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CUID
M-20178
SUBTITULO_SERIE
FILIJ 35
SINOPSIS_SERIE
De qué manera potenciar la creatividad y la imaginación infantil a través de los libros, que despiertan curiosidad, enriquecen el lenguaje y favorecen la reflexión. Se explora cómo la lectura en familia fortalece los vínculos afectivos y promueve el deseo de descubrir ideas, historias y nuevos mundos. El contenido también aborda el papel de mediadores, espacios culturales y prácticas cotidianas que facilitan el acercamiento temprano a los libros, así como diversas perspectivas sobre la importancia de crear en el hogar un entorno que impulse el desarrollo intelectual y emocional de niñas y niños mediante la lectura
EXTRACTO_SERIE
Exploración de cómo los libros impulsan la imaginación infantil, fortalecen la lectura en familia y crean entornos que favorecen el desarrollo emocional e intelectual de niñas y niños
TITULO_PROGRAMA
SUBTITULO_PROGRAMA
Ana María Machado (Brasil)
SINOPSIS_PROGRAMA
La literatura infantil desde sus raíces pedagógicas y domésticas hasta su transformación en un espacio de imaginación, libertad y construcción de sentido. Se explora cómo los relatos orales, la lectura en familia y la escuela han moldeado la relación de los niños con los libros, así como los cambios culturales que han ampliado su alcance. También analiza el caso brasileño, donde políticas públicas impulsaron el acceso equitativo a la lectura, mostrando cómo los libros pueden convertirse en un puente entre generaciones y en un derecho fundamental para el desarrollo social
EXTRACTO_PROGRAMA
Reflexión sobre la literatura infantil como herramienta de imaginación, vínculo familiar y derecho social, y sobre cómo la escuela y las políticas públicas pueden ampliar el acceso de la niñez a los libros.
N_PROGRAMA
2
N_TOTAL_PROGRAMAS
19
DURACION_TOTAL
00:48:39:09
PARTICIPANTES
Ana Maria Machado, escritora y periodista
Daniel Goldin, editor, bibliotecario y escritor
SEMBLANZA_PARTICIPANTE
Ana Maria Machado
Escritora y periodista brasileña cuya trayectoria abarca más de cien libros publicados y traducciones a numerosos idiomas. Inició su carrera como pintora y trabajó en medios como Elle y la BBC antes de consolidarse en la literatura infantil y juvenil, donde obtuvo reconocimientos como el Premio Hans Christian Andersen (2000) y el Premio Iberoamericano SM (2012). Ha ejercido como editora, librera y profesora universitaria, y es miembro de la Academia Brasileña de Letras, institución que presidió entre 2012 y 2013
Daniel Goldin
Editor, bibliotecario y escritor mexicano reconocido por su labor en el fomento de la lectura y la edición de libros infantiles y juveniles. Ha dirigido proyectos editoriales de gran relevancia, creó colecciones influyentes y fue director de la Biblioteca Vasconcelos entre 2013 y 2019
TIPO_ACTIVIDAD
DISCIPLINA
PALABRAS_CLAVE
Artes visuales | Cuento | Edición de textos | Enseñanza de la lectura | Escritor | Escritora | Escritura creativa | Humor (literario) | Ilustración | Lectura | Libro para niños | Literatura | Novela | Selección de libros
TRANSCRIPCION
Gracias por ver el video. también, de darla a conocer y de acompañarla en muchos lugares. Ana María Machado es una de las protagonistas esenciales de la literatura iberoamericana, por eso ha recibido, entre otros, el reconocimiento del premio SM. ha también recibido el premio Andersen, que es uno de los premios más importantes o el premio más importante en la literatura infantil y juvenil en el mundo. Ana María Machado es por familia y por ella misma una persona que tiene en su sangre y que tiene en su vida los distintos oficios relacionados con el mundo del libro y la lectura y la escritura. Es hija de una maestra y de un periodista. Su abuela fue analfabeta, pero fue una gran narradora y después aprendió a leer y escribir, hay que decirlo precisamente. Por las palabras, por las palabras escritas, por las palabras pensadas, por las palabras leídas, Ana María tuvo que salir en algún momento de su país y, entre otras cosas, culminar su doctorado, ni más ni menos que con un tal Rolando Bartz, y con Humberto Eco también. Ana María es, lo dije ya, autora, escritora de libros para niños y jóvenes, pero también es autora de libros y novelas para adultos. Es además de creadora literaria, es ensayista, es traductora, ha sido editora, ha sido librera también. De una u otra forma conoce prácticamente todos los oficios relacionados con el mundo del libro y la lectura. Hay muchísimas formas de presentarla. Yo quise tratar de pensar así cuáles son para mí la forma más idónea para presentarla. Y pensé en que debía decir algunas cosas que parecen obviedades. Pero debía decir que Ana María es una mujer. Debería decir que Ana María es brasileña. Debería decir que Ana María es una persona a la que le gusta pensar, que piensa con intensidad, que lee y escribe con intensidad y que le gusta pensar, leer y escribir en contra del lugar común y a favor del lugar común. En contra del lugar común, de ese lugar que se va cristalizando a través de las palabras que se dejan de pensar y que se empiezan a repetir. Y que son aquellas fuerzas que nos determinan a permanecer en un mundo tal como es. Y por tanto hay que pensar en contra de ellas, sacudirlas, utilizarlas. Todos ustedes que han leído algunos de sus libros saben a lo que me estoy refiriendo. Y a favor del lugar común, porque ese lugar común no deja de ser una aspiración, un lugar en el que todos podamos estar. Parece que ese lugar debería ser el mundo, pero toda vez y todos los días sabemos que ese lugar común que debería ser el mundo, en realidad es un lugar en el que muy pocos pueden gozar, muy pocos pueden estar y sentirse a gusto. Y Ana María jugando en contra de los lugares comunes, utilizando las palabras, utilizando el pensamiento, lucha de formas bastante diferentes para que ese lugar común sea un lugar habitable para muchas personas, particularmente para niños en todo el mundo, en Latinoamérica, en Brasil, su país de origen, y sea darles la oportunidad de crecer, darles la oportunidad de ser protagonistas y darnos la oportunidad de que sean nuestros interlocutores. Ana María, no es la primera vez que vienes a este seminario. Me da muchísimo gusto que estés aquí una vez más. Sé que de los casi o más de 100 libros que tienes publicados, 80 de esos libros están traducidos. Muchos de ustedes los podrán encontrar ahí afuera. Me da muchísimo gusto una vez más acompañarte, recibirte y presentarte. ahora me bajo y después subo gracias Ana María por estar acá antes de empezar la parte concreta más intelectual que es lo que me invitaron para venir aquí a hacer y para eso vine yo quería empezar con algunas palabras que son más bien del corazón de afecto de agradecer a los que me invitaron y me trajeron a México una vez más. Es un país del cual yo soy absolutamente enamorada desde la primera vez que vine en los años 60 con mis papás y después, muchas otras veces, siempre buscando conocer más esa densidad que tiene México, siempre con la sensación de que me falta tanto para llegar todavía más cercano de toda la riqueza que tiene la cultura mexicana. Y es verdad también lo que dijo Daniel, que yo ya vine antes a este seminario, ya vine antes a esta feria, y siempre con mucho gusto, y agradezco que me hayan traído otra vez. Les agradezco a todos ustedes que están aquí, que me leen, Y agradezco muy especialmente a Francisco Hernández Áviles, que ha hecho la traducción de mi texto que yo envié en portugués y que se ha transformado en algo que puede ser comprendido mejor por él. La literatura infantil se ha visto siempre envuelta en circunstancias que aluden al adjetivo que completa la oración, infantil. Muchas veces, incluso, las personas dejan completamente de lado el sustantivo que es el meollo de esa expresión, literatura, y al examinarla tienden a concentrarse solamente en infantil. Es comprensible que esto suceda, pero también es engañoso, ya que atribuye una importancia exagerada a aspectos secundarios y circunstanciales por el hecho de ser más visibles. Tradicionalmente siempre fue así Las historias para la niñez siempre estuvieron asociadas con el ambiente doméstico y familiar O con la atención pedagógica y escolar Los grandes paradigmas del género establecieron esa tradición Entre los clásicos, las fábulas de Esopo y Fedro Así como sus versiones más tardías en la labor artística de La Fontaine se encargaron de establecer los cimientos del género en esas historias cortas con objetivos didácticos. Una de sus características era que se acompañaban de enseñanzas cuya moral explícita, sobre todo cuando se adaptaban para los niños, muchas veces valorizaba más la lección superficial de la buena conducta y dejaba en segundo plano la reflexión filosófica, la forma estética del poema, y el arte literario, que también estaban intensamente presentes en su concepción y eran olvidados. Así, el género se fue desarrollando, rodeado de atribuciones pedagógicas y didácticas, y se quedó vinculado a ellas. Eso se puede observar desde los más antiguos libros impresos para ese público. a partir del primero del género, El mundo en imágenes, de Comenius, en 1658, que resultaba bastante innovador en relación con los modelos pedagógicos de la época, con su propuesta de revelar el mundo y buscar mezclarlo con la participación activa del lector o con elementos de la fantasía. A su vez, los cuentos de hadas y los relatos populares en general, Cuando comenzaron a ser reunidos en antologías para ofrecerlas a los niños, quedaron tan asociados a situaciones de historias domésticas que incluso los títulos de esas colecciones se presentan como obras relacionadas con la familia, los parientes o el hogar, como cuentos de mamá oca, cuentos de niños y del hogar, cuentos de la abuela, etc. Las intenciones didácticas se confirman desde los primeros libros escritos expresamente para niños. En general, tenían como objetivo la educación de los hijos de los nobles. Ese es el caso del propio La Fontaine, cuya obra se destinaba al delfín, quien tenía cinco años, o de la obra de Fenelón, preceptor del nieto de Luis XIV, que en sus aventuras de Telemaco parte de la historia del hijo de Ulises, para crear 16 volúmenes de una búsqueda imaginaria en que el joven Telemaco, ayudado por mentor, un adulto, viaja en busca de su padre. En ese proceso de viaje y búsqueda, el autor acaba incorporando en su obra algunos temas que en poco tiempo serían típicos de la literatura infantil, como señala Marx Oriano. Es comprensible que las cosas se pasan de esa manera. Aunque hoy sepamos, como lo demostró Philippe Ariés, que es muy reciente históricamente la idea de infancia, niñez, como una etapa particular de la vida humana, también es innegable que esa noción se limitaba al universo del ambiente doméstico en que los niños vivían inmersos, antes de la propagación de la escolarización y de la imprenta, más popular en el siglo XIX, y principalmente antes de la revolución tecnológica del siglo XX, provocada por los descubrimientos en el área de la comunicación de masas, por la difusión de imágenes y por su incorporación a la cotidianidad. Aquel era un mundo bastante limitado y cerrado dentro de esas consideraciones, que se aceptaban ampliamente como parte de la experiencia de vida de cada persona y de su horizonte de socialización. En ese panorama, los relatos orales que componían la literatura popular desempeñaban un papel importante. Una de las pocas oportunidades para romper los límites de ese mundo restrictivo y expandir su espacio era precisamente a través de las palabras que trajeran un estímulo a la imaginación configurado por narraciones que se alimentaran de la lectura o de haber escuchado relatos de alguien que había viajado y conocido otros lugares. Con frecuencia, tales relatos mostraban lugares fabulosos, donde podían suceder cosas fantásticas y sorprendentes. contrarias a la lógica de lo cotidiano. Animales que hablan, alfombras que vuelan, objetos que se transforman en otra cosa, una planta de frijol que crece hasta las nubes, personas que resucitan como si despertaran de un sueño, cavernas que se abren y se cierran al sonido de palabras mágicas, casas hechas de dulce y otras tantas maravillas. Pero en la mayoría de estas situaciones, los personajes de esa casa imaginaria creada por la lectura, que se abre en cada había una vez, como eficazmente estudiaron Graciela Montes y Yolanda Reyes, continuaban ligados entre sí por lazos familiares muy similares a los que el niño vivía en su experiencia diaria. Su padre, madre, hermanos, abuelos, madrastas, podían estar en escenarios fabulosos o en situaciones de aventura, pero guardaban una gran semejanza con el pequeño que escuchaba o leía la historia. Igual que los personajes, el niño que leía o escuchaba sus cuentos también convivía con hermanos que tenían celos, lo mortificaban todo el tiempo, querían su juguete, pero aún así podían ser sus cómplices. O con padres fuertes y amenazadores como gigantes poderosos, que podían ayudarlo como si fuese un genio o liquidarlo como si fuera un dragón. O con madres que los protegían y resolvían mágicamente todos sus problemas, le daban órdenes o lo amenazaban con castigos. En resumen, tal y como el niño, lector u oyente, Los personajes de los cuentos populares vivían rodeados de familiares que podían abandonarlo en cualquier momento, de parientes que lo trataban como si fuera un tonto, de una familia que de manera alternada era capaz de resolver sus problemas con sabiduría o de enfrentarlo con su fuerza. O también oscilaba emocionalmente entre una madrastra perversa y una hada madrina generosa, ambas encarnadas en la misma madre. De esta forma, era fácil para el niño identificarse con algún personaje si la historia le presentaba a alguien que pudiera identificar como su semejante, o que le diera la oportunidad de salir de sí mismo para vivir en el territorio de su deseo o de su miedo, donde pudiera proyectarse en otro que encarnar elementos que reconociera en sí, pero que prefería no admitir como la posibilidad de vencer y matar a monstruos y a enemigos. Desde Freud, y sobre todo desde Jung, estos aspectos han sido ampliamente estudiados y abordados por especialistas como Marie-Louise von Franz, Joseph Campbell, Bruno Bettenheim, Jack Zibes, Sheldon Cashlin y tantos otros. No es el caso enumerarlos ahora. Basta apenas mencionar su importancia psicanalítica y antropológica, innegable y convincente a partir de la profundización realizada por estos estudios. También es interesante observar otro aspecto y revisar cómo tradicionalmente se daba el encuentro entre esa literatura y el niño. Dentro de ese esquema social de situación de contacto con las narrativas, hay varios relatos de lectores que evocan directamente la relación entre la lectura de cuentos y sus recuerdos familiares. me gusta especialmente una remembranza de Daniel Golding que debía estar en mi mano derecha pero se fue a sentar de Daniel Golding hay respecto en el libro los días y los libros en que el autor parte de su memoria personal pasa por un registro de experiencia y termina por formular una hipótesis amplia y fecunda La memoria le provoca que recuerde de cómo su padre lo introdujo al mundo de la lectura. Y yo cito. Mi padre nos leía una hermosa edición del libro de las Tierras Vírgenes de Rudyard Kipling. Era un libro empastado en tela verde, con pocas ilustraciones. De la trama de esa obra, retuve también muy poco. En cambio, se me grabaron los nombres de los personajes. Aquela, Mowgli, Ka. Siempre fue una lectura compartida por mis hermanos. Quizá por eso tuvo tanto peso. Era como una ceremonia en la que pactábamos un armisticio para escuchar a mi padre. Hoy pienso que no solo me gustaba el relato. Me encantaba sentir a mi padre de otra forma, consagrado a nosotros. Al leer en voz alta, su presencia se expandía hacia un territorio inhóspito, lejano y tentador. Su figura crecía aún más porque intuía que nos leía algo que para él era importante por alguna razón que nunca explicitaba y que, como tantas otras cosas, se llevó a la tumba. Su voz nos abrigaba, sin desvelar el misterio que siempre lo acompañaba, nos trasladaba a su silencio y lo hacía habitable. Fin de citación. Hay testimonios igualmente nítidos de otros autores sobre esas memorias o impresiones de lectura de los padres. Yo misma he contado más de una vez cómo fui marcada por los relatos orales de mi abuela, pero también por la lectura de Robinson Crusoe y de Don Quixote, que mi padre nos hacía, a su manera, saltándose partes, explicando palabras y situaciones, comentando las ilustraciones. George Steiner recordaba que muchas veces su padre le leía fragmentos de Homero, leyendo y releyendo año tras año a lo largo de su infancia. Buscaban palabras en el diccionario, escogían algunos versos para aprendérselos de memoria y finalmente un día hubo una sorpresa. En sus propias palabras, las de George Steiner, y yo cito, ¿qué es lo que iba a aparecer en la mesa de mi cabecera cuando regresara a mi cuarto? Fui corriendo y encontré mi primer Homero. Tal vez, en ese momento, todo lo demás fue solo una nota a pie de página. Marcel Proust recuerda el placer que sentía cuando su madre le leía. Aunque no fuera una lectura fiel y se saltara todas las escenas de amor, era una lectora admirable, dice él, entre comillas, una lectora admirable por el respeto y la simplicidad de la interpretación, por la belleza y la suavidad en el tono, comillas. Yo podría continuar con varios ejemplos, pero bastan esos testimonios para ilustrar la importancia de ese encuentro de la lectura familiar, independientemente de época o de la sociedad en que se da. A esta altura, quiero hacer como un paréntesis y mencionar el hallazgo de un libro fascinante de una mexicana, Evelyn Arispe, junto con una galesa y una inglesa, creo. Morag Stiles y Shirley Bryce Heath. La obra estudia y analiza una hermosura en el campo de los libros infantiles. Probablemente la primera biblioteca infantil en inglés. Un acervo encontrado en una vieja caja dentro de un armario en un tercer piso de una mansión integrado por 438 volúmenes pequeñitos. Yo he visto las fotos, piezas únicas creadas para sus hijos por una mujer llamada Jane Johnson, que vivió del 1706 a 1759. En este libro, las autoras relatan el descubrimiento de las obras, las examinan con atención e incluyen decenas de imágenes que ilustran su investigación. Yo no dije el título del libro porque lo tenía en pie de página y no leí, pero solo existe en inglés. Se llama Reading Lessons from the 18th Century, Mothers, Children and Texts, Lecciones de Lectura del Siglo XVIII, Madres, Niños y Textos. Entonces, ¿cómo eran esos libros? En ese libro, entonces, las autoras relatan el descubrimiento de las obras, las examinan con atención e incluyen decenas de imágenes que ilustran su investigación. Eran libritos artesanales, hechos a mano con mucha dedicación, uno por uno. Muestran cómo esa madre se preocupaba al mismo tiempo de divertir a los hijos y de dar lecciones, tanto de conocimientos prácticos como de valores morales. En esa escala doméstica, estaba haciendo algo semejante a lo que Madame Dallnour había hecho con su colección de tres volúmenes publicadas en 1720, que es más o menos la misma época, y a lo que una institutriz de niños ingleses, Madame Leprince de Beaumont, haría un poco más tarde al publicar sus revistas para niños y niñas, que después transformaría en libros a partir de 1750, con la inclusión de la historia La Bella y la Bestia, eterna celebración del amor filial y paterno, paralelo al tema de los cielos de las hermanas. Era un motivo de época, de alguna manera, que algunas mujeres empezaron a hacer libros solo para niños, Ya no eran más tanto de la nobleza esos, no eran de la aristocracia, eran más bien de la burguesía, pero todavía de familias ricas y que tenían esos libros exclusivos o una especie de club de lectura que empezaba a existir con esas revistas, sobre todo en el caso de Madame Del Noy y Le Prince Poetant. Inserto en ese panorama más amplio, el testimonio de Daniel Golden acerca de sus memorias de lectura confirma una tendencia, por eso lo he traído, no señala una excepción. Lo que lo torna excepcional es el seguimiento que el autor da a ese recuerdo después de evocarlo. En otro texto de su libro, el autor asocia los libros con la paternidad. Revive de manera emotiva y racional la intensidad del primer encuentro con su hija recién nacida, un hecho que lo transforma profundamente y da origen a un nuevo ser aún inexistente, un padre, el papá, un extraño para sí mismo. Alguien que surge en aquel instante, que también acaba de nacer. Una imagen sujeta a infinitas interpretaciones, una nueva escritura en construcción, con nuevos senderos hacia el mundo, susceptible de incontables lecturas. Golding suma a ese renacimiento sus memorias siguientes, el recuerdo de leerle a la hija, reencontrando al padre que a su vez le había leído y estableciendo un hilo entre generaciones en una cadena que se pierde en el tiempo. No siempre el gusto particular de alguien coincide con el de otro. Los territorios de ese encuentro son generosos, ya que suministran un almacén de vivencias, aunque también sean inconstantes y sujetos a transformaciones. Tal vez al mismo tiempo deba apostarse por esa capacidad que tienen las historias y la poesía, transmitidas por medio de la lectura o del relato oral. Tienen el don de acoger y proteger a ese recién llegado, frágil y desamparado, contra los eventuales peligros que lo amenacen escondidos en la oscuridad. Esa es la tentadora hipótesis que Daniel Golding nos ofrece a partir de los recuerdos de las lecturas familiares, la de que la lectura pueda ser hospitalaria, un regazo materno, un abrazo paterno, un cuidado fraterno, Una casa que da refugio a los que llegan y que ofrece protección, donde cada uno se puede fortalecer y reanimar frente a las exigencias del mundo, donde nunca estamos solos, abandonados o desamparados, ya que siempre vivimos en compañía de los lectores que nos han precedido y de los personajes que habitan ese universo, una vasta familia humana. De cualquier modo, los ejemplos de recuerdos de lectura se multiplican y confirman que el ambiente familiar y el mundo escolar siempre estuvieron asociados en los libros para niños. En los países desarrollados de manera general, pronto fue posible asistir a un proceso en el que esos dos universos se complementaban, debido a la fuerte escolarización de los niños y al énfasis en la alfabetización, en principio más dirigida a los niños, pero que poco después también alcanzó a las niñas. Es evidente que había diferencias enormes según la clase social. De cualquier manera, la preocupación de la sociedad por enseñar a leer e incentivar a las escuelas contribuyó para que los espacios donde hubiera libros para adultos tuvieran en los centros educativos alguna forma de apoyo para niños y una continuación del ambiente lector fuera de sus límites puramente familiares. Posteriormente, muchas de esas sociedades también estimularon la expansión de un sistema de bibliotecas públicas que ayudó a incrementar el acceso a los libros y a impulsar la lectura. En los países en desarrollo, sin embargo, fue raro que eso ocurriera. En el caso específico de América Latina, por ejemplo, son enormes las diferencias existentes entre un país y otro. Por citar un par de casos, Argentina y Uruguay lograron alcanzar altos índices de alfabetización, incluso desde el siglo XIX. Otros países, como Brasil, mantuvieron elevados índices de analfabetismo hasta una época muy reciente. Apenas en los últimos 20 años conseguimos en Brasil garantizar un lugar en las escuelas para 98% de los niños en edad escolar y con una calidad de educación aún bastante precaria. Es de ese caso brasileño del que voy a hablar con más detalle por ser el que conozco y puedo compartir con ustedes. Esta circunstancia ocasiona que en el contexto brasileño exista un esquema de características particulares en lo que se refiere a la relación entre los niños y los libros. Como lo dije, apenas en las últimas dos décadas se han logrado que casi todos los niños y niñas ingresen a la escuela. Eso significa que sus familias, en su mayoría, no fueron a la escuela y no convivieron con los libros. Y tampoco la familia de la mayoría de los profesores maestros. Por eso, el peso de la influencia familiar sobre la lectura infantil, aunque numéricamente importante en relación con el universo de lectores, es al mismo tiempo reducido en relación con el total de la población. Es decir, hasta muy recientemente, quien leía en la sociedad brasileña, generalmente era producto de familias que tenían una cierta intimidad con los libros. No necesariamente en las clases acomodadas, pero por circunstancias distintas, debido a la existencia de excelentes colegios públicos o instituciones de enseñanza religiosa que también cumplían con los programas oficiales obligatorios. Esos centros escolares ayudaron muchas veces a propiciar condiciones de ascensión social por medio de la educación y de oportunidades de la lectura. Y hay innumerables ejemplos de ese proceso, pero siempre fueron insuficientes para las necesidades del país, además de que el sistema de bibliotecas públicas en Brasil siempre dejó mucho que desear. En la segunda mitad del siglo XX tuvimos una dictadura militar en Brasil que duró 21 años, lo que nos dejó de herencia una hiperinflación que a su vez inmovilizó y convulsionó los primeros años de redemocratización a finales de la década de 1980. Solamente a partir de mediados de la década siguiente, cuando se logró la estabilidad de la moneda, fue posible arreglar la casa y comenzamos a ocuparnos de los verdaderos problemas de una sociedad muy desigual, a buscar mecanismos de redistribución de la riqueza y a garantizar el acceso igualitario a los servicios básicos. En ese panorama se presentó un incremento de lugares en las escuelas públicas y también la preocupación de que en todas esas escuelas hubiera una biblioteca escolar o una sala de lectura y que esas salas contaran con buenos libros para niños, variados, escogidos de forma plural, democrática y libre por especialistas de todo el país. A final de cuentas, en sociedades como la nuestra, le corresponde a la escuela pública el papel de igualador, con la responsabilidad de disminuir esa desigualdad, dando las mismas oportunidades para todos. Es este un papel fundamental que se suma a la función de intercambio, diálogo y alternancia de ideas que toda escuela debe tener siempre y que caracteriza a una institución escolar en las democracias. En ese esquema histórico y político, desde el inicio fue posible poner mucha énfasis en la calidad de esa literatura infantil y en la multiplicación de su acceso. Muchas veces en condiciones físicas muy precarias. Vale la pena ver más de cerca cómo fue que ocurrió eso. La primera etapa tuvo que ver con la calidad de los textos en sí. Existen buenos estudios acerca de ese aspecto. Si hay interesados, puedo remeterles a las obras de Marisa Lajolo, Rezina Silberman, Laura Sandroni, Gloria Pondé y otros. Yo misma he hablado y escrito mucho sobre ese fenómeno brasileño, que fue conocido como el boom de la literatura infantil de los años 70. No voy a repetirlo aquí. Basta mencionar dos de sus principales aspectos. Por un lado, consistió en la conjunción de una generación que en su infancia había sido lectora de la extraordinaria obra de un pionero de excelente calidad y vasta producción, Monteiro Lobato. Por otro lado, con la represión ejercida por la dictadura brasileña sobre la creación intelectual de 1964 a 1985, muchos artistas de otras áreas se vieron impedidos para seguir expresándose libremente en sus sectores de actividad, por lo que se acercaron a la literatura infantil. un sector cargado de lenguaje simbólico y de múltiples significados, y eso no llamaba demasiado la atención de las autoridades policiacas. Lo importante es que eran artistas talentosos que no provenían de los espacios escolares, no se preocupaban con lecciones, no querían dar consejos. Paradójicamente, en tiempos de la dictadura, crearon una explosión de libertad con mucho humor, irreverencia, sensibilidad poética, audacia en el lenguaje y calidad narrativa. Eran muchos y produjeron muchos y muy variados textos. Los lectores rápidamente se dieron cuenta de eso y se asumieron como un público fiel y en expansión. Las editoriales los descubrieron, publicaron en revistas, por ejemplo, y buscaron publicarlos en libros. Para dimensionar más esa obra, se procuró el estímulo a ilustradores de calidad y al mejoramiento de sus equipos gráficos. Asimismo, se preocuparon del proyecto visual de los libros. En ese proceso, al final de la dictadura, había una oferta de muchos libros de calidad. El problema entonces era lograr que llegaran a los niños de todas partes en un país inmenso y con escasos recursos. Entonces, la sección de Libre Brasileño, la Fundación Nacional del Libro Infantil y Juvenil, tuvo la idea de un proyecto que se llamaba La Ciranda de Libros, La Ronda de Libros, en la cual se convocaba a la iniciativa privada para intentar establecer un embrión de bibliotecas escolares que el país no tenía. Durante cuatro años seguidos, este proyecto distribuyó cuatro colecciones de 15 títulos cada a 30.000 escuelas públicas de provincia. Los libros iban acompañados de manuales para los profesores y un lienzo de plástico transparente con una bolsa para meter cada libro, que podía ser colgado en cualquier pared, incluso en una escuela pobre y lejana. El gobierno colaboró proporcionando el listado de las escuelas públicas existentes y el franqueo postal para que el correo pudiese hacer esa entrega. Y no es poca esa colaboración, saber todas las escuelas, saber dónde están y hacerles llegar gratuitamente por correo. Una multinacional de la industria química, Hösch, costeó el proyecto. Una televisión privada patrocinó la visibilidad a través de publicidad gratuita durante cuatro años. Publicidad gratuita del proyecto. Los editores, autores e ilustradores colaboraron cediendo parte de su remuneración para posibilitar el programa. La Fundación del Libro Infantil seleccionó los títulos, se encargó de orientar a los profesores y se encargó también del acompañamiento y cumplimiento de las diversas etapas. Como esa ronda de libros fue un éxito, se comprobó que era posible hacer algo todavía más ambicioso y completo en ese renglón, utilizando el sistema escolar para lograr que el libro pudiera llegar a los niños. Enseguida, con la democratización y la estabilización de la moneda, el gobierno aprovechó la ocasión para aumentar la experiencia y transformarlo en algo más duradero. Primero, creó un programa nacional de bibliotecas escolares, yendo mucho más allá de aquellas cuatro bolsitas transparentes colgadas en la pared. Enseguida, dentro de ese programa que continúa hasta hoy, aunque haya sido suspendido en los últimos meses y que cumple casi 40 años, creó también el proyecto Literatura en mi Casa, dando un paso para entrelazar la lectura, la escuela y la familia. En esa etapa de literatura en mi casa, cada alumno de las escuelas públicas del país, al concluir su enseñanza básica, recibía un paquete con cinco títulos diferentes para que se los llevara a su casa. Era suyo. Cada grupo de alumnos, cada clase, tenía seis paquetes diferentes para escoger, con un total de 30 títulos distintos por año. Seis paquetes de cinco títulos cada. La escuela recibía entonces algunas colecciones de ese paquete para actualizar su biblioteca o sala de lectura, además de lo que era distribuido por los niños. Como cada alumno recibía títulos distintos, era frecuente que se prestaran los libros unos a otros, por lo que acababan leyendo mucho más libros que los cinco suyos. Y siempre diferentes a cada año. Si había un hermano que completaba el año siguiente, tendrían títulos distintos para llevar a casa. Pasaban de un hermano a otro si la familia tenía esos niños de edades diferentes. Los 30.000 ejemplares iniciales de la ronda de libros antes se transformaron entonces en 2 millones de ejemplares por año para cada título. Cada año, el cartel de convocatoria describía el tipo de colección que se deseaba para aquel año, el formato, el número mínimo y máximo de páginas, el tipo de papel, el género, etc. Por ejemplo, un año podía ser un libro de cuentos, uno de poemas, una novela, uno de teatro, uno de folclore. El otro año podía cambiar uno de esos por una obra extranjera traducida. Al año siguiente, otra de esas categorías podía cambiar y ser sustituida, por ejemplo, por una biografía. Entonces, las editoriales presentaban sus proyectos de colección. Cada título debería tener también un prefacio de presentación y un glosario. La selección de las colecciones la realizaba un jurado de 54 especialistas, dos para cada uno de los 27 estados o provincias de Brasil. Estos 54 especialistas se reunían por dos días en un hotel de San Paulo para deliberar, discutir y votar. Tenían que dar argumentos escritos de cada selección que hacían. Y esas opiniones eran divulgadas posteriormente. Todo muy plural, transparente y responsable. En los primeros años se publicaba un anuario con todas esas opiniones. Después, cuando llegó la Internet, y fue mucho más fácil porque eso se quedaba en la red. Como autora, yo puedo dar testimonio de la transformación profunda que acarrió ese proyecto, no solamente por los espléndidos números alcanzados, indispensables para cubrir un país con las dimensiones de Brasil, sino también por el sistema de distribución, el cual llegó a cada rincón del país, incluso a las escuelas más remotas, en donde a veces la entrega se hacía después de algunos días de viaje en canoa. Pero el cambio significativo se produjo también porque a través de los alumnos los libros empezaron a alcanzar las familias. Al igual que otros autores, yo comencé a recibir cartas de padres, tías, abuelos, quienes a veces no sabían leer y le dictaban al niño lo que querían escribir. Pero esos parientes comentaban los personajes, discutían las situaciones, sugerían temas para otros libros, discordaban apasionadamente de algún punto del libro, completaban el enredo con sus propias experiencias o escenarios parecidos a lo que habían encontrado en el libro y con los cuales se identificaban. Pero casi siempre contaban que esos eran los primeros libros que había en su casa y también cómo estaban orgullosos porque su hijo, nieto, sobrino les había leído la historia a ellos que no sabían leer. El alcance de ese proyecto fue extraordinario. Después de cuatro años, el proyecto se interrumpió debido al cambio de gobierno. volvió a concentrarse solamente en la escuela y a él se sumaron otros programas de los de ámbito regional, estatal o municipal. Pero la presión de las familias fue tan grande que él tuvo que venir otra vez, no más enviando libros a las familias, porque las nuevas líneas decidieron que no era el caso, pero tuvo que seguir haciendo ese tipo de selección para actualizar las bibliotecas escolares. De cualquier modo, mismo sin involucrar a las familias, sino solamente las escuelas, el Programa Nacional de Biblioteca Escolar teóricamente continúa hasta hoy funcionando bien, renovando acervos y actualizando las bibliotecas escolares. Las dificultades que seguimos teniendo se sitúan principalmente en el área de la formación de profesores que provenientes en su gran mayoría de familias que no tienen la costumbre de leer, muchas veces todavía hoy se sienten intimidados y con poco ánimo frente a una lectura literaria que no es abiertamente utilitaria. Por eso, algunos estados, como Río de Janeiro, y en especial en la ciudad de Río de Janeiro, se empezó a atacar ese problema organizando cursos para la formación de profesores lectores y está teniendo muy buenos resultados. Actualmente el gran obstáculo es la crisis económica del país. Este año, por primera vez desde que fue creado hace 18 años, el Programa Nacional de Bibliotecas no va a comprar libros nuevos, ni a actualizar las bibliotecas. Estados como Sao Paulo también suspendieron temporalmente la iniciativa. Eso está causando muchos reclamos y movilizaciones en varias entidades ligadas a los libros y también de escuelas y familias que actualmente reivindican los libros como un derecho suyo. Para la mayoría de los niños en el país, esta puede ser la única oportunidad de tener acceso a libros de calidad y actuales. Por primera vez, la familia y la escuela se están uniendo para, de manos dadas, reivindicar los libros para niños. tal vez sea una señal de cómo están cambiando los tiempos y cómo la lectura se está valorando, sin embargo, todo lo que digan. Muchas gracias. Thank you.
SISTEMA
ATSC
DOCUMENTO_DIGITALIZADO
Sí
FECHA_AUTORIZACION
09/11/2015
FECHA_INGRESO_ENTREGA
10/08/2018
CODIGO_BARRAS_LTO
BWF490
BARRA
Difusión
TEMPORADA
35
TEMA_CONTENIDO
Seminario para el fomento de la lectura
FECHA_GRABACION
09/11/2015
LOCACION
CLASIFICACION
A
IDIOMA_ORIGINAL
Español
REALIZACION
Ernesto Leobardo Romero Flores
PRODUCCION
María del Socorro López Arenas

