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CUID
M-20188
SUBTITULO_SERIE
FILIJ 35
SINOPSIS_SERIE
De qué manera potenciar la creatividad y la imaginación infantil a través de los libros, que despiertan curiosidad, enriquecen el lenguaje y favorecen la reflexión. Se explora cómo la lectura en familia fortalece los vínculos afectivos y promueve el deseo de descubrir ideas, historias y nuevos mundos. El contenido también aborda el papel de mediadores, espacios culturales y prácticas cotidianas que facilitan el acercamiento temprano a los libros, así como diversas perspectivas sobre la importancia de crear en el hogar un entorno que impulse el desarrollo intelectual y emocional de niñas y niños mediante la lectura
EXTRACTO_SERIE
Exploración de cómo los libros impulsan la imaginación infantil, fortalecen la lectura en familia y crean entornos que favorecen el desarrollo emocional e intelectual de niñas y niños
SUBTITULO_PROGRAMA
Blandine Aurenche (Francia)
SINOPSIS_PROGRAMA
Se expone una concepción de la biblioteca pública como un espacio vivo, abierto y profundamente vinculado con las familias y las comunidades, especialmente en contextos vulnerables. Se describe cómo la mediación cercana, la lectura en voz alta, la presencia constante de los bibliotecarios, la colaboración con actores locales y la creación de ambientes cálidos pueden transformar la relación de niños y adultos con los libros. Se abordan prácticas que fortalecen la confianza, la apropiación del espacio, la inclusión cultural y la construcción de redes de apoyo. El eje central es la biblioteca como lugar de encuentro, convivencia, aprendizaje y dignificación para todas las generaciones
EXTRACTO_PROGRAMA
Reflexión sobre la biblioteca como espacio vivo y comunitario donde la lectura, la mediación y la convivencia fortalecen vínculos, apoyan a las familias y convierten el libro en un puente hacia la inclusión y la participación social
N_PROGRAMA
12
N_TOTAL_PROGRAMAS
19
DURACION_TOTAL
00:54:29:27
PARTICIPANTES
Blandine Aurenche, bibliotecaria y promotora de lectura
Karen Coeman, historiadora y editora, directora del Seminario de la FILIJ
SEMBLANZA_PARTICIPANTE
Blandine Aurenche
Bibliotecaria y promotora de lectura, reconocida por su trabajo en contextos urbanos vulnerables. Fue directora de las bibliotecas Crimée (Paris 19ᵉ) y Louise-Michel (Paris 20ᵉ), donde desarrolló modelos de mediación que fortalecieron el vínculo comunitario y facilitaron el acceso al libro para familias poco habituadas a las bibliotecas. Su trayectoria de más de treinta años en barrios populares parisinos incluye proyectos de lectura en voz alta, trabajo con mediadores locales y la consolidación de bibliotecas como espacios abiertos de convivencia social. Ha publicado reflexiones sobre lectura temprana y mediación cultural en revistas especializadas
Karen Coeman
Historiadora y editora nacida en Bélgica, con una trayectoria centrada en el libro infantil y juvenil. Coordinó y participó en proyectos institucionales dedicados al fomento de la lectura. Actualmente gestiona la promoción de libros infantiles y juveniles
TIPO_ACTIVIDAD
DISCIPLINA
PALABRAS_CLAVE
Artes visuales | Cuento | Edición de textos | Enseñanza de la lectura | Escritor | Escritora | Escritura creativa | Humor (literario) | Ilustración | Lectura | Libro para niños | Literatura | Novela | Selección de libros
TRANSCRIPCION
Bueno, es un enorme placer estar aquí para dar la bienvenida y presentar a nuestra siguiente ponente, Blondina Arange. Ella, nos conocimos hace, ahora hacíamos cuentas, hace 15 años Ella formó parte de un proyecto generosísimo, importantísimo Que dejó marcas en la vida de muchos de nosotros Y nos puso en este camino Que se llamó Leamos de la mano de papá y mamá Y que consistía en un seminario que se hacía anualmente organizado por el CERLALC, por CONACULTA, dos instancias, y era un seminario latinoamericano. Y en una de estas misiones de trabajo estuvo Blondin trabajando con nosotros, y ahí fue que pudimos, yo por lo menos asomarme a una manera muy distinta de hacer biblioteca. Una manera que no había imaginado nunca. una manera que tenía que ver con salir del lugar de la biblioteca y no solo salir físicamente, sino salir también espiritualmente, conceptualmente. Después tuve la suerte de visitarla en la biblioteca que ella dirigía en ese momento, en París, y mirar muy de cerquita esta inmensa posibilidad de vinculación de muchas maneras, de unas maneras muy creativas, muy sencillas y al mismo tiempo muy complejas y muy aterrizadas, muy a la mano, muy en contacto con todo lo que está alrededor. Entonces, es un enorme placer dejarlos ahora con Blondín, una gran, gran bibliotecaria, una extraordinaria gestora de la vida de las bibliotecas y alguien que ha pensado en primerísimo lugar en las familias como unos receptores y unos interlocutores fundamentales para la biblioteca. Familias fuera de la biblioteca, familias dentro de la biblioteca, pero sobre todo familias haciendo un puente entre campos de la vida que muchas veces están trágicamente separados. Entonces, es un enorme placer presentar a Blondin en esta mañana y espero que para ustedes sea el mismo placer. Gracias, Blondin. Hola, buenos días. Muchas gracias por ofrecerme esta oportunidad para compartir lo que ha sido para mí una gran pasión. Las bibliotecas públicas y todas las posibilidades de relación y de lectura que ellas ofrecen. Bueno, ¿qué les puedo decir? Para mí las bibliotecas son en primer lugar una utopía de juventud. Una utopía que nació en esta casucha. Esta casucha era la biblioteca de mi abuela en Toulon, en un puerto del sur de Francia. Después de la guerra, el barrio había sido arrasado y solo quedaba esta biblioteca. Y mi abuela le pidió a un pintor que hiciera el emblema de la biblioteca. Era algo alegre, ofrecían el té a todas horas y era un momento de compartir en torno a la lectura que siempre fue una fiesta. Y eso es para mí una biblioteca, una fiesta, compartir en torno a la familia, amigos, personas muy distintas y la lectura. En primer lugar trabajé en París en los barrios más elegantes, los más intelectuales. Pero después pasé el resto de mi vida profesional en el noreste de París, es decir, en los barrios populares, en los barrios a menudo muy pobres y a menudo poblados por extranjeros inmigrantes. Y entonces pude darme cuenta del camino que había que recorrer para llevar a esas familias, ya fueran francesas o extranjeras, hasta el punto en que se atreverían a entrar en una biblioteca. Muchos pensaban que eso no era algo para ellos. En primer lugar, había que ganarse la confianza de los habitantes. Una noche, en la biblioteca Crimée, que es una de las bibliotecas del noreste de París, como les decía, llegan dos niñitos, dos niñitos que pasaban todo el día en la biblioteca y en la noche se niegan a regresar a su casa. Ya estaba oscuro y les digo, bueno, si quieren, yo los acompaño a su casa. La hermana mayor que tenía ocho años no quería, pero los más pequeños dijeron que sí y se aferraron a mi mano. Entonces yo los llevé a su casa y de pronto entendí por qué no querían entrar. Había un enorme pasillo, muy largo, sin luz, sin electricidad, en ese lugar que estaban ocupando ilegalmente. y en medio del pasillo había una rata, una rata tan asustada como nosotros. Y entonces los niños apretaron mi mano. Subí con ellos y vi a la mamá que entreabrió la puerta. Hablamos un poquito y esa mamá es una mamá a la que volví a ver varias veces porque a menudo le devolvía a sus hijos en la noche. Y poco a poco nos fuimos teniendo confianza. Una historia como la de la zorra y el principito, nos fuimos domesticando poco a poco. Y de pronto me pude dar cuenta cómo una biblioteca en un lugar pobre es una gran oportunidad para tratar de vivir juntos, para que las poblaciones se mezclen, para estar cerca de la gente y poco a poco traerlas hacia la biblioteca. Esta es una de las jóvenes lectoras de la Biblioteca Crimea. Nosotros teníamos lectores que se habían ido, los lectores que tenían miedo porque era un barrio muy violento en el que había droga, por ejemplo, y las familias más elegantes ya no se atrevían a enviar a sus hijos a la biblioteca, las familias más acomodadas. Y lo que teníamos nosotros en la biblioteca eran los niños que estaban casi casi refugiados en la biblioteca porque las calles eran peligrosas. Era un lugar donde no había agua, no había agua en las casas, el agua estaba en la calle, en pleno París, París, la ciudad luz. Había edificios sin agua, sin electricidad y muchos estaban enfermos debido a la pintura de plomo. Y algunos niños, una buena parte de ellos, tenían que trabajar para los dealers, para vigilar, para realizar las actividades de vigilancia. En ese contexto, ¿de qué manera la biblioteca podía ser un lugar de encuentro? Genevieve Pats, en su último libro, habla de una experiencia similar en una biblioteca del Bronx, en Estados Unidos. Y él dice, la biblioteca es un lugar para recibir a la gente, recibir a los recién llegados con sus expectativas, con su cultura. Pero ¿cómo le podemos hacer para crear esta oportunidad de encuentro? Pues creo que en primer lugar hay que conocer a la población. Esta es la calle Petit, la calle de nuestra biblioteca. todos estos edificios están en parte tapiados, o sea que están ocupados ilegalmente. Aquí están nuestros vecinos. Entonces, bueno, para comenzar creamos una red. Tratamos de ubicar a todos los socios posibles, todos los aliados posibles de la biblioteca. Los aliados pueden ser muy variados, son todos aquellos que están cerca de la población. Y esto puede ir desde los residentes de un albergue africano muy cerca de ahí hasta los jardineros de la ciudad. Vean aquí, por ejemplo, uno de los jardineros que está ayudando a los niños. Él les propuso a los niños que arreglaran juntos la parte frontal de la biblioteca. También fuimos a ver al cura, al imam, a la policía, a las asistentes sociales y, por supuesto, a los maestros. A todos aquellos que pudieran interesarse de cerca o de lejos en las familias. Pero eso no fue suficiente. Y entonces nosotros decidimos buscar a alguien que sirviera de puente, que conociera bien a la población de estas ocupaciones ilegales de edificios y que tal vez conociera también bien las bibliotecas. Entonces decidimos contratar un mediador, un africano como de 50 años que vivía en el albergue cerca de ahí. Él tenía el mismo origen que las familias del barrio, las entendía, sabían cómo vivían y él aprendió también. Él, que solo había ido dos años a la escuela, Él había entendido de qué manera podíamos servir y de qué manera representábamos una oportunidad importante para los niños del barrio. Y bueno, él fue el que pudo servir de puente entre ellos y nosotros y fue una persona realmente valiosa. Por ejemplo, el día anterior a que él se fuera de vacaciones, yo me preocupé porque dije, durante un mes no vamos a tener a nadie aquí, ningún mediador. Y le propuse que invitar a los padres de familia, a los más importantes de la ocupación, y los invité a tomar el café. Bueno, pues déjenme decirles que ellos se sintieron muy honrados porque era la primera vez que algún francés los invitaba a tomar un café. Y les presentamos la biblioteca, y Boki, que era nuestro mediador, les encargó la biblioteca. Aquí está Boki, nuestro mediador. todos los días durante las vacaciones vino un padre un padre de familia un padre entró un padre que no sabía ni leer ni escribir y me preguntaba ¿todo está bien? los niños se portan bien cuidado con los que no se portaban bien tremenda paliza que les podían poner y todo en la biblioteca era perfectamente tranquilo. Pero ante la violencia de la calle, de algunos jóvenes, de algunos niños, el equipo de la biblioteca tenía dificultades para encontrar una respuesta coherente. Entonces pedimos a un psicólogo que nos viniera a ayudar. Y entonces nosotros entendimos mejor cuál era nuestra misión y logramos tener una respuesta que fuera homogénea ante la violencia. Los niños y los pocos padres que estaban ahí tenían un uso muy extraño de la biblioteca. Mi primer día, cuando llegué a la biblioteca Crimea, vi que había un chico lavándose el cabello en el baño. Se estaba poniendo shampoo. Ese era el uso de la biblioteca para él. Otros usaban la biblioteca para jugar a las escondidillas o a la pelota. Era muy extraño todos esos usos. Para las mamás, eso era como una guardería gratuita. Y entonces, nosotros preguntamos a las asistentes sociales si podían venir a ayudarnos. por lo menos durante las vacaciones, para que los niños fueran a campamentos de vacaciones, por ejemplo, cerca del mar. Ellos nunca se habían ido de vacaciones, ni siquiera sabían qué eran. Eso fue muy eficaz. Los padres tuvieron confianza en el mediador, aceptaron inscribir a los niños al campamento y todo el mundo se sintió muy aliviado, tanto las madres como la biblioteca. Entonces, nuestra respuesta a esta situación de niños que pasaban el día completo en la biblioteca, pero para quienes el libro no tenía mucho sentido, los padres que nunca se atreven a venir ni a entrar a la biblioteca, ¿qué hacer con todo eso? Pues lo que decidimos dar como respuesta fue la respuesta en voz alta. Decidimos leer todo el tiempo. Éramos once y decidimos que la lectura sería permanente. Habría lectura en voz alta permanente. El entusiasmo de los niños fue extraordinario. En cuanto les proponíamos una lectura, su fascinación por los mejores libros, no por cualquier libro, sino por los muy buenos libros, por los grandes autores, por Anthony Brown, por William Stake, por Tommy Ungerer, por Selda, por Nadja, todos esos autores que son los grandes nombres de la literatura de juventud fascinaron a los niños. También estaban los relatos mitológicos, los cuentos de Grimm, o los cuentos que se llaman en África los cuentos de calabaza, son los cuentos de las abuelas. Y los niños amaban tanto la relación que se creaba entre el adulto y ellos como el contenido de la lectura. De esa manera nos volvimos intermediarios de libros. Y terminábamos por leer en voz alta a todo mundo. Me acuerdo que una vez empecé a leer El extranjero de Camus a un chico de 17 años entre dos estantes. Le leí así dos primeros capítulos de pie. O en cierto momento, en la entrada, leí un pedazo de Vasconcelos a un chico que no estaba entendiendo nada. No sabía muy bien leer. Entonces me puse a leerle así en voz alta. Decidimos no dejar de leer. Y poco a poco decidimos leer individualmente a los niños. Ya no hacer lecturas de grupo, o lo menos que se pudiera. Y es lo que nos interesaba era hacer entrar a cada uno de los niños, incluso a los pequeñitos, a un texto. Hacer que entraran a la comprensión de un texto, para que el sentido de ese texto fuera el suyo, para que cada quien le diera sentido a un texto. Tenía que ser algo muy personal para el niño. Entonces, cuando un niño nos tendía un libro, se lo leíamos, solo para él, tantas veces como lo deseaba, cinco veces, seis veces seguidas, para proseguir con el ritmo, para ir siguiendo el libro del niño, el ritmo de su comprensión. Quien leía éramos nosotros, por supuesto, pero el verdadero lector era el niño o el adolescente a quien le estábamos leyendo algo. algo que era importante cuando le leíamos a los niños era no hacer ninguna verificación por ejemplo los padres los maestros, los bibliotecarios les aman preguntar a los niños ¿qué es esto? ¿entendiste bien esta frase? ¿y esta palabra? ¿qué quiere decir? a menudo hacemos eso sin pensarlo Y con eso interrumpimos la lectura. ¿Por qué? Para verificar qué. A ver qué es lo que queremos verificar. A nosotros no nos gustaría que nos estuvieran interrumpiendo cuando leemos una buena novela policiaca, ¿no? Nos molestaría. Entonces, nosotros no interrumpíamos. Les dejábamos una gran libertad. Simplemente les regalábamos una lectura. Y así fue como me sucedió leer. Me acuerdo de un grupo de chicas que me habían pedido que no lograba leer Modam Bovary de Flaubert, que es un gran clásico francés, ¿no? Pero es una lengua que ellas no entienden, que ellas no entendían. Entonces se los leí en voz alta. Y poco a poco fui sintiendo cómo ellas entraban en el texto. Y se dieron cuenta que finalmente esto era algo evocador para ellas. En esta mujer, la señora Bovary, había algo que las iba acercando a esta heroína. Y nos fuimos dando cuenta que cada quien tenía una visión de lo que le sucedía a este personaje. Estaban entrando en una verdadera lectura. Y entonces, para que los padres intentaran seguir, entender lo que hacían sus hijos en la biblioteca en esta dinámica de lectura que habíamos creado, pues pensamos que también hacía falta que esto cobrara sentido para los adultos. Había algo que me había resultado sorprendente en una reunión de barrio con los inmigrantes chinos. Me llamó mucho la atención un papá que me dijo que tenía vergüenza, vergüenza porque su hijo de siete años era el que iba como traductor cuando él tenía que hacer trámites ante la policía o trámites para cualquier cosa. Él no entendía el francés porque trabajaba como loco todo el día. No tenía tiempo de tomar clases de francés. Trabajaba en un medio que era de puros chinos. Y entonces dependía de su hijo, de un niño. Y para él eso era una cosa terrible. Y yo me di cuenta que las mamás de los edificios ocupados ilegalmente o de los edificios de los multifamiliares subsidiados cercanos tenían el mismo problema. De hecho, todos ellos dependían de sus hijos para la traducción, para los trámites, para los papeles, etc. Y nos dimos cuenta que en cuanto propusimos cursos de alfabetización en la biblioteca, ellas eran muy entusiastas. Así que encontramos a alguien que estuvo de acuerdo en dar clases gratuitas durante un año. Y las mamás se involucraron muchísimo. Y hay algo que me divirtió. Es una pequeña anécdota. Una parte de estas mamás vinieron a aprender el francés, a escribirlo, a leerlo, para poder dejar a su marido y ser independiente. Bueno, teníamos una institución en la biblioteca que era el té, porque el té también era una cosa muy importante en la biblioteca de mi abuela. Así que nosotros hacíamos té y la compra de una tetera, de una mesita con rueditas, fue una compra esencial para nuestra biblioteca. Nosotros ofrecíamos muchísimo té. ¿Por qué? Porque es algo convivial. El té crea una atmósfera un poquito como de la casa. Recibimos a la gente, la bibliotecaria es la que recibe y hay muchos padres que fueron viniendo poco a poco porque el ambiente era agradable, porque allí podían hablar con el mediador, pedirle informes de todo tipo y poco a poco se convirtieron, estas personas se convirtieron en amigos. eran vecinos y algunos se convirtieron realmente en amigos. Otra cosa que era necesaria para que la biblioteca cobrara sentido para ellos fue la ayuda escolar. Muchos padres expresaron su preocupación por el fracaso escolar de sus hijos. Muchos niños de estos alojamientos insalubres y de estos multifamiliares sociales estaban en una situación de fracaso escolar. Entonces, de pronto, muchos adultos del barrio empezaron a proponer sus servicios. Sus estudiantes dijeron, ok, yo soy voluntario para regalar una hora a un niño. Y creamos este sistema al que llamamos uno para uno. Un adulto era una ayuda para un niño. El adulto firmaba un contrato con el niño, pero sobre todo con los padres. La inscripción era posible si los padres venían a la biblioteca y firmaban ese contratito con la biblioteca y el vecino, el vecino que se iba a encargar de su hijo. Para nosotros eso fue valiosísimo porque esta ayuda escolar construyó el vínculo social en el barrio. Me acuerdo de un niño que se llamaba Isa, que tenía 14 o 15 años, que era pésimo en matemáticas. Y un almirante, un almirante se propuso, un almirante de la Marina Francesa, se propuso para ayudar a Isa con las matemáticas y vino una hora cada semana. Y yo le pregunté a Isa, bueno, ¿qué tal te va con las matemáticas en la clase? Él no me respondió, él solo me dijo, esta es la primera vez que alguien se ocupa de mí. Los contactos que estos adultos fueron creando con estos niños fueron contactos privilegiados. les fueron proporcionando poco a poco tranquilidad y esta biblioteca que al principio era un lugar tan violento se fue apaciguando. Y nosotros decidimos también, ¿cómo decirles? Extender esta relación individual a todas nuestras actividades. Se requería que nosotros pasáramos por este tiempo de individualización de las relaciones que detuviéramos toda acción de grupo y realmente estaba convencida de que esta relación individual era algo que constituía realmente la personalidad de la biblioteca. Yo creo que en la escuela uno está en grupo, aprende a vivir en grupo, pero en la biblioteca, ante todo, uno es un individuo que tiene necesidades particulares, que tiene una manera de leer muy particulares, que tiene un modo de relación muy personal. Y creo que hay que pasar por esta personalización de la relación para que el modo de funcionamiento pueda ser normal. Entonces, bueno, antes de continuar, quisiera seguir hablándoles rápidamente de dos asociaciones que para mí fueron fundamentales. Acceso, que quiere decir acceso en francés, y que eran las cidades de acciones culturales contra las exclusiones y las segregaciones. Y ATD, Cuarto Mundo, Acción de Todos por la Dignidad. En los años 80, a finales de un congreso de la educación nacional sobre el iletrismo, hay psiquiatras franceses que se preocuparon al ver que no se consideraba de manera bastante lo suficientemente global al niño que tenía problemas de lectura. Y ellos llevaron a cabo algunos trabajos, en particular con una lingüista brasileña con respecto al nacimiento del lenguaje en el niño. Y ellos estaban seguros de que todos los niños nacen con las mismas capacidades, las mismas capacidades ante la lengua, ante el lenguaje, con el mismo apetito ante la lectura. Y ellos pudieron verificar en las sesiones de lectura para niños muy pequeños, para bebés, que todos los niños de todas las culturas se interesaban en las cancioncitas, en las pequeñas lecturas, en los juegos con los dedos. El primero fue al mercado, el segundo compró huevo, etc. ¿Conocen ustedes esos juegos con los dedos, no? Todo lo que se hace con el cuerpo del niño, por ejemplo, se va pasando por las partes de su cuerpo y se termina con cosquillas, como si el niño fuera un libro, como si las partes de su cuerpo fueran un libro. Todos los niños aman esto y en cuanto uno empieza, ellos saben qué es esta cancioncita. A todos los niños les gusta todo lo que Toliné, un gran psiquiatra francés, llamaba la anidación cultural, el nido cultural. todas esas pequeñas poesías que las mamás dicen cuando el niño está pequeño. Lingüista muestra cómo el balbuceo del niño cuando el bebé empieza a decir papapapamamama. Todos esos ruiditos que hacen los niños, es muy importante que la mamá responda o que la nana responda. Ahí va a nacer el lenguaje de este intercambio entre el niño y el adulto. Y poco a poco el adulto le va a decir otro tipo de cosas al niño, pequeños relatos en los que hay un tiempo con un pasado, un presente, un futuro. y el niño, petit a petit, va a entrar en una cuna y poco a poco el niño va a entrar en la estructura del lenguaje. Pero si la mamá o el papá no responden a esa necesidad del lenguaje, de palabras, el bebé no va a evolucionar bien. El bebé no podrá hablar, no podrá utilizar ese lenguaje. Y cuando los padres entran en esta comunicación con el niño, indican al niño que el niño es capaz de pensar, poco a poco, de elaborar un pensamiento. Esto es lo que cuenta, esto es lo que narra Winnicott. No sé si ustedes conocen ese libro que se llama Libro y Realidad. Winnicott es un psiquiatra, un psicoanalista inglés Y es que insistió mucho en torno a esta cuestión de la cultura como espacio, de libertad entre el niño y el mundo, entre el niño y la realidad. A través del lenguaje, el niño atribuye nombres a lo real, coloca la realidad a distancia. Y muchos niños muy violentos no tienen esta capacidad de lenguaje que permite ponerse a distancia de lo que lo lastima. No son capaces de poner palabras sobre sus emociones. Y lo que hacen es que cometen un acting out. Realizan actos de manera impulsiva, muy rápido. Vean aquí cómo leemos incluso a los chiquititos. A veces son bebés que están en brazos de su mamá. Bueno, no sé si ustedes conocen este libro Los bebés lechuzas creo que se tradujo al español, ¿no? Bueno, les cuento una anécdota pequeña para mostrarles hasta qué punto este trabajo con los niños muy pequeños fue muy importante para nosotros los bibliotecarios fue muy importante Bebes lechuzas es la historia de unas lechucitas que en la noche son abandonadas por su madre porque en la noche la mamá va a buscar algo de comer. Y la mamá se tarda en regresar y las lechucitas tienen miedo, salen de su nido y las tres se ponen así muy juntitas sobre la misma rama. Y entonces una lectora de la Asociación Acceso les estaba leyendo este librito a un niñito de 20 meses que ni siquiera tenía dos años, solo un chiquitito. Ella leía en un dispensario, no sé cómo se dice esto en español, bueno, era un dispensario para los niños, y este niñito, antes de ir a ver al doctor, escuchó esta historia. Y en esta historia los niños tienen mucho miedo. Y aquí lo que dice esta página. Las lechucitas están imaginando qué va a suceder si su mamá nunca regresa. Dicen, imagínate que se haya perdido. O imagínate que una zorra se la haya comido, dice Rémi. Entonces este niñito estaba escuchando esta historia con atención y un mes después, lo cual es muchísimo para un niñito de menos de dos años, un mes después le pide a la lectora el libro de la zorra, pero ella nunca había contado ninguna historia de zorras, pero el niño fue entonces a buscar este libro de bebés lechuzas. él se acordaba de las lechuzas y de la zorra de la que se habla pero que no se ve ¿ven ustedes el poder del lenguaje el poder del libro en la evocación de esto que asustaba a este niño? el miedo de la devoración el miedo de que su mamá fuera comida el miedo de la ausencia y los niños para los para los niños, muy a menudo hablan de la ausencia de los padres, la ausencia de la madre. Y el libro, como dice Winnicott, sirve como objeto de transición, como la cobijita o el peluchito. El libro tiene este mismo papel que el peluchito o la cobijita ayuda a soportar la ausencia. Entonces, bueno, esta organización, ACCE, nos ayudó muchísimo a entrar en una visión mucho más detallada, más fina de la lectura. Cuando nosotros leemos a un bebé, siempre lo hacemos frente a los padres. Esto nos permite mostrar a los padres hasta qué punto sus hijos se interesan en la lectura. La asociación ATD-Carmond, ATD, Cuarto Mundo, tiene otra manera de funcionar. Pero digamos que ellos están en el origen de las bibliotecas de calle en Francia. En los años 50, Joseph Rezansky encontró que era de esta asociación Cuarto Mundo, que venía de una familia muy pobre. Él decía, a los niños les hacen falta tanto los libros como la comida. Porque decía, eso les va a permitir mantenerse de pie. Él decía, la gente rica piensa que para los pobres basta tener un pedazo de techo y un pedazo de pan para que sean felices. El techo y el pan, sí, son importantes. Pero la cultura es esencial, da sentido a la vida. y da deseo de pelear, de no dejarse. Así como deseo de luchar. Entonces, hace unos años, el alcalde de París me propuso que creara una nueva biblioteca y me dejó libertad total con respecto al proyecto. Y entonces, yo les dije que yo deseaba una biblioteca que fuera fácil para las familias en las que pudieran acceder fácilmente, que dieran ganas de entrar en ella, en la que todo fuera simple, tanto para los niños como para los padres. Y así nació esta biblioteca, Luisa Michel. Esta biblioteca inmediatamente fue... A esta biblioteca inmediatamente se la apropiaron las familias. Unos 15 días antes de abrir la biblioteca, propusimos a los habitantes de la calle que vinieran a que tomaran una copa a la biblioteca. Y vinieron, muchos de ellos vinieron, y una señora me dijo, ¡ay, a mí me gustaría vivir aquí! Así que para ella era realmente como si fuera una casa. Y entonces yo dije, ¡muy bien, muy bien, esto va a funcionar! Y bueno, en cuanto abrimos, tuvimos a muchísima gente. Toda la gente del barrio, y este es un barrio muy popular, había mucha gente que vino y mucha gente nunca había entrado a una biblioteca. Entonces, hice algunas fotografías de la biblioteca. Y esto para mostrarles cómo tratamos de... pensar en ella como en una casa, como en una sala de estar. Yo no pensé en las bibliotecas para el decorado, sino que fui a los cafés, a las salas de espera de los hoteles. Fuimos a ver cosas que no tenían nada que ver con las bibliotecas para tratar de sentir qué tipo de muebles, qué tipo de lámparas, etc. ¿Qué tipo de cosas permitían lograr un lugar cálido? Este es un espacio, cuando uno entra en esta biblioteca, queríamos que la gente no supiera dónde estaban. Y eso es lo que sucede. Cuando alguien no conoce la biblioteca y entra, dice, ¿pero qué es esto? ¿Esto es la biblioteca? Porque los libros lo rodean, no hay ninguna barrera. Inmediatamente ve uno el conjunto, todo, la gran pieza. Tenemos además un piso en el que hay que estar en silencio para trabajar, pero abajo uno puede comer, beber, estar entre amigos. Es un lugar muy convivial. Esto es visto desde la calle. Y vienen aquí todas las generaciones. Tenemos pequeñas mesas de presentación igualito que en las librerías. La visibilidad es total. Para nosotros esto era muy importante para que los padres pudieran escoger sus libros mientras los niños hacían otra cosa. se puede comer uno puede encontrarse ahí con los amigos a los niños les encanta venir a tomar ahí su lunch con sus padres ahí también pueden ver una película y hay grandes alfombras con muchos álbumes que están en las cestas para los padres y para los pequeñitos y nos preguntamos ¿qué clasificación usaremos para los libros? no es una biblioteca muy grande son 900 metros cuadrados más o menos las personas que entran a esta biblioteca generalmente no entienden nada de la clasificación de las bibliotecas y siempre dicen ¿qué son esas etiquetitas que están aquí en los libros? ¿por qué les ponen estas letras y estas cifras? Así que nosotros simplificamos esto. Hicimos una señalética, como se dice en nuestra jerga de bibliotecarios, hicimos una señalética muy sencilla para que todo el mundo atendiera. Las etiquetas se volvieron muy sencillas y la mesa para recibirlos es muy pequeña. Las sillas para los bibliotecarios no son confortables, son sillas muy duras, así las bibliotecarias no se quedan sentadas allí. Siempre hay una bibliotecaria que está a la entrada para recibir a la persona que entra. Y muy rápidamente, cuando las personas se acostumbran a la biblioteca, las conocemos, las saludamos, les preguntamos cómo están, si sigue enfermo el niño, si le pareció interesante el libro. E inmediatamente nos damos cuenta si alguien es nuevo. En primer lugar, siempre dicen, pero ¿dónde estoy? Se ve su cara de inmediato. Entonces, le proponemos nuestra ayuda para una inscripción, para una visita, para otra cosa. Una vez más, el café y el té son cosas muy importantes. Y nosotros tenemos momentos en que compartimos la lectura. Este es el Café de Luisa. Nuestra biblioteca se llama Luisa Michelle. Así que organizamos el Café de Luisa. Y cada 15 días desde la apertura platicamos con quienes quieran venir acerca de los libros que leímos o no leímos, nos gustaron o no nos gustaron. Tengo un pequeño problema aquí con las imágenes. Muy espontáneamente, los lectores nos propusieron si podían agregar al libro un papelito para decir lo que pensaban de los libros, como a menudo se hace con los libros que se venden en las librerías. Bueno, muchas propuestas como esta fueron hechas por los lectores para mejorar la vida de la biblioteca. Algunos proponen de vez en cuando picnics Aquí tenemos un picnic en el jardín de la biblioteca Otros propusieron que se hiciera un cineclub El cineclub de los habitantes Es un papá que nos propuso ocuparse del jardín Todos los sábados viene y le pide a los niños y pregunta a los niños si quieren ayudarlo. Ellos van y ahora tenemos un jardín precioso. Aquí tenemos flamenco en la biblioteca. ¿Por qué? Porque un día la directora de una escuela de flamenco que estaba al lado de la biblioteca me dijo me gustaría que la gente conociera nuestras clases porque la gente del barrio no conoce nuestras clases de flamenco. Entonces yo le dije, pues vengan, vengan a darnos una muestra y fue una súper fiesta, bailamos flamenco, había muchísima gente. Otra vez vino una fanfarria, otra señora, porque hubo otra señora que me dijo, oiga, ¿cree que podríamos invitar a mi orquesta? porque era el primer cumpleaños de la biblioteca y descubrimos que era la fanfarria del metro parisino. Y hubo jóvenes del barrio que se pusieron a tocar y que se pusieron a hacer bailar a los niños. Bueno, todos esos momentos festivos, todos esos momentos muy a menudo fueron propuestos por los lectores, por los vectores mismos, por los habitantes del barrio, los que venían a la biblioteca. Yo creo que si las bibliotecas, como muchos otros lugares, como muchas escuelas, por ejemplo, dejan que la vida y la convivialidad al exterior en vez de meterla a su establecimiento, Si toda esta vida palpitante entrara en las bibliotecas, las bibliotecas darían ganas, le inspirarían deseo a la gente, le darían ganas a la gente que no se atreve a entrar, porque es algo ajeno a ellos. Otro momento importante fue el momento del reconocimiento de los orígenes distintos de las familias de la biblioteca. Le propusimos, por ejemplo, a los adolescentes que vinieran con sus padres y que nos leyeran un texto en su propio idioma. Y tratamos de buscar a alguien que nos hiciera una traducción o una traducción que ya existiera en la edición. Y así fue como una familia que venía de la India vino a leer. algunas páginas de un gran novelista indio y trajeron también platillos indios. Las chicas se vestieron con un sari y los niños y todas las personas de la biblioteca estaban totalmente impresionados ante la belleza de un idioma que no entendían pero que como era la lengua de un gran escritor se revelaba ahí en toda su belleza. Hicimos eso todos los meses, cada mes durante un año, cada cultura fue homenajeada, la china, la inglesa, la italiana, la árabe, etc. Y creo que eso es algo que me gustaría volver a hacer, habría que volverlo a hacer, porque tiene que ver con reconocer la originalidad y la importancia de la cultura de otras personas. Bueno, y para terminar, quisiera evocar con ustedes todo este aspecto exterior a la biblioteca del que hablaba Carola. Nosotros salimos muchísimo de la biblioteca. Bueno, pero voy a decirles todo esto en el tiempo pasado porque me acabo de jubilar. Éramos once. Once voluntarios, a menudo era gente del barrio que proponía su ayuda así, nada más, gratuitamente. Y son personas a las que nosotros capacitamos para que vinieran a leer con nosotros, para que pudieran venir a leer a los pequeños o a los adolescentes. Así que cada verano vamos a leer a un jardín. No tengo las fotos que quería, pero bueno, vamos a leer al exterior y creamos alianzas con las escuelas para ir a leer a las escuelas. Pero cuando nosotros leemos en una escuela, leemos con el maestro, con los profesores, con los padres, a veces con el director de la escuela, a veces con el profesor de gimnasia. Nosotros leemos o bien presentamos libros y organizamos un pequeño intercambio con los niños en torno a su lectura. Lo que me parece muy importante es que la lectura no le pertenezca nada más a la biblioteca, sino que le pertenezca a todos. Y cuando un niño ve que su profesor de gimnasia ama muchísimo un libro que sin embargo está destinado a un niño de 8 años o de 12 años y que puede hablar de esto con los niños, eso es importante. Y entonces ahí se dan cuenta que la lectura no es para obtener una buena calificación o para gustar a los profesores, sino que la lectura es ante todo para él, para hacerlo crecer. para que entre en relación con el pensamiento de otro. Me parece que esto es lo que tenemos que hacer descubrir a los niños. A nosotros siempre nos cuesta trabajo llegar hasta ciertas familias, claro, pero creo que apoyándonos unos a otros, trabajando con las escuelas, con otros organismos, Lograremos organizarnos, encontrar ideas para que los padres se interesen y apoyen al niño en su lectura y sientan ellos mismos un placer cuando vienen a las bibliotecas. Aquí ven, nosotros aceptamos que entraran los juegos a las bibliotecas. el ajedrez, por ejemplo, aquí ven un señor, ah, no, no se ve, está muy negro. Esta foto toda oscura es de un señor ya muy viejo que les está enseñando a unas niñitas a jugar al ajedrez. Para nosotros esto era fundamental porque nos parecía que era importante que los niños aprendieran reglas. Cuando yo llegué a esa primera biblioteca de la que les hablaba, la biblioteca Crimea, los niños se insultaban todo el tiempo, se trataban con todo tipo de nombres de pájaros. Y entonces era importante que poco a poco aprendieran a respetarse unos a otros. Y nos dimos cuenta que el juego de ajedrez era una buena manera de que aprendieran a respetar las reglas y respetar al otro. Y con la llegada de los juegos de video a la biblioteca, hicimos lo mismo. Pusimos a los jóvenes que jugaran juntos, que crean equipos, que jugaran con sus padres, hicimos veladas. Y bueno, a los niños les divierte mucho pasar la velada en la biblioteca y ahí organizamos juegos entre generaciones y entre niños. Bueno, para terminar quisiera decirles que hay un alegre desorden. El alegre desorden es algo muy bueno en una biblioteca. Yo creo que es una señal de vitalidad porque es importante que este lugar, la biblioteca, no sea un lugar sagrado en el que uno no se atreve a mover ningún libro. nadie va a venir a un lugar sagrado solo las personas que ya están muy acostumbradas que ya saben cómo se usa una biblioteca pero si nosotros queremos que las familias vengan, que las personas que no que no tienen la costumbre de las bibliotecas si queremos que vengan se requiere que estos medios sean abiertos, participativos desacralizados familiares, que a veces sean desordenados un gran desorden y que podemos proponer a las personas que se apropien del lugar y se conviertan en sus principales actores. Muchas gracias.
SISTEMA
ATSC
DOCUMENTO_DIGITALIZADO
Sí
FECHA_AUTORIZACION
11/11/2015
FECHA_INGRESO_ENTREGA
15/08/2018
CODIGO_BARRAS_LTO
BWF490
BARRA
Difusión
TEMPORADA
35
TEMA_CONTENIDO
Seminario para el fomento de la lectura
FECHA_GRABACION
11/11/2015
LOCACION
CLASIFICACION
A
IDIOMA_ORIGINAL
Francés
ENLACES_RELACIONADOS
REALIZACION
Ernesto Leobardo Romero Flores
PRODUCCION
María del Socorro López Arenas

