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CUID
M-08927
SUBTITULO_SERIE
FILIJ 34
SINOPSIS_SERIE
Se analizan distintas formas de fortalecer la formación de lectores desde una perspectiva amplia y creativa. Mediante conferencias, homenajes y diálogos con especialistas, se abordan aspectos que enriquecen el trabajo de maestros, bibliotecarios, promotores de lectura y profesionales vinculados con la literatura infantil y juvenil. Las reflexiones impulsan a vincular diversas disciplinas y a reconocer el papel del juego como origen del pensamiento. Con la integración de múltiples experiencias y enfoques, la propuesta resalta la literatura como una herramienta formativa y lúdica que favorece la relación de niños y jóvenes con los libros, las historias y la imaginación
EXTRACTO_SERIE
Se exploran enfoques para fortalecer la formación de lectores mediante conferencias y diálogos que apoyan a profesionales de la literatura infantil y juvenil, resaltando el valor del juego y la diversidad de disciplinas para enriquecer relación con libros
TITULO_PROGRAMA
SUBTITULO_PROGRAMA
Carola Diez (Argentina - México)
SINOPSIS_PROGRAMA
El papel de la imaginación, el lenguaje y la fantasía en la formación infantil, mostrando cómo una mirada lúdica permite comprender la realidad y cuestionarla. A través de ejemplos, cuentos y reflexiones, se destaca la potencia creadora de las palabras, su capacidad para transformar, proponer justicia y alimentar el pensamiento crítico. También se analiza la vigencia de estas ideas en los contextos educativos de México y América Latina, donde persisten tensiones entre la creatividad, la libertad expresiva y modelos escolares que buscan controlar o limitar el uso del lenguaje y la exploración de lo posible
EXTRACTO_PROGRAMA
Exploración del poder de la imaginación y el lenguaje como herramientas para comprender la realidad, impulsar el pensamiento crítico y renovar la educación infantil en entornos donde la creatividad enfrenta límites y desafíos
N_PROGRAMA
12
N_TOTAL_PROGRAMAS
15
DURACION_TOTAL
00:56:45:27
PARTICIPANTES
Carola Diez, docente, conferencista, consultora y promotora de la lectura.
SEMBLANZA_PARTICIPANTE
Carola Diez
Docente, conferencista y consultora especializada en procesos de formación lectora. Nacida en Argentina y radicada en México. Ha impartido talleres, acompañado proyectos de fomento lector y colaborado con iniciativas sociales y gubernamentales en México y América Latina. Su trayectoria incluye la capacitación de mediadores en programas como Rincones de Lectura (SEP) y Salas de Lectura (Secretaría de Cultura), así como la coordinación de la Subdirección de Bibliotecas Escolares del Programa Nacional de Lectura y los servicios educativos de la Biblioteca Vasconcelos.
TIPO_ACTIVIDAD
DISCIPLINA
PALABRAS_CLAVE
Artes visuales | Cuento | Edición de textos | Enseñanza de la lectura | Escritor | Escritora | Escritura creativa | Humor (literario) | Ilustración | Lectura | Libro para niños | Literatura | Novela | Selección de libros
TRANSCRIPCION
Bueno, pues muy buenas tardes a todos, a todas. Es un placer muy grande estar acá. Es una impresión ver tantísima gente. En los últimos, tal vez, 12 años, he tratado de no perderme ninguno de estos seminarios internacionales y nunca jamás en mi vida había visto tanta gente en este espacio. Entonces esto es algo que realmente me emociona y me alienta y me da muchísimo, muchísimo, muchísimo gusto. Voy a hacer algo que es a la vez fácil y difícil, que es hablar de alguien muy querido. Cuando tenemos que hacer una presentación o una descripción de alguien que nos es muy cercano, empiezan las dificultades. Empieza el miedo a no ser muy objetivo y después cuando empezamos a investigar un poco más el terror de no poder abarcar, etc. Pero bueno, yo hice el esfuerzo de poner un poquito por escrito algunas cosas. Y bueno, pues sin más, vamos a entrarle a este figurón que se llama Gianni Rodari. Y dice, escuché por primera vez el nombre de Gianni Rodari hace 20 años. Trabajaba yo en el programa Rincones de Lectura. No sé si alguien se acuerda del programa Rincones de Lectura. de muy feliz memoria para casi todos los que pasamos por ahí. Y fue Gerardo Siriani quien llegó una mañana con un ejemplar de todo roto y gastado de la gramática de la fantasía parecido a este. Y casi sin aviso, justo como quien tira una piedra en un espejo de agua, nos empezó a leer en voz alta. Y lo que nos leyó decía. Una piedra, arrojada en un estanque, provoca ondas concéntricas que se ensanchan sobre su superficie, afectando en su movimiento con distinta intensidad, con distintos efectos, a la ninfa y a la caña, al barquito de papel y a la balsa del pescador. Objetos que estaban cada uno por su lado, en su paso, en su sueño, son como reclamados a la vida, obligados a reaccionar, a entrar en relación entre sí. Otros movimientos invisibles se propagan hacia el fondo, en todas direcciones, mientras la piedra se precipita, removiendo algas, asustando peces, causando siempre nuevas agitaciones moleculares. Cuando toca el fondo, agita el lodo, golpea los objetos que yacían olvidados, algunos de los cuales desentierra y otros, a su vez, son tapados por la arena. Innumerables acontecimientos o mini acontecimientos se suceden en un tiempo brevísimo. Quizás ni aun teniendo el tiempo ni las ganas necesarias, sería posible registrarlos sin omisión en su totalidad. Lo mismo pasa con una palabra. Una palabra lanzada al azar en la mente produce ondas superficiales y profundas. Provoca una serie infinita de reacciones en cadena, implicando en su caída sonidos e imágenes, analogías y recuerdos, significados y sueños, en un movimiento que afecta a la experiencia y a la memoria, a la fantasía y al inconsciente, complicándolo el hecho de que la misma mente no asiste pasiva a la representación, sino que interviene continuamente para aceptar, rechazar, ligar, censurar, construir o destruir. Este texto fue como una piedra que sigue sumergiéndose dos décadas después. Una imagen intensa que arrastra la íntima certeza del poder de movilización y transformación de las palabras. una imagen que me ha acompañado y que anima mi trabajo desde entonces. Así es que cuando me invitaron a hacer este homenaje me sentí muy contenta, muy entusiasmada, me dieron ganas de compartir esta voz, esta voz que yo siento cálida y precisa, llena de sentido del humor, de cercanía y de voluntad para llegar al otro. Pero a medida que avanzaba en la preparación de este texto, en la tarea de buscar información, mirar qué tanto se había trabajado sobre la figura de Rodari, desde cuántos ángulos distintos podía ser enfocada su figura, me fui angustiando. Y en un momento tuve la sensación de que no iba a poder, de que no era posible en este ratito abarcar su influencia, sus ideas, sus dimensiones, todas sus ondas en el vasto estanque de la historia, de la educación, de la literatura para niños. Y me pregunté si valía la pena sumar a todo lo que ya se ha dicho y se ha dicho muy bien sobre este personaje. Ya con más calma, pasado un poco de tiempo, me di cuenta de que sí, de que valía la pena. Porque el mismo Sirianni escribía en aquella legendaria revista que no sé si a algunos les habrá tocado, que se llamó Espacios para la lectura. Una revista que salió muy pocos números, pero que fue muy importante desde el Fondo de Cultura. Gerardo Sirianni escribía, decía Rodari, aquel maestro de educación elemental, que lee y encuentra en fuentes increíblemente diversas, ideas, ejemplos, caminos a recorrer para acercarse creativamente a la palabra y a la escritura, es prácticamente desconocido por la mayoría de los maestros de educación básica. Y me puse a pensar, me pareció que sí, que esa circunstancia no ha cambiado en lo esencial. Así que me arremangué y teniendo a la vista todos los acercamientos disponibles, básicamente lo que agarré fueron las tijeras y me puse a la tarea. De forma que lo que puedo ofrecer esta tarde es un homenaje collage, modesto pero sentido. Un texto que ha sido tejido principalmente con las palabras de otros. He recortado muchas citas, espero poder leer para ustedes un cuento, un cuento completo de Rodari, del cual podamos extraer algunas ideas. Y en muchos momentos de este ratito le dejo la voz al mismo Rodari, que ha hablado siempre de su trabajo. Una persona que ha dado cantidad de entrevistas, una persona, digamos, como lo vamos a ver en un ratito, que se ha movido dentro del ámbito del periodismo. Entonces, hay disponible, afortunadamente, mucha mirada de él sobre las cosas que ha trabajado. Entonces, yo voy a dejar como muchos espacios para esto. Lo que intenté fue centrar este momento en mostrar un poco la figura de Rodari y sobre todo ponerla en la perspectiva de nuestra propia realidad educativa de hoy en día, de México y de América Latina. Bueno, pues voy a presentar algunas imágenes que vamos a mirar también mientras hablamos. Perdón, estoy un poco mala. Maestro, periodista, militante político, divulgador de la nueva pedagogía en Italia. Jenny Rodari nació en Omeña, Piamonte, en 1920 y nació en la casa de una familia trabajadora. Tuvo un solo hermano de padre y madre llamado César, más chico que él por un año. El padre, Giuseppe, era panadero y su madre, Magdalena, tiene nombre de pan justo, Trabajaba junto a su marido en la panadería. Yanny fue un niño sensible, un niño un poco solitario. Él se recuerda así. No fui un niño bellísimo. Era chiquito, flaco, anémico. Así es como me veo siempre en las fotos de mi infancia. Su padre muere cuando él tiene apenas nueve años. Eran muy unidos y su muerte fue un duro golpe para el pequeño Yanny. A la muerte de su marido, la madre se muda con los dos niños a casa de una hermana, se cambian de ciudad, se van a la localidad de Gavirate, donde Jenny destaca muy rápido por su desempeño en la escuela. Le va muy bien. Entra al seminario a los 11 años, pero después de un rato se da cuenta de que el camino del sacerdocio no es lo suyo. Ingresa entonces al Instituto Magistral de Manzoni, que es una escuela para maestros, una escuela normal, y al mismo tiempo estudia el violín. Incluso empieza a tocar con algunos amigos en tabernas y en hosterías. Su mamá no mira con muy buenos ojos esta vida de violinista errante, así que él no continúa por ese camino. Y la música, toda su vida va a ser una vocación no desarrollada y muy añorada por él. Se gradúa como maestro elemental con apenas 17 años y después él cuenta. Durante el invierno de 1937 al 38, recomendado por una maestra, fue contratado para enseñar italiano en sus casas a los hijos de algunos judíos alemanes que creían, lo creyeron lamentablemente por pocos meses, haber encontrado en Italia refugio contra las persecuciones raciales. Viví con estas familias en una granja sobre las colinas que bordean el lago mayor. Trabajaba con los niños de 7 a 10 de la mañana. Y el resto del día era mío para pasarlo en los bosques, caminando, mirando la naturaleza y leyendo. En este tiempo, en estos tres años, digamos entre los 17 y los 20, crece su curiosidad intelectual y lee muchísimo, básicamente en las muy bien provistas bibliotecas de estas familias con las que trabajaba. Y hay una serie de autores que lo van a marcar en este periodo, como Nietzsche, Novalis, Pavese, Schopenhauer, los lingüistas rusos de la primera mitad del siglo XX, Dewey, Humberto Eco, Agustín de Hipona y sus lecturas de la Biblia, como podemos ver un abanico enorme de diversidad. Bueno, el joven Rodari, que es él, comienza a enseñar en escuelas elementales a los 21 años. Un tiempo después, él diría, recordando esos tiempos, dice, no, yo debo haber sido un pésimo maestro. No recuerdo haber enseñado nada útil a los niños. Pero no les era antipático, porque lo que yo mejor sabía hacer era inventar historias. Son épocas de intensa movilización política en Italia y en toda Europa. La Segunda Guerra Mundial está a punto de estallar y el fascismo es el régimen dominante bajo el cual Yanni ha crecido. Desde muy joven fue un militante activo. Sus inicios estuvieron en la Acción Católica, en la adolescencia, de la cual incluso llegó a ser presidente y escribía muy activamente en los semanarios y en las publicaciones de la Acción Católica. Cuando Italia entra en guerra, se opera un profundo cambio en su vida. Mueren sus dos mejores amigos y su hermano es recluido en un campo de concentración nazi. Esto le afecta profundamente. Muy pronto entra a formar parte de la resistencia y poco después se incorpora a las filas del Partido Comunista. Simultáneamente se despierta con mucha fuerza su vocación periodística y es invitado a dirigir el semanario comunista llamado El Órdeno Nuevo, El Nuevo Orden. Son los años del periodismo político, donde también es importante su participación en el Semanario Lunitá de Milán y en otras publicaciones. Él va a tener una sola esposa y una sola hija a lo largo de su vida, su hija Paola. Y bueno, es justo en este, aquí podemos verlo con su pequeña, y es justo en este periodo cuando empieza a escribir para los niños, en 1948. Aparece desde el periodismo, desde las páginas de la Unidad, Bienuove y Noidone. Ahí nacen pequeñas narraciones cortas, humorísticas, y sus primeras filas troque. ¿Qué son estas filas troque? Esta palabra italiana se refiere a un género como de coplas, como de retahilas, que está muy presente en la tradición oral. Es un género popular, es un género que se dice, que se canta. todo muy ligado a la poesía popular italiana y sus ritmos, los temas van a ser nuevos. De estos textos surgen sus primeros libros para niños. El libro de Le Filastroque, que es el libro de las retahilas, y el romanzo de Chipolino, Las aventuras del cebollito, del cebollino. Un ejemplo, voy a leer dos, dos de estas pequeñas coplitas para que veamos un poco de qué hablamos. Y empecemos a entrar en esta mezcla de Rodari entre la fuerza de la tradición de lo popular y siempre de manera más o menos explícita una cuestión que tiene que ver con responderle a los distintos niveles del orden establecido. Esta por ejemplo se llama La Sopa y dice, esta por mamá, esta por papá, esta por la abuela que está en redondela y esta por la tía que está en Almería. Por eso luego al crío la tripa le dolía. a un nivel muy modesto, muy casero, muy doméstico, en realidad ya estamos marcando como dos posturas. Vino a la mente también una anécdota que cuenta Eduardo Galeano en su libro, El libro de los abrazos, no sé si lo conocen, que es una anécdota de Don Elio Jorge Cardoso, el escritor que estaba la mamá tratando de darle la sopa a la hija La hija de don Elo Jorge Cardoso no quería comer nada. Entonces la madre, harta, le dice, anda, cuéntale un cuento, tú que eres escritora, a ver si come algo. Y entonces el papá empieza, bueno, esta era una pajarita que se comía toda la sopita cuando se lo decía a su mamita. Y la niña, mirándolo con los ojos muy abiertos, le dijo, pues qué pajarita de mierdita. Tema retomado años después, con este de la sopa. hay otra que ya se va a ir a otra dimensión que es otra filastroquia otra fabulita que es el muñeco de nieve dice goza con la nieve el muñeco de nieve aunque tenga una vida tan breve y en el patio se hace el bravucón cubierto solo por un sombrerón nada le afecta el viento helado ni reumatismos ni constipados no conocen el pueblo aquel donde pasan hambre todos menos él la nieve es blanca y el hambre es negra y aquí se acaba la tiritera acá ya empezamos a entrar duro y a la cabeza con los temas que lo van a estar ocupando constantemente a lo largo de toda su escritura bueno, me tengo un momento para contarles algo sobre la suerte de las filas Troque y del Chipolino que son respectivamente del año 50 y del año 51. Miren, empieza a suceder algo que es prácticamente inédito, rarísimo para obras infantiles en aquellos años, incluso hoy, que es que estas son las aventuras de Chipolino, el cuento de Chipolino. Chipolino empieza a salir también como personaje en revistas, en revistitas infantiles, en algunas tiras cómicas. Y empieza a pasar algo que es rarísimo, que es que se traduce, miren en cuántos idiomas, y estos solo son algunos ejemplos, ¿no? Muy rápido empieza a tener una repercusión, obviamente, en los países comunistas, en los países que tienen regímenes socialistas, pero no solamente. Acá estamos viendo un chipolino alemán, otro ruso, otro chino, otro japonés, otro en español, que me parece que es una edición argentina. E incluso una estampilla, un timbre postal de la Unión Soviética, con la figura de chipolino y del tomatino ese, que también es un amigo. Bueno, estos primeros acercamientos a la literatura infantil que vienen justo de la rima, justo de esta cosa tan rítmica, evolucionan también en el tiempo hacia muchos lugares. Y ahora les voy a leer otro que está más en forma tal vez de cuento, menos rimado, pero que retoma también esta idea de la retaíla, que es un libro que está muy vigente, a lo mejor algunos de ustedes lo conocen, incluso está en las bibliotecas escolares de la CEP, que se llama 1 y 7. Y dice, he conocido un niño que tenía siete años, vivía en Roma, Se llamaba Paolo y su padre era ferrocarrilero. Pero vivía también en París. Se llamaba Jean y su padre trabajaba en una fábrica de automóviles. Pero vivía también en Berlín y allá se llamaba Kurt y su padre era un profesor de violonchelo. Pero vivía también en Moscú. Se llamaba Yuri como Gagarin. Su padre era albañil y estudiaba matemáticas. Pero, vivía también en Nueva York. Se llamaba Jimmy y su padre tenía una gasolinera. ¿Cuántos dije ya? Cinco. Me faltan dos. Uno se llamaba Chu, vivía en Shanghái y su padre era un pescador. Y el último se llamaba Pablo, vivía en Buenos Aires y su padre era escalador. Paolo, Sean, Kurt, Yuri, Jimmy, Chu y Pablo eran siete, pero eran siempre el mismo niño, que tenía siete años, sabía ya leer y escribir y andaba en bicicleta sin apoyar las manos en el manubrio. Paolo era moreno, Sean era blanco y Kurt castaño, pero eran el mismo niño. Yuri tenía la piel blanca, Chu la tenía amarilla, pero eran el mismo niño. Pablo y Balcín en español y Jimmy en inglés, pero eran el mismo niño y reían en el mismo idioma. Ahora han crecido, los siete han crecido, y no podrán hacerse la guerra, porque los siete son una sola persona. Bueno, esta es la época donde él va a ir buscando y encontrando el tono para hablar literariamente a los niños. Impulsa y dirige siempre desde el mundo del periodismo revistas infantiles como Pioniere y el Jornale de Genitori, que también son algo que empieza a popularizarse y las tiradas son grandísimas. Se hacen realmente tirajes muy importantes, no son cosas aisladas. Muchos niños están leyendo esto cada semana. Él cuenta cómo es que empezó esto de escribir para niños, porque no era algo que le hubiera interesado propiamente antes. Dice, comencé de casualidad, sin intenciones serias, usando el material que había acumulado de manera confusa y distraída durante mis años de maestro. Años después, digerido y trabajado por la conciencia y la fantasía, funcionó como un pequeño pero muy preciado trabajo para mí. Un día, el director del diario decidió dedicar una página dominical a los niños. Y yo era el único que había sido años atrás maestro de escuela. Ese fue el único motivo de que me eligieran a mí. También tenía cierta predisposición por los fragmentos brillantes de fantasía y de humor. Empecé a publicar semanalmente retahíles y cuentos cortos en los que reencontraba mi gusto juvenil por los surrealistas franceses que había leído siendo estudiante. No era un trabajo de despacho. Era un trabajo en contacto directo con los lectores, los niños y sus familias. No llegué a los niños por el camino de la literatura, sino por el camino del periodismo. En 1950 fui prácticamente obligado, aunque yo no estaba totalmente convencido, a dirigir un semanario para niños y muchachos, que es este. En este periodo, un editorial me propuso publicar un pequeño volumen con retaílas y me propuso escribir un libro, una novela, sobre los personajes que había inventado para un libro diferente, Chipolino y Pomodoro, que son la cebolla y el tomate que vimos antes. La idea me divirtió, preparé un esquema, el esqueleto del cuento, me tomé un mes de vacaciones y me hospedé en casa de un campesino. En un mes hice una primera redacción. Desde ese momento, publicó más de 20 libros en los que combina magistralmente el humor, la imaginación y la fantasía con una visión crítica e irónica del mundo actual. Los años 60 son la gran década dedicada por Rodari a los niños. Recorre incansablemente las escuelas italianas. Las recorría para contar historias y para responder las preguntas de los niños, porque siempre hay un niño que pregunta cómo se inventan las historias. Y esa es una pregunta que merece una respuesta honesta. En el contacto directo con los niños, Rodadí observa, toma apuntes, indaga, intenta desentrañar los procedimientos del arte de crear historias. De esta etapa de experimentación es de donde van a salir afinadas algunas propuestas como el binomio fantástico, el extrañamiento, el que pasaría así, la construcción de adivinanzas, la parodia, la mezcla de fábulas. De este modo, los niños juegan con las palabras y crean nuevos mundos, desarrollan su capacidad de imaginación, comprenden y actúan sobre la realidad. Esta actividad culminará en la reescritura y publicación de su libro Gramática de la Fantasía en 1973. Bueno, en el año 1970 se le concede por el conjunto de su obra el premio Hans Christian Andersen, que es conocido como el Nobel de la Literatura Infantil. Es un premio que se da a la trayectoria, es un premio importante. Muchas de sus creaciones fueron difundidas inicialmente en páginas de periódicos y suplementos infantiles y luego se dedicaron en forma de libros. Ahora me gustaría compartir con ustedes un cuento un poquito más largo de Rodari, que está en este libro que se llama Cuentos para jugar. No sé si alguna vez alguien lo ha visto. Es un libro que tiene muchos años en las escuelas primarias de nuestro país, porque llegó en un primer momento con los acervos de rincones de lectura en aquel tiempo y porque vuelve a aparecer con los acervos del Programa Nacional de Lectura. Este es un libro escrito de una manera muy interesante. Está el cuento que llega hasta un punto en el que hay que resolver algo y después el autor ofrece tres finales distintos. Entonces, voy a leerles este que se llama Pinocho el Astuto, que creo que es aquí donde vienen algunas cosas que nos van a permitir reflexionar un poco sobre algunos elementos más puntuales. Bueno, ahí va Pinocho el astuto. Dice, había una vez un Pinocho, pero no el del libro de Pinocho, otro. También era de madera, pero no era lo mismo. No lo había hecho Gepetto, se hizo solo. Él también decía mentiras, como el muñeco famoso. Y cada vez que le decía, se le alargaba la nariz. Pero era otro Pinocho. Tanto así que cuando la nariz le crecía, en vez de asustarse, llorar, pedir ayuda al hada, etc., no. Él cogía un cuchillo o una sierra y se cortaba un buen trozo de nariz. ¿Qué? Era de madera, ¿no? Así que no podía sentir dolor. Y como decía muchas mentiras más que muchas, muchas más, en poco tiempo se encontró con la casa llena de pedazos de madera. Qué bien, dijo. Con toda esta madera vieja me hago muebles. Me los hago yo, me ahorro el gasto del carpintero. Ávil, desde luego, lo era. Trabajando se hizo la cama, la mesa, el armario, las sillas, los estantes para los libros, se hizo un banco. Cuando estaba haciendo un soporte para poner encima la televisión, se quedó sin madera. Ya sé, hijo. Tengo que decir una mentira. Corrió afuera y buscó a la víctima. Venía trotando por la acera un hombrecito del campo, de esos que siempre llegan con retraso a tomar el tren. Buenos días, dijo Pinocho. ¿Sabe que tiene usted mucha suerte? ¿Yo? ¿Por qué? ¿Cómo? Todavía no se ha enterado. Ha ganado 100 millones a la lotería, hombre. Lo dijo en la radio hace cinco minutos. No, no es posible. ¿Cómo no va a ser posible? Perdone, ¿usted cómo se llama? Roberto Bislungui. Ah, exacto, ¿lo ve? Exacto, la radio ha dado su nombre. Roberto Bislungui. ¿Y usted en qué trabaja? Bueno, yo vendo embutidos, cuadernos y focos allá en San Giorgio de arriba. Entonces sí, es usted, no cabe duda. Usted es el ganador. Cien millones. Ah, lo felicito efusivamente. Gracias, gracias. El señor Bislungi no sabía si creerlo o no, pero estaba emocionadísimo y tuvo que entrar a un bar a beber un vasito de agua. Solo después de haber bebido, se acordó de que él nunca había comprado billetes de lotería. Así que él no podía hacer. Pero Pinocho ya había vuelto a casa contento. La mentira le había alargado la nariz en la medida justa para ser la última pata que le faltaba para el soporte. Se ruchó, clavó, cepilló y listo, terminado. Un soporte así, si lo hubiera tenido que comprar y pagar, le habría costado unas buenas 20.000 liras. Había sido un buen ahorro. Cuando terminó de arreglar la casa, se quedó pensando y decidió dedicarse al comercio. Vendo madera, me hago rico. Y en efecto, era tan rápido para decir mentiras que en poco tiempo era dueño de un gran almacén con 100 obreros trabajando y 12 contadores haciendo las cuentas. Se compró cuatro autos y dos ferrocarriles. Los ferrocarriles no eran para pasear, eran para transportar la madera. La enviaba incluso al extranjero, la mandaba a Francia, la mandaba a Burlandia. Y bueno, mentiraba mentira bien y la nariz no se cansaba de crecer. Pinocho cada vez se hacía más y más rico. En su almacén ya trabajaban 3.500 obreros y 420 contadores le hacían las cuentas. Pero, a fuerza de decir mentiras, se le agotaba la fantasía. Para encontrar una mentira nueva tenía que irse por ahí y escuchar las mentiras de los demás y copiarlas. Las de los grandes y las de los chicos. Pero eran mentiritas, mentirijillas ahí de poca monta. Y le hacían crecer la nariz un par de centímetros cada vez. Entonces Pinocho se decidió a contratar a un sugeridor. Por tanto al mes. El sugeridor pasaba ocho horas al día en su oficina pensando mentiras y escribiendo las enojas que luego le entregaba al jefe. Diga que usted ha construido la cúpula de San Pedro. Diga que la ciudad de Forlimpópolis tiene ruedas y puede pasearse por el campo. Bueno, diga que ha ido al polo norte, ha hecho un agujero y ha salido en el polo sur. El sugeridor no ganaba mal, pero por la noche, a fuerza de inventar tanta mentira, le daba dolor de cabeza. Diga que el monte blanco es su tío. Diga que los elefantes no duermen ni acostados ni parados, sino apoyados sobre la trompa. Bueno, Pinocho, ahora que era rico y súper rico y requeterrico, ya no se cerruchaba el suelo en la nariz, no. Se lo hacían dos obreros especializados. Con guantes blancos y con un cerrucho de oro. El patrón pagaba doble a estos obreros. Una por el trabajo que hacían y otra para que no dijeran nada. De vez en cuando, cuando la jornada había sido especialmente fructífera, también les invitaba un vasito de agua mineral. Y hasta ahí el cuento. Y vienen los tres finales. Tenemos tres posibilidades. ¿Cómo va a terminar esto? ¿Qué va a pasar? Primer final. Pinocho cada día enriquecía más. Pero no crean que era avaro. No. Por ejemplo, al sugeridor le hacía regalos. Una pastilla de menta, una barrita de chocolate, una estampilla le regaló una vez y era de Senegal. En el pueblo se sentían muy orgullosos de él. Querían hacerlo alcalde a toda costa, pero Pinocho no aceptó porque no tenía ganas de asumir una responsabilidad tan grande. Ay, pero es que usted puede hacer mucho por el pueblo, le decían. Lo haré, lo haré de todas formas. Miren, regalaré un hospicio a condición de que lleve mi nombre. Es más, voy a regalar un banquito para los jardines públicos para que puedan sentarse los trabajadores viejos que estén cansados. ¡Viva Pinocho! ¡Viva Pinocho! Estaban tan contentos que decidieron hacerle un monumento. Y se lo hicieron, todo de mármol, en la Plaza Mayor. Representaba un Pinocho de tres metros de alto, dando una moneda a un huerfanito de 92 centímetros de altura. La banda tocaba, incluso hubo fuegos artificiales. Fue una fiesta memorable. Ese fue el primer final. Hay más opciones. Segundo final. Pinocho se enriquecía más y más cada día. Y cuanto más se enriquecía, más avaro se hacía. El sugeridor, que se cansaba inventando mentiras, hacía algún tiempo que le estaba pidiendo aumento de sueldo. Pero él siempre encontraba una excusa para negárselo. Ay, no, aumento de sueldo justo ahora. Usted habla de aumentos, pero ayer, ¿qué? Ayer me pasó una mentirita, así, de tres al cuarto. La nariz se me alargó dos milímetros. Y la verdad, dos milímetros de madera no dan ni para un palillo de dientes. Tengo familia, decía el sugeridor. Es que subió el precio de las papas. Pero bajó el bolillo. ¿Por qué no compra bolillo en vez de papas? La cosa terminó en que el sugeridor empezó a odiar a su patrón. Y con el odio nació en él un deseo de venganza. Vas a saber quién soy. Farfullaba entre dientes mientras garabateaba de mala gana las mentiras cotidianas. Y así fue. Como sin darse cuenta, casi sin darse cuenta, escribió en una de esas hojas lo siguiente. El autor de Las aventuras de Pinocho es Carlo Collodi. La cuartilla terminó entre la de las mentiras Pinocho, que en su vida había leído un libro Pensó que era una mentira más Y la registró en la cabeza para soltársela al primero que llegara Así fue, como por primera vez en su vida Y por pura ignorancia, dijo la verdad Y en cuanto la dijo Toda la leña producida por sus mentiras Se convirtió en polvo y acerrín y todas sus riquezas se volatilizaron como si se las hubiera llevado el viento. Y Pinocho se encontró pobre en su vieja casa sin muebles, sin siquiera un pañuelo para enjugarse las lágrimas. Final número dos, y ahí va el tercero y último. Dice, Pinocho se enriquecía más cada día y sin duda se hubiera convertido en el hombre más rico del mundo si no hubiera sido porque cayó por ahí un hombrecillo. Un hombrecillo que se las sabía todas, todas, todas. No solo eso, se las sabía todas. Y sabía que todas las riquezas de Pinocho se habrían desvanecido como el humo el día en que se viera obligado a decir la verdad. Y le dijo, ay, señor Pinocho, esto y lo otro. Mire, ponga cuidado de no decir nunca la más mínima verdad ni por equivocación. Si no, mire, se acabó lo que se daba. ¿Comprendido? Bien, bien, bueno, me alegro, yo lo hago por su bien, ya sabe. A propósito, esa casita de campo que está allá, ¿es suya? No, dijo Pinocho de mala gana para evitar decir la verdad. ¡Qué bárbaro, muy bien! Entonces me la quedo. Con este sistema, el hombrecillo se fue quedando en los automóviles, los ferrocarriles, el televisor, el serrucho de oro. Pinocho estaba cada vez más rabioso, pero antes se hubiera dejado cortar la lengua que decir la verdad. A propósito, dijo por último el hombrecillo, ¿esa nariz de madera es suya? Ah, Pinocho estalló, claro que es mía y usted no podrá quitarme la nariz, es mía y cuidadito de aquel que la toque. —¡Oh! —dijo el hombrecito—, eso es verdad. Y en ese momento toda la madera de Pinocho se convirtió en acerrín, sus riquezas se transformaron en polvo, llegó un vendaval que se llevó todo, incluso al hombrecillo misterioso. Y Pinocho se quedó solo y pobre, sin siquiera un caramelo de menta que llevarse a la boca. Ya se sabe cualquier coincidencia con la semejanza es pura realidad como hemos visto con este cuento la ficción en Rodari no es un asunto de mero divertimento sin bases en la realidad. De manera implícita y directa, cuestiona una idea vieja y arraigada, la idea de que la realidad y la fantasía son reinos separados. De esta idea surgen dicotomías, surgen falsas dicotomías que han acarreado graves y costosos daños a la educación, a la cultura infantil, a la misma idea de arte y de infancia. Como por ejemplo, una muy extendida, que dice que existe una lectura por placer y una lectura de aprendizaje. A ver, ¿acaso este astuto Pinocho no nos hace pensar? ¿No movilizan nosotros, además de imágenes mentales, paisajes y situaciones, toda una serie de valores y posturas? ¿No hay cierta información básica que tenemos que tener que nos permite reírnos, por ejemplo, que nos permite disfrutar de este sentido del humor? ¿Cómo puede ser este cuento disfrutado y comprendido si no lo proyectamos sobre el fondo de una realidad muy real, una realidad histórica, unos datos objetivos, un conocimiento construido por todos nosotros? Dice Marc Soriano, lo que Rodari retiene fundamentalmente de la tradición es su aspecto revolucionario. En efecto, su arte sigue abierto a las preocupaciones más actuales de los jóvenes de hoy, tanto en la forma como en el contenido. Obras comprometidas, a menudo militantes, que se esfuerzan por desmitificar los ídolos de la sociedad de consumo, pero que al mismo tiempo se caracterizan por una fantasía y por una invención perpetua. El fantástico de Rodari jamás es gratuito y se asemeja bastante a la anticipación. Su tono, tan espontáneo, recuerda mucho al de los improvisadores y narradores dotados, y llaman la atención su humor, a la vez tierno y grave, y su lenguaje, personal y pintoresco, repleto de juegos de palabras y de hallazgos expresivos. Bueno. En el pensamiento y la obra de Rodari, la imaginación es un territorio en sí mismo. Un territorio que sí se diferencia de la realidad, pero que se nutre del mismo manto freático. La mente es una. La vivencia infantil no está separada en pedacitos. Esto despoja el discurso de ideas preconcebidas, abre opciones inmediatas para que la voz de los lectores o de los escuchas se manifieste. Cada una de sus obras constituye una invitación abierta a la autoría. ¿A poco no dan ganas de inventar un cuarto final, un quinto final? Después de leer con un grupo de niños, por ejemplo, uno de estos cuentos, de manera natural, inmediata, al leer el segundo, es saber parar y proponer el final de uno. Entonces, son obras que dejan explícitamente un montón de sitio a los lectores para que trabajen en esto. Se constituye así en un poderosísimo instrumento para conocer, entender y enunciar el mundo y sus complejidades. En sus propias palabras, dice, la fantasía no está en oposición a la realidad. Es un instrumento para conocer la realidad. Es un instrumento que hay que dominar. La imaginación sirve para hacer hipótesis. Y también el científico necesita hacer hipótesis. El matemático lo necesita. Se hacen demostraciones científicas por absurdo. La fantasía sirve para explorar la realidad. Vale la pena recordar que estas creaciones se dan en un contexto y en una época en que la construcción de un mundo más justo y para todos no era una idea romántica e inalcanzable, sino el imperativo cotidiano para el trabajo de mucha gente. Bueno, crecido bajo un régimen fascista, incluso en algún momento fugaz, acuciado por el desempleo, Rodari va a trabajar en la Casa del Fascio, que es la sede del partido fascista, incluso se va a afiliar al partido porque es obligatorio. Encuentra entre la tradición oral italiana y el surrealismo el potencial subversivo de la imaginación, necesario para librarse de una lengua opresiva. La capacidad de cuestionar, de revertir las fronteras de lo establecido desde el disparate, el absurdo, las lógicas no habituales. Y es en el mundo de la infancia donde encuentra el territorio en que esta siembra florece con todo su vigor. Rodari pensó siempre el lenguaje como el aire en que respira la existencia de las personas. Enemigo de la parcelación, por ejemplo en la enseñanza tradicional, donde cada materia es un compartimento aparte, separado de las demás áreas de conocimiento, él decía, no se puede hacer historia sin la lengua, no puedo hacer filosofía sin el lenguaje, no puedo hacer política, no puedo vivir sin lenguaje. Nosotros estamos dentro del lenguaje como el pez está dentro del agua, no como un nadador. El nadador se tira un clavado y después sale, pero el pez no, el pez está siempre adentro. Bueno, hasta saltando partecitas. Bueno, para ir dando una vuelta de regreso a la aquí y a la hora, me gustaría dedicar esta última parte de la reflexión a las conexiones que encuentro entre nuestra realidad mexicana y latinoamericana y la vigencia de su propuesta. Hablemos de la escuela y de sus polémicas relaciones con el lenguaje, el juego y la imaginación. Les propongo volver la mirada 20 años atrás, justo cuando yo tenía mi primer affair con Don Gianni Rodari. Un somero panorama de lo que ocurría a mediados de los años 90 entre la educación básica y la enseñanza de la lengua. Estaba reciente, vamos a hacer un poco de memoria y a ver si se va acordando alguien de alguna de estas cosas. Estaba reciente la reforma del 93. ¿Alguien vivió eso? ¿Alguien tiene suficiente experiencia? Que de manera significativa expresaba entre sus principales objetivos que había que cultivar el talento y la creatividad en la niñez y la juventud. Es en este marco que florecen diversas iniciativas al interior de la Secretaría de Educación Pública. Por ejemplo, el programa Rincones de Lectura, enfocado a acercar libros a las escuelas con estándares de calidad y diversidad sin precedentes, que hicieron de estos acervos un pie para diversificar y enriquecer las prácticas de lectura y escritura y cuya estela es perceptible hasta el día de hoy. Germinaba también el PACAEP, ¿alguien sabe de lo que hablo? El programa de actividades culturales en apoyo a la educación primaria, un programa enfocado a la educación por el arte, especialmente enfocado en hacerle un lugar importante al arte y a la cultura en el marco del salón de clases. También el PRONALES, que era un programa para el fortalecimiento de la lectura y la escritura, que se ocupaba de hacer evidentes las ligas de la alfabetización formal con los procesos cognitivos, emocionales y sociales. Fuera de la SEP, en el campo de la cultura infantil, muchas cosas están sucediendo también. Crece y se consolida la FILIG. Van a ser años de auge para la gerencia de obras para niños del Fondo de Cultura. Van a ser los años en que se edita La Peor Señora del Mundo, Zoom, El Higo Más Dulce, La Escoba de la Viuda, todos estos libros que son emblemáticos, que se han vuelto muy importantes. El CONAFE también es el momento en que edita para millones de libros de niños del país, libros de extraordinaria calidad. Venimos de los años 80 con experiencias tales como, a ver quién se acuerda, esto ya es prehistoria para muchos, pero la enciclopedia Colibrí, ¿alguien se acuerda de esos fascículos azules de la enciclopedia coleccionables entre los años 80? La revista Chispa, una revista de divulgación científica también. El extraordinario trabajo de producción radiofónica que se hacía especialmente desde Radio Educación, a lo mejor a alguien le suena Radio Rhin, estos programas para niños que se escuchaban justo a la hora antes de ir a la escuela, que era un momento que se convertía como en el desayuno familiar. Bueno, el Estado incorpora aceleradamente una visión de la infancia donde los niños son sujetos que merecen la voz, la pluma, el pincel. Dejan de ser sobrantes, obras subsidiarias o solo edificantes, lo que se ofrece a los más pequeños, y comienza un periodo de especificidad en la propuesta y de respeto a la inteligencia y a la sensibilidad infantil. En cuanto al desarrollo de las ideas en educación, Emilia Ferreiro y sus importantes investigaciones han venido a colocar al lenguaje y su didáctica en un lugar necesario y posible para todos. Era muy claro cómo se vivió un momento de redefinición de la idea del lenguaje, de lectura y sus maneras de enseñarlas. Se incorporaba y se otorgaba relevancia a la dimensión oculta del iceberg, todo aquello que no se ve en los concursos de oratoria o de velocidad lectora, todo lo que pasa en la cabeza y el corazón de los que leen más allá de lo evidente. Los conceptos, construidos en gran medida desde la psicología, ayudaban a docentes de todo el país y de gran parte del continente a incorporar al trabajo cotidiano, además de la correcta oralización y el trazado de grafías, esta otra dimensión de lo imaginario, de las hipótesis de los niños, la búsqueda, la exploración, se comienzan a valorar los procesos y no solamente los resultados. Se hace evidente que en los recursos para construir ficción están presentes los elementos más relevantes de la identidad personal y colectiva. Y es en esta disyuntiva que sigue increíblemente viva 20 años después. Y digo increíblemente en todos los sentidos de la palabra. A veces es difícil creer que todavía podamos encontrar esta separación, pero bueno, también es increíble en otros sentidos. Entre la dimensión pragmática de la lengua y la exploración amplia de sus posibilidades. En el fondo, bueno, es aquí donde el pensamiento y la obra de Rodari cobran un sentido inmediato. En el fondo, como suele suceder cuando se habla del lenguaje, lo que se discute es una cuestión ligada con el poder. El poder del lenguaje, el poder de su manejo. La imaginación desafía siempre, desafía por naturaleza las condiciones preestablecidas. La insistencia en lo formal las fija. Rodari cuenta así su experiencia. La escuela tradicional me enseñaba la lengua del consentimiento, de la adaptación al mundo como es, las cosas como son, la autoridad, el pasado, pero yo crecí bajo el fachismo. El niño tenía que olvidar en mis tiempos la lengua de la casa, la lengua en la que había crecido libre, aún bajo muchos condicionantes, para aprender la otra lengua, la lengua del dictado, la lengua de la redacción, la lengua de lo correcto. Este es el lenguaje para decir siempre sí. Ahora nosotros queremos partir de la lengua, es decir, de la cultura del niño, y ayudarlo a construirse sobre su expresión libre y completa, el lenguaje de su búsqueda autónoma, de la comunicación social. No la lengua para decir siempre que sí, sino la lengua para decir solamente los sí que siente propios, y para decir no cuando lo que siente es no. Rodari distingue al niño escolar, diciendo que ya es un niño artificial, y al niño que juega, que se defiende como puede de esta literatura edificante. También vivimos esta pugna, y la vivimos aquí y ahora, no es una cosa del pasado. Viene inmediatamente a la cabeza el cúmulo de libros de valores, los discursos alrededor de lo que los niños, y lo que es más escandaloso no solo los niños, deben ser o hacer. basta echar un vistazo no solo a los talones de clase, sino a los medios de comunicación, a la oferta editorial, etc. Un ejemplo de esto aparece en el capítulo Historias Tabú de la gramática de la fantasía. Él dice, llamaré tabú a cierto tipo de historias que personalmente considero útil contar a los niños, pero ante las cuales muchos fruncirán la nariz. Estas historias son un intento de discurrir con el niño sobre temas que le interesan de verdad, íntimamente, pero que la educación tradicional relega en general al rincón de las cosas de las que no está bien hablar. Sus funciones corporales, su curiosidad sexual. Doy por supuesto que la definición como tabú es polémica y que yo apelo a la transgresión del tabú. Entiendo que no solo en la escuela, sino en la familia, debería poderse hablar de estas cosas con plena libertad Y no solo en términos científicos, porque no solo de ciencia vive el hombre. Para ver un par de casos concretos, quienes tengan un poco más de años, recordarán la polémica que desató el libro sobre sexualidad Hijo de Tigre Pintito. Esto sí ya tiene muchos años, pero a raíz de aquella foto de Pedro Infante desnudo que venía en el libro. ¿La quieren ver? Ah, está censurada. No, es claro. Esta foto fue, es una foto que venía en este libro extraordinario, es una foto de Pedro Infante bañándose como Dios lo trajo al mundo. Y bueno, este libro empezó a desaparecer bajo el escritorio de muchas directoras. La página con la foto empezó a ser arrancada. Se sospecha que se iba para la casa de muchas maestras, ¿no? Pero, bueno, esta fue como una muestra muy clara de cómo venía esta ruptura, ¿no? De una propuesta editorial que venía rompiendo algunas ideas preestablecidas y esta difícil respuesta desde la escuela. Y otro, del topito virolo y todo lo que pudo haberle caído en la cabeza. ¿Se acuerdan del topito virolo? Es esta la portada. Es un juego fantástico alrededor de las cacas de los animales, ¿no? El topo que le cae algo en la cabeza. Entonces, se pasa todo el libro averiguando de quién es esa caca que le cayó en la cabeza. En tiempos un poco más cercanos, ya después del año 2000, 2001, 2002, podemos recordar las tristes reacciones que generaron aquellas primeras selecciones de acervo para las bibliotecas escolares y de aula de la CEP. Y no solo en estratos tradicionalmente reaccionarios. En realidad hubo voces de muchos lugares que reaccionaron mal ante esta propuesta de amplia diversidad. Muy sonado fue el caso de Aura, de Carlos Fuentes. ¿Se acuerdan que hubo un secretario de Estado que se sacó de onda, de que se lo dejaron leer a su hija? Pero también podemos recordar fuertes cuestionamientos que sufrieron la historia del corrido en México, un libro, porque incluía la letra de contrabando y traición. ¿Se acuerdan de Camelia La Tejana? Bueno, considerado el abuelito de los narcocorridos. También se retiró, esto fue un caso así muy polémico porque fue una decisión oficial, de todas las escuelas públicas de Nuevo León, el libro Hola, Bebé. Un libro que incluía una ilustración, ilustración no fotografía, de un desnudo de la mamá con el bebé. Se la sacaron de onda también y lo quitaron de las escuelas. Y así podríamos seguir enumerando casos. Y esto pasa 60 años después de que Gianni Rodario está hablando de estas cosas. No tanto, pero unos 40. Bueno, sucede que este tema de las jerarquías ocupa un lugar central aquí y ahora, en este momento. El sistema educativo y todos sus correlativos en lo social se debate entre mantener una estructura piramidal, fuertemente jerárquica, y adoptar unas maneras de trabajar y de entender la educación mucho más cercanas a un esquema de red, de colaboración, de búsqueda conjunta. Esto no es algo que se expresa solamente en el plano político, laboral o sindical, sino en el día a día del salón de clases, en las decisiones que cada docente se permite tomar y permite tomar a los demás. Y en este sentido, la palabra creatividad ha sufrido un gran desgaste. Ahora es común oír hablar de creatividad empresarial, pensamiento creativo para lograr el éxito y este tipo de cosas. Una vez más, la voz de Rodari pone el punto sobre la I, hablando de lo que quiere decir para él creatividad. Dice, creatividad es sinónimo de pensamiento divergente, o sea, capaz de romper continuamente los esquemas de la experiencia. Es creativa una mente que trabaja siempre, siempre dispuesta a hacer preguntas, a descubrir problemas, donde los demás encuentran respuestas satisfactorias. Que se encuentra a sus anchas en situaciones fluidas donde otros solo ven peligro. capaz de juicios autónomos e independientes, independientes incluso del padre, del profesor y de la sociedad, que rechaza lo codificado, que maneja objetos y conceptos sin dejarse inhibir por los conformismos. El gran ejemplo es el libro Gramática de la Fantasía, Introducción al Arte de Contar Historias. Esta obra reúne una serie de propuestas de puntos de partida para la invención. Fue realizada a partir de un antiguo boceto de los años 40, el cuaderno de Fantástica, pero sobre todo a partir de la experiencia de trabajo con innumerables niños de la ciudad de Reggio Emilia, que Rodari iba registrando en un cuadernito infaltable que lo acompañaba en todas sus visitas a escuelas y jardines de niños. Gracias a la paciencia y la dedicación de una dactilógrafa que fue reuniendo estas notitas, las organizó y las pasó en limpio, se logró compilar uno de los materiales más finos y trascendentes en torno a las posibilidades de creación lingüística para niños y grandes. Un libro a la vez sencillo, libre de ínfulas, un libro profundo, abarcador y de grata lectura, revela en cada uno de sus 44 muy breves capítulos la huella viva de un acercamiento auténtico a la experiencia infantil. La emoción, el asombro, el lugar para el disparate, para lo inesperado, la bienvenida a la palabra de todos, el sentido del humor y el carácter justiciero. La impecable lógica interna tomada de las maneras de hacer y pensar de los chicos, siempre señalando cómo el camino del juego rápidamente desemboca en la percepción infantil de un mundo equitativo, honorable, donde de una u otra manera resulta natural y puede esperarse la justicia como reparación, como salida de todo conflicto. Bueno, para no seguir, no vamos a discurrir mucho más sobre la célebre gramática de la fantasía, pero me gustaría solamente compartir con ustedes, pensando que no todo el mundo tiene por qué conocer esta propuesta y tratando de abrir el apetito, el título de algunos capítulos. Estos capítulos que son propuestas de juego. El binomio fantástico. ¿Qué pasaría si el prefijo arbitrario, imagínense juntar un prefijo, vamos a suponer un pre, con un sustantivo nariz? ¿Cómo sería la pre-nariz? O el contratomate, por decir algo. O la post-peluca. Cada una de estas cosas, solo la palabra ya está funcionando como esta piedra en el estanque. Ya está funcionando como para empezar a jalar un hilo narrativo, un hilo imaginativo. El error creativo. Caperucita roja en helicóptero. Una propuesta que consiste en tomar un cuento o una historia muy conocida y meter un elemento totalmente nuevo. Metiendo un helicóptero en el cuento de Caperucita roja ya podemos recorrer caminos insospechados. Ensalada de cuentos, etc. Piano Bill, que es la propuesta para el tomado de Buffalo Bill. y si en lugar de búfalo for un piano, un vaquero que viaja con un piano por el desierto. Y bueno, para terminar voy a leer este pequeño párrafo, también citado muchas veces, pero con una fuerza indoblegable, que dice, confío en que este librito sea también útil para quien cree en la necesidad de que la imaginación tenga su puesto en la enseñanza, para quien tiene fe en la creatividad infantil, para quien sabe qué virtud liberadora puede tener la palabra. Todos los usos de la palabra para todos. Me parece un lema bueno, con un bello sonido democrático. No para que todos sean artistas, sino para que ninguno sea esclavo. Gracias.
SISTEMA
ATSC
DOCUMENTO_DIGITALIZADO
Sí
FECHA_AUTORIZACION
10/11/2014
FECHA_INGRESO_ENTREGA
13/07/2015
CODIGO_BARRAS_LTO
BWF491
BARRA
Difusión
TEMPORADA
34
TEMA_CONTENIDO
Seminario para el fomento de la lectura
FECHA_GRABACION
10/11/2014
LOCACION
CLASIFICACION
A
IDIOMA_ORIGINAL
Español
REALIZACION
Ernesto Leobardo Romero Flores
PRODUCCION
María del Socorro López Arenas

