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CUID
M-05070
SUBTITULO_SERIE
FILIJ 28
SINOPSIS_SERIE
Participantes de México y otros países comparten en un espacio centrado en la reflexión sobre la lectura y la literatura. El encuentro impulsa conversaciones que fortalecen la creación de entornos que favorezcan el acceso a los libros y el intercambio de ideas. Se destaca el papel de la lectura literaria como medio para construir sentidos, expresar experiencias y reconocer la diversidad de formas de pensar
EXTRACTO_SERIE
Un encuentro que convoca voces nacionales y extranjeras para dialogar sobre la lectura literaria como medio para construir sentidos, compartir experiencias y reconocer la diversidad de pensamiento.
TITULO_PROGRAMA
SUBTITULO_PROGRAMA
Nicolás Alvarado (México)
SINOPSIS_PROGRAMA
reflexión personal sobre el aprendizaje lector entendido como un proceso continuo, marcado tanto por la experiencia familiar como por la relación afectiva con los textos. A través de recuerdos, anécdotas y situaciones formativas, se explora cómo el entorno, la curiosidad y los mediadores influyen en la construcción de un lector. El relato destaca la importancia de los ambientes lectores, la diversidad de materiales disponibles, la lectura como descubrimiento y como puente hacia otros saberes, así como el papel de la escuela y la familia en fomentar interés genuino por los libros. La exposición subraya la lectura como una práctica que se transforma con el tiempo, que habilita conexiones imprevisibles y que sostiene la capacidad de pensar, aprender y encontrar sentido en el mundo
EXTRACTO_PROGRAMA
Reflexión sobre cómo el aprendizaje lector se construye a lo largo de la vida mediante curiosidad, mediadores significativos y entornos que valoran los libros, mostrando la lectura como un proceso continuo de descubrimiento y formación personal
N_PROGRAMA
3
N_TOTAL_PROGRAMAS
12
DURACION_TOTAL
00:56:44:08
PARTICIPANTES
Nicolás Alvarado, periodista y escritor
SEMBLANZA_PARTICIPANTE
Nicolás Alvarado
Periodista, escritor y crítico cultural mexicano reconocido por su labor en la difusión de la lectura y el análisis de la vida cultural contemporánea. Formado en Lengua y Literaturas Hispánicas en la UNAM, su trayectoria se ha caracterizado por un enfoque multidisciplinario que integra la literatura, la reflexión crítica y la divulgación en medios.
Ha desarrollado una presencia constante en espacios de comunicación, donde ha impulsado la lectura y el acercamiento a los libros desde formatos accesibles para públicos amplios. Paralelamente, ha colaborado en diversos medios impresos y digitales con textos que abordan temas culturales desde una perspectiva analítica y clara.
Su experiencia editorial incluye la dirección de una revista cultural de corte crítico y experimental, así como la elaboración de textos que vinculan la lectura con la formación personal. Su estilo combina claridad, humor y una vocación por compartir ideas, lo que lo ha consolidado como una voz reconocible dentro del ámbito cultural mexicano.
Su trayectoria refleja el papel del mediador cultural que busca facilitar el acceso a la literatura y ampliar las conversaciones en torno al libro y la lectura en contextos contemporáneos
TIPO_ACTIVIDAD
DISCIPLINA
PALABRAS_CLAVE
Artes visuales | Cuento | Edición de textos | Enseñanza de la lectura | Escritor | Escritora | Escritura creativa | Humor (literario) | Ilustración | Lectura | Libro para niños | Literatura | Novela | Selección de libros
TRANSCRIPCION
Creo que Nicolás no necesita exactamente que lo presentemos, es una persona que durante muchos años ha hecho algo que es fundamental en esta cadena del autor al lector, que es la promoción de los libros y la promoción de la lectura, ahí en donde parece que son, dicen los enemigos de la lectura, cosa que solo dice la gente que en realidad no sabe de qué se trata, la televisión y los medios. Pero también Nicolás escribe, escribe muy bien, ha dirigido una revista que creo que ya acabó, El Huevo. Y bueno, es una persona que tiene una formación multidisciplinaria. Bueno, pues es un gran lector, un gran charlador y pues le doy la más cordial bienvenida. El título es Cómo aprendí y aprendo a leer. Es un título que nos habla un poco de ese aprendizaje permanente de la lectura, pero también de las raíces de dónde viene uno. Muchísimas gracias, Nicolás, por estar acá con nosotros. Tienes la palabra. Gracias, Daniel. Muchísimas gracias y gracias a ustedes por estar aquí. He de dar crédito a algo primero o a alguien, mejor dicho, a Daniel Golding, porque el título de esta plática, que va a ser lo mejor de la plática, es de Daniel Golding después de un proceso de psicoanálisis telefónico en donde me hizo saber de qué quería yo hablar, porque yo estaba realmente muy perdido con tantas cosas que les quería yo decir. Y además le agradezco mucho a Daniel, al seminario y a la Filig que me tengan aquí de invitado, contándoles un poco. Bueno, en un rato más les voy a contar cómo aprendí a leer y cómo aprendo a leer. Yo quisiera empezar por contarles cómo reza el mito que aprendí a leer, que es una historia bastante interesante. De entrada, yo a lo primero que debo agradecerle mi gusto por la lectura no es a los libros, es a los dados. Unos dados que por desgracia ya no se ven mucho entre los niños últimamente. Yo le puse a comprar unos a mi hijado y me costó un trabajo verdaderamente endemoniado. Pero los que tengan mi edad o más, yo tengo 33 años, recordarán estos dados que había cuando éramos niños que tenían letras por todas las caras. Y entonces uno formaba palabras con los dados. Si era un niño bien portado escribía mamá o papá. Si era un niño mal portado escribía caca o pipí, que era lo más frecuente en mi caso. Pero bueno, a partir de eso se familiarizaba uno con las letras y eso era maravilloso. Entonces, bueno, vienen a cuento los dados, porque los dados son, digamos, el origen primigenio del mito de cómo aprendí yo a leer. Es un mito, como todos los mitos personales, del que son autoras, coautoras, mi madre y mi abuela. Bueno, cuenta la leyenda, que yo vivía en la colonia Polanco cuando era niño, eso también les tengo que decir. Cuenta la leyenda que un día íbamos a algún lado, mi madre, mi abuela y yo, en auto, íbamos cruzando Polanco y pasamos en algún momento por la avenida Presidente Mazarique. Entonces cuenta la leyenda que en algún momento yo tuve así como una suerte de epifanía, vi un letrero que estaba colocado en la esquina de una calle y de pronto espeté sin decir aguabá, mazarik. Y bueno, a partir de esto mi madre y mi abuela, como gallinas ruecas que son, se quedaron maravilladas y decidieron que Nicolás había aprendido a leer a los dos años. Bueno, evidentemente yo no había aprendido a leer a los dos años. Evidentemente los daditos habían sido de gran utilidad. Es decir, a lo que sí había yo aprendido, digamos, en aquel entonces no era tener particular preocupación por las figuras de la historia checa. No tenía yo ni la menor idea de quién era Masarik, pero sí había aprendido a descifrar un código y eso era útil y eso era importante. Había yo visto ahí en caracteres blancos sobre fondo azul la palabra Masarik, pero en realidad lo único que había logrado hacer era descifrar. había logrado ver que había siete caracteres que correspondían a siete sonidos, identifiqué cada carácter con el sonido que le correspondía y entonces me regodé mi proeza revelándola al mundo entero, como en aquella época el mundo entero eran mi mamá y mi abuela, pues una tarea bastante fácil. Lo más trágico de que mi madre y mi abuela digan que ese es el momento en el que yo aprendí a leer, es que mi madre es neuropsicóloga especializada en aprendizaje infantil para que vean que la maternidad es algo que le hace unas cosas espantosas a la gente. No tenían nada de que estar orgullosas en aquel momento. Sí deberían de estar orgullosas de algo que sucedió años después, del momento en que verdaderamente empecé a aprender a leer. Y yo creo que el título que le puso Daniel a esta plática fue muy pertinente. Probablemente nunca acabemos de aprender a leer o probablemente nunca acabemos de aprender a secas y seguramente nunca acabamos de leer a secas. Pero bueno, en todo caso, esto del aprendizaje a leer realmente o de empezar a aprender a leer es algo que vino, digamos, a mis cinco o seis años, ya más cerca del ingreso a la primaria, pero curiosamente no tuvo que ver con la escuela, tuvo que ver con la casa en gran medida. Y ahí es muy importante, digamos, y no hablo solo por mí, si no hablo en general por los niños, la casa en la que nace uno. Y no es un asunto presupuestal, aunque el presupuesto sin duda ayuda, y en mi casa afortunadamente había dinero para comprar libros, sino es un asunto de intereses de los papás. A mí siempre me hace mucha gracia la gente que dice, no, yo no leo porque los libros son muy caros. Bueno, los discos de Priscila y las balas de plata seguramente cuestan más o menos lo mismo que un libro y se venden muy bien, pero claro que ahora hay discos piratas, pero también hay libros piratas a favor de no comprar ninguno de los dos, lo cual sería gravísimo y es un atentado contra las industrias discográficas, musicales y contra la variedad de discos y de libros que hay en el mundo. Pero bueno, más allá de este sermón políticamente correcto que les acabo de dar, ayudaba mucho que había un interés por la lectura en mi casa. Y creo que para formar un lector ayuda mucho que haya un interés en la lectura en un hogar, que se tengan libros, desde luego, pero también se puede frecuentar una biblioteca. De hecho, ahora tenemos este programa que me parece en verdad espléndido, que son las bibliotecas no solo escolares, sino las bibliotecas de aula en las escuelas. Y esa es una gran avenida para cultivar la relación con los libros. Luego también tiene uno amigos, familiares. Entonces, aunque tenga uno pocos libros, puede pedir prestados los libros y puede intercambiar los libros. Bueno, además existen las revistas, existen los periódicos. Bueno, yo quiero decirles que mi manía lectora es tal, yo soy de estas personas un poco incomprensibles que empiezan a leer la etiqueta de la crema de rasurar mientras se rasuran, porque no pueden estar sin leer y las cajas del cereal mientras desayunan. Por cierto, me comentaba un amigo escritor hace poco que cómo ha perdido en calidad literaria el género caja de cereal, que antes tenían unas cosas absolutamente fascinantes y ahora todo es niacina y riboflavina. pero bueno regresando a la historia de cómo empecé a aprender a leer yo nací en un hogar en donde había libros y había libros espléndidos déjenme decirles me acuerdo perfectamente que estaban en un lugar reservado para el futuro no por la complejidad de la trama sino por lo costoso de la edición y lo viejos que eran y van a punto de deshacerse ya sendas ediciones del Quijote y de la Divina Comedia con ilustraciones de Gustave Doré. Eran preciosos esos libros, en verdad. Ahora se han hecho algunas reproducciones similares de esa edición que tenía mi abuelo, originalmente el Kikote de la Divina Comedia, con los grabados de Doré. Bueno, eran terribles los grabados. Imagínense los grabados del infierno en la Divina Comedia. Si alguien ha frecuentado estas ediciones de Doré, seguramente verá que pueden ser, digamos, muy perturbadores para los impresionables ojos de un niño de cinco años, pero era más perturbadora la idea sobre todo que se me fueran a caer o los fuera yo a mojar o algo por el estilo que hacen los niños. Entonces esos no estaban muy accesibles, pero ahí estaban. Y había libros atroces también en mi casa, de confesarles, teníamos casi toda la colección de novelas de Stephen King, a quien no se han tenido ustedes la desgracia de leer, yo sí. Hay cosas verdaderamente infectas que me gusta mucho leer, leí El Valle de las Muñecas, por ejemplo, de Jacqueline Suzanne con gran placer, pero Stephen King es demasiado malo incluso para mis peores placeres culpables. Y sin embargo ahí estaban todas las novelas de Stephen King, lo que acaso solo se puede explicar por una grave perversión del gusto literario de mi madre. Bueno, mi madre, como les dije, es neuropsicóloga. Entonces había libros de psicología, había unos libros complicadísimos de psicología, había libros de Skinner, de Pavlov, de Luria, y luego que fuera neuropsicóloga, Y por tanto, suspicaz ante el psicoanálisis, en venganza yo me casé con una psicoanalista veintitantos años después. Había libros de psicoanálisis porque los había tenido que leer en la carrera. Había libros de Freud, de Fromm, de Jung, de Lacan, esos no los entendía yo, sigo sin entenderlos todavía, pero esa es otra historia. Y había libros de música también en mi casa. Había un libro que se llamaba La ópera y cuyo autor era Kurt Palen. Y era un libro, pues digamos, muy extravagante, me parecía en aquella época, porque como otro libro muy famoso que se edita en Francia y que se conoce como El Kobe, a partir del apellido de su autor, pues contenía sobre todo sinopsis de tramas de ópera. Entonces, bueno, pues yo los primeros relatos que leí fueron Carmen o La Traviata y ahí ya se me empezó a dar esto de leer historias de perdidas. Eso ya después me dio por vivirlas, esa época ya afortunadamente. La superamos, pero en efecto era maravilloso que ese libro contara tantas historias tan fascinantes de cigarreras sevillanas y cortesanas parisinas. Luego, en mi casa, pues he de confesarles que somos ateos, gracias a Dios, pero teníamos la vida de los santos de Butler, cosa que nunca me pude explicar. Entonces, para paliar un poco los efectos de la traviata y de Carmen, me iba yo a leer la vida de San Francisco de Asís un poco a manera de ducha fría a mis cinco o seis años. Y ese también estaba en la casa. Y también tenía yo pasión por los directores telefónicos. Ahora que lo pienso, me gusta leer los anuncios de los directores telefónicos. Eso se me quitó afortunadamente. Pero bueno, había muchos libros. Estaban Los Miserables y estaban Los Relámpagos de Agosto. y estaba Rebeca, y estaba Demian, siempre me ponían cara de niño no te cerques demasiado cuando quería yo leer Demian, estaba la crítica de la razón pura, y si ni siquiera intenté acercarme durante muchos años. Y bueno, además de estos libros que eran los libros de los adultos, y a los que se me permitía un acceso más o menos irrestricto, siempre que la edición no fuera lujosa se me permitía acceder a esos libros, Bueno, además me regalaban libros, claro síntoma de la esquizofrenia de mi familia, a veces me regalaban libros de Walt Disney y a veces me regalaban libros editados por el Partido Comunista Chino. Eso también explica mucho de la persona que devine a la larga. Y bueno, además había revistas en la casa, revistas que se compraban, algunas llegaban. Mi madre, después de la psicología, se dedicó al periodismo, a lo que se dedica a la fecha. A veces le llegaban revistas de cortesía y había muchas revistas. Estaba Vuelta, por ejemplo, estaba Ciencia y Desarrollo, estaba Nexos. Pero la que más me gustaba era Cosmopolitan. ¿Ustedes han leído alguna vez con atención Cosmopolitan? Cuando uno no tiene acceso a una Playboy Cosmopolitan es una lectura invaluable, porque siempre tenía estos textos de, aprende a ser una tigresa en la cama en tan solo 10 puntos, o vuelve a tu hombre loco de placer en tan solo 3 lecciones. Entonces, bueno, los primeros rudimentos de mi educación sexual se los debo a Cosmopolitan. Mi mujer no deja de reclamármelo hasta la fecha, por cierto. Pero en resumen, si yo leo, pues es en gran medida porque vi a mi familia a leer. Yo creo que la primera regla para aprender a leer es tener un ejemplo lector en casa. Es ver gente que lee, ver gente que está interesada en los libros, que va a las librerías, que va a las bibliotecas, que comenta los libros con otras personas, que le procura libros a sus hijos, que los alientan a leer libros en las escuelas, a abrevar, digamos, en la biblioteca escolar. Yo creo que esa es la primera ruta para aprender a leer, es decir, transmitirle un padre a un hijo. En los libros hay cosas deseables, hay cosas divertidas, hay cosas interesantes, hay cosas inteligentes. Yo a partir de esto ya nunca me detuve y es algo que le agradeceré a mis padres y a mi abuela toda la vida. Es decir, a partir de ese momento nunca llegó a haber una época en mi vida, nunca llegó a haber una semana en mi vida en la que yo no estuviera leyendo cuando menos un libro. A veces me tardaba más en acabar un libro, a veces me tardaba menos en acabar un libro, pero yo no concebiría la vida sin estar leyendo un libro. Pero bueno, ahora por desgracia siempre estoy leyendo varios libros al mismo tiempo por necesidades de mi trabajo y a veces eso lo lamento. Un consejo, por cierto, práctico. Si ustedes son amantes de la lectura, como yo, nunca se comprometan a reseñar libros semanalmente en un espacio radiofónico, cosa que yo hice durante muchos años, porque yo siempre leía yo a las carreras y eso es una de las peores cosas que le puedo no pasar a leer en diagonal, leer con prisa. Pero bueno, para mí sería inconcebible la vida sin estar leyendo un libro, incluso en esta circunstancia que les comento. Cuando tenía yo un compromiso semanal con Carlos Orest de Mola en la radio de reseñar un libro cada semana, lo que hacía yo es que hacía ciertas trampas o ciertos, digamos, triquinuelas para leer libros que yo quería leer. Por ejemplo, si se estrenaba, recuerden que hace poco se estrenó Capote, esta biografía fílmica de Truman Capote con Philip Seymour Hoffman, que hasta se ganó el Oscar por esta película. Yo dije, esta es una buena oportunidad para enseñar a Sangre Fría, que leí hace como tres o cuatro años, y leer un libro que siquiera yo leer en este preciso momento. Entonces uno se va dando sus trampas, digamos, para leer las cosas que quiere leer en todo momento. Y para mí la vida sería francamente muy desgraciada, si no estuviera yo leyendo un libro cada semana de mi vida. A partir de esto, por supuesto, son miles los libros que no he leído y que quisiera leer, pero puedo decir que he leído lo suficientes y que sigo leyendo lo suficientes como para decir que hoy vivo de lo que leo, cosa que es bastante asombrosa. Me encantaría poder decir que vivo de lo que escribo, pero mis editores no me lo permiten, por desgracia. Cada vez que llegue el reporte de regalías me doy cuenta de que eso va a ser cada vez más difícil. pero vivo de lo que leo y eso me entusiasma mucho y eso también quizás sirve de aprendizaje para algunos padres. Déjenme cambiar de familia momentáneamente y pasar a la historia de mi mujer y de lo que no se debe hacer como padre y qué bueno que no está aquí mi suegra para que no me oiga porque voy a hablar mal de ella, como habla uno siempre de las suegras, que le hacía mi suegra a mi mujer. Bueno, mi suegra es una mujer muy lectora, eso es lo primero que quiero decirles, una mujer verdaderamente apasionada de la literatura. Pero mi suegra es una mujer muy trabajadora y entonces se sentía muy culpable de leer. Entonces a veces veía a mi mujer leyendo y le decía, niña, ponte a hacer algo de provecho, ya luego tendrás tiempo de leer. Y es fantástico, digamos, en términos del placer que le reportaba a mi suegra la lectura al punto que le parecía, digamos, que su hija era pecaminosa si estaba leyendo en lugar de hacer algo de provecho como la tarea, por ejemplo, fregar los pisos, por ejemplo. Pero también, digamos, sirve este argumento para desmentir la idea de que leer es puro placer. Leer es un enorme placer, por supuesto, pero leer también es una vía a muchísimas cosas. Es una vía al conocimiento, es una vía al aprendizaje, es una vía a una mejor formación, es una vía a tener mejores herramientas de escritura. Por ejemplo, se nota luego, luego, cuando uno lee una carta comercial, quién lee y quién no lee, es decir, porque la gente que lee redacta naturalmente mejor. Y porque además leer enseña a pensar, cosa de la que ya les voy a hablar en un ratito más. Entonces, para mi gran fortuna, gracias a esa pasión por la lectura, yo pude encontrarme casi un modus vivendi. Si yo no leyera, ¿de qué viviría? Bueno, ahora, ¿cómo llegué, digamos, a la lectura de cosas poco más serias, más complejas? Ahí también hay una anécdota interesante, hay una anécdota bonita que me gustaría compartirles y todo se lo debo a una gripe. Ahora verán por qué. Yo era un niño, digamos, bastante lector, como les consta con lo que les digo, que leía un poco lo que le iba cayendo en las manos. Cosmopolitan era muy importante en esos casos, pero bueno, también leía yo algunos libros para adultos que me encontraba yo en la biblioteca familiar. los pasos de López, por ejemplo, Ibargüengoytia lo he leído más o menos a los 10 años y lloré de risa francamente y fue uno de los momentos de gran revelación literaria de mi vida, Ibargüengoytia leía yo los libros infantiles que me suministraban mis padres, leía yo historietas, leía yo los monitos del exercio los domingos, por supuesto que también era una lectura muy importante pero bueno les digo que yo era un lector digamos promedio hasta que me dio gripa un día como a los 12 años y se halló francamente muy aburrido y todavía no había videoclubes o tantos videoclubes en la Ciudad de México, es decir su ex saludo ahora y va al blockbuster y saca unas películas, no es tan frecuente entonces seguramente pensarán que llegaron mis padres con un libro pues no, llegaron mis padres con una película con una película que por cierto le habían robado a un amigo y que nunca le devolvieron Bueno, de hecho nunca se la devolvieron porque yo nunca se las devolví a mis padres. La película obra en mi poder todavía. Y la película que me prestaron para que me entretuviera yo se llamaba, se llama, y es una espléndida película, Sombrero de Copa, Top Cats, con Fred Astaire y Ginger Rogers. Es una película filmada en 1935, es decir, para ser exactos, 52 años antes del episodio que les estoy refiriendo, que tuvo lugar más o menos en 1987. Bueno, entonces me prestan esta película, yo no tengo idea de qué es lo que voy a ver, pero digamos entre simplemente María y la película que me están prestando mis padres, creo que la película es una mejor opción. y entonces veo esta película y pues casi digamos se me abre el mundo. Es una película musical, es una comedia romántica particularmente ingeniosa y con diálogos particularmente chispeantes, en donde sale Fred Astaire, este hombre realmente elegante, yo diría que el mejor bailarín de la historia, bueno no lo digo yo, lo dijo Balanchine, y Ginger Rogers, esta mujer preciosa, habitada por la gracia y bailan en la película y bailan en un entorno que a mí me resulta devastadoramente glamoroso. Esto es una recreación más o menos irreal de Venecia en los años 30. Entonces toda Venecia es un gran setar de co, de hecho era un gran setar de co en un foro en Los Ángeles, California, por supuesto. y la música es maravillosa, yo descubro en ese momento la música popular estadounidense de los años 30, 40 y 50 que me sigue gustando muchísimo, descubro a Irving Berlin, extraordinario compositor en esa película y en ese momento se me genera una suerte de adicción y lo que quiero, a partir de eso son evidentemente más películas Yo me empiezo a alejar momentáneamente de los libros y empiezo a tener un interés enorme en ver cine y sobre todo en ver cine del viejo Hollywood, en ver cine estadounidense de los años 20 a los años 50. Y bueno, llega Canal 11 a mi rescate en aquella época, se acordarán, a la fecha existe la película del 11, de una filmoteca espléndida, particularmente de clásicos hollywoodenses Canal 11, y me empiezo a obsesionar por estas películas. Y viendo estas películas descubro a una mujer hermosísima, ya había pasado la edad del cosmopolitan y se me habían refinado los gustos, y entonces una noche en Canal 11 pasa una película que se llama La Caja de Pandora, una película alemana de un director que se llama Georg Pabst, y la estrella de esta película es una presencia luminosísima, una de las mujeres más hermosas que han aparecido en la pantalla y se llama Louise Brooks, una mujer con un rostro de alabastro, un cuello larguísimo, el pelo negro cortito enmarcando unas acciones francamente perfectas, una espalda extremadamente flexible yo me enamoro como se enamora uno a los 13 o 14 años de Louis Brooks y entonces quiero saberlo todo sobre Louis Brooks y bueno, por supuesto, en un viaje encuentro una biografía de Louis Brooks y la compro y la leo y entonces me entero más de esta película y eso me lleva a otras películas de Pabst pero eso también me lleva a leer la obra de teatro en que está basada esta película que se llama La Caja bueno, son dos obras de teatro El Espíritu de la Tierra y La Caja de Pandora ambas de Frank Bedeck, un dramaturgo alemán de principios del siglo XX. Teatro además difícil, fue muy asombroso para mí encontrarme con un lenguaje que digamos buscaba replicar el expresionismo visual de la pintura o del cine de aquellos años en el teatro. Pero me gusta mucho y entonces empiezo a averiguar sobre Bedeck y entonces me entero de que este dramaturgo Frank Bedeck escribió esas obras de teatro en las que están basadas las películas. Porque una vez se enamoró de una mujer llamada Luandrea Salomé. La historia es terrible. Parece que Luandrea Salomé conoce a Bedequín en una fiesta. Lo seduce hasta el punto, digamos, de invitarlo a su casa esa noche. Después de la fiesta, él acompaña a su casa. Él sube a la habitación de ella. Se dan algún beso por ahí. y cuando Obedekin quiere pasar más allá, Luandrea Salomé se hace la ofendida y le dice pero que cómo cree que ofende su moral virtuosa y que se haga para allá y lo corre. Y bueno, Obedekin lo deja tan impresionado esta anécdota que como gran venganza escribe quizás el relato más devastador sobre el poder de seducción y de destrucción de las mujeres que es la caja de Pandora y el espíritu de la tierra. pero bueno entonces me empiezo a interesar en esta mujer Luandrea Salomé y Luandrea Salomé resulta que ha escrito algunos libros resulta que ha escrito un ensayo sobre el erotismo que se llama precisamente el erotismo y lo leo ya con algún resentimiento ya más o menos lo estaban haciendo las mujeres a mí lo que Luandrea Salomé había de quien para esas alturas pero entonces descubro también leyendo más sobre Luandrea Salomé que Luandrea Salomé fue amante de Rainer María Rilke y que los poemas franceses de Rilke están dedicados a ella. Entonces busco los poemas franceses de Rilke, estaban en mi casa y leo los poemas franceses de Rilke. Pero entonces también descubro que Luandrea Salomé fue el gran amor, el gran amor imposible de la vida de Friedrich Nietzsche. Yo sabía que Nietzsche era un grupo que toca música gruperona, pero no era de ese Nietzsche al que me refería yo, sino me refería yo a Nietzsche con TZ y S. Entonces sabía que Friedrich Nietzsche era un filósofo, pero nunca había tenido la curiosidad de leerlo. Entonces ahí estaba, hacía Blosaratustra en la biblioteca de mi casa, y me fui a ojear, hacía Blosaratustra, y entonces comprendí todas las alusiones a las mujeres y los látigos que hacía Friedrich Nietzsche en hacía Blosaratustra. Y bueno, esa en resumen es la historia de cómo una gripa y Fred Astaire y Ginger Rogers me llevaron a leer a Ciablos Zaratustra y a practicar la lectura de Nietzsche durante varios años de mi vida y a la fecha a recurrir a Nietzsche en muchos momentos de mi vida. Bueno, ¿por qué les cuento toda esta historia? Porque quizás esa es otra parte del aprendizaje de la lectura. Todo puede llevar a todo y eso es absolutamente maravilloso. Es decir, los libros, y no sé siquiera si decir los libros o decir, como decimos a veces los comunicólogos, esa raza peculiar a la que pertenezco, los textos, déjenme hacer aquí un paréntesis academicista. Las ciencias de la comunicación suelen llamar textos, no solo a los textos impresos, sino todo aquello que es susceptible de ser leído. Es decir, uno puede leer una película, uno puede leer un edificio, uno puede leer un cuadro. Es decir, son susceptibles de reflexión, son susceptibles de análisis y por tanto en las ciencias de la comunicación se les conocen como textos. Bueno, si ampliamos el asunto de los textos más allá de los textos impresos e incluimos las películas o los museos o los edificios o las obras de arte, yo diría que todo texto es una puerta a muchos otros textos que a su vez son puertas a muchos otros textos y creo que esa es una de las mejores maneras de aprender a leer. Todo libro va a hacer referencia a otros libros, implícita o explícitamente, o a otras cosas. O el estilo de un autor nos va a seducir lo suficiente como para leer más de ese autor. Y a lo mejor eso nos lleva a querer leer a sus contemporáneos o a querer leer a sus detractores, a los que escribían todo lo contrario de lo que escribía él. Bueno, yo así descubrí a uno de mis escritores favoritos, un escritor, por desgracia, poco conocido en nuestro país, un escritor francés que se llama Joris Carlouis Mons, y lo leí porque había leído que había roto con Emilio Sola, que él había sido discípulo de Emilio Sola y luego había, digamos, roto con toda la escuela naturalista y había fundado una literatura completamente distinta y yo detesté tanto leer a Emilio Sola en la prepa que quería yo leer el antídoto y eso me abrió las puertas de Luis Mons. Es decir, hasta los libros que no nos gustan nos pueden llevar a otros libros Y eso es algo que resulta verdaderamente fascinante de la lectura. ¿Qué se necesita ahí? Bueno, se necesita tener la mente abierta, se necesita tener curiosidad y ahí regreso nuevamente a la familia porque yo creo que eso es otro agradecimiento que debo hacerle nuevamente a mi familia. Es decir, no crean que yo no tengo conciencia de haber sido un privilegiado. Un privilegiado por muchas razones. Un privilegiado primero, digamos, cultural, es decir, a mi familia le gustaba leer, eso era un privilegio. Dos, un privilegiado económico. En mi familia había dinero para comprar libros. Íbamos a la Gandhi los domingos. Eso era un enorme privilegio. Y un tercer privilegio era que íbamos a la Gandhi los domingos. Es decir, teníamos un privilegio geográfico. Vivíamos en una ciudad en la que había librerías, en donde era medianamente fácil allegarse los libros. Entonces, bueno, soy consciente de esos privilegios y años después empecé a reflexionar a propósito de esos privilegios porque cayó en mis manos, por azares del destino, un libro que les recomiendo muchísimo y que a partir del interés que tienen ustedes en estar aquí será un libro que les será muy útil. que es un libro que se llama Aprender a leer. Los autores son Bruno Bettelheim, que es un psicoanalista suizo muy importante, y Karen Celan. Y esto está editado por Crítica, por cierto, y de veras vale la pena que lo busquen. Se llama así Aprender a leer, de Bruno Bettelheim y Karen Celan. Y aquí tengo algunas citas de ese libro que me gustaría compartir con ustedes. Fíjense lo que dicen Bettelheim y Celan en este libro. Dicen, que el niño aprenda a leer dependerá en grado considerable de su historial familiar, de que se le haya convencido que la lectura es algo deseable. Y en efecto, justamente, esa es la diferencia, aludiendo a lo que les decía yo al principio de esta plática, entre descifrar y leer. Cuando yo vi Masarik escrito en un letrero en la calle, yo no estaba leyendo, estaba descifrando. Y esos contenidos, es decir, la palabra Masarik no tenía nada atractivo, ni deseable, ni inteligente, ni seductor, ni nada para mí. Realmente el aprendizaje a leer se hace en el momento en que las palabras y los libros terminan por estar investidos de contenidos, pero eso es algo que propicia de manera muy importante la familia. Es decir, yo cada vez que escucho, les voy a poner dos situaciones muy frecuentes. Una persona le pregunta a otra, ¿qué te gusta leer? Y la otra persona contesta, ¡ay, a mí me gusta leer de todo! Bueno, pues es una persona que seguramente nunca lee. A nadie le puede gustar leer de todo. Es decir, a mí pregúntenme, no, las novelas de Emilio Zola me disgustan con una violencia absoluta. Y yo nunca leo libros científicos porque yo soy un idiota que tiene una laguna para la ciencia. Es decir, yo de veras tengo graves problemas para la comprensión de los planteamientos científicos. Y eso está mal, claro que está mal, lo de Zola no está mal, la Zola no se lo recomiendo, pero es imposible que a un ser humano le guste leer de todo, sería preocupante que leyéramos de todo. Entonces cuando alguien responde yo leo de todo, lo que está diciendo es no leo, pero me da vergüenza decirte que no leo, entonces te digo que leo de todo. O cuando dicen, ¿y qué libro estás leyendo? No, pues ahorita no estoy leyendo nada. Probablemente la persona que dice ahorita no estoy leyendo nada hace muchos años que no lee un libro. O el ejemplo paradigmático es cuando en las encuestas en la calle le pregunta a uno a la gente qué libro está leyendo y todos están leyendo 100 años de soledad, siempre. Es el libro que leemos los mexicanos en permanencia de los 4 a los 92 años y que nunca terminamos. Bueno, ¿qué significa eso? Que es el único libro que hemos oído mencionar, por supuesto. Bueno, hemos oído mencionar Juventud en Éxtasis, pero tenemos los dos dedos de frente para que nos dé vergüenza decir que estamos leyendo Juventud en Éxtasis. Yo tengo una historia que contarles de Juventud en Éxtasis próximamente, pero esas se las doy como avance, digamos, cinematográfico, como los trailers en el cine. Pero bueno, estas personas a las que me refiero, las que dicen que leen de todo o que ahorita no están leyendo nada o que viven leyendo 100 años de soledad toda la vida, son personas que no tuvieron un entorno familiar como el que refiero yo. Es decir, personas que nunca fueron acercadas a la lectura de entrada y que no pudieron, digamos, llegar a desarrollar un hábito lector. Seguramente ustedes han visto muchas estadísticas y muchos estudios en materia de educación y de lectura en los medios de comunicación en años recientes. Durante muchos años se decía que los mexicanos leíamos medio libro al año y eso que no se consignaba que era el libro vaquero. Durante muchos otros años, ahora estamos muy orgullosos porque leemos 1.9 libros al año, 2.9 ya, pues me parece vergonzoso que leamos 2.9 libros al año, pero digamos, se supone un cambio. y seguramente ustedes han visto los estudios de la OCDE, déjenme darles aquí un poco de contexto institucional. Bueno, hay un organismo que se llama la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico, la OCDE, tiene su sede en París y que era llamado originalmente el Club de los Ricos, es un organismo internacional creado en la posguerra que aglutinaba a todos los países industrializados. Después de eso, muchos países en vías de desarrollo, como se nos llama de manera políticamente correcta, los países pobres, fuimos invitados a formar parte de la OCDE, entre ellos México. Pero bueno, muchos países de Europa del Este forman parte de la OCDE, si no me equivoco Brasil también, en fin, es un grupo más grande. Y más bien se trata ahora de democracias liberales con sistemas de mercado. Yo diría que ese sería el principio rector, digamos, para la pertenencia a la OCDE. Y bueno, la OCDE cada dos años lleva a cabo un estudio que es conocido como el informe PISA. Lo lleva cada año, pero un año lo hace para las habilidades matemáticas y otro año lo hace para la comprensión de lectura. Bueno, ya ha habido varias ediciones del informe PISA que se han publicado desde entonces. Y bueno, seguramente conocen los resultados de la última edición del informe PISA, en donde México quedó en el último lugar en comprensión de lectura entre todos los países miembros de la OCDE y algunos otros países no miembros de la OCDE, es decir, entre paréntesis, más jodidos económicamente que nosotros, que tuvieron un mejor desempeño en comprensión de lectura los alumnos de las escuelas secundarias de estos países. Bueno, eso es muy preocupante. ¿Y de qué habla eso? habla de que entornos familiares como el mío son excepcionales y no deberían serlo, deberían de ser la norma. Es decir, lo que estamos haciendo es que somos hijos y seremos padres de hijos que no leen. Es decir, estamos reproduciendo una sociedad de personas que no leen y por lo tanto no tenemos y nuestros hijos no tienen o no tendrán referente alguno que nos ayude a comprender el placer y el interés que derivan de la lectura. Es decir, vivimos en un círculo vicioso. Yo no leo, mis hijos no leerán y si mis hijos no leen, no enseñarán a sus hijos a leer. Y así no solo ad infinitum, sino incluso ad nauseum. Ahora, ¿qué podríamos hacer para romper ese círculo vicioso? No ha hablado mucho de la casa, a lo mejor valdría la pena hablar de la escuela y en efecto, en teoría, para eso sirve la escuela, es decir, en teoría, con todas las condiciones, digamos, necesarias para romper ese círculo vicioso, para formar lectores, están dadas en el espacio escolar. Las escuelas, bueno, son la sede del conocimiento, se supone, pero además hay libros, hay muchos libros que leer y muchos maestros que acercarnos a los libros. Bueno, de hecho, Betel, Jaime y Selen lo dicen en este libro que les comentaba yo. Lo que dicen ellos es que el sistema educativo debería tener como tarea el contrarrestar y compensar lo que se echa en menos en los hogares, en lo que se refiere al deseo de instruirse. Y yo voy completamente de acuerdo con ellos. Nada más déjenme leerles una cita más divertida de este libro de Aprender a Ler de Betelheim y Zeland para que veamos uno de los muchos problemas que hay en las escuelas. Betelheim y Zeland están imaginando un libro, digamos, típico de los que pueden encontrar algunos niños en las escuelas y lo citan más o menos así. Nan tenía una almohadilla. Nan tenía una almohadilla color canela. Dan corría, Dan corrió hasta la almohadilla. Bueno, lo que está haciendo por supuesto Betelheim es burlarse de muchos de los libros infantiles a los que se acercan los niños en las escuelas. Lo que él dice es, libros como este y bobadas incluso peores, no tienen la impresión de que estén guiendo al niño hacia el dominio de la lectura, pues lo que se le da a leer obviamente no es literatura. Resulta aburridísimo. Peor aún, estos libros constituyen un insulto a la inteligencia del niño y yo estoy completamente de acuerdo con él. Afortunadamente, Aprender a Leer es un libro ya un poco viejito y afortunadamente ha cambiado mucho la industria editorial y creo que la Finlige que alberga este seminario es un buen ejemplo de ello, de cómo cada vez se editan libros más inteligentes y más estimulantes para niños y eso es de enorme ayuda. Pero quizás me sirva este ejemplo para hacer hincapié en una cosa. Leer no es bueno por definición. Digo, yo tengo un placer perverso de leer las cremas de Roswell y las cajas de cereales, pero créanme que si yo logro integrar una gran biblioteca constituida por puras cajas de Corn Flakes de Kellogg's, no me voy a convertir en un lector. Es decir, no es bueno leer lo que sea. Es bueno leer cosas que valen la pena. Y esto sería lo primero importante porque además solo las cosas que valen la pena son susceptibles de acercar verdaderamente a un niño a la lectura. Es decir, de que quiera más, de que quiera repetir la experiencia. Leer estos libros que no postulan más que una repetición mecánica de fonemas, que tienen un vocabulario limitadísimo, que narran historias repetitivas y sin interés, que abusan de la ilustración o peor, de la literalidad de la ilustración. Y me voy a detener en este punto porque también me parece importante. Un buen amigo mío, el escritor Álvaro Enrique, dice que el problema de algunos libros infantiles es que son como videoclip de MTV. ¿Qué pasa en los videoclips de MTV? Ya ves que la cantante, muy guapa, dice, me rompiste el corazón y en la pantalla se ve un corazón que se hace así. Y luego dice, me measte encima. bueno, ya se imaginarán que pasa acto seguido. Y bueno, eso resulta muy poco interesante y muy poco estimulante en términos lectores, es decir, un niño que está viendo en las imágenes lo mismo que dice el texto, comenzará naturalmente a aburrirse, debería haber un diálogo estimulante, un diálogo enriquecedor entre las imágenes y el texto en un libro infantil. Y bueno, todas estas características de los libros que acabo de enumerar son en gran medida culpables de que la mayoría de los niños no tengan el menor interés por leer. Bueno, pero además el asunto es más grave porque los libros finalmente forman parte, digamos, de la oferta de entretenimiento del niño. Es decir, el niño en un rato de ocio puede leer un libro, o puede ver la tele, o puede jugar un videojuego, o puede escuchar música. y bueno, está la espectacularidad, está el poder de seducción de todas estas posibilidades de entretenimiento que tiene el niño, de la tele, del videojuego, de la música, que el libro debe ser verdaderamente un buen libro para poder competir. No cualquier libro va a competir con un videojuego. Un libro, por supuesto, que puede ser muchísimo más apasionante que un videojuego, pero tiene que ser un buen libro y eso resulta muy importante y sobre todo resulta muy importante en sociedades y en culturas como la nuestra. No es lo mismo leer que descifrar, lo he dicho hasta el cansancio y perdónenme por lo machacón. Y de alguna manera la capacidad de leer es la herramienta básica del aprendizaje, del aprendizaje no solo de la lectura, sino del aprendizaje de lo que sea. Es decir, leer de verdad, decía un psicólogo estadounidense David Auzubel, significa aprender de manera significativa. Auzubel desarrolló una teoría, que es la teoría del aprendizaje significativo, que voy a tratar de explicarles en los términos más llanos posibles. Lo que decía Auzubel es que el aprendizaje significativo se produce cuando los nuevos conocimientos se relacionen con conocimientos previos, es decir, con conocimientos que uno ya posee. Y ahí el aprendizaje se da, digamos, de manera mucho más sólida y mucho más fructífera. Ojo, no las palabras en que están expresados los nuevos conocimientos, sino los conocimientos mismos. Yo quisiera nada más ponerles una prueba sencillísima. ¿Alguien de ustedes me podría recitar la tabla periódica de elementos que todos estudiamos en la secundaria? ¿Nadie? ¿Y por qué será? Porque se la aprendieron de memoria. Igual que yo, yo tampoco puedo recitar la tabla periódica de elementos, se los confieso. Es decir, ahí lo único que había, pues era fonemas. Nos aprendimos fonemas. Algunos eran más o menos simpáticos. Yo todavía me acuerdo que hay un elemento que se llama el californio, que me parecía muy simpático que hubiera uno que se llamara el californio. Pero bueno, es algo que olvidamos automáticamente y que recuerdan los físicos, y que recuerdan bien los físicos porque tienen un interés genuino en el asunto. Entonces, bueno, derrotemos en el sentido del aprendizaje memorístico y pensemos que el aprendizaje se produce cuando el niño está interesado en la lectura, genuinamente interesado. cuando puede ligar esa nueva lectura con una lectura que ya hizo y que también le interesó y que se quedó porque le interesó. Es decir, se está ligando la sustancia del nuevo conocimiento con el conocimiento previo. Es lo que Oswald llamaba, digamos de manera muy sintética, el aprendizaje significativo. Y bueno, ahí ustedes tienen una tarea muy importante. Es decir, es muy importante fomentar la lectura crítica. que los niños sepan si un libro les gusta o no les gusta, por qué les gusta o por qué no les gusta. Y ello se logra simplemente preguntando, seduciendo, estimulando y partiendo además de un libro que nos signifique algo a nosotros. Yo mismo he sido maestro en varias ocasiones en mi vida y yo no creo poder dar una buena clase sobre un libro que no me interese o que no me guste o que no deteste yo con una pasión absoluta. Es decir, tiene que haber un verdadero compromiso entre el mediador y el libro. Tiene que haber un verdadero conocimiento, un verdadero interés, una verdadera curiosidad, una verdadera pasión, si así quieren, para lograr transmitir qué es un libro a otra persona. Eso, de entrada, es importantísimo. Es decir, si nosotros no hemos leído un libro con entusiasmo Y si no nos hemos hecho muchas preguntas a partir de ese libro y si no hemos investigado más a partir de ese libro y si no hemos contextualizado esa lectura que hicimos, difícilmente vamos a lograr motivar a otra persona a entusiasmarse en un sentido o en otro con el libro y difícilmente le vamos a ayudar a desarrollar satisfactoriamente su potencial intelectual. Esto me parece importantísimo. La universidad en la que yo estudié la carrera, eso sí, era una universidad cara y había muchas niñas guapas, muchas niñas guapas y un poco fresas. Entonces, un día, Gaby, viendo lo asnos, que éramos todos sus alumnos, decidió preguntarnos qué libro estábamos leyendo. Y entonces, pues, alguna muy guapa, de veras muy mona, así, güeritas, usarets de perlas, o creadita de la Virgen de Guadalupe, etc. Contestó, ay, pues yo estoy leyendo Juventud en Éxtasis. Gabi la vio con escepticismo y le dijo, Gabi, ¿qué tal que está apareciendo esta lectura? Ay, muy bien, porque se lo regalé a mi novio y ahora me respeta desde que le di ese libro. imaginarán que Gavix una mujer además de inteligente progresista montó en cólera en ese momento hizo una cosa muy inteligente dijo quiero que todos lean Juventud en Éxtasis para la próxima clase y lo vamos a analizar y lo vamos a discutir en clase yo creo que fue una de las experiencias más importantes de mi vida, Gaby por supuesto leyó el libro que no había leído hasta entonces Y creo que es un análisis brillante, tanto del contexto ideológico y filosófico de un libro tan imbécil como Juventud en Éxtasis, pero es fascinante el contexto ideológico y filosófico, como digamos de todos los problemas estrictamente literarios del libro. y me pareció realmente asombroso, es decir, en lugar de simplemente desdeñar un referente que había aparecido en clase, había decidido analizar un referente que había aparecido en clase, y eso fue muy revelador para mí y muy alentador. Y después de eso, les recuerdo que Gaby era mi maestra de investigación de la comunicación, nos dio a leer una novela, que fue la primera novela de Sergio Pitol que yo leí en mi vida, El desfile del amor. Ahora Sergio Pitol es uno de mis escritores favoritos. Para los que no hayan leído El desfile del amor, porque estén todavía leyendo 100 años de soledad, les cuento un poco de qué va. El desfile del amor es una novela que está ambientada en México en los años 70, pero que tiene muchos flashbacks al México de los años 40, en donde se hablaba mucho de que había muchos nazis, que había una gran presencia nazi en México, y que se estaba traguando una alianza entre México y el tercer Reich, y que había bases de operación nazis en nuestro país. Y a partir de esto, y de un contexto que tiene que ver con el mundo del arte de manera muy importante, y de personajes muy estrambóticos, hay un personaje, el personaje principal de la novela, es un historiador que se propone descubrir si en efecto había una infiltración de la Alemania nazi en el mundo del arte del México de los años 40. Y se busca y visita de manera muy señalada el edificio que está en la Plaza Río de Janeiro, aquí en la Colonia Roma, que es conocido como el Edificio de las Brujas, que es un edificio al mismo tiempo terrible y hermosísimo, y hace un verdadero trabajo de investigación. ¿Y saben qué concluye la investigación del desfile del amor? Nada. Es decir, nuestra maestra de investigación de la comunicación nos dio a leer una novela sobre una investigación que resulta absolutamente fascinante, pero que nunca resulta conclusiva. Y eso también me dijo mucho de la investigación. Me dijo tanto que hasta me acordé de un poema, un poema de Constantino Cavazis que es muy famoso y que a lo mejor algunos de ustedes conocen, que había yo leído algunos años antes, y que se llama El viaje a Ítaca y que en el momento poético de esta plática les voy a citar un fragmento. No has de esperar que Ítaca te enriquezca, Ítaca te ha concedido ya un hermoso viaje, sin ella jamás habrías partido, mas no tiene otra cosa que ofrecerte, y si la encuentras pobre, Ítaca no te ha engañado, y siendo ya tan viejo, con tanta experiencia, sin duda sabrás ya qué significan las ítacas. Es decir, Guy Bargeting nos dijo al ponernos a leer este libro, lo mismo que nos decía Cavafis en este poema, que lo importante no es el destino, sino el viaje. Y eso sucede en todo proceso de investigación, y me atrevería a decir que todo proceso de lectura también. ¿Y por qué es tan importante ese proceso de lectura o de investigación? Porque cuando leemos de veras, cuando leemos, digamos, una lógica de aprendizaje significativo, como decía Auswell, pensamos. Leer lleva a pensar, pensar lleva a aprender. Es decir, no hay verdadero aprendizaje sin pensamiento. No hacemos nuestro lo que no pensamos. Entonces, cuando estamos queriendo acercar a alguien a un libro o acercar a alguien a la lectura, lo que tenemos que hacer es hacerlo pensar. Eso resulta muy importante. Y resulta muy importante también saber que no dejamos de aprender cuando salimos de la escuela y no dejamos de pensar, espero, cuando salimos de la escuela. Pero ahí el ingrediente indispensable es la curiosidad. Bueno, yo les conté que soy hijo de una neuropsicóloga que es muy escéptica al psicoanálisis, pero que me casé con una psicoanalista en la típica venganza filial. Bueno, pues no saben lo que he aprendido yo de mi mujer, no solo de la vida y del amor, que eso es infinito y me lo sigue enseñando, sino del psicoanálisis. Es decir, me abrió todo un campo que yo no había conocido. Me descubrió autores, me descubrió no solo a Freud, por supuesto, a quien leí mucho más después de haber estado con mi mujer, sino a un tipo verdaderamente fenomenal que se llama Slavoj Cisse, y que si no lo han leído, vale mucho la pena que se acerquen a él, porque es alguien que parte del psicoanálisis para hacer análisis cinematográfico, literario, político, etc. Pero aprendí en muchos otros lugares, no solo con mi mujer, fíjense que las vueltas que da la vida, yo no siempre fui esta persona que soy ahora, sino en algún momento fui subsecretario de imagen institucional de un partido político, aunque ustedes no lo crean, del partido Democracia Social, cosa que mucho me enorgullece. Yo fui fundador de ese partido, yo participé activamente de la campaña de Gilberto Rincón Gallardo a la presidencia y yo desde el principio sabía que a mí no me interesaba hacer política y que yo no quería ser un político. De hecho, en algún momento el secretario general del partido, que era Ricardo Rafael, me llamó a su oficina y me dijo oye, somos un partido muy chiquito, somos muy poquitos, yo sé que tú no quieres hacer una carrera política, pero ya no tengo con quién llenar el suplente del lugar 40 de una lista plurinominal, por favor, por favor, por favor, acepta ser suplente en el lugar 40 de una lista plurinominal. A lo que le dije que no, que yo no quería esa mancha en mi currículum y no fui suplente en el lugar 40 de la lista plurinominal. Pero me entusiasmó mucho participar en ese proyecto y en ese proyecto aprendí una cosa muy importante. Aprendí que siempre todos estamos haciendo política. Aprendí que la lógica y la dinámica que se produce en el interior de la esfera de lo político están reproducidas todo el tiempo en la vida cotidiana o en cualquier interacción social. Como les dijo Daniel, durante alguna época también dirigí una revista que se llamaba El Huevo y ahí tenía yo el hermosísimo trabajo de ser el editor y el horrible trabajo, porque éramos muy pobres de ser también el vendedor de publicidad. Y me pegaban unas humilladas espantosas. Iba yo a unas oficinas elegantísimas en Santa Fe y en Bosques de las Lomas, en donde siempre me humillaban preguntándome que cuántos miles de ejemplares vendíamos por minuto y que nunca nos acercaríamos a TV Notas y estas cosas. Pero ahí aprendí una cosa. Aprendí que yo siempre había vendido. que todos estamos vendiendo algo todo el tiempo. Yo ahorita, por ejemplo, les estoy vendiendo una serie de ideas que les sirvan para promover la lectura y estoy consciente de cuáles deben ser mis argumentos de venta para que ustedes me las compren. O, por ejemplo, a partir de la revista El Huevo, también aprendí otra cosa. Cuando cerramos la revista por problemas financieros, aprendí que no todos nacimos para empresarios eso lo aprendí con sangre, pero lo aprendí. En resumen, es a partir de esa vocación lectora que no solo aprendí a leer, que no solo sigo aprendiendo a leer, sino que sigo aprendiendo a secas y sigo queriendo aprender.
SISTEMA
NTSC
DOCUMENTO_DIGITALIZADO
Sí
FECHA_INGRESO_ENTREGA
21/11/2008
FECHA_PUBLICACION
24/11/2008
CODIGO_BARRAS_LTO
BWF480
BARRA
Divulgación
TEMPORADA
28
CONDUCTOR
Daniel Goldin, editor, bibliotecario y escritor mexicano
TEMA_CONTENIDO
Promoción de la lectura y la literatura
FECHA_GRABACION
18/11/2008
LOCACION
CLASIFICACION
A
IDIOMA_ORIGINAL
Español
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REALIZACION
Alfredo Chávez
PRODUCCION
Ana Victoria Martínez Anaya

