tal vez a esto debemos atribuir los éxitos editoriales y en lectores de las sagas de niños y jóvenes magos o de ultratumba, pero también la de las literaturas realistas de autores como el catalán Jordi Cierrifraga, Por ejemplo, Un hombre con un tenedor en un mar de sopa, que habla sobre la búsqueda del éxito a cualquier precio. O de Antonio Santana, en Ojos de Parro Siberiano, hablando del SIDA. O literatura fantástica como Poderosa, de Sergio Klein, el brasileño. O novelas de corte histórico como El Espejo Africano, de Liliana Bodoc. O de reparaciones a la violencia cotidiana, como la maravillosa novela para niños. Había una vez un niño llamado Perico del mexicano, Antonio Malpica. Entre tantos otros temas y autores, siempre estas menciones refieren a canones personales inacabados. Por eso, permítanme mostrarles que existen otras guías. Aquí tienen ustedes las guías de recomendados de IBI a leer México. Y en breve en mi país saldrá una guía producida por el Plan Nacional de Lectura conjuntamente con Alija, IBI de Argentina, con 300 títulos que estará colgada en nuestra web. A nadie escapa en el mundo, ¿salen los dibujos? A nadie escapa en nuestro circuito de profesionales del libro infantil, juvenil, hablo de escritores, editores, ilustradores, promotores, bibliotecarios, que este espacio está poblado de numerosos nuevos miembros, porque a pesar de las descalificaciones en los ámbitos legitimadores, los libros para niños son un buen negocio. Como dice Daniel Libby, inquisito, voy a contarles el final del cuento al principio, los reyes magos no son los padres. Esta conclusión decepcionante para quienes siempre habíamos pensado que eran los padres quienes debían ser tentados a comprar buenos libros para sus hijos e instarles a su lectura con el ejemplo, es una novedad en los tiempos que corren, al menos en nuestro continente. Los principales compradores de libros para niños y jóvenes en los países latinoamericanos son los respectivos gobiernos nacionales, con fondos propios y con los asignados por diversas instituciones internacionales y algunas ONG dedicadas al tema. Fin de cita. Esto hace que el mundo de la LIJ, hoy por hoy, que en este mundo merodeen buenos artistas, editores, ilustradores y también autores, ególatras o arribistas que escriben de todo y cualquier tipo de textos, declamando cosas como que un buen escritor debería ser capaz de escribir cualquier género. Hasta libros de cocina, me pregunto, un todoterreno lo llamo. El territorio de la LIF está sobreabastecido, opinan algunos. Abundan copiosos catálogos de textos didactistas, de escrituras para chicos maniatados, ñoños, dentro del corral como los define Graciela Montes. Buena y mala literatura. ¿Quién me presta el verdadómetro de Mafalda para medirla, para pesarla? He escuchado justificaciones de autores que consolidan su escritura sobre la funcionalidad. Ah, es lo que quieren leer los chicos. Hasta aquellos que se rasgan las vestiduras de ser escritorios de culto dentro del género y pagar por ello un precio de exclusión. Y luego, ¿saben? Salen corriendo, corriendo a vender su alma a representantes y agentes de marketing para calificar a premios y olas de publicidades que van a gloria en sus egos y sus bolsillos a veces. Y digo a veces porque los lectores no son bogos. Los niños y jóvenes quizás leen por obligación escolar o prescriptiva un texto para olvidarlo rápidamente. A todos nos ha pasado, incluso de adultos. Pero leer por gusto, por recomendación entre pares, por el boca a boca, agotar tiradas en la librería, lecturas de los libros que no descansan en las estanterías de las bibliotecas, eso solo se logra con buena literatura y no con agencias de publicidad. La Biblia y el calefón, como dice el tango cambalache. Igual que en la vidriera irrespetuosa de los cambalaches, se ha mezclado la vida, y herida por un sable sin remache, ves llorar la Biblia junto a un calefón. Entonces, desde mi sencillo lugar de pensadora, pensadera también, me atrevo en voz alta a preguntarme, ¿cuál es el campo de intervención de la LIG? ¿Son los textos y libros como objetos de artes en sí mismos o son los textos dedicados a un sector poblacional puntual como es el de los niños y jóvenes? Quiero compartir con ustedes esta reflexión de la académica argentina Lidia Blanco. Cito, la identidad de los lectores en formación se construye justamente con lo que se ha leído, pero también con la ausencia de aquellos libros que no se leyeron. Ciertas lecturas contribuyen a fortalecer la proyección hacia un futuro que produzca verdaderos cambios en la calidad de vida de todos los miembros de esa sociedad. La ignorancia y la ceguera ante el drama de la sociedad actual generan obras fragmentarias, mutiladas de sentido humano. Me temo que esas no lecturas de temas sensibles, emotivos, conflictivos, políticos, de crítica social, no solo propicien la legitimación de textos más llevaderos o comerciales, sino que excluyan de la reflexión ideas superadoras e incluso otras más originales de las que conocemos e imaginamos y que pueden cambiar el curso del mundo imaginario, que como ya se sabe, la realidad siempre supera la ficción, tal como lo hizo en su momento Mark Twain con El Príncipe y el Méndigo y Charles Dickens con David Copperfield, revelando las crueldades a las que eran sometidos los jóvenes de la época. Educar la sensibilidad artística y social es un compromiso inalienable, una urgencia. Porque si una persona no conoce y no puede expresar lo que piensa, sienta, valora, necesita o desea, ya sea porque no ha aprendido o no tiene espacios para hacerlo, sencillamente no es feliz, no es libre. Está reprimido, está mañatado. Es como tratar de contener leche hirviendo dentro de un jarro sobre una hornalla. Tarde o temprano rebasará, perderá su esencia humana, se neutralizará como operador de cambios, se extinguirá su poder transformador y nutricio. La educación sensible recupera el concepto de la libre expresión como un accionar innato al hombre. Por eso da tanta faena educar a un niño pequeño, porque encuadrarlo dentro de las pautas tipificadas en el entorno cultural próximo obliga a canalizar su libertad en el marco de las libertades de los otros miembros del grupo, de sus relaciones con el mundo natural, e impone a los adultos responsables a la prevención de riesgos y peligros que pueden dañarlo. Gran tema luego para los psicólogos, claro. Por eso, hay que educar la sensibilidad de los niños para que puedan expresarse y también compartir con los demás los sentimientos y saberes de manera fluida, amorosa y no autista o solamente tecnológica, de modo que las necesarias regulaciones sean entendidas como espacios solidarios y no como represivos. Las emociones se expresan de manera instintiva, casi primitivamente, y cuando ellas están cercenadas, la persona se torna ausente, desdichada, agresiva, abúlica, insensible y hasta llega a enfermarse física, mental y socialmente. El arte es una práctica liberadora que facilita a los seres humanos sus posibilidades comunicativas. A través de la literatura los niños canalizan su libertad de expresar, de sublimar, como también lo ha reflejado Bruno Bettajain en su ya clásico psicoanálisis de los cuentos de hadas. Ayuda a ponerse en contacto con los propios sentimientos y sacar a la luz elementos de la personalidad que son molestos y también los maravillosamente únicos. La orquesta politemática de la literatura abre los ojos, la mente, un abanico inagotable de modos de representar la vida. La lectura literaria permite crear y recrear mundos imaginarios porque la letra se dibuja en nuestros pensamientos con colores y formas propias. Leer literatura nos acerca a mundos posibles solo en nuestro imaginario. Porque seguramente, y digan lo que digan los súper críticos y los especialísimos en literatura que saben siempre lo que quiso decir el autor, ni la Alicia del País de las Maravillas, ni el Conejo, ni la Reina de Corazones que quería jugar a ser feliz, ¿se acuerdan que se le había olvidado? No tienen la misma voz, no tuvieron la misma voz ni los mismos gestos ni las mismas intenciones en los innumerables lectores que hemos recorrido con ellas nuestras propias aventuras. La lectura literaria nos permite reencontrarnos con lo no dicho para afuera, con lo que jamás de los jamases nadie sentirá como nosotros, nos permite ser únicos, originales y exclusivos en un mundo que obstinadamente nos quiere masificar. La literatura moviliza esquemas representativos, colabora positivamente en el buen desarrollo de las inteligencias emocionales, no solo en las destrezas de la lectoescritura. Cuando un adulto lee con los niños, el mismo gesto de entrega moviliza prácticas reales de interés, de amor y de solidaridad. Acuérdense siempre que lo que nos dijo François Adolto, que los niños aprenden más de lo que hacemos que de lo que decimos. Educar la sensibilidad brinda la posibilidad real de propiciar autoestima y otorga a los niños la posibilidad de autovalorarse. El médico músico y terapeuta guatemalteco Felipe de Jesús Ortega dice, cito, solo por el hecho de existir los seres humanos somos valiosos y la sensibilidad que provee el arte influye en la percepción de sí mismo y de los otros porque se trata de una expresión del alma, fin de cita al leer entran en diálogo el texto, el autor, los personajes, la ilustración, el formato generándose en ese espacio de encuentro una energía interpretativa muy potente que le permite al niño proyectar su propia energía su legítimo potencial, ocupar su tiempo en el pensamiento, su tiempo libre en libertad. Desglosando estas propiedades de la educación de la sensibilidad a través de la literatura, se hallan maneras y estrategias inagotables. En Jalapa, la biblioteca Bunco Papalote ha hallado un sinfín de estrategias para la promoción de la lectura literaria desde la sociedad civil. Miles de libritos con cientos de cajitas llenas de sorprendentes juegos y propuestas. para que los chicos lean. En mi ciudad, señoras de buena voluntad que van a los hospitales más humildes a enseñarles a las madres en las salas de espera a leer cuentos a sus hijos. Jóvenes solidarios en barrios de mucha vulnerabilidad en Rosario, Argentina, se sientan en las plazas a leer en voz alta letras de canciones y textos juveniles y donan esa energía potente a otros que de a poco se suman y replican. Para la escuela tengo un párrafo especial. Es imperiosa la creación de aulas literarias, repletas de libros, porque los textos apetecibles, miren, tienen un puente sólido, y perdonen, no quiero ofender a nadie, a prueba de cualquier intermediario molesto. Aulas literarias despojadas de tareas posteriores de gramática, de ciencia o de lo que sea. Lecturas gratuitas, sin trampas, donde ponerse a leer por leer y favorecer el libre ejercicio de la lección. La manipulación de libros. Para ellos gastan un espacio, el aula. Un tiempo, 5 a 10 minutos diarios para que los chicos se contacten con los textos. Y una relación que previa entre 3 y 4 libros por estudiantes en la sala. Muy importante. Dos cuadernos visiblemente expuestos. Uno de quejas y otro de sugerencias. para quien quiera exprese su opinión acerca de si los libros les gustaron o no, qué teméticas preferiría, qué les molesta, opiniones libres, sus voces a pleno y también insumos para que el docente o acompañante o promotor de lectura pueda realimentar la reformulación de su propuesta. Supe por una colega de Chilpancinga que genera un espacio de lectura en radio, Paty Rodríguez Reyes, que el término acompañante de lectura fue debatido, por lo menos allá en el estado de Guerrero. Quiero decir que a mí me pareció acertada esa definición, porque eso de definirlo mediador a mí como que me suena como algo del más allá. O promotor que se refiere más a lo comercial con lo educativo. Creo que el término acompañante seguramente ha sido recuperado de las teorías sociolingüísticas de Vygotsky. Por ser un aprendizaje cultural, la lectura requiere de colaboración de un compañero más experto que ayude al aprendiz a transitar desde su personal mirada y su conocimiento nuevos horizontes contextuales. Ese compañero más experto, llegar a serlo, es el desafío de un docente comprometido y sensible. También de los padres interesados en educar hijos sensibles. En educación, como en la mayoría de las ciencias sociales, aparecen constantemente terminologías que, por modo novedad, tienden a instalarse, aunque se desconozca del todo su génesis, su procedencia. Creo que por eso, tan indistintamente, en los últimos tiempos, se utilizan palabras como sinónimos, que en realidad expresan conceptos distintos y, a veces, hasta antagónicos a la hora de referirse a temas de lectura literaria. Les he traído aquí un cuadro que quiero analizar muy rápidamente. Fíjense que en mi país y eso que hemos trabajado duramente y arduamente y realmente valoro, formo parte de la producción de estos materiales, de muchos de estos materiales. Pero eso no me impide hacer una mirada crítica con ustedes. La palabra lectura en los dispositivos curriculares para el nivel inicial, en todo el dispositivo curricular aparece cuatro veces. En la primaria ya es como que nos asustamos un poco, los chicos no leen 22 veces. Ahora todas, el 90% solo en el área de lengua. Pero cuando llegamos al secundario es como si nos hubiera agarrado un ataque y aparece 59 veces en lengua y una vez en ciencia social. Fuera de esto, además, en los materiales de desarrollo curricular, o sea, el que explica el programa de estudio, cómo enseñar, en los cuadernos del aula, fíjense que también se refiere a la lectura de distintas maneras. En algunos grados, como en el nivel inicial, se habla de hábito lector, perdón, como en el nivel primer grado y en el segundo grado. En el nivel inicial, como un saber. En otros, como un comportamiento, como una competencia lectora, como formación de lectores. A veces el estudiante es un oyente lector, a veces un constructor de sentido. ¿Qué es lo que se llama? el miedo y nos inmovilice el eslogan de si total no podremos alcanzar más nada. ¿Es esto una carrera o es un insumo para justificar la existencia de ciertos organismos que casualmente, oh, de nuevo el perro, casualmente no se dedican a la gestión educativa sino a la financiera? ¿Es lo mismo medir competencias que ocuparnos de educar la sensibilidad, la cooperación, la solidaridad, la lectura, como un acto de entrega y creación. Competencia etimológicamente implica saber qué hacer, según alguna pauta preexistente, para medir, no para intercambiar, para medir cuál en una carrera de supervivencia, quién lo hace mejor, quién lo hace primero, quién lo hace con más experticia. Saber hacer y tener habilidades son prácticas aplicables en tal caso para la producción y el empleo, también para algunas estrategias interrelacionales, sociales, como proclaman las nuevas escuelas de psicología social. Pero si esas energías no están puestas para la causa humanista, ¿qué quieren que les diga? No nos sirven. Nosotros sabremos qué hacer si intercambiamos saberes, si somos capaces de entendernos como un tejido social y natural, sin fisuras, por donde se caen los más vulnerables. Así como dijo Neruda, porque este océano es el tuyo, es el mío. Solo necesitamos hacernos oír y que nos empeñemos en aplicar saberes para un mundo más justo para todos, con oportunidades para crecer, sin engañarlos con tantas palabras tan difíciles como le pasaba al pobre de Paminondas. ¿Conocen al pobre de Paminondas? Era un chico tan distraído porque le enseñaban tantas cosas, tantas palabras difíciles a la vez. En mi país se le dice abri boca. Epa, Epaminonda, qué chico más abri boca. Cuando a uno le... Espera, abri boca. Cuando a uno le regalan un ramo de flores, uno los trae agarrados por el tallo, los viene trayendo a casa mojaditos en los charcos, en las canillas. ¿Entendiste, Epaminonda? Sí, ma. y al otro día va y la abuela ¿saben lo que le regala? un perrito y le dice, acordate lo que te enseña tu mamá y él se acordó, trajo al perrito agarrado de lo más parecido que encontró el tallo, que fueron las patas y lo vino mojando en todos los charcos que encontró el camino a casa ¡Epe, paminonda! que chico más abrimoca cuando uno le regalan a un perro, uno le va a traer una correa al cojote y lo trae caminando a su lado, ¿entendiste? ¡Paminonda! ¡Paminonda! Y al otro día la abuela le prepara una torta para que la madre lo perdone de una vez. Y no va que cuando va saliendo con el dedo de apuntar le dice y acordate lo que te enseña tu mamá y el pobre chico que se acuerda y que pone la torta en el suelo y la ata con una correo y la trae arrastrando todo el camino a su casa. Y cuando llega la torta es una porquería. Hasta una hojota que una vieja había tirado en la calle se pegó sobre la crema chantilly. El Pepa Minonda, que chico más abriboca, cuando a uno le regalan una torta, uno la trae en la mano. Basta ya. Y al otro día la abuela también se cansó. Y cuando se tenía que ir, le dijo, pues dile a tu madre que le mando un beso y un abrazo. Y cuando sale de nuevo, con el dedo de la punta. ¿Qué te acuerdas lo que te enseña tu mamá? Que para qué se lo habrá dicho, que el chico caminó dos cuadras, una pesadilla. Porque fue pensando cómo se lleva un abrazo y un beso. ¿Y si los meto en una bolsa? ¿Y si los voy mojando los charcos? ¿Y si los enlazo? ¿Y cómo se enlaza un abrazo? Y en esta calamidad de pensamientos llegó. ¿Quién estaba ahí esperando? Su mamá. Que cuando lo vio, solo se reclirió. Ya vio los brazos. Lo abrazó. Y él la abrazó. Y se dieron un beso. Y es que la felicidad es tanto más sencilla de lo que a veces nos quieren decir que es, con tantas palabras raras. Me olvidé de mostrarles a mi Epaminondas. Ahí estaba Epaminondas, ¿lo ven? Es de la tradición afroestadounidense, es un cuento, por supuesto, contado en cordobés. y va por acá para ir cerrando en este mundo del siglo XXI lleno de nuevas tecnologías que lo mejor que ha globalizado es la exclusión monopolizador de comunicaciones que parece mostrar pequeños atijos de corduras cuando crujen las primeras grietas del imperio ese nefasto imperio del dinero que ha llevado al mundo en los últimos años con tecnología de punta a ser ricos cada vez más ricos y pobres por demás pobres y saben que los chicos son los más débiles entre los pobres los que más mueren en las guerras y en las grecas de pandillas los más vulnerables a las drogas y a los excesos los más excluidos de los márgenes del banquete de otros la Liz puede seguir desplazado mirando para otro lado ¿qué haremos? ¿Nuestra sensibilidad? ¿Recogeremos el mantel por los bordes? ¿Tironiaremos con fuerza para arrebatar ese tapete, dejando que todo caiga donde sea y sálvese quien pueda? Yo digo que no. Yo digo que no. Que estamos por elección involucrados con los contornos. Hay que ser políticamente correcto con los niños, no solo con la industria editorial y con los círculos de legitimación cultural. Hay que ser un militante de la vida, sensibles. ¿Podemos bajar la luz para ver esta última peli? Quiero querer honrar la vida. Hay tanta pequeña vanidad en nuestra tonta humanidad. de ser crecida merece la vida y ser quince vertical más allá del mal de las caídas es igual que dar a la verdad y a nuestra propia libertad Eso de durar y transcurrir no nos da derecho a presumir. Porque no es lo mismo que vivir honrar la vida. Cerrar estas modestas reflexiones y ahora con otra carta, esta vez trayendo la voz de Ceci, que representa para mí la voz del adolescente a quien yo creo que la literatura infantil y juvenil le escribe porque le importa su mundo, su mente, su corazón y su sensibilidad. Les leo la primera carta del diario de Ceci, del jamón del sándwich. Querido diario Mañana cumplo 15 años Y ya recibí este diario Hoy empecé como 8 diarios íntimos en mi vida Todos me los regalaron en distintos cumpleaños Y ya sé que al iniciar cada uno prometí completarlo y no cumplí Pero antes era chica para darme cuenta De que es importante tener algo que hacer Cuando una no tiene nada que hacer Y busca ser alguien en la vida qué enredadoso no es eso, pero no importa no pienso borronear los primeros renglones así que mejor comienzo contando mi historia que es tan larga que voy a tener que hacer un resumen digo resumen y me acuerdo que debo estudiar biología me la llevé rendido no soy perfecta, ¿qué le vamos a hacer? por el momento me concentraré en mis quince y ya la verdad es que me encanta la idea de escribir este diario mi libro favorito de chica era Papadito Piernas Largas Yo soñaba con una historia de amor como la de Judy Agot. Devoraba cada carta página por página. Un día mi abuela me interrumpió de metida que es nomás para decir, mmm, medio incestuoso ese libro cuando me vio leyéndolo. No entendí por qué no hablaban de insectos en la novela. Bueno, ¿por dónde empiezo mi propia historia? A ver, ah, sí, sí, me tienen podrida. Sin duda me tienen podrida. Tironiada de acá, tironiada para allá. Al fin y al cabo, yo era hija única y ahora que mis viejos hicieron la suya, aparecen hermanos por todos lados. ¿Qué hice para merecer esto? Nada. Estoy harta de ser el jamón del sándwich. ¿Acaso me consultaron a mí para casarse? ¿O cuando decidieron ser mis padres? ¿O cuando se separaron, eh? No es que me encantara ser hija única, pero eso de que me llenen la familia de desconocidos, tampoco. porque al fin y al cabo los hijos del marido de mi vieja son ilustres desconocidos. Mamá está feliz con la vida Ingalls o Simpson, que lleva ahora junto a Rubén y toda su prole, pues quiso siempre una familia numerosa y como no puedo quedar embarazada, no puede quedar embarazada, por eso me adoptó a mí, pero se ve que no le alcanzó y se casó con la tribu completa. Jimena, 16 años, alias El Ente, una creída de no sé qué. Javier, un desubicado. Este año por quedar bien con mamá aceptó inscribirse en mi club. Menos mal que yo estoy no es el opcionado de bola y femenino que si no lo tenía entrenando en la nuca. Y el tercero, cielo santo, Salvador. Bueno, Salvador, Salvador es chico, pero ¿cómo rompe la paciencia? Un demonio de siete años, no para un instante de hacer maldades, chico. Todavía no encuentro las llaves del cajón de mi escritorio que escondió, vaya uno a saber dónde. Ni pude sacar el maquillaje que desparramó sobre mi cubrecama, ni sus dibujos con marcador sobre mi cortina. En cualquier momento lo empujo desde el balcón, como sin querer, de pasadita. Por suerte, por suerte me dan tres días de descanso por semana cuando se van con su propia madre, que para algo la tendrán. Más los dos que yo paso con mi viejo, cinco días de tregua, sin hermanastros a la vista. Aunque con mi viejo, mi viejo tampoco es el premio mayor de la lotería, no. Adela, su nueva mujer, es una recontrametida. Se hace la mosquita muerta, la angelical, pero yo sé que lo que pretende es hacerme pisar el palito, pedazo de bruja, para echarme luego a la hoguera. Si por lo menos hubiese convertido el departamento de mi viejo en chocolate, pero no. Es vegetariana, anticelulítica y deportista. La vida sana es su lema. Ya no vivimos a pizzas, hamburguesas y papas fritas con papi. Ahora comemos brócoli, zanahoria. La semana pasada compré escondidas unas, creo que acá le dicen chuletas de cerdo, ¿no? O costeletas de cerdo. Y mientras Adela no estaba en casa, las preparé. A la plancha las hice y no abrí ni una ventana. Cuando llegó, casi se muere del asco. ¿Y a mí qué? Llevaba dos días a cereales y legumbres. Y el cuerpo me pedía proteínas, grasa, colesterol. Papá frunció la cara, pero no abrió la boca, que si no, me hubiese obligado a actuarle una escena fatal. Sabe bien lo que le conviene. Bueno, ya conté bastante para empezar. Siempre tuya. Así se despedía Judy. Queda súper, Ceci. ¿Anduvimos bien con la hora o muy mal? Empezamos preguntas. Bueno, Graciela nos ha hablado de las riquezas de la literatura infantil y juvenil en el mundo, que nos permite desarrollar sensibilidades, conciencias e impulsa para recuperar la palabra en solidaridad. También ha cerrado recordándonos que hablamos de crear sensibilidad en los niños, pero también de fomentar la sensibilidad hacia los niños. Y con el texto que nos ha leído, vemos que se trata de también ponernos en su lugar, esto es, desplazarnos hacia el otro para comprenderlo y para acercarnos, como lo hace ella, a sus necesidades, sus deseos, sus sueños, todo aquello que los mueve y que de alguna manera no vemos, no comprendemos porque no nos desplazamos desde nuestro mundo adulto. Bueno, vamos a comenzar con los agradecimientos. Dice Maestra Graciela, gracias por su sensibilidad. Gabriela López. Gracias, Gabriela. La verdad es que cuando Rebeca me invitó a participar y esta era la temática, me sentí tan cómoda. Gracias, Rebeca. Porque yo creo que si no somos sensibles, nada de lo que hacemos nos mueve a cosas que realmente tengan que ver con vincularnos con los demás y con la naturaleza y la sociedad. Fíjate que tocaste un tema que me parece muy importante, que es el temor que tenemos a encontrar ideología en los textos cuando siempre están presentes. Entonces, más bien como que nos estás invitando a hacer una lectura crítica de esos textos y a no negar que existe esa ideología. Y también me pareció muy rico lo que decías de estos temas tabús o de este tratamiento tabú hacia los jóvenes. No sé si quisieras por ahí tejernos un poquito más sobre ello. Todas las palabras tienen ideología. O sea, cuando quise hacer lamentablemente, bueno, les pido disculpas si no se vio muy bien el cuadro, cuando quise hablar sobre el tema de las competencias, yo sé que hay muchos colegas que usan la palabra competencia positivamente. No la usan diciendo voy a hacer una carrera. Lo usan como un saber hacer, como una habilidad. Pero las palabras no son huérfanas como escuchamos hoy en la magistral. Nos vienen despojadas de herencia, tienen herencia. Y la palabra competencia tiene la herencia del significar saber qué hacer en este momento ya, aquí y ahora. Tú quieres mover esto de acá, tienes que tener competencia para saber que esto es una epicella y se mueve de acá a acá. La lectura no hace esto. La lectura nos permite pensar que esta boli, es boli aquí, viroma en Argentina, pluma en otro lado, que puede escribir, que puede servir para recogerme el cabello, que alguien le sacó un ojo en la novela, en una novela de Alan Poe. Bueno, tiene multiplicidad de funciones. No es una competencia. Una competencia limita fieramente la posibilidad de hablar de lo que queremos construir como conocimiento. Yo quiero saber para saber moverme en la libertad que me ha sido asignada por ser ser humano. Tengo derecho al conocimiento y al saber. No para ser competente, para saber hacer lo que otros me dicen que tengo que hacer únicamente. Claro que hay regulaciones y que tengo que aceptar en el marco de mi libertad las libertades de los demás. Pero para eso es el conocimiento el que me brinda los procesos de empatía para saber cómo relacionarme con el otro en el conocimiento de sus derechos y en el conocimiento de sus libertades y oportunidades. Ligado a esto es que nos escriben, dice, ¿cuál sería la respuesta pedagógica al modelo de competencias propio del individualismo que has mencionado? Los saberes y el conocimiento. Hay que hablar de saber, de saberes, de conocimiento, de construcción del conocimiento, de cooperación del conocimiento. La teoría sociolingüística es muy rica la bigosquiana y la fórmula muy, hay muchas versiones ya en el campo de la pedagogía sobre esta teoría, en el cual nos revela cómo un compañero Max Expert. Mira qué distinto es concebir a un maestro como el que sabe cuál es la competencia que tú tienes que tener para saber cuántos metros de profundidad tiene el lago Chad. Y esto me lo entienden cualquiera que ha medido la evaluación PISA. ¿O no? ¿Sí, no? Bueno. ¿Cuántos metros de profundidad y cuán azul es el gráfico para medir dentro de la prueba PISA del año 2006 en Lago Chad de China, a nuestros niños de Oaxaca, digo yo, o preguntarle a los niños de mi escuela rural, de la ruralidad argentina, cuántos azulejos tiene tal baño después de describirlo, y los niños no saben lo que es un, tienen retina, retretes afuera en el campo, no saben lo que es un azulejo. Entonces, quien me mide esas competencias es aquel educador que se puso en el lugar del que sabe. Yo sé que el lago chat tiene esto, yo sé de los azulejos. Y te pregunto a ver así si eres competente para decirme cuántos azulejos hay o cuál es la línea de profundidad. Muy distinto a concebirte como un acompañante, como un compañero más experto. ¿Por qué? Porque tengo más saberes y también más años y más experiencias. como un compañero que voy a ir a ayudarte a transitar, a llegar al río cuando el río esté presente, a buscar el puente para ver si se puede cruzar o es mejor hacer una balsa y que construyamos entre los dos. En la realidad del contexto en el que estamos, es lo que formalmente se conoce como zona de desarrollo más próxima. Y nos preguntan, Gracielita, ¿cómo identificar, porque tú subrayaste mucho esto de una buena literatura, ¿cómo identificar una buena literatura? ¿Es a partir de la sensibilidad personal? ¿Cómo identificamos? Mira, yo creo que, como dice Jean Paul Sartre, todos los textos hallan a su lector. Es cierto. Lo sé porque soy lectora, sencillamente por eso. Sé que los textos me encuentran a mí. y creo que la mejor forma de encontrar buena y reconocer a la mala literatura es leyendo. No hay ninguna posibilidad, no hay ninguna posibilidad de hacerlo por catálogo. Yo le mostré recomendaciones que valoro muchísimo que hace Libby, de hecho algunas las hacemos en el Plan Nacional de Lectura y es maravilloso y con Acult y la CEP y todas las recomendaciones que hay. Pero miren, la única carta ganadora es leer. Si el libro me conmueve a mí y yo lo puedo leer al otro, seguramente voy a ver en el otro ese recorrido. O puede ser que no. O puede ser que no. Y yo tener, digamos, la seguridad de que puedo ofrecer muchos más. Por eso es que hablé de las salas literarias, de las aulas literarias, como lugar donde los chicos se encuentren libremente. Muchas veces los chicos nos acercan textos que nosotros no hemos leído, pero no hay ninguna posibilidad de estar en el métier, de ser un acompañante o mediador o promotor, como quieran llamarle de lectura, sin leer textos. Ayer una editora me decía que con sus promotores, ahora lo que hace son sesiones de lectura. Porque si no leen, no saben qué ofrecerle a los colegas, a los docentes. No pueden regirse por catálogo o por temática. Este libro habla de tal cosa. Este otro habla de tal otra y me puede ir acompañando en el proceso del recorrido escolar porque vamos viendo tal temática en la ciencia o qué sé yo. Los libros conmueven porque conmueven en su esencia. Yo creo que cuando uno más lee es como más reconoce la buena o mala literatura. Mire, otro dicho argentino dice que cuando uno come, ¿acá hay mortadela? ¿Un fiambre se llama mortadela? Sí. De la mortadela al jamón crudo. Hay todo un recorrido, ¿no? Pero cuando tú comes jamón, sabes que no comes mortadela. Digo, puedes comer mortadela si no hay otra cosa. Y si está buena. Puede ser que esté más o menos buena para pasar el rato y el hambre. Pero sabes que existe el jamón. Bueno, cuando vos vas leyendo te pasa esto. Los criterios estéticos para la selección de la buena literatura los aporta la lectura. Nos preguntan qué libro podemos comprar para sacar ideas y fomentar la lectura, para lograr que un adolescente lea, para lograr que los maestros lean y promuevan la lectura en los niños. Yo sé que estuvo invitado Mempo Giardinelli por una cuestión de que estaba en Italia, no ha venido a este seminario y espero que lo puedan traer en otro. Porque él tiene un libro maravilloso del cual me pidió permiso para ponerle el título, porque se llama Volver a leer, como el programa que yo coordinaba en Córdoba. Es un libro de la editorial Edasa. ¿Está ahí acá? ¿Edasa? Sí, yo creo que sí. Se llama Volver a leer. Y yo es un libro que les recomiendo, les leí una cita de ese libro, les mostré una placa. Creo que es un libro de los últimos escritos imperdibles. Otro libro que creo que es una maravilla es el Corral de la Infancia de Graciela Montes. Creo que es un libro básico para entender la lectura literaria. Y permítanme seguir siendo muy crítica, pero en los últimos años se ha hecho un gran negocio del tema de la lectura, en torno a escribir ensayos sobre la lectura. Y hay escrita mucha pavada. Así que prefiero referirme a los más clásicos y les diría que Esther Yaacov, en Cómo formar lectores, es un buen material. El Corral de la Infancia, La Frontera Indómita de Graciela Montes. la emoción más antigua de Graciela Cabal y volver a leer de Mempo y Jardinelli. Me parece, por lo menos, de los recorridos de los escritores que les recomendaría. Aquí hay una pregunta también muy interesante. Dice, desde tu punto de vista, ¿cuáles serían algunas de las propuestas para fomentar la lectura que se deberían legislar? Hoy estuvimos hablando con la amiga colombiana sobre el tema un poco. Mira, nosotros en mi país, en la Argentina, dio mucho trabajo, pero estoy profundamente orgullosa. Yo digo que en dos años ya me retiro del métier de la promoción de la lectura y ojalá pueda solo dedicarme a la literatura y a mis nietos, que es lo más lindo que me pasa últimamente en la vida. porque creo haber hecho lo que tenía que hacer y que es encontrar la legislación en mi país. En mi país hay una nueva ley de educación desde hace dos años que tiene un artículo que dice que tienen que estar los programas de planes de estudio, que tienen que estar los programas de promoción de la lectura y del desarrollo de bibliotecas escolares. Esta ley demoró muchísimo en salir, pero es un dispositivo regulatorio que hace que se tenga que hablar de lectura. Nosotros durante 20 años de trabajar en planes de lectura, así a semillita, tirada al viento, agarra, pasión, sensibilidad, ta, ta, ta, ta, ta, logramos instalar en la agenda política el tema de la lectura, pero no teníamos dispositivos regulatorios, o sea, no teníamos ley. Entonces era por voluntad del alcalde, del intendente, del gobernador, del ministro, del secretario, del qué sé yo, del qué sé qué. Con Mempo, casualmente, y a través de la Fundación Mempo Yardín, y con el ex ministro de Educación, hicimos una gran movida en los planes de lectura provinciales para que entrara un artículo en la nueva ley de educación. Y ese artículo es chiquito y dice, todos los estados están obligados a propiciar programas de promoción de la lectura y el desarrollo de las bibliotecas. Eso dice. Bueno, hace dos días antes de venirme, una secretaria de educación de una provincia de mi país, me dice, no, no vamos a participar en la reunión tal que van porque, total, ahora no va a haber más planes de estudio, ¿momento? Le dije, perdón, señora, ¿por qué no va a haber programa de lectura en Mendoza? No, dice, porque nosotros los vamos a incorporar ahora, los sumamos a las direcciones de nivel y van a atravesar el no sé qué de por allá. ¿Vieron que tienen los organigramas de los ministerios? Son complejos, laberínticos. Y entonces le dije, disculpe, señora, pero le recuerdo que la ley, el artículo 26 del capítulo 9, dice que, y se lo cito, y la señora hizo, ah, cuando tenemos dispositivos regulatorios, en la ley, en las leyes, tenemos esta ventaja. Eso no garantiza que va a ser bien hecho o que va a estar, no. Hay que ponerle luego mucho insumo de trabajo para que se cargue de buenos contenidos. Pero tener los dispositivos regulatorios en educación es tener primero la voz de la ley diciendo hay que leer y el presupuesto para concretarlo. ¿Comprenden? Entonces, desde ese lugar, bueno, yo digo, he hecho patria, creo que va a ser, en mi país tenemos el orgullo de tener las bibliotecas populares creadas por Sarmiento, un educador de 1874, que creó el espacio de bibliotecas populares que vendrían siendo como las salas de lectura de ustedes, creadas por los vecinos en los barrios, que tienen precisamente por esta ley de protección a las bibliotecas populares, han sido un hito que ningún dictador pudo, la pudieron cerrar, la pudieron clausurar, les pudieron no dar libros, pero cuando se iba el dictador volvía a estar la biblioteca popular abierta. ¿Por qué? Porque estaban legisladas. Esas pertenecen a la órbita de cultura. Ahora, recién después de un siglo y pico, podemos tenerlo también en educación. Así que, bueno, creo que hemos dado un gran paso y nos faltan como 176 más. Pero ahí vamos. Bueno, varios preguntan la editorial en donde se han publicado tus obras. Es Norma en México, ¿verdad? Grupo Editorial Norma. Y también, ¿dónde van a conseguir tu ponencia? Aquí, ¿no, Rebeca? Me la han pedido, así que va a estar aquí disponible. Voy a dejar las películas y la ponencia, sí. Y otros libros míos aquí, me parece que el de la hormiga gigante está en RHM. ¿Está ahí acá? Mondadori. ¿Sí? Y creo, me voy a fijar, porque es el primer día que vengo a la feria. Pero si no, norma. Y si no, están en editoriales argentinos. Uno de los compañeros nos pregunta sobre el proceso de la escritura para los niños y jóvenes. ¿Cómo es? El proceso de escritura. Yo creo que, bueno, lo dije un poco, pero para mí es, siempre hay una historia que me está taladrando ahí en la cabeza. Por ejemplo, Los sapos de la memoria es una novela que la verdad que hoy me he sorprendido tan gratamente porque una profesora vino a sacarse una foto, ay, ¿por qué leo su libro? Yo pensé que eran los libros de norma que están en México. Y me dicen, no, eran Los sapos de la memoria, no lo puedo creer porque es un libro que circula en mi país y que habla de la dictadura militar en mi país de los hijos de desaparecidos. En mi país va como por, no sé, 11, 12 ediciones, no sé. Y me llamó mucho la atención. Bueno, ese libro, ese libro me llevó 13 años de escribirlo. Porque uno tiene resistencias a escribir. Porque era un tema doloroso, no era un tema que a mí me habían contado. Es mi generación la desaparecida. Yo tengo sobrinos que tienen sus padres desaparecidos. Entonces, es una historia que no es una historia de ficción, pero es una historia que a mí me costaba. Y yo no la quería escribir. Por eso escribí ese primer cuento con la historia de Bío y Cázares, que yo les conté, que hablaba así, remotamente del libro. Y quedó, y yo no lo di a editar. Y no es que lo di a editar así porque era muy valiente y sabía que iba a escribir luego la novela. No, es porque tenía miedo todavía. Y después la literatura, la historia no me dejó, no me dejó. Y finalmente una vez fui con mi marido y unos amigos a ver una película que se llama Tango Feroz. No sé si aquí se la vio. Y hablaba de la historia del rock en mi país, pero pasaba lateralmente la dictadura. Y cuando yo vi esa película de los fines de los 90, de los 80, perdón, me acuerdo que me senté en el rincón del living de mi casa y la novela salió a borbotones. Se escribió como a lo bruto. Me empujaba a escribirla. Me rememoraba esto de Neruda, en un poema que él habla de la inspiración, que dice, escucho un poema, un susurro, un pensamiento, voy a vivir otra vez. Bueno, a mí me pasaba lo mismo, me parecía que alguien me estaba dictando esa novela. Y es que la historia se escribe primero adentro, se escribe como en la piel, en la cabeza, en las emociones, en la sensibilidad. Y un día te pones y si tienes tiempo, algo que yo tengo poco, lo escribo. Pero lleva mucho tiempo. Ahora, Los Sapos ha sido la más larda. Pero lleva todo un proceso. Por ejemplo, esta que les leí de Ceci. Hacía mucho tiempo yo había visto un documental en un canal educativo, sobre la evolución histórica del concepto de la familia, desde la tribu hasta las familias actuales. Y me encantó, me maravilló, porque claro, uno tiene el esquema de que la familia es lo que uno conoce como familia. Y había habido un proceso histórico tan enriquecedor en la historia de la humanidad con el concepto de familia, y me quedó eso ahí. Y yo quería hablar de las familias, y quería hablar de las familias. Y bueno, y finalmente las vueltas de la vida, muchos años después, uno de mis hijos adoptó una niña. Y entonces esa historia estaba escrita en mi cabeza, no es la historia de mi nieta ni mucho menos, pero esto de que hay distintas formas de relacionarse, que están los míos, los tuyos, los nuestros, los demás allá. Y cuál es el parámetro para hablar de una familia, lo biológico, lo emocional, el amor. Bueno, van a tener que ver la novela para estar. Que ya además quieren hacerlo. Aquí hay dos participaciones que se conectan. Una persona nos participa, nos hace, no sé, nos cuenta un secreto. El recuerdo que tengo de la lectura en voz alta es más de pena y de segregación. porque yo no podía pronunciar, entonar con ritmos, etc., cuando leía a mis compañeros. ¿Cómo entonces formar lectores a partir de la lectura en voz alta y no lograr lo contrario? Es decir, apartarlos de la lectura. Y la otra dice, para leer en voz alta, ¿qué recomiendas dentro del aula para adolescentes? Hay que leer a los clásicos o adaptar a los clásicos en el entorno, Mire, si realmente leer es un obstáculo, leer en voz alta, pues no hay que hacerlo. Tampoco estamos para que sufrir por este tema, digamos. Yo estoy convencida de que si uno lo pone en práctica, lo puede hacer. Yo le recomiendo siempre a las colegas que trabajan conmigo en Córdoba, en Argentina, en Buenos Aires, que se pongan frente a un espejo y se lean. Es muy divertido. Es divertido leer cualquier cosa en voz alta. Cuando uno compra una tecnología o una crema para la cara que dicen esas pavadas que te van a dejar de 22 años y que tu marido va a ser Richard Gere, qué sé yo. Son muy entretenidas. Y uno lo lee en voz alta y le pone humor. Yo no sé si ustedes notaron que, A mí se me ha incorporado esa costumbre porque lo hice durante mucho tiempo como una forma de juego. Nadie lee en voz alta naturalmente porque la lectura es en sí un acto silencioso. Pero uno puede ponerlo en juego para leer en voz alta y al ponerlo en juego le tiene que poner la chispa. Les digo, por ejemplo, algunos ejercicios. Leer con hipo. ¿Acá se dice hipo? ¿Con hipo? Leer con hipo. Gracias a la vida que me ha dado. Veo tanto. Que me ha dado. Y uno se ríe de sí mismo. Y cuando uno se puede reír de sí mismo, puede disfrutarlo después con el otro. Y hacer que el otro también le llegue eso. No para leer todo con hipo, por supuesto, porque no vas a leer la escena del balcón de Romeo y Julieta con hipo. No. Pero es como entrenamientos, ¿no es cierto? Como predisposiciones que haces. Porque en realidad cuando vos lees un texto en voz alta es porque lo querés. Y esta es la prueba. Que ustedes nunca se paren a leer un texto en voz alta a un público si no lo han leído antes, por favor. Porque les va a ir de feo. Y ahí es donde entran las inhibiciones, los temores, los miedos. Ahora, con respecto a las adaptaciones, bueno, yo sé que hay opiniones muy encontradas. A mí personalmente hay adaptaciones que me maravillan, otras que me parecen espantosas. Hay cosas que creo mejor. Miren, en la película El Cartero, y con todo el cariño y la admiración que yo tengo por Antonio Scármeta, que ha escrito ese libro maravilloso que les recomiendo que lean la composición, su libro Ardiente Paciencia no es muy buen libro. Sin embargo, la película El Cartero es maravillosa. O sea, uno encuentra que los textos se acomodan a distintos formatos, de distintas formas, de distintas maneras. Las adaptaciones tienen que ver. O el niño de pijama rayas. Digo, hay distintos textos y hay textos que son para ser leídos en voz alta y otros que no porque son muy descriptivos. Por lo general, los textos para leer en voz alta tienen que tener más diálogo o más intervenciones, ¿no? De poder hacer silencios. Sí, que no cansen, ¿no? Hablando de tu escritura, alguien nos pregunta, ¿cómo logras posesionarte tan bien del espíritu adolescente para plasmarlo en tus libros? ¿Cómo te vas a la joven que eres? Fui una pesadilla yo de adolescente. Creo que eso tiene que ver. A ver, yo escribí, en realidad, tengo textos escritos desde los ocho años. Y es que yo tenía un abuelo árabe, contaba los cuentos de las mil y una noche, todos los sábados yo iba al campo, mi abuelo vivía en el campo y me contaba cuentos. Y mientras tanto yo tenía que esperar de sábado a sábado para tener esa oportunidad de que mi abuelo me relatara los cuentos de las mil y una noche. Que les cuento que son muy divertidos, mucho más divertidos de los que se ven por televisión. Mucho más escatológicos y eróticos. Y mi abuelo contaba las versiones originales. Diciendo además, esto no es para usted y por favor no se lo comente a nadie. O sea que mi abuelo era un promotor de la lectura nato. Total. Me tenía seducida de semana a semana y me dejaba un libro ahí y me decía, y ese no lo toque porque no es para usted y se iba a darme la siesta. O sea Entre eso y eso yo escribía Porque durante la semana había que esperar Hasta el otro sábado para encontrar esto Y yo escribía cosas que parece que algunas No eran muy Convenientes para mis maestras Y entonces Una señora Me acuerdo perfectamente de tal sagrado La llamó un día a mi mamá y le dijo Mire señora, lo siento, pero su hija Necesita un psicólogo ¿Por qué? Dijo mi mamá Porque mire lo que ha escrito Y era una composición Y la había cruzado toda con rojo así Porque había un borracho Que había hecho un pacto con el diablo Y en el pacto con el diablo No sé qué cosa había hecho Y hasta había golpeado a la madre A lo cual mi mamá Cusó recibo Y dijo Tiene que ir al psicólogo Y entonces Me pasé tantos años En la terapia Que Que calculo Que eso me ayudó Yo creo que siempre ayuda bueno, todo es era como la niña me parece que los adolescentes es muy gracioso porque no hay adolescentes en la sala ¿no? hay algunos que otros bueno, tómenlo como un chiste pero la verdad es que una vez salí en un programa de televisión en mi casa en Córdoba, diciendo que en realidad yo a los adolescentes los abominaba porque mis hijos eran adolescentes en ese momento y venían con sus amigos, se liquidaban la heladera, siempre tenían olor a pata calza venían a cualquier hora aunque en cualquier estado o sea yo tenía como una cosa hijos adolescentes y escribir para adolescentes era como y los chicos me preguntaban en las escuelas ¿pero cómo haces para identificarte tanto? yo creo que sea por no matarlos a mis hijos como mi mamá conmigo Creo que por algo así Muy bueno Aquí hay una pregunta que Que quizá Bueno, haya que aclarar un poquito esto de la ideología Porque nos dicen Muchos docentes carecemos de ideología Independientemente De las teorías educativas Y los autores que se dedican a la pedagogía Por ello Cuando se le es difícil identificar Esa ideología ¿Podría compartir autores que le inspiraron a ser la persona que ahora es aquí, habría que aclarar esto, creo yo miren, todos tenemos ideologías porque todos tenemos ideas a ver, ¿qué son las ideologías? las ideologías, a ver si nos referimos a las ideologías de izquierda o de derecha son como ideologías políticas, es una cosa ideas, tenemos cuerpos de ideas conceptos de ideas, todos tenemos lo que pasa es que Y me parece que desde la caída del muro de Berlín en adelante, esa franja de hablar de lo ideológico como dos territorios, el blanco y el negro, el comunismo o el capitalismo, se prendieron como si esas fueran las únicas formas de consolidar ideología. Y me parece que no, nosotros tenemos ideología y creo que el modelo imperante en esto de lavarnos la cabeza y hacernos creer que no tenemos ideología forma parte de la ideología. Forma parte de la ideología de hacerte creer que no eres capaz de transformar el mundo. Por eso yo insisto en que nosotros tenemos que entendernos como un tejido social y que lo que tenemos es que animarnos a tener la oportunidad de hacer las cosas. Digamos, tener el poder de hacer lo han tenido personas que podríamos decir hasta insignificantes, como Teresa de Calcuta, como Mahama Gandhi, que parecían tan pequeñitos, tan poquitos, y sin embargo su lugar de resistencia cobró una dimensión en el poner ideas y garra del poder hacer. Porque uno puede decir, yo puedo hacer, tengo la espada del poder, como si fuera un superhéroe. Soy He-Man, lo cual delata mi edad. Aquí está el poder. Ahora ni sé que sería el Pokémon, no sé quién tiene. No, ya no. Ya ni. Yo tengo el poder y hago lo que quiero y este es mi sal. Y ese es tener el poder. Es una ideología decir, tiene poder el que tiene más fuerza. Está vendiéndote una idea. La otra es el del poder que te da operar con la realidad y hacer de la realidad algo que te sirve, como hacía Teresa de Calcuta, que levantaba a los enfermos. el poder hacer que estamos haciendo nosotros, compartiendo este espacio de reflexión para operar en ideas, para poder construir un saber que nos lleve a donde nos tiene que llevar a dialogar con los niños sobre la importancia de encontrarnos nuevamente con la lectura literaria. Este es el poder que nosotros tenemos, el poder de actuar, de ocupar este espacio del que yo hablaba en mi ponencia, ocuparlo no solo en decir lo ocupo porque no tengo otro remedio porque tengo el sueldo porque me mandó la CEP porque otra vez la Graciela Viale con el plan de lectura de la Argentina y la Rebeca Serna que se le ocurre en el seminario y yo que tengo que cumplir esa es una forma de asumirlo y la otra es decir que suerte que tengo esto es como cuando yo le digo a mis hijos mira, tenés dos posibilidades vas a la heladera cuando dice mamá nunca hay nada para comer acá mira, tiene dos posibilidades una es ir a la heladera y decir ¡ay, che! lo único que hay es un cubito de sopa, un pedazo de queso y la otra es decir ¡che! ¡qué bueno abrir la heladera! hay un cubito y un poco de sopa y un poquito de queso me voy a hacer una sopita fíjense, frente a la misma heladera las mismas cosas, hay dos actitudes está en nosotros ideológicamente, ¿qué vamos a hacer con eso? ¿Nos flagelamos o decimos con esto, con ese lápiz, con ese pedacito de papel y esa oda a las cosas, con esas palabras puedo hacer un universo simbólico, un universo literal? Es poner la mano en el otro. estos procesos de empatía de los que hablábamos, de que me importe que al otro le pase lo que me pasa a mí. Esto es la educación de la sensibilidad y cuando educamos la sensibilidad, pues, hay ideología. Claro que hay ideología. La ideología del individualismo es esta de la New Age, es la ideología del autoayuda. Yo, tú puedes, tú mismo, sálvate, sálvate, tú mismo puedes, mira para adentro tu interior y analiza. No, no estamos solos. Estamos con los demás, estamos con los otros, estamos con la naturaleza. Y cuando eso se vuelve en nosotros un acto, un accionar permanente, pues actuamos respondiendo a eso. Y el otro nos importa y surgen las iniciativas y las estrategias y ¿saben qué? Todos los planes oficiales y demás sirven más. Porque tomo lo que más tengo. Y dejo de tener libros cerrados en caja porque no tengo tiempo de catalogarlos. Y digo, bueno, el catálogo lo haré después. Abro la caja que me mandan a hacer. Y bueno, voy a leer esto y voy a probar el otro. ¿Qué es lo que hacen algunas de estas organizaciones como Bunco Papalote, no? Que de la nada o de con poco han hecho montones de experiencias, ¿no? A partir de decir, puedo hacerlo y lo hago. Lo quiero hacer. Soy capaz de transformar la realidad. Eso es ideología. No es cierto que no tenemos ideología. Nos han hecho creer que no tenemos ideología. Sí tenemos ideología. Claro. Aquí viene una preocupación acerca de la voz del niño y de su escritura. Dice, una vez un niño me dijo, a mí me gusta mucho leer y quiero ser escritor cuando sea grande. Yo le contesté que no dejara de leer, tampoco de imaginar, y ahora yo, la que escribió esta tarjeta, quiero escribir y tengo miedo, miedo a la crítica. Pero ahora, después de escucharte, solo deseo ser más sensible. Creo que puedo aprender más de este niño que se mostró seguro de sí mismo. Y alguien me dijo, me gusta como escribes, pero más como nada. Yo no lo podría creer, aún siento que me falta, pero lo bueno es que encontré algo bueno que me ha sacado del analfabetismo y ahora soy otra. Te lo dejo. Muchas gracias. Pero también esto deriva en esto que es muy importante, ¿no? De la escritura y la palabra de los niños, ¿no? Yo creo que los chicos hay que dejarlos que se expresen libremente. Y la literatura habilita eso. La libre expresión, la autoafirmación, la autoconfianza, la autovaloración. ¿Por qué? Porque cuando yo leo literatura, el solo hecho de tener que representar la idea, imaginarla para ponerla en un estadio representativo, por ejemplo, me imagino. El adverbio este que inventó García Lorca cuando habla de verdemente la noche, verdemente. Yo digo, ¿qué pensara un habitante de Alaska verdemente iluminaba la noche? ¿Será igual que un niño en el Amazonas? ¿O en el desierto de Atacama? El verdemente está connotado por las ideas que activa mi sistema de representación. Y realizar ese proceso es el proceso que te da la seguridad de que estás produciendo el significado de lo que ahí está sucediendo. Me viene a mente un ejemplo de una niña en una zona rural que estábamos leyendo, les cuento, y me pidió la cenicienta. vamos con la cenicienta y me trae una versión que estaba en su bibliotequita de la escuelita, de la escuela rural españolísima la versión eran todos guapísimos y así y entonces el príncipe era guapo guapo, guapo, guapo y ella estaba tan conmovida que el príncipe era guapo y cuando luego comentábamos y volvía con el tema de que el príncipe era guapo sí, que guapo el príncipe entonces yo ya digo ¿Y cómo te gustan a ti los príncipes? ¿Por qué es tan guapo? ¿Y yo qué esperaba? ¿Cuál era mi respuesta? Richard Gere, por ejemplo. O el estereotipo rubio ojo celeste de los cuentos, ¿no? O el Ken de la Barbie, qué sé yo. Y ella, zona rural. La ciudad más cercana estaba a 70 kilómetros. Zona rural, nada. ¿Me entienden? O sea, el mundo y la escuela y los padres trabajadores rurales. Y ella me dice, no, qué suerte, dice, que era tan guapo y trabajaba. O sea, fíjense su sistema de representación a dónde fue. Para una niña en una zona donde ser guapo define la vida y la muerte, Porque si tu padre no es guapo, estás lista. Estás frito porque no te puede llevar si tienes una emergencia o no puede ir a trabajar. No es el mismo concepto de guapo que estaba manejando el texto y yo que estaba contándole el cuento. Ahora, ¿quién tenía la verdad? ¿Qué creen ustedes? Pero estaba mucho mejor el príncipe de ella. Funcionaba mejor en su historia. O sea, la literatura posibilita esto. Cuando decimos abre mundos, abre los ojos, los mundos posibles, los mundos inimaginados, eso es. Y carga de esta inteligencia representativa, donde la realidad y la ficción se maceran en el imaginario de esa persona para permitirle un paso más en el desarrollo de su sensibilidad y de su personalidad. Pues disculpen si nos ha terminado el tiempo. Yo le doy las tarjetas a Graciela. Muchísimas gracias. Muchísimas gracias por todo, Graciela. I can't. Bye.
SISTEMA
NTSC
DOCUMENTO_DIGITALIZADO
Sí
FECHA_INGRESO_ENTREGA
20/11/2009
FECHA_PUBLICACION
23/11/2009
CODIGO_BARRAS_LTO
BWF480
BARRA
Divulgación
TEMPORADA
29
CONDUCTOR
Laura Guerrero Guadarrama es escritora de literatura infantil y juvenil
TEMA_CONTENIDO
Promoción de la lectura y la literatura
FECHA_GRABACION
11/11/2009
LOCACION
CLASIFICACION
A
IDIOMA_ORIGINAL
Español
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REALIZACION
Edgar Mauricio Sánchez Alcántara
PRODUCCION
Edgar Mauricio Sánchez Alcántara

