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CUID
MW-20194
SUBTITULO_SERIE
FILIJ 35
SINOPSIS_SERIE
De qué manera potenciar la creatividad y la imaginación infantil a través de los libros, que despiertan curiosidad, enriquecen el lenguaje y favorecen la reflexión. Se explora cómo la lectura en familia fortalece los vínculos afectivos y promueve el deseo de descubrir ideas, historias y nuevos mundos. El contenido también aborda el papel de mediadores, espacios culturales y prácticas cotidianas que facilitan el acercamiento temprano a los libros, así como diversas perspectivas sobre la importancia de crear en el hogar un entorno que impulse el desarrollo intelectual y emocional de niñas y niños mediante la lectura
EXTRACTO_SERIE
Exploración de cómo los libros impulsan la imaginación infantil, fortalecen la lectura en familia y crean entornos que favorecen el desarrollo emocional e intelectual de niñas y niños
TITULO_PROGRAMA
SUBTITULO_PROGRAMA
Alicia Molina (México)
SINOPSIS_PROGRAMA
La familia constituye el primer y más decisivo espacio donde niños y niñas aprenden a descifrar el mundo a través de la palabra, el juego, las narraciones y los vínculos afectivos. Se reflexiona sobre la construcción temprana de significado, la importancia de nombrar, representar y jugar para comprender la realidad y desarrollar un mundo interior. Asimismo, se destaca el papel del arte y la literatura como herramientas que acompañan, revelan y transforman, permitiendo afrontar miedos, explorar emociones y abrirse al otro. Se aborda también la diversidad familiar, la aceptación de las diferencias y la necesidad de ofrecer libros de calidad que amplíen horizontes y fortalezcan la autonomía
EXTRACTO_PROGRAMA
Reflexión sobre cómo la familia, el juego y la literatura permiten a los niños descifrar el mundo, construir sentido, afrontar emociones y abrirse al otro, destacando la importancia de vínculos afectivos y libros de calidad en su desarrollo
N_PROGRAMA
18
N_TOTAL_PROGRAMAS
19
DURACION_TOTAL
00:34:09:22
PARTICIPANTES
Alicia Molina, escritora, guionista e investigadora
Angélica Vázquez del Mercado, historiadora, escritora y promotora cultural
SEMBLANZA_PARTICIPANTE
Alicia Molina
Narradora y promotora de lectura en el ámbito infantil y juvenil. Ganó el Premio A la Orilla del Viento por El agujero negro y fue incluida en la Lista de Honor IBBY por El zurcidor del tiempo. En 2024 obtuvo el 7º Premio Jorge Ibargüengoitia de Literatura por su trayectoria. Dirige la Asociación Alternativas de Comunicaciones para Necesidades Especiales, A.C., y durante una década editó la revista Ararú para padres. Ha producido series de TV sobre discapacidad (Retos y respuestas, ABC Discapacidad) y es autora, entre otros, de No me lo vas a creer y El cristal con que se mira.
Angélica Vázquez del Mercado
Divulgadora histórica y autora mexicana con más de treinta años dedicada a acercar temas de historia y cultura a públicos diversos mediante libros de texto, publicaciones periódicas, conferencias, proyectos editoriales y contenidos digitales.
TIPO_ACTIVIDAD
DISCIPLINA
PALABRAS_CLAVE
Artes visuales | Cuento | Edición de textos | Enseñanza de la lectura | Escritor | Escritora | Escritura creativa | Humor (literario) | Ilustración | Lectura | Libro para niños | Literatura | Novela | Selección de libros
TRANSCRIPCION
Gracias. el panorama de libros para niños en México. Seguramente ustedes conocen y si no lo conocen o no lo han leído, corran al Fondo de Cultura a comprar su libro El Agujero Negro, que ya va en su décima séptima reimpresión y ha vendido más de 80 mil ejemplares. El Surcido del Tiempo es un libro seleccionado en la lista de honor de la IBI, que reúne anualmente una selección de los mejores libros publicados a nivel mundial. Además, ha dedicado, estuvo casi por 10 años editando una revista de orientación para padres, Ararú. Desde 1992 dirige una asociación civil que investiga y genera información sobre las familias con hijos que tienen alguna discapacidad. Y bueno, yo he escuchado a Alicia en otros foros y ha llamado la atención sobre todo a la necesidad de tejer desde la capacidad y no desde la discapacidad. Eso que esperamos también creo yo en lo personal de la lectura, darnos cuenta, mirarnos en el otro. Y creo que la obra de Alicia cumple muy bien con este requisito, con esta exigencia que le podemos hacer a la lectura. es decir, hacernos ver a los que no vemos, así tengamos el privilegio de la vista. Entonces, bueno, pues sin más, le cedo la palabra a Alicia Molina. Gracias. Pues es un honor y un gran placer estar aquí. No tuve oportunidad de escuchar a todos los que me antecedieron en la palabra, pero los que oí me dieron miedo y dije, bueno, ¿y ahora qué voy a decir? Al final del seminario casi todo está dicho sobre la lectura. El tema que voy a abordar es el de descifrar el mundo en familia y más allá. En este tema todos somos expertos. La familia es el referente esencial, ya sea que haya logrado convertirnos en apasionados de la literatura o que solo consiguiera vacunarnos contra los libros. La aventura lectora de cada uno está poblado de historias de familia. Cuando yo tenía siete años, jugaba con mi hermano gemelo a ser Dios. Pasábamos la tarde dibujando paisajes, iluminando el sol, la luna y las estrellas y toda clase de animales y bichos que recortábamos con cuidado. Ya que teníamos a punto toda la utilería, armábamos el escenario, colgábamos los pájaros y las estrellas en hilos que bajaban desde el techo y empezaba el espectáculo. Julio y yo resolvíamos con un democrático volado a quien le tocaba ser Dios. El elegido anunciaba con mucha solemnidad que por encima del abismo dijo Dios Haya luz y hubo luz Vio que la luz estaba bien y apartó la luz de la oscuridad Y llamó Dios a la luz día y a la oscuridad la llamó noche El otro, convertido en lo que bautizamos como el ángel acomodador se dedicaba afanosamente a poner en su lugar cada uno de los astros y todos los bichos vivientes. Esta imagen de nosotros reinventando el primer día de la creación me recuerda a la labor de los padres que hacen lo mismo, reproducir el génesis para inaugurar el mundo ante cada niño. Muestran, unen, separan y descifran para dar sentido y hacer inteligible el caos. El delicado proceso de apropiación que es el nombrar Nos pone por encima de las cosas Y nos vuelve copartícipes de la creación Con la palabra ordenamos el mundo y nos hacemos un lugar en él Esta fundamental lectura se inicia y se desarrolla en familia Son la madre y el padre quienes construyen para su bebé el día y la noche Separan y nombran cada tiempo los llenan con rutinas y rituales, van haciendo una cotidianidad que se repite hasta volverse previsible, armando seguridades y certezas anticipables. Son la madre, el padre, los hermanos, la familia cercana, quienes van leyendo los gestos del recién nacido, descifrando y dando sentido a su llanto, armando interrelaciones en las que el bebé responde cada vez más activamente hasta llegar a ese deslumbramiento, el momento mágico en que el niño descubre que sus sonidos producen acciones de respuesta en los otros. En muy poco tiempo será él quien los llame a jugar. Una vez que la comunicación se inicia, se vuelve un flujo ininterrumpido, Se amplía, se nutre con mediaciones cada vez más ricas y diversas que van construyendo una caja de herramientas muy sofisticada en el complejo neuronal del bebé. Para empezar, alguien nos ha tenido que contar el mundo, explicar la vida y ojalá lo haya hecho de forma tan atractiva que logre invitarnos a rehacer continuamente esta narración. Primero son las palabras, los signos que señalan, muestran, clasifican y van abriendo categorías en el activísimo cerebro del bebé que hace sinapsis nuevas a cada momento, inaugurando esa pequeña máquina de pensar que no parará de trabajar hasta el último día. Después se inician las pequeñas narraciones. El mundo alrededor del niño comienza a organizarse. Luego se van introduciendo mediaciones, juegos, juguetes, rimas, libros. Láminas de colores donde la pelota no es, pero está. Donde aparece un papá que no es el mío, pero ocupa su lugar. Otra forma de mostrar, de señalar. Las historias del entorno se irán haciendo cada día más complejas, hasta poner en relación a muchos actores con acciones variadas en diferentes tiempos, lugares y momentos, con consecuencias diversas, reales, soñadas o ficticias. También los cuentos que nos muestran tienen cada día más personajes, que se relacionan y van contando historias. Vamos descubriendo así que la vida es puro cuento y que hemos de encontrar nuestro lugar en él. La mente se va organizando en una narración sin fin que articula de manera cada vez más compleja personajes, hechos, contextos, tiempos, ritmos, razones y sin razones Con cantos, rimas y fuegos haciéndonos el cuento de lo que hacemos y dejamos de hacer cada día la familia introduce al niño en este mundo de narraciones cotidianas que lo van orientando hacia una primera lectura del mundo y lo van entrenando en la búsqueda y construcción de sentido. A través de historias y leyendas, nos llegan los primeros signos de tradiciones y nos empezamos a impregnar de cultura. El ser humano no es un ser dado como los animales, cuyas características y modos de actuar están fijados por su especie. El hombre es un ser libre que se autodetermina. Tiene la misión de hacerse humano en la comunicación, la comprensión del mundo y la transformación de su entorno, de su cultura y de sí mismo. Alrededor de los dos años, el niño se inicia en el arte de la representación y de la creación de sistemas que le permiten expresar de una forma estructurada lo que le da placer, articulándolo con aquello que le produce temor, insatisfacción o inquietud. Mientras juega, asume el dominio de todas esas emociones y crea en eso que crea. A los tres años, Raúl dibuja y explica. Es un dinosaurio. Es muy feroz, pero hoy está contento. Se llama Barney, como el de la tele, pero este es otro. La abuela interviene. ¿No tiene ojos? Raúl se los pinta y acercándose a su dibujo le pregunta, ¿Barney, me ves? Los niños juegan como el artista, expresando los acontecimientos que ocurren en su vida y los que suceden en su imaginación, clarificando conceptos, ensayando respuestas y sentidos, imaginando causas, procesos y resultados, representando roles cambiantes que lo descolocan de sí mismo y le permiten vivir desde el otro. Jugando y creando, el niño amplía, profundiza y nombra su comprensión del mundo, del otro que lo enfrenta y lo define, de sí mismo. El arte y la literatura son experiencias cruciales en el desarrollo humano. Ambas tienen su origen en el juego. Y como el juego, son actividades que permiten a cada uno construir y explorar su mundo interior, Detectar y asumir esas diferencias que hacen de cada cual un ser único para dar sentido a los puntos de encuentro con los otros. El juego, el arte y la literatura nacen de la misma fuente, la necesidad humana de conocer y comunicar la realidad, representándola para resignificarla y expresar su mundo interior. Es una forma de conocimiento que rebasa lo conceptual. Es una intuición que penetra la realidad a través de la aprehensión directa y se nos presenta como una revelación. Siendo radicalmente subjetivo, el arte capta, sin embargo, un grado de objetividad en la realidad representada, encontrando sentidos ocultos en un proceso de recreación y de asignación de sentido. Este complejo proceso implica enfrentar con valor y profundidad lo que nos hace diferentes. Eso indecible que para ser expresado requiere un giro nuevo en las palabras, un gesto confrontador, una expresión innovadora y distinta. Para esto no bastan los conceptos. Quien lo intenta ha de recurrir a imágenes, metáforas, paradojas, ha de encontrar un ritmo y una melodía en el descubrir de las palabras. El arte define Octavio Paz con gran lucidez Es algo que el hombre hace y que recíprocamente hace al hombre Por nuestra imaginación, por la capacidad de convertirnos en imágenes Podemos salir de nosotros mismos, ir más allá de nosotros y de los otros Por eso en el arte es tan importante el proceso como el producto El proceso modifica al artista La obra transforma a quien lo enfrenta, la descifra, la interpreta. La literatura es un puente que comunica dos subjetividades radicales. Quien cifra y quien descifra, quien crea y quien recrea, tienen en el texto un punto de encuentro. El escritor que bucea en las profundidades de su mundo interno logra, a veces, cuando lo hace con gran honestidad y talento, tocar algo universal. La subjetividad radical se transforma entonces en una vía para la comunicación de eso humano y esencial en el que nos sentimos reconocidos todos. El libro es el soporte material de una historia, pero también puede ser el encuentro con el otro que nos enfrenta, una experiencia ética y estética. La experiencia ética de ponernos en el zapato y bajo la piel del otro. El placer estético de encontrar la belleza que se nos oculta en la cotidianidad. De esta manera, mirando con detenimiento las láminas de un álbum, escuchando leer un cuento, el niño entra en contacto con la cultura y se abre a los otros, a sus experiencias, sus mundos, a los horizontes que se contemplan desde esas otras perspectivas. Así como el mundo cambia para el bebé que por primera vez se pone de pie y lo mira desde su nueva altura, así se modifica y amplía el entorno de quien encuentra los libros. Yo aprendí el valor de la lectura mucho antes de leer. Cada día, al terminar de comer, mi papá elegía uno de los grandes tomos de libreo y leía metódicamente y en orden alfabético la Encyclopedia Británica. Cierro los ojos y lo veo concentrado en la letra M, el volumen 15. Recuerdo a una de mis hermanas mayores sentada en la escalada del patio, completamente abstraída en un mundo otro cuya puerta eran las páginas del libro que tenían las manos. Mientras tanto, los otros seis chiquillos jugábamos quemados. Se necesitaba un pelotazo certero para avisarle a Julie que era hora de comer. Y entonces decía, ya voy, ya voy. Había que llamarla tres veces para que por ti fuera. Tengo presente la imagen de mi mamá explicando que ella elegía siempre dar clases en primer año de primaria porque le emocionaba enseñar a leer y escribir. Y también porque nadie olvida a la maestra que le enseñó a hacerlo. Ella fue la maestra inolvidable que me enseñó a leer. Estaba pendiente de mis avances. Sabía que ya deletreaba, que copiaba bien las letras y las unía con destreza. Pero una mañana usé la lectura por primera vez. Entré a la cocina, miré el cuaderno donde dejaba notas antes de irse a trabajar y dije, ¿otra vez vamos a comer fideos y albóndigas? Mi mamá se echó a reír y me abrazó fuerte. Para la merienda hice un pastel y tuvimos una celebración que me hizo sentir importantísima. Lo que festejamos con el pastel era todo lo que yo iba a adquirir con la lectura. Leer es la llave para acceder a toda clase de información sobre el ser humano, la naturaleza, la cultura. Información para conocer, para tomar decisiones, para participar de un mundo amplio. Nos ofrece al mismo tiempo las destrezas y habilidades para interactuar socialmente con otros a través de la lectura y la escritura. El desarrollo de la inteligencia narrativa para ir tejiendo una visión del mundo, una explicación de nosotros mismos y de nuestra historia, la personal y la que compartimos con otros. En los libros se nutre también el sentido del humor, esa sustancia que aligera la vida, suaviza nuestra comprensión del mundo y nos permite sobrevivir a las contradicciones y las inconsistencias del entorno y de nosotros mismos. Los libros prometen ayudarnos a encontrar las palabras y las estrategias para expresar lo que guardamos dentro, dándole forma y nombre a los sentimientos que nos enmudecen y nos desbordan. Frente al texto descubriremos con sorpresa y deslumbramiento que todo se puede decir. La vida de los niños no es tan plácida ni tan sencilla. Está poblada también de monstruos en la oscuridad, de miedos, inseguridades, frustraciones y dudas. Todas esas amenazas, si no se nombran, crecen. Los libros son una fuente de resiliencia. Nos ofrecen recursos para vernos a nosotros mismos, para enfrentar los retos y para sobrevivir aún en los peores momentos. Un amigo que despeja temores, un aliado que completa la vida, un espacio donde reside el asombro o el lugar que acoge a cada quien que desee refugiarse en él. De esta manera lo define Gustavo Martín Garza. Este autor cita y analiza una hermosa anécdota de Franz Kafka. Paseando por un parque, Kafka encuentra a una niña que llora y se acerca a consolarla. Entre hipos y lágrimas, la niña le cuenta que ha perdido su muñeca. Juntos la buscan sin encontrarla. Kafka se aparta un momento y regresa con buenas noticias. Acaba de verla y le ha dicho que tiene mucha prisa de ir a recorrer el mundo, pero le escribirá. Cada domingo ese joven tan amable le llevará una carta de la muñeca en la que le contará sus aventuras. Y así lo hace puntualmente. Los domingos Kafka se encuentra con su amiga y le lee una carta que ella escucha a robada. Aquella correspondencia se va convirtiendo en un cuento maravilloso. Martín Garza subraya que Kafka en ningún momento trata de minimizar la angustia de la niña. elabora un recurso para acompañarla en el proceso de aceptar que muchas veces en la vida tenemos que despedirnos de las cosas que amamos, lo que es muy distinto a perderlas, pues para que eso no suceda existe la memoria y la imaginación. Marta Nussbaum, de quien hizo una amplia cita Beatriz Robleda en una excelente conferencia sobre la función del arte en los momentos de crisis, Señala que el arte y la literatura nutren dos capacidades básicas del ser humano, su capacidad de crear y su capacidad de comprender al otro y hacerse solidario con él. Defiendo la imaginación literaria precisamente porque me parece un ingrediente esencial de una postura ética que nos invita a interesarnos en el bienestar de personas cuyas vidas están muy distantes de las nuestras, dice. En la medida en que la literatura toca la vida y toca nuestra vida, nos invita a transformarnos. Los niños requieren muchas historias para construirse y perfilar un mundo interior. Pero no cualquiera les sirve, como no cualquier comida nutre. También aquí hay chatarra. No nos estimulan las anécdotas incompletas, sin detalles, contadas con el celular en la mano y la mente en otro lugar. Tampoco las caricaturas de la tele, repetitivas, planas, donde la acción desencadena otra acción y otra más y hacia hasta el infinito como secuencias vacías sin el más mínimo espacio para la reflexión. Los niños necesitan cuentos con calidad en la ilustración y en el texto que les den pautas y estimulen su inteligencia narrativa. Requieren imágenes e ilustraciones bellas, ricas, diversas, polisémicas, que inviten a imaginar, que los abran porque, como dice Frank Zappa, la mente es como un paracaídas, no funciona si no está abierta. Todo esto ha de ir envuelto en rituales de afecto que son el alimento básico de la estabilidad emocional y la certeza de esa aceptación básica que fundamenta la autoestima. Cada miércoles Inés se transforma en un tigre de bengala que pasea por la selva que es su cuarto. Si me acerco se refugia en la cueva que forman las cobijas de su cama y me invita a iniciar la cacería. Cuando finalmente la atrapo y la llevo a rastras al zoológico ubicado en la alfombra de la sala, ella se revuelve en carcajadas y astuta me burla hasta que logre escaparse y volver a su cueva. Desde ahí, ruge muy contenta, desafiándome de nuevo. Los rituales de afecto acompañan al gozo y al placer. Por eso, si queremos que los niños descubran y cultiven el placer de leer, tenemos que develarle tres aspectos que los sustentan. El primero sucede en el libro mismo, donde las imágenes y las palabras se intercruzan para revelarnos historias diferentes y significados nuevos. El segundo, acontece cuando el niño descubre que algo gozoso sucede dentro de él cuando descifra, cuando interpreta y recrea lo leído. El tercero es el vínculo emocional que esa lectura tiene con los otros, con los otros de su entorno, con la voz y el abrazo de papá o mamá, con las preguntas de la abuela que le ayudan a preguntarse también interiormente, con las risas de los hermanos, con los juegos que jugamos con aquello que hemos compartido en la lectura. Mis hijos creyeron, mis hijos crecieron oyendo a su padre leerle siempre el mismo cuento. Una historia de José Ortega Gasset en la que el protagonista, la nauta, es un niño que hace siempre lo puro que le da la gana y le va muy bien. El mensaje quedó muy claro. Yo era la de las lecturas todas las noches, los cuentos de Polidoro, la mitología, los clásicos, todos fueron teniendo su turno de dos en dos cada noche sin fallar. Sí hizo un ritual de afecto y cercanía que le dio estabilidad a nuestra cotidianidad. En los días más negros, en los más sombríos, cuando todo había sido ruido y desconcierto, a las 8.30 se instalaba el silencio. Leíamos juntos y todo quedaba en su lugar. La vida sigue, nos decían los libros. Lo que el niño requiere es presencia y compañía. Un adulto que acompaña sin sustituir, que estimule sin forzar, que lo invita a elegir sin imponer ninguna opción, que observe sin prejuzgar y cuya mirada le ayuda a describir sus propios dones. A veces, padres y maestros estamos demasiado ocupados para hacer eso. Los complejos equilibrios que exige la cotidianidad, la logística de todos los días en que hay que hacer 20 tareas y supervisar 40, no deje espacio para centrarnos en el aquí y el ahora, que es el único lugar donde podemos descubrir a nuestros hijos, averiguar sus miedos, sus fantasías y sus habilidades. Yo no empecé contando cuentos, me inicié contando mentiras. Mentiras cada vez más gordas y bien adobadas. A los ocho años era una embustera redomada. En realidad no pretendía engañar a nadie. Me movía la fascinación de decirle a mis compañeras, no me lo van a creer, y ver en sus ojos cómo empezaban a caer en el engaño. La mentira no es un camino fácil y el día menos pensado me descubrieron. Asistía a una escuela de monjas que me condenaron como pecadora y redenta y me hicieron pedir perdón salón por salón a toda la escuela por haber ofendido con mis engaños al niño Jesús. Para acabarla, llamaron a mi mamá. La suerte estaba de mi lado, estaba enferma. Y como no podía ir, mandó Aurora, una de mis hermanas, siete años mayor que yo. Residió sin rechistar la avalancha de quejas y amenazas. Caminamos de regreso a casa sin abrir la boca. Yo, imaginando las burlas de mis hermanos, el enojo de mi mamá, las risas de mis primas, los castigos, lo peor de todo, que ya nadie me iba a creer. Ella en un silencio que me pareció indescifrable. Finalmente, se detuvo en la papelería y me hizo esperar. Salió con un cuaderno rojo en la mano y dijo muy seria. No le contaremos esto a mi mamá. Ella está enferma y no se merece el disgusto. Pero tú ya no vas a volver a decir mentiras. Ahora las vas a escribir. De esa manera, y gracias a una intuición y una generosidad que siempre le agradeceré a Aurora, pasé de ser una niña mentirosa a ser una niña imaginativa. Es un cambio de estatus muy importante. En familia crecemos, aprendemos a relacionarnos con los demás, a ser quienes somos y cuando nos sentimos respetados y amados, a querer lo que somos. Cada familia es, o debiera ser, un grupo humano que se respeta, donde cada uno tiene su espacio y encuentra los recursos para crecer y desarrollarse. Nuestra familia nos hace sentir, o tendría que hacernos sentir, que tenemos un grupo de pertenencia y un lugar en el mundo. En familia somos, o tendríamos que ser, además de un yo irrepetible, un nosotros fuerte, flexible y nutriente. Pero es un hecho que así como puede ser el recurso más importante para el crecimiento personal de cada uno de sus miembros, La familia a veces erige en el mayor de los obstáculos y profundiza nuestras limitaciones hasta casi anularnos como persona. Más allá de la genética, lo que nos une es el amor, pero ese sentimiento luminoso tiene pasadizos y subterráneos que lo mezclan y ligan a emociones más oscuras. El temor, la inseguridad, las falsas expectativas juegan a veces un papel protagónico. Cuando el miedo empaña al amor, podemos dejar de ser nutrientes para los nuestros. Entre estos dos extremos se mueven las familias, porque no queremos como debiéramos o como desearíamos, tampoco como nuestros hijos necesitan, sino como podemos, y eso es lo que hay. No existe la familia, sino familias diversas, integradas de modos y con personas distintas, cada una con su historia y sus rupturas que la marcan y constituyen. Las familias están hechas de personas ligadas por sus semejanzas y sus diferencias. Nos parecemos en muchas cosas porque la genética y la convivencia generan marcas de identidad, pero en muchas otras somos diferentes, porque aún en el mismo espacio cada quien resulta de una combinación única y especial y va tejiendo sus vivencias de una forma distinta, construyendo una manera de ser propia. Convivimos con nuestros parecidos y diferencias a partir de lecciones que decidimos o asumimos. Crecer es hacer que nuestras potencialidades florezcan, transformándose en capacidades que usamos para relacionarnos de formas creativas y productivas con las cosas, con el entorno y de manera armónica con nosotros mismos y con los demás. Es un proceso lleno de paradojas. Es hacernos fuertes reconociendo nuestras áreas vulnerables. La fortaleza no tiene sentido si no la tenemos también para controlar nuestra propia fuerza. Más aún, es hacernos autónomos para poder construir relaciones de sana interdependencia. Es marchar a paso firme hacia nuestras metas sin pisar a nadie en el camino. Avanzar con los otros porque no se trata, diría López Felipe, de llegar primero. Crecer es profundizar en nuestros valores y en nuestros principios, radicalizarnos en el sentido profundo del término, hacernos flexibles, rompiendo rigideces e intolerancias. Crecer juntos no significa crecer igual, al mismo ritmo, ni siquiera en el mismo sentido. Educar implica reconocer la diferencia y alentarla para que cada quien se sienta apoyado en sus propios proyectos. La autonomía y la independencia que todos quisiéramos que nuestros hijos lograran para volar por sí mismos requiere sobre todo que sean ellos quienes definen su ruta de vuelo. Uno de los aspectos que influyen de manera determinante en el proyecto familiar es cómo se asumen y tratan las diferencias. Si no tenemos bien claro que lo que nos une es el amor y que este es flexible y aceptante, buscaremos formas de identidad muy asfixiantes. fortalecer nuestros parecidos, uniformar nuestras conductas, aferrarnos a nuestras semejanzas a costa de aquellas diferencias que forman la identidad individual y que pueden ser aportaciones importantes que nos hagan crecer como familias. La identidad familiar está dada por los diferentes matices en la forma de percibir, de responder y de ser de cada uno. también por la forma en que cada quien y todos juntos respondemos a los retos que la vida nos va poniendo. De todas las narraciones que nos constituyen, quizá la que más peso tiene en la vida de cada uno es la propia historia familiar. En ella se concentran una serie de órdenes no explícitas, se arraigan prejuicios, se ofrece una visión y una lectura determinada del mundo, una explicación de la vida, cifra de normas nunca enunciadas, pero de efecto incuestionable. Allí está marcado qué es la verdad, qué es lo viable y lo imposible, qué es lo decible y lo indecible. Si queremos que vayan más allá de nuestros propios límites, hemos de ofrecerle a nuestros hijos un horizonte más vasto, darles la clave para encontrar otros interlocutores con los que dialogar, más allá del tiempo y del espacio, elementos para construir una familia otra con los autores con los que cada cual se sienta emparentado encontrar una constelación de textos que lo abran a diferentes mundos y le den elementos para leer mejor el mundo en el que vive como a los seis años camino a la escuela Esteban le dice a su papá ya sé por qué quiero aprender a leer muy bien yo quiero ser una persona que elige el padre lo mide sorprendido y el niño explica Nanaí dice que ella no pudo decidir el trabajo que hace porque no estudió yo si quiero escoger en muchos de los cuentos maravillosos de los que habla el príncipe y afortunadamente hoy también la princesa debe atravesar un espeso bosque lleno de parajes maravillosos y de extraños y amenazantes peligros estas pruebas para llegar al castillo y asumir el mando de su territorio. Uno de los requisitos indispensables de esta aventura es emprenderla solo. La parte medular de la misión es un viaje interior que únicamente puede realizar él. La autodeterminación no es un don que alguien te entrega, es un valor que cada quien conquista cuando lo ejerce. Aquí la palabra se queda muda, la libertad no se dice, se hace en actos concretos. Como las hadas o los duendes cómplices, los padres tenemos prohibido penetrar al bosque, pero sí podemos llenar la alforja con talismanes y objetos mágicos y esperar que él sepa usarlos oportunamente. Ojalá que antes de atravesar el bosque, mis nietos y todos los niños de este país encuentren su alforja llena de libros muy bien elegidos. Gracias.
SISTEMA
ATSC
DOCUMENTO_DIGITALIZADO
Sí
FECHA_INGRESO_ENTREGA
15/08/2018
CODIGO_BARRAS_LTO
BWF480
BARRA
Difusión
TEMPORADA
35
TEMA_CONTENIDO
Seminario para el fomento de la lectura
FECHA_GRABACION
12/11/2015
LOCACION
CLASIFICACION
A
IDIOMA_ORIGINAL
Español
REALIZACION
Ernesto Leobardo Romero Flores
PRODUCCION
María del Socorro López Arenas

