Document
Thumbnail
Share
CUID
SWC-60821
TITULO_SERIE
SUBTITULO_SERIE
Mundos que colapsan y ecosistemas que resisten: estéticas cienciaficcionales ante la emergencia climática
SINOPSIS_SERIE
El Cuarto Encuentro de Estéticas de Ciencia Ficción busca generar una reflexión colectiva sobre la intersección entre las artes y las ciencias, abordando temas contemporáneos como: ecoficciones, escenarios postapocalípticos, utopías y distopías, la representación cienciaficcional del agua, antropologías del futuro, posthumanismo, y la posibilidad de mantener una visión optimista a través de la imaginación crítica frente a la emergencia climática y la crisis global actual.
Evento académico organizado por el Centro Nacional de Investigación, Documentación e Información de Artes Plásticas (CENIDIAP), que pertenece al Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura (INBAL).
EXTRACTO_SERIE
El Cuarto Encuentro de Estéticas de Ciencia Ficción propone reflexionar sobre la intersección arte-ciencia, explorando ecoficciones, escenarios postapocalípticos, utopías, distopías, agua, posthumanismo y posibilidades optimistas ante la crisis global.
TITULO_PROGRAMA
SINOPSIS_PROGRAMA
Se concluye que la ciencia ficción piensa, imagina y nos permite percibir más allá de lo evidente. Nos invita a sentir, a cuestionarnos y a explorar nuevas perspectivas. Es un rizoma comunicante entre las múltiples formas de entender nuestro entorno; la mitología del siglo XXI
EXTRACTO_PROGRAMA
La ciencia ficción imagina y nos invita a percibir más allá de lo evidente, a cuestionarnos y sentir. Es un rizoma comunicante entre formas de entender nuestro entorno, convirtiéndose en la mitología del siglo XXI.
N_PROGRAMA
10
N_TOTAL_PROGRAMAS
11
DURACION_TOTAL
01:01:46:00
PARTICIPANTES
Amadís Ross, escritor.
SEMBLANZA_PARTICIPANTE
Amadís Ross González. Escritor y académico. Coordinador general del Seminario Permanente de Investigación de Arte y Cultura México-Japón y del Seminario Estéticas de Ciencia Ficción, ambos pertenecientes al Cenidiap-INBAL. Organizador del Encuentro de Estéticas de Ciencia Ficción y del Coloquio Internacional de Estudios de Arte y Cultura Iberoamérica-Japón. Sus intereses se centran en el papel de la ciencia ficción en la conformación de las identidades nacionales en México y Japón, el proceso de homogenización impuesto por la modernidad y la Gran Crisis que amenaza el futuro próximo de la humanidad.
Enue Reynaldo Gómez Macias. Originario de Irapuato, Guanajuato, es biólogo egresado de la Facultad de Ciencias de la UNAM y maestro en Ciencias con especialidad en Genética y Biología Molecular por el Centro de Investigaciones y Estudios Avanzados del IPN (CINVESTAV). Colabora con la Asociación Mexicana de Capacitación para la Especialización de Profesionistas, impartiendo cursos sobre técnicas avanzadas de biología molecular y manipulación genética. Es autor en diversas antologías y revistas de renombre, como El espejo de Prometeo, Ciencia ficción para un vacío no tan perfecto, COVID19(84), la revista digital 135mag, la revista Alambique y Anapoyesis. Es miembro del Círculo de Ciencia Ficción Sizigias y del Club de Ciencia Ficción de la Facultad de Ciencias de la UNAM. En el Seminario Estéticas de Ciencia Ficción, desarrolla proyectos relacionados con el poshumanismo, los viajes temporales y la deconstrucción del concepto mismo de ciencia ficción.
TIPO_ACTIVIDAD
DISCIPLINA
PALABRAS_CLAVE
TRANSCRIPCION
Música
¿Qué tal colegas? Buena tarde, gracias por continuar con nuestro cuarto encuentro de estética de ciencia ficción.
Soy Inue Reinaldo y seré su moderador en esta mesa.
Me gustaría comenzar un poco con una reflexión.
La ciencia ficción piensa, la ciencia ficción imagina, nos permite percibir más allá de lo evidente,
nos invita a sentir, nos invita a cuestionarnos.
Es un rizoma comunicante entre las muchas formas de percibir nuestro entorno.
Es la mitología del siglo XXI.
Para mí es un honor estar aquí en esta mesa con mi amigo y colega Amadir Ross.
Un poco sobre su semblanza, él es escritor académico, nuestro jefe, patrón, investigador del Centro Nacional de Investigación,
Documentación e Información de las Artes Plásticas del Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura.
Funge como coordinador del Seminario de Estética de Ciencia Ficción y del Seminario Permanente de Investigación de Arte y Cultura México-Japón.
El día de hoy nos va a presentar su ponencia titulada El Progreso, oscuridades de un mito moderno.
Gracias, gracias a quien están aquí.
Muchas de las cosas que se han dicho en estas mesas van a estar aquí presentes.
Pues es coincidencia, digamos, obligada, dado que estuvimos trabajando las ponencias en un taller.
Y también todo esto viene de reflexiones que hemos hecho durante más de un año en el Seminario Estéticas de Ciencia Ficción,
por lo cual, pues, sin duda hay resonancias.
Comienzo con esta cita de Yusa Uno, que es considerado el padre de la ciencia ficción japonesa.
Este epígrafe está en una estatua, ahí en Japón.
Y más o menos, de alguna forma, también habla de lo que estamos aquí en este encuentro tratando.
Comenzaré entonces.
Es algo muy sabido, pero se necesita enfatizar.
Vivimos tiempos peligrosos.
No es una frase metafórica ni exagerada.
La humanidad y miles de especies con ella se adentran en un terreno sombrío.
La crisis que incluye a la emergencia climática es tan abismal que solemos desviar la mirada,
quedarnos con el problema requiere demasiado valor y, sobre todo, abandonar la primacía del ego y los comportamientos tribales.
Por otro lado, sabemos que criticar a este sistema, que podemos llamar capitalista, es hoy parte intrínseca del mismo sistema.
De hecho, necesita de la crítica para revitalizarse.
La revolución y la rebeldía, de alguna forma, han sido privatizadas.
¿Cómo escapar de esa trampa?
Hay pocas salidas, pero creo firmemente que la ruta pasa por la creación colectiva,
por la capacidad de generar comunidades y espacios para esas comunidades.
Y también pasa por la necesaria reflexión para comprender qué demonios sucede.
En el Seminario Estéticas de Ciencia Ficción del CENIDIAP intentamos pensar en y desde México y América Latina,
temas que son atravesados o tocados por la ciencia ficción.
Tal es el caso, evidentemente, de la emergencia climática.
Y es que el nuestro es un género que pretende conocer la realidad,
especular sobre ella y explicar lo fascinante y lo terrible y lo indiferente y lo empática
que esta realidad se presenta, tan caprichosa siempre ella, tan tímida, tan coqueta ante nosotros.
Es una cita de Fernando Ángel Moreno.
En tiempos ominosos e incluso aterradores, considero que en el marco de este encuentro
puede ser útil hablar un poco sobre el mito del progreso, que ha sido referido en varias ponencias,
uno de los pilares que, al menos por ahora, sostienen a este género
y que son intrínsecos de la cosmovisión de la modernidad.
Es un signo de nuestro tiempo que para mucha gente la palabra mito
se relacione con fantasía, falacia e incluso mentira.
Y si no es así, al menos se le concibe como parte de un pasado superado,
una infancia de la especie de la que hemos salido gracias a que maduramos
y entendimos las cosas como realmente son.
O dicho técnicamente, cuando abandonamos precisamente el mito
para triunfalmente internarnos en el logos.
Adiós caos, incertidumbre y dioses caprichosos.
Hola, principios, leyes y la incansable razón.
Adiós magia, hola ciencia.
Dejamos atrás el pasado animal, rural, sujeto a la naturaleza, al ciego mandato inorgánico.
Es verdad, a veces ciertos elementos del pasado superado se asoman con molestia e insistencia,
pero es fácil espantarlos como se hace con las moscas, por ejemplo.
El mito es un modelo que excluye el pensamiento crítico.
Dicen algunos entusiastas que miran desde una infinita superioridad el salvajismo y atraso que vivían los humanos primigenios.
Hoy, la tea de la razón relumbra, espanta a los fantasmas, erradica a los monstruos y nos entrega en bandeja reluciente los secretos del universo.
¿Qué más se puede pedir?
Carajo, hasta nos ha dado a la ciencia ficción.
En nuestro mundo secular, cubierto de una brillante capa de ciencia y tecnología,
ya no hay espacio para los mitos ni las supercherías que, como trampas pegajosas,
genera la moribunda superstición para mantenernos en la funesta irracionalidad.
Sin embargo, recordemos que nunca un mito lo es para quien cree en él, se trata de la realidad misma.
Y como el mito es la mejor forma posible de la relación entre lo humano y lo otro,
en un momento histórico dado, es realmente difícil descubrirnos dentro de él.
George Kleis, que citó aquí Stephen, señala lo obvio al afirmar que todas las sociedades y pueblos
necesitan grandes narrativas para situarse y poseer un sentido de estructura, orden y significado.
Alfredo López Osteen señala que la creencia es una de las bases de la integración congruente de la sociedad.
El mito ordena y aglutina instituciones dándole sentido.
Es liga, código y tradición, y no se admite a ciegas.
La concepción vigente del mundo brinda los medios comprobatorios,
por lo que la realidad del mito puede hacerse empírica.
Fin de la cita de López Osteen.
Esto aplica incluso en aquello que llaman posmodernidad,
una era que supuestamente depuso las grandes narrativas
e hizo suyo el relativismo como juego intelectual, factual tal vez, de libertad sin límites.
Lo cierto es que las grandes narrativas, arcaicas, modernas o posmodernas,
suelen poseer una forma mítica,
porque es posiblemente el más eficiente modo de transmisión de código
que tenga como fin resonar de maneras específicas y eficaces en los objetos que lo reciben.
Si se analiza con atención, el multicitado paso del mito a logos guarda,
esta cita y aquí viene, es de Sergio de Castro,
guarda paradójicamente un profundo paralelismo con multitud de mitos de creación,
un caos previo, bien en la propia naturaleza o bien en la manera de explicarla,
un principio sobrenatural o trascendente,
dioses o la razón,
y el resultante universo ordenado, el cosmos.
Ahí, fin de la cita.
Lo mismo ocurre con la actualidad de ciencia,
utilizada para adecuar la realidad a la visión moderna.
Por supuesto, esto no tiene relación con que la ciencia sea un sistema vivo,
colectivo y autocorrectivo,
que nos ha dado al, por ejemplo, un glorioso telescopio James Webb.
Analicemos brevemente otro ejemplo moderno de mito, la economía.
Un mito tan poderoso que incluso posee tintes religiosos.
Tiene catedrales, los bancos centrales y parroquias, los bancos.
Los ministros de economía y los presidentes de las reservas federales fungen como cardenales y ministros,
empleando a un ejército de economistas ordenados en el seminario,
digo, formados en la universidad,
donde aprenden los dogmas necesarios y el lenguaje especializado,
con el que deben hablar de los santos temas.
Diferentes y encontradas versiones de la misma religión pugnan por control.
Clásicos, neoclásicos, keynesianos, marxistas ortodoxos,
neomarxistas, liberales, anarcocapitalistas.
El mito religioso alaba o condena,
pero jamás ignora a la metafísica mano invisible del mercado.
El dios de este mito religioso es, por supuesto, el valor que se autovaloriza.
Y para que podamos hacer comunión con él, con su sagrado cuerpo,
usamos ritualmente la representación precisamente de su cuerpo.
El dinero.
Comprar y vender poseen una serie de códigos rituales que son difíciles de ignorar.
Por ejemplo, no se puede comprar un auto usado sin regatear.
O hay una vieja tradición de especular con bonos que sabes que mañana serán basura.
El mito religioso económico está tan imbuido en nuestra sociedad que vemos como inevitable,
una especie de destino manifiesto,
que el famoso 1% de la población posee al doble de la riqueza que el restante 99%.
Hemos llegado al tal punto de alienación que ni pestañeamos cuando el mito se desmaterializó
y pasó a ser un espíritu divino gracias a la gran reforma implementada por los Estados Unidos
en la década del 70, cuando liberó al dinero de su atadura al patrón oro.
Desde entonces, el sector financiero, que debería estar al servicio de la producción de bienes y servicios,
actúa realmente al revés.
En otras palabras, el capitalismo clásico del que escribió Marx, figura mítica por derecho propio,
pasó a un nivel superior, en el que ya no son las mercancías el eje económico, sino la especulación.
Ni siquiera la obscena crisis de 2008, que puso en claro que el mito neoliberal está constituido
sobre falsedades y es absolutamente inviable, aboyó un poco nada más su poderío simbólico.
El mito no sólo oculta su naturaleza como mito ante quien lo profesa, sino que al existir encuestionado,
despliega todo su poder.
No es cualquier cosa, al mismo tiempo, delimitar la realidad y reinventar la realidad.
Proceso que siempre, en todas las culturas, incluye algunos elementos mientras desecha otros.
Recibios que por su propia naturaleza excluida, evidencian lo precario y arbitrario del proceso.
De ahí, la importancia de negar ese vínculo fundamental, esta es una cita de Emanuel Liscano,
negar ese vínculo fundamental y reconstituir míticamente los orígenes a partir de una pureza original,
ya sea la virginidad de la madre de Dios, el pacto social ideal en que se funda la democracia, etc.
Esa ilusión a la que cada cultura llama realidad, exige el olvido de sus sucios orígenes
y la reconstrucción ideal de sus fundamentos.
Fin de cita.
Y, por supuesto, olvidar también que se trata de un olvido y una reconstrucción.
Los fundamentos de lo social, es decir, de la realidad,
han de ser impensables para que el mundo no se desfonde.
El mito existe porque explica, traduce y sitúa.
Existe porque recoge los acuerdos que hemos ido haciendo sobre qué es la realidad
y cuál es nuestra relación con ella.
Ya sea mágico, religioso o secular, el mito, y aquí el clásico de Campbell,
es una cita de él, es la entrada secreta por la cual las inagotables energías del cosmos
se vierten en las manifestaciones culturales humanas.
Muy bonita, muy romántico su concepto de mito.
El mito acompaña, señala que en el extraño viaje de esta vida sin sentido,
ni siquiera tenemos que arriesgarnos solos a la aventura,
porque los héroes de todos los tiempos se nos han adelantado.
El laberinto se conoce meticulosamente,
solo tenemos que seguir el herido del camino del héroe.
Otra cita de Campbell.
Aunque bueno, hoy, en la era secular,
debemos enfrentar los peligros espirituales, psicológicos y trascendentales
sin la guía de las muchas capas míticas y religiosas del pasado.
Este es nuestro problema como individuos modernos ilustrados,
para quienes todos los dioses y los demonios han sido racionalizados como inexistentes.
Bien, ahora, ¿y el progreso?
¿Qué es el progreso?
El amigo Walter, que aquí Rita también es gran amiga de él,
aguda y líricamente decía que el progreso es un huracán
que irresistiblemente arrastra al ángel de la historia hacia el futuro.
De manera más mundana,
ya pasando, dejando atrás al buen Walter,
mientras leen la cita completa,
el progreso podría definirse como una mejora o avance acumulativo
en una dirección deseable y superior.
Un futuro mejor, ideal, en el que cada vez hay mayor complejidad y bienestar.
La historia, al fin y al cabo, se mueve en una dirección concreta
de mejoramiento ascendente a pesar de las naturales desavenencias temporales.
El motor del progreso es, para empezar, un motor.
Un invento épico y revolucionario del ser humano.
Sus combustibles son el desarrollo intelectual,
el desarrollo de las libertades y, sobre todo,
el ya referido desarrollo del pensamiento lógico-matemático
y su manifestación en la ciencia y en la técnica.
La concepción progresista de la historia vuelve más fácil entender el pasado.
Podemos ordenarlo en etapas de desarrollo,
generar una narrativa que les da orden y minimiza el papel del caos
y de lo que no podemos conocer, del incognoscible.
Por ejemplo, vemos la neolítica a vida nómada como inferior a la nuestra,
a pesar de que la evidencia muestra a individuos que,
aunque vivían bastante menos,
dedicaban muy poco tiempo al trabajo
y pasaban por tremendas aventuras que hacían su existencia todo menos monótona.
Eso sin contar con que su vida espiritual palpitaba con el cosmos.
Desde el movimiento de los planetas en el cielo nocturno
hasta las costumbres de los animales tenían un papel en el devenir cotidiano,
una interrelación perenne que se traducía en asombro, misterio
y, sobre todo, capacidad de observación y de estar aquí y ahora.
No digo que viviéramos mejor en la larguísima era nómada,
pero tampoco vivíamos peor.
Y el cerebro, es decir, nuestra inteligencia y capacidad de abstraer,
era el mismo que ahora.
La idea de progreso revela su consistencia mítica
cuando descubrimos que se fundamenta, principalmente, pero no únicamente,
en dos elementos eminentemente mitológicos.
La noción temporal lineal desarrollada por el judio-cristianismo,
que conduce del génesis al apocalipsis
y que ya en tiempos modernos fue reforzado por conceptos como la flecha cosmológica.
Y, por otro lado, una confianza ilimitada en la capacidad del ser humano
y su posición como centro del universo, centro de la historia y centro de Dios,
que es una frase de Franz Hinklamert.
Comencemos por la idea del tiempo como flecha,
una corriente no sólo continua y rectilínea, sino además cualitativamente ascendente,
sometida de grado a la atracción irresistible que el futuro ejerce por sí mismo,
en tanto que se debe de la excelencia, que son palabras de Bolívar Echeverría.
Si consideramos que la norma arcaica era una noción cíclica del tiempo,
o como afirma Mircea Eliade, la incesante regeneración del tiempo,
ya que era difícil concebirlo de otra manera,
cuando el mundo se componía de enciclos como el de la vida y la muerte,
las estaciones del año, el ciclo del agua, el catún, el bactún, el zodíaco, etcétera,
y el concebirlo como una línea es, por decirlo menos, completamente revolucionario.
El impacto mundial que ha tenido es prueba de su éxito.
Hoy en día es una creencia tan establecida que rara vez nos detenemos a pensar en ella.
Por ejemplo, en varias de las culturas llamadas indígenas de la actualidad,
el tiempo también se concibe como una línea,
aunque se mira hacia el pasado en vez de hacia el futuro.
Y ahí lo está contando Yashiana mejor que yo.
Por cierto, este artículo se lo recomiendo bastante.
La fecha temporal también permite imaginar al tiempo como un lugar por el que nos desplazamos,
y de ahí que usemos metáforas espaciales para definirlo.
Esto dio pie a que la ciencia ficción inventara los viajes en el tiempo
y las deliciosas paradojas temporales.
Pero por otro lado, tras la secularización que debilitó o desapareció el pensamiento mágico y religioso,
la humanidad quedó más expuesta a la ansiedad originaria, o sea, a la muerte,
y a la angustia por el porvenir, que existía vagamente cuando las nociones cíclicas
neutralizaban esa responsabilidad transtemporal,
es decir, la idea de que nuestras reacciones no solo afectan nuestras vidas,
sino de las generaciones venideras.
Ante esto, la modernidad se volcó obsesivamente en el presente como sucedáneo de lo místico,
lo que dio como resultado una aceleración constante del tiempo
y una ansiedad que busca aliviarse a través del consumismo,
a pesar de que, como agujero negro, jamás queda colmada.
El consumismo actúa como una especie de anestesia neoreligiosa
que pasó del devorar mercancías a devorarlo todo, en una ruta interminable que aquí nos tiene.
El capitalismo tecnocrático vacía de sentido cada aspecto del mundo para volverlo objeto de compra,
venta y especulación, o dicho de manera más precisa por Bolívar Echeverría,
estamos ante el fascinante espectáculo de la sociedad moderna,
la artificialidad y la fugacidad de las configuraciones cada vez nuevas y diferentes
que se inventa para su vida cotidiana y que se suceden sin descanso las unas a las otras,
lo que hace evidente su afán de compensar con aceleración lo que le falta de radicalidad.
¿De qué forma el humano pudo convencerse con tanta vehemencia que el porvenir era mejor que el presente?
Bueno, recordemos que primero Europa, la cuna de la modernidad, se volvió cristiana
y abrazó sus mitos escatológicos y luego se graduó en racionalismo,
pero conservó la idea del tiempo lineal y su promesa de un mundo mejor más adelante.
Trabajemos duro por ese futuro, dijeron los protestantes, criticando a los católicos
y haciéndolos a un lado en la creación de ese mundo nuevo que,
gracias a la tecnología y una sobresaliente determinación imperialista,
terminó rindiendo a prácticamente todos los pueblos de la tierra a sus pies.
A inicios del siglo XX, cuando Occidente todavía marchaba invicto,
pero algo comenzaba a oler raro,
John B. Burry señaló que
La vieja idea del Tamuanchan,
el paraíso de donde venimos y al que regresaremos,
fue transformado en la idea cristiana del Edén,
a su vez transfigurado durante el Renacimiento en la Utopía,
que a su vez dio paso a la idea del buen tiempo futuro,
eucronía,
alcanzable a través del avance científico y tecnológico.
Llegamos después,
ebrios de técnica,
a la era atómica,
que nos acaba de contar Gabriela,
momento en que la humanidad completó los requisitos
para que el mundo y todo lo que contenía
fuera suyo, a su servicio, a su disposición.
Lo otro es de mi propiedad,
no por derecho divino, sino humano.
Los recursos naturales están ahí para hacerme rico,
lo mismo pasa con los recursos humanos,
recursos,
todos a mi disposición,
a mi servicio.
Adiós al inservible respeto,
adiós al imbécil asombro,
adiós a los ridículos rituales,
cortamos las ataduras que nos ligan o religan
con todo lo que no soy yo y a volar.
Es para siempre,
vete acostumbrando.
Y si te duele la cabeza de tanto progreso,
toma una aspirina.
¿O acaso te harían aspirinas en tu idealizado mundo del buen salvaje?
Obvio no, palurdo.
El mundo es un buffet y el que lo pilla es el más avispado.
Los humanos hemos destronado a los dioses.
Es aquí donde alcanzamos al otro gran componente del mito del progreso,
el humanismo,
o antropocentrismo,
como prefieran,
ese que confía ilimitadamente en el poder de la humanidad,
su ingenio,
trabajo y dedicación.
Dicho de otra manera,
el mito del progreso implica la omnipotencia de la humanidad.
Es la historia de la ascensión de los humanos a la altura de las divinidades
que habitan el sagrado Tamuanchan,
que por cierto,
Tamuanchan en la cosmogonía en agua,
es la morada divina,
el lugar de niebla florida en el que se yergue el gran árbol,
árbol que se tuerce sobre sí mismo
y está cargado de joyas y oro.
Algunos dioses rompieron el árbol
y fueron expulsados de Tamuanchan,
lo que dio origen a la creación del mundo y del tiempo.
A pesar de haber derrumbado las nociones más ingenuas del positivismo,
estamos de acuerdo en que,
aunque sea gradualmente,
la especie humana es capaz de resolverlo y alcanzarlo todo.
La creciente acumulación de conocimiento,
técnicas y experiencias
conduce a la firme creencia de que incluso lo imposible es posible
si se extoran los suficientes caminos por el tiempo suficiente.
Podríamos llamar este mito el moderno tlacuache.
Si el marsupial robó el fuego a los dioses para dárselo a la humanidad,
la humanidad usó este fuego para destronar a los dioses y colocarse en su lugar.
En términos mitológicos europeos,
la nietzscheana muerte de Dios parte de Prometeo,
de la destrucción de la administración teocática del fuego,
de la tecnología, perdón, que es el fuego,
esto es una cita de Bolívar Echeverría,
y de Teseo, de la anulación del fundamento mágico del poder político,
o sea, el minotauro.
Prometeo, o sea, tlacuache mediterráneo,
sirve como una cantera para la reconstrucción mítica
de una rebeldía y emancipación humanas
que la sociedad moderna practica a partir del nacimiento.
Hinkle Amert, esta es la frase de él.
Ahora, si eso que hoy llamamos naturaleza,
el otro absoluto, todo lo que no es humano,
en la mayoría de las culturas se representa como la diosa madre,
la que da y quita la vida,
entonces podríamos decir que no exactamente derrocamos a los dioses,
sino que como buenos edipos cometimos,
no sé si matricidio o incesto, no lo sé.
Esto conduce, me imagino, que ya lo sospechan,
a la emergencia climática, pero un poco más adelante.
El mito del progreso se manifiesta en muchas otras cosas,
como por ejemplo la idea dogmática del crecimiento
como sinónimo de mejora,
el incremento anual del sacrosanto PIB,
el obligado aumento de las ganancias
con finalidad única de un negocio,
la necesidad de expansión incesante,
porque de otra forma nos arriesgamos a estancarnos,
y estancarse es anatema.
El desarrollo es un mandato,
porque si no, no hay riqueza material,
personal, académica, la que sea.
Por ahora solo quiero añadir que el desarrollo infinito
prometido por el progreso
casa a la perfección con el mito gringo más poderoso,
la eterna búsqueda de la siguiente frontera,
la expansión, the expanse.
Y también, y por aquí llegamos a la ciencia ficción.
El progreso también actúa como un imperativo moral.
Si el progreso nos conduce hacia el mejor estado posible,
es un fin que justifica cualquier medio,
el que sea, desde sacrificar a millones de animales
para probar medicamentos o cosméticos,
hasta invadir, conquistar y despojar a otros pueblos.
Todo se vale porque al final
les estamos llevando un poco de ese delicioso
y mítico progreso.
De nada bárbaros, aborígenes y salvajes.
La modernidad es un terreno civilizatorio
que reconfiguró no solo a la humanidad,
sino a buena parte de la vida del planeta
y al planeta mismo,
lo que nos lleva al cacareado antropoceno,
o como dicen por ahí,
la tengo tan grande que llega hasta el registro geológico.
Es cierto, todo este maravilloso desarrollo
y la necesidad inacabable de productividad
ha conducido a una tremenda desigualdad económica y social,
a una disparidad enorme de oportunidades
entre quienes nacen del lado bonito del espectro y el resto.
Pero no hay que fijarse mucho,
se trata únicamente de un subproducto del progreso
que con el tiempo será corregido por el mismo progreso.
Bueno, basta de enumerar infamias.
¿Realmente el mito del progreso es solo explotación,
colonialismo e impotencia mística?
¿Dónde queda lo bueno?
El avance tecnológico es innegable,
así como es innegable la cada vez más rica construcción del conocimiento,
sin contar con la acumulación de información.
La humanidad aprende de los aciertos y errores de sus predecesores.
Ya lo decía Age of Empires,
¿Mejores técnicas?
¿Más avance?
¿O no tenemos una mejor medicina,
unos más avanzados sistemas de transporte,
un conocimiento más afinado del cosmos,
un más completo programa de derechos humanos,
igualdad ante la ley,
respeto a la diversidad y cariño por los perros y gatos?
El avance no para y si no, nos vemos en Marte.
La historia del mundo es...
Es una cita de Hegel, la voy a leer bien.
La historia del mundo es el progreso de la conciencia de la libertad,
un progreso que debemos reconocer en su necesidad.
La libertad es una idea y un fin muy lejano de la banalidad materialista,
del valor que se autovaloriza y de la razón instrumental.
Es imposible entrar en el vasto tema de la libertad y demás idealismos,
pero acordemos que la monstruosa fuerza del mito del progreso,
o mejor dicho, el titánico poder de la modernidad,
también ha transformado nuestras vidas de manera maravillosa.
A pesar de la profunda crisis que vive actualmente,
la democracia es, por hoy, el menos.
El menos peor de los sistemas,
a mayor complejidad, mayor inestabilidad.
El mito del progreso es una de las tantas patas del megamito de la modernidad,
una cosmovisión inventada, expandida e impuesta por Occidente.
Hoy lo intuitivo, lo sensible, lo místico y lo espiritual
son desacreditados como miles remanentes del pasado irracional,
imperfecciones que habrán de desaparecer.
Pero, ¿qué es la modernidad?
Lo voy a explicar a través de Bolívar Echeverría.
Tomando en cuenta que el marxismo y los no marxismos son parte de una doctrina,
también de tintes religiosos, extremadamente materialista,
y que a su vez creen en un fin último, la liberación última,
que es el paso de la barbaridad a la civilización,
y con, digamos, la crítica que hace también Walter,
de que los documentos de la civilización son siempre también documentos de la barbaridad.
La modernidad se basa en un cambio fundamental en cómo el ser humano se relaciona con el otro absoluto,
o sea, lo no humano.
Este cambio tiene dos ejes fundamentales.
El primero consiste en que en vez de vivir dentro del mundo,
con la modernidad se pasó a buscar su dominio,
un afán conquistador con la capacidad de refinarse con el paso del tiempo.
O sea, es de esto que estamos hablando, el progreso.
El segundo es que de tener una liga mágica, religiosa o metafísica con la naturaleza,
la modernidad optó por enfrentarla de forma estrictamente material.
El fin último de la modernidad es reconstruir la vida humana y su mundo
mediante la actualización y el desarrollo de las posibilidades de una revolución técnica,
lo que hizo posible que la abundancia sustituyera a la escasez
en calidad de situación originaria y experiencia fundante de la existencia humana.
Sin embargo, la anhelada abundancia fue desde un inicio una meta inalcanzable,
y no porque la revolución técnica fuese incapaz de cumplir dicho objetivo,
sino porque al momento de implementarse en la vida económica se volvió un automático,
un vehículo de acumulación de riqueza.
Triste, pero evidentemente, el modo capitalista de la producción de la riqueza social requiere,
para firmarse y mantenerse en cuanto tal, una infrasatisfacción siempre renovada
del conjunto de necesidades sociales.
Si la historia de la humanidad está definida por la lucha contra la escasez,
la mayor fuerza simbólica de la modernidad es que consiguió ponerle fin a esta precariedad.
Hoy tenemos la capacidad técnica de vivir cómodamente,
con las necesidades básicas resueltas.
Que el capitalismo, ese piojo espacial que nos parasita,
y que nos ha convencido de que no hay otro camino que permanecer a su servicio,
impida que cada ser humano acceda a la abundancia,
y que además nos lleve hacia la crisis global que apenas inicia,
evidencia que a pesar de sus éxitos, la modernidad es un proyecto suicida.
Pero por otro lado, volver al modelo anterior es imposible.
Si la relación mágica o religiosa con el otro es definida por la escasez,
¿quién querría volver a eso?
Nadie, pero nadie jamás renuncia a sus privilegios.
Propulsado por el mito del progreso,
se mantiene en el aire la esperanza de que algún invento solucione el cambio global que implica esta crisis.
Todo sea con tal de que no implique mi esfuerzo.
Que no ven que estoy muy ocupado cumpliendo con todos los requisitos que impone esta sociedad.
Un sistema que todo lo homogeneiza e imanta a su beneficio.
Vestimos igual, vemos los mismos TikToks, hablamos de las mismas películas,
nos peleamos por los mismos temas en una sincronía que envidian los monos amastrados.
Compartimos una idéntica búsqueda por ser diferentes y auténticos.
Buscamos publicar nuestra opinión sobre cada hecho con la mayor rapidez posible.
No vaya a ser que el rastro se enfríe.
Es una obsesión que, como decía hace un momento, coloca al ahora como un sustituto de lo místico.
Y si nuestra devoción al presente y su incesante trajín no es suficiente,
siempre podemos comprar algo, como decía el diablo,
desde una bonita ropa de Shane hasta un libro o una cerveza para subirnos el ánimo.
Después de todo, habitamos un mundo que ha creado,
esta es una frase de Mark Fisher, un ciudadano que busca soluciones para sus problemas en las mercancías
y no en los procesos políticos.
De todos modos, en el fondo de nuestro ser, entrevemos como un destello en momentos específicos
que esta existencia es en realidad un producto hueco,
que tapa pero no soluciona las cuestiones de fondo, las realmente importantes.
¿Qué demonios es la vida?
¿Por qué de morir?
¿Qué significo yo y qué significa lo que hago si al final todo desaparecerá?
Esa angustia realmente no se irá nunca, no importa cuánto busquemos esconderla.
Por más que nos escondiéramos pensando que las consecuencias de la manera occidental
de someter al mundo estaba bajo control, llegó esta gran crisis con su mecanza climática,
acidificación del mar, micropásticos que son más omnipresentas que Dios
y tantas otras cositas para sorrajarnos en la cara.
No, y tantas otras cositas para sorrajarnos en la cara.
Es momento de que la arrogancia humana y su adicción al pensamiento racional
y a la acumulación material paguen la cuenta,
y todo indica que no tenemos suficiente en las alforjas para cubrir el costo.
El cambio global, esta gran crisis es el final del mito del progreso,
o al menos de la era occidental.
Pero al menos tenemos a la ciencia ficción.
Si la ciencia ficción puede ser entendida como una herramienta mítica, narrativa y estética,
a través de la cual nos explicamos el impacto,
las posibilidades y las resonancias de los aspectos tecnocientíficos de la modernidad,
en nuestras vidas,
¿qué papel juega en el fin del mito del progreso?
Aquello que justamente le dio vida.
No hablo sólo del oscurecimiento del género que se acentúa desde los 60 y hoy,
hoy en día es mucho más oscuro,
sino de si se puede desprender de aquello que lo trajo al mundo.
Tal vez el asunto pase por el gradual pero necesario cambio del para qué queremos desarrollo tecnocientífico.
Y eso posiblemente sólo puede venir desde el llamado sur global.
No lo sé.
Lo cierto es que el culto a lo tecnológico se basa, entre otras cosas,
en una supuesta primacía de las herramientas punzocortantes del lítico y el neolítico.
A esto se opone la muy conocida teoría de la bolsita de Ursula Kallewin,
que ya fue aquí citada,
y análisis sobre la técnica de intelectuales como de Lewis Mumford,
que señala lo evidente.
Las más significativas invenciones de los humanos primitivos,
logradas en el ritual, la organización social, el lenguaje y la moral,
no dejaron reliquias materiales, como tampoco la bolsita ni las redes.
Es probable que estemos ante el nacimiento de nuevas tecnologías,
de nuevas ciencias que no únicamente partan de la razón y sus herramientas técnicas,
sino de los otros elementos humanos desplazados por la embriagante modernidad,
la intuición, lo místico, lo espiritual.
Y esas nuevas tecnociencias necesitarán de nuevas ciencias ficciones.
No sé.
Lo cierto es que estamos comenzando a vivir el reflujo,
la contramarea ante el modelo hiperracional impuesto por el hombre blanco
y que borró o al menos modificó drásticamente las muchas maneras otras de ser, pensar y actuar.
Por lo pronto, la ciencia ficción, intuitivamente al menos, busca salidas.
Se dirá que el arte no incide en la realidad porque no tiene agencia política,
pero sí puede, como nos contó hace un momento Susana,
detonar sensibilidades e ideas que sean capaces de influir en nuestros presentes.
Porque la ciencia ficción piensa, es creada por una comunidad que reflexiona sobre la realidad.
A su vez, al ser todavía periférica, aunque no por mucho tiempo,
tiene mayor margen de maniobra.
Y porque la ciencia ficción imagina,
la imaginación es un poder por sí mismo,
tan enorme que por algo pone incómodo al poder de todas las épocas.
Imaginemos, reflexionemos, hagámoslo en conjunto,
en comunidades compuestas por individuos con ideas,
inclinaciones y formaciones y gustos diferentes,
pero capaces de ver más allá, como buenos integrantes del colegiado
que crea y estudia la ciencia ficción.
A pesar de la monstruosa crisis que estamos comenzando a vivir,
los mejores años de la ciencia ficción mexicana y latinoamericana
están por delante. Gracias.
Muchas gracias, Amadis.
Traigan los guantes de boxeo.
Justamente algo curioso en el seminario es la gran oportunidad que tenemos
de convivir con personas que tienen diferentes formaciones,
que tenemos diferentes maneras de aproximarnos a la realidad,
desde una perspectiva artística,
por ejemplo, en mi caso es una perspectiva científica
que hace 20 años he estado trabajando en el ámbito de la ciencia,
entonces todas estas reflexiones son bastante interesantes.
Le quisiera, Amadis, hacerle una pregunta,
núcleo que estuve trabajando a lo largo de su presentación
y poco antes de cuando la leí.
¿Cómo generar una reconciliación entre estos dos mitos,
entre la ciencia y la ciencia ficción?
¿Cómo lograr al mismo tiempo cuestionar,
problematizar nuestra cotidianidad,
como ha sido en todas las ponencias que hemos tenido,
pero sin caer en esa perspectiva anti-ciencia
que ha llevado a no te vacunes,
a dudar que la tierra es redonda,
a utilizar mercurio en pleno siglo XXI?
¿En qué momento, cómo lograr ese equilibrio
desde la ciencia ficción?
Es una pregunta muy compleja,
no tengo idea realmente,
pero creo que pasaría por dejar de tomar
lo que dice la ciencia como un dogma incuestionable,
creo que ese sería un paso,
y también cuestionar un tanto la razón
como un producto de lo que decide
qué es verdad y qué es mentira,
porque la ciencia no es el problema,
sino es cómo se utiliza la ciencia,
quiénes utilizan la ciencia para qué fines,
y tal vez, no soy yo el primero en decirlo para nada,
pasar de la ciencia a las ciencias,
no porque sean diferentes disciplinas,
sino porque haya diferentes maneras
de entender y practicar la ciencia,
y ahí tenemos los trabajos, por ejemplo,
de Yuk Hui,
que habla de la tecnología,
tecnologías diferentes dependiendo de la cultura,
pero lo mismo puede suceder con la ciencia,
o sea, entiendo el principio,
digamos,
que la ciencia tiene esta ventaja
de que puede ser constatada por otro investigador,
otra investigadora en cualquier otro lugar,
en cualquier otro momento,
y debe dar el mismo resultado,
eso es incuestionable,
o tal vez no,
sin embargo,
es más bien en el uso,
y cómo reconciliar,
pues lo que pasa es que es muy diferente
ser anticiencia que cuestionar a la ciencia,
de hecho,
no debe haber ningún ente,
institución,
persona que no deba ser cuestionada,
sería más bien dejar de creer
que es,
pues,
el nuevo Dios,
y que todo lo que baje de su santa superioridad,
lo recibimos entre loas y,
oh gracias,
oh gracias,
tal sea por ahí.
Justamente,
no podría estar más de acuerdo,
porque algo que ha cambiado incluso
en la manera en la que abordamos
la ciencia ficción,
la famosa ciencia ficción dura
y ciencia ficción blanda,
cuando ya no se habla,
inclusive en la ponencia,
hace dos ponencias,
de el método científico,
sino de los métodos científicos,
las formas de acercarse
a problematizar de diferentes trincheras,
el intento de comprender la realidad
y no confundir el mapa con el territorio,
ya lo hemos dicho muchas veces también,
de esta falacia que tenemos,
de que consideramos que la ciencia
nos puede permitir comprender la realidad,
cuando realmente es un constructo
que nosotros hacemos,
para podernos aproximar,
a nuestros limitados sentidos,
meta herramientas,
de intentar reflexionar sobre ello.
Y es muy interesante nada más,
complementar la presentación,
que incluso desde la misma biología,
ha habido una gran batalla y pelea,
pero el consenso general es igual,
no existe progreso en la evolución,
las especies en el tiempo que pueden sobrevivir
en un planeta,
en una época,
en un bioma,
una bonita paradoja,
es como ir a ver el castillo de la reina de Alicia
en el país de las maravillas,
vas a correr lo más rápido posible,
pero nunca vas a llegar,
pero si dejas de correr,
te mueres,
entonces mantenerse como una banda de bohemios,
y el momento en que parece que estás más adaptado,
viene otra y te desplazas,
viene otra y te desplazas,
y es un continuo,
entonces esta ilusión de progreso es bastante curioso,
porque más bien es un producto,
como bien comentas,
de lo que has hecho,
nunca ha existido,
y parece que es un pretexto,
pero de nuevo,
es un nuevo mito que no se puede,
que no se puede dejar de hablar.
Nada más quisiera añadir,
que tal vez el derrumbe de este modelo,
que estamos comenzando a vivir este derrumbe,
nos lleve a una humanidad mucho menos arrogante,
creo que uno de los grandes problemas que tenemos,
es una arrogancia ilimitada,
que pues bueno,
vaya que vamos a pagar,
por esa arrogancia,
entonces,
tal vez también pase por ahí,
y mucho de lo que se ha dicho en las ponencias,
de una forma u otra apuntan hacia allá,
o sea,
por ejemplo Samuel,
con las emociones,
es así como,
de qué otras maneras nos estamos aproximando a esto,
que no pasen por ahí,
porque esto que pasa por ahí,
ya ha hecho suficiente daño,
y podemos enumerar esos daños,
o sea,
no sé,
luego siento que cuando se trata del tema de emergencia climática,
son más los recuerdos,
cuentos de las cosas espantosas que van a suceder,
que las vías que uno puede encontrar para enfrentarlo y para sobrevivirlo,
y eso en este encuentro,
creo,
se ha tocado mucho el qué hacer con y qué hacer después,
y eso considero que es muy valioso.
Perfecto,
tenemos tiempo para un par de preguntas,
la audiencia,
colega,
por favor.
Hola,
bueno,
primero,
Amadís,
muchas gracias también por,
por nombrar a,
a,
a,
a algunos de nosotros,
los ponentes,
¿no?,
y nuestras ponencias,
y tomarlas en cuenta,
creo que también,
parte del ejercicio que hicimos fue precisamente eso,
¿no?,
tú lo mencionabas como una de las primeras encuentros que,
que era conocernos,
¿no?,
desde antes de,
de,
de hacer todo este,
este evento,
y creo que,
pues vamos retomando,
¿no?,
como cosas de,
de,
de lo que exponen los demás,
y es sumamente,
pues enriquece,
¿no?,
mucho también nuestras,
nuestras posturas,
¿no?,
ante,
ante algunos temas.
Y nada más quería mencionar que ahorita lo,
lo final que,
que decía sobre esta,
nueva,
o,
no nueva ciencia ficción,
pero sí esta ciencia ficción que,
cuestiona precisamente su origen,
¿no?,
que es esta,
pues sí,
como podríamos llamarle,
como el optimismo,
a la tecnología,
¿no?,
todo este tema del progreso.
Y,
y yo,
son cosas que,
que,
que me las pregunto con,
con ciertas,
eh,
obras,
¿no?,
de,
de,
de ciencia ficción que ya más bien están,
abordando precisamente esto,
¿no?,
del,
del,
del cambio climático,
¿no?,
de,
de otras,
eh,
cosas que van más allá de,
ah,
bueno,
este aparato nos va a venir a resolver las cosas,
¿no?
Y por ahí leía,
eh,
bueno,
este,
este,
término que propone András Mal,
¿no?,
que es el capital oceno,
eh,
y que Burrió dice que hay una,
toda una nueva estética desarrollada por artistas,
que es la estética del capital oceno,
precisamente,
¿no?,
y que es toda esta nueva,
eh,
nuevo interés,
¿no?,
que surge desde no solo las artes visuales,
que es lo que a él le interesa,
¿no?,
sino también desde la literatura y otras múltiples artes,
¿no?,
que es precisamente ya no solo ser,
eh,
pues este,
como dices,
¿no?,
como,
como indiferente,
como arrogante,
¿no?,
y un artista que,
que solo se,
que solo piensa en,
en,
en una autorreferencia,
¿no?,
sino ya pensar como también en el,
en el entorno,
¿no?,
y me parece interesante toda esta nueva,
no sé,
hasta me emociona,
¿no?,
mucho como pensar en,
en todas las propuestas que vienen de,
digo,
a mí me gustan mucho obras,
eh,
clásicas,
¿no?,
de la ciencia ficción,
digamos,
llamadas así,
¿no?,
pero como que me emociona pensar en cómo va a cambiar también la ciencia ficción,
porque igual como se,
se,
se puede,
eh,
como bien dices,
¿no?,
o sea,
criticar y cuestionar la ciencia,
así se puede cuestionar la ciencia ficción también,
¿no?,
y cómo se va,
eh,
renovando,
y también cómo va afectando el,
eh,
el entorno,
¿no?,
y todo lo que está,
que está pasando,
que hemos,
hemos comentado hoy,
y,
y pensar también cómo,
cómo,
pues sí,
resistir,
pero también continuar,
¿no?,
ahorita que mencionaban también de que es un continuo,
¿no?,
o sea,
es un continuo vivir la crisis,
¿no?,
o sea,
vivir la,
eh,
que no se acaba,
¿no?,
que está ahí y va a estar y siempre va a haber que atravesarla,
¿no?,
entonces,
como me dejas pensando en esto de la,
de cómo cuestionar la ciencia ficción como la entendemos y,
y las nuevas,
cosas que,
que se vienen,
no en progreso,
pero sí en,
en este continuo,
¿no?
Gracias.
¿Alguna otra pregunta?
Ya tenemos tiempo para una pregunta corta.
Bueno,
bueno,
me gustó mucho tu ponencia y, bueno,
me recordó algo muy interesante porque justamente,
la Iotar,
en la condición postmoderna,
él dice que precisamente lo postmoderno viene a cuestionar precisamente la idea del mito del progreso,
¿no?
de hecho,
de hecho,
es una desmitologización de la idea del progreso y,
en ese sentido,
también,
él dice que hay que desconfiar de los grandes relatos que construyen a la historia,
¿no?
por ejemplo,
digo,
ya en términos filosóficos e incluso siendo un poco más específica,
los grandes relatos de la historia están construidos a partir de estas herencias de la filosofía occidental,
de estas visiones binarias,
por ejemplo,
el sujeto objeto,
de las condiciones,
por ejemplo,
de la verdad o lo falso,
y en ese sentido,
esto que tú aportaste,
¿no?,
sobre dejar paso a las alternativas a través de estas nuevas narrativas,
digamos,
ciencia ficcionales,
creo que es muy interesante porque,
en ese sentido,
creo que se apega más a esta idea que tenía la Iotar,
¿no?,
de lo postmoderno.
Y bueno,
en ese sentido quisiera preguntarte,
¿cómo ves tú esta forma también de construir un poco,
no solamente al pensamiento,
digamos,
filosófico,
sino también a estas narrativas,
¿no?,
ciencia ficcionales,
que de alguna manera también tendrían como esta labor de desplazar un poco o de desconfiar también de estos grandes metarrelatos,
¿no?,
de la historia.
Y bueno,
esa es mi pregunta.
Gracias,
Daniela.
Podría decir que,
si es como desconfigurar estos grandes metarrelatos,
pero tal vez solamente ciertos metarrelatos,
tal vez haya algunos otros que han sido desplazados,
de los cuales podamos tomar,
porque no han sido dominantes,
no han sido,
no han ejercido, pues,
poder,
o al menos no en los últimos siglos.
me imagino todo lo que se decía en la mesa anterior,
todo lo que está ahí en los que llaman pueblos indígenas,
que yo no sé cuál sea la palabra correcta para referirse,
pueblos de Abiyala,
tal vez,
que está ahí,
que ha sobrevivido a siete siglos de humillación,
de bote en la nuca,
esos relatos,
tal vez,
nos puedan servir,
pero es que ni siquiera los conocemos.
Entonces,
tal vez,
yo como lo consigo,
y es totalmente una visión personal,
es que todo este movimiento de la postmodernidad,
postmodernidad,
que por algo inicia en Francia,
es una deconstrucción de la misma visión occidental,
desde occidente,
pero aquí,
que estamos en una zona que no somos ni de aquí ni de allá,
tal vez,
te vamos,
pues,
sí,
tomar lo que se dice,
que no es,
o sea,
no digo que lo desechemos,
ni hacerlo menos,
por supuesto que no,
pero,
¿cómo es que lo tomamos aquí?
¿Cómo es que utilizamos las herramientas que se están creando allá,
las discusiones que están dándose allá?
¿Cómo las aplicamos a nuestra realidad,
pues,
política,
cultural,
social,
económica,
y tal vez,
se necesita hacer un trabajo de traducir esa deconstrucción al entorno mexicano,
latinoamericano,
del sur,
y no sé qué,
qué filósofa o qué filósofo se aviente esa tarea descomunal,
pero creo que va a dar la pena mucho desde esa disciplina intentar hacer eso,
cómo traducirse,
y digo,
los que estudian marxismo saben que durante la época en que se creía mucho,
porque de nuevo digo creencia,
se creía mucho en el pensamiento marxismo,
no es un tema de la historia,
no es un tema de la historia,
no es un tema de la historia,
no es un tema de la historia,
no es un tema de la historia,
no es un tema de la historia,
no es un tema de la historia,
no es un tema de la historia,
no es un tema de la historia,
no es un tema de la historia,
no es un tema de la historia,
no es un tema de la historia,
no es un tema de la historia,
pero creo yo ante la historia,
no es un tema de la historia,
no es un tema de la historia,
no es un tema de la historia,
no es un tema de la historia,
no es un tema de la historia,
no es un tema de la historia,
no es un tema de la historia,
en el campo filosófico y en cómo se aplica,
no sé si me enredé más con la respuesta,
pero...
Bien, muchas gracias Amadis,
por cuestiones de tiempo,
vamos a parar aquí,
nada más quisiera complementar justamente,
agradecer a Amadis por la gran ponencia
y una conclusión que siempre hemos tenido
a partir del seminario es que el éxito
de las nuevas investigaciones,
hablando desde la ciencia y creo que ha quedado
más que claro desde la ciencia ficción,
viene la interdisciplina,
ahora también llamada transdisciplina,
ya no nada más generar proyectos
a partir de la biología,
de la química,
de la estadista,
de la filosofía,
sino ya son proyectos nada más de hacer antologías,
de juntar diferentes puntos de opinión,
no, sino juntar todas estas visiones,
el campesino, el científico,
la científica,
el teólogo, la teóloga
y en conjunto lograr generar soluciones,
porque a problemas complejos no hay soluciones simples.
Y pues muchas gracias por estar con nosotros,
las invitamos a regresar a las 4:30
con nuestro panel de discusión
"Artes y ciencia ficción ante la emergencia climática".
Muchas gracias.
Gracias.
Gracias.
Gobierno de México.
Gracias.
SISTEMA
ATSC
DOCUMENTO_DIGITALIZADO
Sí
FECHA_AUTORIZACION
01/12/2023
FECHA_INGRESO_ENTREGA
03/12/2024
FECHA_PUBLICACION
05/02/2025
INGESTO
Jorge Vallejo Gutierrez
BARRA
Divulgación
TEMPORADA
4
CONDUCTOR
Enue Reynaldo Gómez Macias, biólogo egresado de la Facultad de Ciencias de la Universidad Nacional Autónoma de México
TEMA_CONTENIDO
Conversaciones sobre ciencia ficción
FECHA_GRABACION
01/12/2023
LOCACION
CLASIFICACION
A
IDIOMA_ORIGINAL
Español
ENLACES_RELACIONADOS
REALIZACION
Cesar Rodriguez Iñiguez
PRODUCCION
Aurea Ruth Rendon Melgarejo
LIGA_COLECCION_INTERFAZ
https://interfaz.cenart.gob.mx/video/iv-encuentro-de-esteticas-de-ciencia-ficcion/

