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CUID
MW-06623
SUBTITULO_SERIE
FILIJ 30
SINOPSIS_SERIE
Se presentan estrategias de fomento lector que combinan libros, tecnología, comunidad y familia para formar lectores autónomos, subrayando el papel de bibliotecas, escuelas y servicios de salud en asegurar un contacto temprano y constante con los textos. Se explora las primeras experiencias narrativas y los juegos de imaginación y su influencia en el desarrollo psíquico, emocional y social de la infancia. Se destaca la importancia de la voz, el ritmo y las interacciones tempranas para construir un tiempo interno que favorece la creatividad y la representación simbólica
EXTRACTO_SERIE
Se explora cómo las primeras experiencias narrativas y las estrategias de fomento lector fortalecen la imaginación, el desarrollo infantil y el acceso temprano y cotidiano a los libros
TITULO_PROGRAMA
SUBTITULO_PROGRAMA
Jorge Miguel Cocom Pech (México)
SINOPSIS_PROGRAMA
La relación entre literatura, memoria y tradición oral desde una perspectiva que vincula la cosmovisión maya con la lectura como acto formativo. A partir de evocaciones sobre el origen de la palabra, la naturaleza y la enseñanza de los abuelos, se reflexiona sobre cómo las primeras experiencias sensoriales, lingüísticas y culturales configuran la comprensión del mundo. Se destaca la potencia simbólica de la oralidad, su capacidad para transmitir significados profundos y su influencia en la creación literaria contemporánea. El discurso plantea que leer y escribir permiten reencontrar identidades, resignificar la realidad y reconocer la dimensión espiritual y estética de la lengua
EXTRACTO_PROGRAMA
Reflexión sobre cómo la tradición oral y la cosmovisión maya forman la mirada lectora y escritural, mostrando a la palabra como vínculo entre memoria, naturaleza e identidad, y como vía para comprender y resignificar la realidad
N_PROGRAMA
10
N_TOTAL_PROGRAMAS
14
DURACION_TOTAL
01:44:04:16
PARTICIPANTES
Jorge Miguel Cocom Pech, escritor maya
SEMBLANZA_PARTICIPANTE
Jorge Miguel Cocom Pech
Escritor maya yucateco con una trayectoria dedicada a la creación literaria, la traducción y la promoción de las lenguas indígenas. Ha publicado poesía, narrativa, ensayo y textos bilingües que recuperan la tradición oral maya, entre ellos Muk’ult’an in Nool / Secretos del abuelo, obra ampliamente traducida a lenguas indígenas y extranjeras. Fue fundador del grupo literario Génali y presidió la Asociación de Escritores en Lenguas Indígenas entre 2002 y 2005. Su participación en encuentros internacionales y su labor en la difusión de la literatura maya han sido reconocidas con premios como el Premio Internacional de Literaturas Indígenas de América
TIPO_ACTIVIDAD
DISCIPLINA
PALABRAS_CLAVE
Artes visuales | Cuento | Edición de textos | Enseñanza de la lectura | Escritor | Escritora | Escritura creativa | Humor (literario) | Ilustración | Lectura | Libro para niños | Literatura | Novela | Selección de libros
TRANSCRIPCION
La literatura mexicana, y me atrevo a decir que en la Universal, se enriquecen con producciones como esta. Más allá del realismo mágico, Jorge Cocompech, con sus metáforas, paralelismos y luminosas evocaciones, reactualiza en el presente, transformada en torrente de vida, la sabiduría y belleza de la palabra antigua. Los secretos del abuelo, por significarse en ser un libro procedente de la oralidad y por su profunda hondura filosófica y literaria, han merecido traducciones totales en la lengua francesa e italiana. Fragmentos de su aliento poético han propiciado su traducción en las lenguas indígenas mam, zapoteco y náhuatl, así como al inglés, al rumano, al catalán, al serbio, al árabe y al ruso. La obra y la trayectoria literaria de Jorge Cocompech ha trascendido nuestras fronteras al participar en festivales y conferencias en Canadá, Estados Unidos, Guatemala, Nicaragua, Panamá, Colombia, Venezuela, Chile, España y Rumanía. En la mañana escuchamos a Mervo decir que si soy, dijo textualmente, si soy escritor es porque hubo biblioteca en mi casa. y quizá aquí podamos decir de Jorge Cocón, si es escritor, poeta y ahora me entero que también albañil, y eso no estaba en su currículum, es porque hubo una tradición oral fuerte, potentísima, proveniente de la tradición maya. Él creo yo que actualiza, hace presente esta tradición que semeja por su estructura una portentosa construcción. Quizá podamos pensar en Calakmul, en donde podemos encontrar vestigios vivos en el aire, en la evocación, en la fuerza del canto de los pájaros, en la intensidad, en la tenacidad, en el camino de las hormigas. podemos encontrar significados en la sombra de los árboles. Jorge Cucón creo que nos adentrará en la posibilidad de leer el mundo, no destituyendo códigos como en el caso de las palabras, sino viviendo desde el fondo de su corazón la verdad de la palabra, la fuerza de la palabra, la fuerza debido a aquello que pareciera estar tensado como la red de las, como la telaraña de las arañas, con una magia que surge luego de su silencio interior, de su trabajo interior, de su fuerza. Y parecería, según leí en los secretos del abuelo, que su destino lo decidió un grano de maíz. A partir de entonces se volvió en cazador, se convirtió en un cazador de auroras. Y retomando el tema del seminario, ya que estamos aquí ante el tema que es la primera lectura significativa, ventana al mundo de lo imaginario, yo quisiera convertir o revertir en este caso, dado a la persona, al individuo, al poeta que tenemos aquí, Es decir, que estamos ante un posible texto, ante un posible cuento, que es ventana al mundo de lo real, en donde lo real es visto totalmente de otra manera, con otros ojos. Y yo acudo aquí muy contenta de poderme enfrentar, de poder compartir este día, esta charla, con alguien que me puede decir cómo descubrir estos significados, cómo entrar a mi vida con este significado de lo real, lo real desde una manera muy profunda, desde una manera que no sabemos leer la realidad. y ya que él pasó de la tradición oral a escribir cuentos, creo que también su presencia aquí nos dará la oportunidad y a todos ustedes también junto conmigo a entender qué pasa después de esto que nos ha dicho Mempo sobre la lectura que entra con la calidez de la palabra de las abuelas, cómo entra, cómo nos hacemos lectores, cómo nos formamos, cómo abordamos por primera vez un texto de manera independiente, nos hacemos lectores y cómo después podemos ir nosotros mismos a nuestras palabras, a descubrir las palabras que surgen en nuestra mente, en nuestro corazón, como ustedes quieran decirlo, y que nos hacen en un momento dado escribir y encontrarnos a nosotros mismos en lo que nosotros podemos escribir. Creo que esto también es parte del seminario de lectura, encontrar a la palabra escrita. Jorge, muchas gracias por haberme tenido paciencia. Gracias, tienes la palabra. Gracias. Gracias, Rosalía. Gracias. Let's just... Tu idioma es la casa de tu alma. Ahí viven tus padres y tus abuelos. En esa casa milenaria, hogar de tus recuerdos, permanece tu palabra. Por eso, no llores la muerte de tu cuerpo ni llores la muerte de tu alma. Tu cuerpo permanece en el rostro de tus hijos. Tu alma eternece en el fulgor de las estrellas. Eso, eso que está en Maya, mi lengua nativa, mi lengua materna, mi lengua de luz. Eso, eso aprendí de niño. Fueron mis primeras palabras que escuché en maya, en la lengua de mis padres, en la lengua de mis abuelos. Pero no solamente eso, conforme fui creciendo en el entorno, en un pueblo no más allá de mil quinientos habitantes, nosotros nos llenamos, nos llenamos de sonidos, nos llenamos de imágenes. En ese entonces había una biblioteca en el pueblo que posteriormente la visité, pero en la infancia, cuando no había cuadernos, cuando era carísimo conseguirse un lápiz, un cuaderno, recuerdo todavía que nos regalaban los libros de texto gratuito, los primeros, creo que venían con las portadas de David Alfaro Siqueiros, me acuerdo, y de González Camarena, donde está la mujer y la bandera, me acuerdo muy bien, que por cierto, es la modelo de una tlaxcalteca, un indígena tlaxcalteca de aquella época. Nosotros éramos tan pobres que las tareas, para no manchar, donde las íbamos a pasar en limpio, agarrábamos el papel estraza y ahí hacíamos nuestra tarea y para después ponerlo en el blanco, y donde están las rayas del cuaderno, eso teníamos que hacer. No había más que pláticas, todo se nos transmitía de manera oral y uno tenía que ir aleccionando la memoria para poder grabárselas. Pues los cuentos, los relatos, las consecas. Yo viví en mi infancia en un mundo mágico de colores y sonidos. Esos fueron mis primeros libros. Los colores de las mariposas en verano, que eran tantas cuando pasaban por las calles que parecían. esos papelitos de confeti amarillas, verdes, blancas. Y por las noches en verano, cuando íbamos al monte, porque teníamos que ir a hacer puh, ir a hacer puh, es ir a cazar venado o lo que cayera. Por las noches en esos veranos, en las noches nos acompañaban las luciérnagas. De día, mariposas. De noche, luciérnagas. Yo siempre digo que cuando salí de mi pueblo y de manera fortuita estoy en la Ciudad de México, me traje mi lengua y me traje todo ese pueblo y de infancia que yo viví. No lo pude evitar. Por allá alguna vez me dijo, no es que Jorge ya vive en México, ya no es maya. Ah, como si uno se pueda quitarse las cosas del pueblo, dejarlas ahí y no traerlas acá. No, en primer lugar, pues ya ven que el nopal la traigo en la cara, por decirlo así. Bueno, en Yucatán no hay nopal, hay enekén. Pero en fin, volviendo a la lectura, uno oye de pequeño, Es ahí donde está el impacto. Yo oía conjuros como este. Trece vueltas hará tu espíritu alrededor del enorme pozo. Trece vueltas hará tu espíritu alrededor del fuego. Trece vueltas hará tu espíritu alrededor del aire. Trece vueltas hará tu espíritu alrededor de la tierra. Ahí donde estás de pie, ahí donde se entrerró tu ombligo, primera ofrenda de tu carne para su madre originaria. Y todas estas cosas con juros, petición de agua, yo lo viví. Mi abuelo era un viejo chamán, don Gregorio Pech. Jmen decimos allá en Yucatán. Jmen tiene un gran significado porque men en maya quiere decir creer, crear y hacer. Por lo tanto, el curandero es alguien que cree, crea y hace. Entonces, yo crecí en ese medio. Crecí en un medio donde no habían cuadernos, donde los primeros maestros eran nuestros padres, nuestros abuelos. No había, por fortuna, bueno, estamos en otro tiempo, si no los chamaquitos me inventarían la madre, no había tele. Pero había radio, por las noches escuchamos el programa de los tres cochinitos, escuchamos la XCB, la B grande de México, Radio Centro, la XCW. Ay, era un deleite cuando daban las once y se iba la luz. Porque nosotros queríamos seguir también oyendo sus programas. Pero cuando íbamos al monte, cuando íbamos a sembrar frijol, calabaza, maíz sobre todo, el campo olía a miel allá por los meses de mayo, junio, cuando el chiché, que es una planta melífera, soltaba sus néctares. Las noches eran noches perfumadas. Todo eso fue alimentando mi alma. Estas eran las maneras en que la naturaleza nos enseñaba. Mis primeros cuentos se escribieron en mis oídos y en mis ojos. Hay un poema bellísimo de Miqueas Sánchez, una poetisa soque, que si sigue escribiendo como está escribiendo, un día va a ser Premio Nacional de Literatura. Al finalizar un poema ella dice, la noche comienza cuando cierras los ojos. Y no es eso bello. No se necesita ponerle palabras domingueras, la poesía está cerca de nosotros. Cuando crepita, en ese entonces, el fuego debajo de las tres piedras, Ahora hay estufa, ya no puede crepitar el fuego. Ya se le quitó esa magia que nosotros tuvimos de pequeño, porque cuando crepitaba el fuego, decía mi padre, hay visita, Paula, ponga unas tortillas más, no vaya a ser que venga con hambre. Y entonces mi mamá se apuraba a hacer lo poco que quedaba y echarle más agua a los frijoles, ¿no? para que, de veras, y hasta llegaba la visita. ¿Por qué? Porque era el otro lenguaje que nosotros aprendimos, ¿no? Estábamos, por ejemplo, y esto es muy común en Yucatán, no sé, en América, no sé en qué parte de México también lo sea, hablando de los lenguajes, de cómo uno leyó esas cosas, a veces de pronto veíamos al gato acicalarse, Acicalarse, bañarse de manera elegante. Si hay algún caballero que mi casa yo vi arreglarse, era el gato. Aunque yo fuera chamagoso, pero el gato se acicalaba. Ah, los bigotes, los afila. ¿Qué no han visto ustedes cómo se baña un gato? Bueno, entonces nosotros tenemos la creencia que cuando se baña un gato delante de su dueño, Quiere decir que hay visita inesperada y hay que levantar las cosas para que no miren el tiradero, los calzones por aquí, las camisas y algunas otras intimidades que a veces caen. Entonces, uno rapidito se ponía a arreglar y en cualquier momento del día, de pronto golpeaban, o te traían una invitación, o te invitaban a ir a un rezo, a una novena, o bien iban a decir que alguien ya murió. en un pueblo pequeño no necesitábamos periódico, saliva, el rumor, el chisme, sustituyen al periódico y rapidito, no necesitábamos ni titulares, ni articulistas, nada, se enteraba uno rápido. una vez le pregunté a mi maestro de secundaria que me daba clases inglés y que había sido soldado de la Segunda Guerra Mundial allá en los Estados Unidos. Le digo, maestro, después de revisar el periódico, ¿por qué nuestro pueblo no sale aquí en el periódico? Ya tengo meses y ¿qué no pasa nada aquí? El señor luego de bajarse unos lentes así guafondo de botella. Pasé entonces, limpió la lagaña y me dijo, un pueblo chico es como una mujer honrada. No pasa nada, pero si pasa algo, todos lo saben. Mejor hijo, que no pase nada. Y así es. Ya ven que los medios luego viven del escándalo. Pero más de la calumnia se ha vuelto una industria. En un pueblo como nosotros era chisme, así empieza. Hay un fragmento de la ópera El Barbero de Sevilla. Hay un área donde habla de la calumnia. Es tan profundo lo que dice ahí, que se parece a eso que estábamos platicando. Y bien, volviendo a la hora de la lectura, en las noches cuando salía con el abuelo Gregorio, porque a veces en abril, mayo allá en Yucatán, pues hace calor, ¿no? Como aquí que tenemos que estar cuidándose. Entonces, salíamos a leer, me decía, mira, allá está la constelación de Orión. y ahí está su fajita, son tres estrellas. De aquel lado está la cruz del sur, pero ese que ves así rojito, dicen los mestizos que se llama Marte y ese que tiene mucha luz se llama Venus. Y me iba explicando la orientación de las estrellas y las fases del proceso agrícola que nosotros vivíamos. en el campo. Mi abuelo Gregorio Pech, antes de cortar los árboles, mensuraba así un cuadrado, mensuraba, en medio ponía un altar y antes de cortar los árboles en el mes, los primeros días de abril, les pedía perdón y permiso. Y digo, perdón y permiso. ¿No? No con permiso y si acaso perdón. No. Tú pide perdón y te importa. No. Otra cosa que yo aprendí de él, antes de comer, porque ya estaba lista la comida, ya los gatos y los otros perros estaban dando vuelta. Él solía primero criar a los perros, y después comer. Y en algunas partes comemos y los desperdicios para los perros. Allá es diferente. Primero se le da a los perros para que luego nosotros comamos a gusto. Porque qué pena. Una vez fui a un lugar, no voy a decir el nombre, le voy a dar alguien de aquí. Nos sirvieron de comer en una fiesta y se acercó un perro y mientras yo comía, él hacía así. y a mí me dio, pues, pena, porque yo me acordaba que en nuestra cultura y posiblemente en otras culturas así sea, no, primero se crían a los animales y después come uno a gusto y sin que estar, quítate aquí, no, no, no, no, no. En maya, para referirse a los animales domésticos, se dice ala. Y si uno hace un estudio morfosemántico a la palabra alak, quiere decir tu próximo. Y no es sostar, no son los animales los más próximos a uno. Cuánta ternura no hay en un caballo a veces, en un perro, en los gatos que muchos no quieren que yo sí los quiero. Es más, escribí un poema hace muchos años que dice así en la versión. en la versión en español. Mi gato es un pedazo viviente de mi conciencia sucia. Cuando se baña delante de mí, me dice que todos los días hay que lavarse la conciencia. Y esos son los gatos. Nos enseña muchas cosas. Y el poeta y el escritor o el narrador, antes de meterse teorías de la recepción, teoría literaria, que preceptiva, que góngora, que Octavio Paz, todos esos, tiene que ser un observador. Porque allí se desarrolla la agudeza. Tiene que aprender a oír. Por las noches, allá en el monte, en el sitio que se llama Noh Kankab, era el sitio de poder de mi abuelo Gregorio, me enseñaba a oír y a distinguir el siseo de los grillos, la hembra del macho. Me decía algunas veces al lado de la maca mientras chirreaba, porque luego chirrea la maca, se amarra con esa fibra de neken y chirrea la maca. Pero a veces aquietario decía, mira, baja tus pies y deja de mecerte. El grillo que está a tu lado derecho es macho, el que está a tu lado izquierdo es hembra. Y yo decía, tan pequeños, ¿cómo sabe este señor el sexo? pues ya lo revisó no estaba en la prolongación del siseo el que es macho dura un poquito más la hembra es más tímida el siseo es más corto y se están diciendo los dos se están citando pero los dos dicen sí, sí, sí, sí, sí. ¿Y cómo no se va a entretener uno así, teniendo un poderoso abuelo, que tenía una imaginación tan portentosa, pero primero dije, ¿cómo es que sabes? Porque de los perritos ya sabíamos, de los gatitos, parece que tomatitos que venden ahora, unos tomatitos así, ¿no? ¿Cómo mi abuelo sabía? Pero por el siseo, por su canto nocturno, mi abuelo sabía diferenciar qué grillos y las grillas. También ahora sabe uno diferenciar de las grillas, pero de otras grillas, no de las mujeres, de esa grilla barata que a veces llega al Congreso y nos espanta. Pero eso es otra cosa. Vinimos a hablar de literatura, teoría política, eso que se ocupa en UNAM. O bien, obvio, es un gran teórico, y otros italianos, pero aquí en México de eso no sabemos. Ojalá supiéramos más para que no nos vieran la cara. Bien, entonces volviendo a lo de la lectura. Hubo un año, mi abuelo tenía la costumbre cuando éramos pequeños de preguntarnos por las, a veces en el camino, a veces cortando leña, a veces debajo de la huerta, porque vivíamos nosotros en una huerta, al oriente del pueblo rumbo usmal había una huerta enorme, habían mangos, el mango frondosos, ya ven que el mango, los que colostan somos de trópico, pues el mango es enorme, corpulentos, el mango como la ceiba, entonces en esa huerta habían frutales, naranjas, aguacates, mangos y frutales de la región, saramullo, caimito, y ustedes saben qué cosa es esto, pueden ver, Entonces yo crecí en una huerta. En esa huerta, en esa huerta, pues crecíamos con mis primos, mi hijos de mi tía Ramona, de mi tío Gonzalo, de mi tío Chele, ese dijo, ¿para qué me caliento la cabeza? Con los sobrinos tengo. Y no hizo ejercicio de su… de eso, pasé chamacos. Se quedó soltero, pero viendo los sobrinos que tenía a su lado, digo, pues con estos tengo. En fin, mi abuelo Gregorio solía preguntarnos en maya, ¿qué soñaste anoche o qué soñaste en la madrugada? Yo no sé qué caramba buscaba el abuelo, pero tenía una obsesión por preguntarnos qué soñábamos por la noche y finalmente cuando hubiera un sueño medio interesante o bien húmedo, ¿cómo le va a decir uno? ¿Cómo le va a decir uno? Ah, no, no, eso es de uno mismo. Ah, mira, ¿qué quiere saber? En fin, pero el abuelo preguntaba qué soñábamos por las noches. Aún me lo sigo preguntando. En fin, una vez, una tarde, debajo de una cueva, como a las tres de la tarde, de esas épocas de la canícula y la canícula en Yucatán, que es muy fuerte, hace mucho calor. Estábamos haciendo sombreros ahí en las cuevas, porque ya ven que entre Campeche y Yucatán está Becal y Becal, es donde se hace el hippie palma, esos sombreros muy bonitos que se doblan y se meten un anillo y pasa por ahí, no pasa nada, lo vuelves a componer. En fin, nosotros solíamos acompañarlo en esa cueva y le preguntamos, ya viene el abuelo porque nos contó infinidad de relatos, relatos encantadores. Fueron más de 600 relatos y aquí en Secretos del Abuelo nada más hay seis. La tarea no es fácil, después les explico por qué. Entonces, esa tarde dijo, hoy no hay cuento. Vimos que vino muy serio, porque se peleó con su mujer joven, porque tenía dos mujeres. Ah, pero yo no lo ejerzo, eso es un asunto, hay que conservar a la familia. Pero una, una, para que se calienta uno la cabeza. En fin, tenía dos mujeres mi abuelo. Mi abuela Felipa, la grande, y Lupe, la de 20 años. Así que aquello de 20 y 40 con mi abuelo se ejercía. Y dice mi mamá que Lupe y mi abuela Felipa se llevaron tan bien que no se peleaban. ¿Quién sabe qué filtro o qué pócima le dio a las dos mi abuelo que las tenía quietas? Eso sí no me lo dijo. eso sí no me dio el secreto mi abuelo, bueno este libro se llama Secretos del Abuelo, he dado por la UNAM se llama en maya y en español Secretos del Abuelo pues bien, volviendo a eso pues él las tenía quietas a las dos y dice mi mamá que nunca hubo conflicto entre Lupe y su mamá es más, cuando muere mi abuela Felipa, Lupe lloraba mucho porque quería mucho a doña Felipa, doña Felipa la quería como si fuera su hija, y si a mi abuela Felipa, mi abuelo le hizo cuatro hijos, a Lupe le hizo nueve, pues estaba más jovencita, le hizo nueve, entonces eso ocurría en aquellas épocas, pero volviendo a lo del abuelo. Esa tarde nos dijo, no hay relato, hoy vamos a hacer una ceremonia, ceremonia que cuando yo lo transpongo a los libros se llama El poder de un grano de maíz. Y fíjense qué nos dijo esa vez. Nosotros nos sentábamos en torno a él en círculo y él quedaba en medio, quitaba el sombrero y empezaba, pues en lo que hacíamos la artesanía, pues no se lataba. Dijo, traigo unos granos, unas semillas en mi bolsa izquierda de mi pantalón, donde ustedes van a venir, van a meter su manita en mi pantalón y van a sacar una semilla. La semilla tiene que salir, digo, las manos tienen que salir cerradas. No vaya cuidadito y lo tiran. Cuidadito y ven el grano de maíz. Pueden quedar ciegos. Todos dijimos, ¿cómo? En fin, nos dio muchas advertencias. Una vez que todos los nietos ya teníamos nuestro grano de maíz en la mano, cerradita, porque no lo tenemos que ver, el abuelo dijo lo siguiente, el que saque la semilla de color diferente, ese es un elegido. Yo le voy a enseñar unas cosas que le corresponden saber por linaje, porque lo que yo vengo haciendo viene caminando once generaciones atrás. Bien, durante el día lo va a llevar en la bolsa izquierda de su pantalón, pero cuidado y lo pierde. Muchos abusados, eh. Cuidado y lo pierde. Pues nosotros metíamos canicas, luego frutas de la huerta, pues podía salirse el grano de maíz. Y en las noches lo va a poner debajo de su hamaca, a la altura de su cabeza y lo va a tapar con sus alpargatas al revés. La parte que da al suelo va a quedar a la altura de su cabeza y va a haber un efecto. Se tornaba más interesante, más enigmático lo que el abuelo decía. Pues está bien, ¿no? Pero bien, dijo. Deben tener cuidado que no se lo vaya a tragar una gallina, ni se lo vaya a tragar un puerco, porque nosotros en esa época, pues pobres todos en ese pueblo, solíamos dormir con las puertas abiertas para que pasara el aire y en las mañanas los perros, las gallinas, los puercos pasaban ahí en medio de la casa y los perros tan sabrosos porque estaba en su hamaca y pasaba su espalda el perro y te despertaba, ahí te da una talladita el perro, Qué sabroso, como lo extraño, ¿no? Así pasaba y entonces te despertaba. Entonces te despertaba. Bueno, pónganse abusados porque se lo traga el pavo o la gallina o el puerco puede quedar loco. Y entonces nosotros dijimos, no, yo no quiero que seas tú, que seas tú que traiga la semilla, ¿no? La semilla diferente. Pero también nos dijo, una vez transcurrido los nueve días, el que lo saque va a ir al poniente de la huerta y lo va a sembrar. Lo tiene que cubrir de piedras y regarlo. Le tiene que poner encima espinas para que las gallinas que siempre andan rascando todo, no vayan a sacar la semilla. Y entonces, cuidado, porque si lo saca, le puede pasar varias cosas. Y ese año me pasaron a mí varias cosas, pero cuidé que no saliera, que saliera, cuidé muy bien que saliera el elote, la planta de maíz. Bueno, una vez que crezca, va a dar tres mazorcas esa planta. Cuando lo va a cortar, cuando yo lo diga. Después va a hacer, lo va a moler, así como lo molían hace mucho tiempo en el metate, en el ca, en maya, ca, en maya se dice metate en náhuatl. Lo va a moler, va a hacer nueve tortillas, va a hacer su atolito, se lo va a tomar y después de dos catunes de su vida, va a venir el efecto. Y nosotros dijimos, ¿tanto? Dos catunes son 40 años y dijimos, ¿tanto para que se los va a olvidar? Y dijo, no. Una vez que esté esa semilla mágica adentro de esa persona, se verá el encargado de transmitir muchas ceremonias que han hecho mágico este mundo. Y todavía no son de 40 años, ¿qué pasará en 40 años? Pueden pasar muchas cosas, como ciertamente me ocurrieron. ese año me mordió una víbora pero ella se murió porque yo tenía más veneno que ella pero la mataron cayó un pozo sobrevivió un incendio y me mordió un perro mi papá cuando vio que mi vida estaba amenazada fue y le dijo a mi abuelo o dejas de estarle enseñando esas porquerías a mi hijo son supercherías, son brujerías o aquí nos arreglamos. Mi madre, quién sabe qué dulce le habrá dado a mi papá que me dejaron continuar con esas ceremonias que me estaba enseñando mi abuelo. Algo le habrá dado. En fin, pues una vez que eso ocurrió, sembré el maíz, ah no, miento, pues dijo el abuelo, abran sus manos, Y para sorpresa de mis primos y mía, el grano de maíz estaba en mis manos. Y mis primos con alegría dijeron, te jodiste, te jodiste. A cumplir, a cumplir. Y después mi abuelo, con cierta parcimonia, me fue apartando de mis primos y me fue enseñando la magia, la magia de un pueblo, de un pueblo como el nuestro que empieza por mirar los pequeños detalles de todos los días. Ahí empieza la magia, a desarrollar la intuición, a desarrollar la observación y me enseñó que había de futuro cuando el viento corría, cuando mirábamos el tendido de la red de las arañas que siempre dan al norte, al menos ahí. Me enseñó muchas cosas mi abuelo Gregorio. Algunas se pueden decir, otras no. Como yo no recordaba mis sueños, porque luego decían, a ver, ¿tú qué soñaste? Y mis primos decían, no, pues yo soñé esto, yo soñé lo otro que fue y que vino. Y yo no recordaba. Entonces mi abuelo dijo, no, contigo vamos a hacer una ceremonia. Entonces, el 19 de marzo de 1961, mi abuelo fue a mi casa, le dijo a mi mamá que el día 20 y el 21 yo no iba a la escuela. Y yo brincaba de gusto, porque era un tormento ir a la escuela. A la escuela íbamos y como somos mayas, la maestra tenía la fila a la derecha, donde se sentaban los que se apellidaban Rodríguez Carvajal, Sánchez Flores, Vázquez Avilés. En medio estaban los mestizos, aquellos que se... Chan Sánchez, Rodríguez Canul, los mezclados, pues. Y las otras dos filas estábamos la indiada. Allá estábamos. Y lo digo no por despreciarnos, me explico, porque esa división, esa discriminación racial estaba en la escuela y a nosotros no nos gustaba ir a la escuela. Además, luego nos malmiraban, no, tú eres indio. Y así, ¿cómo va a estar uno a gusto? Yo prefería estar en la huerta, que fue mi primera escuela. Allí tuve a mi primer maestro de poesía. Le preguntaba a mi abuelo, abuelo, ¿dónde vamos a cortar la leña? Y me contestaba en este lenguaje, Titusku Hop Talquín, que quiere decir, ahí donde se incendia la aurora y no se hizo poesía. Entonces yo prefería oír a mi abuelo y no estar allá padeciendo ese tormento que alguna vez hicimos como maestros, porque mi primera carrera fue maestro de primaria, la más honrosa que yo haya aprendido. Enseñar a otros es enseñar el alma, descubrir almas, descubrir artistas, descubrir científicos. Por eso me honra, antes de ser ingeniero agrónomo, Ser maestro, ser maestro, es una honrosa distinción que me dio la naturaleza. Porque ya ven que a veces uno luego se vuelve chocantito. Ay, yo estudié en la máxima casa de estudios. pero la casa de estudios que estaba en el monte de mi pueblo a eso me refería no a la UNAM es que aprendí a uno de todos una vez siendo maestro de primaria lo voy a decir con el respeto que se merecen las damas no es erótico aunque ahora ya está permitido y eso y cosas más recuerdo que en la época de Echeverría iban a poner en los libros de texto esto que se llama información sexual ¿no? en los 70 y tantos y en el rancho donde yo daba clases hasta yo llegaba a las noticias un día en una reunión nocturna con los padres de familia estaban alarmados ¿cómo es posible que vayan a poner esas porquerías? le dije, no son porquerías todos lo traemos faltaba más, ¿cómo llamarle porquerías? ¿Así me dijo un señor? No, no, no, no. Pero maestro, mire, a mí no era un escándalo. Nosotros los rurales, los procedentes de los pueblos, yo soy uno de ellos y orgullosamente de un pueblo pequeño, también he vivido en esta ciudad y me gusta y la quiero mucho, no sé qué magia tenga, pero aquí me atrapó. Le digo, mire, pues uno, en la huerta nosotros veíamos como los perros se pareaban con las perras y para nosotros era muy natural. Asistíamos a las gatitas cuando nos daban a luz. Digo, pareían, no daban a luz, daban a luz las mujeres, perdón. Perdón la metáfora. Para nosotros no era nada del otro mundo. Ya sabíamos que el gatito traía su bichito y la gatita también traía su bichita. Y para nosotros no era ningún problema el saber eso, ¿no? Es más, asistíamos a las vacas cuando luego tenían problemas, salía el, ¿cómo se llama? Y teníamos que abrirlas y sale el becerro. Para nosotros esa información la teníamos en el campo. Yo no sé por qué tanto escándalo, si cada quien tiene lo suyo, Pero en fin, esos temas son delicados, perdón. Entonces, eso pasó y le dije, no, si no quieren yo no lo voy a tratar, nada más que ustedes trátenlo en su casa, la damita, pues que se lo diga a su mamá y al que va a hacer empezar caballero, pues que se lo diga a su papá. Así de sencillo como ocurrió con nosotros. A mí me dijeron, voy a tener los 13 años, oye, me dijeron lo que tienen que decir. en el punto, eso no se dice aquí. Supongo que lo mismo lo hicieron con mis primas, mis hermanas, ¿no? Pero ahí estaba el escándalo ese. No, no es posible. En fin, volviendo a esto de la huerta y del abuelo, con él aprendí muchas cosas. Yo antes de ser escritor fui un oidor. Tiene uno que aprender a oír. Cuando éramos pequeños y había asambleas el elegido, a veces iba mi abuelo Gregorio, le acompañaba a algunos de mis primos a las reuniones y eso sí nos decían, usted es de palo, viene a oírse, nada más. Porque así enseñaban que una generación tenía que aprender lo de otra generación. Pero volviendo a lo de la escuela, en tercer año de primaria un día me descubren a mí y a mi amigo latín hablar en maya y en la escuela había un letrero que decía allá, aquí no se habla en maya, por lo tanto se prohíbe hablar maya. Y entonces uno tenía que ser cuidadoso, en medio aprendíamos el país, nosotros decíamos a tú, a yo, porque no sabíamos eso del género, y en maya eso sí está, pero está implicitado, luego un día hablamos sobre estas cosas. ¿no? Entonces nos descubren mis compañeros mayores hablando en maya con mi amigo Lakin y nos van a acusar con la maestra. Y la maestra dijo, tráiganlos aquí. Y nosotros no queríamos ir porque ya sabíamos que la vara, la regla del metro, con eso nos daba. Y entonces no queríamos ir delante de la maestra y forcejamos y llegaron los más grandes, finalmente nos sometieron y como si fuéramos delincuentes, nos llevaron frente a la maestra, toda adosta, la ley de la gramática. En fin, ya estando delante de la maestra, mi amigo Laquín, que traía el pelo como sanate como el mío, todo así revuelto por el forcejeo. A él se le dirigió la maestra y le dijo, tú estabas hablando en maya, Manuel. Y él me volteó a ver con esos ojos saltados, le brincaba la comisura de los labios y había un silencio terrible en el salón. Volteó a ver a la maestra y le dijo, ¡ma! le dijo no pues como íbamos a hablar español en la calle en la casa, en todas partes hablábamos el maya pues eso estaba aquí, el auto chip no nos entraba como dicen los muchachos de ahora y menos las famosas tablas que tenían su melodía no, no la mera verdad no la mera verdad no y entonces le dijo la maestra alza las manos, alzó las manos mi amigo laquín, le pegaron y no volvió nunca más a la escuela a mí no me pegó no sé qué ojos le habré puesto ya ven que no soy guapo entonces mi amigo la quina volvió a la escuela y eso me recordó lo que mi madre cuando estaba en tercer año llevaba su huipilito así eso que se han ido a Yucatán ven a las indias, yo soy hijo de indios traía su huipilito y le dice la maestra medio comedida Paulita, te quedan muy bien las trenzas. ¿Está bien? Paulita, tienes muy buenas calificaciones. Dijo mi mamá. Paulita, cuando pases a cuarto año, ya no vas a traer tu huipil, vas a traer tu vestido. Dijo mi mamá. Y mi madre no volvió a la escuela. Prefirió seguir portando su huipil y hablando maya, pero no consintió acatar esa orden. Mi padre, eso pasó con mi madre, prefirió defender su sentido de identidad y de pertenencia a ser colonizada. Y también tiene sus pros y sus contras. Mi padre un día estaba costurando sombreros en unas máquinas, zíngers, esas eléctricas, daba la vuelta y yo veía que estaba costurando. Y le digo, papá, allá en una bocina están diciendo que van a dar dos bultos de maíz y despensa si vamos por esas cosas y le ponemos piso a la casa. Mi papá se hacía tonto. o sea, papá no me oyes, mata, uy, ¿quién? le dije yo en maya, se detuvo, quitó sus lentes, ¿qué quieres? no me interrumpí trabajando, papá, ahí está el profesor Aurelio Cantún, tiene una bocina y veo que muchos pasan con su bulto de cemento, le van a poner, como sea, piso a su casa. Déjame trabajar. Fui con mi mamá. Mamá, ¿por qué yo no voy a...? No, no, no, tu papá que manda aquí. Y volví otra vez frente a la máquina a ver a mi papá para decirle, oye, yo quiero dormir incluso en el piso de, ¿cómo se llama?, de cemento, que debe ser diferente el de tierra, ¿no? Le dije, papá, ¿por qué no vamos por los dos bultos? Yo te ayudo, es más, yo te voy a romper las piedras y ponemos el cemento al piso de la casa. Y a fue molesto, se quitó un sombrero que tenía y me dijo, yo no voy por los dos bultos de cemento. Pero papá, no. Porque a cambio de esos dos bultos de cemento, el profesor me pide que vote por el PRI. Y yo no estoy de acuerdo. Antes de las tortas y los cartoncitos que daban. ¿Y qué aprendí? Dos cosas de mi padre. De mi madre, a defender el sentido de pertenencia. Y a mi padre, la independencia política. Esas dos lecturas tuve en mi infancia. de mis padres. Y se dice fácil. Pero se pueden hacer esas cosas. Luego, más las enseñanzas del abuelo. Un día me dijo, cuando le pegaron a mi amigo Laquín, fui y le dije a mi abuelo, esa tarde que le pegaron a Laquín, yo no voy a la escuela. No, no me metas en broncas. Yo estaba al cuidado de mi abuelo. No me lo dijo así, pero más bueno, dijo así, no, no, no, tú tienes que ir a la escuela, si no, tu papá, no. le dije yo ya no quiero ir a la escuela porque ahí no puedo hablar maya creo que hasta maya hablaban los pájaros allá en mi pueblo porque hay una de pájaros que me enseñó mi abuelo que dice así un día estamos jugando ahí frente a la huerta rumbo al camino Uxmal y vino un muchacho que estudia con nosotros la escuela en la primaria traía dos jaulas en una traía al cardenal ya ven que los cardenales traen su mitra, que no tiene nada que ver con Norberto, pero traen su mitra, ¿no? Entonces, en otra jaula traía uno que nosotros le llamamos allá en Yucatán mariposo, porque tiene color azul, verde, tiene muchos colores, no sé cuál nombre científico tenga ese animal, pero bueno, estaba hermoso, y hay todavía. y había uno de color gris, eran tres pájaros. Y le dije, Manuel, ¿cuánto cuesta el cardenal? Cinco pesos. Dije, está bien, cinco pesos eran por lo menos el salario mínimo de una semana en ese entonces. Era suficiente dinero. y venían los de Mérida, se compraban las aves, se las llevaban a vender a Mérida, ¿no? ¿Y cuánto cuesta el mariposo, el que tiene muchos colores? Ah, ese, ese cuesta tres pesos. Ah, bien. Y ese otro, que tiene color así grisecito, así medio feón como yo, ¿cuánto cuesta? Ese cuesta siete pesos. Ah, si no tiene muchos colores. pero canta pero canta total se fue el pajarero a su casa yo molesto me fui a ver a mi abuelo Gregorio, cuando llegué estaba criando a sus perros iba a comer y después de que aplacó un par de rijosos que siempre en la mesa llegan algunos rijosos le dije oye abuelo tú me enseñaste a leer el paso de las estrellas, el paso del viento en la copa de los árboles, a leer el tendido de la red de las arañas, a cultivar la miel, a cultivar la tierra. ¿Por qué no me enseñaste a hacer jaulas para que yo también tuviera alguna ganancia como tiene Manuel? Ha sido injusto conmigo. Y él se quedó callado, callado, callado, callado, y yo pateando la mesa por ahí, la tierra, como esos. Molesto, porque ¿cómo es posible? Si lo que hace Manuel yo lo puedo hacer. Y una vez que por ahí se levantó, sacudió una banquetita donde comía, me dijo, El que quiera oír el canto de los pájaros no necesita construir jaulas. Los pájaros cantan en libertad, no necesitan de las jaulas. Y donde hay árboles hay cantos. ¿O no es así? El que quiera disfrutar el canto de los pájaros no necesita construir jaulas, sino sembrar árboles. Eso me enseñó mi abuelo Gregorio. Sembrar árboles, no jaulas. Porque los pájaros cantan en libertad en los árboles. A veces en las jaulas y cantan muy bien, pero preferible si cantan libres en los árboles. porque nosotros de pequeños junto al racimo de frutas estaban el racimo de cantos. Quiero terminar, para dar sántalo de las preguntas, con lo siguiente. Nosotros en Yucatán, no sé en qué otra cultura mesoamericana se dé, Se nos dice que tenemos un nombre oculto. Porque tenemos tres nombres, según nosotros. El que registra este cuerpo o este bulto allá frente a un juez que se llama registro civil. El que nos ganamos en la calle por algún defecto o alguna virtud, que se llama apodo. y el nombre secreto. Y nosotros podemos recuperar nuestro nombre secreto. Entonces, para recuperar el nombre secreto, tiene uno que prepararse por mucho tiempo. A mi abuelo le costó 20 años hallarlo. a mí dos. Entonces se hace una ceremonia muy larga, muy dolorosa. Previa a esa ceremonia hay otras. Porque lo que quiere ese nombre es que sea un nombre una vez que se tiene no se puede pronunciar, no se debe escribir, se debe memorizar. y una vez que después de la ceremonia ya tienes tu nombre secreto el abuelo te hace esta advertencia que no solamente es para los que tienen nombre secreto sino para los que tenemos un nombre dice así el nombre que lleva un hombre es su carga. Si lo lleva con dignidad, no pesa. Si lo lleva a disgusto, cansa. Mantén limpio tu nombre como el interior de tu casa, porque tu nombre es la casa de tu alma. Si tú quieres, tu nombre podrá ser luz perpetua. si abdicas de su dignidad tu nombre, tu nombre solo será una ruidosa cáscara que se acaba con tu vida. Muchas gracias. Les he entregado estas enseñanzas con la alegría, con la alegría de mi corazón. Tengo aquí un texto, si quieren lo leo, ya me pasé de tiempo, ¿no? ¿Quieren que les lea un texto? Va pues, va pues, va pues, va pues. ¿Y Chilmayakate inshoqué? En español. Bueno, lo voy a... Mira, lo que pasa... ¿Cómo decirles? Vamos a seguir un ratito la plática para esto. ¿No les aburre? ¿Están a gusto? Yo pensé que ya plancharon nalga demasiado. Porque como yo no tengo, me molesta el asiento este. Yo cuando pasé, creo que Jesús estaba de carpintero y me volaron esa parte. Qué bueno. Con tanto pederasta que hay, me salvé. ¿O no? Acá hay una que se llama Las Siete Preguntas. Va, dice así. Al igual que ustedes, yo tuve un abuelo. Este viejecillo de piel morena y ojos vivaces vivía en la choza de una huerta donde abundaban los árboles de mango, chico zapote, aguacate, mamey, caimito, zaramullo y otros frutales que gustosamente el abuelo nos ofrecía en nuestras frecuentes visitas a la huerta. Yo que estaba muy apegado a él, solía quedarme a su lado para ayudarlo en los trabajos de la huerta. Durante el día, el abuelo se dedicaba al riego y al cultivo del maíz, del frijol y de algunas flores de distintos tamaños, colores y desde luego aromas. Al anochecer, desde su hamaca, situada en el centro de la casa y alumbrada por la débil luz de un viejo quinqué, mi abuelo Gregorio contaba narraciones fantásticas y respondía a dudas y preguntas. Una noche, cuando los otros nietos dormían y él comenzaba a bostezar, yo le pregunté, Inol, Inol, Pache, Nicte, Ilom, abuelo, abuelo, ¿qué son las flores? Entonces, envolviendo la mitad de su cuerpo con una sábana blanca porque hacía frío, Respondió, las flores son los ojos de las plantas como tus ojos son las flores en el jardín de tu rostro. Por esas flores, ojos de colores con aromas, las plantas miran, atraen, alegran y curan el alma de los hombres. comprendí que mi abuelo tendría respuestas a todas mis preguntas y entonces le pregunté abuelo, ¿qué son las nubes? las nubes me respondió son ramas de árboles frondosos cargados de agua que gustan pasearse por los caminos del cielo blancas, grises o de colores vuelan sobre el azul del infinito en busca del viento para jugar con el sol a las escondidas. Ah, si supieras cómo se divierten las nubes en cubrirle la carita amarilla al sol. Luego de prender un cigarrillo y hacer bolitas con el humo, añadió, las nubes blancas, pequeñas o grandes, y a veces en forma de borreguitas. Son niñas traviesas a las que les agrada estar cerca del sol. Con él también juegan a las lluvias cuando cambian sus vestiditos blancos por enormes faldas de color gris. En fin, luego me dijo más de las nubes que tarda mucho. Oh, no quiere. Cuando cesa la lluvia, el cielo vuelve a ser azul y el sol brilla de contento y le sonría a las flores que reciben alegres la visita de las avispas, las libélulas y las cigarras chillonas. Si te fijas bien, los sapos y las ranas croan cerca de los tallos de las plantas y brincan de gusto sobre las hierbas inundadas por el agua. yo le pregunté abuelo ¿qué son las avispas? y el abuelo me dijo que las avispas habían enseñado al hombre cómo se hace papel y de las casas de las avispas se mojan se aplanan y sale el papel las avispas les enseñaron a los hombres ¿Cómo se hace el papel? ¿Te parece eso? ¿Poco? Y luego le pregunté ¿Y las libélulas qué son? Ah, me dijo Son los helicópteros del monte Ah, entonces empieza uno a cultivarle la imaginación Es esto que les decía a ustedes Y luego preguntaba Abuelo, ¿qué son las cigarras? Son las ambulantes en el bosque porque empieza a caer y evita un sonido largo como si fuera una ambulancia que lleva a alguien o va por alguien en el monte. Luego le pregunté, abuelo, ¿qué son los sapos? Me dijo, ¿cómo que te ocupas de esos animales feos? Pues yo creo que son mi espejo, abuelo. Me dijo, los sapos son los eternos enamorados de la luna, al igual que las luciérnagas son las eternas enamoradas de la noche. Como a la luna le gusta el chocolate, baja a beberlo en el agua tranquila de los charcos, sitio favorito en donde viven los sapos. Por las noches, cuando la luna está completamente desnuda y su imagen se agiganta sobre el agua tranquila de los charcos, los sapos le piden a la luna que los bese. Y luego de recibir esa tierna caricia, los sapos se toman de las manos. Y luego, aplaudiendo, dicen, No es eso, hermoso. Entonces, yo le pregunté a mi abuelo, ¿Tiene más bien? Más en Inol, más en. Abuelo, ¿y yo quién soy? El abuelo bajó uno de sus pies de la hamaca, empezó a mecerse y empezó a buscar la respuesta. Porque eso de ¿y yo quién soy? No es tan fácil. Y él me dijo, Tú eres, tú eres una pregunta viviente. Tú eres una traviesa interrogación ambulante en busca, en busca de respuestas sin fin. Muchas gracias. ¿Cómo se llama el libro que leíste y dónde pueden conseguirlo? ¿Qué tantos otros libros tienes publicados? ¿Cuándo podemos conocer las siguientes historias? Bueno, vamos a contestar esto. Mire, yo no escribo mucho, escribo poco. La Universidad Nacional Autónoma de México en 2001 publicó este texto que se llama Mucultán y Nol, Secretos del Abuelo. Esta es una edición que auspició la UNAM en la Universidad de Chapingo, donde yo soy egresado, soy ingeniero agrónomo especialista en sociología rural y el ayuntamiento de Calquín. De esto creo que mi hijo trajo unos cuantos, el que quiera, disfrutar del canto de los pájaros. No necesita construir jaulas, sino sembrar árboles. Esta es una edición hecha en Colombia. Aquí se llamó por aquello de los problemas, ¿cómo se llama cuando se duplica un libro y te lo piratean? Porque ya me piratearon también, no crean. Se llama Secretos de un Abuelo Maya, este. Esta es una edición hecha en Colombia. Ahorita están preparando una edición en portugués. Se ha sido traducido al francés y publicado al francés. En 2008 hicimos la presentación en París y en algunas ciudades de París, perdón la presunción, se presentó y hay una traducción en italiano, en catalán, en portugués, en hebreo ahorita estamos tratando de que llegue por ahí. Estoy escribiendo un ensayo que se llama Estética Melódica del Verso Maya Contemporáneo. También escribo ensayo. Pero mi vocación es la narración. Nací para el cuento, no para las cuentas. Como se verán, yo siempre fui malo para las matemáticas. Por eso las tres veces que intenté ingresar a la UNAM no pude, porque nunca pude pasar matemáticas. Y entonces entendí que lo mío eran los cuentos, no las cuentas. No, estoy escribiendo, tengo un libro inédito de poesía que se llama El despertar del alba. No traje poesía porque sabía que era lectura y oralidad, pero… ¿Aquí entra en internet? No lo sé. Porque la poesía se los debo, pero se los mando por correo, por favor. Les ruego que me disculpen, tengo mala memoria por la poesía. Un día me decía Briseida Cuevas, que es una extraordinaria poeta, muchos la conocen, me decía, Jorge, ya deja a tu abuelo, hombre. Es que siempre que ella leía las siete preguntas, hay un texto hermosísimo que se llama Cuando él me enseñó la ceremonia de los sueños, aquí está, decía, el hombre cuando nace a la vida terrenal ingresa a la geografía de los seres durmientes. no trabaja con el poder de sus sueños, si no trabaja con el poder de su alma, es un hombre que vive dormido. ¿Y cuántos pasamos por este mundo dormidos? Entre ellos yo, porque a veces me duermo en las conferencias. ¿Cómo fue que adquirió el gusto por la escuela? Por superarse, dice aquí. Por superarme sí, pero por el gusto todavía no. por superarse ya que su familia y amigos habían vivido discriminación y horrores, trato maltrato, son aquí trato educativo de los antiguos profesores me gustaría que aquella profesora que lo discriminara lo viera hoy aquí te preguntan ¿cómo se dice? Gracias Nib Olal Nib N I I I B de burro Olal Casi como se dice en Celtal y en Xochitl, dicen ellos Colaval y otros dicen Colabaltic. Esas dos letras porque son de la familia lingüística maya, que son… La familia lingüística maya, si quieren hacemos esta acotación, dejamos un poquito la narración, vamos para datos duros. La familia lingüística maya tiene 30 idiomas. En 18 actualmente se viene escribiendo poesía narrativa. Así que vamos a dar la sorpresa muy pronto que nuestras lenguas se están revitalizando. A pesar de la vergüenza étnica, porque en Yucatán el que se apellidaba Chuk, ahora se apellida Carbonell. Hazme el favor. El que antes se apellidaba Ek, Ahora es apellida Estrella, antes era E. Hay una vergüenza étnica terrible por la discriminación que hemos padecido en muchos años, pero creo que la poesía va a desaparecer las discriminaciones. La palabra embellecida creo que trasciende este tipo de discriminaciones. ¿En qué significa Sayam? Enamorado. Y este que me pregunto si sabe. Muchos te han pedido, te preguntan sobre el texto que has leído, cómo lo pueden tener. Creo que ya diste tu correo. Creo que trajo unos 10, tienes más en el carro. Sí tiene más, los que quieran. Y la gran mayoría te da las gracias. Gracias por entregarme esta ceremonia que nos enseña a educar en libertad. Fue delicioso. Gracias, maestro, por esta sesión por compartir esta música para el alma. Si mi familia es de Oshkutskab. Ah, de Oshkutskab, Yucatán. ¿Quieres saber qué significa? Osh, tres. Kuts, pavo. Cab, mo, tierra, ¿no? Tres. Tres pavos en esta tierra, pero algunos dicen que hay miel, pero tiene más que ver con la tierra, que miel, aunque se dice igual. ¿No? Cab es miel, pero cab es huaycab, tierra, tiene esa doble. Sí, ya entendí. Bueno, en maya lo quieres oír, reina. ¿Qué es el maya? ¿Qué es el maya? ¿Qué es el maya? ¿Qué es el maya? ¿Qué es el maya? y yo con mucho gusto lo pudiera decir en maya, nada más que no todos hablan la lengua, pero con mucho gusto, de veras, si vieras que a mí cada vez que hablo la lengua, se afirma en uno, se afirma en uno, va el poema de nuevo, va el poema de nuevo, Tu idioma es la casa de tu alma. Ahí viven tus padres y tus abuelos. En esa casa milenaria, hogar de tus recuerdos, permanece tu palabra. Por eso, no llores la muerte de tu cuerpo, ni llores la muerte de tu alma. Tu cuerpo permanece en el rostro de tus hijos. Tu alma, tu alma, eternece en el fulgor de las estrellas. Gracias. En una noche de esas tantas de verano, cuando nosotros, ¡uy! alegres como las pariposas libres de esas épocas, no íbamos a la escuela, y miras que no vamos a ir a la escuela, porque encontré más libertad en los caminos del monte que en la escuela. Eran esas épocas que de veras, pues no ir a la escuela, ¿a poco no lo disfrutaron ustedes? ¿Yo también? No, no, no, no, no, no, la mera verdad se disfruta mucho. Quiero decirles que para, a propósito un poquito para responder lo de la entrega del nombre. El nombre oculto es eso que la, voy a decirlo muy respetuosamente, la ideología judeo-cristiana, religiosa, le llama el ángel de la guarda, mi dulce compañía, no me desampares ni de noche ni de día. Eso es como el alter ego. Eso es lo que nosotros podíamos y podemos recuperar. Pero eso sí, ese nombre, ese nombre tiene que silenciarse. Decía mi abuelo, bueno, en un momento de peligro, en un momento de acechanzas, lo puedes usar. Conste, lo puedes usar, pero no te los acabes. Porque cuando nosotros morimos, decía mi abuelo Gregorio, y atravesamos esos nueve días, ¿se acuerdan ustedes de los nueve escalones que tiene la concepción maya, el inframundo? Cuando uno se desprende de esta envoltura, de este cascajo, que tiene un nombre ante el registro civil, Dios transita nueve días, no sé si en algunas culturas aquí después de la muerte de alguien hacen los nueve días y levantan la cruz. Por algo, eso no es una costumbre que nos vino de España, es una costumbre muy nuestra, que después de los nueve días hacíamos oración para que el alma o el espíritu transitara. Pues en esos nueve días decía mi abuelo Gregorio, si se atora algo en el camino, entonces lo llamas con tu nombre oculto. No te lo acabes aquí. Ahí, cuando estés en ese laberinto, en ese satunzat que decimos en maya, es donde lo vas a necesitar. Y yo decía, ¿y los que no lo tienen? ¿No? y los que no lo tienen. Y dijo un primo incrédulo, ah, pero esa es creencia de indios. Indios o no, uno a veces vive asido a sus creencias. Y esas o lo encierran a uno o lo salvan a uno. Pero uno tiene que creer, por lo menos en algo, en sí mismo. El que no cree en nada está ciego. La creencia, lo mismo que decía Octavio Paz en el prólogo del libro Las enseñanzas de Don Juan, la mucha luz como la mucha sombra no dejan ver. Y la creencia, si uno se tapa, no ve. La creencia es para agarrarse y buscar la luz. Para eso sirve. Habían que pasar, no sé, dos catunes, tenían que pasar dos catunes. ¿Cómo fue tu proceso para llegar a la escritura? Porque veo que ha estado difícil, pues, el dejar asentado. Es muy doloroso. En 1961, cuando empezamos a ser con mi abuelo Gregorio, después de que hacemos la ceremonia del poder de un grano de maíz y sale esto de esa semillita. Ese año me pasaron muchas cosas. Me mordé un perro y me tuve que chupar las 40 inyecciones de aquellas con esas agujas grandes que las mira uno y se aterra. Me mordé una víbora. Ya les dije que no fue fácil. Caía un pozo. Estábamos haciendo una ceremonia precisamente en esta formación de la prueba. Porque eso sí, un escritor debe tener carácter, porque sin carácter no se lleva a nada. Y lo que tenemos que formar en nuestros hijos y en las nuevas generaciones, hombres con carácter, pero también con corazón, para que sepan de la ternura y también sean firmes frente a las imposiciones, que las rechacen, que busquen la libertad, que busquen el amor, que busquen la paz. Pero con nombres enclenques no sirve. Hay que tener carácter. Pero el carácter no es dureza. Es ternura. Es amor. Es alegría. Es poder percibir el lenguaje del viento que nos dice cómo ama a las hojas de los árboles. Es tener esa sensibilidad de mirar una flor y encontrar en ella los ojos de una madre, de la amada o del amado, no sé, según sea, por acá hay tercer sexo. No, perdón, me refiero a rompa el encanto con estas cosas. Entonces, para eso sirven y le dieron sentido a las ceremonias de iniciación. Yo veo y me puedo equivocar y cómo quisiera estar equivocado, de veras. Distinguido público que me honra. A nuestros hijos les falta formación, les falta la iniciación. Pero ahora yo recuerdo que una vez un muchachito sin vergüenza agarró y alzó la falda a una muchachita en la escuela y le tuve que caer con los cintarazos. ¡Qué bárbaro! Ya me estaban cesando. ¡Qué bueno! No lo hicieron si no, no estuviera yo. No sé, yo no estoy diciendo que lo hagan a golpes, porque tampoco soy de eso, porque tampoco los golpes enseñan. Pero creo que le da sentido a la existencia de alguien si conoce los rituales de la iniciación. No hay, o la iniciación es el Nintendo 64 y traen esa cosa aquí y allá van bailando. No, no es que el sufrimiento sea necesario. Porque yo le dije a mi abuelo, ¿y después de esto qué va a pasar? Vas a sufrir mucho. Y yo le dije, bueno, si yo no vine aquí a sufrir. Y me dijo, haz de tu dolor el huésped distinguido de tu cuerpo y de tu alma. No lo eches, no lo corras. una vez cumplida su misión se irá de ti silenciosamente. No sé qué tan válido pueda ser. Pero rechazamos el dolor, queremos la comodidad y en la comodidad no creamos. En la comodidad, perdóneme, pues muy poco se puede crear. No es que diga que en la estrechez tiene que ser todo, Pero el sentido le da, el sentido a la vida se lo da las sorpresas que nos da. No puede ser mi caso, puede ser el de muchos, pero la vida tiene un sentido si ésta se nos presenta enigmáticamente. Tiene que haber algo de misterio, ¿o no? Si no, no tiene caso. Ah, vas a vivir así, vas a llevar esto todo programado como los gringos. Ahí lo ven ustedes como son. ¿no? todo lo calculan, todo lo miden todo lo planean hasta el amor planean, pero eso no se da en la chispa de que oye, qué bonita mirada tienen ¿no? pero quiero decirles que tiene que haber cierta cosa cierta magia en la vida porque sin eso no se da ¿no? hasta las matemáticas son mágicas ¿No? Esto es un poco lo que a uno la va a ir formando. Ciertamente fueron más de 600 relatos. Hay uno que se llama, bueno, entre otros, Los Nueve Nudos. Esta es muy bonita porque se trataba de un señor que roncaba, como algunos que yo conozco. Pareciera que están acerrando un roble. No lo tiran en la noche. Y claro, cuando uno está recién casado, eso es música. Pero después de 18, 20 años. Pero hay su secreto. A eso se los voy a platicar. Ya, falta poco. Ya, ya casi. Rápido. No es que tengo que ser respetuoso del tiempo, ¿no? Yo les escribo. Cinco. Quedan veinte. Ah, bueno, yo pensé que se habían cagado. Bueno, está bien. Entonces, van a ver. Esto pasó en un pueblo donde un señor tenía dos perros. Bikuchiech, cuidado y te muerde. Y Kastuki, el que encuentra su comida. Así que. Este Bikuchiech parece hasta ruso. Me decía un amigo, no, no es vaya, hombre. Es que va a ser ruso. está muy bonito, dice. Bueno, resulta que la señora, cansada de este maderero, por decirlo así, y bueno, el señor hacía otras cosas, entonces dijo, no lo quería dejar, porque era bueno para la maderería. Pero también quería descansar Imagínate, señora fuerza la quería tener aquí Hecha noche, decimos en maya A su lado Bueno, creo que era más tranquilo dormir En una porqueriza que con el marido Pero van a ver Entonces alguien le aconseja Al cabo, pueblo chico, pueblo gran Pueblo complicado Complicado Que vaya a ver a una bruja y aquella quería descansar, toda horajerosa, va y ve la bruja y le dice, mira, ¿sabes? Cómprate una cinta de este tamaño. A medianoche de luna nueva, que son trece días después de la luna llena, cuando el Señor empiece a roncar, o a media noche, cuando esté roncando, por cada ronquido haces un nudo, hasta completar nueve y con esas cierras. Dijo la mujer, bueno, está bien, fue allá a la tienda, consiguió su cinta de color rojo y se preparó con avidez, con ansiedad de que llegara la noche para aquello. Entonces, como a las doce que el hombre dormía ahí, como piedra en el fondo del río, nada lo movía, empezó y solo primó. Y así, llegó al noveno y se puso nerviosa, pero logró atrapar ese ronquido. Y le había dicho la bruja, que lo fuera a tirar lo más lejos del pueblo. ¿Y cómo salirse a esa hora sin que el marido lo sepa? ¿No? Uno. Dos. Y si el marido sorprende que no está, porque bueno, sentirá que se levanta y va a orinar. Pero ¿cómo? Y empezó a urdir, a urdir, ¿cómo le voy a decir? Ah, se aprendió otra formulita que le había dado otra vecinita. A la hora de la cena le puso una hierbilla ahí para que aquel estuviera dormido bien y no descubriera ese sortilegio. Una vez que terminó, se levantó con mucho cuidado, abrió la puerta y se fue. Pues ya ven los pueblos pequeños, no está muy lejos del monte, ¿no? Fue lo tiró, regresó y ya siguió soportando esa noche los ronquidos y así trece noches más. doce noches más, a la decimotercera, resulta que duerme a gusto. Ya no hay ronquido. Uy, así pasaron otros trece días. Pero puntualmente al catorceavo. No, falló el brujo. Y ni por las gallinas que le había dado ahí, porque pues qué más fue la... Pero seguía. Ese día no estaba durmiendo con el Señor, porque el niño estaba enfermo y el Señor dormía solo, y ella estaba durmiendo con el niño. Pero los ronquidos volvieron a estremecer la casa, como seguramente alguno de ustedes ha sentido. resulta que prende la vela y mira a su marido dormir plácidamente. Apaga la vela y otra vez. ¿Qué pasa aquí? ¿Por qué de nuevo? ¿Prendo? Nada. Apago y otra vez. Pues dijo ella, lo voy a apagar. Apagó y empezaron otra vez los ronquidos. Y resulta que los ronquidos ya no eran del lado donde estaba su marido, sino estaba en la puerta. Pues sí, el perro que la siguió, que no se dio cuenta ella, agarró el lazo y heredó los ronquidos. Pues son de las cosas, ¿no? Remedias una cosa, pero a veces si no lo haces bien, es el perro. Y lo resolvieron amarrando al perro al fondo del patio. Allá querrón. Así como estos, hay otros, hay uno, tengo diez minutos, que se llama el hombre del pene corto. Ese se cuenta en los velorios Sobre todo si es Damo el que se va Y dice así Este es un cuento de la tradición oral En Yucatán Resulta Que hubo En un pueblo de Yucatán No le vamos a poner nombre Ni Oshkuzkab, ni Calquilini, ni Bekal, ni nada además fue un pueblo, así como decía el de Canastas, era un pueblo de Iguadá. Resulta que un muchacho o un niño, a los pocos años de haber nacido, se le mueren los padres y lo van creciendo allá los parientes, los vecinos. Llegó la edad de la hormona, y el señor empezó a enamorar a una muchacha y ésta acepta ser su futura consorte, en términos elegantes, su esposa pues. Y total, resulta que se casan. Pero el día de la boda, después que se acaba todo el trajineo indeseable, ¿Por qué, pobrecito, qué es esto que lo otro, cada uno rendido? Yo también cometí esa imprudencia, hermosa imprudencia. Resulta que van al asunto, pues, y la recién desposada mira que, pues, el camaroncito está chico. Dice, no, no, no, no, no, ¿cómo es posible? No, no me vas a hacer daño. Digo, perdón. No, tú no servís. Y lo corren por esa discapacidad. El hombre se va, todavía así, con su ropa blanca. Se echa unos tragos por allá y se puede llorar allá. En la plaza, en el kíwik del pueblo, de la plaza del pueblo. De ahí se va medio a regresar ahí donde pues le amarró la casa a la muchacha, a la señora. Y en el camino se encuentra con una viejita. Y las viejitas son más sabias que los sabios varones. Y le dice, hijo, ¿qué tiene? No, no se lo quiero decir. Hijo, tal vez yo pueda encontrar alguna solución. Dime. Pues ya ven que esas cosas no están fáciles. Dice uno, y menos nosotros Pues cómo Si aquello no estaba completo Bueno Total La señora se buscó sus mañas Y resulta que el muchacho le dice Sí, pues No está completo Mi atributo Ah, le dice Yo tengo tu remedio Vamos a mi casa Y se la lleva la viejita a su casa Al galán No, no, no pasó nada de lo que están pensando Aunque hombre o mujer Con experiencia valen En fin Llega a casa de la señora, de la viejita Y le da un anillo Y dice, colócate este anillo Acá, quita ese que te escribió Que ya ni te va a servir Pero este sí Alza tus manos Y se va a aumentar una cuarta Más lo que tenía Pues aquello de que el tamaño se importa, allí quedó. Alzó la mano aquel y sintió algo medio extraño. Agarró, fenitaron y perezoso, se fue a ahí donde estaba su mujer. Abran la puerta. No, no, no sirve, tú no sirve, lárgate, no era como el de mi primo, estaba el pancho, etcétera, etcétera. No, no, no, mira, Namar, lo enseño y lo ves. Empujó la puerta, enseñó el material didáctico y dijo a la mujer, vengan a su turreino. Al otro día la gallina más gorda del gallinero, lo hicieron al galán. Pero se acabó la leña días después y tenía que trabajar y se fue a cortar leña. Empezó a tirar un árbol con un hacha, pero como le molestaba el anillo, lo dijo. Y con la prisa de ir a comer pan, se quedó aquí. El cura que había ido de cazador, resulta que venía en el camino y como ellos, todo lo que brilla les gusta, vio el anillo ni tardo ni perestoso, se lo ensartó allí donde tenía que ir. y se fue al pueblo. Pero ya ven que los curas cuando van al pueblo, el pueblo, padrecito, que padrecito, que lo besan la mano y se fue entreteniendo y llegó a prisa a la iglesia, a la parroquia y tenía que decir misa, se puso el sotana, la estola, el alba, todas las cosas que se ponen. Y subió apresurado al altar y como en ese entonces las misas eran en latín, para que vean que yo también sabía en latín, empezó el cura diciendo Introito altare dei Adeo en culetifica juventud temean, que quiere decir me acercaré al altar de Dios y contestan a la cual, los feligreses no sabían latín, uno contestaba a Dios que es mi juventud y mi alegría entonces yo también fui acólito y después alcohólico bien, resulta que el cura pues llegó y Llega un momento que dice, dominos boviscu. Ay, ¿qué pasa aquí? Y termina el kiriek, el santus, el gloria y dominos boviscu. Como son como 20 veces. Cuando se dio cuenta ya traía una choricera ahí donde les platicé. Y ya estaba sin cura Ya no podía decir nada Y ya bajó Ya bajó así como si tuviera cólico Y la gente miraba No es mirón a la gente, ¿verdad? Miraba Ay, el padrecito tiene cólico Va a vomitar ¿Qué va a vomitar si ya lo vomitó? Y todo Va a su cuarto y manda a traer al sacristán traeme un doctor llega el doctor padre, que tiene usted porque tiene quebrantada la salud agarra el señor dice, mire esto y lo tira en el suelo suena aquello, no aunque le dolió ya saben por qué padre corteme esto, pere más, no mijito te vas a desangrar y los feligreses están esperando la misa para que me linchen, adiós. Y se va. Y el hombre vuelve a agarrar su material, lo vuelve a enrolar, así como fuera una soga, y lo pone allí, donde ya está. Llaman al sacristán y dicen, oye, traete un carpintero. Van a por el carpintero, llega el carpintero, y ve al padrecito compugido. Padre, ¿qué árbol voy a tirar? Este ni tira la enredadera, ¿no? No, padre, no puedo. Total, se va. Pero como el pueblo es chico, ya el rumor ya empieza a correr por allá que el padre está malo, que el padre está malo, que no sé cuánto, que salió bajo del altar así compungido y que no sé cuánto. Al que había perdido el anillo, dije, ah, ya sé dónde está. Va y pide hablar con el cura. En efecto, lo dejan pasar. Y le dice, padre, el problema está en el anillo. Deme su anillo El mío no te lo doy, dijo aquel Este padre, este anillo Bueno, total Le da el anillo Y dice, a ver padre Alce la soga A ver, lo va usted a menear Cada vez que diga, a la una A las dos, a la una Y por cada vez se va a cortar una cuarta Y empezó A la una Y se iba cortando, a las dos se iba cortando a la una, a las dos, pero el padre estaba tan desesperado que llegó un momento que ya no le quedó nada. Cuando lo vio, dijo, no, y ahora cómo voy a atender a mi querida. Y dice que a la fecha en este pueblo todavía oyen llorar al cura que tenía, que tenía, que ya no tenía, que ya no tenía, que tuvo el anillo, pero que tenía mucho dolor de haber perdido su instrumento musical. Muchas gracias.
SISTEMA
NTSC
DOCUMENTO_DIGITALIZADO
Sí
FECHA_INGRESO_ENTREGA
23/11/2010
FECHA_PUBLICACION
26/11/2010
OBSERVACION_DERECHOS
Sin carta de autozicación
CODIGO_BARRAS_LTO
BWF480
BARRA
Divulgación
TEMPORADA
30
TEMA_CONTENIDO
Promoción de la lectura y la literatura
LOCACION
CLASIFICACION
A
IDIOMA_ORIGINAL
Español
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REALIZACION
Moisés Maximino Buenrostro Luna
PRODUCCION
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