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CUID
MW-05408
SUBTITULO_SERIE
FILIJ 29
SINOPSIS_SERIE
Jornadas de reflexión y discusión centradas en la apertura de espacios para el diálogo, lugares que promueven la lectura y la literatura en distintos ámbitos, tanto públicos como privados. Este foro permite el diálogo sobre lo indispensable que son la lectura, y en particular la lectura literaria, para construir sentidos, expresar ideas y sentimientos, y respetar las diversas formas de pensamiento
EXTRACTO_SERIE
Jornadas de reflexión que abren espacios de diálogo y promueven la lectura literaria como herramienta esencial para construir sentidos, expresar ideas y respetar la diversidad de pensamiento
TITULO_PROGRAMA
SUBTITULO_PROGRAMA
Antonio Granados (México) Nuría Gómez (México) Flor Aguilera (México)
SINOPSIS_PROGRAMA
Reflexión colectiva sobre el papel de la literatura en la formación de lectores y en la construcción del vínculo entre generaciones. A través de experiencias personales y profesionales, se aborda cómo la lectura compartida, la narración oral y el contacto temprano con las historias modelan la sensibilidad, la imaginación y el sentido de pertenencia. La conversación explora el impacto de los mediadores —familiares, docentes y creadores— en la manera en que niños y jóvenes se acercan al lenguaje, así como la importancia de elegir materiales que resulten significativos para cada lector. También se profundiza en la dimensión afectiva de la lectura, en su capacidad para generar comunidad y en su potencial como espacio de juego, diálogo y descubrimiento personal. La sesión subraya la diversidad de trayectorias lectoras y el valor formativo de las prácticas culturales que acompañan la palabra
EXTRACTO_PROGRAMA
Reflexión sobre la importancia de la lectura compartida y la narración oral como experiencias que fortalecen vínculos, construyen comunidad y forman lectores desde la afectividad, la imaginación y las historias significativas
N_PROGRAMA
12
N_TOTAL_PROGRAMAS
12
DURACION_TOTAL
01:19:20:07
PARTICIPANTES
Flor Aguilera, poeta, narradora y traductora
Nuria Gómez Benet, cuentista y poeta para niños
Antonio Granados, autor y poeta.
SEMBLANZA_PARTICIPANTE
Antonio Granados
Escritor y promotor cultural mexicano cuya obra se caracteriza por la recuperación de la tradición oral y la música popular. Su trayectoria profesional estuvo estrechamente vinculada al trabajo comunitario en zonas rurales del país, experiencia que nutrió su literatura con relatos, leyendas y expresiones del habla popular. Cultivó poesía, cuento y canción infantil, creando un corpus que destaca por su sencillez expresiva, su musicalidad y su arraigo cultural. Publicó obras que se convirtieron en referentes de la literatura infantil mexicana y recibió reconocimientos nacionales por su contribución al género. Su labor ha sido valorada por mantener viva la memoria colectiva y acercar la riqueza cultural mexicana a niños y jóvenes.
Flora Aguilera García
Autora y traductora mexicana con una formación que combina periodismo, relaciones internacionales y desarrollo literario en talleres de creación. Su trabajo se distingue por la versatilidad con que transita entre poesía, narrativa, ensayo y crítica cultural. Ha colaborado en revistas literarias y culturales, y su producción incluye libros dirigidos tanto al público adulto como juvenil. Su escritura poética destaca por un tono íntimo y reflexivo, mientras que su obra narrativa se caracteriza por una voz fresca y contemporánea. También ha incursionado en el análisis cultural y la crítica cinematográfica. Su trayectoria temprana fue enriquecida por una residencia artística internacional, que amplió su perspectiva creativa y fortaleció su labor como traductora y escritora.
Nuria Gómez Benet
Profesional multidisciplinaria dedicada a la creación literaria, la pedagogía y la producción cultural para niños y jóvenes. Su trabajo integra la literatura con medios como la radio, la televisión y la danza, proponiendo proyectos que combinan imaginación, lenguaje y expresión artística. Desde la escritura ha desarrollado una obra reconocida en el ámbito infantil, distinguida por su tono lúdico y poético. Como guionista ha recibido premios nacionales, y sus textos han sido llevados a espacios escénicos. Su formación pedagógica y su interés por el desarrollo emocional de la infancia se reflejan en un enfoque sensible hacia los lectores jóvenes. A lo largo de su trayectoria ha consolidado una producción que contribuye al fomento de la lectura y a la expansión de la literatura infantil en México.
TIPO_ACTIVIDAD
DISCIPLINA
PALABRAS_CLAVE
Artes visuales | Cuento | Edición de textos | Enseñanza de la lectura | Escritor | Escritora | Escritura creativa | Humor (literario) | Ilustración | Lectura | Libro para niños | Literatura | Novela | Selección de libros
TRANSCRIPCION
Es un gran placer estar aquí otra vez con ustedes, ahora en salita, para platicar, para escuchar cómo platican ellos. En esta plática final del seminario, realmente es un gran honor estar aquí con ellos y con ustedes. Y vamos a hacer esto de la siguiente manera. Primero, pues yo les voy a presentar aquí a los que me acompañan en la sala. Después cada uno va a hablar. Va a haber tiempo para la sesión de preguntas y respuestas. solamente recordarles que es a través de las tarjetitas para que oigamos todas las preguntas. Y al final no se les olvide que hay una rifa de los libros que están aquí al ladito de nosotros. Bueno, pues empiezo en esta ocasión en desorden, no primero las damas, sino primero el caballero. Les presento a Antonio Granados. Él nació en Huitzilac, Morelos. Es escritor y promotor de la cultura para niños. Ha trabajado en el área de investigación del Consejo Nacional de Fomento Educativos, que es el CONAFE, recorriendo las comunidades rurales de todo el país. Su trabajo se ha centrado en el rescate de la música y las tradiciones orales mexicanas, que utiliza como fuente primaria de sus obras. Ha obtenido varios reconocimientos, como el premio Tiempo de Niños en 1984, con su libro Te canto un cuento y el Miscalipia, que en 1994 le valió el premio de Phil Guadalajara. Bueno, perdón, que la Phil Guadalajara le reconoció por toda su trayectoria como autor. Y también, bueno, pues ha seguido trabajando, tiene libros en varias editoriales, uno que se llama El rey que se equivocó de cuento, y este era un lápiz, y muchos más, varios más. Poemas de juguete uno y poemas de juguete dos. Canciones para llamar al sueño. En fin, todo que ha sido parte de su trabajo y de su experiencia en el trabajo también con niños y jóvenes. Bueno, pues al lado de él está Flora Aguilera García. Ella también es mexicana, nació también, ella nació en esta ciudad, es poeta, narradora y traductora. Ella estudió periodismo en la Escuela de Periodismo Carlos Septién y tiene una maestría en Relaciones Internacionales que estudió en París. Ella ha escrito para revistas diarios como El Puro Cuento, Chilango, Tierra Adentro y ha asistido a diversos talleres de creación literaria. Estudió también en la Escuela Dinámica de Escritores de Mario Bellatín y en 2006 obtuvo la beca de residencias del Fonca en el área de poesía en Montreal. Ella ha publicado obra poética, obra para adultos y también obras para jóvenes. Tiene dos novelas publicadas, una del diario de Donostion y Mi vida de rubia. Sus libros de poesía son El último vuelo fue a Shanghái, de Praxis, El sacrificio de los lirios y 55 cuadros por segundo. Ese es más crítica de cine, ¿no? Bueno, pues el año pasado escribió un libro que es no ficción, que no es literatura, que se llama El estúpido príncipe azul y otros mitos sobre el amor. Bueno, muy bien. Y a mi lado está Nuria Gómez Benet. Ella también nació en la Ciudad de México, es escritora, pedagoga, biblioterapeuta y guionista de radio y televisión. Ha obtenido varios reconocimientos, como el otorgado por la Asociación Mexicana de Periodistas de Radio y Televisión, por la serie radiofónica infantil de Puntitas. También obtuvo el 12 premio Filig de Cuento para Niños por Julieta, la de cuatro. Y el primer lugar en el concurso de guiones coreográficos de ballet para niños por la Suite del Toro, que creó en cuotaría con la maestra Emanuel Lecomte. Algunos de sus títulos publicados de literatura para niños y jóvenes son Bueno, Pepenar Palabra Rafa, el niño invisible Don Guillermo del Guiñapo Entre otros, como desde la zozobra Bueno, pues entonces ahora ya hablé yo Y ahora les toca a ellos Y aquí el orden va a ser primero Flor Hola a todos Estoy muy contenta de estar aquí Y agradezco mucho su presencia Voy a leer porque no se me da muy bien el improvisar. Y mi texto se llama Mi vida de lectora. Me avergüenza un poco aceptarlo, conociendo las historias de lectura de muchos otros escritores que juran haber leído a Proust a los cuatro años. Pero debo empezar diciendo que esta no es una de esas historias. Yo descubrí el placer de leer libros tardíamente. Tal vez la razón de esto radique en que mis primeros tres años de escuela, los libros que me eran impuestos, me resultaban poco atractivos. Siendo una niñita moderna y hasta cierto punto feminista, me costaba mucho trabajo adentrarme en universos tan masculinos y por ende disímiles al mío. Esos primeros libros que seguramente a muchos otros niños sí les gustaban, libros clásicos de aventura sobre todo, a mí me hicieron desistir de un deseo, un impulso natural, lo llamaría yo, de leer libros con el mismo gusto con el que vi a mi madre hacerlo siempre. Ella leía en cada, un hecho que siempre me intrigó. En mi fantasía, leer era entonces algo que se hacía con respeto y dedicación, un ritual casi sagrado, destinado para algunos afortunados que habían escuchado el llamado. En mi casa había muchos libros y mis padres nos motivaban siempre a mis hermanos y a mí a leerlos. Como el ejemplo de la lectura estaba ahí y muchos libros estaban a mi alcance, acepto que sí me acercaba a ellos, los miraba y los leía cuando tenía que hacerlo, en general en busca de información para alguna tarea. Pero lo que me faltaba tal vez era encontrar el placer de leerlos. Tal vez lo que requería era encontrar voces que hablaran de algo más cercano a mi realidad y de imaginarme que no todos los escritores eran hombres serios y barbudos, fumando pipa con la mirada perdida y pertenecientes a países y tiempos muy, muy lejanos. Sin embargo, debo aclarar algo. No era que no me gustara leer. Leer me encantaba. Eran los libros los que me resultaban tan ajenos los que me frenaban. En mi mente hacía una gran diferencia entre los libros y lo que yo sí disfrutaba leer. Los libros eran entidades distintas a los cómics o a las revistas, llenas de juegos, fotos y dibujos. Yo no podía interactuar con los libros de la misma forma. No me dijeron que eso era posible. De niña me encantaba leer la revista del Cantín Flash Show. tal vez algunos de ustedes recuerden esas revistas. Me aprendía de memoria las historias de los personajes célebres que en ella aparecían. Copiaba los dibujos y ponía abajo los datos más relevantes de sus biografías. Los pegaba después en las paredes de mi habitación. Recuerdo bien el número en el que aparecía Einstein y otro de Marie Curie. Cuando llegaba mi padre a la casa con ellos, me los entregaba y yo los recibía con muchísima emoción. ¿Y cuál era realmente la diferencia entre las del Cantín Flash Show y los libros que tal vez contenían la misma información. El hecho era que tanto el formato como la forma emocionada en la que esas revistas me eran entregadas como regalos, premios casi, me hacía verlos como algo divertido, un juguete más. Haciendo una extraña comparación con la comida, los libros eran las verduras que tenía que consumir porque era algo que me hacía bien pero que no veía como algo apasionante, delicioso y placentero como los dulces o esas hechas para niños. Leer libros era o debía ser un acto solemne y a los siete años eso era algo que inmediatamente los convertía en objetos poco interesantes. Han cambiado mucho las cosas. El universo de libros infantiles es vastísimo. La literatura infantil es ahora muy atractiva y está compuesta por una gran variedad de géneros, tantos como hay en la literatura para adultos. Además, se venden muy bien. Existe un sinnúmero de libros infantiles muy bien pensados para el público al que van dirigidos, destinados a través de estrategias psicopedagógicas a distintas edades, intereses y niveles de madurez. También en los últimos años no ha perjudicado nada las ventas el hecho de que se hayan producido tantas películas basadas en novelas infantiles exitosas que han logrado que muchos niños las lean y las busquen porque son historias ya conocidas, que además provocan pasión y hasta conmoción. Está de moda leer y en este sentido, cuando entro a una librería y me acerco a la sección infantil, siento una suerte de añoranza y también, lo confieso, un poco de envidia de los niños de hoy. Además de fantásticos libros que entretienen y hacen volar la imaginación, veo que ahora hay un sinfín de libros para niños sobre temas de alcance universal. Muchos libros sobre la salud, libros que sin ser libros de divulgación científica, explican de manera entretenida y accesible a ellos el cómo, cuándo y por qué del mundo que los rodea. Hay biografías, libros que acompañan a los niños en distintas situaciones, desde el nacimiento de un hermanito, el divorcio de los padres, hasta temas de interés social como el racismo y la homosexualidad, a través de pequeños cuentos o novelas escritas con humor y empatía. He llegado a encontrar incluso libros sobre y de poesía destinados a los más pequeños lectores. Qué suerte y qué placer para un niño contemporáneo el tener a su alcance un sinnúmero de libros tan atractivos. Siguiendo con mi historia, en cuarto de primaria llegué a una nueva escuela en la que existía una clase que se llamaba biblioteca. Al llegar al aula en la que reinaba sobre los libros La Miss Ruth, nos dirigía hacia las almohadas de colores que teníamos que escoger y posteriormente nos acostábamos en el piso. Cerrábamos los ojos para poner atención absoluta a su voz mientras ella nos leía el primer capítulo de algún libro nuevo. Para mí esa era la clase que más esperaba y disfrutaba. Miss Ruth, sin duda, tenía un gran talento histriónico. Hacía las voces de los personajes y nos reíamos mucho con ella, pero sobre todo su talento yacía en saber escoger muy bien los libros que nos leía. No eran cuentos clásicos, aquellos catalogados para niños como literatura fundamental. Esos vendrían después. No eran tampoco cuentos de hadas ni historias de animales. Eran historias bastante complejas, algunas escritas por escritores contemporáneos, muchos de ellos estadounidenses. A las niñas, los que nos gustaban más eran las historias de Ramona, de Beverly Cleary, porque nos hacía sentir que alguien hablaba por nosotras. Ramona era una niña como nosotras, con la diferencia de que a ella la autora parecía festejarle su curiosidad, su gran imaginación y también sus travesuras. En esa biblioteca, los estantes dividían los libros por género y por edades, la sonoridad de las palabras, los temas que siempre eran novedosos y la forma en que nos dejaba con ganas de seguir leyendo el libro eran parte de una estrategia magnífica. Al terminar la clase, nosotros podíamos escoger qué libro pediríamos prestado de la biblioteca y nos peleábamos por tener el que ella nos había leído. La señorita Ruth amaba los libros y nos contagiaba de su entusiasmo. Su voz hacía que algunos libros que yo jamás hubiera tomado en mis manos de pronto me parecieran muy accesibles y atractivos. De hecho, creo que el haber descubierto finalmente esos libros en la escuela fue lo que me hizo muchísimos años después querer escribir historias como las que nos leía la señorita Ruth, que hablaran con una voz que los niños y adolescentes pudieran reconocer como algo vivo y cercano. Ahí, en cuarto de primaria, empezó mi largo affair con los libros y nació en mí el deseo de convertirme en narradora. Siempre pienso en la Miss Ruth con agradecimiento y muchísimo cariño. Ahora sé que leer es un juego entre el escritor y el lector. Tanto para adultos como para niños, el acto de tomar un libro en las manos, adentrarte en su universo, en su imaginario, en su forma particular de ver, narrar y hacerte creerlo todo, es sin duda el juego más hermoso con la imaginación y un verdadero acto de fe. Creo que aunque es absolutamente indispensable el motivar a los niños a leer desde pequeños, me parece que es más importante aún el ayudarlos a descubrir los libros de una manera más atractiva para ellos, para convertir la lectura en más que un hábito, en algo necesario para su entretenimiento, formación y definición como individuos. A mi parecer, los libros que leemos en la infancia y la adolescencia deben ser escogidos con cuidado por los padres de familia y los educadores, por algunas razones bien poderosas. Los verdaderos lectores se forman a partir de la invención de la lectura como un juego fantástico y muy personal, que tiene como beneficios secundarios la estimulación de la imaginación y la creatividad, el mejorar la ortografía y también el hacerlo sentirse como parte del mundo pasado, presente y futuro. Con esto concluyo este pequeño texto sobre una historia que seguramente no será muy original, pero que me parece ilustra la manera en que nosotros podríamos ayudar a los niños y a los jóvenes a acercarse a los libros, eligiéndolos bien de acuerdo a sus edades, intereses y sobre todo a su singularidad. Les agradezco mucho su atención y tengo un pequeño video que me gustaría pasarles, que es un homenaje a los libros que fueron fundamentales para mí y un homenaje a ustedes también. Gracias. applause I have been searching all of my days All of my days Many a road you know I've been walking on All of my day And I've been trying to find What's been in my mind As the days keep turning into night I have been quietly standing in the shade all of my days. Watch the sky breaking on the promise that we made all of this rain. And I've been trying to find what's been in my mind as the days keep turning into night. Many a night I found myself with no friends standing near All of my days I cried aloud, I shook my hands at what I'm doing here All of these days For I look around me And my eyes confound me And it's just too bright As the days keep turning into night Now I see clearly it's you I'm looking for All of my days So I smile and know I'll feel this loneliness no more All of my days For I look around me And it seems you've found me And it's coming into silence As the days keep turning into night As the days keep turning into night And even breathing feels right Yes, even breathing feels right Now even breathing feels right Yes, even breathing Feels alright que están reflejados en las imágenes que acabamos de ver. Y la cosa es que la palabra, lo que se comunica con la palabra, es una experiencia plenamente humana y plenamente entrañable e íntima. Y ahorita vamos a escuchar otro tipo de experiencia. Estas ideas que traje yo aquí hoy son un poco un reborujo. Nacen todas las ideas de mi experiencia de vida y por eso se me revuelven, porque se me revuelven las anécdotas con las disertaciones que creo que deberíamos de llamar más bien teóricas. En el momento en el que escribo esto, de verdad, se los prometo, me pasa cada vez. Me tiemblan las manos sobre el teclado al pensar en sus generosas presencias atentas a lo que hoy se me ha invitado a presentarles. Siento ese cosquilleo en el estómago que reconozco desde niña cada que algo me emociona. Así, las palabras me hacen eso, me conmueven, me asombra leerlas. Siempre me maravilló que una línea continua, con caprichosas formas hechas a voluntad, pudiera encerrar a lo largo de sus trazos y marometas objetos, sentimientos e ideas que todos entendían. Así, cuando aprendí a escribir la palabra mesa, me quedé sorprendida de que cuando yo dibujaba tres jorobas unidas a un lacito que daba la vuelta, y después el difícil pico con cola de la letra S, y el círculo aquel alargado y con trenza que forma la A, de manera tan misteriosa como fascinante, la gente podía entender que yo me refería a una mesa. Aquella superficie maciza con cuatro patas, cuya forma no podía ser más distinta a lo que yo acababa de trazar. ¿Por qué sucedía esto? No lo entendí sino hasta mil años después. Porque la gente se había puesto de acuerdo en que esos trazos significaban una mesa. La gente se había puesto de acuerdo. Escribir entonces es participar con los demás en un acuerdo. Y leer también. Me gusta mucho pensar esto cuando aparentemente sola, paso días y días tecleando letras. Porque entonces, lejos de ser el soliloquio de una ermitaña, se convierten en pequeñas formas mágicas que me unen a millones de personas por el simple hecho de estar de acuerdo en lo que significa. Eso también es parte de mi entusiasmo por las palabras. Otra cosa que me sucede con ellas es que tampoco sé por qué, pero como que siempre me andan invitando a jugar. Me divierto con la música que les sale cuando se juntan entre ellas, con los sonidos que las acompañan cuando se quedan solas. Me fascina prepararlas, como quien prepara una sopa frente a la estufa, imaginando el momento de servírsela a sus deseosos comensales. Una sopita de letras que así, en diminutivo, se antoja siempre más. Pero me dicen que debo más o menos orientarme a hablar sobre el encuentro entre el niño y el adulto a través de la lectura. Vamos a entrar en materia, pues, y empecemos por la libélula. ¡Ay, chivión! ¡Está derrotada! Con eso de reaprovechar el papel. Libélula, insecto del orden de los odonatos, de cuerpo largo, esbelto y de colores llamativos, cuyo nombre, según mi diccionario preferido de 1914, viene del latín libélulus, librito, en alusión al doble juego de sus alas, que se abran y se cierran, mostrando maravillas a trasluz, como páginas pequeñas. Hablando de libros y de páginas, se han fijado como cuando un adulto le lee a un niño pequeño y se lo sienta sobre las piernas. Si se le mira desde arriba como en un helicóptero, también forman una especie de alas de libélula. Dos piernas grandes y dos piernitas, con un libro abierto como centro, hacen una libélula con muchísimos pares de hojas aladas. Y cuando las páginas empiezan a moverse, empieza el vuelo. Los dedos del adulto que detienen la página están dispuestos a pasar, no solo la hoja, sino sobre todo a pasar un buen rato. Los ojos del niño que está sentado en sus piernas ya están noteando el horizonte. Hay una complicidad fantástica. La hora del libro mata PlayStation, mata Xbox y hasta Wii. Todavía, afortunadamente, cuando está bien aplicada. Cuando se trata de un momento afectivo, de un apapacho que se prepara como la sopa de letras, que se dispone, que se acuerda e incluso se espera. Cuando también para el adulto a la hora del libro mata chamba, mata cansancio, mata celular y mata noticiero de porquería. Para los maestros también se aplica este principio. Cuando tiene ganas de leer a su grupo un maestro, cuando espera el momento y lo ha preparado con ilusión, cuando le gusta la historia que va a contar, se convierte en un mago capaz de portentos insospechados, como la maestra Ruth. El encuentro especial, entonces, es una suma de cuatro. La persona pequeña, o las personas pequeñas, la persona grande, el libro y el afecto. Antes de invitar a la lectura de un libro, hay que preguntarse, ¿hay cariño o no hay cariño? Si no se halla la amorosa intención que puede ganarle a la fatiga, al exceso de trabajo o al desánimo de un mal día, si no hay la voluntad, aunque sea débil, de pasar un rato amable, mejor ni se busca entre los trevejos la red de atrapar libélulas. Son criaturas muy sensibles y no se acercarán. El adulto que llega a esta cita con una insalvable pesanteza en el ánimo, el que llega a leer solo por mandato o por obligación, lejos de motivar a la lectura, transmite al niño que el libro es una especie de brócoli sobrecocido e insípido que hay que comerse por su bien, no por placer. Y entonces el asunto pierde su magia. Personalmente creo, ante ese riesgo, que es mejor decretar un recreo sorpresa, un rato de dibujo libre o una sesión de contar chistes que son otro modo de historias dentro del salón. Mejor que el chamaco se vaya a jugar Wii y el adulto prenda la tele, prepare unas quesadillas o disponga de su tiempo de otro modo. Pero habiendo la intención amorosa, aunque sea medio bocabajeada por las circunstancias laborales, en prendas de la lectura, si el adulto tiene una dosis mínima de la pasión adecuada, conforme se adentra en la historia narrada, olvidará sus tribulaciones y aparecerán poco a poco los territorios extraordinarios que le darán a su débil intención la fuerza de un gigante. Pequeñas. Dícese de las personas chicas, las que tienen pocos años de edad y que, comparadas con las que tienen muchos, descubren siempre una infinidad de cosas interesantes, sin importar si están en el colegio, o en la calle, o en la tiendita, o en la selva. Cuando yo misma era una de esas personas pequeñas, descubrí los enormes poderes de la narración oral, que si bien no requiere de un libro, necesita imperiosamente de una historia que contar. Los cuentos y canciones de Krikrik que se transmitían por radio eran los Kleenex, con los que se secaba los inundados ojos, la niña de trenzas que yo era entonces, cuando no podía ir a la escuela con mis hermanas grandes. Desde ese lugar magnífico donde solo estaban el locutor Manuel Bernal y ella, la saludaban un tal don Pimpirulando, enanito que tenía mil años, pero que se quitaba cuatro para parecer más joven, y la sin par doña Marrana Barriga Viuda de Chicharrón, la mamá que le daba muchos y porcinos besos a sus tres empillamados cochinitos. Desde ahí se enteró esta niña de cómo las hadas, después de lavar sus finos trajes de fiesta, los cuelgan en los hongos del bosque para que se sequen, y de cómo viajan montadas en caballitos de diablo, libélulas, que también les llaman, que claro, deben haberlas llevado lejísimos. Aprendí desde ese lugar que se aparecía al encender el aparato de radio, que una carreta puede tener largas faldas verdes que va arrastrando por el camino, que el buey que tira de ella puede traer una mariposa blanca revoloteando sobre el testús, como un alto pensamiento bello, o que Cricrí, cansado de la varaunda de los vecinos pueblos de Tañelotoche y Tum de la Tapa, se hizo estallar sendos petardos en ambas orejas. Hoy en día, a ningún escritor se le ocurriría escribir para niños en esos términos. Un niño no los entiende, aducirán con razón. Pero para mí tengo que el amor por las palabras también nace de esa especie de fascinación que provoca escuchar por internet. Un programa hablado desde Rusia, la República de Togo o el Emirato de Fujaira. Aunque uno no entienda nada, queda cautivado por el sonido de las palabras y precisamente por su misterio. En aquel cerebro tierno que se estaba desarrollando entre dos trenzas, puedo no haber comprendido a cabalidad las palabras, pero podía figurarme lo que no entendía. Las imágenes que provocaba ahí dentro la narración de ese adulto que contaba historias eran tan fascinantes que lo no comprendido pasaba a segundo término, a ser todavía más larga la interminable lista de las cosas que había que preguntarle a los papás. Hoy sigo buscando en el diccionario palabras que oigo en esos mismos cuentos. Y a la fecha disfruto como entonces cuando me pongo frente a la computadora a escribir programas de radio para quienes aún no saben que están ahí conmigo en el escritorio, porque los tengo presentes desde ahí, para que más adelante los escuchen. Entonces se borran el tiempo y el espacio y nos reunimos, escuchas y escritora, en ese lugar que no puede verse. Selva Bosque húmedo y cálido que se divierte creciendo en miles de pisos o niveles desde árboles de 20 metros de altura lianas y enredaderas trepadoras hasta musgos acolchonados o tímidos hongos verdor que si trabajamos más en cuidarlo seguirá iluminando nuestro mapa También en la selva se cuentan historias sin necesidad de libros La atracción del ser humano hacia los relatos ficticios es universal Se sientan en torno a quien narra Los niños de todas las culturas, de todas las lenguas y de todos los tiempos Leyendo la novela El Hablador, de Mario Vargas Llosa Que no deben perderse Me topé, por ejemplo, con los machiguengas o matzigengas De las tribus amazónicas del Perú Estas personas caminan grandes trechos entre la selva Durante días enteros y lo dejan todo de lado solo para escuchar al llamado hablador. Personaje que los conecta a través de la palabra con el mundo más allá de los palafitos selváticos. Las aldeas machiguengas son casi núcleos familiares aislados unos de otros por largas distancias húmedas y verdes. El joven que va a contraer matrimonio debe hacerlo según la ley fuera de su núcleo. Eso significa que debe tomar camino y avanzar por la selva para encontrar mujer. Fundará entonces su propia familia en un aislamiento casi total. A través del hablador, no solo los adultos machiguengas se enteran de la descendencia de los hijos que sus hijos han parido. Sus propios nietos caminarán durante horas para escuchar los mitos ancestrales que los reunirán en ese lugar sin tiempo ni veredas terrenales, con sus abuelos, con sus bisabuelos y con toda la legión de sus ancestros precolombinos. A nosotros no nos darían las urbanísimas piernas para caminar durante tanto rato por la selva, pero también entre nosotros el adulto que narra un cuento, que canta una historia o que lee un libro a un niño, es un vínculo social que trasciende el tiempo y el espacio. En ese sentido se llevan democráticamente de tú el hablador Machigenga e Ítalo Calvino, mi abuela Mercedes y Roald Dahl, María Luisa Cuadrillo Pérez, mi inolvidable maestra de primaria, con Hans Christian Anders de No Pancho y No Josa, y el juglar medieval y el cantador de corrido de Rosita Alvírez con esta servidora. El que cuenta, por escrito o en vivo, una historia suya o prestada, es quien, en representación de sus ancestros, de su grupo de pertenencia, les enseña a los otros lo que necesitan saber para formar parte de la tribu. Justo como dice Sabater en la cita que encabeza algún comunicado de este seminario, Ser humano consiste en la vocación de compartir lo que ya sabemos entre todos, enseñando a los recién llegados al grupo cuánto deben conocer para hacerse socialmente válidos. Contar historias es una actividad con un sentido colectivo muy profundo. Narramos, les leemos a nuestros niños para expresarnos, para compartir nuestro mundo interior, para escuchar el eco que en la comunidad generan nuestros relatos. Al narrar, al inventar un cuento, buscamos reafirmarnos como miembros de un grupo que comparte valores esenciales, que comprende la superficie de madera en el trazo de la palabra mesa, que tiene un mismo idioma y un mismo sentido de la vida. Escuchar historias, participar en su creación de modo grupal o individual es, pues, esa chispa fundamental de ser parte de un grupo, de pertenecer. Ese germen esencial del que los seres humanos andamos siempre tan necesitados y que puede ser incluso una razón para vivir. Mapa. Dibujo que representa la geografía de la Tierra, o solo una parte de ella, porque como es tan grande, a veces se pone solo un pedazo, como si se pudiera recortar. Mirando el complejo mapa de los recuerdos sencillos, me doy cuenta de que lo primero que descubrí en torno a los cuentos y las historias fue que existe este territorio especialísimo, íntimo y casi geográfico, que toma forma exactamente donde se cruzan la latitud y la longitud del niño y el adulto que se reúnen alrededor de las palabras. Se trata de un país que no existe en Mapamundis ni en Atlas, ni siquiera hoy en los sorprendentes Google Maps. Es una tierra en la que solo se puede entrar en un grupo mínimo de cuatro, los cuatro que decíamos, el libro o el cuento que se narra, el adulto y el niño, o por qué no el otro adulto que escucha, y el afecto. Me percaté desde niña que ahí había un continente nuevo y magnífico que no había sido nombrado tras Vespucio ni tras nadie porque no tiene nombre todavía. lo he corroborado a lo largo de años y años como escucha de cuentos, como lectora para otros y como escritora. He visto surgir mil veces esta tierra como una especie de volcán manso que crece justo debajo de los así reunidos, lentamente, sin perturbarlos, elevándolos por encima de lo que les rodea, para llevarlos a alturas apartadas de su realidad, donde las cosas se miran de muy distinto modo y los problemas toman otro tamaño. Mi abuela materna, que era una señora muy propia y peinadita de salón, nos reunía alrededor de una mesa con manteles siempre almidonados y crujientes como el bolillo, donde los adultos se partían comiendo guisos primorosamente servidos y vinos de la bodega del abuelo en copas que me impresionaban por traslúcidas y limpias. Pues la abuela Mercedes, siempre tan correcta como distinguida, dejaba de lado almidones y colonias en los ratos maravillosos en los que nos contaba cuentos tradicionales de su tierra. Entonces, a ojos vistas, se transformaba en una niña antigua que soltaba esa risa fácil y cantarina y se desternillaba aderezando sus historias traviesamente con palabras socialmente indecorosas, que a nosotros nos divertían muchísimos, pero que a ella la hacían incluso llorar a carcajadas. El encuentro entre un niño y un adulto es territorio de delicia para ambos. Es un lugar donde todos los espíritus pierden los cumpleaños, pero no la fiesta, un lugar que por tantito así puede tocarse. Recortar. disminuir o hacer más pequeño algo, como convertir en confeti un pliego de papel tan grande como el universo. Así pues, estoy convencida de que cuando un papá y su prole se sientan frente a un libro, no se da un encuentro entre el niño y el adulto, sino un encuentro entre el niño y su comunidad. Contar historias es llamar la atención al escucha, al lector, para que mire sus pies y descubra la montaña sobre la que está parado, el sustento que le da esa roca, una comunidad sólida que lo soporta y que lo abriga, que lo lleva a lo alto para ver las cosas desde otra perspectiva. Es darle su lugar a un grupo, fortalecer su autoestima, formar adultos seguros que se saben portadores del saber comunitario. Cuando el hombre primitivo está sentado en la noche alrededor del fuego, es vulnerable ante los animales salvajes que lo ven como una sombra temerosa, acuclillada en la penumbra. Pero cuando está frente a la hoguera con su tribu, y habla, y cuenta cuentos, y juega, y gesticula, y canta, la fiera no ve ya en las sombras esa figura temerosa y acuclillada. ¿Qué? La fiera ve en las sombras a un animal amenazante mucho más grande que él, que se mueve aterrorizadoramente y emite sonidos poderosos. Aterrorizadoramente me lo acabo de inventar. La bestia se va por donde vino. El niño y el adulto cuando leen juntos, trayendo a la reunión la cultura de su grupo, sus mitos y sus cuentos, se convierten también juntos en un solo ser más poderoso que puede tener una vida más larga y mucho más rica. ¿Cómo hacer perdurar este momento de encuentro? Yo no lo sé, pero me imagino que por sí mismo tiene sus formas de ser imperecedero. De entrada no conoce el tiempo, ha trascendido y trasciende por las generaciones, cambian las historias, evolucionan los contenidos y las formas, pero siguen surgiendo las mágicas montañas. Todos podemos disfrutarlas. están ahí desde el principio de los tiempos, creciendo y volviendo a crecer, abarcando cada vez territorios más amplios, más altos y extendiéndose por el universo. te regalo una flor un olor al limón y un lucero chupado un valero sin hilo un espejo estrellado te regalo un reloj no un abrazo mejor y además de otras cosas te regalo este ramo de mariposas ya vendrás por él cuando tú quieras ellos no lo ven, pero existe y está ahí. Soy padre de una niña devoradora de libros y de otros hijos, menos devoradores, pero más lectores. Ella solo se los comía y después de comérselos, por alguna mágica razón había una transformación en su sentido y entonces era capaz de despertarse y diciendo, Papá, papá, papá, la luna se conmigo, soltita. O también era capaz de caminar conmigo rumbo a la escuela y detenerme a media calle y decirme, papá, las bicicletas no tienen mamá. Era tan sabia, es tan sabia, que me impactaba con su poema cotidiano. por cierto les voy a decir un poema de ella que hizo a los cuatro años y por ahí va a haber tarjetitas al final el que sepa la respuesta la apunta y hacemos una receta de libro dice una niña arrugadita que se esconde en una nuez ¿qué es? bueno, ahí lo escriben ustedes pero estoy aquí para decirles que no soy de Huitzilac Morelos, rompo el encanto Lamento mucho decirles que no soy de ese lugar Y agradezco mucho a los morelenses Haberme acogido por tanto tiempo No iba acompañando a Serrano cuando lo mataron tampoco La verdad es que soy Déjenme ver Nací a espaldas de la arena de lucha libre El Cortijo Y aquí nací Crecí Udí, me recibí y morí para revivir en Sonora. Me fui a revivir a Sonora porque, pues porque el destino lo quiso. Porque fui a andar preguntando por los juegos y los cuentos que había allá. Así que a estas alturas soy termosillo de Efe. Y ni me pregunten más, por favor. Con esos antecedentes comienzo a tratar de establecer este diálogo que, por otra parte, yo agradezco mucho, pero no puedo agradecer tanto si no digo que hay mucha gente detrás de todo esto. Perdón por el tiempo que me robo, pero yo no puedo dejar de decir que Rebeca Cerda, autora intelectual de este relajo, es una persona entrañable y hace mucho que le conozco y le toco a distancia. Así como a ti, por supuesto, cómo no ser tocado por de puntitas. Y a todos los que aquí están. Me disculpo con los editores porque no hablaré de ellos, por eso traje algunos libros ahí, hablaré de otra cosa, pero sí hay que agradecer a Mari Carmen García, Rodolfo Ramírez, igual que mi hijo, Jonathan Anso, Sergio Sánchez, Paola Huerta, Fabiola Mauica Romero Rebeca por supuesto María Teresa Martínez y a todos los técnicos que aquí nos están soltando el audio el video, muchas veces nos vamos así como hinchados de nuestro ego y no recordamos que hay cosas más sencillas que agradecer, yo lo agradezco quise hacerlo antes de que se me olvide porque ya saben, después de la pieza y la rifa de los libros y todo eso mi trabajo se llama resguardo y desafío rasgos de la lírica y la dimensión poética en niños y jóvenes ha habido anécdotas tan ricas, tan sustanciales tan nutritivas pues creo que vale la pena entrar a la dimensión de la reflexión y a lo mejor es un poco más aburrido pero no creo o no lo sé, ustedes dirán matrimonio. Resguardo y desafío. La dimensión poética del niño. Para el niño que nace la palabra es el sonido. Este significa madre, júbilo o enojo, afecto o desamparo, comida, canto o discurso. Sin que nadie lo induzca, él va escogiendo sus sonoridades predilectas. La tíos y otros adultos lo remiten a su voz de la sangre y a eso que Johannes Pfeiffer identifica como principio de la expresión poética, ritmo y melodía. Mediante cantos de cuna y juegos de nana, el niño puede irse apropiando del sonido sentido del lenguaje. Caju, caju, coño de venado, caju, caju, niño desvelado. Cajú, cajú, ve y duérmete ya Con una tortilla te voy a tapar Si acaso nadie llegase a arrullar al niño ni a compartir con él cantos de nana el entorno, a veces padre cruel, le dará los sonidos para que él los haga pasar como juguete. Recordemos a Paul Eymar cuando nos dice, una gran parte de las actividades del lenguaje se sitúa en la zona transicional del juego, de la ilusión y de la ficción. En esta área transicional, las formas sonoras son emitidas, puestas en juego. A medida que el niño crece, el lenguaje a un tiempo le puede ir dando seguridad personal e identidad social. No será suficiente con que lo repase, lo tendrá que poner a prueba, por eso lo confronta y lo nutre con experiencias de otros, con tantos juegos mediante los cuales practica la interacción con sus semejantes, es decir, sus opuestos, con los que practica una socialización en ciernes. Con el tiempo, el ruido se ha hecho poema y el poema protege. O como nos dice Georgian en los poemas, tal vez más que en los recuerdos, llegamos al fondo poético del espacio de la casa. Para el niño, el poema tiene que ser guarida y encrucijada a la vez. Por eso lo hace juego. El juego lo resguarda de la vida ordinaria al mismo tiempo que lo pone en riesgo en una dimensión estética. Para el niño, poema y juego son uno solo, libertad y desafío a un tiempo, ensayo de la expresión conocida y hallazgo de nuevas expresiones que se gestan en el umbral del trabalenguas. ¿El dicho que dice? ¿El dicho que dice? ¿El dicho que dice así? Más o menos. Nos dice Paul E. Mark, citando a Chomsky, el niño conoce la lengua así determinada por la gramática que ha adquirido. Esta gramática es una representación de competencia intrínseca. En su adquisición de lenguaje, el niño desarrolla realmente sistemas de realización para poner en práctica ese saber, por ejemplo, estrategias de producción y percepción. Llegado el momento, el lenguaje verbal, tal como se entiende, no es suficiente. Tiene que ser habitable, hay que sumarle el gesto, la mímica, la expresión corporal. Nada significa lo que suena si no es vivo. El poema, en permanente acción, trastoca el tiempo. No comienza a una misma hora, ni siquiera termina cuando acaba el juego, pero siempre es puntual. Se vuelve memorable. Una niña que ha dejado de jugar a las palmadas ya hace rato, en su casa repasa con la niña que se inventa. Era una paloma, punto y coma, le dejó su nido, punto y seguido, para ir a Marte. Jugando a no ser niños, descubren que las palabras no tienen razón si no tienen sentido. Más que encontrar de su significado, les hallan su chiste, exploran su pasión, las reconocen lúdicas y a la vez reflexivas. Y hay que oír como dicen lo que escribió en el aire don Arcadio Hidalgo. Corté una flor de amapola y la puse a marchitar. Conozco muchas personas que queriendo aparentar con una escoba en la cola, presumente pavorreando. Poemas de verdad o mentiritas. En el juego, el habla le ha hecho entender al niño que puede disfrutar del lenguaje, tratarlo de tú a tú e incluso desbordarlo. Neoalfabetizado, el niño encuentra sorprendente que todas las cosas puedan escribirse. ¿Todas? ¿Todas? Ha preguntado incrédulo Rodolfo de casi seis años a su madre. Le maravilla que un árbol quepa en un renglón, que la palabra lluvia siga estando mojada pese a lo seco de la página. Su lógica se impacta. Se deja ver la oportunidad de que le nazca una auténtica expectación por la lectura. Pero luego la institucionalidad viene y lo desdice. Leer es básico para el progreso del aprendizaje de cualquier asunto. La velocidad y la fluidez para leer son esenciales. Hay un proceso cíclico en la lectura fluida, rápida y eficiente. El niño que lee con desenvoltura se interesa por la lectura. Sí. Y aprende más fácilmente. Esto lo decía el Fomento a la Lectura Voluntaria Unesco-Cerlal en 1980. Entre la oralidad y la grafía, el niño busca la expresión entrañable, Con su sorpresa ante la posibilidad de la lectura, nos puede estar sugiriendo que la manera de comenzar a leer sea descifrando, es decir, quitándole la cifra a la grafía para indagar el alma de la letra. Con su expresión y tratamiento de lenguaje, nos puede dar a entender que quiere entrar a la lectura de un modo que le apasione, le resguarde, pero que al mismo tiempo le rete y desafíe. En el colmo de la sobreprotección, nosotros no escuchamos. Con su actitud creativa aplicada al lenguaje, no nos dice que no quiere leer o que quiere leer de mentiritas, sino que quisiera leer de verdad, pero una verdad a su manera. Con su empado escolar de cara al libro, pero su trato activo del lenguaje, nos dice que no cree en la lectura que le obliga a ejercitar la memoria, pero le inhibe su interacción con ella, su opinión personal, su expresión propia. ¿Y qué otra cosa es la poesía, de acuerdo con Mijael Ende, sino la capacidad creativa que tiene el hombre de vivirse y reconocerse a sí mismo una y otra vez? Con su actitud creativa ante el lenguaje, el niño nos dice que sabe tomar riesgos, que quiere aventurarse, que merece el poema sensible e inteligente que le provoque gozo y desafíe sus sentidos. Un texto que no acabe con la tarea ni se olvide terminando un examen. Un texto memorable. Bueno, ahora hagamos el ejercicio de visualizar el desarrollo del niño a ver si ustedes, a juicio docente, aprueban las coordenadas que establecidas. Son las etapas de experiencia lírica del niño. Y si ustedes ven ahí, nada más para precisarlo, están las mismas etapas cognoscitivas que nos plantea Piaget. las mismas etapas de lectura que ya se nos han dicho muchas veces, de la lectura dependiente, de la neolectura, de la lectura independiente. Y eso, estableciendo su coordenada, vemos que pertenece a estadios de la expresión lírica, que son el rítmico eufónico, donde arrullos, juegos de nana, rondas sencillas, cantos aglutinantes aparecen. El segundo es de la destreza verbal, en donde rondas complejas, cantos aglutinantes, rimas de escoger, versos espalmadas, versos de drúgulas, etcétera, etcétera, etcétera. La tercera es del lenguaje reflexivo, adivinanzas, acertijos, coplas, canciones alusivas al afecto del género y empieza la cachondez de la que vamos a decir. No sé, no sé eso. Del poema a la acción o viceversa. En la medida que el niño avanza hacia el adulto, es decir, que llega a la pubertad, se esfuerza con denuedo por olvidar al niño que lo entraña Se le vuelve una especie de hermano menor insoportable Lo somete para que deje de andar nada más fantaseando y comienza a prohibirle que mire la vida con tanta ingenuidad Como un ser inevitable pero difícil de llevar a cuestas, lo rechaza Se rechaza para serio. Ante la imposibilidad de retorno hacia la protección como niño que fue y la distancia que puede llegar a sentir injusta ante el adulto, el joven se revela, se calla. El cuestionamiento y el silencio son dos caras de su moneda predilecta. El joven deja que hable su cuerpo, es por él que es distinto. Más fuerte que un niño y más ágil que un adulto, el juego se transforma en deporte, la exploración en fiesta. Pero si su lenguaje social está basado en la expresión de su cuerpo, al interior de su ser, el silencio y la palabra forcejean, cuestiona los afectos, practica la autonomía de su alma, se abre su voluntad hacia el poema, aunque, debido a su experiencia escolar, rechaza su lectura. Por eso prefiere la canción. No sería nada raro que esos mismos jóvenes que se perturban cuando les dejan de tarea leer La suave patria de Ramón López Velarde, fueran los mismos que estimularían su lectura al escuchar el piano de Genoveva en la voz de Eugenia León, por mencionar un caso. ¿Cuánta razón tenía Srapaun cuando escribía que media docena de horas empleadas en escuchar poemas cantados proporcionaría al estudiante más conocimiento sobre esa clase de melopea que un año de estudiar filología? La conducta del joven puede ser el parámetro para explicarnos por qué la promoción o estimulación formal de la lectura no puede funcionar convencionalmente para él. Me parece que el carácter del joven, más que sugerir acceder a la palabra escrita, le exige conquistarla para sentir la suya. Su léxico limitado, entre comillas, ese que nos suele irritar tanto a los adultos, es un indicio. Más que apreciar sus limitantes, sería bueno asomarse a la pan de pertenencia u originalidad juvenil y favorecer su riqueza léxica y estética. Todo lo que se le diga con relación a la importancia de leer, ya lo ha escuchado y los jóvenes suelen hacer la tarea con música la elegida por ellos a ojos de los adultos eso es impropio pero si nos atenemos al hecho en sí mismo y alcanzamos a ver que la música no necesariamente resta comprensión a lo leído, podríamos asegurar parafraseando a Gastón Bachelard en su poética del espacio el joven construye su fortaleza momentánea para escaparse de su casa dentro de ella misma y así atenerse a sus reglas. Es muy probable que esa casa de música, a ojos de la norma, sea un cuartucho de ruidos, pero si se le ve bien, es básicamente un rasgo de él en donde se puede notar la intención de resguardo y desafío. Supongamos que le hacemos caso al alto consumo de música protagonizada por jóvenes, a su inherente predilección por la lírica tildada de escandalosa o irreverente en esta generación, por la generación que alguna vez fue juzgada por lo mismo. ¿Qué disfraza ese impulso aversificar del que nos advierte Zrapaun cuando nos dice? Es cierto que la mayoría de la gente poetiza más o menos entre los 17 y 23 años. Las emociones son nuevas y para su dueño interesantes, y no hay mucha personalidad o mente que mover. Conforme el hombre, conforme su mente se vuelve una máquina más y más pesada, una estructura cada vez más complicada necesita un voltaje cada vez mayor de energía emotiva para adquirir un movimiento armónico. Percatémonos de que el joven no solo sabe decir, ¿qué onda güey? Pásame los apuntes güey. Vamos a un rebe güey. No güey. Sí güey. Entendamos mejor la variedad de rasgos que puede tener su lenguaje y probablemente nos sorprende el hallazgo. ¿Quién de los aquí presentes se acuerda de lo que pasó con las Torres Gemelas de Manhattan? Bueno, pues me valgo de ese hecho para mostrar primero que los jóvenes, adolescentes para el caso, también saben leer la realidad del mundo. Esto no es privativo del adulto y que provocada su reflexión y su expresión lírica, aún teniendo 14 o 15 años, son capaces de incrementar su léxico tanto como habitar la dimensión poética, incluso escribir y cantar su idea del mundo. Sobre las niñas de montada Una niña adorada Porque estaba sola en la oscuridad ¿Dónde está tu familia? ¿Dónde están tus amigos? Pregúntele al culpable De esta casa Ah, ah, ah ¿Dónde se halla su padre? ¿Dónde están tus hermanos? Pregúntele a quién le destruyó su hogar. La luz Es una luz Es una luz Es una luz Tal vez Nació Ya voy a acabar. Ahora el video. Porque lo pone en contra de su palabra. Por eso, leer no llega a consumarse como un suceso y termina siendo, sobre todo y para desgracia de la lectura misma, una carga escolar que el joven evitará siempre que pueda. Así que debemos ir entendiendo la utilidad que desde el punto de vista juvenil tiene la lectura. No como un hecho exclusivamente aleccionador, fijo y consumado, sino como una experiencia en permanente construcción. Si esto aplica para la lectura en general, para la lectura de poesía no se diga. ya Francisco Hinojosa se ha encargado de precisarlo cuando en una entrevista con Miguel Gaona declaró el género más importante es el cuento y después del cuento para unos pocos más jóvenes la novela la poesía es casi inexistente, el teatro es también casi inexistente, el cuento y la novela son los más importantes así que podríamos empezar por hacer habitable la poesía con perdón de la modestia y en honor del descaro yo lo he intentado convirtiendo poemas en canciones cuentos de otros en poemas cantados libros entrañables en provocación de poemas con jóvenes y niños he tenido la desfachatez de declarar que los libros también se cantan inventar un curso de expresión creativa impartido en la secundaria Nuevos Horizontes que ha dado como resultado una especie de guitarra fácil de cantos escolares y no conforme con eso me he capacitado como instructor de yoga experiencia de donde nace este saludo al sol que hoy traigo a cuentas y que dejo en el aire para que ustedes consideren. Suya Namaskara. Saludo al sol. Mírate ser adentro. Viaja en tu respiración. Asómate a tu prana. Haz un arco de ti. Tensa la cuerda vibracional de tu columna y baja como una manecilla en contra de la noción de tiempo y agrillado. Vuelve a la tierra y toca su sentido. Desde ese punto, asómate a la vida, inhala, y al exhalar, tiende tu cuerpo, desciende tu genitalidad y eleva tu latido. Vuélvete de la tierra a una montaña. Desde la cima de tus glúteos, jala, lleva tus pies de un paso hacia tus manos. levanta la cabeza desciende el rostro estira las manecillas del reloj retrasado elévalas hasta el centro de tu tiempo y regresa al origen de mirarte por dentro muchas gracias Bueno, pues ahora es turno de ustedes si quieren apuntar sus preguntas, sus comentarios en las tarjetitas para que aquí las puedan responder comentar. No se olviden también de anotar la respuesta a la adivinanza para su libro Sí, hay que repetir la adivinanza por favor. Bueno, no venía preparado. Sí, claro que me la sé de memoria, pues digo uno. Aramara era especialista, sigue siendo todavía desde la luz, me manda chistes. Ella decía, una niña rugadita que se esconde en una nuez. ¿Qué es? A los tres años. Esa es la adivinanza, una niña arrugadita que se esconde en una nozqués. Felicidades a todos, claro, es un honor para mí estar con ustedes. No ha llegado la respuesta correcta. Hay una pregunta, aunque el buen libro depende más del gusto del lector, ¿Qué títulos recomendarían para jóvenes masculinos? Ya que a pesar de estar de moda la equidad de género, los intereses de uno y otro, entre un género y otro, son distintos. Lo que atrapa a una chica no se logra con los chicos. ¿Alguien quiere contestar? Recomendación para hombres, bueno, recuerdo hombres jóvenes, recuerdo a mis hermanos y bueno, siguen todavía, de hecho Alpaguara los acaba de sacar del aniversario de 40 años, los libros de Susan y Hinton que se llaman Los rebeldes y el otro en español, y La ley de la calle, dos libros increíbles, esa es mi recomendación del día de hoy. Bueno, yo les recomiendo un libro interesante que se llama Vértigo, es de la editorial El Naranjo, para jóvenes, pues hombres y mujeres en este caso. El Naranjo, el que yo dije El Naranjo. A los libros también de Douglas Copeland, que se llama, bueno, Generación X, El planeta shampoo, que es un libro genial. Me había acordado de otro y ya se me fue. Bueno, pasamos a otro. Para la primer ponente. Flor, Flor Ayulera. Este comentario sí te lo dejo y solamente la pregunta de quién canta y cómo se llama en la canción de tu video. El cantante es Alexi Murdoch con CH al final y la canción… Se llama Todos estos días, All of these days, pero el cantante es Alexi con I latina, Murdoch con CH al final. Tiene un disco muy, muy hermoso y es todo en esa onda como folk, muy bonito. Alexi Murdoch, y es Todos mis días, All of my days. Sí, bueno, a Flor, en nombre de alguna de tus obras, a Nuria, bueno primero las preguntas, a Nuria, me encantaba el programa de puntitas, ¿cuál era tu participación? ¿El guión? Si has colaborado en otros programas de radioeducación. Hola, hola, ¿te oyes? Sí, yo era la guionista de puntitas, fue mi escuela, intensiva por cierto, porque había que hacer un guión cada día, ahí aprendí a escribir rápido. Y más programas de radio, sí, afortunadamente muchos. Hay una serie que se llama Tipatla, del Conapred, otra serie que hice sobre danza, otra radionovela que se llamó Unidad de Espejo, en fin, son muchas, llevo más de dos décadas escribiendo para radio, así que ya se me olvidaron las de hace mucho, pero sí, muchas series que me han dado mucho contento. Las únicas dos novelas que tengo se llaman Diario de un ostión y Mi vida de rubia, y acabo de terminar una tercera que espero también me publiquen en Alfaguara, Miguel de Alicia, se llama El hombre lobo es alérgico a la luna y eso es para chavitos, hombres sobre todo. Preguntan también si hay alguna manera para escuchar otra vez el programa de puntitas, Nuria. Si se puede escuchar de alguna manera el programa. De puntitas se estuvo repitiendo hasta el cansancio y hasta que la voz de Emilio se oía como las cintas esas magnetofónicas. En Oaxaca todavía pasa, qué padre. Están los discos, ya tienen discos digitales, porque ya se hicieron muy guangas las cintas, y los tienen en Radio Educación, ellos de hecho son los dueños de los derechos. Si hay gente interesada, digamos, escuelas, organizaciones y tal, se puede solicitar hasta donde yo sé, se puede solicitar un servicio de copiado, sería cuestión de ir a la educación y pedirlo vía un oficio que diga las intenciones y tal, qué institución y para qué fines, pero creo que por ahora sería la única manera en que se puede escuchar de puntita ya. Nuria, ¿eres la autora del berrinche de Moctezuma? De hecho quiero, sí, soy la autora del Berrinche de Moctezuma, quiero dedicarle este libro que me acaban de traer a Ariel, no sé si Ariel esté aquí en la sala, pero ahorita con todo gusto le voy a firmar su librito, que ya se aprendió uno de los besos, yo padre, ahorita le dedicamos el libro con mucho cariño. ¿En qué editorial está tu libro sobre el estúpido Príncipe Azul? En Alfaguara Juvenil, en la serie. Ah, el estúpido Príncipe Azul, perdón, es Random House en Grijalvo. Otra recomendación aquí, para jóvenes recomiendo la colección de Zona Libre de Editorial Norma, que también tiene muy buenos títulos, Zona Libre de Editorial Norma. Más felicitaciones, muchas gracias, yo les entregaré las tarjetitas que están mandando. Todavía no, aquí tengo más Y felicitaciones a la culpable del programa radiofónico que me hizo soñar y volar a través de las maravillosas historias de Puntita ¿Quién era el quien dirigía tan maravilloso programa? Puntita es un programa que fue una verdadera delicia hacer porque empezando por el equipo era una chulada de grupo de amigos. La culpable de toda la idea y mi maestra de guión, de hecho, es Marta Romo, a quien le seguiremos agradecidos toda la vida. Marta era la encargada de los contenidos y del concepto general de la serie que verdaderamente nos apasionó a todos. Estaba Emilio Ebergenji en La Voz y estaba Elia Fuente en la selección musical, si recuerdan, había una selección musical muy variada y para entonces bastante polémica porque lo mismo poníamos a Beethoven que a Michael Jackson, Michael Jackson en Radio Educación era como una verdadera herejía, pero bueno, la delicia del programa era básicamente el equipo, era un ambiente padrísimo y eso se acababa reflejando. Pues porque se hizo durante dos años y se terminó, terminó su ciclo como tantas otras cosas, ahora sería imposible hacerlo porque ya no está Emilio, pero pues estamos haciendo cosas distintas. Hacemos coperacha, qué lindo. Bueno, un comentario, entonces nunca es tarde para… Bueno, pregunta, comentario, nunca es tarde para empezar a leer. Jamás, dice Nuria Yo digo que entre más tarde mejor porque por ahí de las 12 de la noche el niño siente el suspenso de la palabra y entonces Bueno Bueno la almendra, la tía de Blancanieves, la luna, la oruga, el ojo, la lengua, me dijeron que el amor, esa niña arrugaita, el amor, bueno, estaría padre pensar en qué estaba pensando? Bueno, pero la respuesta ya está aquí. Cuando Aramara nos dio la adivinanza, cuando nos dijo la adivinanza, nos estuvo pensando un buen rato y era la tortuga. Una niña arrugadita que se esconde en una nuez, que es la tortuga. Así que no sabemos quién escribió la respuesta, pero sí tenemos su mail. Ezequiel. Ah, bueno, pues ahí está la respuesta. Si corresponde tu caligrafía a esta letra, entonces está bien. Le vamos a robar a la editorial Naranjo el qué cosa es esto y te lo vamos a dar. Bueno, y alguien preguntó quién canta la canción que tú pusiste y dónde se puede conseguir. Bueno, esa es una canción que es de creación colectiva por jóvenes de 14 y 15 años. Por supuesto que yo fui un provocador, efectivamente. Hay una técnica que yo le llamo el estribillo o coro detonante, porque provoca, por ejemplo, a saber qué es la KGB. Ahí empezó la historia, junto con las torres de Manhattan. Empezaron a hacer una investigación y terminaron haciendo esta canción. La interpretación de la guitarra, de la batería, la interpretación de la voz, Todo eso fue alumnos de esta escuela, o sea, no hubo mano negra, más que obviamente en la dirección, en la dirección musical, en la dirección literaria hubo intervención, pero fue un acompañamiento de sus propias ideas. Esta niña que canta es una alumna de esta escuela, de una generación posterior, porque la grabación se hizo más recientemente de lo que la canción. Así que, pues, todo quedó en hermoso. Yo no he desconocido, así que si les digo el nombre, ni va a haber disco, ni va a haber videoclip, ni en YouTube, yo creo. ¿Los nombres? Cuelga tú la canción en YouTube. Ah, eso sería, vamos a hacer el video y lo vamos a subir. Bueno, así que si no dije el nombre y no cumplí con su duda en lo absoluto, me va a disculpar. Bueno. más preguntas, bueno una última que tengo aquí, que es de Paraflor, donde se puede conseguir tu libro, qué editorial es la que publicó Mi vida de rubia y Diario de Unostión, ya les contesto yo, es en la alfaguara. Bueno, con esto sí vamos a dar por terminada la plática de hoy, tenemos todavía que hacer el concurso, bueno, el sorteo de los libros. Y pues les agradezco mucho y a ustedes sobre todo. Thank you. .
SISTEMA
NTSC
DOCUMENTO_DIGITALIZADO
Sí
FECHA_INGRESO_ENTREGA
24/11/2009
FECHA_PUBLICACION
26/11/2009
CODIGO_BARRAS_LTO
BWF480
BARRA
Divulgación
TEMPORADA
29
CONDUCTOR
Alicia Rosas, moderadora
TEMA_CONTENIDO
Promoción de la lectura y la literatura
FECHA_GRABACION
14/11/2009
LOCACION
CLASIFICACION
A
IDIOMA_ORIGINAL
Español
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REALIZACION
Edgar Mauricio Sánchez Alcántara
PRODUCCION
Edgar Mauricio Sánchez Alcántara

