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SWC-60817
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Mundos que colapsan y ecosistemas que resisten: estéticas cienciaficcionales ante la emergencia climática
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El Cuarto Encuentro de Estéticas de Ciencia Ficción busca generar una reflexión colectiva sobre la intersección entre las artes y las ciencias, abordando temas contemporáneos como: ecoficciones, escenarios postapocalípticos, utopías y distopías, la representación cienciaficcional del agua, antropologías del futuro, posthumanismo, y la posibilidad de mantener una visión optimista a través de la imaginación crítica frente a la emergencia climática y la crisis global actual.
Evento académico organizado por el Centro Nacional de Investigación, Documentación e Información de Artes Plásticas (CENIDIAP), que pertenece al Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura (INBAL).
EXTRACTO_SERIE
El Cuarto Encuentro de Estéticas de Ciencia Ficción propone reflexionar sobre la intersección arte-ciencia, explorando ecoficciones, escenarios postapocalípticos, utopías, distopías, agua, posthumanismo y posibilidades optimistas ante la crisis global.
SINOPSIS_PROGRAMA
“De la sequía a la inundación. Dos ciudades moribundas de orígenes mexicanos” de Paola Ruiz, es un texto de ciencia ficción que narra cómo la Tierra se convirtió en un lugar que alberga fenómenos surgidos de las recónditas oscuridades de la mente del ser supremo, como erupciones, ciclones y congelamientos. Ante una realidad en la que la naturaleza tiene posibilidades casi infinitas, la ciencia ficción encuentra un terreno fértil para especular sobre el lugar que ocupa la humanidad como víctima, creadora o potenciadora de nuevos escenarios catastróficos.
Stephen C. Tobin narra parte del contenido del podcast “2050, el fin que no fue”, ambientado en el año 2050, que imagina cómo la humanidad ha podido mantener el incremento de la temperatura global por debajo de 1.5 grados centígrados. El vínculo con el COVID-19 no es aleatorio; es la causa de la crisis que provocó la pandemia y la crisis climática.
EXTRACTO_PROGRAMA
Se exponen obras de ciencia ficción que abordan el cambio climático y la pandemia como resultado de un mundo en desequilibrio, fenómenos que alteran la ecología y afectan al entorno social.
N_PROGRAMA
6
N_TOTAL_PROGRAMAS
11
DURACION_TOTAL
01:10:15:00
PARTICIPANTES
Martha Paola Ruiz Valenzuela, licenciada en Letras por la Universidad Autónoma de Zacatecas.
Stephen C. Tobin, Profesor adjunto de la Universidad de California, Los Ángeles.
SEMBLANZA_PARTICIPANTE
Martha Paola Ruiz Valenzuela (Universidad Autónoma de Zacatecas). Licenciada en Letras por la Universidad Autónoma de Zacatecas (UAZ) en 2019; sus líneas de investigación se enfocan en la literatura de ciencia ficción mexicana, la literatura de ciencia ficción escrita por mujeres y el análisis feminista de la narrativa latinoamericana. Trabaja como redactora y correctora de estilo independiente. Impartió talleres de comprensión lectora en la UAZ. Como miembro fundador del colectivo literario Las Sin Sostén, ha participado en asambleas y programas de difusión de la lectura; además de dirigir «Ucrónicas»: Club de lectura de ciencia ficción escrita por mujeres e impartir un taller de creación literaria, Ficcionalizar ficciones a partir de realidades.
Stephen C. Tobin (Universidad de California, Los Ángeles). Profesor adjunto. Sus intereses de investigación incluyen literatura y cultura latinoamericanas contemporáneas: del modernismo a la globalización; narrativa mexicana de finales del siglo XX y siglo XXI; ficción especulativa latinoamericana (ciencia ficción y lo fantástico); tecnocultura y posthumanismo/teoría cyborg; ecocrítica especulativa; ficción climática; humanidades medioambientales; estudios de cultura visual; estudios cinematográficos; estudios de medios de comunicación; teoría crítica, cultural y literaria y estudios de género.
TIPO_ACTIVIDAD
DISCIPLINA
INSTITUCION_PRODUCTORA
PALABRAS_CLAVE
TRANSCRIPCION
[Música] ¿Qué tal, colegas?
Buen día, gracias por continuar con nosotros en nuestro cuarto encuentro de Estética de Ciencia Ficción.
Para mí un gusto estar aquí con mis colegas Paula Ruiz y Steven Tobin.
La mesa en cuestión está titulada "La imagen atónita del agua.
¿Qué queda después del fin del mundo?"
A las personas que ya nos han estado acompañando a lo largo del encuentro hemos visto cómo también hay escenarios favorables.
No todo tiene que ser caos y destrucción.
Voy a robar una cita que nuestro colega del seminario Ramón López Castro mencionó el día de ayer, de que la fascinación de la ciencia ficción latinoamericana, a diferencia de la anglosajona, suele ir un poco hacia qué pasa después de la catástrofe, qué pasa después de que todo, digamos, el mundo se fue al carajo, qué ocurre en ese momento.
Y creo que nuestros panelistas nos van a dar una luz.
Escogieron un tema muy particular que también se conecta con la sesión anterior que tuvimos, el agua como un eje de la catástrofe.
¿Qué hacer después de ello?
Entonces, para comenzar con nuestra colega Paula Ruiz, que nos va a presentar el trabajo "De la sequía a la inundación.
Dos ciudades moribundas de origen mexicano".
Poco de su semblanza y licenciada en letras por la Universidad Autónoma de Zacatecas, sus líneas de investigación se enfocan en la literatura de ciencia ficción, la literatura de ciencia ficción escrita por mujeres y el análisis feminista de la narrativa latinoamericana.
Trabaja como redactora y correctora de estilo independiente, impartió talleres de comprensión lectora, miembro fundador del colectivo literario Las Sin Sostén.
Ha participado en asambleas y programas de difusión y dirige Ucronías, un club de lectura de ciencia ficción escrita por mujeres e imparte un taller de creación literaria.
Fictionalizar ficciones a partir de realidades.
Por favor.
Hola, mucho gusto.
Para mí es muy emocionante estar aquí y también un poco abrumador, así es que es posible que durante la lectura me trabe o pasen muchas cosas, pero bueno.
Antes de iniciar, quisiera precisar que puse algunas citas y fragmentos en la presentación que va a estar aquí atrás, entonces como para poder hacer un poquito más corta la presentación, entonces cuando sea necesario yo les voy a señalar que aquí están las cosas que van a ir ilustrando lo que yo voy diciendo y así va funcionando.
Bueno, nuevamente es posible que me abrume, entonces mi pronunciación del inglés va a ser todavía menos buena, y del francés ni se diga, entonces bueno, ya con eso, ya aunque saben eso, voy a empezar.
De la sequía a la inundación, dos ciudades moribundas de orígenes mexicanos.
Tras millones de años, la tierra se convirtió en un lugar que alberga fenómenos que parecen salidos de las recónditas oscuridades de la mente de "el ser supremo", como erupciones, ciclones y congelamientos.
Ante una realidad en la que la naturaleza tiene posibilidades casi infinitas, la ciencia ficción encuentra un terreno fértil para especular sobre el lugar que ocupa la humanidad como víctima, creadora o potencializadora de nuevos escenarios catastróficos.
Aunado al contexto en el que el cambio climático y el cuestionable manejo de recursos son una preocupación cotidiana, el género en México ofrece obras con resultados cautivadores.
El conato de esta investigación surgió durante un espiral obsesivo causado por la Ciudad de México de "Como quien oye llover".
Durante varios días permanecí inmersa en las imágenes del inundado Palacio de Bellas Artes, a tal grado que las calles cubiertas de agua se convirtieron en el único futuro posible en mi mente.
El bucle llegó a su fin cuando recordé una ciudad con características similares, pero en condiciones distintas.
Sergio Fernández Bravo, en "El día temido", plantea una megalópolis que intenta sobrevivir a un escenario en el que las circunstancias, la población y autoridades llevaron la escasez a niveles insufribles.
A diferencia de la urbe de André Chapela, los habitantes intentan sobrevivir por sus propios medios.
Pese a que ambos cuentos son distintos, el agua es un elemento presente para impulsar la trama.
Por un lado, la carencia motiva a Julián e Inés a abandonar su hogar en búsqueda de algo mejor, mientras que en el otro, la abundancia propicia que una historia de amor penda de un hilo.
Mediante un sutil acto de desdén, Fernández Bravo evita bautizar la urbe de su relato, aunque deja algunas pistas sobre la ciudad que lo inspiró.
Con la obsesión a cuestas, me rehusé a creer que alguien imagina la capital de mi país sumida en polvo y no con calles convertidas en canales.
Después entendí la gravedad del asunto.
Tal vez se trataba del mismo asentamiento azotado por dos catástrofes distintas.
Considerando que la ciencia y ficción mexicana tiene cimientos fuertes en el contexto de sus autores, me cuestioné si la elección de tal o cual catástrofe correspondía al momento histórico.
También me pregunté si la reconquista de la naturaleza en los relatos actuales era una respuesta al mensaje pesimista de los noventa, y reflejaba la necesidad de narrativas esperanzadoras ante el cambio climático.
Aún cuando estaba segura de que así sería, la investigación me llevó por su propio cauce hacia las verdaderas respuestas.
Castigos divinos, infortunios terrenales e inspiración ciencia ficcional.
La dualidad entre sequías e inundaciones en la tradición oral y escrita acompaña a la humanidad casi desde sus inicios.
Si bien es cierto que las segundas tienen más adeptos, entre los que me incluyo, el género se las ingenió para originar productos en los que la sequía impulsa o delimita el desarrollo de la trama.
Por mencionar algunos, "The Taiwan Out" de Charles Eric Main habla de una serie de experimentos nucleares que provocan la filtración de agua a través de la corteza terrestre.
En "The Burning World" de James Graham Ballard, los desechos industriales vertidos en el mar ocasionan el cese de la evaporación del agua, lo que atenta contra la agricultura.
En el cine, una de las obras más aplaudidas es "Interstellar", en la que no sólo es difícil mantener vivas las cosechas, sino que la población toma precauciones permanentes ante las polvaredas.
En cuanto a las narrativas del diluvio e inundaciones, de acuerdo con lo mencionado en "Science Fiction and Climate Change", tiene, cito, "tiene una historia profunda en los mitos occidentales, que se remonta a la historia de Noé en el Génesis y, posiblemente, antes, a la historia de Utanapishti en la epopeya de Gilgamesh", fin de cita, las cuales, a su vez, podrían pasarse en relatos orales aún más antiguos.
Si bien el temor a los cambios climáticos y alteraciones geográficas por capricho de las divinidades pudo ser suficiente para alimentar a la ciencia ficción hasta sus últimos días, esta bebe con mayor frecuencia de tres venas abundantes, las de las causas geógenas, antropogénicas e incluso las cenógenas.
Los múltiples procesos por los que se originan las inundaciones, aunados a la tradición de las narrativas del diluvio, formaron los riachuelos de los que emergieron obras como "La invasión de la Mer de Verne", en la que se pretende llevar agua del Mediterráneo al Zara, mediante un proyecto de ingeniería, hasta que la naturaleza se adelanta, de "Drowned World", también de James Graham, en la cual se habla sobre el aumento de temperatura de la Tierra a causa de la radiación solar y la elevación de los mares, lo que lleva a los sobrevivientes a migrar hacia los polos y replantear sus modos de vida.
Además de los medios tradicionales, en "Science Fiction and Climate Change" se explica que las pulps fueron un suelo fértil en el que las historias sobre mundos inundados sin aparentes intereses científicos proliferaron.
En el cine, una de las demostraciones más llamativas por llevar a Nueva York al apocalipsis, es "The Day After Tomorrow", en la que el calentamiento global ocasiona anomalías en el clima.
A lo largo de la trama se dejan al descubierto tanto las desigualdades sociales como la falta de interés del gobierno por generar alertas oportunas.
Así como la Venecia deshabitada de Mary Shelley en "The Last Man" adquiere todas las características de una ciudad sometida al diluvio, la Tenochtitlan que mora en el imaginario ofrece imágenes con alto potencial narrativo.
El caso de México es interesante, pues el agua, en abundancia o escasez, es recurrente en la literatura.
Debido a lo anterior, la ciencia ficción mexicana no sólo se alimenta de los grandes mitos, también acarga el polvo del desierto de Sonora, el atraso por los calendarios de suministro y los suelos agritados de Juan Rulfo.
Trae consigo un poco de las chinampas rebosantes y, con suerte, algunas pinceladas del memutiatzimé meguirrarica.
Respaldadas por una traición literaria sólida, de forma similar a los cuentos que me trajeron hasta aquí, existen dos novelas en las que se especula qué sería de la Ciudad de México de convertirse en un erial o de volver a sus orígenes acuosos.
Héctor Toledano y Francisco Martín Moreno son los autores de "Las Puertas del Reino" y "Sequía México 2004", respectivamente.
Cada quien a su manera llevó a la urbe a la ruina de forma convincente, sin descuidar las interacciones entre los personajes, las reacciones sociales ante la crisis ni la historia principal.
Durante la última década, autores como Bernardo Fernández, Beff, Alberto Chimal y Adriana Letechipía incluyeron catástrofes protagonizadas por el agua raíz del cambio climático.
En siete escenarios para el fin del mundo y un final final, Beff abordó la evaporación total a causa del efecto invernadero, el emergimiento de zonas submarinas, así como el envenenamiento de mantos acuíferos continentales.
Alberto Chimal despistó a los lectores al pisar los límites con los relatos miméticos en "El gran experimento".
Puso sobre la mesa la discusión en torno al derretimiento del hielo polar y las inundaciones en pueblos costeros.
Por último, Adriana Letechipía, en "Playa Getsemaní, Jalisco, 2222", imaginó un mundo en el que las playas se oscurecieron debido a los edificios consumidos por las olas.
Dos ciudades peligrosamente similares, pero distintas.
Hace algunos años viví semanas de terror debido al video "Carta escrita en el año 2070".
Desde entonces sospecho que todo lo que me rodea está a días de convertirse en polvo.
Con la Ciudad de México de "Como quien oye llover", el miedo crecentó después de abrirle la puerta a la metrópoli sin nombre.
Aun cuando esta vez no puedo cargar la culpa al video mal editado, sí puedo adjudicarle la necesidad de averiguar cómo los espacios contribuyen a crear relatos convincentes.
Tomando como base conceptos básicos de narratología, de acuerdo con lo expuesto por los Aurora Pimentel en "El relato en perspectiva", cito, "Cuando hablamos del espacio del relato, nos referimos más bien a la ilusión de espacio que se produce en el lector gracias a una serie de recursos descriptivos altamente codificados".
Uno de los más utilizados para comprimir esa labor, tal como la hace Chapela, es, cito, "el uso sistemático de nombres propios con referentes extratextuales reales y fácilmente localizables".
De esta manera, vuelvo a citar, el nombre propio "Ciudad de México" es el centro de autorreferencia espacial del texto, fin de cita, que a su vez está ligado al "mito cultural", lo que significa que cada espacio reconocible en el cuento carga con los mitos que se han creado en torno a su existencia.
A pesar de que la autora propone los marcos dentro de los que se debe entender, permite a los lectores complementar la imagen con base en sus preconcepciones y experiencias.
A diferencia de Chapela, Fernández Brau prescinde del recurso, utiliza descripciones concretas, de manera que la ilusión de espacio se conforma por una serie de imágenes que no permiten mayores conjeturas.
Lo interesante del caso es que hay características en esa ciudad que consisten con las de la capital mexicana, por lo que están propensas a cargar con el mito cultural.
El texto funciona aún para quienes las referencias carecen de sentido.
Los lectores pueden, cito, "seguir pactando con el texto, pero los criterios de verosimilitud provienen del texto mismo, de referencias que él provee de la lectura".
Fin de cita.
Siguiente, por favor.
A lo largo de la charla he insistido que las metrópolis de los cuentos son similares, pero hasta el momento no he profundizado en los rasgos.
Basta una lectura rápida para saber que son capitales ubicadas en el centro de sus respectivos países.
En los dos casos absorbieron poblaciones cercanas a lo largo y ancho de un valle.
Una está resguardada por una capa gruesa de contaminación, la otra superó el cielo gris y reconoció las maravillas celestes.
Tienen bien delimitadas las zonas de vivienda según el poder adquisitivo, y ambas se desmoronan mientras las vidas de sus habitantes se estancan, tal como se muestra en los fragmentos que están aquí.
Sin importar los puntos de convergencia y divergencia, las metrópolis parecen verosímiles.
Es posible la existencia de jardines agonizantes o chinampas para fiesta, siempre que se encuentren dentro de los marcos que delimitan la realidad de cada uno.
Con base en las descripciones de Sergio Fernández Bravo, es difícil imaginar a un vecino de Julián, el protagonista, con un pequeño huerto en el balcón.
De forma similar, sería ilusorio creer que Nesmi y Azochil declaran su amor en un picnic a +200 y Meca.
Parte del éxito de los autores al erigir locaciones verosímiles es la atención que pusieron al explicar el clima de sus metrópolis y la forma en la que ocurrieron las catástrofes.
Con relación a lo anterior, Milner y Bergman, autores de Science Fiction and Climate Change, sostienen que, cito, "El clima es un aspecto importante del escenario ficticio, ya sea geográfico.
Estamos en el desierto o en los trópicos, o estacional.
Es invierno o verano.
La ciencia ficción parece particularmente predispuesta a utilizar el clima como taquigrafía explicativa.
Sin embargo, estos son meros dispositivos de puesta en escena y, por lo tanto, bastante diferentes del tipo de dispositivos de trama en los que se utilizan situaciones catastróficas o, al menos, un cambio climático potencialmente catastrófico que llega a impulsar la narrativa."
Fin de cita.
Siguiente, por favor.
"Debido a que el tiempo no es suficiente para diseccionar los cuentos, elegí breves fragmentos en los que tienen ilusiones espaciales ligadas a las alteraciones climáticas, así como a las interacciones sociales que propiciaran.
Los primeros describen las zonas precarizadas y, en los segundos, se deja ver la esencia de las ciudades con relación al agua.
En el día temido, los sitios precarizados se ubican en círculos concéntricos más lejanos.
En esa realidad, los habitantes se adaptaron a la sequía y la polución.
El núcleo urbano creció a tales magnitudes que se convirtió... no, que convirtió a las poblaciones vecinas en areales.
Las cosas fueron distintas en 'Como quien oye llover'."
Cito.
"La tormenta llegó un verano.
Llovió todos los días y todas las noches.
Llovió por meses y meses, años y años.
Y cuando por fin se detuvo, donde estaba la ciudad, había un lago.
Pero hubo luces, quedaba oscuridad y la gente se había ido."
Fin de cita.
"Quienes reconstruyeron sus vidas junto al lago, aprendieron a sobrevivir entre canales y restos de edificios."
Siguiente, por favor.
El segundo grupo de fragmentos muestra la esencia de las megalópolis afectadas por las dos caras del mismo elemento.
Contrario a lo que he buscado a lo largo de la charla, en este momento preciso destacar las diferencias entre ilusiones espaciales.
Pretendo mostrar la crudeza de la sequía y la magnitud de la inundación, pues son las que definen el destino de las urbes y las decisiones de los personajes, como ustedes podrán acá observar.
Como esos ejemplos, los relatos están plagados de referencias a la catástrofe, desde el manejo de la información por parte de los habitantes hasta las creencias que rondan el suceso.
En cada ciudad hay factores que influyen en la cotidianidad, como el aire irrespirable en el día temido o las poquísimas horas libres de tormenta en como quien oye llover.
Sin embargo, las cosas funcionan, la vida continúa.
Futuros posibles, causas antropógenas y el retorno a la naturaleza.
Siguiente, por favor.
La ciencia ficción mexicana traza líneas firmes desde el contexto en el que se produce hasta los subgéneros que le dan vida.
Si bien las acciones y escenarios parecen lejanos, es posible verlos a través de la lente del historicismo.
Mucho antes de saber de la existencia de las Puertas del Reino, creía que los areales eran exclusivos de los noventa.
Por lo tanto, supuse que los paisajes urbanos inundados de las últimas décadas eran una respuesta.
Me aferré a la idea con fuerza, pero las evidencias me sacaron del error.
Se trata de dos tradiciones narrativas distintas con sus propias posibilidades.
Aún así, conviene mencionar que no están tan lejos del contexto que las produjo, debido a que los futuros que proponen los autores solo son posibles desde su presente.
Frederick Jemson menciona en Arqueologías del futuro, El deseo llamado utopía y otras aproximaciones de ciencia ficción lo que ustedes pueden leer aquí atrás.
Con base en eso, en los cuentos que revisé, el contexto de sus autores apoya la forma en la que plantean sus futuros.
Sergio Fernández Bravo retrata un mundo sumido en la decadencia, en el que las prácticas masivas propician la contaminación y segregación de los habitantes.
Las alteraciones climáticas y contaminación de la poca agua potable por causas antropógenas, generan un ambiente hostil en la población.
No obstante, Federico Schaffler menciona que es, cito, "una nota que no pretende ser lúgubre, sino concientizadora".
Fin de cita.
Siguiente, por favor.
Sobre la postura desde la que está escrito, misma que han tomado otros escritores con relación al cambio climático y las medidas que se tomaban en los 90 e inicios de los 2000, Gabriel Trujillo Muñoz mencionó lo que ustedes pueden leer aquí atrás, lo cual me parece muy pertinente y hasta tómenle fotos.
Guárdenlo para siempre.
Debido a la relevancia que ha adquirido la educación ambiental, se sabe que, cito, "el interés y la percepción social de la importancia que representa el fenómeno, el cambio climático, ha crecido en nuestro país", fin de cita, lo que ha servido para concientizar sobre las causas y acciones necesarias para hacerle frente.
Contrario a los 90, cuando el manejo de la información era escasa o enfocada a las catástrofes, se ha convertido en un tema con grandes motores de difusión.
Si bien los miedos a los efectos del cambio climático son distintos en cada lugar, el más común entre los mexicanos, cito, "está relacionado con la disponibilidad del agua, ya sea por la escasez de líquido o bien por el incremento de inundaciones y fenómenos meteorológicos como huracanes y tormentas intensas", fin de cita.
Es una casualidad apreciable y un buen punto de partida para hablar del futuro imaginado por Andrea Chapella.
Parte del encanto de "Como quien oye llover" es que no se desentiende de las causas antropogénicas del cambio climático.
En la actualización del relato, se nota la familiaridad con el tema al narrar el pasado de la urbe en el que existía contaminación y consumo desmedido de agua.
Más tarde, el conocimiento se hace visible cuando se realiza la introducción a la realidad tras el diluvio, ocasionado por causas geógenas.
Aún cuando el relato está lejos de ser optimista, ofrece una visión esperanzadora sobre el retorno de la naturaleza a sus espacios y la persistencia de la humanidad para adaptarse a nuevos modos de vida, tal como lo deja ver su protagonista.
Cito, "Al vivir rodeado de agua, no puede entender que alguien no tenga curiosidad de explorar, pero aquí hay una chica de las orillas, cuyos padres probablemente creen que el futuro está en construir una ciudad nueva en tierra firme.
Azochil piensa que esas personas no saben nada".
De la misma forma en la que Azochil se empeña en descubrir nuevas formas de vivir en armonía con el lago, sin dejar de lado su historia, crece el ímpetu de las nuevas generaciones por hacer más habitable este contexto.
Lejos de romantizar el paso de la humanidad por el planeta, existe un interés mayor en generar estrategias contundentes para pausar los efectos del cambio climático.
Las demandas a las autoridades se mantienen en pie, así como el ánimo colectivo por exigir respuestas.
Tal vez Azochil tiene razón al creer que quienes no buscan soluciones para su realidad están cegados, pero no se puede negar que las acciones individuales tienen poca trascendencia.
Es interesante pensar, con base en los relatos mencionados, que es posible que la ciudad sin nombre algún día quede sepultada bajo el agua, o las ruinas de bellas artes queden secas hasta los cimientos.
Quizá la creatividad del ser supremo sea equiparable a la de los escritores de ciencia ficción, así que los siguientes futuros no se parecerán en nada a los que se vieron en este trabajo.
Mientras tanto, esperaré que las catástrofes con orígenes geógenos o antropogénicos rellenen las entrañas saqueadas por la minería en Zacatecas, alisten los mantos acuíferos para recibir a sus visitantes migratorios y devuelvan su duración al temporal.
Gracias.
[Aplausos] Muchas gracias, Paula.
Continuamos con nuestro colega Stephen Tobin.
Su ponencia está titulada "2050.
El fin que no fue.
Forma y función del podcast eutópico de no ficción climática".
Un poco sobre su ponencia.
Un poco sobre su trayectoria.
Es profesor adjunto en la Universidad de Los Ángeles, California.
Sus intereses de investigación incluyen la literatura y culturas latinoamericanas contemporáneas, del modernismo a la globalización, narrativa mexicana de finales del siglo XX-XXI, ficción especulativa latinoamericana, tecnocultura y poshumanismo, teoría cyborg, ecocrítica especulativa, ficción climática, ciencias ambientales, estudios de cultura visual, estudios cinematográficos, estudios de medios de comunicación, teoría crítica y estudios de género.
Gracias.
Y gracias al Centro Nacional de las Artes.
Me siento muy agradecido por estar aquí.
Es mi segunda presentación aquí.
Estuve aquí en la primera.
Y gracias a Amadeus y todo su equipo.
Ha sido muy productivo y fructífero así el diálogo que hemos tenido a lo largo de estos meses.
Bueno, a mi ponencia.
A mediados de mayo...
¿Cómo va el volumen?
¿Está bien?
¿Demasiado cerca?
A mediados de mayo de 2020, dos meses después de los cierres causados por la pandemia del coronavirus, se estrenó el podcast "2050, el fin que no fue".
Con 10 episodios en total, esta narrativa sonora está ambientada en el año 2050 e imagina cómo la humanidad ha podido mantener el incremento de la temperatura global por debajo de 1.5 centígrados.
Es la temperatura máxima establecida por el Acuerdo de París en 2015.
El vínculo con la COVID-19 no es aleatorio.
Esta es la causa de la crisis que fracturó la crisis.
El primer episodio.
La primera crisis siendo la pandemia causada por el virus y la segunda, la crisis climática.
La pregunta que guía esta ponencia tiene que ver con por qué aparece una ecotopía, es decir, una utopía ecológica, al principio de los 2020.
Esto ocurre después de una década de temperaturas record exacerbadas por la alta concentración de emisiones de madero a la atmósfera y con aumento en el número de desastres naturales sin precedente.
¿Por qué en medio de un mundo que está experimentando el colapso del medio ambiente en todo el planeta aparece una ecotopía?
Esta pregunta que indaga sobre la función de esta ecotopía será considerada junto con otros dos aspectos utópicos clave, su forma y su contenido.
Por lo tanto, es importante tomar en cuenta el aspecto de hibridez presente en la forma y el formato que produce el fenómeno del título curioso de esta ponencia, esta utopía de no ficción climática, una especie de ciencia ficción utópica mezclada con la no ficción o la realidad.
En cuanto a la forma, podemos afirmar que el podcast "2050, el fin que no fue" sí es una utopía.
Según Darko Suvin, la utopía es la construcción verbal de una comunidad cuasi-humana particular donde las instituciones sociopolíticas, normas y relaciones individuales son organizadas de acuerdo al principio más perfecto en la comunidad del autor, estando basada esta construcción en un extrañamiento que surge de una hipótesis histórica alternativa.
Y ahí tenemos el extrañamiento cognitivo de Suvin.
Esta definición describe perfectamente la narrativa del podcast ambientado en el año 2050 porque presenta una hipótesis alternativa en la que hay un mundo con un clima estable, una historia a la inversa en la que vivimos actualmente hoy día.
Afirmo que si uno escucha sus 10 episodios y aprende cómo hemos restaurado el sistema climático a su equilibrio, se produce una experiencia de extrañamiento que será cada vez más extraña según avancemos hacia el futuro.
Es más, recordemos que como bien Suvin ha argumentado durante sus años publicando muchos trabajos sobre el tema en Science Fiction Studies, la utopía es un subgénero sociopolítico de la ciencia ficción, según él.
Es notable reconocer sin embargo que la forma de la utopía que en la literatura suele manifestarse con una narrativa tradicional, la de verbal escrita, no se verifica en el podcast porque es verbal oral.
Posee un rasgo notable de hibridez debido al hecho de que mucho de su formato se asemeja a un programa de radio basado en la entrevista.
Pero a pesar de este elemento, afirmo que el podcast posee cualidades mínimas narratológicas, suficientes para ser considerada una narrativa suelta caracterizada por la fragmentariedad discursiva inherente en sus 10 episodios.
Estos episodios se componen de conversaciones en las que se alude a hechos históricos presentados junto con eventos futuristas, especulativos.
En total, la duración del contenido supera las 7 horas y en sus episodios emerge una historia compleja que no es fácilmente percibida si uno solo escucha solo un episodio, aunque sí la historia básica es discernible a grandes rasgos.
El programa tiene como interlocutores dos personas reales, Violeta Meléndez y Pablo Montaño, quienes entrevistan a otra persona real cada episodio.
Las 10 personas invitadas, todas especialistas de algún modo en el tema del episodio, ya sean académicas o activistas, son también reales, pero al igual que los anfitriones del programa fingen habitar el mundo eutópico del año 2050.
Podemos afirmar que estas personas reales están ficcionalizándose a sí mismas 30 años en el futuro.
De este modo, el programa juega con la no ficción de las personas y eventos históricos reales que ocurrieron antes del 2020.
Esto es, junto con el elemento de la ciencia ficción climática en el que se especula sobre el futuro.
Esto es la no ficción climática del título de esta ponencia.
Además de estos elementos, podemos agregar otra característica relacionada con la invención.
Cada episodio abre con una pequeña secuencia que es totalmente ficcional, cada una escrita por Francisco Piñón, quien está aquí con nosotros, gracias por venir, y en la que un personaje narra cómo es vivir en el año 2050, resaltando y adelantando el tema en el que se centra la entrevista que sigue.
Con este juego de múltiples voces, tanto las puramente ficcionales como las de no ficción ficcionalizadas, podemos entender el podcast como una narración polifónica, compuesta de un colectivismo de voces, un conjunto de voces.
He aquí un buen ejemplo tomado de la introducción al segundo episodio.
En un monólogo epistolar, una madre joven enuncia un mensaje destinado a su esposo, que trabaja en una misión en el desierto.
[Voz de mujer] Esta secuencia arranca el segundo episodio sobre el agua, pero resulta simbólica y representativa de la postura ideológica de la utopía.
Recordemos aquí que Tomás Moro inventó dos términos.
La utopía que es no lugar y la eutopía que es buen lugar.
Este arranque del episodio muestra cómo la ciudad se ha transformado para abandonar las autovías, los carros, la contaminación, y en su lugar se privilegian procesos ecológicos en equilibrio.
La capital se presenta como una armonía natural.
En otro episodio la llaman ciudad primavera.
En fin, este buen lugar articula un imaginario en el que se disuelven las fronteras entre lo social y lo natural para promover la coexistencia entre el mundo humano y el más que humano.
En cuanto al contenido del podcast, su historia de cómo se llega a un mundo eutópico en 2050 es demasiado complicada para repasar en esta presentación, pero a continuación ofrezco algunos eventos narrativos que se suceden para darles una idea sobre cómo se produce el gran cambio.
Durante el periodo entre 2020 y 2035 aproximadamente, se experimentan numerosas crisis, y solo voy a mencionar tres.
En la gran sequía del 27 hay un huracán de categoría 7, la gran inundación en Ciudad de México en 2030 que causa el éxodo de 10 millones de personas de la ciudad.
La reacción global a estas crisis es contundente, masiva, e involucra un movimiento colectivo jamás visto en la historia.
El resultado es una reestructuración social, política y económica completa del planeta.
En los años después de la crisis del coronavirus, se va transitando hacia el decrecimiento económico y se deja de valorar el producto interno bruto como marcaror estándar del crecimiento.
Para ser sustituido por un índice que tiene en cuenta de forma integral el bienestar y el llamado "buen vivir", el término concepto tomado del Quechua, "samak kaosai".
Aquí escuchamos al economista Carlos Tornell reflexionar sobre este asunto en el primer episodio, comentando sobre el crecimiento exponencial de China.
El problema es que lo hizo de esta forma, la sociedad del capitalismo, la sociedad del desarrollismo.
Por ahí del 2030 nos dimos cuenta que hacer eso no tenía ningún sentido.
¿Por qué?
Porque estábamos hablando de un modelo productivista, no estábamos hablando de un modelo que traía un beneficio a la sociedad, que hablaba del bien vivir, que hablaba de formas de felicidad, de cómo valoramos el bienestar vivos en existencia.
El mundo se ha vuelto postcapitalista, postproductivista, postdesarrollista.
La gente trabaja menos, tiene y compra menos bienes, pero dedica más tiempo a actividades sociales de ocio y, en general, es más feliz.
Este episodio ofrece una postura capitalogénica sobre la causa de la crisis, así como su solución.
Al llegar al año 2050, el presente narrativo del podcast, el mundo funciona así.
Como ya mencioné, la disolución entre lo natural y social, el postcapitalista, no tenemos viajes transatlánticos por avión, el coche prácticamente desaparece de la ciudad, la industria agroindustria global desaparece y todo vuelve a lo local.
El wifi está limitado, no es sin límite.
En total, la narrativa de 2050 expresa el deseo por un mundo cuyos sistemas medioambientales funcionen de una manera radicalmente diferente a los del nuestro en la actualidad, cuando la biosfera está a punto de colapsar.
Este mundo eutópico logra realizarse mediante la implementación masiva de una ética y práctica de la ecología profunda.
No tengo tiempo para entrar en esto, pero es parte de mi análisis.
Este podcast no se limita simplemente a articular una utopía sonora, dado que las utopías mismas exceden la forma literaria y existen en numerosas manifestaciones.
Lynn Tower Sargent ha demostrado que existen tres caras de la utopía, la literaria, la utopía práctica, como en los comunes, y finalmente la teoría.
Es en esta última que encontramos la función detrás de la utopía, el núcleo del impulso utópico.
El último libro del académico británico Gregory Cliess del año pasado, "El utopianismo para un planeta que se está muriendo", resulta útil para este tipo de análisis porque propone que una de las funciones más elementales de la utopía es la función futurológica.
Según él, la teoría social impulsa la narrativa para exponer posibles futuros al extrapolar, licito, extrapolar las tendencias actuales hasta su conclusión lógica.
Y este es el caso con el podcast, precisamente por el momento en el que se concibe y produce su narrativa.
El tiempo y flujo dentro del sistema mundo capitalista, interrumpido momentáneamente por la pandemia, un tiempo distorsionado y confuso que además permitió la pausa y la reflexión sobre poner en práctica, como bien dijo H.
G.
Wells, una sociedad imaginada de otro modo.
Merece la pena recordar que las emisiones globales sí bajaron en el año 2020 debido a esta pausa del sistema capitalista, indicando una dirección posible hacia el futuro, hacia otro futuro.
Esta función futurológica ofrece un esquema sobre el que una sociedad nueva podría ser construida eventualmente.
Pero aparte de esta función, ¿por qué una utopía ahora en medio del inminente colapso de la biosfera?
Una posible respuesta viene de otra experta en utopías, Ruth Levitas, quien dice, cito, "La utopía nace de una convicción y dos preguntas.
La convicción es, no tiene por qué ser así.
Las preguntas son cómo debemos vivir entonces y cómo podría ser.
En el corazón del utopianismo yace el deseo de un mundo mejor, y el podcast afirma esta convicción y contesta estas preguntas a lo largo de sus siete horas de conversaciones y escenarios imaginados.
Treinta años en el futuro.
La cascara de crisis que sucede entre 2020 y 2035 aproximadamente cataliza una epifanía colectiva por todo el mundo suficiente para producir los cambios necesarios.
Curiosamente, la narrativa sonora no ofrece ningún detalle más allá de explicaciones generales en cuanto a cómo fue provocado el cambio, ¿no?
Como se oye en el episodio 7 sobre el automóvil, cito, "Hubo un despertar muy fuerte cuando la gente se dio cuenta de todas las implicaciones que había detrás del auto."
Fin de cita.
O en el episodio 5, "Los grandes problemas ambientales que se fueron generando durante los años 20 y los 30 son los que nos hicieron reflexionar como humanidad", entre otros muchos ejemplos.
Si bien se puede criticar el podcast por no ofrecer muchos detalles sobre cómo llegaron a ser estos cambios, tenemos que admitir la posibilidad de que vaya a suceder así.
Tal vez múltiples y enormes crisis nos impulsen a cambiar todo, organizarnos mejor y pensar y actuar en función de la salud del colectivo, tanto humano como no humano.
De todos modos, esta comprensión colectiva a raíz de la crisis representa lo que Raymond Williams caracterizaría como una utopía lograda, y aquí cito, "por una transformación voluntaria en la que se alcanza un nuevo tipo de vida gracias al esfuerzo humano", fin de cita.
En comparación a otra clase típica de utopía que es la de una transformación tecnológica.
De hecho, no hay ninguna tecnología especulativa que aparezca en el podcast.
Ante todo, se trata de una utopía social.
Para ir terminando, ofrezco una lectura sobre una de las cualidades más llamativas del podcast, el subgénero híbrido entre la no ficción y la ficción climática, lo que voy llamando una no ficción climática.
Para hacerlo, requiere entender cómo el fenómeno del calentamiento global antropogénico afecta la temporalidad.
Las dos nociones de tiempo propias de la modernidad europea, que es el tiempo es lineal y la naturaleza es atemporal, han sido alteradas, sino cuestionadas, con el derretimiento de los glaciares y la extinción de múltiples especies.
Según observan las editoras de la antología "Time Scales", Carolyn Fornoff, Patricia Kim y Bethany Wiggin, ellas escriben que en los tiempos de una crisis climática y, cito, "una escala humana", las cuestiones de finalidad y futuridad pasan a primer plano, fin de cita.
Junto con esta astuta percepción, podemos agregar la inmensa cantidad de conocimiento creado por la ciencia climática, que produce una conciencia orientada hacia el futuro en la forma de los modelos producidos por el IPCC y otras instituciones científicas.
Como fue concluido en un estudio de 2014, la dimensión temporal psico-social más básica del cambio climático es, cito, "la extensión en el futuro", fin de cita, dado que las peores consecuencias no van a llegar hasta dentro de varias décadas.
Estas ideas de temporalidad proyectada hacia el futuro se vuelven muy claras y visuales en una imagen publicada por un científico británico en 2018, titulada "Rayas de Calentamiento Climático".
Este gráfico logra transmitir en un solo vistazo el estado de la temperatura global en aumento, entre 1850 y 2017.
En poco tiempo, esta imagen se volvió icónica y ubicua, circular en medios muy leídos e importantes, como la portada de la revista británica y procapitalista "The Economist" en septiembre de 2019, e incluso llegó hasta México, reproduciéndose en la cabecera del editorial de Guadalupe Nettel en la revista de la Universidad en el número "Emergencia Climática" en febrero de 2020.
Aunque la imagen no apareció en letras libres, esta revista publicó un dossier un mes antes con el siguiente título, "Crisis climática.
La cuenta regresiva".
Y con estas tres revistas, las nociones de futuridad y finalidad se hacen palpables entrando en el año 2020, cuando aparece el podcast.
Es más, existen numerosos ejemplos culturales que atestiguan esta hibridez impulsada por la temporalidad revuelta, que pertenecen de algún modo a variaciones sobre esta denominación de no ficción climática.
Son entre ensayos especulativos o una novela de Kim Stanley Robinson, ¿no?, que incorpora muchísimo no ficción, entre otros textos.
Así que, con todos, el podcast 2050, "El fin que no fue", muestra cómo la crisis climática impulsa la narrativa, incluso en otros medios más allá de la letra escrita, para buscar formas distintas y originales con las que representar mejor la complejidad de la crisis actual y venidera.
Gracias.
Muchas gracias a nuestros ponentes.
Justamente, dentro del seminario, yo quería esta mesa, porque me agradan mucho estos temas abordados desde la biología.
Me gustaría comenzar primero con Paula.
Dijo algo que es muy cierto, en términos biológicos, de cómo estos desastres naturales fomentan cambios radicales.
De hecho, le debemos nuestra existencia a este tipo de grandes catástrofes, por mencionar desde el meteorito de Chicxulub, si no hubiera arrasado con gran cantidad de las especies dominantes del planeta, que eran los dinosaurios, nuestros pequeños ancestros no habrían tenido capacidad de comenzar a evolucionar.
Realmente, gran parte, y si nos vamos más atrás, entre la segunda y tercera extinción masiva, cambios de temperaturas brutales permitieron que hubiera la diversificación de los hipnospermas y angiospermas.
Entonces, digamos, las plantas que empezaron a tener algo parecido a lo que ahora conocemos como flores.
Entonces, es muy interesante cómo a lo largo de la evolución del planeta, parece una constante que estos cambios que parecen que traen grandes catástrofes para la población o las especies que se encuentran en un momento particular, permiten una gran variación de nuevas vidas, de nuevos especímenes.
Y una pregunta para Paula es, ¿por qué elegir el agua?
Me gustó mucho, y estoy totalmente de acuerdo, Spoiler, de que aquí le tenemos más miedo a que no tener agua que a los sismos.
¿Por qué te llamó la atención tomar el tema del agua y no otro?
Bueno, creo que lo que más me ha interesado… bueno, es que yo soy de Zacatecas, entonces en Zacatecas no hay agua tampoco.
Entonces, creo que como punto de partida, sí, muy primigenio, sí es esto como la necesidad de tener agua siempre y que esté corriendo.
Y estéticamente me parece bastante interesante y además cómo hacen… bueno, cómo lo emplean distintos escritores y escritoras mexicanos, en el sentido en el que es un elemento presente en toda la literatura, o sea, está en todas partes, desde lo poético hasta lo narrativo, entonces está en todo.
Y ahora como centrándome en la ciencia ficción, creo que por el potencial que tiene para desarrollar escenarios catastróficos, o sea, porque los que yo les mostré aquí no son todos los que existen, entonces hay más.
Y porque el agua, no sé, como que motiva a la… no sé, como cierta renovación en cuanto a las dinámicas sociales y cómo se originan estos cambios.
Y además, o sea, centrado en la inundación, porque creo que me emociona pensar que en algún momento todo es cíclico, y entonces así como inició todo con el agua, todo va a terminar por el agua.
Entonces creo que por ahí va la cosa.
Excelente.
Por parte de nuestro colega Steven Tobin, lo que más me pareció sumamente interesante es que me hiciste recordar una frase de un querido profesor, que es Antonio Lascano Araujo, que es una de las mayores personas que estudia en el origen de la vida aquí en México, dice que la biología nos permite saber de dónde venimos, pero la biología nunca jamás nos va a permitir saber hacia dónde vamos, porque el ambiente es impredecible.
La manera en la que el ambiente afecta a las especies animales, vegetales, bacterianas, no la podemos tener.
Y aunque no le gusta mucho a él, pero la respuesta está en la ciencia ficción.
Justamente la manera en la que se pueden proponer estos escenarios.
Y aquí justo rescaté un punto en cómo este juego de la temporalidad, de cómo en este podcast que mencionas, se pueden ver esos escenarios, pero realmente son problemas contemporáneos.
Y es algo que dentro del seminario siempre hemos tratado de transmitir incluso a los jóvenes, de que la ciencia ficción no habla del futuro, son las inquietudes y ansiedades de nuestro presente llevados a otro nivel de un "qué tal si".
Y entonces, siguiendo esto, mi pregunta sería, en términos estéticos, cómo han visualizado dentro del podcast o dentro de otras obras, el papel del agua en estos posibles escenarios utópicos o utópicos de ciencia ficción.
Muy buena pregunta.
En este en particular, lo escogí sobre todo por el principio, pero hay una entrevista con Hilda Salazar, quien es una académica y activista sobre la relación entre mujeres y agua, y a lo largo del episodio habla de eso.
Y toma ejemplos, como dices, del presente en ese momento.
Para mí, como concepto o figura, o tropo literario en la ciencia ficción, el agua es, primero tenemos el aumento de las temperaturas, y el primer efecto después del calor es la sequía.
Es lo que primero viene.
Estamos viéndolo por todas partes aquí en México, en América Latina.
Y un elemento que me fascina es que tal vez, un gran parte del problema es la sequía, pero es como la sequía expone las desigualdades que ya existen.
Hay Coca-Cola en Chiapas y una cervecería en Michoacán, y estas compañías y el extractivismo requieren un montón de agua, y ellos reciben el agua primero.
Entonces, esto es lo que más para mí resalta el tema del agua en este episodio y en la realidad a la vez.
Correcto.
Y para unir los dos, me parece también un dato de vital importancia, como en las dos posturas hablaron justamente de estos momentos de crisis como la pandemia.
Se hizo muy famosa una imagen donde había delfines en Venecia.
No se habían visto en 50 años, y entonces a raíz del encierro volvieron.
Y nos ponen tela de juicio qué tan práctico, qué tan imposible realmente es volver a lo que era antes del desastre, lo que era antes de la catástrofe.
Y justamente las dos partes mencionaron tipos de calentamiento global.
El calentamiento global en su momento fue muy beneficioso, porque justo fue lo que permitió, después de millones de años de una temperatura más o menos estable en la Tierra, de que se calentara lo suficiente para que los primeros organismos salieran del agua y colonizaran la Tierra.
Si no hubiera habido un cambio climático, nunca se hubiera podido salir del agua estas primeras especies.
Dicho esto, abro el panel a los participantes, a nuestra audiencia, si tienen alguna pregunta para nuestros ponentes.
Compañera, por favor.
Bueno, tengo un comentario, bueno y pregunta para cada uno.
Primero para Paola, tú eres de Zacatecas y allá no hay agua.
Yo soy chilanga y ambos, o sea de acá de la Ciudad de México, y ambos panoramas me parecen aterradores.
Bueno, no, más el de la sequía, por supuesto.
Y finalmente, como chilanga y además vivo en el centro de la Ciudad de México, que es donde había lago originalmente y por esa razón los temblores se sienten horribles, me pregunto con mucha frecuencia, cómo es posible que se haya podido abandonar las prácticas de consumo, de construcción, etcétera, pues de los pueblos prehispánicos que coexistían con ese lago de manera pacífica y más cuidadosa, y se haya tomado por completo una forma de construcción que lo que hace es dejar todo lleno de cemento, donde el agua no tiene posibilidad de regresar, ¿no?
Entonces, fue como muy interesante escucharte y no te pusiste nerviosa.
Bueno, sí, pero no se notaba.
Y por otro lado, tengo una pregunta, bueno, además de que ya busquen Spotify el podcast, si está, por si alguien lo quiere escuchar.
Mi pregunta es la siguiente, yo sé que no es la tarea de la literatura, en este caso ni del cine ni nada de eso, o sea, quizás se puede hacer una especie de crítica o denuncia, sin embargo, me pregunto, ¿cómo podría la ciencia ficción en este caso influir en que, por ejemplo, los científicos que están buscando esa utopía tecnológica, o sea, frente al cambio climático y todo el desastre ambiental, dicen, claro, vamos a crear nuevas tecnologías que permitan desalinizar el agua, para que haya agua potable, o sea, ¿cómo podríamos desincentivar ese pensamiento tecnológico y en lugar de eso, como potenciar las posibilidades que no dependen de la tecnología, sino precisamente de cambiar nuestros mecanismos o nuestras prácticas de producción y de consumo, ¿no?
Paola decía en un momento, claro, sabemos que las decisiones personales no afectan gran cosa, pero por ejemplo, tú mencionabas las cerveceras, las refresqueras, consumir los productos, por supuesto que beneficia esas prácticas, entonces quizás que una persona no lo consuma no genera impacto, pero si muchas dejan de consumir, podría pasar algo.
Y bueno, te lo pregunto porque, por ejemplo, yo trabajo en la Universidad Autónoma Chapingo, que es una universidad agronómica, ahí, bueno, de hecho cumplieron 100 años apenas de que se movió esta escuela de donde estaba a una ex hacienda, que era de un amigo de Porfirio Díaz, y Lázaro Cárdenas la movió allá.
Y pues es una escuela donde la gente que viene sobre todo del campo, de comunidades indígenas, de lugares donde no hay mucha oportunidad de estudio, pero que tienen interés en aprender, pues sobre todo como producir de otra manera, etcétera.
En esa universidad para mí es sorprendente que cada semestre tengo por lo menos 200 alumnos, y de 200, sólo uno o dos quieren estudiar agroecología, o sea en Chapingo donde se forman los agrónomos, los profesores de agronomía promueven sobre todo el uso de agroquímicos, fertilizantes, además de que muchos reciben dinero de las industrias, al mismo tiempo el argumento es, no es que si tú estudias agroecología es como jugar con tierrita y usar composta o lombricomposta o estiércol no permite producir la cantidad necesaria, ¿no?
O sea, es el mismo discurso.
Si incluso en ese lugar donde los chicos en sus comunidades de origen ven las consecuencias del cambio climático así de manera brutal, porque ven la sequía, porque ven la extinción, porque ven la destrucción de los ecosistemas, si ahí es difícil cambiar esa lógica cientificista, tecnologista, ¿cómo podría la ciencia ficción contribuir a eso?
Gracias.
Muy buena pregunta y muy compleja, ¿no?
De hecho, cuando estabas formulando la pregunta, acabo de comprar esta revista de National Geographic que dice "La carretera para salvar el planeta, ¿puede la tecnología arreglar la crisis climática?"
Y este es lo que Jason Moore ha llamado el buen antropoceno, que podemos seguir viviendo al nivel de, bueno, podemos, Estados Unidos, el coro del mundo, ¿no?
El norte global y los que aspiran también a ese estilo de vida.
¿Cómo puede la ciencia ficción realmente desincentivar?
¿Es el consumo?
Creo que es tu pregunta, ¿no?
En la gente, porque me parece una pregunta tan compleja que involucra pues el capitalismo, la regulación, ¿no?
Los mercados, el gobierno y también el consumidor, ¿verdad?
Entonces, yo creo que la respuesta que voy a dar tal vez es un poco fácilita, pero involucra las utopías, porque Gregory Cliath, en el libro que escribe "El utopianismo para un planeta que se está muriendo", el subtítulo es "El fin del consumo", básicamente.
Y él propone que lo que necesitamos hacer con las utopías es crear narrativas donde la felicidad, donde lo social, donde lo colectivo es realmente la parte central.
Y creo que "2050, el fin que no fue" lo hace.
El problema que veo es cómo todo el mundo vaya a ver o leer o escuchar estas narrativas.
Y eso es otro problema que creo que es difícil, aunque la popularidad de la ciencia ficción es cada vez más.
Entonces, pero no sé, no creo que te hayas contestado la pregunta, porque me parece una pregunta para un libro, básicamente.
Sí, y justamente en la sesión anterior, el día de ayer se planteó algo parecido y algo muy cierto que dice, es esta diferencia o este extrañamiento que pueden tener las científicas y los científicos en áreas que no se animan a entrar.
Justamente, el compañero Amadí Ross comentaba que a veces a los científicos, a tu teoría le falta barrio, porque no tienes la capacidad de meter las manos y ver realmente hasta qué punto lo que tú teorizas, lo que la tecnología hace, impacta realmente la comunidad en la cual quieres meter.
Muy buena pregunta.
Compañero, tenía su pregunta.
Buenas tardes a todos.
Mi nombre es Andrés Reséndiz del CENIDIAB.
Más que pregunta, yo quisiera invitarlos a ver esto que expusieron.
Realizamos un trabajo en el CENIDIAB, un video que se llama "Lo húmedo y lo seco, la polaridad de la Ciudad de México en el siglo XIX".
Este estudio que se realizó en video, también se encuentra en texto en los anales de estéticas.
Pueden teclear en Google el título y los va a llevar directo.
Este video nos muestra la historia de las inundaciones en el Valle de México, las causas y todo, pero además nos adentra en las sensaciones de lo húmedo y lo seco como polaridad sensorial, que nos lleva a entender, aparte de lo económico, por qué la ciudad está así dividida.
Y bueno, pues desde luego el futuro está enlazado con el presente y el pasado.
Y para que sea factible, tenemos que mirar eso.
Por otra parte, bueno, es algo que en el video también con la mesa anterior, aparecen tomas de los tiraderos.
Todo es como una estructura entramada, donde se ve que en los tiraderos, a una parte de la ciudad se canalizan y cómo esto va afectando a toda la ciudad.
Por otra parte, debemos considerar que en la factibilidad de las inundaciones, si hoy se paraban las bombas, es decir, la ciudad ha perdido su nivel, ya no está como antes, ya no está como se trazó para el desagüe, que por inercia se canalizaban las aguas.
Y por qué se canalizaron, también ahí se aborda en el video.
Ya no está de tal manera que ahora se necesitan bombas para agarrar el nivel y poder desaguar la ciudad.
Si hoy se pararan esas bombas, estaríamos de nuevo en ese escenario.
Eso es lo que les quería comentar.
Sí, muchísimas gracias.
Yo tuve la posibilidad de venir a la exposición que hicieron sobre el agua y fue muy bonita.
Era una experiencia inversiva estética en la cual ustedes podían interactuar con el agua de diferentes formas también.
El sonido del agua, la visión del agua.
Tenemos tiempo para una pregunta cortitita, si alguien quiere, por favor.
Quedan cinco minutitos.
Gracias.
Sí, Raúl Cavazos Corona, su servidor.
Pues más que pregunta, les quería compartir.
Hace aproximadamente un mes falleció el licenciado Roberto Llanas y Fernández.
Hizo una publicación en el Instituto de Ingeniería de la UNAM, que se llamaba, si no mal recuerdo, 400 años de ingeniería en México.
No sé si él publicó algo en relación al agua, pero yo con él me reunía todos los fines de semana, una vez por semana, y platicamos diversos temas.
Y él siempre me decía que tenía deseos de poder darle, ya fuera alguna conferencia, algún escrito o algo, a la Comisión Nacional del Agua, y que realmente quería hacer la invitación para que se modificara de fondo toda la cuestión del Valle de México en cuestión lacustre, y en cuestión de todos los drenajes, etc.
Él me comentaba que realmente no se tiene ni idea, o si la tienen, pues horas que no la van a conocer, de la magnitud de la bomba de tiempo en la que se está la Ciudad de México.
Un escenario catastrófico que, bueno, lo mismo, a veces la realidad supera la ficción.
Una erupción volcánica, las cenizas migran por el aire, el viento, lo que sea, a la Ciudad de México, se tapa el drenaje, viene una lluvia bastante fuerte por cambio climático, lo que sea, y se va a destruir en automático la Ciudad de México.
No habría forma de rescatarla.
Y bueno, la verdad es que todo eso va enfocado a lo que ahorita también comentaban.
No conozco el material que tiene en la encenidia, pero se me hace muy interesante.
Voy a tratar de consultarlo posteriormente, si es que se puede tener acceso a él.
Y la verdad es que me llamó mucho la atención.
Él dice que nunca se le hizo posible el que las autoridades en México, porque además les vale gorro, no les importa, que pudieran hacer realmente de profundidad un cambio.
Me decía él, pues lo que se tuvo que entubar no se entubó y lo que no se tenía que entubar, ahí está expuesto.
Entonces, ahí se quedan todas estas cuestiones para que la ciencia ficción combinada con la realidad, pues también podamos apoyar el granito de arena.
Pero realmente, ahorita lo estamos conversando, platicando, y toda la gente que no tiene acceso a la información por diferentes causas o razones, no tienen idea de lo que podemos vivir.
Y obviamente él me decía, yo le preguntaba esa duda.
Bueno, toda la extracción del agua que a lo largo de los siglos ha venido siendo, ese libro, se los recomiendo, no es un libro que hable de ficción, no es un libro que hable específicamente del agua, de la problemática, pero sí habla de la historia y la ingeniería y aborda el tema, obviamente, de las bombas de la Ciudad de México.
Muy interesante, ¿no?
Y realmente era lo que les quería compartir.
Muchísimas gracias.
No de nada.
Él es el licenciado Roberto Llanas y Fernández, por si lo gustan buscar.
El libro ya no se encuentra en físico, se ha agotado con las publicaciones muy rápidas, pero lo encuentran creo en PDF en internet.
Perfecto, ya lo apuntamos.
Gracias por su aportación.
Y bueno, tenemos dos minutos nada más.
¿Algún comentario final antes de cerrar?
Entonces, pues agradecemos mucho a nuestros ponentes, a la audiencia, y los invitamos a que continúen.
Nos queda todavía una mesa más el día de hoy, y pues sigamos imaginando futuros, pero no tan apocalípticos, sino más optimistas.
Muchas gracias.
(Aplausos) (Música) (Música) (Música) Gobierno de México (Música) (Música)
SISTEMA
ATSC
DOCUMENTO_DIGITALIZADO
Sí
FECHA_AUTORIZACION
30/11/2023
FECHA_INGRESO_ENTREGA
03/12/2024
FECHA_PUBLICACION
05/02/2025
INGESTO
Jorge Vallejo Gutierrez
BARRA
Divulgación
TEMPORADA
3
CONDUCTOR
Enue Reynaldo Gómez Macias, biólogo egresado de la Facultad de Ciencias de la Universidad Nacional Autónoma de México
TEMA_CONTENIDO
Conversaciones sobre ciencia ficción
FECHA_GRABACION
30/11/2023
LOCACION
CLASIFICACION
A
IDIOMA_ORIGINAL
Español
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Cesar Rodriguez Iñiguez
PRODUCCION
Aurea Ruth Rendon Melgarejo
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