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CUID
M-02795
SUBTITULO_SERIE
FILIJ 24
SINOPSIS_SERIE
Sobre cómo la lectura se configura en el cruce entre experiencia familiar, entorno social y acceso a la cultura escrita y de qué modo las desigualdades, la precariedad y la movilidad condicionan la relación con los libros, así como las tensiones entre lo heredado en el hogar y lo vivido en contextos escolares y comunitarios. Se analizan las posibilidades de que espacios educativos, bibliotecas y proyectos locales compensen ausencias, acompañen procesos de identidad y generen encuentros significativos con la palabra
EXTRACTO_SERIE
Se destaca la necesidad de crear condiciones materiales y afectivas que permitan a niños y adultos construir una práctica lectora libre, compartida y sostenida, especialmente en contextos de marginación
SUBTITULO_PROGRAMA
Eliana Yunes (Brasil)
SINOPSIS_PROGRAMA
Reflexión sobre el papel de la familia en la formación lectora y sobre las desigualdades que condicionan el acceso a la cultura escrita. El contenido aborda cómo distintos contextos sociales modelan la relación con los libros, así como las tensiones entre herencias familiares, experiencias escolares y otras instituciones capaces de abrir caminos hacia la lectura. Se examinan las posibilidades de que espacios comunitarios y educativos compensen ausencias, acompañen procesos de identidad y generen encuentros significativos con la palabra, especialmente en situaciones de marginación o precariedad
EXTRACTO_PROGRAMA
Análisis del papel de la familia y otras instituciones en el acceso a la lectura, destacando cómo los contextos sociales influyen en la relación con los libros y en la construcción de experiencias lectoras significativas
N_PROGRAMA
4
N_TOTAL_PROGRAMAS
16
DURACION_TOTAL
00:57:23:01
PARTICIPANTES
Eliana Yunes, pedagoga, investigadora y ensayista
María Elvira Charría, especialista en fomento de la lectura
SEMBLANZA_PARTICIPANTE
Eliana Yunes
Investigadora y ensayista con amplia trayectoria en estudios de lectura y formación de lectores. Ha desarrollado una obra significativa en interpretación, teorías de la lectura y políticas públicas del libro. Fue organizadora del Proler en la Fundación Biblioteca Nacional y cofundadora de la Cátedra UNESCO de Leitura no Brasil y de la red RELER. Dirigió el Instituto Interdisciplinar de Leitura de la PUC-Rio y actuó como consejera en la Política Nacional de Leitura, además de publicar numerosos libros y artículos sobre lectura, hermenéutica y prácticas educativas.
María Elvira Charría
Especialista colombiana en fomento de la lectura, formada en fonoaudiología, con amplia trayectoria en bibliotecas, mediación lectora y desarrollo de proyectos educativos en América Latina. Ha trabajado en instituciones como CERLALC y en programas de lectura vinculados a sistemas educativos.
TIPO_ACTIVIDAD
DISCIPLINA
PALABRAS_CLAVE
Artes visuales | Cuento | Edición de textos | Enseñanza de la lectura | Escritor | Escritora | Escritura creativa | Humor (literario) | Ilustración | Lectura | Libro para niños | Literatura | Novela | Selección de libros
TRANSCRIPCION
Música Música Bienvenidos a nuestra segunda jornada de este Seminario Internacional del Libro Infantil y Juvenil que hacemos en el marco de la 24ª Serie del Libro Infantil y Juvenil, desde Conaculta, la Secretaría de Educación Pública y el Centro Nacional de las Artes. Se han detenido tanto los que ya están después de una jornada de trabajo como aquellos que se incorporan en el día de hoy. En la mañana de hoy me ha tocado a mí el honor y el placer de presentar a ustedes a una profesional que ha venido para compartir con nosotros este rato de la mañana desde algunas de sus reflexiones en el campo de la lectura. Eliana Yunes nació en Río de Janeiro, en Brasil, tiene estudios en filosofía, cuenta con una especialización en literatura infantil de la Universidad Complutense de Madrid, es maestra de lingüística, tiene un doctorado en literatura brasilera y literatura de los diferentes lugares del mundo en literatura universal. Durante más de 20 años ha sido docente en la Pontificia Universidad Católica de Río, tanto en los cursos de pregrado como en los cursos de doctorado. Para muchos o para algunos de los que estamos acá, El nombre de Eliana Yunes es un nombre que está de la mano de entender no solo la literatura infantil en Brasil y en América Latina, sino entender el valor de la lectura y el valor de la literatura en la formación del individuo y de su posibilidad de ejercer su ciudadanía. Yo no me voy a alargar contando su historia de vida y sus estudios, solamente para terminar la presentación. Quisiera decir y resaltar que Eliana, junto con un equipo muy importante de trabajo, como son importantes todos los equipos de trabajo en Brasil, diseñó e inició lo que es el Programa Nacional de Lectura, Proleer, haciendo un trabajo que yo admiro muchísimo, que creo que nos ha enseñado muchísimo América y que fue líder de los proyectos, esencialmente haciéndonos entender que un programa nacional no puede, por un lado, hacerse desde el nivel federal para mandarle a los estados una regla de cómo deben operar, sino que tiene que construirse con los estados para hacer oír la voz de los profesionales múltiples en cada uno de los estados, asegurarlos y darles desde allí la posibilidad de que el programa sea un programa de ellos y se extienda continuamente. Quiero agradecer enormemente a Liana que haya aceptado nuestra invitación en el día de hoy para trabajar en el tema. En el día de hoy nos invita a hacer una reflexión a lo largo del día acercándonos al tema de la familia. Y como saben ustedes, ella tituló su ponencia, La presencia del otro en la intimidad del yo, aprendiendo con la lectura. Gracias, Eliana. Buenos días. Soy yo que tengo que agradecer una vez más a los mexicanos que aún otros años me invitan para los seminarios y los congresos y parece que todavía no se cansaran de acompañarme en mi portuñol. Me dijo Ana Lorenzana y Ana Bustillo que me escribieran en nombre de Conaculta y sí que yo podría hablar en español. Entonces, como Michelle Petit, yo me arriesgo a hablar en su lengua y les agradezco que estén aquí esta mañana con nosotros. Quiero agradecer muchísimo a mis amigos de acá, a Elida, sobre todo, que es una hermana, a Elisa Bonilla, a Inelda Martorell, a Raúl Jaime Sorilla, a Ana, a Rinsana, a todo el equipo y a ustedes, a los coordinadores regionales de este programa con quienes estuve en Durango y ahora puedo volver a encontrar. Aunque estemos en el corazón del nuevo mundo, México, será necesario volver al viejo mundo para trazar un recogido que nos lleve al punto de lo que vamos a plantear aquí. Perdón, se les hago retroceder en una línea imaginaria del tiempo para establecer algunos conceptos con los que vamos a manejar. Una de las suelias para reconocer el paso de la Edad Media a la modernidad fue la noción de individualidad, construida tras la revolución promovida por la luneta de Galileo, con su descentralización de la tierra y, por lo tanto, de la visión teocéntrica sostenida por la escolástica liberal, afinada con la descripción aristotélica del sistema solar. El espacio de las comunidades campesinas, atrapadas por las reglas seguras de la naturaleza con el tiempo cíclico por referencia, fueron entonces avaladas también, sin comprender, por los efectos de los relatos de los navegadores y viajantes que descubrieron otros mundos y culturas. Y desde ahí otro loco de observación de la sociedad humana. El doble movimiento de alteración de puntos de vista trajo un cambio formidable con el hombre sustituyendo a Dios en la conducción de los hechos. amparado por la ciencia naciente y por el cambio económico que se inicia formando las primeras aglomeraciones urbanas, ubicadas junto al mar o en enclaves estratégicos de caminos para los negocios. La noción de pertenencia al grupo se mueve y se altera colectivamente. Empieza a romperse con el alejamiento de unos que oyeran los ecos de sus deseos y el imaginario en los relatos fantásticos que traían también noticias de riqueza y poder a algunos de los viajantes. cosas que antes apenas distinguían los así nacidos como individuos, es decir, como una unidad social. A estas modificaciones vino a sumarse otra en el plan filosófico, como la posesión filosófica cartesiana del cógito, por la cual el individuo se transforma en sujeto, señor de la razón. la lógica que vino suplantar las formulaciones del mundo cuya fuente última era la autoridad divina, representada por los hombres guardianes de la palabra sagrada y movilizada por intereses del poder político temporal. La filosofía griega que creara la razón para combatir la ambigüedad del discurso no lograra hacer coincidir el ser y el pensamiento, pues el individuo no estuviera todavía demarcado por algo que le diera identidad personal. Yo soy, yo existo, yo pienso. En esta condición desarrollada por Kant, crece un ser pensante que tiene su límite en el impognocible, en el absoluto, que sin embargo la razón puede atestar. Todo lo más se considera objeto frente a este sujeto, modernamente tomado como conciencia que ejerce el conocimiento. Esta concepción ha amparado el despegue de la ciencia, pues la prueba en la razón y en lo empírico. Estamos ya por saltos en el siglo XIX y estalla la crisis de este sujeto de la conciencia, que casi todo lo explica y poco mejora sus condiciones físicas y sociales. La historia es una historia de guerras, explotaciones, colonialismos, torturas, locuras, enfermedades, sin que la razón en su excelencia haya podido hacer más por la calidad del humano. La crítica, es decir, el discernimiento, viene de distintas fuentes, pero destaquemos tres nomás. Con Nietzsche en la filosofía, la visión de la llamada civilización occidental cristiana, ha creado esclavos de la razón ajena del Estado, sujetos en el sentido semántico, sometidos, sin voluntad propia, sin motivación de vivir, discapacitados para la justicia y las artes, sin creatividad, sin sensibilidad. De la medicina psicológica viene Freud con la novedad de que la señora de la razón no es tanto la conciencia, sino el inconsciente, que no se deja ver, sino por actos, fallos, quistes, sueños, arte. y constituye la base de las formulaciones racionales, las que se manifiestan por el discurso, por las proposiciones, por las sentencias, las palabras. Mejor decir, por el lenguaje. Una aproximación entre este y el pensamiento donde el mundo es lo que podemos decir que el mundo es. La contemporánea filosofía del lenguaje de Wittgenstein nos trajo la idea de que afuera de los juegos del lenguaje no hay como significar y dar sentido al mundo. La ciencia todavía nos guardaba una sorpresa más con la perspectiva de la física atómica y la teoría de la relatividad de Einstein, confirmando el descentramiento de la certidumbre de la razón pura. La naturaleza visitada por la física de Milton tiene sus reglas, pero ellas no se extenden al macro o al microcosmo. Lo que puede interesarnos desde ahora en este tema es que el sujeto poético o el llamado yo lírico apunta para esta realidad cambiante de tonos y tonos. colores, de ideas y fenómenos que la poieses intenta realizar dándonos a ver o a entrever nuevas posibilidades de mundos hace mucho. Mejor dicho, con el teórico de la literatura Wolfgang Iser, entre el real e impognoscible que en nuestro imaginario cabe el lenguaje de la ficción que señala a ambos y alante, el que construye un puente entre uno y otro por la misma ficción. Aceptémonos un poquito más de nuestro tema. El lenguaje es un constructo social, un sistema complejo de comunicación, heredado de generaciones, pero vivo, aceptando cambios que el uso le impone, correspondiendo a situaciones históricas sociales que le dejan marcas, huellas, además de promover alteraciones. Si pasamos del anonimato en medio de la masa colectiva para una identidad personal que individualiza nuestra firma, por ejemplo, y considera que ella corresponde a una personalidad con existencia propia e incomunicable en su totalidad, Nuestra relación con los demás pasa por el intercambio en estos sistemas que no tienen transparencia, no ponen evidente lo que se dice o se quiso decir, ni refrendan algo con garantías de verdad. Somos entonces al mismo tiempo construidos por nuestros propios discursos. Vale aclarar, mientras organizamos nuestro pensar, nuestro decir, es nuestra subjetividad misma a que damos forma y contenido. Si el sujeto de la conciencia no es el señor de la razón ni del lenguaje, y la subjetividad nace de la elaboración compleja de memorias personales y colectivas, de experiencias, de aprendizaje, asociaciones, afectividades, juicios, deseos, no es posible rechazar la evidencia de que el sujeto nace uno entre otros. La idea cartesiana de la objetividad y subjetividad puras desaparece frente a la evidencia de los efectos mutuos que la relación sujeto-objeto desencadena. Algo que me toca me transforma y la mirada que le pongo igual lo modifica. Mientras lo decíamos con el lenguaje poético, piedra es pluma, ejemplo de Otagno Paz para tratar imagen y ritmo en signos en rotación. Mientras decíamos con el lenguaje poético, no nos lo creyeron. Pero, dicho por la física cuántica, ahora sí asume tono de verdad. El lenguaje, en su multiplicidad pendiente o no de lo verbal, no se sujeta a hacer tan solo repetición, la idea de una lengua hecha, acabada, más opta por la diferencia, recibiendo de lo que los usuarios le aportan. Intento de hacer que se diga mucho más que el ordinario. Es así que se pasa, es ahí que se pasa un permanente ejercicio, un juego que reorganiza el decir conforme el emisor y el receptor, construye y desconstruye sentidos. Al comunicarse, el hombre crea mundos ficcionales en buena parte, aunque esté describiendo un evento como el 11 de septiembre. Son los sentimientos, los valores, la ideología, la historia personal que pone o quita ciertos rasgos de lo real, siempre concreto pero inabarcable por el lenguaje. aproximación, sugerencia, que por muchas miradas toma una forma similar al que se nos escapa. De forma cabal, esto se pasa con el poético, pero hoy reconocemos la extensión del proceso con intensidad distinta para todo tipo de discurso. Los hablantes están, pues, en el lenguaje como en el aire. Comparciendo su uso en comunidades interpretativas múltiples, van incorporando formas de expresión que cargan sus valores. En cada contexto, la iglesia, escuela, club, trabajo, hay contribuciones a la composición de cada uno de nosotros, de nuestro pensar, de nuestro querer, de nuestro hacer. Poco a poco estas imágenes del otro son filtradas y más, como en un espejo, él nos devuelve una imagen nuestra. Buscamos en las reacciones de los que nos oyen o nos ven una confirmación o un rechazo de lo que le manifestamos en cuanto a un yo. Con la correspondencia que se establece con el otro, la subjetividad se transfigura en intersubjetividad, que una especie de red extergida entre los que conviven en un espacio-tiempo o en una clase de concieras tales como ideas políticas, bibliografías frecuentadas, autores favoritos. En la cultura popular lusófona del portugués, y es probable que en hispánica también, hay una expresión que dice, Dime con quién andas y yo te diré quién eres. El flujo de valores, sentidos, perspectivas, expectativas es grande entre los que intercambian su vida e experiencia cerca o lejos en el tiempo. En la literatura y sobre todo en las biografías del siglo XIX, todo un género ha despuntado con las historias de la formación, una fuerte herencia del modelo burgués urbano de educación. Con estos relajes no nos pasan distecedidas las obras literarias leídas solitariamente o en familia. La idea de que la construcción de la personalidad depende de la interacción que se establezca con los demás. Y esto es indudable hoy en nuestro horizonte pragmático. Aunque la divers objetividad opere independiente de nuestro querer en el cotidiano, el otro más bien es sentido como un oponente por la diferencia radical del cuerpo, por las interacciones concebidas como resistencia o por las alianzas que implican asociación de individualidades. Sin embargo, la psicoanálisis de la filosofía contemporánea llaman atención para el eje constitutivo del yo que pasa por el otro para que uno no se abisme con el mal, como un narciso en sí mismo, con el riesgo de perderse encerrado en el Dios. Dios nos cuenta, ley y naz, filósofo del fin del siglo XX, es el otro absoluto, la diferencia absoluta que reza al hombre a construirse a sí mismo. Si la voz del consciente se exprime por el yo, el inconsciente es impregnado por lo que está en mí, marcas e impresiones que los otros me han dejado sin que yo me dispongo. Curiosamente, la distancia que la ficción proporciona en la literatura, en el cine, en la pintura, aproxima la existencia del otro y redimensiona la interacción efectuada. La voz interiorizada dialoga con el sujeto y valora con alcanzas y diferencias, promoviendo en la intimidad del yo la presencia del otro. Componente de mí, él manifiesta el ruido que me inquieta y altera, albera de la un, alto, otro, desalojando mis certidumbres que me inmovilizan y haciendo con que yo me conmueva, me mueva con él. Es la presencia del otro que me trae la identidad como contrapunto, ambas móviles y que necesita una mirada libre del interés inmediato, práctico, porque el conocimiento cambió de guía y corre por otras avenidas que del análisis objetivo en que nos hicieran creer que aprendíamos las cosas. aprendemos con los sentidos, incluyendo el sexto, con la actividad, con la intuición, con la razón. Es decir, con nuestra inteligencia emocional y racional. El cuerpo se exige, se filtra y habla de manera integrada al cerebro, al intelecto. El íntimo acoge y refleja lo que le toca. Si el otro le toca, aun que yo no lo quiera, es escogido como una imagen, sin adivinativos evaluadores aún, es acogido en la intimidad de ellos. Un proceso distinto sirve para comprender cómo nos hacemos sujetos de una lectura del mundo y de la palabra, sin forjar los demás como objetos, asumiendo una ética de las relaciones humanas o sociales a partir de nuestra propia institución personal. Es casi una condición de supervivencia para tener opciones, para trazar caminos. Y cuando no hay la conciencia del lenguaje, el reconocimiento del territorio propio de vida, la apertura al otro, hay la enfermedad que aísla e incomuniza y viviendo el flujo de la renovación de la vida, la sangre nueva. El egocentrismo mata al uno y al otro. La tolerancia, el respeto que buscamos en medio a la violencia de nuestras ciudades tiene su génesis en el reconocimiento del otro, en la disponibilidad para que él también pueda vivir. Podría, sin pudor, decir que esto es una demanda por la amorización del mundo, perdón, el neologismo. Fue por el camino de estas reflexiones que dibujamos un proyecto de formación de lectores para la Biblioteca Nacional de Brasil en los 90, dentro y fuera de la escuela. La lengua oral tiene una estructura con fuerte influencia en la escrita, más aún con los medios audiovisuales que producen relatos de la narratividad fuerte para crear un mundo. En la primera infancia, el contacto con el mundo es asombrado. Todo es fantástico y original. El lenguaje es el instrumento más fértil para dimensionar y expandir el mundo, como lo dice Wittgenstein. En él vamos poniendo cara al nombre y al rostro que recibimos. Como es de lo íntimo que estamos a tratar, yo no creo que sea inconveniente abrir espacio para una confesión o testimonio autobiográfico. Una imagen clara de mis recuerdos de infancia es estar inclinada en una ventana de mi casa, girando a la plaza de los grandes árboles abajo a la izquierda. Aún puedo sentir el olor de las hojitas apretadas entre los dedos mientras caminábamos los domingos hasta el kiosco de periódicos con mi padre. Tenía como seis años, apenas ingresada en los misterios de la escritura. Eriendo los ojos más arriba de las ramas, yo veía el violeta azulado de los montes altísimos, como si fueran de terciopelo, en cortes sobre la tela del cielo, cruzado de los árboles de otoño en abril. Cegando la cabeza de un punto a otro del límite del mundo, que eran las montañas que pescaban mi ciudad, yo me preguntaba, ¿qué habrá? ¿Qué habrá? Imaginar qué cosas existían por detrás de la tierra me daba susto y dolor. Las historias que yo oyera entonces en mi abuelo o por la radio en los fines de tarde o que me seducían desde las sesiones del cine, si yo me dispusiera a entrar en el gran salón oscuro para mirar la pantalla grande mientras me perdiera perderme de las manos queridas. Estas historias hacían temblar mi corazón. apenas con la idea de que tanto abría por conocer que yo no aguantaría. Pero tuve miedo a, no tuve miedo, no tuve miedo a hacerme preguntadora. Y aun cuando la curiosidad fue premiada con censuras, Volvía al imaginario y a las montañas de la cordillera del mar, que era así que se llamaba la sierra, para soñar con los viajes de Zimbabwe o Marco Polo que me contaba mi madre. Lejos todavía estaba de los viajes de Colombo por el mar tenebroso que me ligaría a las fricciones de plazo. Por fin, el abuelo, que era casi un niño, me hizo entrar porque era de ese en el cine, que se llamaba El Dorado, para ver Marcelino Panellino. Lo que me introdujo a mi propio cine para el uso. Sus sillones de terciopelo rojo, las arrandelas de conchas blancas con lices centrífugas, me encantarían por muchos años. Al término del primer año escolar, por Navidad, me regaló mi padre una pequeña serie de libros de cuentos mágicos con un especial manejo de máscaras para ocultar una a la vez las dobles ilustraciones que había en una misma página. Me recuerdo la portada del patito feo, quizás porque muchísimo tiempo después en Alemania yo la encontré en una ficha en la exposición de libros antiguos. Lo extraordinario se me pasó, sin embargo, cuando a los ocho años tuve una enfermedad que me aisló por dos meses con mis hermanos y amigos. Creo que no ha sido fácil para mi madre mantenerme en el lecho hasta que mi padrino me vino a visitar con un regalo en los manos. Él vivía lejos, no tenía hijos. Ese fue antes que yo le pudiera preguntar de dónde sacara la idea de me ofrecer la completa colección de Monteiro Lobato. Mejor que todo lo que ya leí como crítica de literatura para mí. Escuela de Ana María Machado y de Lidia Boichunga, conforme lo confesa en el libro que se le contó en el camino. Puedo todavía ver el papel que envolvía la caja y sentir el olor de la pinta sobre el papel con dibujos que reconocí excelentes más tarde, que eran de un ilustrador francés, Gustave Doré. Si habláramos todos español o portugués, lo bajo habría sido el Anderson de América Latina. Yo nunca más sería la misma. Entré en el sitio del pica palo amarillo, que era el mundo de lo bajo, para salir otra persona. Si los días se pasaron calmos después para mi madre, cuando salí de la habitación no lograba explicar lo que se pasara conmigo. Mi madre, lectura de novelas, que no había leído Lobato en su infancia, tampoco podía entender la revolución que se pusiera en marcha en la cabeza de niño. El reino de las aguas claras fue con Emilia, la muñeca hablante, el álbum del ego de Lobato, hombre lúcido y crítico en su tiempo, fui con ella desde la Grecia clásica hasta la luna de las tierras de los y de historias de los negros e indígenas americanos por la historia de las invenciones hasta la segunda guerra hasta la tierra de las lenguas en la geografía del mundo en 80 días por las historias de Grimm, de Roe, Anders y con Alicia empieza en tierras de espejos de maravillas. Ahora el mundo era otro, era un día. Aprendí que molinos no son el viento solamente, que las moralejas tienen su hora y es normal. Que la verdad existe, pero que desde el punto de vista humano, en su totalidad inabarcable, no hay quien la pueda contener, que no hay guerras justas, que la amistad y la argucia son preciosas, que la vida está pendiente de lo que quieren y hacen los niños. En la edad que era lector de Nietzsche, entendí que la fe que yo heredara no tenía espacio para el miedo, sino para la justicia y el amor. Cuando me curé del dolor de ser la hija mayor, Me creí del miedo de no entender todas las cosas, del miedo de dudar, de esperar, de desear, dando paso a la confianza y a la alegría. Yo había sido inoculada por el virus de la pasión, por el relato, por las palabras que sí, Hablar de mí era la extensión de las tablas con que yo identificaba, proyección en lo real de lo que había encontrado en esa expresión ficcional que ahora habitaba mi corazón. Lo bajo y saber si el mundo era otro, pero amable. Poco después encontré las historias de la Biblia, ya sin temores del infierno, a pesar de las figuras terribles del demonio en el estaticismo, y con el tanto descubrí las parábolas de la humanidad, la sacacidad en lugar de la violencia, el valor del decir. Tardeé sin embargo encontrar los salvos, el cántico de los cánticos y la historia de los jóvenes. En la adolescencia me enamoré de la poesía que tenía. Entonces el mundo ya no era un jardín de senderos que se dibujan y yo no lo sabía. Dos enciclopelias pasaran por mí, tesoros de la juventud y personajes de la historia, a que añadí los álbumes sobre finías y costumbres con banderas de todo el mundo. Quise decirme, como muchas de aquellas mujeres, entender sus lenguas distintas, amar sus paisajes. La pintura y la música se me ampliaron de sentido. Conocí el canto gregorial, la música de los conventos, el descubrimiento y el impresionismo diáfano. En esta edad tuve permiso a la biblioteca de mi madre y pasaba días y noches con la llama de las canarias, con el portundo de Notre Dame, con el hombre y la madre, con Ana Karenina, con los hermanos Karamazov, con Romeo y Julieta. a escondidas sobre la libertad de leer, yo soy amado, lanzado y así, de rico delísimo, de tantos otros extranjeros que todavía no cabían en mi edad. No, no me crean leyendo solitaria con mi periodo. Yo me sentaba igual con el silencio entre los amigos y el vocero de los niños. De una amiga recién llegada a mi ciudad, gané el Principito. Pero los dibujos me parecieron tan infantiles que solamente a los 15-7, cuando un correspondiente inglés me saludó con una palabra del zorro entre comillas. Volví al libro para viajar constantemente supecí por la tierra de los hombres y su compañero de vida. Fue en la universidad todavía en el interior de la provincia donde yo vivía Y conocí a Lorta, a Fernando Pessoa, a Carlos Drummond, a Pablo Neruda, a Gabriela Mistral, a Darcía Marte, a Alejo Castillo, a Cecilia Maldés, a Carlos Fuentes que no eran ya ahora tan próximos como los amigos en carne y hueso. A Cúmico les contaba los libros que leyendo y se transformaban en otra y misma persona. Mis amigos, mis amistades con Bortes, con Raidino, con Bartos Y ya hoy no distingo teoría, ensayo o literatura. Leyendo y leyendo, yo los conocía de memoria y me daba gusto decirlo para mis amigos, sin variedades de escenarios. Era el gusto de contar y visitar para compartir los que me habían prestado tonos, rasgos, miradas para acercarme de mí misma y del mundo. Fue ahí un día que el superior provincial de los jesuitas oyó uno de sus cuentos y conocía mi amor por las narrativas, le contó que los niños de la secundaria dañaban los libros de la biblioteca, además de no emplear su tiempo en leerlos. mientras allí quedaban en su aula de lectura. ¿Qué se podría hacer? Preguntó. Decidida a investigar el suceso, y esta fue la primera descripción, visité el colegio y me deparece en la primaria. Los únicos libros que manejaban los niños eran los textos de aula. Volví a mi infancia, movida por la memoria de mi encuentro con Montero Lobato, me tomé un año para organizar una biblioteca básica de literatura infantil, mientras visitaba cada salón de clases, contándoles cuentos guardados en mi corazón. Así, cuando abrimos la biblioteca infantil, ellos ya tenían cuentos favoritos, para recoger. Yo les había presentado a muchos otros niños de papel, los cuales se reconocían en falta. Era el año de 72, estábamos en la dictadura, y la literatura infantil brasileña despegaba en medio al silencio impuesto a la literatura de adulto. La censura cerraba periódicos y cartas editoriales, excepto las líneas de publicación para la infancia, donde se creía no haber que vigilar. Pero escritores, hijos de los barcos, como les llamamos hoy, Ligia, Ana María, Giraldo, Bartolomeu Campos Feroz, Eva Fortunari, Joel Coutinho y Rocha, despuntaban con sus historias metafóricas sobre el poder, la amistad, la represión familiar, las parodias de los cuentos mágicos, los pescados de la tradición popular. El éxito con el interés de los niños por las historias hizo la biblioteca de ficción un centro de acusaciones de los maestros, que empezaron a leer para acompañar las discusiones y el entusiasmo de los vecinos. La segunda decisión le hizo buscar profundizar y estudiar ahora sobre temas de la lectura. En la universidad, yo me llamaba la atención, y había llamado la atención la filosofía del lenguaje y los tramos de la interpretación en sus caminos múltiples, con serpientes entre voces que hacían alianzas con otras del pasado y del presente, en búsqueda de compañía para dar sentido al texto del mundo y al mundo del texto. Salte a la investigación de la literatura infantil para saber cómo cultivar nuevos lectores. Ya en la dirección de la Fundación Nacional de Literatura Infantil y Juvenil, a que estuve invitada otra vez a dirigir, En un momento de graves crisis económicas, descubrí que la clave, además de buenas obras, escritas con inteligencia, sensibilidad, inmoralistas y humanitarismo, eran los mediadores. La primera experiencia de capacitación, regalándoles a los maestros estrategias de lectura a través del análisis de las obras con sugerencias de actividades, al cabo de dos años me dejó mucho triste en su espíritu. ¿Qué pasaba? Si los maestros después de trabajar un libro no sabían leer por su cuenta un nuevo título, ¿cómo sería un mediador capaz de motivar a los niños a también leer por su cuenta? Primero volví a la historia personal. La vida no podía ser sustituida por la palabra, pero era hecha de verbo. No solamente de lo que uno oía, sino de lo que se decía de viva voz. Entonces, percebí que al hablar del mundo, hablaba de mí misma y hablaba de todos los que conmigo vivían. Leía el mundo y escribía mi vida. En eso está la ética y la estética del lector. Los otros ya no me eran extraños en sus experiencias y me ayudaban a construir mi identidad por elecciones y la intersubjetividad. Así reconocí a la persona consciente y comprometí a conseguir mi vida y a los compañeros de investigación y trabajo por la palabra compartida, por los hilos del verbo de ficción. Me incliné sobre proyectos de promoción de lectura, además de los que vivía y registraba en las escuelas, en los hospitales, en las prisiones, en casos de huérfanos, como cuentacuentos que me tornaron. Leyendo ideas de los gobiernos para el libro y las bibliotecas, me fijé que la lectura era tomada como una consecuencia natural de la distribución de libros. Estos lectores eran todos los alfabetizados que conocían el código y la gramática, y sin embargo no amaban la literatura y los libros. La práctica intuitiva se me expulsó una reflexión definida y poco a poco la teoría me saltaba de la metodología y la metodología se recomponía. Dos o tres cosas fundamentales. Nadie lee solo, aun que lo parezca. Siempre estamos en la compañía del otro, sea en una ronda, sea en el silencio de la habitación. La lectura nunca es solitaria, sino solidaria. Hay un encuentro con otras voces que nos pesan y nos cambian. Leemos con nuestros territorios de vida y de lectura, con las memorias que constituyen nuestro hacerse personal. Por eso, hay siempre algo rico y personal cuando alguien llega al libro, a la película y se pone en contacto con el nuevo. Y así no hay nadie que sea incapaz de apuntar algo nuevo al diálogo con o sobre una historia. Así leer juntos, como las madres y los abuelos hacían con los niños, es una experiencia placentera que no se puede escuchar en la vida de ellos. Leyendo y platicando sobre las historias, vamos mejorando la altitud, sosteniendo el mundo que se ancha de este niño, y que lo inmundo es la exclusión del otro. Y ahí Dios merece contrapunto y equilibrio a Dios. El lector, el sentido tiene la humildad de compartir la braza que lo anima. No es el fuego que consume al otro con su propio brillo. Quiero leerles un poema de Benjamín González Huelta, dedicado aquí en México, que es el cubano, que me trajo en aquel momento y que les quiero regalar como instinto clave para mis reflexiones sobre el papel animador del lector. Dice, para ser braza en el centro del hogar, hay que haber ardido enteramente hasta el corazón de la madera. Solo así la braza será fuego contenido, sin manchas negras de los calcas vegetales, sin adorancias de tristes y de ríos. La brasa agradece, la cendita que la cubre, la esconde y la protege, no necesita llamaradas que le reclaman las infusiones. Su intimidad naranja salvea sin dar miedo. En su ternura sobria nadie se calcuna. Vive lenta y duradera, no precisa piezas ni seduz de soledad. Como memoria siria de encuentros libres que sorriden por la vida jamás se muerde de su experiencia. El mejor es el que se necesita quemar la alejera. ¿Se terminan ahora? Muchísimas gracias, Eliana. este camino que nos has permitido recorrer contigo este rato de la mañana con esta fuerza del lector, del mismo lector que para terminar esta mañana nos has descrito a través de ese maravilloso poema. Gracias.
SISTEMA
NTSC
DOCUMENTO_DIGITALIZADO
Sí
FECHA_AUTORIZACION
14/11/2004
FECHA_INGRESO_ENTREGA
16/11/2004
CODIGO_BARRAS_LTO
BWF481
BARRA
Divulgación
TEMPORADA
24
CONDUCTOR
María Elvira Charria, directora de "Promoción a la lectura" SEP
TEMA_CONTENIDO
Promoción de la lectura y la literatura
FECHA_GRABACION
16/11/2004
LOCACION
CLASIFICACION
A
IDIOMA_ORIGINAL
Español
REALIZACION
Raúl Maldonado Alvarado
PRODUCCION
María Enriqueta Godoy Mendoza

