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M-06807-02
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SINOPSIS_SERIE
Ciclo que ofrece un acercamiento profundo y reflexivo a textos esenciales de la literatura universal. En cada edición, un destacado escritor mexicano analiza una obra de su elección, explorando su riqueza temática y estética e invitando al público a descubrirla desde una perspectiva personal y crítica. Esta serie brinda una oportunidad única para redescubrir clásicos literarios de todos los tiempos a través de la mirada de grandes figuras de las letras mexicanas
EXTRACTO_SERIE
Escritores mexicanos analizan obras literarias de su elección, revelando su riqueza temática y estética. Oportunidad única para redescubrir a los clásicos y a los contemporáneos a través de la mirada de grandes figuras de las letras mexicanas
TITULO_PROGRAMA
SINOPSIS_PROGRAMA
Ricardo Garibay, destacado escritor mexicano, dedicó parte de su obra a reflexionar sobre El Cantar de los Cantares, un texto bíblico del Antiguo Testamento compuesto por 8 capítulos y 117 versículos. Este libro es conocido por su complejidad y profundidad en la exploración del amor
EXTRACTO_PROGRAMA
Ricardo Garibay reflexiona sobre El Cantar de los Cantares, texto bíblico del Antiguo Testamento con 8 capítulos y 117 versículos, conocido por su complejidad y profundidad al explorar el amor
N_PROGRAMA
2
N_TOTAL_PROGRAMAS
19
DURACION_TOTAL
01:29:52:00
PARTICIPANTES
Ricardo Garibay, escritor
SEMBLANZA_PARTICIPANTE
Ricardo Garibay (1923–1999) fue un destacado escritor, periodista y cronista mexicano, reconocido por su prosa precisa y su habilidad para capturar la esencia del lenguaje oral. Originario de Tulancingo, Hidalgo, dejó un legado literario compuesto por novelas, ensayos, cuentos y crónicas. Entre sus obras más notables destacan Beber un cáliz y Fiera infancia. Su estilo se caracterizó por la profundidad psicológica de sus personajes y una narrativa ágil. Además, se desempeñó como periodista cultural, dejando testimonios invaluables sobre la sociedad y la cultura mexicanas del siglo XX
TIPO_ACTIVIDAD
DISCIPLINA
TRANSCRIPCION
Venga, llamado su sueldo.
Como acabo de hablar, encuérdase de su esposo, la esposa, avisada de ello, acuérdase de uno que tenía su amado, que por ventura es el mismo de que hizo la conmemoración arriba de la chacha, y ruéganle que se deje ir con su amado y que se vaya de allá con otros que no lo han visto.
El Consejo Nacional para la Cultura y las Artes y el Centro Nacional de las Artes en su ciclo de lecturas guiadas presenta "El Cantar de los Cantares" por Ricardo Garibay.
"Si la ley no nos hubiera sido dada, el cantar de los cantares sería suficiente para guiar al mundo", dijo en el siglo I después de Cristo el rabí Akiva.
"El Cantar de los Cantares" es uno de los libros más breves y a la vez más problemáticos del Antiguo Testamento. 117 versículos cuyo texto apenas ocupa 10 páginas impresas en las ediciones tradicionales de la Biblia y que han dado lugar a un sinfín de traducciones, comentarios e interpretaciones.
Los problemas comienzan en el mismo primer versículo, "Cantar de los Cantares de Salomón".
Este cantar, estas canciones, fueron compuestas verdaderamente por el rey Salomón.
En diversos versículos de la Biblia el monarca es descrito como un gran amante y fecundo compositor, además de que su nombre aparece en varios pasajes del cantar.
Sin embargo, es posible que estas menciones no comprueben su autoría, ya que pudieron ser añadidas en épocas posteriores, de acuerdo con la teoría de algunos investigadores, que consideran la obra como un cajón desastre, con materiales de periodos muy diversos.
La interpretación religiosa que se hizo en la tradición judía salvó a la obra de perderse en el olvido, pues afortunadamente cuando en el siglo I después de Cristo los rabinos decidieron fijar y cerrar el canon de las escrituras, la obra era identificada con la relación de Yahvé y el pueblo de Israel.
Aunado a esto, la autoría de Salomón era en ese entonces un hecho incontrovertible, fueron los factores decisivos para que una obra carente de espíritu religioso entrara a formar parte de los libros sagrados.
Durante muchos siglos se ha visto al cantar de los cantares como una alegoría del amor sagrado entre el creyente y Dios, siendo matizada esta interpretación por cada periodo de la historia con sus circunstancias determinantes específicas.
Inicialmente se pensaba que el cantar representaba las relaciones del Dios de Israel con su pueblo, después pensaron que se trataba de Israel mismo, que en el exilio lloraba a su amado.
Pero se interpretó como la unión de Israel y Judá, hasta que al llegar el cristianismo el cantar se ha interpretado como una representación de la iglesia en su relación con Cristo, al alma y su salvador, a la Virgen María y aún a la historia de la iglesia evangélica hasta la segunda llegada de Cristo.
Así en el siglo XV encontramos un autor que comenta cada capítulo en tres epígrafes diferentes, la iglesia como esposa universal de Cristo, el alma como su esposa particular y la Virgen María como su esposa singular.
En otra interpretación los senos de la pastora representan el antiguo y nuevo testamento, el color moreno de la mujer, las tribulaciones del justo, la yegua del faraón, la iglesia como un militante, el hecho de los enamorados, la humanidad de Cristo, las siervas del campo, los patriarcas, profetas y apóstoles y así cada uno de los elementos que aparecen en la obra.
También se encuentran múltiples autores que hacen una interpretación literal.
El cantar de los cantares es simplemente el canto de amor entre un hombre y una mujer.
En el siglo pasado un cónsul prusiano en Damasco publicó un estudio sobre las costumbres nuptiales en Siria.
El día de la boda la novia viste con gran riqueza, lleva el pelo suelto, se inhibe con una corona de plata adornada con monedas.
Por la noche a la luz de hogueras baila la danza de la espada.
Un recitador canta un poema en el que se describe la belleza de la novia y el esplendor de su atavío.
Las fiestas duran siete días.
Durante ese tiempo los recién casados reciben los títulos de rey y reina y se entornan en honor suyo los cantos.
Ya en nuestro siglo surgieron teorías que analizaban el paralelismo del cantar con textos de otras culturas del medio oriente, como la egipcia, la cananea y la acadia.
Aunque también esto ha sido explicado como una mera coincidencia surgida de sentimientos humanos universales que se expresan con patrones literarios semejantes, de la misma manera se han estudiado las posibles relaciones del cantar con obras dramáticas o líricas de la literatura griega.
Esta tesis parte de la idea de que el clímax y el mensaje del cantar están contenidos en un verso fuerte como la muerte es el amor.
Como se ha visto son diversos los ángulos por los que podemos acercarnos al cantar de los cantares y este es uno de los rasgos de su riqueza.
Igualmente son abundantes las versiones e influencias directas en la obra de muchos poetas, por ejemplo Francisco de Quevedo escribió una paráfrasis a partir de la primera parte del libro.
Otros autores que se han inspirado en él son Pablo Neruda, Federico García Lorca y Miguel Hernández, entre muchos otros.
De hecho todo poeta que en algún momento ha escrito sobre el amor tiene una deuda con el cantar de los cantares.
En el ciclo de lecturas guiadas que organiza el Centro Nacional de las Artes, destacados escritores se dan cita con el público para platicarnos su acercamiento a cada autor.
Como lo conocieron, cuál es su interpretación de la obra, qué destacan de su literatura para que nosotros nos acerquemos a la lectura a través de sus experiencias.
El autor que nos guiará en el cantar de los cantares, Ricardo Garibay, nació en Tulancingo, Hidalgo.
La mayor parte de su infancia transcurrió en la colonia San Pedro de los Pinos, en la Ciudad de México.
Estudió leyes, aunque desde muy joven se ha dedicado a la narrativa y el periodismo.
Es un gran conocedor de la literatura mística.
El origen de su interés se localiza en una educación religiosa a fondo.
Sus principales actividades de niño eran rezar de rodillas el rosario de 15 misterios, la letanía seguida del salve, mientras oía la gritería de la calle.
Para él fue una tortura, se llenó de supersticiones eclesiásticas que lo lastimaron mucho.
En cuanto pudo, se liberó, no de Dios ni de Cristo, pues, aunque se declara agnóstico, no creyente, es un tema que le duele.
Se liberó de la iglesia.
Para él fue un gozo ilimitado llegar a la preparatoria libre ya de la casa paterna y su vigilancia incesante.
Poder decir majaderías en voz alta, sin ocultarse, sin pena y sin vergüenza, era un descubrimiento y un placer.
De este encuentro con el lenguaje y un diambular incesante, desarrolló un oído experto para recoger los acentos, los gritos propios de lugares, profesiones y condiciones, plasmándolos a lo largo de novelas, cuentos, guiones cinematográficos y radiofónicos, además de argumentos para televisión.
Garibay ha explorado por todos los géneros en donde la palabra toma cuerpo y es el protagonista.
Podemos decir que este autor conquistó su libertad a base de palabras, desde las terribles hasta las exquisitas, sin temer a ninguna.
Yo soy la rosa de Saron y el lirio de los valles.
Como lirio entre las espinas, así es mi amiga entre las doncellas.
Claro uno se dice, ¿a qué viene eso?
¿Y qué cosa es ser la rosa de Saron y el lirio de los valles?
Bueno, es poca cosa.
La rosa de Saron y el lirio de los valles son florecillas silvestres, pequeñas, modestas, de escasa trascendencia, o sea, de escaso olor, que se dan, repito, silvestremente en las llanuras cercanas a Palestina, plena Asia Menor, territorios inhóspitos si los hay.
Ahí se dan estas pequeñeces y ella se compara a una de estas pequeñeces o a las dos, a la rosa y al lirio.
La rosa de Saron, que es un valle desértico.
El lirio de los valles, los valles son desérticos, si no son hondonadas, ardentísimas, ardentísimas, que se dan a la mitad del gigantesco desierto, absolutamente estéril.
Yo soy la rosa de Saron y el lirio de los valles, yo soy poca cosa.
Asume uno de los aspectos, no sé si verdaderos o falsos, de la condición femenina, que es una profunda humildad.
Yo no soy más que una rosa silvestre, yo no soy más que un lirio silvestre, esto es todo.
Ando perdida en el desierto donde prácticamente no se me puede localizar.
Entra él y dice, como el lirio entre las espinas, así es mi amiga entre las doncellas.
Dice Fray Luis de León que las espinas de suyo son traicioneras, ásperas, rudas, picantes, picosas, crueles.
Y un lirio, por humilde o modesto que sea, es mucho más que las espinas.
Y ella contesta, como el manzano entre los árboles silvestres, así es mi amado entre los mancebos.
Ahora ella se levanta también, pero en lo de él.
Ella dice de sí cualquier cosa, pero de amado.
Dice como el manzano entre los árboles silvestres, así es mi amado entre los mancebos.
Allí adquiere la aristocracia que de suyo no adquiría.
Es evidente que un manzano, dice Fray Luis de León, es más que un árbol silvestre.
Su facha es más fina, más cuajada, más bien hecha, más elegante y tiene los frutos que no tienen los árboles silvestres.
Así lo compara la amada.
Así la amada recobra el camino de la altivez, porque después el pastor y la pastora van a ser el rey y la reina del amor, de su amor.
Bajo la sombra del deseado me senté, dice ella, y su fruto fue dulce a mi paladar.
¿Esto qué es?
Están hablando del manzano.
Como el manzano entre los árboles silvestres, así es mi amado entre los mancebos.
Bien.
Perdón, y éste es todo nervioso evidentemente.
Y es mi amado entre los mancebos.
Y dice de inmediato que bajo la sombra del deseado, es decir, del manzano, pero el manzano no es el deseado, el deseado es el amado, el amante, el hombre, el varón, el rey, el pastor.
Bajo la sombra del deseado me senté y su fruto fue dulce a mi paladar.
Y si esto no tiene una significación sensual, sexual, ya nada la tiene.
Bajo la sombra del deseado me senté.
Esto es acogerse al mundo masculino del ser amado, protegerse en el mundo masculino, devorar el mundo masculino, recibir cabalmente la sombra del mundo masculino, que se supone que es la mayor estatura, la mayor anchura, la fuerza, la audacia, etc.
Es absorber el mundo masculino por ella, la mujer.
Y su fruto fue dulce a mi paladar.
¿Cuál es el fruto del deseado?
¿Cuál es el fruto del amante?
El amante mismo.
El cuerpo del amante.
Estamos ante un poema que tiene ya 25 siglos, 2,500 años, y que habla del amor corporal como prácticamente nadie se ha atrevido a hacer, sobre todo por su grandeza, su elegancia, su finura, su discreción y su claridad.
Bajo la sombra del deseado me senté y su fruto fue dulce a mi paladar, devoró al hombre.
Ya decíamos que en el hebreo antiguo hablar en tiempo pasado es lo mismo que hablar en presente o hablar en futuro.
Bajo la sombra del deseado me senté o me siento o me sentaré.
Es lo mismo porque en el amor no hay tiempo.
Ya veremos que en el odio sí hay tiempo, que en los celos no hay tiempo, en el amor menos aún.
Todo está sucediendo en este momento como si sucedería, como que sucederá, como que ha sucedido.
Me senté bajo la sombra del deseado, bajo la sombra del manzano que representa al varón y su fruto fue dulce a mi paladar.
Es una manera realmente elegante de hacer referencia a la unión sexual de los amantes, al coito.
Bajo la sombra del deseado me senté y su fruto ha sido dulce o fue dulce o es dulce o será dulce a mi paladar.
No he hallado yo, no ha hallado nadie, maneras más delicadas, más finas de hablar del cuerpo humano de sus ganas, es la única vez en que pronuncio en plural ganas, de sus apetitos de cuerpo mismo con tanta pulgritud, con tanto cuidado y con tanta naturalidad.
Es lo notable del cantar de los cantares.
Quien lo lee aprende a pensar con rectitud, a ser gentil con el otro que tiene en frente y a contemplar el amor como el único bien del mundo.
Llevóme a la cámara del vino y su bandera sobre mí fue amor.
Esto es de suprema elegancia.
Ya habíamos dicho que el vino es el segundo de los gozos que puede darse el hombre sobre la tierra.
El primero evidentemente es el gozo sexual, nada hay como eso.
El segundo es el vino.
Los grandes místicos dije, para poder hablar de sus experiencias subterráneas o metafísicas, de sus experiencias intraducibles a cualquier idioma, a cualquier lengua, a cualquier afán, intraducibles.
Para que el mundo sepa qué ha sido la experiencia mística que es la unión del alma con Dios, nada menos echan mano de las experiencias sexuales.
Que San Juan de la Cruz, el mayor de todos los místicos que ha habido, acaso que habrá, habla a veces de tal manera del rapto místico que parece que está hablando de un coito entre seres humanos.
Y dije, San Pablo dice, quien se ayunta a Dios o con Dios resulta igual a Dios.
Y ayuntarse con Dios, caramba, es poseer físicamente a Dios o espiritualmente, espiritualísimamente, no sólo puede darse entre el alma de selección y su creador, pero es unirse, penetrarse uno y otro, Dios y la criatura.
Ya dije que criatura es ser criado, no creado, perdón, y criatura es ser pequeño.
Ese niñito que está ahí sentado con su padre es una criatura.
El padre en la medida en que es un ser creado es una criatura.
Ojalá esto no se olvide porque irrita mucho leer inclusive en libros cuidados, confusión entre las dos especies.
Dice, llevóme a la cámara del vino y su bandera sobre mí fue amor.
Traer bandera o llevar bandera es ser un adelantado en aquello de que se habla.
Bandera de inteligente o bandera de inteligencia la tiene Aristóteles, por ejemplo.
Bandera de arte o bandera en el arte la tiene Miguel Ángel, por ejemplo.
El alférez es el hombre adelantado al cuerpo de ejército que lleva la bandera.
Es el primero que recibe las balas enemigas, claro, pero ha habido siempre un hondo orgullo en el alférez que lleva la bandera y marca la ruta de la pelea, de la batalla, de la guerra.
Quien lleva bandera de amor es el amante.
Llevar bandera de amor es llegar a la batalla amorosa, poderosamente armado por el amor mismo.
Ojalá se entienda con toda claridad.
Llévame a la cámara del vino y su bandera sobre mí fue amor.
Su bandera sobre mí, yo, la sulamita, soy quien va a pelear, quien va a batallar por el amor.
A ver quién triunfa.
Ya se sabe que en el amor nadie triunfa, pero vamos a ver quién triunfa.
Sigamos de asistir a esta pelea dulcísima que es la de amarse.
Llévame a la cámara del vino o a la sala del banquete, también se traduce así.
O al palacio o a sus habitaciones reales, así también se traduce.
En todos está remedando la existencia de un ser poderoso que puede llevar y traer a su amada por muchos lugares.
Llévame a la cámara del vino, que es muy bello, el vino que es fuente de alegría de los seres humanos.
Ahí me llevó y su bandera sobre mí fue amor.
Y se imagina uno la hermosa y brutal batalla en trambos, buscando la fusión total de uno en otro, la devoración imposible de uno por otro.
La cámara del vino, qué hermoso es.
Como habitualmente, perdón, tiene un aparador y ahí unas cuantas botellas.
Este tenía una cámara del vino como quien tiene una preciosa bodega, a la manera de las bodegas españolas, llena de barricas y de botellas deliciosas.
Llevóme a la cámara del vino y su bandera sobre mí fue amor.
Lléveme a la felicidad encausada por el vino.
Y en la pelea, su bandera, su enseña, su gana, su ímpetu, su voluntad, su inteligencia, todo eso era amor para vencerme, para esclavizarme deliciosamente en su ventaja.
Esto lo está cantando la sulamita e inmediatamente dice, sustentadme con frascos, frascos de vino, corroboradme con manzanas, es decir, afirmadme en mi condición humana con manzanas, dadme ese fruto que repone el del desmayo en que me ha hecho caer el amor, que repone la salud.
Sustentadme, también dicen los traductores, los que dan las versiones en castellano, sustentadme con tortas de pasas, frascos de vino o vino solamente, sustentadme con vino, corroboradme, afirmadme con manzanas, porque estoy enferma de amor.
Qué bello es esto.
Hace muy poco decía yo que esto de que sella quien se desmaya, hace ver que el autor del cantar no era muy diestro o muy experimentado en batallas de amor, porque quien se desmaya, según me han contado, claro, no es ella sino él.
Y ponía yo el hermoso ejemplo bíblico de Olofernes, el general en las huestes de Darío que ataca a Israel, lo ataca de frente y no hay poder que pueda enfrentarse, sojuzgará a Israel, pasará cuchillo a sus hombres, se llevará a sus mujeres, matará a sus criaturas.
Nada puede oponerse al poder y a la ferocidad y a la destreza militar de Olofernes.
Judit, hay un libro de la Biblia que se llama Judit, en las Biblias católicas, no está reconocido en la Biblia judía ni en la protestante, creo, creo que tampoco en la protestante, no me acuerdo.
Judit, bellísima, se engalana y sale por la gran puerta de Israel para encontrarse con Olofernes, el atroz.
Se encuentra con él, lo seduce, lo invita al lecho y va Olofernes, cómo no, y la toma, la tiene y después de tenerla se duerme, como es natural.
Es el hombre el que duerme, no la mujer.
Y dormido, Judit le corta la cabeza y salva al pueblo de Israel.
Ya, y dice, sustentadme con frascos, corroboradme con manzanas, porque estoy enferma de amor.
Ella está enferma de amor, de la saturación de amor que le ha dado la posesión, la entrega que ha hecho de sí al amado, al pastor, al rey, al varón, al príncipe.
Su izquierda esté debajo de mi cabeza y su derecha me abrace, imagen que hemos visto reproducida muchas veces en la pintura, en la escultura, qué sé yo.
Su izquierda debajo de la nuca de ella, desfallecida, y su derecha rodeándola, rodeando su talle a la mitad de su cuerpo, amparándola.
Y dice él, yo os conjuro, doncellas de Jerusalén, por las gamas y por las siervas del campo, que no despertéis ni hagáis velar al amor hasta que quiera.
Es decir, no hagan ruido, ella está durmiendo, está en paz, se ha entregado, ha sido poseída y está en paz, no la despierten.
Esto es lo que dicen los versículos, hermosísima manera.
Y no que yo lo diga, sino que así es.
No que yo haga la exaltación del cantar como si fuera obra mía, no, así es.
Así ha sido visto por más de mil generaciones, de hace dos mil quinientos años a la fecha.
Dice la voz de mi amado, he aquí él viene saltando sobre los montes, brincando sobre los collados.
Es de una frescura, de una modernidad.
Ha cambiado de repente el panorama que veníamos trayendo de la entrega de uno y otro.
Es un juego incesante el cantar de los cantares entre la entrega de uno a otro y de repente la ausencia, la angustia, el buscarse, el encontrarse y requebrarse uno a otro con mil elogios y salamerías, unirse otra vez y otra vez separarse, etcétera.
Esto es el cantar de los cantares, no es más que esto.
Parece mentira que con tan poca sustancia, digamos, se haya conseguido alzar el mayor poema amoroso de todos los siglos.
¿Cómo es esto?
No sé.
Están ya en otra parte.
Ella está digamos en su casa, en su aposento, en su cuarto.
Es una zona de desiertos interminables, recuerden, de una pobreza casi infinita.
Y dice, la voz de mi amado, en el amor que es donde no hay tiempo, lo que queda en las orejas del amante es la voz del amado.
Es probablemente lo que más se ama.
Yo conozco una mujer de muy hermosa voz y cuando no recuerdo o recuerdo vagamente por alguna circunstancia ajena a mi voluntad su rostro, oigo su voz y me calmo.
No que ande yo aullando, pero es bueno siempre recordar un rostro hermoso y sobre todo una voz que cautiva, una voz que enamora, una voz que sujeta.
Sí, la voz de mi amado.
He aquí, él viene saltando sobre los montes, brincando sobre los collados, lo imagina como una ligerísima bestia del desierto, corriendo, volando casi, entre tropiezos, entre obstáculos, para ir, para venir hacia ella.
La voz de mi amado.
He aquí, él viene saltando sobre los montes, brincando sobre los collados.
Mi amado es semejante al gamo, al cabrito de los siervos, dice Carlos Pellicer en sus poemas al trópico de Tabasco.
Cuando la selva repasa su abecedario animal, relámpago vertebral de caoba a cedro pasa.
Es el salto de la hermosa bestia, casi invisible por la velocidad, por la heridad que trae en su carrera.
Y es esto también, mi amado es semejante al gamo, al cabrito de los siervos, viene corriendo desalado hasta el lugar donde ella está.
De él o aquí está atrás de nuestra pared, mirando por las ventanas, mostrándose por las rejas, en este juego de amor que es darse y hurtarse, aparecer y esconderse, dejarse ver y velarse.
Es un juego de amor que practican todos los que se aman en toda la historia del mundo.
No es cosa de a toda hora, estar visible y disponible para el otro que va.
Juegan a no verse, a ocultarse del ser amado.
Juegan a pelear, juegan a odiarse, juegan a llenarse de rencores uno por otro, con esta paradoja preciosa para poder seguir amándose.
Quien entienda que anote esto, porque es lección no mía, sino imborrablemente de los mejores hombres que ha dado el mundo.
La voz de mi amado, he aquí el bien exaltando sobre los montes, brincando sobre los collados, mi amado es semejante al gamo, al cabrito de las siervas o de los ciervos.
He aquí, está tras nuestra pared, mirando por las ventanas, mostrándose por las rejas, mi amado habló y me dijo, levántate, oh amiga mía, hermosa mía, y vente.
Dejen ver donde estoy, ya.
Porque he aquí ha pasado el invierno, ha se mudado, la lluvia se fue.
Hanse mostrado las flores en la tierra, el tiempo de la canción es venido, y en nuestro país se ha oído la voz de la tórtola.
Donde la tórtola canta, medra el amor, se dice.
La gente de campo sabe esto y se busca para poseerse cuando canta la tórtola.
Hubo una película, nunca cito cosas del cine, que me parece en muy buena medida una cloaca, pero ha habido algunas cosas.
Hubo una linda película de tiempos de la guerra.
Él es un joven oficial, muy joven, que tiene un día de descanso en Nueva York.
Ella es una linda muchacha, llena de gratas locuras, como por ejemplo, se le olvida apagar el radio, la radio, en su pequeño departamento, llega mediodía y dice, pobrecito, sonando sin quien lo oyera, y le pide perdón al aparatito y lo apaga y lo mima y lo tapa, que se llora.
Unos zapatos están un poco viejos ya, con el tacón chueco, y se mira y no lo saben, creen que todavía sirven.
Entonces aparta los zapatos en un buen lugar del ropero, para velarles la pena.
Una linda joven, con este tipo de locuras, que hacen tan lindas a las jóvenes.
El soldado camina amargamente por la Nueva York solitaria del domingo.
Nada hay más solitario ni más espantoso que Nueva York en domingo.
Es aún más espantoso que México, qué cosa.
Todo está desierto y hay esos bares para gente solas, atascados de bebedores, desamparados, mudos ante la botella de whisky, hasta embrutecerse, ahí está, todo el día.
Todo el día domingo, y reptan como changos hacia sus asquerosos tugurios, para dormir hasta el día siguiente.
Nueva York en domingo, álgame.
Y por ahí va dando zapatazos el joven soldado, y la conoce accidentalmente.
Y comienza a tratarla, y se ha dicho que es verano Nueva York, es espantoso el verano Nueva York.
Y sin embargo el soldado, después de haberla visto, va oyendo la voz de la tórtola dentro de sí.
Y cómo canta la tórtola, y cómo él sin sentirlo se va acercando a donde ella está, y se cuaja, claro, en la breve película, una linda historia de amor.
Al arrullo de la tórtola, pues.
Bueno.
Porque dulce es la voz tuya, y hermoso tu espíritu.
No podía verla así, en medio de la gente.
No totalmente, no enteramente, no completamente.
Entre los amantes la soledad es indispensable para poder verse y mirarse.
Ver es saber que está atrás de uno, mirar es ver con atención, con intención, con devoción, con amor.
Necesita la soledad no solo para amarla, sino también para verla.
Porque uno es ver a la mujer amada, hablo aquí como a uno, entre muchos o muchas, y otro es verla sola.
En la soledad como que más se entrega, más se da, más es ella para mí que la amo, que entre la mujer y el hombre, de hombres o de lo que sea.
Listo.
Después de que le ha dicho esto el marido, casadnos las zorras, las zorras pequeñas que echan a perder las viñas, porque nuestras viñas están en cierne, esas son pequeñitas, apenas están brocando las uvas.
Y esto parece, él la invita a salir para hacer el amor en la primavera, bien.
Y luego la invita a la soledad, bien.
Ahí pueden mirarse mejor y entregarse uno a otro de mejor manera.
Le pide que le muestre el rostro, el cuerpo, todo, la desnudez espléndida y exclusiva.
Esto es lo importante.
Muy bien.
Ya tiene todo eso.
Y ella de repente dice, casadnos las zorras, las zorras pequeñas que echan a perder las viñas, porque nuestras viñas están en cierne, es decir, apenas brocan.
Y esto es un rollo.
Yo le digo a Pulana, te amo, te amo con toda mi vida.
Y ella dice, vayan y casen a esas zorras pequeñas que echan a perder.
Yo digo, qué pasa, ven.
Estás aquí en esta parte.
Y se ha discutido mucho esto.
Hay comentaristas que dicen que aquí la zurabita hace voz de todas las mujeres y las zorras son los pretendientes que las importunan o estorban y pide que se los quiten, encima mentira.
No ha habido mujer en la historia del mundo que quiera que lo liberen de sus pretendientes.
Y no lo hacen.
Viven de eso.
O para eso, o para eso deben vivir.
La belleza no puede esconderse y la mujer se la tiene de manera pretendiente.
Otros dicen que son auténticamente zorras que vienen a traerse las uvas del dinero.
Tampoco las uvas, las zorras no son… Se multiplica las interpretaciones y yo he encontrado una que es preciosa.
Vengo leyendo esto, comentándolo, llevándolo a todos los viajes que he hecho, leyendo innumerables veces en voz alta, ven y dale, el cantar de los cantares.
Creo que si alguna suavidad tengo o he conseguido, la debo a la incesante lectura del cantar de los cantares.
Es un poema que no lo deja uno en tu desierto.
O ser más imbécil de lo que uno es, lo levanta, lo eleva, lo empuja hacia arriba.
Se vuelve uno de alguna manera admirable leyendo y leyendo y leyendo el cantar de los cantares.
Es el exquisito y enorme poder de esta palabrería lujosa la que invade el alma de uno y lo hace mejor que antes de leerlo.
Y por ahí vine a descubrir lo que son las raposas, las raposas pequeñas que echan a perder las niñas, sobre todo ahora que nuestras niñas están encierras, éstas que apenas están brotando.
Él la invita a la soledad para mirarla mejor, para oír la voz amada mejor y ella sale cazada en las zorras, las zorras pequeñas.
Las zorras pequeñas que echan a perder las viñas, las viñas son él y ella, la viña o las viñas, esos son el amor, esto es.
Muchas veces a lo largo del cantar se habla de la viña como si se hablara de veras de un viñedo y no es así.
Se habla del cuerpo del ser amado o del cuerpo del ser amante y del amor.
En el capítulo primero dice, ¿dónde está esto que dice?
Morena soy o hijas de Jerusalén más codiciables, como las cabañas de Cedar, como las tiendas de Salomón, no miréis en que soy morena porque el sol me miró.
Los hijos de mi madre se airaron contra mí, hicieron mi guarda de viñas.
Atenta a los negocios de los otros, de sus propios hermanos que la trataron mal.
Hicieron mi guarda de viñas y mi viña que era mía no guardé, mi viña es ella misma, su cuerpo hermoso intocado, intocado.
Ella es su propia viña, su propio cuerpo y acá nuestras viñas están en cierne, nuestro amor, el tuyo y el mío están haciendo a pena.
Cazando las zorras, las zorras pequeñas que echan a perder las viñas, las zorras pequeñas son el mundo innumerable y grosero, la brutalidad de la vulgaridad del quehacer diario, el aliento pestilente del ignaro, del bruto, del tonto, del torpe, del cruel, del perverso que será innumerablemente mío.
Las zorras pequeñas es la muchedumbre, lo muchedumbesco, la multitud que asedia con odio gratuito el mundo de los amantes tan frágil y tan delicado, estas son las zorras pequeñas.
Y dice inmediatamente, alejen al mundo de nosotros y dice inmediatamente, mi amado es mí y yo soy él.
Esto solo lo puede decir una mujer que ha sido poseída o que ha poseído ya enteramente a su amante o que ha sido poseída enteramente por su amante.
Amado es el que ama, amado es el que es amado y que a su vez es amante y el amante a su vez es amado.
Es un darle la vuelta a lo mismo que encierra mucha belleza, mucha hondura, mucha delicadeza y mucha firme esperanza de altitud en quienes consiguen vivir esto.
Mi amado es mío y yo suya, él la paciente entre niños.
Dice él, hasta que apunte el día y lluvian las sombras, tórnate amado mío.
Sé semejante al gamo, al cabrito de los siervos o de los mondes del eterno.
A ver si no olvidé el otro, lo olvido, todo lo olvido.
Hasta que apunte el día y lluvian las sombras, vamos a ver esto.
Muy veloz, todo, todo muy veloz.
Dice Garcilaso de la Vega, acaso el príncipe de la poesía en castellano.
En dos minutos haremos cinco de recreo, porque esto cansa mucho más de lo que ustedes imaginan.
En cinco minutos de recreo diríamos cosas, creo que hay galletas ahí afuera.
En la primera égloga de Garcilaso de la Vega están dos pastores, Alicio y Nemoroso, perdón, contando cada quien su historia de amor, contando sendas, historias de amor.
Sendo es uno para cada uno, sendas, historias de amor son una para cada uno de los dos pastores, Alicio y Nemoroso.
La mujer de Alicio lo ha dejado, y esto es un dolor muy hondo, muy hondo.
Quien ha vivido esto sabe qué tan hondo es el dolor del abandono, del ser amado o del ser amado.
No hay calor posible, no hay vida, no hay gana de vivir.
Son innumerables los hombres que se han quitado la vida porque han sido abandonados.
Alicio no se mata, pero llora de tal manera que parece que no tiene ya vida.
Nemoroso no ha sido abandonado, pero la amada se le ha muerto, que es prácticamente lo mismo.
Porque tanto ha perdido la esperanza Alicio como la ha perdido Nemoroso.
Porque el amor tanto acarrea la desesperanza y la honda desdicha, cuando abandona que cuando muere, es lo mismo.
Quien sabe esto tiembla ante el hecho de ser abandonado o ante el hecho de abandonar.
Bueno, dice, ¿qué dice?
Hasta que apunte el día y huyan las ondas.
Vamos a Garcilaso, que escribe 1300, 1400 años después, claro, de Cantares del Origen, dice, nunca pusieran, están Alicio frente a Nemoroso cantando sus desdichas, contándolas.
Y dice Garcilaso de la Vega, nunca pusieran fin al triste lloro los pastores, ni fueran acabadas las canciones que solo el monte oía.
Si mirando las nubes coloradas al tramontar del sol bordadas de oro, no vieran que era ya pasado el día.
La sombra se venía a venir, perdón, la sombra se veía venir corriendo a priesa ya por la faldez pesta del altísimo monte.
Y recordando, amando como de sueño, y si despertando, y acabando el fugitivo sol de luz escaso, su ganado llevando se fueron recorriendo paso a paso.
Y yo creo que Garcilaso es el príncipe de la poesía española, castellana, yo creo.
Nadie igualamos.
Pero veamos esto, póngan atención en esto.
Hasta que apunte el día y huyan las sombras, que una inmensa belleza.
Óiganlo en el español de 1400 años después.
La sombra se veía venir corriendo a priesa ya por la faldez pesa del altísimo monte, que es de una plasticidad y una perfección visual inigualable.
La sombra se veía venir corriendo a priesa ya por la faldez pesa del altísimo monte.
Y los pastores se van viendo, bueno, listos.
Hasta que apunte el día y huyan las sombras, cuando se van agarrando, parece que huyen, es el fin de la tarde.
Sigamos con el capítulo 3, del cantar de los cantares.
Hasta el título es eufónico, hasta el título es bello y levantado, el cantar de los cantares.
¿Qué quiere decir el cantar por excelencia, el más bello cantar, el más magnífico, el mayor cantar?
El cantar de los cantares.
Dice en el capítulo 3, por las noches busqué en mi lecho al que ama mi alma, busqué y no lo hallé.
Vamos.
Qué delicada cosa es esta.
Por las noches busqué en mi lecho al que ama mi alma, no al que amo.
Trataba de explicar la vez pasada.
Que decir al que ama mi alma, o tú al que ama mi alma, dice en el capítulo ya primero.
Sí.
Hazme saber o tú a quien ama mi alma, que esto es amar a la manera en que nosotros amamos o sabemos amar, ¿no?
De corazón para afuera, venía.
Pero decir o tú a quien ama mi alma, es amar dos o muchas veces.
Que el alma, dije, es la parte intemporal del ser humano, es la que no está sujeta a cambios ni a devaneos del tiempo.
Es la parte eterna, la que no cambia.
Es la habitación de Dios y se cree en Dios.
Y si no, es evidentemente el alma la habitación del espíritu, la habitación de la lucidez, de la inteligencia.
Ven.
Por las noches busqué en mi lecho al que ama mi alma, al que ama mi alma, o a la que ama mi alma.
¿Soy yo quien está amándola?
¿O es ella quien está amando, amándome?
Pero además es mi alma, mi especie eterna, mi condición intemporal, algo que no morirá jamás, que es mi alma la que ama.
Esta es la elegancia y la gravedad de la frase del cantar de los cantares.
Por las noches busqué en mi lecho al que ama mi alma, busquélo y no lo hallé.
Dice Fray Luis de León que sucede en la noche porque es cuando el cuerpo y sus sentidos entran en reposo.
Y por eso más se siente la gana del amor.
Antes del sueño, antes de dormir, más se siente que en el día, la gana del amor, la urgencia, la premura del amor.
Dice Fray Luis de León, por decir cosas así fue a dar a la cárcel cinco años.
Dio una interpretación que solo a duras penas puede uno concebir como el amor de Cristo por la iglesia.
Era judío, era sacerdote, era teólogo, era maestro y era un soberbio poeta, de los mayores en el siglo de oro español.
Y sentía acaso como buen judío.
La parte mundana del cantar de los cantares, la parte sensual, carnal, sexual del cantar de los cantares.
Por las noches busqué en mi lecho al que ama mi alma, busquélo y no lo hallé.
Que durante la noche los sentidos del cuerpo reposan, entonces aparece el apetito del amor.
Y cuando ella tentalea en el lecho y no está él, está el hueco, enloquece.
Y dice, levantaréme ahora y rodearé por la ciudad, por las calles y por las plazas, buscaré al que ama mi alma, busquélo y no lo hallé.
Aquí se ve el desconsuelo, la exasperación de la mujer.
Sale enloquecida de la casa, es de noche y recorre la ciudad buscándolo y no lo encuentra.
Ya, hallaronme los guardas que rondan la ciudad y dijeles, ¿habéis visto al que ama mi alma?
Aquí Fray Luis de Lón tiene una serie de consideraciones graciosas, un poco ingenuas y a lo mejor verdaderas.
Dice que el amor es de tal manera ciego que la mujer enamorada que no encuentra a su amado, encuentra a los guardias de la noche y les pregunta, ¿han visto a ustedes al que ama mi alma?
Y sin esperar respuesta sigue.
Claro, un guardia al otro se pregunta, ¿quién coño es el amante de esta?
¿Qué dice?
No da razones el amor.
Se plantea y dice, yo amo.
Punto.
Y el mundo todo debe adivinar a quién ama o por qué o cómo.
El amante no tiene tiempo para contestar, apenas si le basta el tiempo para repetir un millón de veces, yo te amo, yo te amo, yo te amo.
Esto sobre todo si el amante es la mujer más que el hombre.
Parece que la mujer fuera deshabitada del diccionario y habitada solo por la frase yo te amo, yo te amo, yo te amo.
La repite insaciablemente, se llena de pidiendo.
A veces le pide al amante, dime algo tú.
Entonces el amante, el varón le dice yo te amo y ella se llena de dicha.
Y repite otro millón de veces, yo te amo, yo te amo, yo te amo.
Es cosa de la mujer más que del hombre.
Ella entiende más el amor.
Es evidente que en la vida la mujer entiende más el amor, vive más para el amor que el hombre.
Dice el comentarista de la Biblia de Jerusalén, hermosa Biblia, cuenta lo mismo que las demás, pero lo cuenta en buen castellano, se entiende claramente.
Dice que los hombres del siglo, es decir, nosotros todos, desde Clinton hasta los candidatos al gobierno de esta pobre ciudad.
No saben del amor.
El amor para el vulgo, para la astrosa Grey, para la masa brutal.
Niña, niña, no lo toman en cuenta.
Por ahí se viene educando nuestra patria desde hace ya muchos decenios.
El amor, aquí y ahora.
El trabajo, el dinero, el triunfo en la vida cotidiana, esto cuenta.
Déjala.
Tenía yo un amigo que hoy es un jurista muy notable, uno de los doctores en derecho más notables de la Universidad Nacional, que era muy tímido, muy tímido.
Feo el canalla.
Sumamente tímido y sumamente dulce y suave.
Y de repente se enamoró de una linda chica que era compañera nuestra.
Y el padre de él lo supo y le dijo, estudia, después pierdes el tiempo.
Y le prohibió que invitar a la chica.
Teníamos 17 años.
Y yo recuerdo ya que pensé y escribí viejo canalla.
Ya desde entonces me indignó mucho eso.
Y no tenía argumentos para oponerme, claro, ahora sí los tengo.
Pero el viejo aquel, imbécil, ya murió.
Y mi amigo se hizo pues un jurista iluste.
Un jurista iluste, claro.
Cuando pudo haber sido un buen amante, cuando hubiéramos ganado.
Y un país se desenvuelve, más bien, el país que se desenvuelve dando la espalda al amor, viendo el amor como una fruslería, como una bellaquería, no tomándolo en cuenta.
Preparando a sus hombres para mandar y ganar dinero.
Y a sus mujeres para cerrar los ojos y la boca en un silencio permanente y obedecer.
Ese país se preña de demagogia, se preña de corrupción.
No enseña a amar a sus hijos.
Enseña a sus hijos a despreciar a sus hijos.
Y acaba empantanado en una corrupción sin límites, que es donde estamos.
Yo vengo aquí predicando sobre el amor, como si yo fuera un gran amante y no.
Que va, he sido bastante desdichado en ese orden.
Vengo aquí predicando por la frecuencia, por el cariño a este texto prodigioso.
Querer darlo a ustedes, que ustedes lo habiten cuando menos con tanta miseria como yo.
Esto es lo que me mola.
Poner una pica en Flandes.
Poner en algunos de ustedes la inquietud por el amor, por entender qué es eso, qué se puede hacer con eso, qué es la vida desde ahí.
Esto ya sería un enorme ganante.
Recuerdan ustedes cuando Churchill prometió al pueblo inglés, solo sangre, sudor y lágrimas, y el pueblo inglés ganó la guerra.
Detrás de la frase de Churchill estaba el gran prestigio del viejo, pero estaba el amor de cada inglés por su patria y por su condición inglesa, por la historia inglesa, por el futuro de Inglaterra.
Ese amor le dio la fuerza inmensa para derrotar a la canalla de Kirchner.
Sin el amor no armamos nada.
Somos unos bellacos.
Recuerden una lección que ustedes han oído mucho.
¿Qué va a hacer este muchacho?
Va a mandar, quiere ser pintor.
Hijo, ¿por qué no estudias algo como ingeniería?
Ya que tengas el título y que hayas hecho, pues, lo que debes hacer todo, todo ser humano, una fortuna, triunfo en la exigencia diaria, qué sé yo, casado contigo.
Ya después te dedicas a la pintura.
Esto es anteponer verdaderamente a Belial, al becerro de oro, al Cristo, a la redención, al sentido de la vida, a la inteligencia.
Primero has dinero, hijo, y después pintas.
No, no sé qué crees.
Ahora voy a pintar.
Cuando ahora ya tienes 16 años, ya voy a pintar.
Esto es amar un oficio.
Y esto es caminar por donde el hombre debe caminar.
Ahí por donde lo lleven amorosamente los pasos.
Cuando la sulamita le pide al pastor, al ser amado, que le diga dónde repasta, dónde descansa a mediodía, en aquel sol terrible del desierto.
Dice el Pray Luis de León que él contesta, saca tus cabritos pequeños y sigue la huella del amor de los cabritos.
Los cabritos se orientan, como se orientan todos los animales, finamente por el olor.
Y de allá de donde viene el olor a las madres, a las cabras, allá donde están las cabras y despiden su olor, allá van los cabritos a ciegas.
Y que los cabritos son como la greya humana, a donde la lleva su amor, allí llega.
Solo que hay greya humana sin amor.
Tan sin vigor, tan sin fuerza, tan sin espíritu, tan sin capacidad para llorar.
Ojalá me estuviera.
¿Dónde ir?
Por las noches busqué en mi lecho al que ama mi alma, busqué y no lo oye.
Levantaréme ahora y rodearé por la ciudad, por las calles y por las plazas buscaré al que ama mi alma, busqué y no lo oye.
Hallaronme los guardas que rondan la ciudad y dijeles, ¿habéis visto al que ama mi alma?
Hay un libro muy hermoso que se llama "Tragmentos griegos, líricos, arcaicos", todos se llaman así.
Y son porciones pequeñísimas, perdón, que los arqueólogos han encontrado en las ruinas de Grecia.
Versos, partes de versos, trozos de poemas, escritos hace 3.000, 4.000 años, se han conservado.
Y hay uno que solo es esto, ladrón que la ciudad ronda a la noche, es todo.
Yo lo leí casi me eché a llorar por la belleza profunda de la paz.
No dice nada, no dice más.
Ladrón que la ciudad ronda a la noche.
Rondar es andar de noche por la ciudad.
De modo que el verso griego antiguo que acabo de decir sería una redundancia.
La frase sería solo ladrón que rondas, pero hay que repetir, hay que redundar y decir de noche, ladrón que rondas de noche, una belleza.
La ciudad inmensa, vacía y el ladrón hurtándose, veloz, enconchado, fluidizo.
Muy bello.
No sé por qué lo digo, no tiene que ver con el cantar ni con nada, pero es una experiencia estética que les quiero comunicar.
Voy pepenando de aquí y de allá conforme voy hablando.
No he hecho más que leer y escribir toda mi vida.
Por desgracia, ya nada corta.
El horizonte ya está muy cerca.
Pero bueno, aprovechemos que hemos hecho esto siempre y demos amorosamente a los demás lo que nos va sugiriendo, sugiriendo, perdón, esto y lo otro del cantar, de los cantares.
Hallaronme los guardias que rondan la ciudad y dijeles, ¿habéis visto a que ama mi alma?
Y sigue, ¿verdad?
Pasando de ellos un poco, allí luego al que ama mi alma, trabé de él y no lo dejé hasta que lo metí en casa de mi madre y en la cámara de la que me encontró.
Esto no lo entiendo.
Encuentra al ser amado, encuentra a su pastor, a su rey, a su príncipe, a su señor.
Traba de él y lo mete, lo empuja, lo arrastra hasta la casa de su madre, hasta la recámara donde la parió su madre.
No se entiende.
Además, es algo que se opone violentamente a las costumbres judías y más de aquel tiempo.
Por Gistan, las interpretaciones son un poco ñoñas, un poco mixtas.
Dice Franc Luis de León, es que como todas las mujeres jóvenes no tienen casa y la verdadera casa consideran que es la casa de su madre, toda mujer muy joven considera que su casa es la casa de sus padres y hasta allá arrastra a su amado que haya pues testigos de este amor y lo lleva a la recámara donde fue parida por su madre, la mujer, la suya mujer, y ahí lo posee.
No sé.
Es de rondar el incesto aquello que se parece al incesto, a una redundancia, valga la repetición de esta palabra, un poco referente.
¿Es cosa del cantar?
¿Es cosa de las interpolaciones que se le hicieron al cantar a lo largo de 2.500 años?
¿Es cosa del tosco pueblo de Israel de hace 25 siglos?
No sabe.
A mí me desagrada especialmente esto que ayer luego al que ama mi alma, atravé de él y no lo dejé hasta que lo metí en la casa de mi madre y en la cámara de la que me enciendió.
Si yo fuera este, me zafaría y echaría a correr, ¿a dónde me lleva, señora?
A la recámara donde me parió mi madre.
Vamos a cualquier otra parte, yo la llevo.
¿Qué tontilla de mujer fue?
Yo os concurro, doncellas de Jerusalén, por las gamas y por las hierbas del campo, que no despertéis ni hagáis velar al amor hasta que pierda.
No encuentren la noche al que ama su alma, que es su amante, el que debe estar ahí acostado.
Lo sale a buscarlo por la ciudad de noche, arrostrando todos los peligros.
Le pregunta a los guardas, no espera respuesta, sigue defendiéndolo.
Lo encuentra y lo arrastra hasta la casa de su mamá, hasta la recámara donde su mamá la tuvo.
Es un poco como llegar con ruedas y molinos.
No todas las líneas del cantar deben ser reverenciables.
Hay tonterías como esta.
Y luego, ya están juntos, ya se unieron y a ella cayó rendida y repite el estribillo.
Yo os concurro, doncellas de Jerusalén, por las gamas y por las hierbas del campo, que no despertéis ni hagáis velar al amor hasta que pierda.
Le está cuidando el sueño.
Ella lo encuentra, lo arrastra hasta la casa de su mamá, su madre.
Se toman uno a otro y ahora él le vela el sueño, la izquierda debajo de la nuca y la derecha enlazando el tal, bello.
¿Cómo sucedió esto?
¿Quién sabe?
En el amor no hay explicaciones, no hay aclaración.
Las cosas se dan.
¿Por qué te amo yo?
No sé.
¿Por qué me amas tú?
Tampoco sabe.
En su hermosísimo suelto y refiriéndose a Dios, si no a alguna criatura, dice Lope de Vega, ¿qué tengo yo que me amistad procuras?
Esto le dice el amante que tiene suficiente conciencia de su pequeñez al ser amado, al amar.
¿Qué tengo yo que me amistad procuras?
¿Por qué me amas?
Claro.
¿Qué te lleva a amar?
¿Qué soy yo para que tú me ames?
Por ejemplo, por ejemplo, ahora.
¿Quién es esta que sube del desierto como columnita de humo, sahumada de mirra y de incienso, sahumada de mirra y de incienso y de todos polvos aromáticos?
Entonces, ella, la que viene del desierto.
Ya se ha demostrado que no.
Dice la Biblia de Jerusalén, ¿qué es eso que sube del desierto cual columna de humo, sahumado de mirra y de incienso, de todo polvo, de aromas exóticos?
Porque lo que viene es una procesión, no una sola mujer.
Es una procesión de gentes bien ataviadas.
Parecería que es el cortejo nucial de alguna novia.
Porque dice, "He aquí es la litera de Salomón".
Acá dice, ¿quién es esta que sube del desierto como columnita de humo?
Y es tonto seguir, "He aquí es la litera de Salomón".
No, acá dice, ¿qué es eso que sube del desierto cual columna de humo, sahumado de mirra y de incienso, de todo polvo, de aromas exóticos?
"Ve la litera de Salomón, 60 valientes en torno de ella, etcétera".
Salomón que aparece varias veces en el cantar de los cantares.
Salomón que no tiene nada que ver con el cantar de los cantares.
Dijimos ya en la primera de estas, ¿cómo le llamarían?
Lecciones.
Salomón que existió cuando menos, cuando menos, 200 años antes de que se escribiera el cantar.
Salomón cuyo nombre se invoca como se invoca la excelencia.
Si algo es de Salomón, algo es excelente.
Entonces, entonces quiere decir en aquel tiempo.
Entonces.
Lo que era de Salomón era excelente.
Lo que no era excelente no era de Salomón.
Lo expliqué, creo, en la primera de estas cosas.
No porque yo sea muy sabio, sino porque lo he leído en muchas partes.
Y un poco tropezando leyendo, releyendo, recordando.
Se va haciendo el modesto acervo de sabiduría de que uno puede echar mano sin que de ninguna manera llegue a ser un sabio, pero algo se va apepenando acá y de aquí.
Es la litera de Salomón, 60 valientes la rodean de los fuertes de Israel.
¿Qué coño tiene que ver esto con la historia de amor de los amantes?
Recta el cantar por donde le da la gana.
Y, perdón, debo curarme, está todo.
Muchos metieron la mano en el prodigioso poema, colando su cuchara.
Para que un verso dijera esto y aquello, para que Salomón fuera recordado, cuántos copistas metieron la mano incontables, incontables. 60 valientes la rodean de los fuertes de Israel.
Todos ellos tienen espadas, diestros en la guerra.
Cada uno su espada sobre el muslo por los temores de la noche.
Esto no requiere explicación.
Es una procesión que se hace ver como de Salomón.
Y luego dice, el rey Salomón se hizo una carroza de maderas de Líbano, sus columnas hizo de plata, su respaldo de oro, su cielo o su aldaquino de grana, el techo, el palio, su interior enlozado de amor por las doncellas de Jerusalén.
Esto es muy importante.
Salomón, el fragoroso rey, se hace mandar a ser una litera de un lujo, casi inespectivo.
Y el alajamiento de la litera corre por cuenta de las doncellas de Jerusalén, de las mujeres más hermosas, más atractivas, más codiciables de aquel pueblo.
Eso es hermoso.
Solo ellas pudieron tapizar de amor la litera de Salomón.
Solo las mujeres son capaces de tapizar de amor cualquier cosa.
Los hombres somos toscos, feos, rudos, interesados.
Ellas tapizan de amor cualquier cosa.
Y de paso, mucha gente me injuria en privado y en público, en periódicos, en televisión, en radio, porque me llaman misógino, enemigo de las mujeres.
Yo he preguntado, pero carajo, ¿qué hay que hacer entonces para que entiendan que amo a las mujeres?
¿Cómo dar a entender esto?
Inclusive alguna mujer muy cercana me ha señalado como misógino.
Yo creo por Dios.
Si estás viendo que a la primera que amo es a ti y dices, "Soy enemigo de las mujeres, ¿dónde voy a dar?"
Verdad.
Ya.
Su interior enlozado, recamado de amor por las doncellas de Jerusalén.
Salí, oh doncellas de Sion, y ve al rey Salomón con la corona con que le coronó su madre el día de su esposo Dios, el día del gozo de su corazón.
Esto es una verdadera locura.
Nunca, en ningún momento de la historia de todos los pueblos, una madre ha coronado rey a su hijo.
Nunca, en ninguna parte.
Y no vengamos aquí con que Salomón fue coronado por su madre.
No.
¿Quién sabe de dónde viene esta invención, este despropósito?
Los grandes biblistas especializados en la investigación del cantar, los cantares, no saben de dónde pudo venir esto.
Hay muchas partes del cantar borrosas, secretas, oscuras, sin averiguación, sin explicación posible.
Una de ellas es esta.
Salí, oh doncellas de Sion, suena, suena, pero no es cierto.
Y ve al rey Salomón con la corona con que le coronó su madre el día de su esposo Dios, el día del gozo de su corazón.
Se ha dicho mucho ya que el cantar es una fiesta de bodas, donde se celebra la riguosa monogamia que hay entre ella.
En alguna parte del cantar más adelante dice, 60 son las reinas y 80 las concubinas de Salomón.
Y las doncellas que están siendo preparadas para llevarlas con el viejo, 50.
Pero una es la perfecta mía, la paloma mía, la hermosa mía, la amada mía, una.
Entonces, se da a esta mujer del cantar de Azulamita preferencia sobre todas las demás.
Salomón puede tener todas que quiera.
Yo tengo a esta, la perfecta mía.
Y los comentaristas de Heber Boundey, que son varios tonos de comentaristas, pues muy sabios de estas cosas, dicen, mal sea bien, la monogamia rigurosísima de los amantes del cantar con la vida de un rey poligamo que tuvo mujeres a paso.
Yo no sé si envidiar con parecer a Salomón, no quiere saber.
Pero no es posible estar hablando de las nupcias de Israel y el pueblo de Jehová y el pueblo de Israel o de Cristo y la iglesia o de la monogamia total que recomienda el matrimonio.
La iglesia, no, mal sea bien, digo, con la existencia de un rey cuya pasión fundamental era el cambiar a mujeres.
¿De dónde sacaba la energía?
La pelota.
Salido de doncellas de Sionibed al rey Salomón con la corona con que le coronó su madre el día de su esposor y hoy, el día del gozo de su corazón.
Las frases son de gran belleza.
A estas no hay que hacerles mucho caso.
A estas sí.
Sí, ponérmelo a mí, porque si no, ¿qué hago aquí como conferenciante y ustedes allá generosamente como auditorio?
Y quítenme ya la atención, porque ya acabé.
Hemos terminado el tercer capítulo de Alcantara.
¿Cómo estamos hoy?
Ya.
Ya acabé, primero, porque esto cansa mucho más de lo que ustedes se imaginan.
Segundo, porque pongo tan apasionamiento en comunicarles lo que considero que es valioso, hermoso e impercedible, que acabo doblemente cansado.
Y tercero, porque no confío mucho en mis fuerzas, sino más bien en la generosidad de ustedes, que agradezco intensamente y que ya pido que me quiten de encima hoy por hoy.
Gracias.
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Revisiones de autores mexicanos a obras literarias de alcance universal
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