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CUID
M-04718
SUBTITULO_SERIE
FILIJ 27
SINOPSIS_SERIE
Conversaciones en torno a la importancia de crear espacios propicios para el acceso a los libros y el diálogo. A través de conversaciones centradas en la lectura literaria, se explora cómo ésta favorece la construcción de significados, la expresión de experiencias y el reconocimiento de la diversidad de perspectivas. Se destaca la lectura como un acto social que amplía la comprensión del mundo y fortalece la convivencia
EXTRACTO_SERIE
Conversaciones que resaltan la lectura como camino para construir sentidos compartidos, expresar experiencias y reconocer la diversidad, promoviendo entornos que facilitan el acceso a los libros y el intercambio de ideas
TITULO_PROGRAMA
SUBTITULO_PROGRAMA
Monique Zepeda (México)
SINOPSIS_PROGRAMA
Reflexión sobre la lectura como espacio íntimo de libertad y construcción identitaria. A través de viñetas clínicas con niños, se muestra cómo los álbumes ilustrados permiten nombrar experiencias, elaborar miedos y fortalecer el yo. Leer es arriesgarse a ser alterado para reencontrarse
EXTRACTO_PROGRAMA
La lectura aparece como un acto social que construye sentidos, permite compartir experiencias y favorece la diversidad de miradas, fortaleciendo la convivencia y el acceso a espacios de diálogo
N_PROGRAMA
11
N_TOTAL_PROGRAMAS
11
DURACION_TOTAL
00:58:26:27
PARTICIPANTES
Monique Zepeda, escritora de literatura infantil
Daniel Goldin, editor, bibliotecario y escritor
SEMBLANZA_PARTICIPANTE
Monique Zepeda
Autora mexicana de literatura infantil y juvenil reconocida por su sensibilidad hacia el mundo emocional de la infancia y por abordar temas como miedo, imaginación e identidad. Entre sus más de treinta títulos figuran Marita no sabe dibujar, El cuaderno de Pancha y Sentido contrario en la selva; estos dos últimos obtuvieron el Premio El Barco de Vapor.
Además de su obra para niñas y niños, ha publicado materiales para madres, padres y docentes, y ha sido promotora de lectura y conferencista. Parte de su trabajo ha sido reconocido en selecciones internacionales como White Ravens, y algunas de sus publicaciones se han incorporado a programas de bibliotecas escolares en México.
Daniel Goldin
Editor, bibliotecario y escritor mexicano reconocido por su labor en el fomento de la lectura y la edición de libros infantiles y juveniles. Ha dirigido proyectos editoriales de gran relevancia, creó colecciones influyentes y fue director de la Biblioteca Vasconcelos entre 2013 y 2019.
TIPO_ACTIVIDAD
DISCIPLINA
PALABRAS_CLAVE
Artes visuales | Cuento | Edición de textos | Enseñanza de la lectura | Escritor | Escritora | Escritura creativa | Humor (literario) | Ilustración | Lectura | Libro para niños | Literatura | Novela | Selección de libros
TRANSCRIPCION
Bueno, toca llegar al final de este seminario dedicado a la lectura, la literatura y la identidad. y cuando pensamos en él en llegar al final nos parecía importante que estuviese también presente la voz de los que todavía no han hablado la voz de los que son los lectores obviamente no podíamos invitar a los lectores a subirse acá y hablar pero si queríamos recoger las voces de ellos, las experiencias de ellas, de ellas y de ellas, lo que significa, lo que puede significar para ellos la lectura, su propia construcción de la identidad, su propia reconstrucción, reinvención de sus identidades. Entonces le pedimos a alguien que es artista, es escritora, es decir, está de los lados de los locos, pero también es psicoloca, y entonces que es a Monique Cepeda que diera la conferencia de clausura, no solo hablando, quizás vaya a mencionar ella, que es autora de libros para niños, también ha escrito libros para maestros, como La Escuela Viva, Partido de Maestro y Aprendiendo Juntos, si no me equivoco, todos publicados por SM. También yo tuve el gusto de publicar en el fondo, Marita no sabe dibujar, que es un libro donde ella es la autora pero también es la ilustradora y ha publicado en SM el cuaderno de Pancha y Sentido contrario en la selva. Pero no la invitamos como autora o como ilustradora, nos la invitamos como una persona que ha trabajado con libros para niños y con niños en su otra profesión que tiene que ver con la psiquioterapia. Y Monique es además de todo esto la persona que ha estado promoviendo tanto en el periódico Reforma como en la radio la literatura para niños y jóvenes que es una cosa que circula casi sotoboche, es decir, en silencio, en la oscuridad. y debemos agradecerle mucho que con su voz difunda se hable, se converte sobre ella. bueno, ella estudió en Francia especialmente se ha dedicado a de infantil y nos va a platicar ahora sobre eso, sobre sus experiencias con libros, con cuentos, con textos con imágenes y cuestiones de la identidad yo vuelvo Gracias. ¿Está prendido? Gracias, buenas tardes. Estaba prendido. ¿Ahí se oye? Sí. Gracias. Hace algún tiempo transitaba yo por el periférico, una tarde lluviosa y de mucho tránsito, para variar, y me tocó detenerme bajo un ancho puente de los que atraviesan esa vía. Ahí se encontraba un hombre, esa era su condición humana, un vagabundo, eso siendo su condición social. El hombre estaba recostado sobre una especie de colchón, protegido de la lluvia por el puente y por unos pedazos de cartón, y tenía un libro entre las manos. Inclinado hacia donde le llegaba más luz, pude atestiguar cómo pasó una o dos páginas y luego levantó la mirada hacia el frente, hacia los coches, hacia mi coche. Pero él miraba otra cosa, otro universo, algo que le había propuesto el libro, la página, la historia que estaba leyendo en ese momento. Regresó a su lectura y los coches comenzaron a avanzar. Lo perdí de vista, pero no lo he perdido en mi memoria. ¿Qué leería ese vagabundo? ¿Qué texto? ¿Qué palabras pudieron haber cautivado a un hombre sin casa, sin protección, sin sustento? ¿Qué poderosa historia lo tenía absorto de tal manera? ¿Y quién sería el autor que logró hablarle? Leer es estar en otra parte, es escaparse momentáneamente para regresar con más aliento. Leer no a isla del mundo, sino que introduce el mundo de otra manera. Es un techo portátil, un abrigo para todo clima, resistente a los rasguños que lo convierten en harapos. La lectura es un lugar donde habitar. La pobreza material es temible. No solo por lo que atenta al bienestar físico, sino porque priva de los bienes culturales que confieren dignidad, inteligencia de sí mismo e inteligencia del mundo. En palabras de Christine Nostringer, que escribió esta historia preciosa que se llama Uno, empieza así. Érase una vez uno que no tenía a nadie ni nada de nada. No tenía padre, ni madre, ni hermano ni hermana, ni amigo, ni tampoco mujer. No tenía casa, ni cama, ni mesa, ni monedero, ni libros, ni paraguas. Por no tener, no tenía ni siquiera nombre. Cuando la gente hablaba de él, decía, ahí hay uno que quiere un trozo de pan, o bien, ahí hay uno que en pleno día duerme sobre el césped, o ahí va uno que ha robado huevos. Si alguien le preguntaba por su nombre, cosa que ocurría raras veces, él contestaba, ah, pues no sé, uno. La lectura y el pensamiento son indisociables. Y así entonces el que lee se sumerge en el espacio del imaginario, de lo sensible, entra a un espacio sobre el que la sociedad no puede ejercer ningún control. El que lee no sabemos qué es lo que está pensando, no sabemos si piensa o si sueña, y las ensoñaciones son inquietantes para quien quiera controlarlo todo. Al poder, al que aspira a controlar, la lectura le representa un riesgo. Por un lado, el riesgo que implica la apropiación de la lengua, el acceso al saber, por lo tanto, la posibilidad de una reflexión propia, de una toma de distancia de los discursos prefabricados, es decir, de todos aquellos caminos que llevan a un verdadero derecho de la ciudadanía. El que se apropia de la lengua, que la puede usar para expresar con exactitud, tiene más posibilidades de evitar las supercherías de la propaganda. Ahora bien, la lectura es un acto íntimo, un territorio de libertad y de soledad, puros sustantivos que asustan a los sistemas de poder. Pero también implica ciertos riesgos para el lector. Al abrir un libro, corremos el riesgo de ser conmovidos, sacudidos, o ver cómo nuestras creencias, ese aparato que creíamos tan sólido, se resquebraja y se desmorona. Nuestros prejuicios pueden sufrir fuertes golpes y estallar, dejándonos desnudos frente a verdades que pasamos media vida negando. Leer puede descubrirnos rincones oscuros de nosotros mismos. Leer entonces es arriesgarse a ser alterado y el miedo al libro es también ese miedo a la fisura que está en nuestro ser y que podría provocar el desplome de lo que uno piensa que es nuestra identidad. ¿Y qué peligrosa es la identidad si no soporta la más mínima alteración? Todos los fanatismos de cualquier signo tienen en común una fragilidad del sentimiento de identidad y los más desprovistos de bienes culturales son los más propensos a dejarse seducir por los que ofrecen prótesis para la identidad. Ah, pero la lectura también nos permite encontrarnos a nosotros mismos. ¿Y qué otro evento en la vida de un hombre puede haber más luminoso que la búsqueda y el encuentro consigo mismos? Foster, el escritor, declara que si la naturaleza humana cambia, será porque los individuos consiguen mirarse a sí mismos de otra manera. Y aquí llegamos a esa vinculación con la identidad, esa construcción elaborada y extraña que es el yo. Ese prisma que no puede ser visto de todos los ángulos al mismo tiempo. Un yo que es constante y siempre cambiante, proceso y esencia que lleva un nombre propio. El constituirse como sujeto, el autonombrarse yo, el poder tomar la palabra para decir quién soy y qué me pasa, es uno de los logros psíquicos que están en la base de un desarrollo intelectual y psíquico sano. La literatura y la realidad psíquica. La realidad psíquica es la interior, no la que transcurre afuera, sino la que ocurre en el interior de la persona. Se parecen mucho en su armado y construcción Ambas se rigen por un tiempo que tiende a ser más lógico que cronológico Comparten un destinatario que es un sujeto fragmentado y plural lleno de contradicciones y multiplicidades Ese prisma, ese yo, no se construye en el vacío Necesita de la interacción con otros para urdirse, para tramarse, para tomar cuerpo además nacemos y nos incorporamos a una red de palabras que nos preceden y en la cual nos incluimos el mundo está ya todo nombrado cuando llegamos a él pero falta que nos apropiemos de las palabras y que encontremos cuáles son las que nos definen mejor y una parte de la elaboración de ese prisma ocurre en el territorio de la intimidad Y si esa intimidad está habitada por las palabras de otros, puede ocurrir que ahí en el relato, en la trama, aparezcan fragmentos de nuestra historia o de nuestros anhelos. Pueden aparecer personajes, por ejemplo, que saben mucho de nuestros deseos más secretos. En ocasiones, saben más que nosotros mismos. Frente a la página, en esa interioridad tan amplia en la que cabemos con todo nuestro bagaje emocional, es difícil cuidar la figura o mantener una pose. Guardar la compostura entre los renglones es innecesario y casi absurdo. Las metáforas nos amortiguan las peores noticias acerca de nuestros más temibles afectos. Nos acercan un espejo implacable con las distorsiones que nos empeñamos en esconder. El acomodo de ciertas palabras nos deja con menos posibilidad de mentirnos a nosotros mismos. Ah, pero también nos acerca a un espacio inviolable, un espejo donde podemos recomponer la imagen de uno mismo. Ahí, en los renglones escritos por otros, nos probamos el traje del héroe o del desalmado y regresamos con la firme sensación de leernos mejor a nosotros mismos. Dice André Breton respecto a la lectura de cierto texto que no sé cuál sería. Dice él, es verdaderamente como si yo me hubiera perdido y de pronto ahí en la página alguien viniera a darme noticias de mí mismo. Cuando uno carece de palabras para pensarse a uno mismo, para expresar su angustia o su coraje o sus esperanzas, entonces no queda más que el cuerpo para hablar. Y esto se traduce ya sea en síntomas o bien en enfrentamientos violentos con los cuerpos de los otros. En esta ocasión, como bien dijo Daniel, quiero compartir con ustedes la experiencia que me han otorgado varios niños en el trabajo clínico frente a las imágenes de ciertos libros. Estas imágenes que les traigo hoy no son todos los mejores libros que yo tengo ni que existen, pero son los que están más gastados en el consultorio y ese fue el criterio con el que los traje hoy. Las imágenes de los álbumes ilustrados son susceptibles, al igual que el relato literario, de múltiples lecturas. Esas imágenes son simbólicas, a veces ambiguas y siempre plurivalentes. Poseen una lógica distinta a la lógica de lo cotidiano y sin embargo iluminan la realidad gracias al disparate, al juego, al humor y a la poesía. Para los niños, la experiencia de compartir una lectura, ya sea en casa o en un espacio terapéutico o en la escuela, representa una experiencia compleja. Por un lado está el relato y lo que va ocurriendo, ya sea en las imágenes o en el texto. Y eso puede mantenerlo intrigado, en suspenso, divertido. Y por otro lado está la temperatura emocional de la palabra. Como los relatos, todos los relatos, todo lo que es literatura, para niños o para adultos, están hechos con palabras vivas y no con palabras muertas, entonces las palabras tienen un tono, un ritmo, un sentido, es decir, una temperatura. Pueden calmar, consolar, explicar, alterar. Hay una sonoridad en la palabra que pone a disposición del niño, debería decir al lector en general, para que el mundo adquiera sentido. En estas imágenes que quiero compartir, añadiré comentarios de algunos niños frente a ellas. En todas y cada una de estas viñetas se percibe la identidad, este yo del que hemos estado hablando. Y esa identidad está ahí espiándose en los libros, espiándose, acomodándose, asentándose, esponjándose, operaciones todas que implican claridad. Gracias a que el lenguaje literario no solo describe y nombra una realidad, sino que también la sugiere, ocurre que cada uno de estos niños encuentre un espacio para acomodarse ahí, en tal o cual página, con todo y su historia. Estos lectores entrelazan sus fantasías con las del autor y las palabras o las imágenes del autor hacen surgir sus propias palabras. Un autor austriaco de nombre Winkler dijo, con mis palabras dibujo una jaula alrededor del miedo. Y eso así ocurre con los niños, deberíamos decir con todos. Con las palabras con las que vamos encontrando, con las que nos prestan, con las que vamos descubriendo, le vamos poniendo diques al miedo. Pero también le podemos poner un marco a la alegría. Y con esas y con otras palabras también podemos liberar un espacio para nuestros deseos. La lectura es un vehículo para que los niños sean más sujetos de su propia vida. Pueden poner distancia con algunos acontecimientos y pueden ver que no todo es como es, que no todo es inmóvil y que puede ser de otra manera. Lo que determina la vida de un ser humano es en gran medida el peso de las palabras o el peso de su ausencia. Cuanto más capaz es uno de nombrar lo que vive, más apto será para vivirlo. Y quiero empezar con esta imagen que nos regala Anthony Brown. Me olvido que me tengo que llevar el micrófono. Anthony Brown es el autor inglés que no tiene piedad de lo que hace, es siempre buenísimo. en una serie que se llama Willy y que nos presenta este personaje bastante amenazador que se llama Buster Narizotas. Willy es el pequeño que se ve aquí abajo. Y esta imagen es una imagen donde los niños se quedan mucho tiempo. Ahorita lo primero que me viene a la mente es la intensidad de la mirada y el silencio del que está viendo el libro. Es un silencio cargado con indignación, con humillación, con rabia. Solo lo puedo suponer porque los niños que tengo en mente no abrieron la boca. Pero no es cualquier silencio, eso sí, déjenme decirlo. Hay dos miradas que recuerdo en específico. Al hacer un alto en la lectura y preguntarles, ¿qué tal con esta imagen? La de Luis, de alrededor de 10 años, fatigado de haber ocupado y seguir ocupando ese lugar del que es molestado en su historia escolar. Una mirada apagada, con dolor, a punto de convertirse en cinismo. Y la mirada de Aldo, de 6 años, todavía pequeño, incapaz de comprender el por qué ocurría en la escuela ese tipo de situaciones. Era una mirada sorprendida, pero conocedora de la experiencia. La página después de esta es esta. Resulta que se aparece el amigo de Willy, que es todavía más grande que Buster el narizote. Entonces se levanta y dice, ¿te puedo ayudar en algo? Y ahí la reacción que ocurre es de alivio y de risa. Luis cambia su mirada apagada. ¡Ja! Dice. Ahora sí. Y es que es todo lo que dice durante un largo rato. Y después de un tiempo, porque estas lecturas no ocurren una sola vez, por eso están tan gastados los libros, después de un tiempo dice. O sea que los malos también pueden tener miedo, lo cual implica un análisis minucioso de la expresión de Buster Narizotas. Está nervioso, dice Luis. Y eso abre la posibilidad de que él se piense en un lugar un poco distinto del que ha venido transcurriendo en la escuela. Aldo, el de seis años, observa y me mira buscando algo, una especie de aprobación. ¿Qué te parece? Le digo yo. ¿Se hizo pipí? Me pregunta. Y efectivamente pareciera, ¿verdad? Yo no lo había pensado hasta que Aldo lo dijo. Esta es una imagen de un libro que se llama El caballero miedoso. Este era un caballero muy valiente que hacía un montón de proezas, pero siempre a la luz del día. Cuando llegaba la noche, esta era su situación. Para Pepe, que tenía ocho años y quien tenía miedo en el cine en ese momento en que se oscurece la sala y todavía no empieza la película, abre el libro varias veces durante varias semanas. y por razones del desgaste propio del libro casi siempre se abre en esta imagen, o sea, está tan doblado que se abre en esta imagen. Pepe dice ¿Dónde está el libro cuando llega al consultorio? ¿Dónde está el libro del que no le tiene miedo a las arañas? ¿Por qué esa es una imagen anterior donde el caballero a la luz del día las arañas las maniobra con gran facilidad? Yo pregunto, ¿y tú, le tienes miedo a las arañas? No, dice, ¿y él? Tampoco. A veces la portada es la que produce un efecto. Este libro de Babette Cole es genial, es difícil. Habla de todo lo que nos da terror de hablar. por supuesto del embarazo, del amor, del sexo, de la elección de objeto sexual, de por qué a veces un hombre elige besar a otro hombre y no a una mujer. De todos estos temas, de cómo podemos a veces odiar y amar al mismo tiempo y por qué nos ocurre eso. En este caso lo que quiero contarles es el efecto que tiene la portada en algunas de las expresiones de estos niños. Una de ellas dice, uy, está abriendo la puerta. Y yo pregunto, ¿y tú? Pues a veces. Otro niño dice, te va a asomar, no hay que asomarte. Y yo pregunto, ¿y qué es lo que ves? No sé, me dice, ¿Tú sabes? Esta es la contraportada de ese mismo libro. Aquí los personajes están desnudos, están jugando como se debe hacer. Aquí por lo general lo que hay son risas y a veces una doble mirada para asegurarse que efectivamente están desnudos. A veces ocurre que el niño hace una negación, no observa que están desludos. Cuando yo pregunto, ¿qué hacen? Se están brincando sin otro comentario respecto a la imagen. ¿Qué es inusual? En este mismo libro habla de todo esto que mamá no me contó, que finalmente sí me cuenta, de a dónde van papá y mamá cuando salen. una niña que llamaremos M, de nueve años, dice, pero el vestido no es negro. Y yo pregunto, ¿el de quién? ¿El de mi mamá? Aldo, el chico que les he contado, de seis años, hace una mueca. Yo sé que él llora cuando salen sus papás. Y Poncho, un niño de 10 años que tiene varias versiones del miedo en su haber y que hace siempre lo necesario para que sus padres no salgan desde tener un ataque de tos que parece asmático, dice, yo todo lo de este libro ya me lo sé. Y este es el lugar a donde van los papás cuando salen de noche. María dice, pero aquí en mi ciudad no hay más. O sea, seguro no hacen eso. Ramón ve la imagen, tiene 11 años y dice, mi mamá no tiene novio. Y Poncho, el que hace todo lo necesario para que no salgan sus papás, dice, No, papás, ni locos. Qué ridículo. Esta es la portada de la serie de Willy el tímido. Son varios títulos, pero en sí misma la portada produce un efecto de atracción de elección por parte de los niños. Es una serie que convierte las debilidades en algo más, a veces en fortaleza, no siempre. Willy es ser bastante frágil, se la pasa pidiendo perdón porque sin querer apachurró en la hormiga y que cansado de ser así, un día decide, ve un anuncio como el de Charles Atlas y decide convertirse en alguien musculoso. Entonces compra el libro, hace los ejercicios y su primer idálico en el gimnasio. es esta. Aldo dice, ay, pobre, pero lo dice con un dolor. Oscar, un niño del que no les he hablado, tiene cuatro y medio, ve la página y dice, ya me quiero ir. Y yo pienso, como hace poco que llego a terapia, pienso, ¿te quiere ir del consultorio? Entonces pregunto, ¿te quieres ir? Sí, de aquí me quiero ir, dice señalando la página. ¿A otra hoja? Sí, me dice. Y Matías, que es muy pequeño para su edad, tiene un problema de crecimiento, dice, todos siempre son más grandes que yo. Es por los, y se pasa buscando la palabra genes. Yo sé que es esa palabra porque su madre es bióloga. Y no la encuentra. Lo dejo que busque un rato, pero después se la acerque. Sí, claro, es por eso. Willy tiene los genes así. Después de que Willy hace un montón de ejercicio y logra ponerse fuertísimo, hace algún acto heroico por ahí y él se siente muy satisfecho y orgulloso de sí mismo, entonces camina muy inflado por la calle cuando de pronto, ¡pah! Se da y justo después regresa a este lugar. Ay, perdón, dice Willy otra vez, que es así como empieza el texto. Aquí, ¿qué ocurre con los lectores? Perplejos, enojados. Aldo, que tiene una manera extrañísima de ver el mundo, dice, ¿es otro Willy? No puede afectar, ya que una vez que se había fortalecido, regresa y dice esto otro. Oscar, el que les conté de la otra, que se quería cambiar de hoja, le pregunto en la anterior, ¿aquí mejor? Sí, mejor. ¿Y aquí? No, no, nos vamos, me decía. Ya nos vamos. Y Matías, el que tiene su problema de genes, dice, ves, te dije. Entonces, a veces, respecto a este texto, a veces hablamos de que los músculos no son de afuera, son de adentro. A veces recibo miradas que dicen, anda, no me vengas con cuentos. Y otras veces, después de varias lecturas, surge la pregunta, o sea que entonces, aunque se haya golpeado, ¿puede volver a ser fuerte como las hojas de antes? Y a veces ocurre que lo leen al revés, eso después de varias lecturas. Es otro libro de Babette Cole, La princesa Listilla. Genial, divertidísimo. María, que tiene entre 6 y 7 años, ve la portada y dice, no, no es princesa. Ah, sí, tiene corona. Pero las princesas no se suben a las motos. Y yo pregunto, ¿por qué? No las dejan. A María le dicen princesa en su casa. Su madre ha hecho hasta lo imposible por conservar al padre de María a su lado. Eso ha implicado construcciones y reconstrucciones de sí misma. Uno de los muchos síntomas de María es que no puede despegarse físicamente de su mamá. Y otro síntoma es que detesta bañarse y cambiarse de ropa. permanentemente huele su ropa y sus juguetes. Entonces, cuando María le enseñamos esta primera hoja del libro, que dice que la princesa Listilla no se quería casar, que vivía muy bien soltera, a sus pocos años me dice, ¡ah! con este descreimiento. Esta princesa no se quiere casar, pero resulta que está en hora de casarse y entonces le hace pruebas a un montón de candidatos, se las pone dificilísimas para que todos fallen y queden en lo ridículo, hasta que llega uno que va sorteando las pruebas, pero ella logra ponerle el cuatro definitivo, y el libro termina con la princesa Listilla en una tumbona, viviendo feliz con sus animales. María en una relectura dice, Mi mamá sí se quiere volver a casar. Yo digo, ah, sí, sí, sí, pero, ¿pero qué? Y esto abre una serie de pensamientos que se van enhebrando con el tiempo hasta definir cuál es la función de María en la vida de su madre. María fue rechazada por el padre y se pegó completamente a la mamá. Entonces, si ella está sucia, su madre no la va a llevar a lugares. Ella es el ancla. Pasa mucho tiempo, muchas lecturas. Y María dice en esta primera imagen, ¿a ella sí le dejan que se suba su caballo al sofá? ¿A mi perro no? ¿No? ¿Pregunto? No, porque ensucia todo. En palabras de la mamá, cuando describe su casa, dice, mi casa es un palacio. Después de un año, que ahora María ya se baña y se viste siempre de un solo color. O sea, si es rosa es todo rosa, si es morado es todo morado. Y había pocas variedades de los colores. Después de un año María dice, mira cómo tiene su cuarto. Y yo digo, ¿cómo? Pues todo tirado. Donde ya hay una posibilidad entonces de lo que no veía hacia un año, después ya lo puede ver. Y a lo largo de los años las imágenes de esta clase de princesa le abrieron una posibilidad a María de pensar una vida para sí misma que no sea la de su mamá. En otra propuesta que hace Babette Cole, en este Príncipe Ceniciento, divertidísimo, divertidísimo, que además propone todo este juego del cambio de género, que es necesario, vital y que asusta. María lo ve y dice, Príncipe Ceniciento no existe y ni lo quiere leer, se arrebota en la portada. Luis es el de 10 años al que no le iba nada bien en la escuela con los amigos Luis es robusto pero no tiene los suficientes atributos masculinos para complacer a su papá es decir, en palabras del padre, se deja de todos para Luis la portada es motivo de largas reflexiones en silencio Les cuento un poco, ya se sabe la historia. El príncipe Ceniciento se la pasaba haciendo el quehacer en su casa cuando finalmente lo invitan al baile de la princesa. La princesa se encanta con él, pero pues él a las doce sale corriendo y pierde los pantalones. Esta risa y la risa de los niños muestra el reconocimiento de un orden invertido de las cosas. Así no pasan. Y abre una posibilidad de pensar las cosas de otra manera. Y como dice Michel Petit, los libros muestran que hay salidas, que uno puede inventar su vida y que para inventarla primero hay que soñarla. Luis se ríe muchísimo en algunas de las imágenes. Este asunto de que se le caigan los pantalones lo hace reír y parece mostrar alivio. Y al yo tratar de indagar por dónde va su pensamiento, aparece, pero con el tiempo, una frase en palabras de Luis que le dice su papá. Luis dice que su papá dijo, mi hijo no tiene pantalones. El final del libro es delicioso y es que los hermanos mayores que eran unos abusivos y unos conchudos son convertidos en aditas domésticas y condenados a ser el quehacer por siempre jamás Generalmente aparece una cierta incomodidad en los chicos Yo creo que en general en todo, pero en los chicos varones. Esta es una imagen que hace ver los realces de la realidad y no tiene mucho que ver con la edad de que lo lee. Pero este es un buen ejemplo de cómo una ilustración o un texto dibujado puede marcar claramente las fronteras del yo. Hubo niños que cerraron el libro antes de que pudiera yo leer la frasecita de arriba, que miren que es corta. Pero para Luis, después de muchos meses, en esta imagen él dice, yo sí le ayudo a mi mamá, pero ella casi no me deja. Luis ha hecho un largo proceso en busca de su identidad, de gente. ahora pasamos a este texto genial que seguramente conocen Olivia es sumamente curativa tiende a contar historias un poco exageradas, no miente fabula un día en clase en esta historia en la clase ella cuenta que fue al circo y que cuando llegó resulta que todos los artistas estaban enfermos y que ella tuvo que hacer todos los números ella sola. Sacó a los elefantes, fue la trapejista, sacó a los perros amaestrados, hizo todos los números ella sola. Y cuando llega la parte de la domadora, dice también fui la domadora. Y esta imagen, que es verdad que es una delicia, produce un alargamiento en el paso de las páginas. O sea, nos tenemos que detener ahí. Aquí, Carla, de siete años, quien fabula bastante o más que Olivia, adopta la postura que tiene Olivia frente al león. o sea, la incorpora, ¿no? ¿Y qué se siente? Le pregunto yo. Y grume. A la quinta vez que leemos Olivia, Carla dice es que cuando la asustan, se enojan. Olivia, ¿y tú? Le pregunto. Y entonces ahí se abre la puerta para un larguísimo trayecto alrededor de sus experiencias, que no había podido nombrar hasta el momento. En este mismo texto, después de que Olivia contó todo eso en la escuela y que el maestro le pregunta, pero Olivia, ¿todo eso es cierto? Sí, dice ella, pero ¿de veras todo es cierto? Todo, absolutamente todo, dice Olivia. Entonces, después de que ocurre eso en la escuela, Olivia llega a casa y le preguntan, ¿no? ¿Cómo te fue? Bien, ¿qué hiciste? Nada. Renata es una niña casi perfecta. Esta es la descripción de la madre. Es preciosa, es aplicada, me exacta, dice la madre, es delicada, muy bien comportada. Bien, o sea, ustedes dirán, pero ¿por qué está ahí? Bueno, pues viene porque no puede hacer amigos. Y Renata regresa y disfruta muchísimo esta imagen. Ella dice, yo también le digo nada a mi mamá. Entonces empieza una exploración para ella, una exploración que ella va haciendo para distinguir lo que es ella y lo que es necesario para darle gusto a su mamá. porque hasta el momento estaba todo pegado, no tenía ella una posibilidad. Ella es un buen ejemplo de que cuando ella decía yo quiero, realmente estaba diciendo queremos. Y entonces empieza un trabajo para ir desenebrando su yo, su yo de la madre. Esta imagen de Rafa parece muy conocida. La peor señora del mundo, de Francisco Hinojosa, acaba de cumplir 15 años el libro. Creo que todos conocen la historia, la historia de una señora tan mala, tan malísima que todo el mundo la deja, pero es de terror, ¿no? Le daba croquetas a sus hijos. Esta imagen inquietante y perturbadora produce alivio por una manera después paradójica. porque permite medir la distancia con la propia madre con cómo se ven cuando las madres se enojan. Tengo algunas respuestas de niños. Dicen, no, mi mamá no se ve así, solo cuando se enoja. Otro, no, mi mamá no se parece, casi. Y otro más, no, no, no tanto. este es otro ejemplo de cómo la portada puede ser un gacho, de hecho este libro nadie lo ha abierto en mi consultorio solamente la portada pero se han suscitado los siguientes diálogos respecto a lo que ahí dice un niño dijo le está diciendo adiós, ¿verdad? Y yo. ¿Y qué más dice? Dice, el niño dice, dice papá, luego vengo. O otro niño dice, Matías dice, vengo el sábado, como siempre dice mi papá, y luego no llega. Otro niño dice, no, mi papá no vive aquí. Otro más, Ramón, que está pasando por unas escenas de película en su casa por esos temas, dice, ¿y no están enojados? Los observamos. Dice, ¿y qué está diciendo la mamá? Yo pregunto, ¿qué te imaginas? Dice, despídete de tu papá, hija y mitad. Este es un niño que todavía no logra despedirse con facilidad en los desprendimientos de las visitas. Otro niño toma el libro y dice, aquí dice papá se fue. Y yo digo, no, ahí dice papá y mamá no viven juntos. No es lo mismo, le digo. No, no. Esta es otra portada que tiene su eficacia. Este libro habla de secretos buenos y secretos malos. Secretos buenos es cuando estás preparando una fiesta sorpresa y no debes decir. Y los secretos malos son los que bien sabemos cuando alguien hizo algo y te pide silencio. Este libro no es abierto con frecuencia, pero la frase permite que se exploren esos territorios y abre la puerta para poder hablar de los secretos. Toma tiempo, les toma tiempo, es decir, no ocurre al ver solamente la portada, pero saben en qué retija de mi librero está el libro de los secretos. Otra vez Anthony Brown. En esta serie también son tres libros de cuento de oso. Una serie también encantadora y sonadorísima, donde este oso siempre va caminando por el bosque, siempre lleva un lápiz y se encuentra al lobo. Alicia tiene tres años y medio y ha tenido varias operaciones de gravedad y varios periodos largos de hospitalización. Y Alicia en la primera lectura se queda silenciosa. Aldo, el de los seis años, dice, ¡ay, qué bueno que puede dibujar! Porque esto es lo que todo. entonces cuando vemos esto Alicia abre los ojos y la boca sonriente pero no dice nada a la quinientava lectura, porque este sí fue de quinientas veces Alicia ya tiene como cuatro y medio en esta imagen yo cometí el error no tiene texto pero como así era el libro, yo cometí el error de decir, y oso siguió caminando, cuando en realidad no dice nada a él. Ahora, después de un año, Alicia lo cuenta a él, ya que lo sabe de memoria. Y entonces ella dice, le voy a hacer un cochino, y oso siguió caminando, dice imitándome a mí. Después de un periodo de no usar el libro y de regreso de una interrupción por algo relacionado a su salud, retoma el libro y dice, ¿te acuerdas de cuando yo era chica? Sí. Y entonces ella se imita a sí misma, te voy a hacer un cochinote. Y yo caminando. No reímos. Porque ya si eso es un código entre ella y yo de estamos dejando el lobo detrás este texto que es extraordinario con ilustraciones de Juan G. Dobius tiene pocas ilustraciones en blanco y negro pero son todas de esa capacidad de poder el relato es de una niña que tiene unos cielos horrorosos de su hermanito que es encantador al cual le prestan mucha atención y que para colmo de males ahora los bañan juntos en la tina y le rogan su espacio. Y ella tiene un pequeño cocodrilo, y un día el cocodrilo se va por el desagüe de la tina, y ella le dice, ella tiene mucho por hacer de haber perdido su cocodrilo, porque además lo tenía el hermano, o sea, se lo prestó, y a la hora que hace ese ruido horroroso la bañera al vaciarse, Ella le dice a su hermanito, que es el cocodrilo que se encuentra en el desagüe. Y transcurre una aventura muy bien escrita, fascinante, donde la niña, aterrada por algo que le pasa a su hermano, se va a rescatar el cocodrilo de plástico al desagüe. Entonces, David, que tiene un hermano que por razones de salud ha ocupado demasiado la atención de los padres. Después de haber oído esta historia, cada sección viene y checa que el libro esté donde él lo dejó. No lo ha vuelto a ver desde que lo leí, pero siempre revisa que esté ahí. A veces se cambia como en el orden y va y lo regresa donde él lo puso. Pilar, que tenía ocho años cuando vino y tenía tres hermanos más chiquitos que ella, a los ocho años, y cuatro más grandes que ella. El último bebé que nació fue demasiado para ella. Y ya se le. Se le pegaron los cabos. Pasaron unos años y me la encuentro en la calle. Y me dicen, ¿todavía tienes el libro del cocodrilo? Como para ver la perduración del poder de la imagen y del relato. Una joven ilustradora mexicana, autora e ilustradora, presenta lo siguiente, es un libro maravilloso. No les voy a contar de qué se trata, solamente les voy a mostrar dos imágenes. Una mamá gritona es una experiencia compartida, aun cuando la mamá sea dulce, pero cuando no lo es, entonces la imagen adquiere un poder enorme. Ramón ve la imagen y se tapa los dedos como primera reacción. Él pertenece a una familia de muchos hermanos. Ramón se acaba de destacar. ¿No grita más? Pregunta Ramón. Parece, digo yo. Es decir, que lo que plantea Michelle Petit en relación a que los libros abren la posibilidad de pensar que las cosas no tienen que ser tal cual son, ocurre así que abre la posibilidad de pensar que la mamá podría ser de otra manera. No quiere decir que vaya a ser, pero existe la posibilidad de pensar, no tiene por qué ser así siempre. Estas son dos imágenes poderosas de ese libro. Ahora, acercándonos al final de estas imágenes, este libro que ya no se consigue desafortunadamente, que pueden ver, así pueden atestiguar cuántas veces has sido leído. y gastado, Masacinio es una historia donde no aparece la madre. El padre se ocupa de las necesidades y de los temores de su hijo, que nunca quiere ni puede dormir solo en su cama y todo el tiempo se pasa a la cama del papá. A veces dice que es porque tiene frío, a veces porque tiene hambre, a veces que quiere hacer pipí, pero siempre se está pasando a la cama del papá. Hasta que una vez, después de una conversación con el padre, que no logra entender por qué, dice, es que te extraño, le dice Macaquín a su papá. Y así vemos cómo Macaquín ya se pasa. Andrea es una niña de cinco años, muy temerosa, muy tímida, muy apegada a la madre, pero por poderosas razones. Ella ha sido operada de los ojos y las revisiones son tenidas por ella y por la madre como el evento más horroroso. Esta es una madre asustada y dominante, que es una combinación terrible. Andrea no puede creer que Macasino no tenga mamá. Ella pregunta, ¿no tiene o no está? Yo, no sé qué pienso. Con el tiempo y después de varias lecturas, dice Andrés, ¿y el papá sabe hacer una mamela? Sí, eso sí contesta con claridad, sí, sí sabe. En esta imagen, Aldo de seis años, que no logra complacer a su padre, casi en nada, Dice cuando ve esta imagen, ¿y no se enoja papá? Y Andrea, ¿todas las noches se pasa? Y con el tiempo, este se vuelve el texto predilecto de Andrea, este donde no hay mamá, esta niña que no puede soltar a su madre de la mano. Y esta es la imagen predilecta de Andrea, ella la aparicia. Y Aldo lo que hace es que deja el libro abierto mientras jugamos a otra cosa. Lo pone como al lado ahí, abierto. Cuando ya vemos que el libro ya está, ahora sí ya estaba, pero en pedacitos, y yo comento, y se me reservó otra hoja más, Aldo, te ayudo a pegarlo y así transcurre una sesión con el otro. Y nos quedaremos con esta imagen. Y para finalizar, quiero comentarles que para estos lectores, que me permitieron estar tan cerca de ellos, la experiencia de abrir y cerrar un libro múltiples veces, de saber que hay entre dos portadas de cartón, Habitan los lobos, los leones, las madres brujas, los padres solitarios, los cocodrilos, los abusivos. Y que uno puede cerrar el libro y volver a abrirlo y que ya se sabe el final y que se sabe que todo entra en un cierto orden, para estos lectores la experiencia ha sido fortalecedora. Leer no es una cuestión de recibir. El lector participa, construye. El lector nunca es un ser pasivo frente a un cierto número de palabras. Ni siquiera es un lector si es digno de las palabras que ahí están escritas. Siempre está construyendo otro texto simultáneamente. Y ese texto está fabricado con las hebras de las resonancias evocadas, con memorias, con fantasmas propios, con pedazos de su historia, con sonidos de su vida, es decir, con un filtro irrepetible. Lo que lee entonces es una meta historia, una construcción única e irrepetible entre el texto y un sujeto en un momento particular. y ahí en esa metahistoria en esa historia que flota como por encima de la página ahí ocurren una serie de fenómenos psíquicos que permiten al lector afirmarse, construirse rectificarse, reeditarse, reencontrar en cada lectura su propio yo y asumir el silencio y tomar la palabra. Muchas gracias.
SISTEMA
NTSC
DOCUMENTO_DIGITALIZADO
Sí
FECHA_AUTORIZACION
12/11/2007
FECHA_INGRESO_ENTREGA
16/11/2007
FECHA_PUBLICACION
16/11/2007
CODIGO_BARRAS_LTO
BWF480
BARRA
Divulgación
TEMPORADA
27
CONDUCCION
Daniel Goldin, escritor
TEMA_CONTENIDO
Promoción de la lectura y la literatura
FECHA_GRABACION
16/11/2007
LOCACION
CLASIFICACION
A
IDIOMA_ORIGINAL
Español
REALIZACION
Leonardo del Río
PRODUCCION
Ana Victoria Martínez Anaya

