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CUID
M-02827
SUBTITULO_SERIE
FILIJ 24
SINOPSIS_SERIE
Sobre cómo la lectura se configura en el cruce entre experiencia familiar, entorno social y acceso a la cultura escrita y de qué modo las desigualdades, la precariedad y la movilidad condicionan la relación con los libros, así como las tensiones entre lo heredado en el hogar y lo vivido en contextos escolares y comunitarios. Se analizan las posibilidades de que espacios educativos, bibliotecas y proyectos locales compensen ausencias, acompañen procesos de identidad y generen encuentros significativos con la palabra
EXTRACTO_SERIE
Se destaca la necesidad de crear condiciones materiales y afectivas que permitan a niños y adultos construir una práctica lectora libre, compartida y sostenida, especialmente en contextos de marginación
TITULO_PROGRAMA
SUBTITULO_PROGRAMA
Graciela Montes (Argentina)
SINOPSIS_PROGRAMA
La lectura como práctica íntima y social, examinada desde la metáfora de “las plumas del ogro”, entendidas como aquello que cada lector conquista de modo personal e imprevisible. Se reflexiona sobre las condiciones que hacen posible la lectura —accesos, circuitos, tradiciones, políticas públicas— y sobre cómo estas interactúan con la experiencia individual. Se advierte contra intervenciones que regulan el gusto, imponen interpretaciones o restringen lo “apropiado”, pues pueden obstaculizar la autonomía lectora. El planteamiento propone fortalecer las condiciones materiales y simbólicas que permitan a cada lector construir sentido, asumir riesgos y ejercer su propio poder interpretativo
EXTRACTO_PROGRAMA
Reflexión sobre la lectura como experiencia personal y social, centrada en la autonomía del lector y en la necesidad de condiciones que permitan explorar, dudar y encontrar sentido sin intervenciones que limiten el deseo o la interpretación
N_PROGRAMA
16
N_TOTAL_PROGRAMAS
16
DURACION_TOTAL
00:53:07:23
PARTICIPANTES
Graciela Montes, escritora, profesora en lenguas
Daniel Goldin, editor, bibliotecario y escritor
SEMBLANZA_PARTICIPANTE
Graciela Montes
Escritora y traductora argentina con una extensa trayectoria en la literatura infantil y juvenil. Trabajó más de veinte años en el Centro Editor de América Latina, donde dirigió la colección Los cuentos del Chiribitil. Fue miembro fundadora de ALIJA y cofundadora de la revista La Mancha. Es autora de más de setenta libros de ficción, entre ellos Tengo un monstruo en el bolsillo, Historia de un amor exagerado y Aventuras y desventuras de Casiperro del Hambre. Ha traducido obras como Alicia en el país de las maravillas y Las aventuras de Huckleberry Finn.
Daniel Goldin
Editor, bibliotecario y escritor mexicano reconocido por su labor en el fomento de la lectura y la edición de libros infantiles y juveniles. Ha dirigido proyectos editoriales de gran relevancia, creó colecciones influyentes y fue director de la Biblioteca Vasconcelos entre 2013 y 2019
TIPO_ACTIVIDAD
DISCIPLINA
PALABRAS_CLAVE
Artes visuales | Cuento | Edición de textos | Enseñanza de la lectura | Escritor | Escritora | Escritura creativa | Humor (literario) | Ilustración | Lectura | Libro para niños | Literatura | Novela | Selección de libros
TRANSCRIPCION
Hola, vamos a dar inicio a la sesión de clausura de este seminario y para la sesión de clausura los organizadores pensamos en Graciela Montes Graciela es autora de un libro que se llama La frontera indómita La frontera siempre indómita siempre oscilante entre lo que se sabe lo que no se sabe y a Graciela le gusta estar en las fronteras. Me gusta ir conquistando espacio. Es una de las personas que sabe dudar y sabe que las dudas no consuman sus convicciones, cosa que es harto difícil y que mucho le agradecemos. Sin duda Graciela es una de las personas fundamentales de la literatura para niños y jóvenes en nuestro continente, en nuestro idioma. Digo personas en el sentido en que no es solo autora, es autora de muchos libros, por ejemplo, Historia de un amor exagerado, Tengo un monstruo en el bolsillo, Irulana y el logro once. a la sombra de la inmensa cuchara, los fuentes de Emilia emita y emota perdón, pequeñas historias sueño de dragón, un libro que a mí me encanta aventuras y desventivas de Capi Pepe del hambre que es un libro que vale mucho, mucho mucho la pena leer yo se lo recomiendo en todo el momento este ella también He citado muchos de los oficios que tienen que ver con el libro y con la promoción de la lectura. Uno de ellos es la reescritura de algunos grandes ciclos, como la mitología griega, los caballeros de la mesa redonda y las milinas noches. Ha sido traducida a muchos idiomas, el italiano, el alemán, el portugués, el griego, el coreano y el tailandés. Ha sido también traductora, es una estupenda traductora del inglés y del francés, en su otro caso tradujo a Joc y la de Zun, un libro que también me parece que es un libro imprescindible, que no solo lo tradujo, sino que me hizo una dimisión especial, está la guía de la literatura para niños y jóvenes de Mar Soriano, que está publicado por Coligüe, y si pueden, consíganlo, es un libro que verdaderamente hay que tener al lado, entusiasmo, leernos, estudiarlo, divulgarlo. Ella ha sido editora, trabajó durante más de 20 años, en un tiempo cercano a Boris Kivakov, que vale la pena también recordarlo, uno de los grandes, grandes de la edición y de la formación de lectores en lengua española. Ha sido también editora de Chiricincho, ha sido ex-ensayista, tiene publicados dos libros que ustedes pueden conseguir y que seguramente han leído que son el corral de la infancia y la frontera indómica. Graciela, en esas partes de la historia pública hay una cantidad más importante de cosas que hay en una historia como más aterrada. Yo personalmente me agradezco muchísimo en haberme puesto en contacto con muchísimas muchísimas personas, un editor, un traductor, un autor, siempre es alguien que pone en comunicación, alguien hablaba en las expresiones, que los libros son como puentes, algunas personas también son como puentes, y no todos son con la misma inteligencia y la misma generosidad que Graciela. Yo personalmente le agradezco muchísimo en todas las cosas, en esos paritos, que no tienen, que saben que está ahí en el Cono Sur pero no es llegar hasta acá agradezco muchísimo ustedes pueden consultar su página www.racielamontes.com creo que se pueden encontrar muchísimas sorpresas también en chicos y escritores ella hizo un libro con muchos niños de muchos lados del mundo También se pueden consultar chicos y escritores, ahí está un libro que vale la pena también leer. Bueno, decíamos que queríamos invitarla a Graciela justamente porque una sesión de clausura es también una sesión que en algún sentido pone en balance y abre nuevas perspectivas, recapitulación en nuevas perspectivas, abre cosas, y me parece que eso es una de las cosas que siempre ha hecho Graciela y lo ha hecho muy bien, pensar, situar, dudar frente a todos, pero también dudar de una forma en donde nos impulsa a seguir. Le agradezco muchísimo muchas cosas, entre otras que ustedes que han conocido. Gracias. Gracias, Ana. Estoy contenta de estar aquí realmente, agradecida porque hay que traer a una persona desde allá al sur hasta acá. Y a todos los organizadores de esto, con la culta por supuesto, a la CEP, con la que ha estado en vinculación desde los tiempos de Marta Cededo. que fue la primera que trajo un libro, a Daniel Golding que fue mi editor, un editor muy, muy querido, a María Elvira Charria y a muchos otros amigos que me he ido haciendo aquí. De la generosidad de los mexicanos yo primero supe por mis compatriotas, muchos vinieron refugiados en la época de la dictadura Y el relato que todos hicieron, los que volvieron o los que iban de visita, hablaban de la extraordinaria generosidad de ese pueblo. Así que eso tengo que agradecerlo también especialmente en nombre de todos los argentinos, no solo míos. Si me permiten, me gustaría dedicar estas palabras que voy a decir al espíritu de mi madre, hija de mi abuela, pero también hija de una biblioteca, de la Biblioteca Popular de su barrio, donde una bibliotecaria, la señorita González, de quien ella siguió hablando hasta cinco días antes de morir, fue la última vez que se remitió a la señorita González, la ayudó a saltar por fuera de sus circunstancias. Así que ese es su homenaje a ella, lectora, y a los que la ayudaron en la lección. A esta charla le puse por nombre Las plumas del ogro. Es el nombre de un cuento. El cuento tiene variantes. En algunas el ogro no es ogro, sino diablo, y no son plumas, sino pelos de oro, lo que hay que arrancarle. La que reproduce Ítalo Calvino en sus llaves comienza así. Un rey se enfermó. Vinieron los médicos y le dijeron, escuche majestad, si quiere curarse va a tener que arrancarle una pluma al ogro. Es un remedio difícil, porque el ogro se come a todo el que se le pone delante. Calvino dice que en la versión que a su vez le sirvió de fuente, la que está contenida en una antología de cuentos toscanos de Titré, que fue la que construyó, el ogro no era ogro, sino apenas la bestia. Pero siguen siendo plumas lo que hay que arrancar. El esplendor de la versión de Calvino radica en lo extemporáneo de las plenas. Es fácil imaginarse un diablo con pelo, con al menos tres pelos, como lo pintan los hermanos Grimm. También es fácil imaginar un ogro manífero y carnívoro, de rulos ralos, como los que luce el de Pulgarcito según Doré, o una gran pelambre roja como la de Oni, el ogro de los cuentos japoneses. Pero plumas, las plumas son tan livianas, tan femeninas también. ¿Dónde tiene plumas el ogro? El cuento no lo dice nunca, ni siquiera cuando el héroe, con ayuda de una bella muchacha, que el ogro tiene cautiva en el fondo de su cueva, una figura que recuerda mucho la de Perséfono, Consigue hacerse de esas plumas que va arrancando una a una del ogro dormido, sin que se sepa nunca de qué sector de su inmenso cuerpo procede. Las maravillas son comunes en los cuentos populares. Hay gallinas que ponen huevos de oro, burros que despecan oro, caballos que vuelan, hombres que se reducen al tamaño de una hormiga, cajas donde cabe el mundo. Pero es difícil encontrar algo más sorprendente, más gratuito, más sutil que las plumas del obre. Este manojo de plumas va a ser mi aporte a la discusión acerca de lecturas y lectores en su dimensión pública y en su dimensión íntima o privada que se fue planteando aquí. Hay un aspecto de la lectura, no me refiero a la teoría de la lectura, sino a su puesta en práctica, el ejercicio vivo histórico de la lectura, que equivale a arrancarle las plumas al obre. Cuando el que lee está leyendo, en el curso de ese acontecimiento que lo tiene por protagonista, tiene en lugar una serie de operaciones. Hay cotejos, negociaciones, desplazamientos, cruces, incluso lucha, una pequeña gesta. Eso es muy fácil de ver cuando el que lee está aprendiendo a leer, como Ana se acuerda en el caso que nos contó Jéris Caim. Porque ahí el empeño y los tanteos son más visibles, pero sucede en toda lectura y a todas las edades. El que lee emprende el texto a su manera, se debate con él, lo rodea, lo calibra, se insinúa en él por algún resticio o lo toma por asalto. Y algo atrapa ahí adentro algo que sólo él podía atrapar. Algo que encuentra de pronto, muchas veces por azar, y arranca por propia cuenta y riesgo, vaya uno a saber de dónde. Tal vez no lo que le estaba destinado, tal vez no lo más apropiado, sino algo inesperado, bizarro, que sin embargo es justo lo que estaba necesitando, lo que como al rey del cuento puede curarlo. Por supuesto que es difícil prever cuando se producirá el punto culminante o adivinar de qué clase serán las plumas que el lector atrape. Lo único que se puede decir es que si lleva a cabo su lectura, va a tener al menos una de esas plumas en la mano, como Gursky que siempre tiene. La lectura incluye la rareza y el azar. En la historia del lector hay siempre contactos inesperados, atajos, desvíos, situaciones desconcertantes, extrañas casualidades. Basta pensar que muchos de los libros más importantes de la vida se los ha encontrado una revolviendo al tintún en una mesa de saldo, o equivocando el estante de una biblioteca. La rareza y el azar no son defectos, son fuentes de salud, y deberán preservarse para que la lectura, la experiencia particular, personal del que lee, al que suele llamarse lector, no se malogre. El lector tiene derecho a la sala, tiene derecho a desviarse de la necesidad a partir del momento en que acepta el riesgo de leer. Puesto frente al texto puede permitirse errar en su doble significado de vagar a su aire y de equivocarse. Aunque eso suponga contradecir lo establecido de antemano, el orden. Es imprevisible el modo en que dará con el ogro y le rentará al menos una plena Y esa imprevisibilidad deberá ser bienvenida Si la imprevisibilidad y la feliz casualidad desaparecieran La lectura del lector como el rey del cuento moriría Esto va en serio, es una metáfora, pero las metáforas son cosas serias Cualquier acción de lectura, un plan de lectura por ejemplo, una cartilla de recomendaciones o cualquier forma de animación o promoción o auspicio de la lectura será respetable solo si no se mete con las plumas de logro Las plumas de logro pertenecen al lector, forman parte de su empresa Deberán ser descubiertas y arrancadas por él pertenecen a su esfera de poder y están fuera del alcance del poder de otro, más allá de cualquier intento de administración o control de la lectura. Y pertenecen al lector porque es el lector el que corre el riesgo. Como en el cuento, leer también es no ser devorado. Para no ser devorado, el lector hace su lectura, Acepta el desafío del texto, su oscuridad, sus escollos, sus engaños, y responde a ese desafío desplegando sus propias técnicas, sus ardidos. No es pues un ingenuo el lector, un inocuo, un receptáculo vacío. El lector tiene poderes, solo que su poder se manifiesta en el curso de la experiencia, precisamente allí. cuando está leyendo. No es un poder a priori, no es un privilegio, sino un poder en ejercicio, histórico, el poder que tiene el que juega mientras está jugando, o el que trabaja mientras está trabajando, un poder que debe revalidarse en cada instante. Se comienza a ejercer ese poder de lector mucho antes de la aparición de la letra escrita, incluso antes de la aparición de la palabra. Cuando, desplegado el mundo delante de uno, o mejor, revolcado uno en el mundo y con poca perspectiva a veces para contemplarlo, estoy pensando en este contraste de condiciones al que aludía el mártir Gregorio Hernández, uno se les va ingeniando, y empieza a construir, como puede, pequeños islotes de sentido, que no son grandes teorías, principios, cosmovisiones, preceptos, ni siquiera conceptos o ideas, son mucho más modestamente relatos. Relatos mínimos, pequeñas historias, al comienzo historias sin palabras, que uno mismo se va contando para encontrarse, mal que bien, algún lugar, para armarse un refugio en el gran desconcierto. Estas historias que el lector se cuenta a sí mismo no son del todo nuevas. El lector dispone siempre de historias previas que le sirven de antecedentes, de herencias. A veces se trata de grandes historias, muy completas, muy ordenadas, otras veces son solo apuntes, fragmentos. La religión, las tradiciones, incluso la tradición del pensamiento racional, que tiene una aparición histórica, o más sencillamente las rutinas cotidianas, la manera en que el grupo al que pertenece organiza el día y la noche o celebra las fiestas, por ejemplo, Funcionan como narraciones previas para el lector, lecturas que se anticipen a su lectura. Lo mismo que el lenguaje. También el lenguaje es una lectura previa, que trae incorporada ya una manera de mirar, de pautar, de operar con el mundo. No narra igual, ni narra lo mismo. Un lenguaje que tiene la posibilidad de la voz pasiva que el que no la tiene. Un lenguaje que deja el verbo para el final de la oración o el que comienza por el verbo. Aquí, donde me han contado que tienen una inmensa riqueza de lenguaje, sería muy divertido explorar. Cuando se aprende a hablar, junto con las palabras se incorporan necesariamente esas operaciones y esas miradas. Pero también las publicidades, los supermercados y los mercados, los noticieros o los dibujos animados son lecturas previas para quien se pone a leer. Es importante leer, entender que el que lee tiene muchos universos de significación desplegados a su alrededor. Más o menos ricos en significación, más o menos férfiles, más o menos prestigiosos, pero todos, a su manera, lecturas. Narraciones que se anticipan a la suya, la del lector, que ya le están contando el mundo, dibujándoselo de antemano, proporcionándole conjeturas, modelos. Están ahí y no dejan menos marcas en el que está empezando a construir sentido que el que le dejarán después, si tiene suerte, los grandes relatos filosóficos, científicos o literarios. Hubo una mesa redonda, la de Dieza y el Fisgón, donde se habló bastante de este contrapunto entre lo popular y lo culto, entre la prescripción. El lector pues no opera en el vacío, está inmerso en una situación, un estado de lectura, un orden de lectura podríamos decir, siempre y cuando no se piense ese orden como algo demasiado ordenado porque se trata de una trama compleja y a veces contradictoria. Pero frente a la situación, al estado, al orden, el lector hace valer su experiencia, la experiencia del que está leyendo, una experiencia histórica, un acontecimiento, un suceso, algo que empieza, hace un recorrido y culmina. En el curso de esa experiencia, su experiencia, porque la experiencia es siempre única, personal e inalienable, el lector coteja con el orden y revalida sus poderes. Encara el texto, lo explora, opera sobre él, pone en acción sus recursos, sus ardides y lo hace suyo como puede, mediante islotes, ciudades, monitos y sencillos. Alendo, eso le permite fundar en los márgenes del orden general en que está inserto, en los márgenes de las lecturas imperantes, los cánones, los reglamentos, y también en los márgenes, y quiero resaltar esto, del propio texto que está leyendo, Otro orden, un orden alternativo, provisorio, precario, pero propio. Su manojo de pluma, su personal con futura, nada muy organizado, pero curativo. Es esta actividad directiva, la desfabricación de las propias significaciones, los propios relatos íntimos y secretos, la que comienza mucho antes de la letra. Un niño observador, expectante, curioso, desconcertado, asustado también, deseoso de encontrar en lo que lo rodea algún aclago, algún relato, algún sentido. Es tan lector como el que tiene un libro en la mano. A veces más, porque tener un libro en la mano no es garantía de haber adoptado la posición de lector, ya que como todos sabemos y hemos experimentado más de una vez, se puede cumplir con el ritual de decodificar y reproducir sin construir por propia cuenta y riesgo un sentido, y sin que el texto le diga a uno nada. En cualquier caso, no hay tanta diferencia entre el que dé por primera vez un barrilete, ¿cómo se llama? ¿Los barriletes? ¿Los papalotes? no entiende por qué se les tapa hacia arriba y lo llama pájaro, ni el lector de una novela de 500 páginas. La experiencia, en el fondo, es inocente. Hay ciertas condiciones dadas, una trama, las reglas del juego, hay algo que se pone en consideración, un enigma, luego un texto, y hay una acción, una aventura, desertó diría una cacería. Por un lado está el tablero, por el otro el lector, que hace sus jugadas, sus recorridos. Cuando uno se pone a hablar de libros y de literatura, conviene tener presente esta fértil etapa analfabeta de la lectura. Mientras hace su juego, mientras se mueve por el texto, eso que se presenta a su lectura, el lector da la sensación de estar buscando. aunque de manera muy imprecisa, al punto que solo se entera de lo que estaba buscando cuando lo encuentro. Más que de búsqueda, habría que hablar de cuero, de gesta, de aventura, de conquista, o de viaje, pero un viaje bastante accidentado, con sorpresas y mucha esgrima. Este leo se mueve dentro de las condiciones dadas con cierta libertad, llevado por su curiosidad, sus ansias, sus puntos de desequilibrio y también sus posibilidades, sus operaciones, sus recursos. Se apoya en las condiciones y también las contradice. Hay un diálogo, una dialéctica. Lector y lectura no son instrumentos quietos. Es esta dialéctica, este ida y vuelta entre el lector y la lectura, entre la experiencia íntima y las condiciones públicas, lo que me parecería bueno poner en el centro de la gente. Las condiciones varían, no son idénticas para todos, y el margen de maniobra también varía. Es amplio para algunos y más estrecho para otros. Entre las condiciones está la disponibilidad, aquello de lo que se puede disponer. Por ejemplo, los bienes materiales y simbólicos a los que se tiene acceso. Y están también los circuitos. Se habló aquí de la disponibilidad y la objetividad. La trama y los hilos. Toda una organización del terreno que precede al lector lo envuelve y lo trae. La componen bienes como libros, bibliotecas, espacios culturales, escuelas, cines, presupuesto educativo, sistemas de comunicación, también comida, ya que es condición para emprender la lectura una dosis suficiente de proteínas. y asuntos más intangibles como universos imaginarios, reglas de fuego más o menos explícitas, tradiciones, prácticas, ideas acerca de la lectura y los lectores, censuras y permisos, poéticas, cánones, juicios y prejuicios, costumbres, una textura de condiciones, una compleja organización del terreno. Esta organización del terreno no siempre salta a la vista. Hay tramas muy tenues, hay litigios y hay contradicciones. El terreno no es homogéneo. Está lo superficial y lo soterrado, lo que se muestra y lo que se esconde, los discursos públicos y los discursos colapados. No siempre los pronunciamientos en defensa de la lectura, por ejemplo, suponen condiciones auspiciosas para la lectura. Un mismo funcionario que tal vez se golpee el pecho lamentando lo poco que se lee, lo empobrecido que está el lenguaje, etc., que gasta incluso importantes sumas en folletería y acciones vistosas en defensa de la lectura, puede estar al mismo tiempo recortando bienes y presupuestos, eliminando cargos de bibliotecarios y medios. No siempre la abundancia, para poner otro ejemplo, es sinónimo de más alternativa. El bibliotecario de una biblioteca muy rica, pensemos una biblioteca del primer mundo, no de las nuestras, que recibiera 500 títulos nuevos al mes y se viera obligado a ingresarlos de manera acrítica, indiscriminada, a la sala de lectura, terminaría desplazando de las estanterías títulos que no merecen ser desplazados. y reduciendo así una oferta que aparentemente estaba destinada a multiplicar. O, la consulta directa a los potenciales lectores a la hora de elegir los títulos parece un signo de libertad, pero si los lectores no disponen de más opción que un mensaje publicitario, por ejemplo, la elección se convierte en una forma de obediencia. En fin, que a veces es difícil reconocer las condiciones, la organización real del territorio en que la lectura va a tener lugar. Pero en todo caso, visibles u ocultas, las condiciones están ahí y son ineludibles. El lector las necesita y depende de ellas. En muchos aspectos, las condiciones lo determinan, marcan sus ocasiones. le proporcionan material, territorios de extensión y ofrecen alternativas. No es lo mismo tener entrada al código escrito que no tenerla, no es lo mismo tener una biblioteca popular cada 20 cuadras que tener una cada 300 kilómetros, no es lo mismo tener por maestro a un buen lector que a un burócrata. Pero también demarcan un orden, una administración, ciertos recorridos, ciertos centros. Este orden de lectura, llamémoslo así, incluyendo tanto su riqueza, la riqueza de las condiciones como su rigore, es una instancia pública cuyos defectos aparecen en la lectura privada. La idea de lectura corriente en la sociedad, la imagen que se tiene del lector, los circuitos de lectura, el flujo de los libros y otros bienes culturales, la oferta editorial, la programación de los medios de comunicación masiva, la dotación de las bibliotecas, la labor educativa, las poéticas dominantes, todo eso que forma parte de la dimensión pública de lectura marca y condiciona la dimensión privada. La lectura personal se hace sobre y contra esa tela, que la sostiene y al mismo tiempo le ofrece resistencia. Las acciones públicas de lectura, entre comillas, tratan o deberían tratar principalmente de estas condiciones. Cuando se arman planes o se diseñan políticas, debería hablarte sobre todo de eso, de las condiciones. Las condiciones deben ser tema ineludible en la educación pública, en la extensión universitaria y también lo son, imagino, en este encuentro. Sobre las condiciones hay que hablar, discutir y llegado el caso, si compete legislar de la manera más esclarecida posible, tratando de ir más allá de la redundancia y el esquema fácil, buscando entender exactamente cómo está funcionando la trama pública, haciéndola evidente. En cambio, no se puede legislar sobre las plumas del oro. Una acción de lectura que se atuviese sobre todo a discutir las condiciones podría hacer mucho por el lector. Enriquecer sus ocasiones, dar lugar a su lectura en circunstancias más justas, más generosas y amplias. Una acción de lectura puede modificar la trama pública cuando ésta entorpece los recorridos privados, puede ensanchar horizontes. Sin embargo, algunas y hasta muchas acciones de lectura, y voy a agrupar por el momento bajo esta denominación asuntos variados de planes a gran escala a minis animaciones, llevan su afán de legislación un poco más allá de su territorio y avanzan sobre la experiencia del lector, al punto de pretender arrebatarse. Es una intervención desleal y se puede decir que permiso y contraria a la salud de la lección. Voy a dar tres ejemplos de intervencionismo exagerado. La legislación sobre lo apropiado y lo inapropiado, la exaltación del gusto o la moda y la interpretación previa. La legislación sobre lo que es apropiado o inapropiado para el lector es muy característica del territorio de la lectura de los niños. No exclusiva, pero muy característica. Lo apropiado a su edad, a su género, a la situación que está atravesando, a su mejor interés. un ojo social, digamos, una vigilancia. A veces una vigilancia amorosa, de larga tradición, de pesitura moral a veces, otras veces simplemente urbano, como la de los buenos modales. Casi invisible de puro consolidada, ¿no? En un tiempo se sabía lo que era apropiado leer, del mismo modo en que se sabía cómo había que vestirse en cada ocasión. Una muchacha de barrio de los años 20, del siglo XX de Buenos Aires, sabía que los folletines le estaban destinados y no soñaba con acercarse a otras narrativas más urbitantes. Podía leer los poemas de Béter y aprendérselos de memoria. No se esperaba que leyera los ultraístas o las novelas de Solán. Otra muchacha de la misma época, pero de una clase más alta o profesional, con más roce, como se decía en aquel tiempo, Tal vez había oído hablar del futurismo o del dadaísmo, tenía modales y lenguaje más desenvuelto, fumaba seguramente, y posiblemente se burlaba un poco de los folletines que devoraba la chica de barrio. Una tercera muchacha, de la misma edad, pero hija de anarquistas, por ejemplo, de larga tradición en mi país, con muchas bibliotecas fundadas, Podía muy bien leer, además de los folletines, a Máximo Gorti, o los poemas incendiarios que salían en el diario anarquista a la vanguardia. A cada una le parecía no solo apropiado, sino natural su elección de lectura. Las legislaciones sobre lo apropiado, a diferencia de la censura, que es algo que se deja ver, son un asunto más bien tácito y muy establecido, que todos dan por sentados. No toman la forma de mandatos y eso las vuelve todavía más eficaces y resistentes. Hasta hoy siguen en vigencia. Por supuesto que hubo transformaciones, se saltaron vallas y en ciertos ámbitos se ampliaron los circuitos. Pero lo apropiado con la incorporación de regímenes nuevos, novedosos, como el de la political correctness, la corrección política, por ejemplo, o la corrección psicológica, de la que se habla menos, pero que también habría que hablar, sigue constituyendo una forma de organización del territorio de la lectura, especialmente en el caso de la siempre vigilada literatura infantil, que carga además con su propia legislación etaria el curioso asunto de determinar qué es lo apropiado para cada edad. Desde el índex, este libro no es para vos, te prohíbo leerlo, tiene palabras que no quiero que conozca, hasta las técnicas de venta de las editoriales, que incluyen en sus colecciones la invitación a partir de tantos años o la mucho más audaz para niños de tantos a tantos años. Y si bien ya no se teoriza tanto como en los años 50 acerca de los intereses de los niños según sus etapas, en aquel tiempo era una etapa muy etapista, categorías tales como a los siete cuentos de animales o a los adolescentes historias realistas siguen funcionando. Ahora el asunto es que la lectura, como decía al principio de esta charla, necesita de lo raro y también de la charla. Recuerdo un muchacho de unos 12 años, que además era grande y gordo, con patillas ya y sombra de ribote, subyugado por un cuento para niños muy pequeños, de los que vienen impresos en cartón, que narraba, parte en palabras, parte en imágenes, la historia de un pollito que derrotaba a un gigante. Lo tomaba en la mano, quedaba prendado, lo soltaba y volvía a tomarlo. Me recuerdo a mí misma, empecinada con libros que sacaba de la biblioteca de mi madre, que gracias a la señorita González era una gran lectora, a los tumbos por textos que no entendía, al que sin embargo tampoco yo quería soltar. La legislación acerca de lo apropiado constituye una administración previa de las ocasiones del lector y se puede decir que invade el territorio de las primas. Tanta sensatez, tanta garantía, tanta previsibilidad y redundancia, tamaña ausencia de riesgos contrastan con el azar, la feliz casualidad de las personas. Pero no todas las legislaciones toman la forma de buen consejo y vigilancia de lo que corresponde y no corresponde, lo que se debe y lo que no se debe. Hay mutilaciones más irrepetucias, menos visibles, que por eso mismo ejercen con más intensidad aún su fuerza. Es el caso del discurso. Comienzo. Al lector hay que darle lo que le gusta. Para establecer el gusto que suelen hacer, encuestas y opiniones. Bourdieu, que era un señor muy inteligente, escribió un artículo que se llama La opinión pública no existe. Es tan fácil hacerse cargo del gusto del otro. Yo le escuché decir a un padre desconfiando de la elección de un libro que había hecho el hijo en una feria de libros en Buenos Aires, elegí otro, este no te va a gustar. Así es drástico. Un asombroso avance sobre el deseo del otro. Pero este padre al menos mostraba la hilacha, no escondía nada, hay otras formas de invasión del deseo del otro, mucho más solapadas. Algunos animadores de lectura las emplean, te voy a leer un cuento muy lindo que te va a gustar mucho. O bien, vamos a leer un cuentito muy lindo que nos va a gustar mucho. con esa primera persona del plural falsamente inclusiva, ahora hacemos silencio, ahora guardamos cada cosa en su lugar, que se usa tanto en los jardines de infantes, que a mí siempre me impresiona y que da a entender algo vagamente semejante a ustedes y yo somos lo mismo. Mi deseo es el deseo de ustedes. Cuando se avanza así sobre el deseo de otro, también se está invadiendo el territorio de las primas. Y de una manera especialmente perniciosa, porque al anular la posibilidad de la resistencia, al dar por terminada la lucha antes de que la lucha empiece, la lectura se pincha, el lector se desanima, que no le quedan ganas de salir a buscar locas plumas, se le enfrió el deseo, solo le queda el consumo. Lo más interesante de esta variante de intervencionismo es que aquí el control, El ordenamiento previo toma el aspecto de libertad. Hay que darles de leer lo que les gusta, el género que les gusta, por ejemplo. Si quieren terror, les damos terror. A los chicos les gusta el humor, quieren reírse todo el tiempo. Los niños quieren que los cuentos sean cortitos, si son largos no los leen. Los niños quieren que tengan mucho diálogo, les gusta que haya acción, que tengan las descripciones. Los niños que practican el fútbol prefieren cuentos con futbolistas. Bourdieu, en ese mismo artículo que mencionaba antes, dice que en una relación de fuerza, la fuerza es tanto mayor cuanto más disimulada está. Eso no quiere decir que el adulto tenga intenciones abiertas, sus intenciones pueden ser excelentes. Y por otra parte, el adulto, pobres nosotros los adultos, no hacemos sino reproducir un orden muchas veces, un estado de situación que nos trasciende. Me refiero a los efectos. La exaltación del gusto convertido en ley y el creer que uno siempre sabe lo que le gusta al otro es un intervencionismo particularmente perverso y enfermizo para el doctor, ya que tiende a desfocarlo de su propio deseo que tal vez tomaría por un atajo diferente y a ella opciones rarísimas y por completo fuera del parámetro de las bien intencionadas producciones. Las editoriales que se interese siempre vender más no se atreven por lo general a contradecir la legislación de lo apropiado y se sirven del gusto, la costumbre o la moda, quizá otra forma, para orientar su producción. Y de esa manera, al evitar la disonancia, al huir de lo raro y lo azaroso, ayudan a consolidar los carriles. Hay otra forma de intervención más extrema aún que las anteriores y más técnica, que por lo general está asociada al conocimiento, al saber, la escuela o la academia, y es la de la interpretación previa. Aquí ya no se trata de vigilar las compañías del doctor, evitando que se desvíe de la buena senda, ni de avanzar sobre su deseo explicándole lo que en realidad le gusta, sino que se trata directamente de leer por él, de suplantarlo, decirle cómo se debe leer lo que está leyendo, cuál es el recorrido que debe hacer dentro del sexo, qué debe entender, qué debe privilegiar y cuál es el significado último. Esta intervención toma a veces formas flagrantes y burgas, como cuando se anticipan las claves o se habla de lo que una imagen simboliza antes de que la imagen aparezca, o se desmonta el texto pieza a pieza en una especie de insensata autopsia, o se lo reduce o se lo gloja. Otras veces la intervención se oculta detrás de opciones o preguntas motivadoras, aparentemente abiertas, pero excitantes, que inducen suavemente a la interpretación de sí. alertar contra la invasión de la interpretación previa puede llegar a descorazonar a muchos maestros que también supongan que si se retiran de ese territorio o al menos prometen no avanzar más allá de lo prudente, no les va a quedar nada para hacer a favor de los lectores, que no hay ninguna forma de intervención sana. Y no es así. Un maestro o un lector abezado tienen mucho que hacer por un lector más novato. Por ejemplo, pueden enriquecer los recorridos remitiendo el texto en cuestión a otros textos, acercándole otras historias, otras imágenes, volviéndolo, por así decir, foroso. Yo querría decirles que imagino lo que habrá sido para esos alumnos de Gregorio de las Ferreres, porque conozco muy bien el lugar al que se recibió Ani, que habrá sido para esos chicos recibir un libro de arte, por ejemplo, o por ejemplo asistir a un museo. Es algo revolucionario en un lugar así. Eso le va a dar al lector nuevas armas, mejores recursos, lo va a volver más sabio, más culto, con más capacidad de maniobra, más perspectiva. Otra cosa que se puede hacer, que también me parece excelente, es escuchar al lector, darle la palabra, aunque se trate de un lector incipiente, y de esa manera permitir que sus lecturas, la lectura personal, la interpretación a veces rarísima, se muestre, se despliegue. Puede dar lugar a la discusión, a la polémica. Eso va a reforzar la lectura de cada uno, ya que al lector le hace bien la pelea, al lector le hace bien la pelea, la resistencia. Se trata en fin de multiplicar los caminos, los atajos, las picadas. Exactamente lo contrario de reducir los caminos a una única avenida, la de la interpretación oficial, la interpretación correcta. En todo caso, quien se interese por la lectura y sobre todo por quienes leen, por el destino personal de cada uno de esos lectores concretos que tiene uno delante, podría empezar por hacerte preguntas que es un comienzo mejor que el de la respuesta o el precepto. ¿Cuáles son las condiciones óptimas para la lectura, para la experiencia personal de la lectura? ¿Qué formas de organización, de acciones políticas y actitudes, que bienes materiales auspician la práctica del lector o no la entorpecen al menos? ¿Cuál es el espesor óptimo que tiene que tener la trama que sostiene esa aventura personal? ¿Cuál es el límite de las intervenciones? ¿Cómo es posible sostener y acompañar sin dirigir? ¿Cómo auspiciar el recorrido sin adelantarlo con una línea de puntos? Son preguntas históricas y concretas, no son preguntas abstractas y no tienen una única respuesta, ni siquiera tal vez tienen respuesta. Cada uno y en cada circunstancia tendrá que volver a hacérselas. Un escritor se hace las mismas preguntas acerca de su trabajo. ¿Cuáles son los límites de la aventura personal? ¿De qué manera está uno condicionado por el orden que lo rodea? ¿No estará uno intervenido en darse cuenta? ¿Dónde está mi ogro y dónde están mis plumas? ¿Es tan fácil perderse, dejarse llevar? También en la escritura, que como se sabe no es sino otra forma de la lectura. También allí son saludables lo raro y lo azaroso También en la lectura es cierto que lo demasiado sensato, lo demasiado eficaz y previsible, lo de poco riesgo pueden acabar con ellos También al escritor le es útil saber cuáles son sus condiciones, volver visible la trama Luis Caro le escribió además de las dos alicias, que son las que solo sobrevivieron Una novela que pocos recuerdan hoy, se llamaba Silvia y Bruno. En Las Alicias, sobre todo en Alicia en el País y las Maravillas, la primera, es donde el juego es más literario, menos filosófico, va desmontando de a poco las lecturas previas de la protagonista. Una niña muy correcta. Lo raro y lo azaroso regulan el mundo subterráneo. y los recursos con que cuenta Alicia no le alcanzan para volverlo más sensato. Echa mano a sus lecciones de fotografía, sus recomendaciones de buenos modales, sus cuentos acerca de niñas como ella, pero no les sirve de mucho. Allí adentro todo se devuelve en contra y solo consigue abrirse paso cuando acepta la rareza y sobre el final del libro juega y sacude el cabello. Carol concibe esa metamorfosis de Alicia mediante recursos literarios como la homofonía, los juegos de palabras que funcionan siempre como santadillas, mediante situaciones absurdas, los imposibles como el gato que es pura cabeza, mediante la irrupción de situaciones incómodas, eso es muy interesante en Alicia. Alicia siempre está incómoda, es demasiado grande, demasiado chica, está mojada, no sabe dónde sentarse, Es retada y puesta en evidencia por todo el mundo ahí abajo. Y juntando todo tipo de imaginarios raros. Y por la presencia constante y el azar. La casualidad. El perderse para encontrar. En Silvia y Bruno, en cambio, Carol quiere decir algo. Tiene un mensaje. Y un mensaje apropiado. Se multiplican los trucos, hay juegos de palabras, hay situaciones desconcertantes. pero allá adentro nada en verdad que muere. Todo está previsto de antemano. Hay demasiadas garantías. Es fácil ver dónde, de esta historia, fue donde Carol encontró sus plumas. Las del cuento de Calvino son cuatro y sirven para resolver cuatro enigmas. Uno de ellos es un enigma muy famoso, el enigma del barquero, que en este caso está reducido a su forma más limpia. El barquero está condenado a remar de una orilla a la otra orilla del río trasladando pasajeros, pero no consigue abandonar la barca. Está entrampado, envuelto en un gran malentendido y siente que no hay salida. El héroe lleva a los cuatro enigmas a la cueva del ogro. Persefone, la muchacha, le promete ayuda y cumple con la promesa. Cuando el ogro se duerme, le va arrancando las plumas, una a una. El ogro siente el tirón y se quede. La joven aprovecha entonces para plantearle un enigma, que el ogro entre sueños resuelve. Cuando le llega el turno al enigma del barquero, dice el ogro que la respuesta es fácil. Basta con que el barquero consiga que alguien suba a su barco, que reme luego como hace siempre. Al alcanzar la orilla, deberás saltar a tierra y dejar al otro con los remos en la mano. Y es lo que pretendo hacer aquí en este mismo momento. Saltar de la barca y dejar que sigan remando. Gracias.
SISTEMA
NTSC
DOCUMENTO_DIGITALIZADO
Sí
FECHA_INGRESO_ENTREGA
22/11/2004
CODIGO_BARRAS_LTO
BWF481
BARRA
Divulgación
TEMPORADA
24
CONDUCCION
Daniel Goldin Editor del Fondo de Cultura Económica
TEMA_CONTENIDO
Promoción de la lectura y la literatura
FECHA_GRABACION
19/11/2004
LOCACION
CLASIFICACION
A
IDIOMA_ORIGINAL
Español
REALIZACION
Raúl Maldonado Alvarado
PRODUCCION
María Enriqueta Godoy Mendoza

