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CUID
M-04697
SUBTITULO_SERIE
FILIJ 27
SINOPSIS_SERIE
Conversaciones en torno a la importancia de crear espacios propicios para el acceso a los libros y el diálogo. A través de conversaciones centradas en la lectura literaria, se explora cómo ésta favorece la construcción de significados, la expresión de experiencias y el reconocimiento de la diversidad de perspectivas. Se destaca la lectura como un acto social que amplía la comprensión del mundo y fortalece la convivencia
EXTRACTO_SERIE
Conversaciones que resaltan la lectura como camino para construir sentidos compartidos, expresar experiencias y reconocer la diversidad, promoviendo entornos que facilitan el acceso a los libros y el intercambio de ideas
TITULO_PROGRAMA
SUBTITULO_PROGRAMA
Gustavo Martín Garzo (España)
SINOPSIS_PROGRAMA
Reflexión sobre la lectura como experiencia que abre la identidad hacia el encuentro con lo distinto. A través de la fascinación y la imaginación, especialmente presentes en los cuentos, se exploran deseos, recuerdos y posibilidades que revelan la profundidad de la vida cotidiana. Se destaca cómo la infancia, el asombro y la capacidad de escuchar permiten que la literatura transforme la manera en que comprendemos el mundo y a nosotros mismos
EXTRACTO_PROGRAMA
La lectura entendida como apertura a lo desconocido, donde la imaginación y los cuentos revelan deseos, recuerdos y posibilidades que transforman la comprensión de la identidad y del mundo
N_PROGRAMA
1
N_TOTAL_PROGRAMAS
11
DURACION_TOTAL
00:57:59:11
PARTICIPANTES
Gustavo Martín Garzo, escritor y filósofo
Daniel Goldin, editor, bibliotecario y escritor
SEMBLANZA_PARTICIPANTE
Gustavo Martín Garzo
Narrador destacado por una obra que entrelaza mito, emoción y mirada poética. Ha construido un universo literario propio donde lo cotidiano se abre a lo simbólico y la imaginación dialoga con los afectos humanos.
Hasta 2007, su producción incluye títulos significativos como El valle de las gigantas, La soñadora, Los amores imprudentes, Mi querida Eva y el álbum ilustrado Dulcinea y los caballeros dormidos. Su trabajo en literatura infantil y juvenil ha ampliado el alcance de su imaginario, convirtiéndose en un espacio clave dentro de su trayectoria.
Con una prosa cuidada y lírica, y colaboraciones habituales en prensa, Martín Garzo destaca por personajes profundamente sensibles y universos narrativos que invitan a una lectura íntima y evocadora.
Daniel Goldin
Editor, bibliotecario y escritor mexicano reconocido por su labor en el fomento de la lectura y la edición de libros infantiles y juveniles. Ha dirigido proyectos editoriales de gran relevancia, creó colecciones influyentes y fue director de la Biblioteca Vasconcelos entre 2013 y 2019
TIPO_ACTIVIDAD
DISCIPLINA
PALABRAS_CLAVE
Artes visuales | Cuento | Edición de textos | Enseñanza de la lectura | Escritor | Escritora | Escritura creativa | Humor (literario) | Ilustración | Lectura | Libro para niños | Literatura | Novela | Selección de libros
TRANSCRIPCION
Hola a todos. Es un honor, pero sobre todo es un gusto volver a estar en este auditorio y sobre todo ver otra vez a muchos de ustedes que han venido ya en muchas ocasiones. me da muchísima alegría que un seminario como este tenga ya una cierta tradición, que tenga continuidad, porque creo que en materia de lectura las cosas tienen que ser así, como en el domino, con las tres R's que ustedes saben. Hay que repetir, hay que respetar y hay que... Bueno, eso. Hay que mantenerse, hay que seguir trabajando como hormiguitas, pensar, y es importante que una institución como Conaculta nos convoque, convoque a gente que viene de todos lados de la República a escuchar, a personas que vienen de distintos países del mundo. En esta ocasión están viniendo por primera vez de Australia. Es algo que nos enorgullece mucho. También de Estados Unidos, hay gente de España, de Francia, de Perú, de Argentina. Hay, por supuesto, mexicanos. En esta ocasión, que es la feria número 27, pensamos en un tema que es un tema que realmente permite numerosas acercamientos, numerosas lecturas, que es el tema de la identidad no es que pensemos que haya una sola forma de concebir la lectura y la identidad he hecho una de las grandes cuestiones que están relacionadas con la lectura y con la escritura es justamente la crítica de la identidad monolítica y también queremos que en este mismo espacio en este seminario se den diferentes lecturas sobre el tema que tiendan a motivar a los distintos participantes reflexiones que se puedan llevar que puedan discutir que puedan rumiar a lo largo de semanas o meses me da Muchísimo gusto presentar ahora, me toca presentar a Tatiana Nogueira y a Rayo Ramírez. Tatiana es la nueva directora de la feria internacional de Biblia y Centro de Juvenil y ella va a dirigirnos unas palabras. Gracias Daniel. Bueno, primero quiero dar las gracias por estar a todos aquí presentes y en nombre de la Dirección General de Publicaciones del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, les quiero dar la más cordial bienvenida a este Seminario Internacional de Fomento a la Lectura, espacio de análisis, discusión y reflexión sobre los fenómenos del libro y la lectura, que desde hace más de 10 años se celebra en el marco de esta Feria Internacional de Libro Infantil y Juvenil y que constituye una de las actividades que más nos enorgullece como feria. Antes de continuar, quiero dar mi agradecimiento por su colaboración a las embajadas de Australia, de Brasil y de Francia, al Ministerio de Cultura de España, a Ediciones Castillo y a la Secretaría de Educación Pública a través de su Dirección General de Materiales Educativos, cuyo apoyo fue definitivo para la realización de este seminario. En esta ocasión, el seminario tiene por tema la lectura y la identidad. Tema por demás interesante, pues por lo que somos, nuestra identidad, lo que se refleja en lo que hacemos, lo que soñamos, lo que leemos. Es claro que buscamos encontrarnos reflejados en el espejo de la cultura, y cada vez que nos reconocemos, sonreímos desde este otro lado. Sin embargo, cuando nos topamos con algo extraño y asombroso que nos pareciera decirnos nada de nosotros mismos, es cuando nos vemos en nuestra singularidad y es en ese encuentro con lo otro que nos mira desde la forma admirada con la que lo reconocemos y es en la que nos encontramos esa identidad que estamos buscando. En esta ocasión, para hablarnos sobre el tema, nos acompañan los escritores y especialistas Federico Navarrete, Monique Cepeda y Luz María Chapela de México, de Argentina, Roxana Muldovic, de Perú, Virginia Zavala, de España, Gustavo Martín Garzó, de Brasil, Claudia Moyo, de Francia, Lionel Lenoir, Almanora Martínez y Cid Fleschman, de Estados Unidos, y Sean Tam, de Australia. Ellos abordarán temas como la identidad femenina y racial en la literatura chicana, experiencias en las bibliotecas en los barrios terapéricos de Sao Pablo, y la lectura y la escritura como prácticas sociales. La realización de este seminario, por otra parte, no tendría sentido sin la participación de ustedes, promotores, maestros, editores, especialistas y todas las personas interesadas en el fomento del libro y la lectura y que han hecho de este espacio, de este seminario, un punto de diálogo e intercambio de ideas y experiencias. Y es a ustedes a quien también les agradezco muchísimo continuar con nosotros y estar aquí sentados para escuchar estas magníficas conferencias que vamos a tener. No me resta más sino desear que este encuentro resulte tan intenso y retribuido como lo han sido los anteriores. Convencida de que quienes estamos aquí reunidos vamos a encontrar nuevas formas de acercar a las personas este ejercicio placentero y a la vez crítico que es la lectura. Muchas gracias. Bueno, le toca el honor y nos toca el honor de dar la conferencia inaugural a Gustavo Martín Garzo. Es un honor muy vencido. Él va a hablar sobre la literatura como fascinación. Yo hace como 8 o 10 años compré en una librería casi como un libro de Sando, un librito que se llama La princesa Manca, que es un libro de Gustavo. Creo que él lo pensó para niños. En realidad es uno de esos libros que yo no sé si es para niños, si es para adultos, si es para abuelos, de dónde viene. Pero es sin duda uno de los libros más desconcertantes, más atractivos que he leído en mucho tiempo. Después tuve el gusto de escucharlo en un seminario en el que participamos juntos en Madrid, en España. Vi una plática sobre la literatura y la muerte, también un tema muy desconcertante. Recuerdo que algunas personas que estaban ahí me dijeron, bueno, ¿y eso para qué sirve? ¿Qué utilidad le podemos sacar cuando estemos nosotros frente al aula diseñando programas, bibliotecas, etcétera? Y justamente a mí me parecía que era importante que en un seminario que está dedicado a la literatura infantil y juvenil, a la lectura, en este caso también a la identidad, se abriera un espacio que no tuviera forzosamente que ver con una aproximación utilitaria. muchas veces los promotores de lectura los bibliotecarios los maestros que están siempre asistiendo a estos lugares esperando que se den recetas que se les obligue a reflexionar y en muchos momentos se les cuida la sustancia las reflexiones de Gustavo en esa conferencia de la literatura y la muerte me parecieron Son muy ricas filosóficamente hablando, muy bien escritas, muy desconcertantes, como suele ser la escritura de Gustavo. eran ricas y es como es un buen libro cada quien le sacará el provecho que quiere y si no al menos le sacará el goce durante el tiempo que la esté escuchando y durante el tiempo que la esté rememorando y por eso cuando nos tocó diseñar este programa pensamos en invitarlo a él que además de escritor, literario, de ensayista, de periodista, es psicólogo de profesión. En España no hay muchos psicoanalistas, no hay muchos psicólogos. Creo que en un momento Freud dijo que en España no podía haber psicoanalistas. Pero en todo caso, Gustavo ha trabajado psicólogo especializado, si no me equivoco en mi infancia y mi primera infancia y eso también le da una cierta sensibilidad él se confiesa un hombre metódico sin prisas y asegura no haber sentido nunca la necesidad de abandonar su ciudad Valladolid cualquier lugar contiene al mundo entero los mismos conflictos, los mismos anhelos y basta saber mirarlos. Ganó en 1994 el Premio Nacional de Narrativa con un libro que tiene un título que es verdaderamente bonito que se llama El lenguaje de las fuentes. Antes ya había publicado tres novelas más. Ganó después el premio Nadal con las historias de Marta y Fernando. Es un autor de culto. Por acá me encontraba un maestro. Lo trajo, trajo todos sus títulos para que se los autografiara. Es decir, no es un autor de multitudes. Es un autor que me fascina a muy pocos. Me da muchísimo gusto que en este espacio se le abra a un doctor con esa sensibilidad, con esa riqueza de experiencia. Bienvenido, Gustavo. Te dejo acá. Te dejo acá. Te dejo. Gracias. Bueno, pues muchas gracias, Daniel, por tus palabras tan generosas. Tengo que agradecer desde luego también a esta invitación que me permite estar de nuevo en México, que es un país al que siempre vengo con muchísimo gusto, la tercera vez que vengo, además a esta ciudad, me encanta. Y bueno, agradeceros a todos vosotros el que estéis ahí dispuestos a escuchar lo que yo vaya a deciros. Me es especialmente grato esta vez el haber hecho este viaje, un poco por el contexto, que el contexto sea una feria del libro infantil y juvenil, porque ese mundo, el mundo de los niños a mí me parece absolutamente clave. Yo creo, y de hecho mi intervención va a ser una defensa de los cuentos clásicos, de los cuentos eternos. Creo que realmente en los cuentos, esos cuentos que contamos a los niños, está absolutamente todo. La literatura entera está en ese manojo de historias realmente maravillosas. Y por lo tanto, el hecho de que esta invitación me permita estar en una feria así y que se me vaya a permitir que hable de aquello que probablemente es mi pasión mayor, que es el mundo de los cuentos. En fin, hace que ese agradecimiento del que os hablaba al principio se multiplique y se multiplique por no sé cuánto. En fin, voy a leeros lo que he escrito. Yo creo que tiene mucho que ver con el tema de este congreso, el tema de la identidad. ya lo ha dicho Tatiana en su breve intervención como la literatura en el fondo yo creo que más que el espacio de la identidad es el espacio de la heterogeneidad es el lugar donde nos encontramos con los demás el lugar donde nos encontramos con el otro entonces a mí eso me parece muy importante y es un poco de lo que voy a hablar hay un pasaje de la bella durmiente el cuento de los hermanos Grimm, que suele pasar desapercibido a los lectores apresurados. En él descubrimos que el príncipe que con un dulce beso lograría despertar a la bella tartarosa, no había sido el primero en aventarse en el bosque tratando de llegar hasta ella. Otros príncipes habían intentado lo mismo, pero para fracasar en su intento por no haberse cumplido todavía los cien años de la maldición. Los hermanos Grimm cuentan de esa forma lo que pasó. En torno al castillo creció un seto de escaramujos que cada año se hacía más alto, acabando finalmente por cercar todo el palacio y cubrirlo con su espesura de tal forma que nada de él podía verse ni siquiera la bandera en la torre. Y por todo el país extendió la leyenda de Zafadrosa, la ley adorniente, que así fue llamada la princesa. Y de tiempo en tiempo llegaban príncipes que querían penetrar en el palacio, atravesando el seto, pero no les era posible, pues las espinas, como si fuese en mano, los agarraban fuertemente. Así, los jóvenes quedaban prisioneros, no podían liberarse y morían de una muerte que fue un fragmento del cuento tal como lo matan los hermanos Grimm. Y tras ese pasaje, los hermanos Grimm nos siguen contando cómo fueron pasando los años hasta que un buen día llegó al país un nuevo príncipe que oyó hablar a un anciano de la existencia de aquel lugar encantado en que una princesa muy bella, la que todos llamaban Tartarosa, dormía desde hace una eternidad. y como es lógico, quiso inmediatamente saber dónde estaba para ir a rescatarla. El anciano trató de desaconsejárselo, teniendo en cuenta el fin cruel de los que la habían precedido, pero él no dio su brazo a torcer y se puso inmediatamente en marcha. Y bien, podemos imaginar los lectores de este cuento, que mientras lo hacía, iría pensando en cómo sería aquella muchacha que estaba dormida en lo más secreto del bosque y que su deseo de conocerla no haría sino crecer y crecer, pues aquella historia tenía, como todos los verdaderos cuentos, el poder de encandilar los sentidos y cautivar el entendimiento de los que lo escuchaban. Era justo lo que les había pasado a los otros príncipes, que tampoco habían podido resistirse a su embrujo y habían corrido hacia el palacio encantado, aunque no supieran exactamente por qué lo hacían ni lo que esperaban encontrar en él. Y el resto, el príncipe llegó a aquel bosque, pero a él no le detuvieron las espinas porque acababan de cumplirse el tiempo de la maldición. Y entonces las tartas se llenaron de flores y sus lamas se iban apartando a su paso. y así pudo llegar al palacio sin esfuerzo y tras cruzar paz y subir escaleras y retorber pasillos y dar con maravillosa naturalidad con la estancia donde Santa Rosa estaba dormida. Y dice la leyenda que todo lo que el príncipe había oído contar acerca de la hermosura de la muchacha le pareció poco comparado con su hermosura real y que deslumbrado por la suave luz que se desprendía de sus rostros antes de darse cuenta se había inclinado sobre ella y había rotado sus labios con los suyos, lo que tuvo el efecto inmediato de hacerla despertar. Pero, bien mirado, este afortunado príncipe en nada se distinguía de los que terminaron pereciendo por buscar lo mismo que él, salvo en que tuvo más suerte. Porque no se trataba de que aquellos tuvieran menos mérito o fueran menos apasionados o valerosos, sino que simplemente acudieron al bosque cuando aún no se había cumplido el tiempo de la maldición, por lo que estaban condenados a fracasar. Y entonces la pregunta que tenemos que hacernos es, ¿qué haría en aquella leyenda que les obligó a aventurarse en el bosque exponiéndose a riesgos impredecibles por desvelar su misterio? Bueno, ese es el tema de este cuento, la llamada de la fascinación. Y lo fascinante es justo lo que no cabe desatender, lo que te obliga a dejarlo todo para acudir en su búsqueda, que es lo que hicieron los príncipes de este tiempo. Puede, en fin, que la literatura sirva para muchas cosas. Puede que nos ayude a conocer el mundo, a mirar a través de los ojos de los demás o a despertar en nosotros las mil y una imágenes del gozo, pero por encima de todo debe tener el poder de la ciudad. Y sin duda, el palacio sepultado entre las tartas y la leyenda de la princesa que duerme en una de sus salas lo consigue. En realidad, en los cuentos abundan las muchachas dormidas. San Eduardo Firlot asegura que son un símbolo del ánimo en el sentido yunguiano, pero puede que representen también las imágenes ancestrales que yacen en nuestro inconsciente en espera de ser desveladas circunstancias de la acción. En los cuentos y en las leyendas, escribe Sherlock, las princesas sueñan en el fondo de sus palacios como los recuerdos y las intimisiones en el fondo de nuestro inconsciente. Las bellas no están todas dormidas, pero de un modo u otro se hallan siempre al margen de la acción. Cada bella y movilizada representa una posibilidad del estado persiguiente. Lo que es lo mismo que afirmar que en el sueño de estas muchachas se simboliza cuanto de no vivido hay en la vida de cada uno. Pues bien, el deseo de alcanzar esa vida no vivida es, en mi opinión, el que nos hace leer. Es decir, que no creo que la verdadera lectura tenga que ver con la búsqueda de la identidad, sino por el contrario, con la aptitud para olvidarse de uno mismo y sumergirse en las cosas y situaciones como los príncipes de nuestro cuento lo hicieron en el bosque con el solo deseo de termitar nuestra vida en algo de ello y eterno. La literatura siempre se pregunta por el valor de la vida. Tal vez por eso en los cuentos es tan frecuente que los personajes se encuentren con un tesoro que no es sino algo que siendo valioso permanece oculto y que hay que saber rescatar, pero que no nos pertenece, en el sentido en que puedan hacerlo nuestros propios recuerdos o los objetos que recibimos de nuestros padres, sino que vienen de otro mundo y que guardan la memoria de otras vidas y de otros deseos. Y el lector es el que se hace cargo de todos esos deseos y de todas esas posibilidades. Por eso su figura se confunde con la de los príncipes que acudieron a la llamada de Tartalosa. Pero lo importante ahora no es tanto preguntarnos por lo que encontraron, que eso ya lo sabemos, sino por qué quisieron ir. ¿Por qué, al escuchar la leyenda de la bella princesa, se olvidaron de sus proyectos y hasta de sus propias familias para internarse en el bosque? Pues bien, la imagen de esos príncipes debatiéndose contra el seto de tartas se confunde para mí con la imagen del lector, Alguien que se olvida de sus preocupaciones cotidianas, que abandona el ámbito de los cristamentos nacional y que solo vive para desvelar el misterio de una llamada tan desconocida como irresistible. Que lo hace no buscando un mayor conocimiento de sí mismo o del mundo, sino, sobre todo, llevado por un movimiento de fascinación. Pero, ¿qué otra cosa es la literatura sino un espacio de fascinación? Aún más, vivimos buscando otra cosa. y la primera fascinación de un niño es su madre. Esa figura que le alimenta y le anima, que se ocupa de cuidarle y de protegerle, pero también que le sonríe y a la que oye hablar sin parar, que se asoma como la luna al cielo de su pequeño mundo, puede que sea el paradigma de todas las fascinaciones futuras. Siempre he pensado, por ejemplo, que la gran fascinación que luego ejercerá sobre nosotros el cine tiene en esa aparición del rostro de la madre y en su escala tan diferente su primera y más decisiva representación. La oscuridad de la sala de cine que suscita el espacio de la intimidad y la cercanía del sueño. La presencia del rostro humano y su diferencia de escala sobre la pantalla evocan sin duda esos primeros momentos en que el rostro de la madre aparecía flotando en el aire para asomarse al espacio de la pequeñidad humana. una gigante, una giganta que se ocupaba de él. Puede haber algo más inolvidable, pero muy pronto el niño tendrá que enfrentarse a la dolorosa evidencia de que esa figura de su empelezo y su asombro no siempre va a estar a su disposición y entrará en conflicto con ella, pues verá que muchas veces no acudirá a su lado cuando la llame o que aún estando cerca no querrá darle lo que le pide. Por eso, los cuentos, y junto a la figura del hada bondadosa, la gran proveedora, aparece siempre la contrafigura de la bruja, que estará siempre dispuesta a hacerles a los niños la mayor faena. La bruja, desde los ojos infantiles, no es sino esa parte de la madre que se niega a satisfacer sus deseos. La madre real debe combinar ambas figuras, tratando eso sí que las gratificaciones pesen más que las frustraciones. Wynikoff, el gran psicoanalista de niños, habló de la madre suficientemente buena. Pues bien, creo que los cuentos pertenecen al ámbito de esta madre suficientemente buena, que vive entregada a su pequeño, pero tiene que encontrar la manera de poner límites a su voracidad y a su narcisismo. Esa madre que está encantada con que su niño la adore, como no podía ser menos, pero que sabe que a la fascinación no le viene mal una cierta dosis de humor e ironía, que corrija su tendencia a la lotida en definitiva. Y eso es lo que le dice la madre a su niño. Todas las madres lo dicen. Quiero que me ames todo lo que puedas, pero no que pierdas la cabeza por mí. Y claro, también se dice a sí misma. Tampoco quiero perderla ahí. La fascinación la transforma en una diosa. La ironía la vuelve en una mujer real. Y ella, claro, desea que su hijo la vea como una mujer real porque lo que quiere es que éste también lo sea y así ayudarle a encontrar un lugar en el mundo. Por eso en los cuentos es tan importante el humor. La fascinación nos hace creer en los sueños y en los ideales, nos enfrenta a lo que somos y nos hace buscar lo que deberíamos ser. El humor nos permite proverir los posibles desvarios de la fascinación. La fascinación, por sí sola, nos arranca de la realidad, nos impone la tiranía de los ideales, el sueño de la verdad absoluta y excluyente. En Zarzalosa, la fascinación hace que el príncipe abandone el mundo real para internarse en un extraño país en el que todos están dormidos. El humor nos devuelve la cordura, nos hace ver que si nuestros sueños son importantes, también lo es aprender a vivir en ese espacio común que es el mundo de todos. Es lo que pasa en este cuento que venimos comentando, donde tras el beso no solo se despierta la princesa dormida, sino a todos cuantos habían dormido con ella, y la vida vuelve a fluir con toda su encantadora vulgaridad. Por eso, los hermanos Grimm escriben, Al rozarla con los labios, Tartarosa abrió los párpados, despertó y lo miró muy tiernamente. Bajaron juntos entonces, y el rey despertó, y la reina, y toda la corte, y se miraban unos a otros sorprendidos. Y en el patio los caballos se levantaron y se sacudieron. Los perros de caza saltaron y ladraron. En el tejado las palomas sacaron las cabecitas dentro de la sala, miraron alrededor y partieron volando por los campos. Las moscas siguieron andando por las paredes. El fuego se levantó en la cocina, llameó y cocinó la comida. El asado siguió asándose. El cocinero le propinó al mozo una aguantada tan fuerte que le hizo gritar. la criada acabó de pelar el pollo y entonces, fijado solo entonces se celebró con toda la pompa la hora del príncipe y vivieron felices hasta la mañana pues bien, parece decirnos los cuentos el mundo es así y en él conviven los besos más sublimes con las moscas que corren por las paredes los trompazos y las pobres criadas que tienen que pelar los pollos que nos vamos a comer a todas las madres les pasa eso con el niño que acaban de tener han soñado con él y ahora está allí y se preguntan quién es, de dónde viene y si su vida va a cambiar a partir de ese instante preguntas que como es lógico no tienen respuesta pues ninguna pregunta importante la tienen y está bien que les miren envenezadas pero también que se lo tomen un poco a broma para así poder ocuparse de darles lo que necesitan. Un bebé es como un duende, una criatura maravillosa y perturbadora que las madres tienen que conducir al mundo. Es curioso, los cuentos están llenos de dragones, de elfos luminosos, de criaturas insensatas, y tendemos a pensar que nos hablan de un mundo alejado de las cosas reales. Pero esto no es cierto, y todos los cuentos, incluso los más aparentemente disparatados, han sido escritos para hablar del mundo real. Tolkien escribió que la palabra sobrenatural difícilmente puede aplicarse a las hadas. Dice Tolkien, pues es el hombre quien, en contraste con las hadas, es sobrenatural, porque las hadas son naturales, mucho más naturales que él. En eso consiste su maldición. Su maldición, la maldición de las hadas, es que no pueden abandonar el mundo. Puede que eso cause problemas avanzadas que nunca terminan de estar cómodas con nosotros. Una antigua leyenda relaciona su origen con los ángeles caídos. Luzbel se rebeló contra Dios y deseoso de fundar su propio reino, abandonó el cielo dejando trasero un glasto luminoso de tan indescriptible de hierba que muchos ángeles le siguieron. Descendió del cielo e hizo del infierno su reino, Pero los ángeles, Bel descendió del cielo e hizo del infierno su crema, pero los ángeles no dejaban de seguirle y como el cielo se estaba vaciando, Dios intervino haciendo que las puertas del cielo y las del infierno se cerraran bruscamente. En el medio quedaron un montón de ángeles que como no tenían a dónde ir se refugiaron en las cavidades de la tierra como quienes saben que no van a ser bien recibidos. Y así se constituyó la estirpe de las alas. Puede que las hadas sigan soñando con el reino remoto del que proceden, pero los niños no. Ellos siempre quieren vivir en un mundo. Es lo que pasa con la princesa, con su cuento, con Tartalosa. De hecho, lo primero que hace al despertarse es correr en busca de sus padres, sus amigos y conocidos. Y como es lógico, se lleva al principio con ella. No quiere permanecer con él en una estancia sin tiempo, sino tener una casa en el que fue su alegre país antes de dormirse. Pero ese regreso que llevan a cabo Cazarlosa y el Príncipe será también el que hagan todos los lectores cuando terminan de leer un cuento. Y esto es importante que los niños lo prefieran. No se lee para soñar con otro mundo, sino para descubrir todo lo que demuestra permanente escondido, para ver donde antes no hubiera pensado. Eso es lo que diferencia los verdaderos cuentos de los relatos ejemplares de los santos que se contaban hace años. En España había muchos relatos y yo estoy cometido que aquí en México también. Estos últimos relatos de los niños santos se centraban siempre en la idea del sacrificio, de la inmolación, de forma que su protagonista debería morir para sabrarse. Eso es un santo, alguien que renuncia a esta vida, supuestamente van a encionalizantes que llevamos en este mundo para aspirar a la eterna verdad. Por eso los santos sufrían terribles castigos, eran golpeados o perseguidos por los tiranos de turno sin manifestar la mínima vacilación. Incluso los milagros que llevaban a cabo, ser trasladados por los aires mientras pesaban, atravesar los ríos andando sobre las aguas o curar enfermos, claras veces eran una afirmación de la vida. En realidad estaban muertos. o vivían para morirse, pues esta vida no era la verdadera vida para ellos. Al contrario que los personajes de los cuentos, que siempre buscan individualizarse en un medio hostil, los santos viven en el límite de la nada. Por eso, en los cuentos, es tan importante la astucia que no es sino la forma que tienen sus protagonistas de salirse con la suya. Santa Asifia muere con una sonrisa en los labios cuando fue apedreado por los soldados romanos por no querer revelarles que bajo su cúnica llevaba ocultas las sagradas formas con las que daba cada día de que me llevaba a los cristianos y su muerte es un tiempo para él. En los cuentos, ese triunfo tiene que ver con el encuentro de esa puerta que permitirá a sus protagonistas regresar a su mundo pues el mensaje de los cuentos es que ninguna vida se basta por sí sola y que solo al lado de los que queremos podemos realizar nuestros sueños y ser felices. Felicienta no quiere ser arrebatada por un carro de fuego y desaparecer en la inmensidad de la verdad, como le pasa al profeta Isaías, sino ir al baile en una carroja de cristal. Es decir, desea ser querida, tener un lugar en el mundo. Quiere enamorar a un príncipe, pero no para desaparecer en el enderezo de ese amor, sino para poder vivir con él. Aunque solo sea para poder contarles a sus hijos su historia maravillosa. Es una ley de la vida. Todos los que tienen una vida maravillosa quieren tener a alguien especial a su lado para poder contársela, que será lo que harán Alicia y Wendy cuando crezcan y cuenten a sus propios niños sus locas aventuras en el país de las maravillas y en la isla de nunca jamás. Y hablando de Wendy, de Peter Pan y la realidad maravillosa. Incluso, la protagonista de la pequeña cerillera, el hermoso cuento de Anderson, quiere tener una historia que puede contar. En realidad, se comporta como una santa, no se accede a volver a su casa. ¿Todos recordáis este recién documento? Por temor a su padre, y muerta de frío, enciende los fósforos que le van quedando para calentarse un poco. Mientras los fósforos permanecen encendidos, tiene visiones maravillosas. ve una casa, ve una mesa llena de platos exquisitos y ve sobre todo a su abuela muerta después de su encuentro para abrazarla cuando consume su último fósforo, muere su historia es la de los santos pues la muerte no será para ella sino una liberación pero en realidad pertenece al mundo de los cuentos ya que no entiende sus fósforos para irse del mundo sino para encontrar la manera de regresar a él y de hecho en sus visiones no hay ángeles hechas de nubes, sino cosas muy concretas y decididamente abundadas. Un plato de carne, un árbol de Navidad, una abuelita sonriente. Es un personaje del cuento, aunque la pobre carezca de asturía y no pueda ver realizado su sueño de regresar. Los personajes de los cuentos siempre regresan. Pasan por un sinfín de dificultades, pero la prueba de fuego es el regreso. Kababata, el gran escritor japonés, tiene una novela terrible que se titula La Casa de las Bellas de Vivientes. Esa casa es una novela para adultos, obviamente. Esta casa es un prostíbulo, pero un prostíbulo bien singular, puesto que en él solo hay muchachas narcotizadas. La visitan oscuros y adinerados ancianos que prefieren que las muchachas permanezcan dormidas a fin de que no puedan contemplar ni su decrepitud ni el lacerante espectáculo de su impotencia. Pasan la noche con ella y las acarician y miran como si no fueran enteramente reales, sino un objeto de sus fantasías enfermas, y luego se alejan de sus lechos amparados en su vergonzoso anonimato. Sería, fijaros, como si el príncipe de nuestro cuento, en vez de desear que la princesa despertara, pues es ese deseo el que sin duda, la blanca de la muerte, se hubiera acostumbrado a visitarla a escondidas y disfrutara del gozo de reverso de estar a su lado sin que ella se diera cuenta de nada, ni por supuesto que pudiera preguntar quién era y lo que había allí. Y es cierto que lo que lleva a los ancianos a la casa de las bellas durmientes es algo muy poderoso, puesto que tampoco ellos pueden desacender la llamada que les obliga a acudir a su encuentro. Pero yo no hablaría de fascinación, pues para hacerlo, para hablar de fascinación, carece de los otros dos elementos que le son inherentes al movimiento de la fascinación, el deseo de conocimiento y la ausencia de daño. En realidad, la fascinación es un pájaro de tres cabezas. La primera de esas cabezas nos hace acudir en busca de algo, aunque no sepamos lo que es. Me refiero a la fascinación del mundo de los cuentos. La segunda cabeza nos obligará a preguntar por aquello que encontramos. Y la tercera, a hacernos cargo de ello. Es lo que los cuentos enseñan a los niños, que el lugar de la fascinación es el lugar del conocimiento y de darles responsabilidad. Volvamos al cuento de los hermanos Grimm. El príncipe acude a la llamada del palacio encantado, descubre a la muchacha dormida y se enamora al instante de ella. Esa es la primera cabeza del pájaro de la fascinación. Pero quiere saber quién es y la besa. Con lo que tenemos, la segunda cabeza. La tercera aparecerá enseguida, pues la princesa al despertarse y ver al apuesto príncipe se pone a hablar con él y los dos saben que ahora empezará para ellos una vida nueva en que tendrán que aprender a ocuparse de una de las cosas. Pero la casa a la que acuden los ancianos en la novela de Cavabatta es justo lo contrario a ese palacio encantado, pues allí están prohibidas las preguntas. Al contrario que los personajes de los cuentos que siempre andan escuchando lo que no deben, los ancianos de la novela de Cavabatta no quieren escuchar a nadie salvo a sí mismos y a su propio deseo. Pero los cuentos existen para acoger en nuestro corazón las voces de los hombres. Las voces no sólo de los otros hombres, sino también de los animales, los árboles y las estrellas. Por eso el mundo del cuento y el de la literatura pertenece al ámbito de lo femenino, ya que lo femenino no es sino esa disposición a contar y a escuchar sin descanso. pero a contar qué. Me aventuro a dar una respuesta. Los hombres hablan para decir lo que quieren, las mujeres para contar lo que las pasa. En el relato de que en el asno de oro Apuleyo hace del mito de Sique y Eros, hay un momento en que las voces del jardín advierten a Sique de la llegada de sus hermanas. Sique se pone muy contenta y aunque las voces del jardín le piden que no vaya a su encuentro, ella lo hace sin vacilar. En el relato de Apuleyo, esta actitud causará su desgracia. Sus hermanas, celosas, la empujarán a que desafíen el deseo de invisibilidad de su esposo y a que descubra el secreto de su identidad. Claro, en este punto Apuleyo no puede ocultar su condición de varón y lo que nos ofrece es la versión masculina de esta maravillosa historia, pero basta una lectura atenta para darse cuenta de que no son las hermanas las que llaman a Sique, sino que es ella misma la que decide acudir a su encuentro. Pero no es eso lógico. ¿Qué mujer llegaría a una casa de oro y pasaría luego ardientes noches de amor con un amante invisible, sin sentir al momento deseos de contárselo a alguien? El mundo de lo masculino se construye sobre la pregunta por el ser propio, el de lo femenino por la del ser del otro. Por eso, mientras que Sike quiere saber quién es su amante, Eros no necesita preguntarse nada mientras pueda seguir haciendo suyo el objeto de su deseo. Y Alicia, en el País de las Maravillas, se comporta como psique, se cuela por el hueco de un árbol y después de sufrir extraños trastornos de su escala física, toma posesión de ese reino nuevo que está visitando. La falsa tortuga, la liebre de marzo, el conejo blanco, los grifos, la reina de corazones, la van saliendo al paso y la envuelven con sus vidas tan inesperadas como con sus costumbres tan insólitas e incomprensibles, suscitando en ella una unión de preguntas. En sus cartas a un joven poeta, Rainer María Rilke, aconseja a su joven y paciente amigo que sea paciente. Escribe, usted es tan joven, está tan antes de todo comienzo, que yo quería rogarle lo mejor que sepa, mi querido señor, que tenga paciencia con todo lo que no está resuelto en su corazón y que intente amar las preguntas mismas, como cuartos, detrados y libros escritos en un idioma muy extraño. No busque ahora las respuestas que no se le pueden dar porque usted no podría vivirla y trate de vivirlo todo. Diga usted ahora las preguntas. John Kidd, la gran poeta inglés, se refería a algo parecido cuando escribió que había que saber conformarse con la mitad del conocimiento. o dicho de otra forma que si queríamos penetrar en el misterio del mundo deberíamos ser capaces de no buscar a cada momento la explicación a lo que nos sucedía. Es lo que hace Alicia y por eso puede vivir sus aventuras o lo que luego hará Wendy cuando Peter Pan la conduzca a la isla de nunca jamás o lo que hace Marie Leno, que es la protagonista del Jardín Secreto, la hermosa novela de Francis Burmer. La pequeña Mari viaja a casa de un tío suyo al quedarse huérfana y se ve obligada a pasar largas horas de soledad, pues su tío siempre está de viaje y largas veces pasa por aquella casa y en ese deambular sin tiempo, Mari descubre un día un jardín en el que no puede entrar, de sus tapias y los árboles cuyas copas asoman por encima, pero no encuentra su puerta, la puerta de ese jardín, y aprende a amar ese jardín antes de saber nada de él. Cuando Wendy pregunta a Peter Pan en pleno vuelo que dónde está la isla de Nunca Jamás, éste le contesta para su sorpresa que no lo sabe y añade, la isla de Nunca Jamás no se puede buscar, es ella la que te indica. En cierta forma, es lo mismo que la pasa a Lífga en el País de las Maravillas, o a Doro y en el Mago de Ojo, o la ciudad esmeralda, ya que en realidad son ese país y esa ciudad las que las encuentran a ella. La historia de Mary con el jardín secreto es también así. Quiere entrar en ese jardín pero tendrá que ser un petitrojo el que le proporcione la llave y le diga cómo puede hacerlo. Pero fijaros, ni Wendy, ni el príncipe de Tarzalosa, ni la niña protagonista del jardín secreto, ni por supuesto Alicia o Dorothy hacen demasiado por vivir aventuras. Se ven atrastados a ellas. Madileno se ocupa del jardín antes de saber nada de él. Wendy se instala en la isla de Nunca jamás con los niños perdidos, con la naturalidad con que lo habría hecho en la casa de sus vecinos. Alicia se va detrás del conejo blanco sin dudarlo. Dorothy acepta como compañeros a criaturas tan extravagantes como un espantapájaro, un león y un hombre de hoja de lata. Y el príncipe de Tartarosa acude sin preguntar a la llamada secreta de la estancia encantada y todos ellos se conforman con la mitad del conocimiento para vivir sus respectivas aventuras. Porque lo maravilloso, al contrario de lo que suele decirse, no nos aparta del mundo, sino que hace de ese mundo el reino de la posibilidad. Todos los niños proceden de un mundo así, de forma que bien podemos decir que ese jardín secreto es una representación de nuestra propia infancia perdida. San Agustín, en sus confesiones, habló así de ese lugar. De niña pasé a ser muchacho, o lo que fuera que viniera a mí, ocupando el lugar de la infancia. La infancia, no obstante, no se marchó. Pues ¿a dónde iba él? Sencillamente dejó de estar ahí, pues ahora no era un crío sin habla. sino un muchacho que hablaba. Es decir, que la infancia permanece con nosotros sólo que como reino secreto, como un reino de silencio donde se habla el lenguaje de las cosas mudas. Cuando Eneas pide a Dido que le cuente la guerra de Troya, este replica indecible reino. Lo que es lo mismo que decir que todo lo que sucedió en ese lugar y en ese tiempo nuestra singular, tan lleno de excepción, que no cabe en nuestras palabras de adultos, las palabras con las que tomamos posesión de las cosas. Ese reino mudo es el reino de la infancia, que significa literalmente mi capacidad de hablar. La sirenita, y por eso son tan frecuentes en los cuentos los personajes que no pueden hablar, la sirenita tiene que perder su voz para acceder al reino de los hombres, y en realidad Zarzabrosa también tiene el mismo problema, está dormida y no puede hablar. La paradoja es que ese silencio, el silencio de esos personajes de los cuentos, renueva el lenguaje. Por eso también en los cuentos es el polo opuesto. Todos hablan sin parar, no solo los príncipes, sino las granas, las estrellas y los árboles. La niña de los gansos oye hablar a la cabeza de su caballo y luego termina hablando con una estufa, que es a la que cuenta todos sus pesados. Pero, ¿todos estos mundos descritos no están tocados por la locura? ¿No lo está el país de las maravillas con todos sus extravagantes personajes? ¿No lo está el país que visita Dorothy en el mago de Oz? ¿No es la isla de nunca jamás una jaula de grillo? Hay adultos que no soportan ese barullo y se apartan de los niños sin entender en su locura, como aceptadamente su poder vacilar, está siempre la posibilidad de un nuevo comienzo. La infancia, se vive en vacilar, permanece en nosotros como un principio de vida profunda, de una vida siempre en armonía con la posibilidad de nuevos principios. Todo cuanto a nosotros se inicia con el carácter distintivo de un comienzo es una vida tocada por la locura. Montaigne no aprobaba la pasión de hacer carantoñas a los recién nacidos por considerar que carecían de toda actividad mental y eran indignos de nuestro amor, llegando a no soportar que se les diera de comer en su presencia. y durante mucho tiempo el niño que era demasiado pequeño para participar en la vida de los adultos sencillamente no contaba para nada. Los niños siempre han vivido en ese mundo de intersticios y grietas, un mundo que despierta de su sueño cuando los adultos se les dían a descansar. Alicia se cuela por una de esas grietas y va a parar a ese mundo tan extraño como disparatado en el que tienen lugar sus aventuras. De pronto, la reina de corazones quiere cortarle la cabeza. Alicia trata de rebelarse y una baraja de naipes se aloja sobre su cabeza. Quiere quitárselos de encima y se descubre, tumbada en la ribera del río, con la cabeza apoyada en la falda de su hermana, que le está quitando, cariñosamente, unas hojas que le han caído de los árboles. Comprende que sus aventuras han sido un sueño y se pone a contárselo atropelladamente a su hermana y luego se va corriendo a merendar. La hermana de Alicia se queda sola y medio adormilada por el sol Cierra los ojos y el espacio que las rodea se puebla entonces con los extraños personajes del sueño de su hermana. La hierba blanca se agitó a sus pies cuando pasó corriendo el conejo blanco. El asustado ratón se apoteó en un estanque cercano, pudo oír el tintineo de las tazas de porcelana mientras la liebre de marzo y sus amigos perseguían aquella merienda interminable y la penetrante voz de la reina ordenando que se cortara la cabeza a sus invitados. De nuevo, el bebé cerdito estornilló en brazos de la princesa mientras plazos y cuentes se estrellaban a su alrededor. De nuevo, se llenó el aire con los grafinos del grifo, el chilear de la tiza de la lagartija y los aplausos de los reprimidos conejillos e indios, mezclado todo con el distante sollozar de la falsa tortuga. Pero la hermana de Alicia sabe que se trata de una ilusión y que la bastará con abrir los ojos y levantarse para que todos esos personajes desaparezcan de su vida, como lo harán la arena y la hierba que el viento ha arrastrado a su falda mientras estaba sentada. La hierba sería solo agitada por el viento y el chapoteo del estanque se debería al temblor de las cañas que crecian en la orilla, el pintineo de las tazas de té se transformarían en el resonar de unos cerceros y la penetrante voz de la reina en los gritos de un pastor, y los estornudos del bebé, los heranidos del grifo y todos los otros ruidos misteriosos se transformarían, ella lo sabía, en el confuso rumor que llegaba desde una granja vecina mientras el lejano balar de los que bañan sustituía a los oyosos de la falsa tortura. ¿Quiere decir esto que los sueños no sirven de nada? Bien mirado es lo que pasa en Peter Pan cuando llegamos a su final, que es uno de los más tristes que se puedan leer jamás. Wendy descubre a su viejo amigo en el cuarto de su hija Juana y quiere irse con ellos, pero Peter Pan le dice que no puede porque los seres adultos, y ella se ha transformado en una mujer, no saben volar. Wendy entonces les deja irse y se queda asomada a la ventana, viéndoles alejarse hacia las estrellas y enseguida vuelven a pasar los años y Barney escribe. Y si ahora viésemos a Wendy, advertiríamos como su cabello se tornaba blanco y su figura se empequeñecía otra vez, pues todo esto sucedió hace ya largo tiempo. Juana es ahora, Juana es la nieta, una vulgarísima mujer casada y tiene una niña que se llama Margarita. Todas las primaveras, excepto cuando se le olvida, viene Peter Pan a buscar a Margarita para llevársela al país del mundo jamás, donde ella le cuenta mil cuentos en que él mismo es el héroe y que él escucha con ansiedad. Cuando Margarita crezca, tendrá una niña que a su vez será la madrecita de Peter Pan y así sucederá siempre y siempre, mientras los niños sean alegres y inocentes y inocentes. Barley nos dice que todas las niñas cuando crecen se transforman en unas vulgarísimas mujeres casadas, pero de verdad son tan vulgares, pero de verdad son tan vulgares. Y si lo fueran, ¿por qué contarían a sus hijos esas historias tan locas? La hermana de Alicia se imagina a ésta siendo ya una mujer y narrándoles a sus hijos su extraño sueño. Wendy contará a los suyos la historia de su visita a la isra de Nunca Jamás. Y si ambas pueden contar lo que cuentan, es porque estuvieron en esos lugares y recuerdan lo que vivieron en ellos. Nadie que lo haya hecho podrá ser vulnerable. la literatura existe precisamente para apartarnos de la vulgaridad no sólo para decirnos que alguna vez volamos a esa isla que se confunde con nuestra propia infancia sino que podemos volver a hacerlo cuando queramos contar un cuento, de hecho, no es regresar a la infancia en realidad, todas las madres cuentan a sus hijos cuentos para decirles que puede que en el mundo no haya criaturas más raras y fantásticas que ellos. Tan raros son todos los niños que existen que un buen día desaparecen y nunca más se les encuentran. Para eso les cuentan historias maravillosas, para hablarles de lo que pasó en aquella casa mientras ellos estuvieran allí. ¿Sabes una cosa? Les dicen sus madres. Una vez me encontré a un niño como tú, un niño que no sabía de dónde venía. Te encontré como la hija del faraón encontró a Moisés flotando en las aguas de un río. Y eras tan guapo que en vez de dejarte solo o tirarte a la basura o llevarte al hospicio, decidí quedarme contigo. Y luego tuve que cuidarte y fuiste creciendo. Y aunque no sabía quién eras, me tenía que conformar con la mitad del conocimiento y vigilarte y estar a tu lado a todas las horas, pues vivías rodeado de peligros y de cosas extrañas. Y cuando te ibas a la cama, acostumbraba a contarte historias. No podían ser historias vulgares, porque tú no eras en absoluto vulgar. Y en esas historias hablaba de dragones, de hadas egoístas, de princesas dormidas y de hombres de hojalata que andaban buscando su corazón, pero en realidad solo estaba hablando de lo que me pasaba al estar junto a ti. Y unas veces era como dar de comer a un pajarillo que estaba hambriento y otras como correr detrás de un pecedo que andaba sobrado de fuerza. Y así, hasta que un día, cuando fui a buscarte a tu cuarto, ya no estabas allí, porque los niños, no se sabe por qué, un día desaparecen y en su lugar dejan a un muchacho o una muchacha que puede que sean muy guapos y cariñosos, pero que no es lo mismo, porque ellos no pueden volar ni pueden colarse por el hueco de un árbol, ni por supuesto son capaces de darse cuenta de que tras el sonido de la hierba muchas veces lo que se escuchan son las pisadas del conejo blanco y tras el sonido de las esquilas el tintineo de las tazas de porcelana de la hierba y de maravilla. Y cuando tú te hagas mayor y tengas tus propios niños, también te pasará lo mismo y les contarás cuentos en que le hablarás de tu visita a esa isla de nunca jamás que fue tu propia infancia. Y también en la noche, cuando vayas a despedirte de ellos, encontrarás acostados en sus camas a un muchacho o una muchacha que habrán ocupado su lugar y con lo que no podrás hacer gran cosa, aunque te dé mucha pena por lo mucho que se parecen a ti y no llegues a decírselo nunca y te queda el consuelo de pensar que también ellos una vez tendrán un niño a su lado y podrán hacer lo mismo que hiciste tú, que no fue sino lo que hicieron Alicia y Wendy cuando se hicieron mayores, que seguían conservando el mismo corazón sencillo y entusiasta de su niñez y que reunían a su alrededor a otros chiquillos y hacían brillar los ojos de los pequeños al contarles un encuentro extraño, quizás este mismo sueño del País de las Maravillas o de su fuga con Ticerván que habían tenido años atrás, que es lo que pasa siempre que una madre toma en sus brazos a su niño y recordando los felices días del verano de antaño, hace suya sus pequeñas tristezas y se alegra con sus ingenuos goces. Y después de maravillarse de lo hermoso que es y de que haya en él tanta locura, piensa enseguida que si ahora está en el mundo debe ser por alguna poderosa razón, aunque no llegue a saber cuál es. Lo que tampoco le importa demasiado, pues se conforma con la mitad del conocimiento. Muchas gracias.
SISTEMA
NTSC
DOCUMENTO_DIGITALIZADO
Sí
FECHA_AUTORIZACION
12/11/2007
FECHA_INGRESO_ENTREGA
13/11/2007
FECHA_PUBLICACION
13/11/2007
CODIGO_BARRAS_LTO
BWF480
BARRA
Divulgación
TEMPORADA
27
CONDUCTOR
Daniel Goldin, escritor Tatiana Nogueira, presentadora Rayo Ramírez, presentadora
TEMA_CONTENIDO
Promoción de la lectura y la literatura
FECHA_GRABACION
13/11/2007
LOCACION
CLASIFICACION
A
IDIOMA_ORIGINAL
Español
REALIZACION
Leonardo del Río
PRODUCCION
Ana Victoria Martínez Anaya

