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CUID
MW-05410
SUBTITULO_SERIE
FILIJ 29
SINOPSIS_SERIE
Jornadas de reflexión y discusión centradas en la apertura de espacios para el diálogo, lugares que promueven la lectura y la literatura en distintos ámbitos, tanto públicos como privados. Este foro permite el diálogo sobre lo indispensable que son la lectura, y en particular la lectura literaria, para construir sentidos, expresar ideas y sentimientos, y respetar las diversas formas de pensamiento
EXTRACTO_SERIE
Jornadas de reflexión que abren espacios de diálogo y promueven la lectura literaria como herramienta esencial para construir sentidos, expresar ideas y respetar la diversidad de pensamiento
TITULO_PROGRAMA
SUBTITULO_PROGRAMA
Gabriel Janer Manila (España)
SINOPSIS_PROGRAMA
El contenido expone una reflexión amplia sobre la literatura oral, su función cultural y su vigencia en sociedades contemporáneas. Se analiza la relación entre lectura, memoria, imaginación y lenguaje, así como el papel formativo de la narración en la construcción de lectores y en la transmisión del patrimonio inmaterial. El discurso recorre aspectos antropológicos, educativos y estéticos, destacando la capacidad de la palabra para crear mundos posibles, fomentar la sensibilidad y mantener viva la diversidad cultural. También se subraya la importancia del ritmo, la voz, el juego verbal y la experiencia colectiva en la configuración del imaginario y en la continuidad de las tradiciones narrativas
EXTRACTO_PROGRAMA
Reflexión sobre la literatura oral y su función en la transmisión cultural, la formación del lector y la construcción de la imaginación. Explora el valor de la palabra, la memoria y la creatividad en la experiencia humana y en la vida colectiva
N_PROGRAMA
1
N_TOTAL_PROGRAMAS
12
DURACION_TOTAL
01:05:23:14
PARTICIPANTES
Gabriel Janer Manila, escritor
SEMBLANZA_PARTICIPANTE
Gabriel Janer Manila
Escritor, pedagogo y antropólogo español. Cursó estudios de Filosofía y Letras y obtuvo el doctorado en Pedagogía por la Universidad de Barcelona. Desarrolló su labor académica como catedrático de Antropología de la Educación en la Universidad de las Islas Baleares.
Su producción literaria incluye narrativa para adultos y una obra significativa dirigida al público infantil y juvenil. En sus textos se observa una atención constante a la tradición oral y a la dimensión cultural de los relatos. Entre sus publicaciones más destacadas hasta 2009 se encuentran El Rey Gaspar (1975), El terror de Alanit (1995) y Zamba para un niño de la rua (2000). Obtuvo el Premio Ciutat de Palma por su novela El abisme, y fue candidato en dos ocasiones al Premio Hans Christian Andersen.
En el ámbito del pensamiento pedagógico destaca el ensayo El rumor de los clásicos: historias que fueron escritas para ser contadas, donde aborda el valor educativo de la narración oral. Su obra ha sido traducida a diversos idiomas, entre ellos alemán, inglés, francés, italiano y euskera
TIPO_ACTIVIDAD
DISCIPLINA
PALABRAS_CLAVE
Artes visuales | Cuento | Edición de textos | Enseñanza de la lectura | Escritor | Escritora | Escritura creativa | Humor (literario) | Ilustración | Lectura | Libro para niños | Literatura | Novela | Selección de libros
TRANSCRIPCION
Música Como primer ponente de este seminario tenemos al doctor Gabriel Janer Manila Nació en Algaida, Mallorca en 1940 licenciado en letras y doctor en pedagogía por la Universidad de Barcelona catedrático de antropología de la educación en la Universidad de Les Balear y escritor, obtuvo el premio Ciutat de Palma por la novela Le Abisme por el valor de su obra literaria ha sido nominado en dos ocasiones como candidato español al premio internacional de literatura infantil y juvenil Hans Christian Andersen Entre los títulos de su obra de literatura infantil se encuentran El Rey Gaspar, de 1975, El Terror de Alanit, 1995, y Zamba peraunmenino da Rua, del 2000. Su obra ha sido traducida al alemán, castellano, inglés, holandés, euskera, gallego, ruso, italiano y francés. Decidí iniciar con palabras del Popol Vuh porque dentro del manual que se les entrega cuando asisten a este seminario, encontraré también un brillante ensayo del doctor Gabriel que se llama El rumor de los clásicos, historias que fueron escritas para ser contadas. Los dejo entonces con las palabras de Gabriel Janer Manila. Buenos días gracias en primer lugar por estas palabras de presentación y en segundo lugar por recibirme de nuevo entre vosotros entre todos ustedes aquí en este seminario cuatro años vine por primera vez, hoy repito. He querido titular mi intervención Literatura oral y ecología de lo imaginario y he comenzado el discurso con una cita de Marc Soriano que dije así, no podemos olvidar el enorme caudal literario al que hemos llamado literatura oral, aquella que durante siglos y a pesar de todo vino a satisfacer las necesidades de arte, educación y sueño de una infancia que mayoritariamente no sabía leer o no estaba destinada a aprender a leer. Hasta aquí la cita de Mark Soriano. En una reciente entrevista a un prestigioso profesor pude leer Hay cosas que realmente me escandalizan mucho. Una es el no cultivo de la sensibilidad de los jóvenes, el abuso de la tecnología, El otro día venía en tren y había tres o cuatro niños con sus maquinitas. Ninguno miró el paisaje, que era maravilloso. Eso es patología total. ¿Qué hacer? le pregunta el periodista. La respuesta fue la revolución de la lectura. La pregunta sería, ¿cómo desarrollar el gusto por la lectura entre una generación de alumnos que sienten una poderosa atracción por tantas cosas antes que por los libros? Estamos de acuerdo en que debería ser un placer, un placer lento. Una profesora de bachillerato me contó que propuso a sus alumnos de manera informal algunos textos narrativos y trató de convencerles para que los leyeran. Cuando se dio cuenta que no habían leído nada, llegó un día a clase y les dijo, «Leed de una vez. Mañana habrá un control». Se le acercó un alumno y le advirtió, usted habló del placer de leer, señora. Habrá un control. Usted habló de un placer. ¿Puede controlarse el placer? Se trata de formar lectores que sigan siéndolo durante toda la vida. Adictos al libro. Lectores estables. Debemos ser capaces de crear en los jóvenes el gusto por la lectura de tal manera que perdure a lo largo del tiempo. Y cuando hablo de la lectura como placer, propongo una idea de lectura sensual, un modelo de lectura capaz de poner todos nuestros sentidos en acción. Hemos de saber que nadie viene al mundo siendo lector. El lector se construye a lo largo de un proceso educativo y educación es sinónimo de intervención, pero tampoco se nace no lector. También el no lector se construye a lo largo de un proceso educativo erróneo que no ha tenido en cuenta que la lectura debería ser un bien democrático. Es probable que la construcción de ese lector que queremos para toda la vida pase por realizar un viaje hacia la memoria profunda de las cosas contenida en las palabras, desnudas, solitarias, sin otro soporte que su dignidad sonora y con la inmensa carga significativa que han acumulado a lo largo del tiempo. una palabra afirmada Vygotsky es un microcosmos de conciencia humana el viaje hacia los nombres de las cosas a las palabras que nos dicen aquello que nosotros en tanto que sociedad creemos que es el mundo y nos dicen sobre todo aquello que imaginamos que podría ser el mundo la palabra es creadora de realidades nuevas de universos posibles se trata de un viaje que nos lleva a la ficción en el inicio del tiempo fue el miedo escribía Cortázar y tal vez sea el miedo aquello que te impulsa a viajar hacia la invención de otras vidas que eran y a la vez no eran un viaje hacia la suplantación de la realidad hacia aquellas historias que todavía no son, hacia la articulación del recuerdo, hacia la fabulación. Vosotros seréis como dioses, dijo el diablo al oído de Eva en la primera escena de seducción de la historia. Seréis como dioses porque seréis capaces de crear nuevas realidades, de extraer nuevos destellos a las palabras. Quienes tuvimos la fortuna de oír contar historias durante nuestra infancia o de recitar versos, no vamos a olvidar nunca, nunca, aquellos versos o aquellas historias. pero sobre todo no olvidaremos la voz con que nos llegaban. No abandonaremos nunca la emoción de aquellos relatos y de aquellos versos, la carencia de la voz que nos llevaba a viajar por las rutas misteriosas de la literatura. Cuando decimos que la construcción de un lector se inicia mucho antes que ese posible lector sepa leer, Mientras le contamos historias en voz alta y le ayudamos a percibir la energía poética que se esconde tras un texto oral, queremos decir que el tránsito de la recepción del texto oral a la recepción del texto escrito no es nada difícil y que si hemos actuado de forma correcta puede producirse de forma natural. Las palabras que llegaron hasta nosotros desde la noche de los tiempos contienen un acervo de sabiduría acumulada y constituyen la mejor parte de nuestra gran experiencia cultural. Con el aprendizaje de las palabras, abandonamos la naturaleza e ingresamos en el universo de la cultura. Esto ocurre cuando el ser humano busca la provisión del lenguaje, esta estructura que sólo el juego, la imaginación aplicada al embrujo del significado, puede ser capaz de poner en activo. El juego es el gran mediador entre lo biológico y lo adquirido, el puente que une los primeros balbuceos con nuestros aprendizajes lingüísticos. En aquellos tiempos de balbuceo, el tono de una voz que presentimos cerca, su inflexión, su ritmo, su música, nos aportan, cuando apenas tenemos oído para esa música rara, algunas emociones fundamentales, cierta sensación de bienestar, alegría, sorpresa, un poco de miedo. Pronto vamos a saber que el juego participa en el proceso de formación de la experiencia humana. Ese misterio que suena en la voz del que narra, o canta, o recita retahilas de versos, nos produce inquietud, pero a la vez nos transmite la certeza de que alguien está ahí para protegernos, una cierta confianza en la realidad que nos envuelve. Cabe preguntarse de qué manera se establece el territorio de la ficción. En términos cognitivos podríamos decir cómo aparece la competencia para la invención de la irrealidad. Quienes han estudiado el desarrollo afectivo y cognitivo del niño saben que la ficción nace como un espacio de juego, ese lugar donde las leyes de la realidad están suspendidas. El aprendizaje de esta competencia es una conquista específicamente humana que hallamos en todos los pueblos. Hoy sabemos que el ser humano es un infatigable productor de ficciones destinadas a ir más allá de la vida real, que nos llegan a través del arte, la literatura, el juego, la fiesta, que nos permiten ordenar el mundo, pero también invertirlo con el fin de reinventar la condición humana. Sombras que nos fascinan y encantan. Narciso se ahoga al querer abrazar su reflejo. Lipó, el poeta chino que se emborrachaba de lichires que le hicieran más larga la vida, se ahogó también al querer atrapar con sus manos el rastro de la luna en el agua de un lago. A los seres humanos nos encantan las historias y nos fascinan y nos emocionan y nos conmueven. Podría ser que los dioses crearan al hombre para que pudiera contar historias. Brunner ha escrito que las historias que contamos son admirables por su generativismo, por su capacidad de generar múltiples versiones de un mismo tema. El hecho mismo de narrar es fundamental para la interacción social, porque contar historias está íntimamente unido, por no decir que es constitutivo, de la vida cultural. También el relato literario subjuntiviza la realidad. Nos refiere a aquello que es, pero también lo que podría o debería ser. Un universo subjuntilizado es excitante porque nos permite explorar universos posibles que nos atraen y nos perturban. Estos mundos posibles, en cuanto estructuran la materia de que están hechos los sueños y la ordenan, puede que sean subversivos. Aquello que nos atrevemos a imaginar es la mediación de lo imaginario, de lo inverificable, lo poético. son las posibilidades de la ficción, la mentira, y los saltos sintácticos hacia mañana sin fin, lo que ha convertido a hombres y mujeres, a mujeres y hombres, en chaldatanes, en murmuradores, en poetas, en metafísicos, en planificadores, en profetas y en rebeldes ante la muerte. Brunner duda de que la vida en sociedad hubiera sido posible sin esta aptitud propiamente humana de organizar y transmitir nuestra experiencia bajo formas narrativas. Y añade que esta competencia depende de la existencia de un fondo de cultura común formado por mitos, relatos populares, romances, poemas. Hija de la imaginación y la memoria. Ese mundo indefinible que hemos dado en llamar literatura puede ser un viejo mito que después de recorrer todos los laberintos llegó hasta nosotros cubierto con ropas de ahora. Pienso solo a modo de ejemplo en James Dean, el pequeño príncipe de Hollywood, muerto a los 24 años en accidente de tráfico y que me hace pensar en Orfeo, en su trágico destino, nacido de la soledad, de la impaciencia, de la energía que contiene su desesperación. Pienso en María Calas. Se ha dicho de ella que poseía la labor más bella del mundo, pero una belleza frágil. Pasolini le hizo representar su propio drama. Medea, atormentada, hermosa, grande. Son materiales de ficción que estuvieron siempre en el imaginario colectivo, que se filtran en los pliegues del tiempo, y reaparecen de nuevo bajo múltiples formas. Puede ser también una canción antigua, un romance, una nana, un canto de trabajo, una retaíla de disparates y absurdos, una balada de amor, un juego de palabras, un trabalenguas. Puede ser uno de aquellos viejos cuentos que se contaban al calor de la lumbre junto al fuego con la complicidad del fuego, del misterio que se desprende de las llamas, o en la esquina de una plaza pública en día de mercado, o bajo el pórtico de una iglesia. Puede ser una antigua leyenda épica, la historia de un gran héroe fundador de pueblos y ciudades, el relato de la vida del santo patrón que ahuyenta las pestes, la historia que funda un espacio misterioso o establece un culto. Puede ser un rumor moderno, una leyenda urbana la que se proyectan viejos temores que los hombres arrastran desde la noche oscura, historias que se dan o se dieron por ciertas, relatos de aventuras, crónicas de terror, historias o narraciones de vida. Estos materiales que configuran el espacio de la literatura oral, un espacio cuyos límites son afortunadamente imprecisos, constituyen el patrimonio inmate de los pueblos. Y son estos materiales precisamente los más maltratados y fragilizados por la globalización. El patrimonio inmaterial de un país, todo este conjunto de textos orales, de no textos, define en gran parte su identidad cultural. Y, sea grande o pequeño este patrimonio, debe tener significación y sentido para cada nueva generación. Por su vulnerabilidad, este bagaje inmaterial de memoria debería convertirse en objeto de conocimiento. Pero sobre todo debemos tener en cuenta su capacidad energética en el sentido en que estimula la creatividad humana y contribuye a la configuración de nuestro imaginario. ¿En qué se convertiría Marrakesh, por ejemplo, Si la plaza Shema el Fna dejase de ser esta encrucijada de culturas vivas, pobladas de música y clamores, llena de color y saturada de perfumes llegados de mundos diversos. Marrakech es la ciudad donde las leyendas negras y blancas se cruzaban, ha dicho la escritora marroquí Fátima Mernisi. Los lenguajes se mezclaban y las religiones se encontraban con el silencio inmutable de las arenas en constante movimiento. Numerosos textos medievales, tanto poéticos como narrativos, fueron escritos para ser recitados y para leerlos adecuadamente requieren que se tome en consideración su dimensión auditiva y paralingüística. muy significativamente, el sector más innovador y revulsivo de la narrativa del siglo XX, Joyce, Selin, Arnold Smith, Carlos Emilio Ganda, Carlos Fuentes, Guimaraes Rosa, Gabriel García Márquez, entronca con algunos elementos básicos de la tradición oral. Las novelas de estos autores sugieren a menudo la lectura en voz alta, el encuentro con una galería de voces que tratamos de recuperar o de imaginar mientras leemos. De este modo, leer se convierte en el redescubrimiento de algunas voces que manteníamos calladas en algún oscuro rincón de la memoria. De esta manera, la presencia simultánea del autor que lee en voz alta o del recitador y del público concede a los textos una dimensión inédita Como en los tiempos de Schauster, de Boccaccio, de Juan Ruiz o de Ibn Zayid, una continuidad soterrada crea vías de enlace entre la Edad Media y las vanguardias literarias de nuestro tiempo. Se puede describir de forma muy hermosa la experiencia de la narración oral en la plaza pública. El narrador se dirige directamente al círculo de espectadores y cuenta con su complicidad. El texto que recita o improvisa funciona como una partitura y concede al intérprete un amplio margen de libertad. Los cambios de voz, de ritmos, de reclamación, de expresiones, del rostro y de movimientos corporales juegan un papel primordial y provoca en la imaginación del receptor las imágenes que la musicalidad de las palabras y de las frases estimula y produce, como si se tratara de crear una melodía con sus contrapuntos, los juegos de sonidos, las disonancias, de proyectar en la música de las palabras el eco de su significado. Todas estas voces, en calidad de emanación del cuerpo, son un motor esencial de aquella energía colectiva que alimentó durante siglos la imaginación de las gentes. También, como refiere Marx o ya no, la de aquellos niños cuyo destino no era aprender a leer. En la invención de la literatura, Forans de Pond ha subrayado la vitalidad de la producción literaria oral. Ya opuesto a la cultura viva de los griegos y romanos, la que se vincula al banquete y acerca a los hombres, a los dioses, mediante los placeres del cuerpo, de la danza y el vino, del canto, de los juegos verbales, a la cultura escrita. No se trata de oponer la literatura oral y su diversidad de formas al texto escrito. Si hoy hacemos recaer nuestra atención en aquello que hemos convenido en llamar comunicación literaria oral, lejos de oponer dos formas de expresión humana, es para enfatizar o insistir en su complementariedad. Y hay que advertir que la oposición entre oralidad y escritura no es en absoluto radical. Ruth Finnegan ha insistido en los límites inciertos que las separan. No hay, dice, una línea de demarcación clara entre la literatura oral y la escrita y cuando nos proponemos diferenciarlas, como sucede a menudo, aparece con claridad que hay encabalgamientos bien visibles. No son, por tanto, oralidad y escritura, dos realidades que se excluyen, sino que conviven en las sociedades modernas y en continua interrelación. Una literatura que llega hasta nosotros mediante una voz es una voz que se vuelve motor esencial de las energías que subyacen en la colectividad o a través de aquel mundo de voces que resuenan en nuestra imaginación cada vez que nos acercamos a un libro y emprendemos su lectura. La literatura oral es, en primer lugar, un vehículo de emociones inmediatas, abierta a una multiplicidad de matices que se perfilan al ritmo de una voz. En el principio fueron las palabras. Y percibir aquellas emociones es dar hospitalidad a aquella voz, la hospitalidad que acoge la palabra imprevista, jamás oída, balbuciente, que viene del otro. Esta manera de escuchar debe ser a la vez activa y desnuda. Estas palabras que vienen de lejos, que fueron en el principio, inician a los niños en el ritmo, en el lenguaje simbólico, en el aprendizaje de la memoria, despiertan la sensibilidad y nos llevan a la imaginación y configuran nuestras primeras experiencias literarias. Posibilitan nuestro acceso a la ficción, nos entrenan en la percepción de otros mundos, en la ruptura del orden conocido, nos incitan a entrar en el bosque, a suspender por un instante nuestra incredulidad. Se trata de una literatura que fue construida para ser contada en voz alta, y esa voz que cuenta se instala en nosotros, viaja a través de nuestra memoria, nos abre una ventana hacia otros universos, hacia otros paisajes. Durante siglos, la narración oral, fábulas y leyendas, relatos de aventuras, crónicas de terror, ficciones tenidas por verdaderas, alimentaron la imaginación de las gentes. Nuestro origen se pierde en una galaxia de cuentos, ha escrito Juan Goytisolo. el polen narrativo se disemina por la rosa de los vientos, como la brisa o abejas que lo transportan, el poder seminal de los relatos engendra descendencia en el bosque de las letras de otras culturas. Y hallamos en estas historias que recorrieron tierras y mares una invidración constante a la aventura, al riesgo a penetrar el bosque frondoso que lleva al viejo castillo entre nubes al otro lado del espejo. Sería apasionante conocer cómo de las restantes habilidades de la inteligencia pudo emerger la palabra. Surgía de una inteligencia muda, de aquellas habilidades que a su vez perfecciona y amplía. La pregunta es, ¿con qué herramientas prelingüísticas aquella inteligencia muda pudo superarse a sí misma? Podemos afirmar que la invención del lenguaje resulta una hazaña inexplicable y en poco más de tres años un niño aprende lo que debió costar a la especie humana decenas de miles de años conseguir. Por medio de la fantasía aplicada a la lengua, el juego de inventar palabras, decirlas al revés, construir onomatopeyas, el juego con las sonoridades y los ritmos, el niño descubre el gusto por el lenguaje, por las fantasías verbales, por la distorsión de las palabras, por el desplazamiento festivo de los significados, por el juego con las grafías, aquellos recursos que están en la base de la experimentación poética. Las palabras y los sonidos no son un iris, afirmaba Nietzsche. La palabra es una locura que encanta. Con la palabra el hombre danza sobre todas las cosas. De esta forma, el niño vive la experiencia del lenguaje como un movimiento extraordinario e inagotable y no como un conjunto de estructuras invariables y preexistentes. cada vez que un niño juega con las palabras emprende un camino que puede conducirle a la poesía el estudio de la palabra desde la perspectiva antropológica nos lleva al análisis de la comunicación interpersonal al estudio de la palabra en cuanto está socialmente situada contar un cuento, proponer una dividanza enunciar un proverbio es una práctica social y a la vez un acto lingüístico esto implica estudiarla a través de las relaciones que el hombre establece con su entorno poner el acento en la forma que adopta un discurso en el acto de comunicación al emprender el estudio de la oralidad en situación interlocutiva encontramos el apoyo a nuestra orientación entre los trabajos recientes referidos a la literatura oral y a la antropología lingüística que han demostrado el carácter dialógico de los rusos y del lenguaje, sea cual sea su forma oral o escrita. Por su parte, la etnografía conversacional ha subrayado el sentido interactivo que caracteriza los usos lingüísticos. Estos estudios han demostrado que la oralidad no es exclusiva de cierto tipo de sociedad o de ciertos tipos de contextos sociales, sino que participa bajo formas distintas en toda actividad lingüística. Pero la antropología ha dado un paso más al plantearse el estudio de los usos sociales de las figuras retóricas y del repertorio de recursos literarios con que la imaginación humana se ha configurado. Un viejo texto se hace definitivamente moderno cada vez que vuelve a ser repetido. Y es siempre una prueba de la vitalidad del idioma, de su secreta energía. La ficción viaja a través de la voz. Pero en este viaje la voz se deja acompañar por otros recursos, la entonación, la gestualidad, la personalidad del locutor y también por el sol y el paisaje y la calidad del aire del día o del instante y repetible en que se produce la comunicación. Nuestros actos son siempre irrepetibles. Por eso nunca vas a bañarte dos veces en el mismo río, ni en un mismo relato, ni en aquellos versos que aprendiste a recitar de niño y que te han acompañado durante toda tu vida. Cuando tú tomas la palabra, enunciado y enunciación no pueden separarse y en esto se funde el ritual de la comunicación literaria oral, en su belleza instantánea y efímera. Se trata de una voz que se erotiza. Paul Zintor ha descrito esta experiencia con la palabra performance, una actividad compleja por medio de la cual un contenido poético es simultáneamente percibido en un espacio y en un tiempo irrepetibles. Pero esa voz debe surgir del silencio. Existen demasiados ruidos que no podemos controlar. Nos hemos acostumbrado a vivir entre máquinas, a levantar la voz para que nos oigan. Gritamos y se nos atrofia el oído, incapaces de percibir las sutilezas de la palabra, el valor del silencio. Las historias respiran por sus silencios, los registros con que se produce cada intensidad. La entonación que ponemos en la lectura de un texto literario en voz alta es al mismo tiempo melodía y ritmo y esa música interna del texto no siempre la descubre el lector silencioso. André Gitt recomendaba a los lectores de Proust que no hicieran juicio alguno sobre la novela hasta después de haberla leído en voz alta. Es evidente que en las sociedades contemporáneas que hemos convenido en llamar occidentales, la oralidad no se da de una forma pura. Ha sido Walter Honk que ha definido los cambios culturales que con la presencia de la escritura se producen en una colectividad humana, cambios que atañen al papel de la palabra, del conocimiento en el seno de aquella comunidad. Honk distingue la oralidad primaria de la oralidad secundaria. es lo mismo el uso de la palabra en una sociedad sin escritura que la palabra oral que se desprende de una cultura con una fuerte presencia de la palabra escrita. En nuestra sociedad de hoy difícilmente se puede vivir al margen del escrito, omnipresente en la vida urbana. Vivimos en una sociedad fuertemente marcada por la escritura en la que la palabra funciona condicionada por la letra impresa. Y no sólo por la letra impresa, también condicionada por la imagen y los múltiples lenguajes de nuestro tiempo. La palabra de hoy, lejos de los tiempos en que se narraban viejas historias bajo los soportales de las plazas y se cantaban romances en las esquinas de las calles, nos llega determinada por la cultura de masas y sus efectos. A menudo se opone el universo de la palabra oral a lo que podríamos llamar la tiranía de la trivialidad, del egoísmo, de la rutina y la indiferencia. Vuelve a levantarse la voz dispuesta a diseñar un nuevo humanismo, a contribuir en la creación de una conciencia crítica. No es difícil de entender hasta qué punto la comunicación oral en las sociedades de oralidad primaria y especialmente el discurso poético fue una estrategia cultural que pudo contribuir a la configuración de ciertas capacidades intelectuales a la estructuración del pensamiento y a la organización de la mente así lo ha visto Eric Havelock que analiza la función de la poesía épica en la cultura griega con la intención de explicar las estructuras mentales psicológicas y lingüísticas de la sociedad micémica. En la cultura griega de la época arcaica, el canto épico contenía la sabiduría de la tradición y el cantor transmitía mediante el relato el patrimonio cultural, jurídico y religioso del pueblo. Comunicaba también los modelos acústicos, la técnica del eco como expediente mnemónico. Dice Harlock que en la era clásica, el genio específico de los griegos era de naturaleza rítmica. Aquello que nosotros llamamos el sentido griego de la belleza, en arquitectura, en escultura, en pintura, en poesía, fue sobre todo el sentido de la proporción fluida y elástica. Esta facultad fue llevada por los griegos a la perfección a través de un ejercicio insólito e intenso en el campo de los ritmos acústicos, verbales, musicales durante los siglos oscuros. Era la difusa autoridad de la palabra impuesta por la exigencia de la memoria cultural que hizo surgir entre los griegos la maestría de otros tipos de ritmos. Aquella presunta desventaja en la conquista de la civilización, el analfabetismo, resultó ser su principal ventaja. Los poemas, los mitos y los rituales religiosos habían sido las grandes creaciones simbólicas y lingüísticas que se convirtieron en estrategias adaptativas de extraordinaria eficacia. Podemos afirmar que invertir en poeticidad era una excelente inversión y aquellos pueblos que así lo hicieron fueron los que tuvieron más capacidad de sobrevivir. De hecho, la poeticidad podría funcionar perfectamente como mecanismo de selección entre las culturas. Aquellas formas de expresión oral tendieron a ser intensamente rítmicas porque el ritmo facilitaba su memorización. Pienso que existe una poética de la oralidad, la prosa rítmica con que Xerezade contaba sus cuentos, una prosa hecha de entonaciones, de silencio, de gestualidad, no es extraña al cambio de actitud del rey sabiar, profundamente decepcionado y resentido contra el amor. Las historias que escucha todas las noches poseen un poder benéfico, la capacidad de transformar el resentimiento que llevaba incrustado en el corazón en amor a la vida. Durante mil y una noches, casi tres años, el rey aprende a enamorarse de nuevo, a transformar su odio en amor ferviente, a creer en el otro. Antes dije que los ritmos verbales de la poesía épica determinaron los esquemas del arte clásico. Los griegos habían descubierto el poder persuasivo de la música y del canto y trataron de relatarlo en el mito de Orfeo. Eurídice había muerto de una mordedura de serpiente y Orfeo no hallaba consuelo porque nada le confortaba de la ausencia de su amada. Acudió al reino de las sombras y consiguió del rey de las tinieblas que la dejara salir con la condición de que no la mirara durante el camino de retorno. La inquietud de Orfeo le hizo volver la cabeza y Eurídice se desvaneció para siempre. La música y el canto de Orfeo enternecían las fieras y las encinas acudían a escuchar su canto. Permitidme ahora que evoque una representación de Orfeo y Eurídice de Christoph Gluck a la que asistí en el Teatro de la Ópera de Berlín una noche de otoño de 1989, pocos días después de la apertura del muro, ahora hace 20 años. La nieve caía sobre el asfalto, iluminada por los neones. Sobre el muro, sobre las cenizas del muro, la música de Gluck nos decía que la canción de Orfeo es poderosa. He apuntado algunas de las funciones de la literatura oral entre las que cabe destacar su capacidad de iniciar a los niños en el ritmo, en el lenguaje simbólico, en el ejercicio de la memoria a la vez que despierta la sensibilidad y estimula un imaginario enraizado en la tradición. La comunicación literaria oral nos permite huir del imaginario estándar y globalizador. No porque tengamos que centrarnos únicamente en aquella literatura, cuentos, poesía, juegos de palabras que surgió a nuestro lado en el huerto de nuestra cultura más cercana, sino porque sea cual fuere su procedencia, al pasar a través de tu voz, pasa a formar parte de tu imaginario. Yo me siento africana, ha dicho la gran narradora de historias, Katherine Zarkat. Me siento gitana, china, piel roja. Por medio de los cuentos no podemos sentir, nos podemos sentir perfectamente vinculados a nuestra tierra, a nuestro pueblo, a los pueblos amigos, a la humanidad, en aquello que la humanidad tiene de más humano. Tal vez a este suceso se le podría llamar interculturalidad. la palabra aparece en nuestra relación dialéctica con el entorno surge de nuestra capacidad de dar nombre a las cosas de descubrir la enigmática vinculación entre el significante y el significado de la certeza de que cada una de estas cosas ha sido previamente nombrado por hombres y mujeres que vivieron con anterioridad en aquel mismo espacio Así descubrimos que las palabras surgieron porque había una relación afectiva con el propio entorno. Jean Piaget observó este hecho. Cada palabra es el resultado de un larguísimo proceso, afirmó. Podría ser interesante seguir la trayectoria de las palabras y de su relación con aquello que significan. Significantes y significados rodaron a lo largo de los siglos como los cantos de la orilla de un río. Y este rodar de boca en boca a través del tiempo las volvió amables al tacto y desposeídas de aristas cortantes. Hace algunos años, el periodista francés Bernard Pivot, que durante décadas condujo un programa de televisión dirigido a la difusión de la literatura, publicó un libro en el cual se proponía sensibilizar a los lectores y comprometerles en la tarea de recuperación de aquellas palabras que están a punto de desaparecer. En él reflexiona sobre las causas que llevan a la desaparición de centenares de palabras que caen en desuso y porque se borran del lenguaje cotidiano, se eliminan de los diccionarios más utilizados aquellos que se venden por miles de ejemplares y son consultados por los estudiantes. El nuestro es un país, dice con cierto homilismo, donde las palabras se pierden y mueren. Y propone, merece la pena subrayar los aspectos ecologistas de la iniciativa, que cada hombre o mujer, niño o joven, elabore su propia lista de palabras que quisiera salvar del olvido. Como quien hace un herbario. Porque víctimas de su propia vejez, del uso exclusivamente literario, de su resonancia clásica o de su preciosismo arcaico, muchas palabras son inhumadas. Pivó se propone salvar a cien y construye su propia lista. Se trata de una propuesta para hacer revivir algunas palabras en su expresividad y belleza. En el cementerio de las palabras muertas está enterrada la parte más sugestiva del idioma. Es cierto que continuamente aparecen nuevos términos que dan respuesta a las necesidades de la lengua con la finalidad de actualizarla. Pero en la herencia de significados, aquello que configura lo que somos, estamos hechos de adjetivos y de verbos y de pronombres y de preposiciones y de adverbios. Por medio de las palabras nos atrevemos a imaginar otros mundos. Hasta que los hemos nombrado, no sabíamos que existían. La persistencia de los sentidos a través de las palabras. Primero, la palabra fue, a lo lejos, en el tiempo, fue la palabra un gruñido, que nacía del espasmo de la garganta con que cierta estirpe de simios reales, con afición a la música, trataba de reproducir los sonidos de la naturaleza. Cada uno de aquellos gruñidos se ha transformado en un fonema lleno de significados, de la misma forma que el mordisco original ha terminado siendo un beso refinado, lleno de amor. La posibilidad de encontrar a través de las palabras los insinuantes fantasmas que pueblan las sombras de nuestra rutina. Alberto Mangel afirmó no hace mucho en una entrevista, Tan solo cuando toqué por primera vez el cuerpo de mi amante, comprendí que a veces la literatura puede no llegar a la altura de la realidad. La afirmación me seduce, pero me parece engañosa. Viene a decirnos que el hecho real de tocar el cuerpo de su amante le hizo pensar que la literatura nunca podría proporcionarle un placer parecido. No entendió que si el hecho de tocar el cuerpo de su amante le pareció sublime fue porque había leído con anterioridad la historia de otros amantes y de otros cuerpos. Sólo así le pudo parecer sublime. Quiero decir que pudo experimentar la sensación de tocar el cuerpo de su amante de manera sublime porque previamente había leído historias de amor. Yo sé que nos enamoramos porque hemos oído contar la experiencia de otros amantes, que tratamos de ser felices porque hemos aprendido de las historias que cuentan que los seres humanos pueden ser, a veces, felices. Hoy, el uso de las palabras se empobrece porque se empobrecen también las relaciones del hombre con su entorno. La lengua está aquí, pero hay que descubrirla. A la degradación sistemática y persistente del uso de la lengua, cabe oponer la alternativa ecológica. El hombre forma parte del entorno en que vive y la lengua es también un elemento de esta realidad. Pero así como los recursos de la naturaleza se agotan y de cada vez es más difícil tenerlos en abundancia, también la lengua se empobrece. Se trata de proponer una práctica didáctica capaz de combatir este empobrecimiento contra los agentes contaminantes, capaz de combatir la degradación persistente. La pobreza expresiva es también la consecuencia de un pensamiento creativo bloqueado. Por eso es necesario utilizar las producciones que la imaginación ha construido a través de la lengua. Y entre estos productos habrá que fijar de manera especial la atención en aquellos materiales de procedencia oral. Su estudio no significa un paso atrás, sino la comprensión de una experiencia de siglos, de una experiencia de la humana que intentaba ser precisamente un paso hacia adelante. El hombre de hoy desconoce muchos de los nombres de las cosas que le rodean porque su conocimiento del entorno es insuficiente y escaso. Pero las lenguas son seres vivos, organismos que viven en un determinado espacio, integradas en el ecosistema del cual el hombre forma parte, sujetas a una contaminación sistemática. Son, por tanto, una energía, una fuerza de conocimiento y de creatividad. La ecología del lenguaje habrá de investigar los efectos de este potencial energético contenido en la lengua, en definitiva, su vitalidad. Hace años encontré en la obra de George Steiner algunas afirmaciones formuladas en el mismo sentido. Dice Steiner, los idiomas son organismos vivos, infinitamente complejos, pero organismos a fin de cuentas. contienen cierta fuerza vital, cierto poder de aserción y desarrollo, también pueden experimentar la decadencia y la muerte. El entorno en que vivimos ejerce la función de modelo lingüístico. Cuando el modelo está contaminado, Chomsky diría vampirizado, tanto los sentimientos como el conocimiento de la propia realidad también están contaminados. De hecho, toda la obra de Noam Chomsky podría ser considerada un inmenso y riguroso trabajo de depuración del lenguaje, una acción de higiene que se inicia con la firme voluntad de desmontar las mentiras verbales de las sociedades modernas y de las que se sirven los poderes de nuestro tiempo para dominar címicamente la vida económica y moral de los ciudadanos. La gramática de Chomsky conduce al comportamiento cívico, al compromiso con los restos de una lengua que era capaz de asegurar la vida de la cultura y que ha sido corrompida por la inflación de las palabras, por la contaminación que ha degradado y convertido en un yermo las antiguas fuentes y los pastos. Liberar las palabras de las muchas adherencias que las convirtieron en un cementerio semántico. La polución verbal nos puede conducir a la ruina moral. Las palabras han sido pervertidas y manipulados los significados, a la vez que se empobrece el ejercicio de la imaginación. Corresponde a quienes son capaces de jugar con ellos. Con ellas, narradores, poetas y niños, devolver a las palabras sus significados más legítimos. Alicia, la deliciosa niña creada por Lewis Carroll, pregunta ¿por qué las palabras no significan siempre las mismas cosas? Y la respuesta, eso depende del que manda. Sobre los labios del narrador, las palabras crean nuevas realidades que solo se desvanecen en el momento en que el relato concluye y la historia contada acaba por cerrarse. El narrador es el eje, escribe Mario Vargas Llosa, la columna vertebral, el alfa y el omega de toda ficción. Pues en este espacio abierto puede suceder lo inesperado. Érase una vez, un mundo lejano, un país remoto, una tierra desconocida. Érase una vez el país de las maravillas, la tierra de nunca jamás. La voz que narra nos permite entrever otros universos. Las palabras circulan en nosotros regidas por leyes comparables a las del agua. Se adentran en nuestra imaginación y la hacen revivir. En ellas resuena la memoria colectiva. Atravesar un mundo narrado tiene la misma función que tiene el juego para un niño. Érase una vez. Se abre aquel espacio mágico. Jugamos a que tú eras el sheriff. que yo era el bandolero. Entramos en el bosque, estamos dispuestos a que los animales empiecen a hablar y que empiecen a hablar las piedras. Se abre la escena del texto y tras esas puertas se esconden los ogros, las princesas, los diarios, las brujas, los monstruos, los genios, los bosques, los caminos. En la escena del texto, aquella irrealidad que configura el espacio mágico se haya determinada por los tiempos verbales. La función de los tiempos verbales es guiar la recepción textual y cada texto tiene un tiempo verbal que le caracteriza. No duro que el imperfecto es uno de los tiempos característicos del mundo narrado. Había una vez, se te infua, será una volta, los tiempos verbales constituyen uno de los grandes prodigios de la inteligencia humana. La conjugación, el intento de decir la diversidad de situaciones en el tiempo, el efecto de retroversión que nos permite el futuro anterior, yo habré amado. Y el subjuntivo, cuyo uso está a punto de perderse, es el único que puede expresar el tiempo de la hipótesis y de la posibilidad de la no realidad. El subjuntivo suspende mi pensamiento en el espacio virtual y me permite expresar la condición, la posibilidad, la duda, el deseo, el futuro incierto, la hipótesis transgresora que funda la vida. El subjuntivo tan a punto de perderse su uso. A veces propongo, en los sitios donde voy, que deberíamos organizar, deberíamos fundar una asociación de amigos del subjuntivo, que tuviera como objetivo difundir el subjuntivo, hacer que nuestros niños y nuestros jóvenes lo utilicen. Es el tiempo de la posibilidad de la hipótesis transgresora. El lenguaje fue, como bien sabemos, aquello que distinguió el animal humano de todos los otros animales próximos a él. En el comienzo fue comunicación, pero creó también sensibilidad, emociones, pasiones. Las palabras se ceñían al territorio de la experiencia. Mañana lloverá, tengo hambre, la cosecha es buena. Pero en un momento, sin embargo, de esa cultura de la realidad, alguien pronunció ante sus oyentes, con el ritmo pausado del exámetro, estas palabras. Canta musa la códera de Aquiles. Y no existía musa alguna que cantase, ni siquiera existía Aquiles alguno que se pudiera encoderizar. Y no era la musa la que cantaba, sino el hombre que decía estos versos, que nos harían emocionar con ellos y pensar de paso que las palabras solas serán el origen de esa emoción. Junto a la biodiversidad natural hay que defender la biodiversidad o la diversidad de los sueños. Dejar que los narradores de hoy encuentren de nuevo las virtudes fecundantes del mito, del cuento popular, de las viejas leyendas o de las nuevas. estos narradores que han sabido conjugar perfectamente el patrimonio cultural y la modernidad son capaces de todos los atrevimientos y a la vez de todas las rupturas de esta manera han conquistado un público urbano educado por los medios de comunicación y que hoy llena plazas públicas y salas de teatro estos narradores han devuelto a las mujeres y a los hombres de hoy el placer de oír contar historias aquellos imborrables momentos de comunicación iniciados por padres y abuelos mediante los primeros cuentos antes del sueño un espectáculo inédito en un mundo regido por la pantalla omnipresente que recupera la comunicación directa entre quienes escuchan y aquel ser de carne y hueso que cuenta y te mira a los ojos y te exige que agudices tu imaginación durante uno de los últimos festivales París, Cartier-de-Té, se improvisaron escenarios y se buscaron lugares inéditos para convertirlos en espacios hábiles para la comunicación literaria oral. En los bares, en el hall de los hoteles parisinos, en iglesias y capillas, en el vestíbulo de los bancos, en los jardines públicos, en los grandes almacenes, en las salas de matrimonio de los ayuntamientos y en los cementerios. En estos lugares, afirmaron quienes tuvieron la idea, la palabra quiere una nueva sonoridad y su significado se percibe de otra forma. Con esta experiencia, siete narradores contaron sus historias en siete cementerios. Se quería conseguir establecer un hilo que uniera la realidad de los vivos con la de los muertos. con la realidad de los muertos. Puede que sea aquella misma función que ejercía la lectura para Francisco de Quevedo en el desierto de la torre de Juan Abad. Retirado en la paz de estos desiertos, con pocos pero doctos libros juntos, vivo en conversación con los difuntos y escucho con los ojos a los muertos. Si no siempre entendidos, siempre abiertos, o enmiendan o fecundan mil asuntos, y en músicos callados contrapuntos, al sueño de la vida hablan despiertos. Al sueño de la vida hablan despiertos. Estos narradores transmitían mediante la palabra el más antiguo instrumento de comunicación a algunos valores de la humanidad y homenajeaban a quienes ya no están en este mundo retomando sus relatos. De esta forma sabían y sabemos que la vida permanece y prosigue. Antes era la voz la que contribuía a dar sentido al texto literario. Podía ser un viejo cuento, un juego de sonoridades y ritmos, una retaída de versos, una adivinanza, un canto de trabajo, una canción de cuna, un trabalenguas. Todos estos materiales son fundamentales en la construcción de la imaginación poética. La voz, con todos sus matices, facilitaba la comprensión del texto. Después, la literatura va a buscar otro soporte, la comunicación escrita. Y este soporte ya no irá acompañado de aquellos gestos, ni de aquella teatralización, ni de aquellas pausas, ni de los énfasis que acompañaban el discurso oral. El texto escrito viaja sin aquel auxilio de gestos y pausas y silencios, pero el lector tendrá que imaginarlos. Mucho antes de que supiera que existía la literatura, tuve la posibilidad de acercarme al patrimonio oral del pueblo. Empecé por conocer el primer soporte de la ficción. La literatura me llegaba a través de una voz. llegarían después otros soportes de la comunicación humana pero había comenzado por el principio la inteligencia que ninguno de ellos puede ni debe sustituir a otro eran historias que nos pertenecían a todos que me llegaban a través de una memoria coral elaborada de forma artesana de mira de abajo como si todas las personas y todos los objetos que me rodeaban desearan contar algo a veces con desesperación aquellas voces entraron en mí las historias, las maneras de contar los silencios la literatura en la expresión de todas las voces que habitan en nosotros voces que llegan de la intemperie ambulantes llenas de memoria colectiva y que resuena en nuestro cuerpo. He aprendido que la literatura es por ella misma un universo abierto, un territorio de infinitas posibilidades. Este espacio comienza en nuestra mente y esa mente, en la prodigiosa red de sus neuronas, necesita el sustento de las palabras, un mundo hecho lenguaje, libre de los latidos del oportunismo pragmático de que está hecho el presente y, al mismo tiempo, un mundo comprometido con los sueños y sus inacabables propuestas. La literatura nos conduce a mirar el mundo que tenemos de otra manera. Es la mirada de quien no se resigna a justificar el egoísmo, del que no acepta ninguna trampa ni quiere vivir en la desesperanza de quienes piensan que lo que hay ya no da más de sí. A veces he pensado que el arte y la belleza que lo define elevan la conciencia de los pueblos, su compromiso con la historia. El lenguaje poético, esa forma de expresión a la que llamamos literatura, contiene la memoria de la lengua y sólo él puede juntar el sabor y el saber de las cosas que quizás no existieran. Nuestro espacio mental es parecido al universo de Einstein, en expansión permanente, y el lenguaje poético accedera a este movimiento. ahora pienso que le falta a nuestra enseñanza la capacidad de estimular todas las inteligencias la imaginación, la atribución de sentido el espíritu crítico, la sensibilidad, el humor sigo pensando que la literatura anticipa el futuro del hombre porque le obliga a inventar proyectos a poner en pie renovados sueños otra vez las palabras eternamente movible y cambiante en transferencia de una voz a otra, de un contexto a otro contexto, de una generación a otra generación. En este proceso la palabra nunca olvida por dónde ha pasado, ni se aparta completamente de aquellos contextos de los que formó parte, ni abandona la suavidad de su piel, ni su perfume, ni su erotismo. Cuando buscan la complicidad de la literatura, declaras tu amor a la fuerza humanizadora de las palabras. Y algunas son tan bellas, escribe Gilles Renard, que a veces nos gustaría que tuvieran dos mejillas para poder besarlas. Por eso, leer significa ser algo clandestinos. Huir del mundo externo, entregarse a una ficción, abrir un paréntesis en el que va a caber todo aquello que aún somos capaces de imaginar. Al no ver, perdemos la posibilidad de construir un espacio imaginario, el lugar de la fantasía, de la capacidad de ver o de soñar algo que no se vea a simple vista, diferente de la realidad cotidiana, El espacio donde la fantasía individual se conjuga con los arquetipos que definen la propia colectividad. La imaginación poética. Hay que defender a esa loca. De no existir ella, la casa sería muy descolorida, polvorienta, gris y triste. La imaginación es lo que aporta ese suplemento que hace de nosotros unos animales diferentes. somos el único, el único animal que tiene algo que contar había una vez un pintor que pintaba bellísimos paisajes en las paredes de un palacio un día decidió perderse en aquellos paisajes entró en uno de ellos y atravesó el bosque y luego el mar como Alicia saltó más allá del espejo y se perdió en aquel país extraño Así, nuestras lecturas nos permiten perdernos en misteriosos paisajes, asomarnos a otras vidas y mirar a través de otros ojos. Porque en el libro radica el más asombroso espacio de libertad, la posibilidad de vivir otros mundos, de sentir como nuevas ciertas emociones, de pensar otros pensajes. un libro sirve sobre todo para poplar los vacíos de la vida nada más applause .
SISTEMA
NTSC
DOCUMENTO_DIGITALIZADO
Sí
FECHA_INGRESO_ENTREGA
24/11/2009
FECHA_PUBLICACION
26/11/2009
CODIGO_BARRAS_LTO
BWF480
BARRA
Divulgación
TEMPORADA
29
TEMA_CONTENIDO
Promoción de la lectura y la literatura
FECHA_GRABACION
14/11/2009
LOCACION
CLASIFICACION
A
IDIOMA_ORIGINAL
Español
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REALIZACION
Edgar Mauricio Sánchez Alcántara
PRODUCCION
Edgar Mauricio Sánchez Alcántara

