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CUID
M-02796
SUBTITULO_SERIE
FILIJ 24
SINOPSIS_SERIE
Sobre cómo la lectura se configura en el cruce entre experiencia familiar, entorno social y acceso a la cultura escrita y de qué modo las desigualdades, la precariedad y la movilidad condicionan la relación con los libros, así como las tensiones entre lo heredado en el hogar y lo vivido en contextos escolares y comunitarios. Se analizan las posibilidades de que espacios educativos, bibliotecas y proyectos locales compensen ausencias, acompañen procesos de identidad y generen encuentros significativos con la palabra
EXTRACTO_SERIE
Se destaca la necesidad de crear condiciones materiales y afectivas que permitan a niños y adultos construir una práctica lectora libre, compartida y sostenida, especialmente en contextos de marginación
TITULO_PROGRAMA
SUBTITULO_PROGRAMA
Gregorio Hernández (México) Michéle Petit (Francia) Eva Janovitz (México)
SINOPSIS_PROGRAMA
Se examina cómo la lectura cruza con las experiencias familiares en contextos diversos, incluidos aquellos marcados por marginación, trabajo precario y movilidad constante. Se analizan también las tensiones entre determinación social, acceso desigual a los bienes culturales y el potencial transformador de espacios comunitarios donde los libros desencadenan diálogo, afecto y reconstrucción simbólica. Se reflexiona sobre las instituciones capaces de abrir oportunidades lectoras cuando el entorno familiar no puede hacerlo, así como la importancia de crear condiciones reales —materiales y afectivas— para que niños y adultos vivan la lectura como una práctica significativa, libre y compartida
EXTRACTO_PROGRAMA
Una reflexión sobre cómo la lectura surge, se dificulta o se reconstruye en distintos entornos familiares y comunitarios, y cómo puede abrir caminos de expresión, vínculo y transformación aun en contextos marcados por desigualdad
N_PROGRAMA
5
N_TOTAL_PROGRAMAS
16
DURACION_TOTAL
01:29:12:25
PARTICIPANTES
Gregorio Hernández, cuentero
Michéle Petit, Antropóloga e Investigadora de la lectura
Eva Janovitz, escritora
María Elvira Charría, especialista en fomento de la lectura
SEMBLANZA_PARTICIPANTE
Gregorio Hernández — Cuentero
investigador de la lectura. Hernández Zamora ha trabajado temas de alfabetización, lectura y desigualdad social, y ha colaborado en proyectos educativos nacionales, incluyendo trabajos con la Secretaría de Educación Pública en México, con énfasis en prácticas de lectura en contextos marginados.
Michèle Petit — Antropóloga e investigadora de la lectura
Michèle Petit es antropóloga e investigadora asociada al Centro Nacional de Investigación Científica de Francia (CNRS), donde trabajó en el laboratorio LADYSS. Sus estudios se han centrado en la lectura como práctica cultural y en su papel en la construcción de identidad, especialmente en contextos rurales, zonas urbanas desfavorecidas y espacios en crisis. Ha dirigido investigaciones sobre bibliotecas públicas y exclusión social y es autora de obras ampliamente difundidas en español, entre ellas Nuevos acercamientos a los jóvenes y la lectura, Lecturas: del espacio íntimo al espacio público y El arte de la lectura en tiempos de crisis.
Eva Janovitz — Escritora
Eva Janovitz es pedagoga especializada en formación de lectores en la primera infancia. Ha trabajado como maestra, directora escolar, tallerista y asesora en programas de lectura en México y otros países. Fue coordinadora nacional del Programa Salas de Lectura, colaboradora de la UNESCO y responsable del primer diplomado en Lectura y Primera Infancia de la UNAM. Ha participado en proyectos editoriales infantiles y en la creación de bibliotecas comunitarias. Es autora de materiales sobre lectura temprana, entre ellos Los libros, eso es bueno para los bebés, y es considerada pionera en México en el trabajo de lectura con bebés.
María Elvira Charría
Especialista colombiana en fomento de la lectura, formada en fonoaudiología, con amplia trayectoria en bibliotecas, mediación lectora y desarrollo de proyectos educativos en América Latina. Ha trabajado en instituciones como CERLALC y en programas de lectura vinculados a sistemas educativos.
TIPO_ACTIVIDAD
DISCIPLINA
PALABRAS_CLAVE
Artes visuales | Cuento | Edición de textos | Enseñanza de la lectura | Escritor | Escritora | Escritura creativa | Humor (literario) | Ilustración | Lectura | Libro para niños | Literatura | Novela | Selección de libros
TRANSCRIPCION
Música a la mesa de reflexión sobre el tema de la familia y la lectura. Nos acompañan en la mesa tres profesionales que vienen de tres trayectorias distintas, como nos ocurre a cada uno de los individuos. Es muy grato contar con Gregorio Hernández, Gregorio Hernández Zamora, conocido por muchos de quienes estamos acá, por su importante reflexión acerca de la lectura, y la lectura en medios en donde parecería que no es fácil que florezca ese encuentro con la palabra y los libros. un importante pensador en discusión con las políticas del Estado frente al libro y la lectura. Gregorio hoy trabajando dentro de las múltiples ocupaciones en el proyecto de la reforma de la PL secundaria en la Secretaría de Educación Pública. Gracias Gregorio por haber aceptado compartir con nosotros esta mesa y con los compañeros que en ella están. Voy a presentar a todos los participantes. Eva Hanovic, quien está al final de la mesa, será quien continuará en la actividad de compartir con ustedes el trabajo en la mesa. También es alguien muy conocido en el medio del trabajo de la lectura, es maestra agresada de la Universidad Autónoma de México, desde hace muchísimos años trabajando en promoción de la lectura, y es, en mi caso, la primera persona que conozco en México que empieza a trabajar con niños muy pequeños, y desde ellos con sus familias, acercando el libro y la lectura, muchísimos años en un trabajo incluso fuera de su habitual e importante trabajo en el proyecto de promoción de lectura del Fondo de Cultura Económica, en donde trabajó y formó muchos promotores del libro y de la lectura que hoy hacen parte de este enorme el grupo que acompaña los caminos de lectores en el país. Y bueno, a Michelle ya tuvimos la alegría de conocerla para algunos en el día de ayer y otros de reencontrarla. No volveré a hablar en este momento de Michelle, el tiempo es de ellos. Y voy a pedirle a Gregorio que pueda empezar a compartir en esta mesa. En esta mesa nos planteamos, para que hubiera un discurso que cruzara todos sus diálogos, básicamente dos preguntas. Una es si hay algo que la familia entrega a cada sujeto para constituirse en un posible elector o si Hay una predeterminación que implica que no es posible llegar a ser lector si esto no es entregado por la familia. No o, sino y si existe esa predeterminación. Y la segunda pregunta que nos planteamos es, ¿existe otra institución social u otras instituciones sociales que puedan entregarle al individuo la posibilidad de acceder al mundo de la lectura cuando la familia no ha podido hacerlo? Y básicamente ellos dijeron que sí, que iban a tratar de incluirlas en su discurso. Gracias, Gregorio. bueno, antes que nada quiero agradecer a los organizadores de este evento por el privilegio de invitarme a esta mesa, en particular esta mesa con personas importantes, prestigiosas como el Petit de Baja Norte y agradezco especialmente a María Elvira Echardia a Ana Bustillo, a Ana Arenzana y a Imelda Martorell por la confianza y el riesgo que se toma al haber invitado a este personaje. Yo quiero en esta primera parte leer un documentito de siete páginas que titulé La familia marginada y la lectura. Me invitan a participar en una mesa redonda con el tema La familia y la lectura, y la primera pregunta que me hago es, ¿la familia de quién? Y enseguida surgen otras, ¿qué tipo de familia, de qué clase o estrato social, con qué nivel educativo? En México estas son preguntas inevitables, pues las familias no son de lectores o de no lectores, sino de las que tienen demasiado, de las que menos tienen y de las que nada tienen ni tendrán, como lo dejan ver las estrategias económicas en curso. De acuerdo con el reporte mundial del desarrollo del Banco Mundial, en México el 10% de las familias más ricas se lleva el 43% de la riqueza nacional, mientras que el 20% más pobre sobrevive apenas con el 3.6% de la riqueza nacional, es decir, con migajas. Las historias de individuos reales que he recabado en los últimos años muestran que quienes han crecido en la marginación urbana o rural en México han experimentado los efectos de un colapso económico sostenido desde fines de los 70, que incluye desempleo masivo, devaluación salarial y desmantelamiento de las economías locales. El trabajo mismo les ha dejado de pertenecer a millones de globalizados, cuyas únicas opciones son o el desempleo o la microempresa callejera o la servidumbre en transnacionales que hoy florecen en el páramo económico del país. En palabras de Marcos, donde había una bandera, hoy hay un centro comercial. Donde había una historia, hoy hay un puesto de comida rápida. Donde florecía el coquihue, hoy hay un páramo. Donde había memoria, hoy hay olvido. En lugar de justicia, limosna. Millones han perdido nada menos que sus medios materiales de sustentación y sus historias de vida reflejan las fuerzas económicas que los han empujado fuera del sistema educativo, vidas dominadas por la inseguridad económica, estados permanentes de frustración, conflicto y miedo. El resultado obvio de este proceso deliberado de destrucción económica ha sido un alarmante crecimiento en los índices de alcoholismo y drogadicción, violencia doméstica y callecera, la emergencia de una economía masivamente subterránea y en gran medida criminal y el colapso del sistema escolar como vía para el progreso socioeconómico. En México, más del 50% de los mayores de 15 años carece de escolaridad básica y menos del 20% de los jóvenes entre 18 y 24 años tienen acceso a la educación superior. Este panorama gris de imposibilidad de una vida normal constituye el sistema social en el que los niños, jóvenes y adultos pobres de México sobreviven y luchan para negociar un lugar para sí mismos. Indigna entonces que tras desmantelar las posibilidades educativas de millones y la dignidad de nuestros maestros, sean las mismas tecnocracias quienes decretan que lo que los despojados necesitan no es acceso pleno a la educación y al trabajo, sino competencias para la vida y el trabajo, alfabetización tecnológica o mejores hábitos de lectura. En cuanto a las familias, el concepto mismo de familia no parece operar ya en la realidad social de los marginados. A reserva de datos estadísticos que indiquen lo contrario, las familias desintegradas son la norma entre los sectores marginados del país. Se trata de familias desechas por la migración a Estados Unidos o por la separación de los padres, pero también y en gran medida por la violencia y el abuso intrafamiliar ligados al desempleo, el hacinamiento, las adicciones, la escasa educación de padres e hijos y el maltrato de género. Son estos los patrones sistemáticos que yo he observado en las colonias populares del Valle de México y que se rompen solo por algunas decepciones que confirman la regla. En el medio rural, aún más marginado, según datos oficiales, en el año 2004, 5 millones de familias en México reciben 300 pesos bimestrales para no morir de hambre, a través del programa Oportunidades de Combate a la Pobreza. Son familias hundidas en el desempleo o desechas por la migración a Estados Unidos. Para muchas de ellas, la beca, entre comillas, de 200 pesos mensuales que reciben los niños por no deceptar de la escuela, se ha convertido en el principal ingreso familiar. Un habitante de la comunidad hidalguense donde se inició el programa Oportunidades hace 7 años, sintetiza así sus beneficios. Aquí hemos sobrevivido por la Unión Americana. Si no pudiéramos cruzar al otro lado, ya nos hubiéramos comido entre nosotros. ¿Qué familia? ¿De qué familias y de qué lectura hablamos entonces? No se trata sin duda de las familias educadas y de clase media que leen tiernas historias a sus hijos mientras la sirvienta lava los platos. Esta imagen romántica se cae frente a familias donde los hijos mantienen a sus padres, donde los maridos abusan de hijos y esposas, o donde las madres, solteras o casadas, venden jugos en la calle en vez de sentarse a leer con sus hijos. Se trata de familias en las que no son los padres quienes socializan a sus hijos en la actividad de leer y escribir, sino donde padres sin escolaridad llegan a tener demandas de lectura y escritura por sus hijos que van a la escuela. Lo mismo ocurre entre los mexicanos que aún sobreviven en México como entre los millones que se han ido a Estados Unidos con toda su familia. Pero aún hay en México gente muy instruida, incluso escritores o científicos, que piensan que la condición para que los hijos se hagan lectores es que crezcan en hogares con libros y padres que les lean. Así es, hasta cierto punto. Sin embargo, mi insana curiosidad me ha llevado a indagar las historias de vida de algunos escritores, periodistas y académicos famosos. Y el patrón común que hallo en sus biografías es que en sus hogares no solo había libros y padres lectores, también había padres de muy alta escolaridad, clases particulares de música, lengua o literatura, viajes al extranjero, acceso a la educación superior y pertenencia a redes familiares y sociales directamente ligadas al periodismo, la literatura o la investigación científica. Por si fuera poco, desde muy jóvenes, muchos de ellos estuvieron como maestros, interlocutores e intelectuales de primer nivel, quienes casualmente eran familiares o amigos cercanos de la familia. Es el caso de figuras como Carlos Fuentes, Elena Puñatowska, Etel Krause, Héctor Bastoncelos, Juan Villoro o Carlos Loret de Mola, por citar solo algunos. De académicos y funcionarios de alto nivel no doy nombres porque mi futuro laboral depende de ellos. pero tengo un video que podría usar si el caso lo amerita. ¿No es casual entonces que en sus biografías aparezca con frecuencia la frase me inicié a muy temprana edad en el periodismo, o en las letras, o en las artes, o en la diplomacia? ¿Por qué no se iniciaron en el franelerismo, o en la venta de medias, horas de placer? Sin duda es una pregunta estúpida, pues nunca se la plantean quienes crecieron rodeados no solo de libros, sino también de familias bien colocadas. Pero yo me la hago porque la familia en donde yo crecí no solo no había libros y lectores, excepto el libro vaquero. Tampoco había estado social ni membresía en redes familiares, sociales o institucionales ligadas al trabajo intelectual. condición que ahora veo es crucial para acceder al mundo letrado, pues leer y escribir son actividades intelectuales por excelencia. Es cierto que no me invitaron a hablar de mi familia, sino de la familia, ni de economía, sino de lectura, pero estos temas son tabú entre quienes desean convertir a México en un país de lectores y no en un país de gente con empleo, educación y salarios dignos. Del medio familiar al espacio público. Según la definición más común y superficial, un lector es alguien que lee libros, muchos, buenos y por placer. Yo les propongo otra definición. Un lector es alguien que se apropia del lenguaje de otros, para expresar sus propias intenciones y para convertirse en autor y actor de su propio lugar en el mundo. Apropiarse del lenguaje implica aprender a manipularlo en forma deliberada, pero esta apropiación no se da de manera primordial leyendo, ni ocurre solo en el contexto familiar. En alguna ocasión escribí que así como un pintor no se forma mirando cuadros, sino pintando los suyos, un lector no se forma leyendo los textos de otros, sino escribiendo los suyos. Aprender a escribir implica apropiarse de las palabras y las ideas de otros, encontrar la voz propia y hacerse escuchar en conversaciones sociales que solo tienen lugar fuera del espacio íntimo del individuo y su familia. Convertirse en hablante y escritor de una lengua no significa solo leer textos ajenos o leer por gusto o leer buenos libros, sino ante todo, tener algo que decir y entrar al espacio público de las conversaciones mediadas por lo escrito. Esto supone identificarse a sí mismo como un hablante y escritor legítimo y autorizado para participar en las instituciones políticas, culturales y educativas de la sociedad. Pero hay que entender que producir escritores no se logra fomentando la lectura ni solo en la escuela básica. La producción intelectual, o sea editorial, de los países industrializados es indisociable de sus amplios sistemas de investigación y educación superior, que es donde se produce conocimiento original y sofisticado, mentes pensantes y por lo tanto, profesores que enseñan o muestran a los niños y jóvenes cómo hablar y pensar, es decir, cómo escribir. La pregunta central de la relación entre familia y lectura no es, por tanto, de qué manera los padres pueden acercar a sus hijos a los libros, sino a qué tipo de instituciones y comunidades letradas tienen acceso a las familias de los sectores históricamente marginados. La familia es una comunidad de socialización primaria donde el niño adquiere la lengua materna, pero la lengua escrita es una especie de segunda lengua cuyo aprendizaje tiene lugar en espacios de socialización secundaria como las escuelas, universidades o comunidades letradas de otro tipo. Pero al menos en México, las mayorías tienen acceso casi exclusivamente a la escuela básica, no a la educación superior. Y a una educación básica con maestros empobrecidos y donde privan prácticas pedagógicas orientadas a los aspectos más mecánicos de la lectura y la escritura. En finamiento. En este sentido, la barrera principal de los marginados, que los marginados deben superar para crecer social e intelectualmente y para apropiarse de prácticas legítimas y públicas de lengua escrita, no es su escaso gusto por los libros y la lectura, sino el sentimiento de imposibilidad e inferioridad que resultan de una vida de encierro físico, intelectual y social. En entrevistas con hombres y mujeres del medio urbano marginal he encontrado que su principal obstáculo es justamente la imposibilidad para decidir casi cualquier cosa acerca de sus vidas y para involucrarse intelectualmente en asuntos más allá de la esfera doméstica y de la sobrevivencia inmediata. Por lo anterior, el problema central de la educación de las mayorías no es convertir a los marginados en lectores, sino contribuir a que individuos cuyas vidas comienzan en espacios sociales, comunicativos e ideológicos muy estrechos, salgan del confinamiento doméstico y laboral y amplíen sus horizontes de acción y pensamiento, se apropien de nuevos lenguajes y discursos y transformen sus sentidos de identidad personal y social. Bueno, un salto a dos páginas que se me quedan dos minutos. La siguiente, la última parte se llama… ¿no me la salto? ¿Qué dice la moderadora? Bueno, dice… Experimentar libertad es lo que hace posible tomar conciencia de la diversidad de ideas y lenguajes vinculados con distintos mundos sociales y lo que permite encontrar una voz propia para respaldar o contestar los discursos e ideologías dominantes de la sociedad. Pero libertad es justo lo que está negado para sectores sociales cuyas vidas oscilan entre el trabajo alienante y el desempleo, y para quienes la inseguridad es lo único seguro en sus vidas. Muchas personas provenientes de familias de no lectores, como yo, Hemos descubierto esta libertad sólo al salir de la familia y entrar en mundos sociales e ideológicos más amplios, como los de las organizaciones políticas, religiosas, espiritualistas, naturistas, deportivas o artísticas de la comunidad, o al tener acceso a las instituciones educativas, especialmente las de nivel superior. Salir del confinamiento es, entonces, la experiencia clave en el desarrollo intelectual y comunicativo de gente que vive al margen de la sociedad y sus instituciones culturales. La barrera no es la falta de lectura, sino la falta de empleo y de oportunidades educativas, las condiciones de vida ofrecidas y en muchos casos autodestructivas, y la autoimagen devaluada que dichas condiciones engendran. Cualquiera sabe que nada golpea más la autoestima de una persona que fracasar en la escuela o perder el empleo. ¿Por qué los pobres no ansían leer buenos libros, pero sí participar en grupos e instituciones de diverso tipo? ¿Qué encuentran allí que no hayan sus familias? En la investigación que realicé en Iztapalapa, el área más caótica, poblada y peligrosa de la Ciudad de México, encontré gente que, a pesar de sus presiones económicas, busca ávidamente filosofías, teorías y conocimientos que le sirvan para explicar el mundo y a sí mismos, para construir fortaleza interna y motivación, para emprender acción en el mundo y para lograr un mayor control sobre sus vidas. Pero esto no lo encuentran en la lectura individual de libros, sino en la participación en grupos comunitarios que les dan acceso a tres recursos de aprendizaje esenciales. Uno, contacto directo con guías intelectuales que diseminan discursos poderosos que permiten entender y contestar otros discursos, que enseñan a interpretar textos para interpretar el mundo y que ejemplifican cómo pensar, hablar y actuar. Dos, experiencias de aprendizaje que involucran a la vez la mente y el cuerpo, la participación social y la reconstrucción emocional. Y tres, prácticas de lectura y escritura que yo opinan no es crear el hábito de la lectura, sino informar diálogos y acciones colectivas. Justo el tipo de diálogos que no ocurren en su contexto familiar ni en las escuelas a las que tienen acceso. Pero sentirse autorizado para hablar y escribir es extremadamente difícil cuando uno proviene de una familia cuya posición en la sociedad es marcada por la marginación, la opresión y la inferiorización en todas sus formas. Y esto no se resuelve solo con lectura. Veamos como ejemplo las palabras de un habitante de Iztapalapa que a pesar de leer y saber muchísimo sobre historia prehispánica, percibe la inferioridad de su estatus educativo y lingüístico cada vez que intenta entrar entre puntos culturales y sociales ajenos a su mundo. Se trata de un amigo mío que maneja un taxi y solo estudió la secundaria. Al preguntarle si alguna vez había participado con preguntas o comentarios en conferencias a las que asiste por interés personal, su respuesta fue esta. Muy pocas veces. Soy algo tímido para levantarme y más que nada porque dices, ¡Ay, güey! ¿Quién sabe qué nivel tengan estas personas que están aquí a tu alrededor? Y te intimida, muchas veces. Más que nada porque cuando llegas a un museo, a un centro de las artes, ves la diferencia de gente que hay, como que ves pura gente cerebrito, pura gente estudiante. O sea, dices, a lo mejor hago una pregunta y quién sabe si todo mundo querría de mí. Termino. Esta parte se llama Zapatistas, más allá de la lectura y la familia. En situaciones de crisis, el libro y la lectura puede ciertamente ser un espacio para imaginar, sonreír, soñar o incluso aliviar el dolor físico. Pero leer y soñar no son actos de una mente amputada de un cuerpo. Son acciones inseparables de la vida material y social de ese cuerpo y sirven o estorban a sus propósitos y necesidades. Si despiertas del sueño de la lectura del dinosaurio todavía está allí, es que la crisis y la frustración son ya tu forma permanente de vida. Y este es el caso de los grupos marginados alrededor del planeta. Una cosa es entonces leer como paliativo para aliviar o olvidar el dolor de vivir con una bota en el pescueto, y otra muy distinta es leer, hablar, escribir para actuar y sacudir de esa bota, para liberar su vida fuera del espacio mental de la enseñación. Y eso es justo lo que están haciendo los indígenas de 30 municipios autónomos de Chiapas. A diferencia del resto del país, los indígenas zapatistas no están fomentando la lectura, sino la toma de espacios públicos para dar voz a los sin voz. Han creado una estación de radio en la que hombres y mujeres indígenas, además de marcos, son locutores, reporteros y dadores de noticias. Están trabajando por lo mismo en la formación de escritores, periodistas y videoastas indígenas. Buscan avanzar en la escolarización de sus comunidades hasta crear una universidad zapatista. Han escrito y publicado comunicados, cartas, cuentos y declaraciones que definen quiénes son y qué futuro quieren para sus comunidades y han emprendido las acciones necesarias para realizar sus sueños, o al menos lo intentan. Todo esto contradice el credo neoliberal, según el cual lo que los pobres necesitan es elevar su productividad y su nivel de tolerancia al desempleo y la frustración. No es paradójico que sean los indígenas, es decir, los más pobres contra los pobres, los menos educados, los menos letrados, quienes entiendan mejor lo que en verdad está en juego, porque la lectura paliativa parece estar convirtiéndose en lo que una película de ciencia ficción llamó La Matrix, Un mundo soñado que ha sido puesto frente a nuestros ojos para evitar que veamos el mundo real fuera de los sueños. Hace muchos años Marx llamó a esto el opio del pueblo. Preguntar a quienes viven en estado de crisis perpetua sobre sus experiencias gratas con la lectura es una cosa. Preguntarle sobre sus planes, sus deseos y los obstáculos que enfrentan para realizarlos es otra. porque lo que uno escucha son voces entrecortadas que narran historias de proyectos truncos y deseos que se marquizan como uvas bajo el sol. ¿Y a dónde van los deseos que no se realizan? ¿Pueden realizarse a través de la lectura? Gracias. Gracias, Gregorio. Bueno, estos espacios siempre para mí han significado una sorpresa. siempre creo que hay muchos otros en el público que bien podrían estar aquí y bueno me pongo retos para tratar de reflejar en mi propio avance en mi propio momento y bueno eso lo tengo que agradecer porque desde que me interesa iba a participar en esta mesa pues me puse a releer releír los libros de mi gente los que no les hayan leído se los recomiendo son libros que en la relectura son todavía más más intensos y creo que eso más el haber recuperado mi propia memoria en el trabajo comunitario es un agradecimiento que tengo que hacer personal a todos los que pensaron que yo debía estar aquí. Bueno, antes que nada, quiero decirme en voz alta que verdaderamente tengo mucha suerte. Estar hoy también acompañada, compartiendo caminos, escuchando otras voces a través de ustedes, es realmente un privilegio y un compromiso mayor. Ya que estamos en las confesiones, les comparto otra. Está por terminarse un año que realmente resultó muy huracanado para mí. La calma total aún no ha llegado. Y es porque lo único realmente parecido a las grandes tormentas son los cambios de la vida, que aunque sean muy anunciados, necesarios y estableciados, nunca dejan de sorprendernos y por supuesto sin pedir permiso detienen nuestro ritmo cardíaco. Pero también sé que cuando uno logra sobrevivir a estos imparables fenómenos, casi sin voz te dices a ti mismo, los cambios son buenos. Y por supuesto que lo son, porque nuestra naturaleza como humanos nos hace asumir el miedo al cambio como un reto. Y como si fuera poco, salir de él victorioso. Así que espero que el estar hoy aquí tenga ese papel reparador que yo tanto necesito. Gracias por darme estos minutos para sentirme y sentarme cómodamente en este foro, del cual quiero decir que celebro con alegría como este espacio generoso donde muchos hemos aprendido y reflexionado, gestionado desde hace ya varios años nuestro propio espacio. Cada año se amplía más y permite nuevos y múltiples encuentros. Aun cuando los convocados vengan de cualquier lugar del mundo, sus palabras y su trabajo funcionan ante los que escuchamos, como dice Elisa Bonilla, como espejos y ventanas que nos regalan guiños, los cuales curiosamente nos renuevan y nos hacen sentir que vale la pena seguir promoviendo la circulación de los libros en nuestra sociedad. Mi experiencia profesional ha tenido la suerte de ser una mezcla rarísima, Porque he tenido que trabajar entre la vida editorial, que muchas veces es apasionante, compartiéndonos siempre gozosamente a los autores, ilustradores, correctores de estilo, editores, equipo de comercialización, y ese punto donde nos une con los lectores es la selección de los libros. Sin duda, este es el lugar que une el trabajo editorial con los posibles lectores. Por el otro lado, he tenido la suerte de trabajar en espacios de encuentro con los libros, como son las bibliotecas públicas, las salas de lectura, los libros club, la sala y por supuesto la realidad de los salones de clase, los maestros, las familias, las comunidades rurales, los niños que trabajan en el campo desde muy temprana edad, todos ellos debían de ser para los editores su razón fundamental, aunque sé que muy pocos están tan conscientes de ello. No les puedo contar cuál de las dos experiencias llegó primero a mi vida. realmente no lo recuerdo. De la misma manera que hasta ahora sigue siendo una incógnita quién fue primero que la gallina o el huevo. Lo importante es que ambas llegaron y han jugado un papel fundamental no solo en mi vida profesional, sino con la misma fuerza en mi vida personal. A pesar de llevarme tira en este ajo más de un cuarto de siglo y sin minimizar mis primeros años de incursión en el medio, considero que los mejores y los más importantes han sido los últimos diez. Por supuesto que no niego mis raíces añejas cuando trabajé en los libros de texto gratuito. Nada sabía entonces de la fonte, pero compartí esa labor con profesionistas maravillosos que me enseñaron mucho. Sé que posiblemente hoy estoy aquí frente a ustedes gracias a este tiempo y a mi necesidad de riesgo permanente, aunado a no haber dejado hasta hoy de hacerme preguntas, a pesar de que hasta la fecha tengo muchas más preguntas y sinceramente muy pocas respuestas. En vías de aportar a la reflexión, no haré un recuento de las diferentes oportunidades que he tenido para participar como mediadora entre la cultura escrita y los lectores, los niños, los adolescentes y sus familias. Ellos estarán presentes entre estas líneas y de manera visual, mientras yo me atrevo a compartir con ustedes algunas de las ideas que creo pueden ayudar a la discusión y reflexión colectiva. colectiva. Para mí, los aspectos importantes para discutir hoy, donde el tema central en la familia y la lectura son la convocatoria al encuentro con los libros. Desde hace muchos años, me parece fundamental el revisar cómo invitamos a los padres a participar con sus hijos del encuentro con los libros y la respuesta que hemos tenido en ellos. En el caso de mi trabajo con lectura y bebés y papás, les confieso que cada vez que abría la convocatoria, dudaba que el cupo se llenara. Y hasta ahora me sigue impresionando que no solo el cupo se llena, sino que siempre recibo más familias de las que desearía. Porque aún me cuesta trabajo pensar que en un grupo numeroso, realmente cada vez digo que puedo atender a todos. Y si estos encuentros masivos permiten la intimidad que se da entre el lector y el libro. En el fondo, los límites del cupo son absurdos, porque en principio uno cree que mientras menos personas hay, es mejor. Es mejor nuestro acompañamiento. Y también porque siendo poco se logra mayor intimidad, lo cual realmente hoy piensa que más fácil. Después de haber trabajado en colegios, casas de cultura, el trabajo de lectura con niños y familia empezó hace nueve años, con niños menores de tres años y sus familias. Comprobé que Marí Bonapé ni exageró ni mucho menos inició, al decir que nunca los padres están tan cerca y dispuestos a hacer lo mejor para y por sus hijos, como cuando estos son pequeños. Sin embargo, poco a poco he promovido diversos encuentros entre hijos y padres, incluyendo adolescentes y sus familiares. Estas experiencias algunas han sido realizadas en familias pertenecientes a la clase social alta, media y la mayoría en comunidades altamente marginadas. Estoy hablando de familias con niños entre los seis meses hasta adolescentes entre los dos y los quince años. Los lugares en los que he estado son diferentes espacios del Distrito Federal, Oaxaca, otros estados de la República, Guatemala y Colombia. Las fotos que creo que están viendo son de todos estos lugares. La situación más extrema son los niños que forman parte del programa de educación para niños migrantes que actualmente dependen de la CEP. Cuando me llamó el maestro Rigoberto, entonces coordinador del programa, para decirme que necesitaba unos libros para los niños migrantes, lo primero fue ponerme feliz. Pues uno de mis compromisos con el Fondo de Cultura Económica era vender nuestros libros. Pero como a mí no solo me importa venderlos, sino que se lean, pues me comprometí a ir a conocer ese programa de educación básica para niños migrantes, del cual jamás había oído hablar. Tendría mucho que contarles sobre este programa, los maestros, los coordinadores estatales, la complejidad de realizar el trabajo. Pero solo les diré que al ponerme en contacto con ellos, mi vida recibe una buena sacudida. Porque entre otras cosas, me hizo reconocer que dentro de nuestro territorio hay gente tratada como esclavos. Claro, no los llevan encadenados a los campamentos, pero sí los llevan en camiones de revilas, donde van parados desde los estados del sur al norte del país. Muchas, muchas horas. Allí los esperan los capataz para enseñarles los campamentos y por supuesto los lugares donde trabajaban. Vienen de diferentes estados, hablan diferentes lenguas y viven en un calendario que seguramente ninguno de nosotros vive, que es el calendario agrícola. Pero sin duda lo más importante es que van en familia. Este trabajo les permite a los padres no separarse de sus hijos. Todos son manos de obra útil. Los campamentos tienen escuelas. Más bien, es el lugar improvisado donde los maestros llegan a trabajar, sin que sea la escuela la actividad principal para los niños. Los padres de estos quieren que por lo menos sus hijos aprendan a leer y escribir, sumar y rezar para que un día puedan firmar. Fui a varias reuniones con el entonces equipo nacional. Entré en crisis cuando supe que Rigo había convencido a los coordinadores estatales que una parte importante de sus presupuestos estatales había que invertirlas en libros. No se imaginarán cómo me sudaban las manos. Me preguntaba si de verdad valía la pena invertir en los libros. Así fue. Ellos estaban seguros. Seleccionamos juntos los libros, muchos eran álbumes, y armamos acervos de entre 60 y 90 libros. Daniel Golding estaba feliz. Yo seguía con culpa. Logré convencer a todos que Conchita Cabrera y yo recorriéramos todos los estados para capacitar a los maestros, eran 16 estados participantes. Después de esta experiencia, sabíamos que serían un éxito los libros en los campamentos, pero nunca nos imaginamos cuándo. Me parece importante plantear que aun cuando la estructura familiar sea similar en todos los grupos sociales, Las familias que viven en situaciones de segregación profunda responden con mucho más gusto a la convocatoria de una experiencia de encuentro con los libros que se tienen. Recuerdo las expectativas que tenían a nuestra llegada a Río Seco, en Oaxaca. Fue un sábado en el que los padres campesinos decidieron por unanimidad no ir al campo para compartir con sus hijos algo que estoy segura no se imaginaban exactamente que era. Soltaron los machetes y los cambiaron por libros e hijos. Estos decidieron sentarse muy cerca de sus padres. Un día en que las cosas no eran como siempre. Algunos lograron hasta sentarse sobre sus piernas. El ambiente era de pie. Los padres escucharon las lecturas de sus hijos, la mía y la de otros maestros. Esto fue suficiente para que los padres que saben leer, se siguieran en confianza y les veyeran a sus hijos. Realmente me conmovió el murmullo. Todas las voces al mismo tiempo, en un lugar donde la palabra comúnmente no está presente. donde un silencio es tan profundo y tan continuo que se oyen los ríos, los pájaros y el viento. Ese sábado los sonidos eran otros, eran las voces y las risas de niños y adultos de esa comunidad compartiendo una experiencia donde estaba muy presente el respeto, el cariño y la comunicación. Creo que la convocatoria lo que realmente logra es posibilitar el encuentro con los libros y con esto se da de inmediato un encuentro íntimo con uno mismo, sobre todo para los muchos que, como dice Geneviève Paz, no llegaron a la primera cita con la lectura en su propio infancia. Estos espacios tienen una nueva oportunidad para ellos, que en un principio parece estar totalmente destinada en beneficio de los hijos y que aprovechan profundamente. Al observar la conducta de los adultos, a pesar de haber visto muchas veces estas escenas, no deja de conmoverme la fascinación que estos muestran ante los libros y cómo poco a poco construyen su propia e íntima experiencia. a tal grado personal que algunos olvidan inclusive la presencia de sus hijos. He llegado a pensar muchas veces que estos encuentros son más importantes para los adultos que para los mismos niños, aunque los primeros digan y lo hagan una y mil veces en principio por sus hijos. Y les cuesta de trabajo reconocer que ha sido un encuentro importante para ellos. Pero así como en Río Seco los padres a veces están dispuestos a responder a este tipo de convocatorias, hay que reconocer que siguen siendo las madres las que se involucran rápidamente en la experiencia. Ellos, los hombres, suelen tardar más tiempo en sentirse cómodos compartiendo. Y más aún, en comunidad. Conseguir un espacio propio es uno de los temas que más le importa ahora. La convocatoria es realmente una invitación a construir un espacio de libertad y de profundo respeto. Libertad para elegir si quieren o no tomar libros, lo que leen, a escuchar una historia leída en voz alta mirando en el horizonte, compartiéndonos su elección. Y en ese ambiente que se construye, empiezan a ocurrir cosas muy interesantes. Lo que se ve a simple vista es que todos los participantes están a gusto, se relajan y terminan soltando hasta los guaratos, con los pies descalzos, porque realmente se encuentran muy cómodos. Quisiera decir que las relaciones sociales en las zonas altamente marginadas del campo son mucho más cercanas que en las zonas marginadas de la ciudad. No es la comunicación oral la que prevalece, pero hay una forma de mirar a sus hijos, de hacer todo por ellos que realmente conmueve. En relación a los maestros en el campo, estos suelen dedicarle todo el tiempo a la docencia, a la relación con los niños y con los padres de los niños. Muchos de ellos viven lejos de sus padres y hasta de sus propios hijos, que si les va bien, los ven una vez a la semana. La escuela rural muchas veces es el corazón de la vida social y cultural. La palabra del maestro en algunos lugares es aún escuchada y respetada porque él se sabe. La escuela suele encontrarse en el centro de la comunidad y ese maravilloso lugar es un lugar privilegiado donde son muy bien recibidas las actividades de lectura. Los padres campesinos, muchos de los cuales son analfabetos, muchos no hablan el español. Quieren que sus hijos aprendan a leer y escribir. Y creen profundamente que si sus hijos ven y escriben, tendrán la posibilidad de vivir mejor que ellos. Cuando los libros llegan, cuando empiezan a circular, los niños son los que se acercan primero. No pueden ocultar su alegría. Los padres esperan que uno les dé permiso o los invite a hacer lo mismo, aunque sus hijos les ofrezcan alguno y con timidez, siempre agradecidos, acceden a la invitación. No puedo decir que pasa por su cabeza, solo sé que a partir de ese momento se construye un espacio y un tiempo difícil de olvidar. El tiempo en general en estas experiencias es extraño, es un tiempo distinto, es límite, no se cuenta con el reloj, nos sorprende que los minutos, las horas hayan pasado sin darnos cuenta. Hay un tiempo personal que es realmente importante, porque cada persona que se enfrenta a estas prácticas de lectura, por ningún motivo tiene que permanecer más que el tiempo que verdaderamente lo desee, y sin embargo muchos quisieran que no se terminara. Los provecuadores, mediadores del encuentro, no dejamos de sorprendernos fundamentalmente, porque observamos la calidad de los diferentes encuentros con el libro. de que es igualmente importante ojearlos que leerlos detenidamente, cada una de las palabras, o mirar hasta el cansancio en las ilustraciones precedidas, o esperar a que el vecino nos preste el suyo y saber por qué se reía. El tiempo es un aliado importante de los encuentros con los libros, pero también del encuentro con los hijos de Navidad familiar y de su relación con la comunidad. El tiempo es para el encuentro con los libros, el tiempo es indispensable y sustituir. Al principio ayuda a otorgarlo, después el mismo lector es el que se lo permite. Bueno, creo que… Bueno, creo que… ¿Visimos? Me pasaron un recadito, aunque salga en la televisión. Bueno, voy a cortar lo que pueda leer en familia. No significa necesariamente leer al mismo tiempo y el mismo libro. Es sobre todo crear un espacio donde la cultura escrita está presente de manera individual y colectiva, donde el material impreso circula. es lograr que los miembros de familia compartan y no sus encuentros y sorpresas que se han dado al abrir un libro. Cuando me despido, me encanta que los niños y sus padres, mucho más agradecidos de lo que yo quisiera, por si me preguntan, ¿los libros se quedan? La selección de los materiales es sin duda uno de los elementos más importantes y a los cuales pienso dedicarme un espacio ahora, sobre todo porque creo que todos los que estamos aquí hoy reunidos reconocemos que más vale un buen libro que varios libros regulares. En la incontable cantidad de biografías lectoras que he leído, cuando aparecen los libros importantes, es evidente que nunca es un listado demasiado amplio. Son contados los libros que marcaron la vida de los lectores y por supuesto están claramente detectados. Esto resulta ser contradictorio con el momento actual en cuanto a producción de libros y también a los diferentes programas de formación de lectores, en donde parece ser más importante la cantidad de todos, de libros de lectores y de espacios de lectura, que la calidad o lo que realmente ocurre al interior de la circulación de la cultura espírita. Muchos de los agentes directos en esta tienen pocas o nulas posibilidades de participar en la selección de los libros. Sin embargo, es fundamental reconocer que el hecho de tener una vez un texto que nos resulta importante suele cambiarnos la vida y acompañarnos de diferente manera en otros momentos. Así pues, el tema de la selección de los libros es fundamental. En principio puede ser determinante para abrir un espacio de encuentro entre libros y lectores. El no tan simple hecho de recibir una dotación de libros y de estar dispuesto con ganas y ser lo suficientemente generoso para abrir muchas veces la puerta de nuestra propia casa, nuestra propia intimidad, para que otros construyan su propio espacio de encuentro consigo mismos, con otros o el encuentro con lo esperado y lo inesperado no es suficiente. La selección de libros es un gran tema y lo veo como un proceso a largo plazo. Esta primera selección nos va formando en relación con el tema, porque muy pronto vemos lo que ocurre con cada uno de los libros del acervo con el que contamos, porque pronto los usuarios nos transmiten lo que quisieran encontrar, porque nuestro papel de mediador aprendemos de los libros y de los lectores. Creo que la selección de libros es una experiencia que trasciende el ámbito del individual y nos cuestiona profundamente cómo funciona en el espacio colectivo. Nos ayuda a trascender a los gustos personales y a leer, entre comillas, lo que otros leen, para no parar de descubrir. Creo que cada vez más que una responsabilidad y una buena selección de libros es el desarrollo de una habilidad resultado de una combinación rara de muchas lecturas, relecturas tanto personales como colectivas, en donde empezamos a desarrollar una intuición y una permanente escucha a la lectura y a la mirada de los demás. Seleccionar libros es obligarnos a mirar mucho, es obligarnos a no engolosinarnos con el primer encuentro, es invitarnos a leer y releer muchas veces, es desarrollar una posición crítica y fundamentalmente abierta, pero también es querer probar en diferentes espacios, es arriesgarnos con nuestros encuentros y los encuentros de los demás. los mejores libros, son los que en las relecturas seguimos encontrando cosas. No dejan de sorprendernos y sobre todo los que de diferentes maneras nos provocan a hablar y a pensar en ellos. Quiero cerrar mi intervención hablando de ellos, de los padres y la experiencia de lectura en familia. Por supuesto que cuando uno promueve estos encuentros, piensa y cree que saldrán beneficiados en primer lugar los niños, que la comunicación entre padres e hijos quizás será mejor, que los padres encontrarán un camino directo para relacionarse con ellos. En fin, hay otras muchas razones para validar este importante encuentro. Pero sinceramente lo que uno menos piensa es que para los padres que hayan tenido la oportunidad de participar en estos encuentros, la experiencia les haya significado una buena razón para esta ocasión que asistir a su propia cita con la lectura. Tengo evidencia de muchos papás que se han alfabetizado a partir de estos encuentros, que han pedido de préstamos libros para su propia lectura y otros con la intención de leer con sus familiares. Los encuentros con los libros en las comunidades marginadas es un lenguaje permitido y provocador de cercanías diversas. Allí los libros no solo se ven, se gastan y finalmente se acaban. No son maltratados, tampoco rotos. Simplemente se acaban porque son muy leídos. Literalmente las letras y el papel están muy gastados. Hay una puerta abierta a la libertad donde se sienten seguros. No podré olvidar jamás a la señora Lola que mientras las demás señoras todas juntas preparaban tamales para los niños y maestros de comunidades vecinas que habían asistido al evento, ella sola, debajo de un árbol, sin poder parar de leer, reía leyendo el libro El agujero negro de Alicia Molina. Sonreí sin que ella me diera. Por supuesto que me volví su cómplice. Después la vi reunida a las demás, preparando la comida y seguía sonriendo. En algún momento del día me acerqué a ella y le dije mucho bien. Yo también soy como la mamá de Camila. Hasta ahora, siempre que he abierto una posibilidad para el encuentro familiar con los libros, hay padres asombrados por su propio e íntimo encuentro con los libros y hasta con él mismo. Comentarios como, creo que me gustan más los libros para los niños y a mi hija, si lo quiero volver a leer, me lo presta, son comentarios cotidianos y comunes. Los efectos de estas experiencias no siempre tenemos la suerte de conocerlos. Muchas veces no sabemos qué pasa después de haber construido juntos un espacio de lectura, a pesar, sin embargo, de sentir una tranquilidad y el gusto de haberlo hecho. Haber sido mediador en ese momento es una oportunidad profunda y real para empezar a entender por qué Geneviève Paz habla tan contundentemente de la necesidad de la gratuidad que existe en estos espacios y cómo está presente y se manifiesta en diferentes formas. Bueno, soy una abusiva, así que si lo desea. Muchas gracias. Gracias Eva. en intervenir en un tema que no he estudiado particularmente y que además mis estudios, como saben, hasta ahora por lo menos, solo están basados en experiencias en Europa. La lectura se transmite más de lo que se enseña y bien lo sabemos, se transmite ante todo en el medio social, como Regolio lo explicó muy bien, y en el medio familiar. antes que el profesor, antes que el bibliotecario, el primer mediador es la madre, algunas veces también el padre, cuando él mismo valora mucho la lectura, o en ciertos ambientes culturales, una abuela, una tía, una nana, a quien el niño es confiado. De paso señalo que la importancia de la abuela en recuerdos de lecturas de infancia tránsitos por escritores latinoamericanos parece impactante. Pero más precisamente, en términos de María Elvira, ¿qué es lo esencial que entrega la familia a los niños para que puedan sentir la urgente necesidad del encuentro con los líderes? Para contestar a esa pregunta, voy a resumir una ponencia que presenté el año pasado en el Centro Universitario de Investigaciones Bibliotecológicas de la UNAM, y pido perdón a las dos personas que me oyeron por la repetición. En Europa, cómo viene el gusto por la lectura a un chico o una chica en su familia. Las encuestas insisten en la importancia de la presencia de los libros en la casa, en particular en la habitación del niño. Pero esa presencia solo parece tener una influencia positiva si el libro vive con la familia y en particular si se vuelve objeto de conversaciones. Se resalta igualmente el papel de las lecturas en voz alta. La capacidad para establecer con los libros un vínculo afectivo, emotivo y no solamente cognitivo parece decisiva. Así como el hecho de ver a sus padres leer. Los investigadores hablan al respecto de ejemplos aparentales de mimetismo o de transmisión por imitación. Pero tales expresiones no elucidan gran cosa. Los niños ven a su madre todos los días dedicarse a mil otras actividades sin tener por ello ganas de unitarla. Entonces, ¿qué pasa cuando un chico o una chica ve a su madre o a su padre o a su abuela leyendo? Poca gente ha guardado un recuerdo preciso de ello, pero algunos escritores nos permiten acercarnos a una respuesta. En un texto titulado El caballero de los rezos, el escritor español Gustavo Martín Garzo relata así un recuerdo que es como la escena inaugural de su vida de lector. A los seis años de regreso de la escuela, entra en la casa, busca a su madre. La encuentra en la cocina, sola, leyendo en medio de un círculo encantado. Se detiene a mirarla, se acerca hasta tocar la mesa para hacerla regresar a él. Elia le dice que lee una novela de amores desgraciados, El caballero de los retos, pero en su rostro hay una expresión de felicidad como si le ocultara algo, algo relativo a los secretos más hondos de su vida. Y lee un fragmento en voz alta que describe el cuerpo y el rostro de una joven. Varias veces el niño va a robar El caballero de los restos y otras novelas para leerlas en un pequeño cuarto bajo las escaleras con una linterna, sin lograr adentrarse al misterio, a sorprender en sí mismo el embeleso, la emoción que ha visto en el rostro de su madre. En el corazón de toda lectura, sugiere el escritor, hay quizás la búsqueda de un secreto, que se refiere al deseo, al amor y al primer ser amado. En efecto, las lecturas de Martín Garzo no serían según él más que una tentativa de elucidar el misterio de la escena inaugurada. Esos libros son entonces el que Elia estaba leyendo, todos los libros El Caballero de los Dresos. Lo he tomado en secreto, de hecho durante un tiempo nada me gustó más que robar los libros que iba a leer y vuelvo a estar escondido en el cuarto que había bajo las escaleras. Eso es leer para mí, estar escondido, todos los libros son ese único libro y yo me inclino sobre sus páginas tratando de adivinar los pensamientos de mi madre joven y hermosa. Lo que dice Martín Garzo, lo que encontré en otros recuerdos de lectura, transcritos en obras literarias o relatados por lectores ordinarios, es que el gusto por la lectura nace frecuentemente del deseo de robar el objeto que embelazaba al otro, para reunirse con él, conocer su secreto, adueñarse del poder, del encanto que se le atribuía cuando él o ella, ya que es a menudo de la madre de quien se trata, estaba ahí inaccesible, lejana, perdida en su pensamiento. Pero desde luego no todos tienen la fortuna de encontrar a su madre leyendo en la cocina, de poder hurtar libros en su casa, de manipularlos desde una edad temprana. Sin embargo, en Francia, incluso en entornos pobres, existen algunas familias donde el gusto águido por los libros se transmite de una generación a otra. Y más que la presencia o la ausencia física de los libros en la casa, más que el nivel escolar alcanzado por los padres, es el interés profundo que esos manifiestan hacia los libros. Es la relación de deseo o de rechazo por esos objetos lo que facilita la apertura de un camino hacia la lectura o lo que dificulta su acceso. Un poco de la misma forma que la atención brindada por su madre a los libros intrigó al escritor antiliano Patrick Chamorro en su infancia y cito. Me habían atemorizado con cuentos, arrullado con canciones infantiles, consolado con cantos secretos, pero en esos tiempos los libros no eran cosa de niños. Así pues, me encontré solo con esos libros dormidos, inútiles, pero que recibían los cuidados de Manu Not, sin su madre. Eso fue lo que llamó mi atención. Man y Nob se interesaba en ellos a pesar de que no tenían utilidad alguna. Eso era lo que intentaba comprender al manipularlos sin cesar. Me maravillaba de su complejidad perfecta y a razones profundas desconocía. Les atribuía virtudes latentes. Sospechaba que eran poderosos. Ahí de nuevo, es porque representan un pasaje hacia un ámbito misterioso, hacia los arcanos del poder que los libros son deseables. Pero es también porque antes de eso, cantos secretos como decía, interpretados por voces cariñosas, canciones infantiles mezcladas con gestos de ternura envolvieron al niño y lo encantaron con un uso tan esencial como inútil de la lengua. Antes del encuentro con el libro existe la voz, la voz de la madre que está ahí desde antes del nacimiento, que marca luego el despertar psíquico del bebé, el enunciado de las primeras sílabas, esa voz cuyas modulaciones cambian según que la madre hable de la realidad cotidiana o que se abandone a la fantasía. El gusto por la lectura en Europa no solamente depende en gran medida del interés que los padres mismos expresaron por los libros, sino también y antes que esto, de esos intercambios precoces que la madre o la abuela, la nana, a veces el padre, tuvo con su hijo, en los que el registro afectivo, la solicitación sensible y tónica del cuerpo y el juego del lenguaje traído por las canciones y las entonias. naciones de la voz están estrechamente entremezclados. Todos los grandes especialistas de la primera infancia subrayan la importancia que tiene para el despertar sensible, intelectual, estético de los niños, la capacidad de las madres para dedicarse en su compañía a este uso ficticio, gratuito de la lengua, en donde se alternan canciones, confidencias, rimas, etcétera, pero también para estar al compás con lo que los niños sienten y regresarles ecos gestuales y del lenguaje, y aún para filtrar, gracias a su capacidad de ensoñación, los miedos de los niños. Algunos, como Jacques Oshman, insisten acerca de la estructura narrativa de la ensoñación maternal. De hecho, la madre interpreta y da significado a lo que siente el niño, algo que expresa a través de un berrinche o de un llanto. Elia acoge su vivencia y la transforma dándole una forma de lenguaje que no es una simple decodificación, sino una pequeña historia que apacigua en la cual unas secuencias de sucesos están articuladas, unos detalles seleccionados para organizar los eventos y vincularlos. Mi lobito está muy triste porque mamá no acudió enseguida a darle un beso. Estos son los primeros esbozos de esa historia que tanto necesitamos para construirnos a lo largo de la vida. Vimos ayer que de la calidad de la presencia materna depende igualmente la constitución del espacio transicional que es esencial para la emancipación progresiva del pequeño ser humano como para el futuro de sus experiencias culturales. Si ese espacio se pudo establecer y si tiene acceso, por supuesto, a recursos culturales, Cada uno de nosotros podrá sacar algo de esos recursos y conseguir a esa cultura. Si tal espacio no se pudo establecer bien, porque la madre estaba enlutada o demasiado aislada, deprimida, porque no cantaba bien, no cantaba, perdón, y que ningún tercero cariñoso desempeñó ese papel con el niño, es probable que tendrá más dificultades para apropiarse más tarde de bienes culturales para hacerlos verdaderamente suyos. Pero, por supuesto, el contexto social viene a sumarse a la historia inconsciente. Por ejemplo, en nuestras sociedades y en nuestra época, la práctica de la lectura supone una capacidad de estar solo que no únicamente depende de las relaciones precoces con la madre, sino también de la manera en que se percibe el hecho de mantenerse al estado del grupo. Ese comportamiento, valorado en ciertos medios, será considerado como una grosería en otros. No hace falta mencionar que las mismas condiciones de vida, el hábitat en primer lugar, favorecen o no el establecimiento de dichas costumbres. Determinaciones económicas, sociales, psíquicas, se combinan así en un juego complejo para dificultar la lectura o, al contrario, facilitarla. En entornos desfavorecidos, una crisis de la relación madre-hijo a veces se adiciona a la falta de recursos materiales, lo precario de la vivienda, los recorridos escolares erráticos, la escasez de los recursos culturales y los obstáculos de todo tipo que vuelven tan difícil la apropiación de los libros. Por supuesto, las aptitudes para inventar situaciones de intersubjetividad gratificante con un niño para cantarle una canción o reír con él no tienen nada que ver con un diploma o una posición social. Pero a menudo, en contextos de crisis, la madre insuficientemente apoyada por sus allegados o por la colectividad aislada se deprime. No puede más jugar, hablar gráficamente con sus hijos y tampoco ningún tercero ejerce ese papel con ellos. Para esto, un espacio tranquilo de protección estético no se puede establecer correctamente, aún más porque los intercambios de lenguaje en esos contextos frecuentemente están limitados a la designación inmediata y utilitaria, mientras que la lengua de la narración no tiene calidad. Probablemente tendrán más dificultades para simbolizar lo que viven, para dar sentido a sus vidas mediante las culturas heredadas o las que se encuentran. No obstante, casi siempre será posible alguna reorganización y es donde el papel de los mediadores se resulta esencial. Pasamos de ese modo a la otra pregunta. ¿Es posible que otros entornos cumplan el papel que la familia cumple? Sí, según parece. Lo mencioné ayer, un tercero, una persona ajena, puede en ciertas condiciones proponer objetos culturales que permiten abrir un espacio de ensoñación, de fantasía. Y en este caso también es el interés profundo del adulto conocido que el niño, el adolescente entiende. Es un trabajo sutil que exige a menudo una atención singular, como por ejemplo el que realiza en Francia una asociación como ACCE, que algunos de ustedes conocen bien, gracias a Joel Chuján que estaba aquí el año pasado, o a Marilón, que mencionabas, o a Deyma, etcétera, que pasaron por México. Y ACCE, en dos palabras, por objeto, en colaboración con los servicios públicos, poner libros a disposición de los más pequeños y de su entorno en ambientes económicamente desfavorecidos. Hoy la actividad de ACCE ha sido recuperada en numerosos lugares, pero con frecuencia deformada al olvidar unas particularidades que son esenciales con los más pequeños. Lo que ACCE plantea como prioritario es realizar un acercamiento individualizado al seno de un grupo reducido. Es a un bebé, a un niño en particular, que puede naturalmente cambiar a lo largo de la jornada al que la animadora se dirige. Un niño con el que los otros que están ahí cerca de él se van a identificar. Otra particularidad esencial, todos son libres, solo de particular en esos tiempos de lectura, como son libres de sus movimientos, de sus desplazamientos, durante esos tiempos de animación, pues la libertad motriz es necesaria para que un niño pequeño se apropie de verdad de una historia para que la recomponga con su propio ritmo. Libres también de su ensomniación, de dar el sentido que quieran a la historia oída sin que se les pregunte qué es lo que han entendido. Por otra parte, las animadoras de ACCE ponen mucha atención en la manera en cómo ese gusto que experimenta el niño va a actuar en su madre o en su padre y en que la propuesta de los libros no desposee a los padres, pues su relación con los libros puede ser muy ambivalente, sino que por el contrario propician su relación con el libro. Bueno, voy a saltar unas cosas porque también me dicen que quedan pocos minutos. Bueno, bueno, gracias. Bueno, ciertos programas inspirados por los jornalistas incluso se dan como tarea a reparar la relación madre-hijo con ayuda de la lectura. Y como la experiencia que mencionaba ayer, vivía con niños más grandes en que se trató de tejer un espacio para soñar de madre a hijo. pero todos esos elementos los encontramos también en programas iniciados por mediadores culturales y en los que a través de los libros no solo se busca formar lectores sino despertar la palabra y los intercambios dentro de la familia y fuera de ella y esa narrativa dentro de la familia tiene una gran importancia quisiera tomar el ejemplo de las familias de migrantes, de inmigrantes que conozco un poco La socióloga Catherine Dertois ha sugerido la hipótesis confirmada con sus encuestas de que, cito, los niños que crecen en una familia cuya historia es contada por sus padres son, en contextos equivalentes, más conscientes de las razones que les han llevado a ciertas solidarias, más decididos a incorporarse a un proyecto de futuro formulado bien por el padre o por ambos procedimientos. más seguros de su lugar en el mundo y puede mejorar balos frente al encuentro inevitable de prejuicios racistas, más orientados hacia una actitud pragmática de inserción en la sociedad. Como ha dicho otro sociólogo, Daniel Berto, los padres disponen también de recursos morales, de capacidad para educar, para dar coraje y confianza, de recursos intelectuales, no demostrados en un diploma cualquiera, pero muy presentes en el cotidiano. Ver recursos subjetivos, en definitiva, un invento informe abierto. La capacidad de contar a los hijos su prehistoria, es decir, la historia de sus padres, constituye un ejemplo entre niños. En contextos difíciles, esos recursos subjetivos pueden estar atrofiados, pero estimulados por programas culturales. Y a propósito quisiera agregar que los niños no siempre son los que llevan la peor parte y que apoyar a los adultos y en particular a las mujeres también es muy importante. Sin embargo, el lazo con la familia no siempre es posible ni siquiera siempre recomendable. Y por otra parte muchos niños se inclinan porque la escuela o la biblioteca o el club de lectura sea otro espacio que el de la familia, de la casa. un espacio donde tienen una vida que sus padres ignoran, que se les escapa. Y a muchos no les gusta contar a sus padres lo que ocurre en la escuela o en la biblioteca. Eso forma parte de su vida privada. Y no hay que olvidar eso que complica un poco las cosas. A menudo leemos en contra de nuestra familia y de la sociedad, en particular durante la adolescencia. Incluso en las familias donde leer nunca ha estado prohibido, hay niños que leen bajo las sábanas con una linterna en la mano en contra del mundo entero para preservar a la lectura su dimensión de transgresión, de secreto. Y si todo el mundo se pone de acuerdo para desear que lean, corremos el riesgo de que los niños, más aún los adolescentes, levanten el vuelo hacia otros traceres, particularmente si son varones, puesto que la mayoría de las veces en las sociedades occidentales contemporáneas contemporáneas, es una mujer la que parece poseer la fiago de ese arte percibido por los niños como mágico, secreto, la madre, la abuela, la maestra, la bibliotecaria. Y en ciertos contextos, esa proximidad de las mujeres y de los libros vuelve a eso deseable, tanto a los hijos como a las chicas. Pero en cambio, en otros contextos, esa afinidad entre las mujeres y la lectura, y el hecho de que la interioridad se asociera a las mujeres, llevan a muchos varones a rechazar los libros en la pubertad o en su acercamiento, como rechazarían estar atados a la espalda de sus madres. Sin embargo, los libros pueden contribuir a que se les despegue de su madre. Es cierto que cantar, leer, es encontrar el eco lejano de la voz de su madre, el apoyo de su presencia carnal, Pero es también desprenderse de ella a través de la simbolización, pues el libro está hecho de signos, de lenguaje, de ese registro simbólico que los psicoanalistas sitúan más bien del lado del padre, de una instancia tercera separadora. Así que, como el área transaccional, el espacio que abre la lectura es paradójico. Es, al mismo tiempo, el interior y el exterior. Permite retornar a las fuentes, pero a partir de ese lugar para sí mismo, en donde no se depende de nadie, uno se escapa. El lector, la lectora, le da la espalda a los niños y se sube. La lectura es un gesto de separación también de salida. Recordemos a Alicia, quien mencionaba ayer, huyendo del infierno de las disputas familiares, mientras leía geografías de Ariadó. Bueno, la última página se la apagó, no hay otro año. Muchas gracias. Vamos a tener unos breves momentos para ver si Eva, Gregorio, Michelle quieren compartir algo sobre el discurso de compañeros de mesa. Tiene la palabra Gregorio. Gracias. Tendría dos comentarios breves sobre Eva y Michelle. Eva menciona, en alguna parte mencionó que me entró como una duda y culpa de si era importante invertir en libros. Bueno, yo creo que el punto no es si se invierte o no en libros, yo creo que es indispensable que haya libros y otros materiales para leer, porque una característica de las comunidades y de las escuelas marginadas es que no hay ni siquiera, digamos, mucho material para leer, ni mucha diversidad. El punto para mí, desde el punto de vista de política educativa, de proyecto nacional, es a qué le estamos dedicando la mayor parte de los recursos. Para mí la pregunta es, ¿por qué tenemos un programa nacional de lectura? ¿Por qué tiene esta centralidad la formación de lectores en un contexto y en un momento histórico en donde la gran mayoría de la población en México están fuera de la escuela? tanto niños como adultos entonces lo que yo encuentro es que se están destinando recursos tanto económicos como informáticos a programas como la alfabetización tecnológica, el fomento a la lectura, etcétera, cuando la gente está fuera de la escuela y fuera del trabajo el otro punto que mencionaba Eva es la importancia de los mediadores y bueno, lo han mencionado casi todas las personas que han estado aquí en esta mesa. Y una de las cosas que a mí también me llama la atención es como, por lo menos en muchos casos personales que conozco de mediadores de lectura, de promotores de lectura. Bueno, los que juegan ese papel son personas externas a la comunidad, también personas con algún mayor nivel de escolaridad. Y lo que yo encuentro en las comunidades donde yo he estado es que muy pocas personas dentro de esas comunidades tienen la posibilidad de dedicarse al trabajo intelectual, concretamente a ser mediadores de lectura o mediadores culturales. Y quienes lo hacen, porque los hay, lo hacen por voluntad propia y con sus propios medios. porque existen, yo digo a veces, el presupuesto asignado para los trabajadores culturales, para los activistas culturales en las comunidades es cero pesos con cero centavos. Y sobre lo que menciona Michelle, bueno, hay un punto en especial que ha mencionado ahora, la capacidad de estar solo como una de las condiciones para leer. Y me llama la atención que precisamente cuando yo leí tu libro, el del espacio íntimo al espacio público, muchas de las historias que presentas son de personas migrantes, africanos, la mayoría, que viven, entiendo, en Francia. Y bueno, lo primero que me recordó a mí fue a muchos mexicanos y latinoamericanos que he conocido en Estados Unidos, cuyas vidas precisamente se caracterizan por el aislamiento y la soledad social, porque ellos como grupo social y étnico en gran medida viven separados de la sociedad mayoritaria, porque no hablan la lengua, y una de las razones por las que no hablan la lengua nacional es precisamente porque viven en guetos sociales, porque están excluidos y también en gran medida, hay que decirlo, auto excluidos de las instituciones y los espacios públicos donde se tiene contacto con hablantes nativos. Entonces, bueno, no me resulta tan extraño, digamos, que muchas de estas historias hablen de la lectura como un medio de reparación, de acompañamiento, de diálogo, pues porque no se tiene con quién dialogar. Es un poco el comentario. Bueno, Gregorio siempre es así como un citador interesante. Entiendo muy bien su posición, porque además hace falta, ¿no?, siempre tener a un crítico a alguien que le hace volver a la realidad permanentemente. A mí me picaste ahorita con lo del Programa Nacional de Lectura. Yo creo que, como lo dije en algún momento, he sido muy suertuda de cosas que me llegaron en el camino a las cuales alguien hablaba ayer de subirse a un tren. Bueno, yo me he subido a trenes, no sé por qué, pero eso fue justamente lo que hice este fin de semana. Fui invitada a una feria de la lectura y los libros en Coahuila, un estado en el que he trabajado de alguna manera. Este es un estado, hace seis meses los libros de las bibliotecas de aula y de las bibliotecas escolar no se habían abierto, no se habían sacado de sus cajas. La primera satisfacción que tuve, bueno, les cuento que estuve en una comunidad de menos de 1.500 habitantes, donde es cabecera municipal, y se reunieron por lo menos 30 ejidos de la misma zona. Yo creo que está bien preguntarse a quién le toca qué y dónde van los presupuestos y todo. Sin embargo, para mí realmente, como promotora de lectura, de lo cual me siento muy orgullosa de ser, nada más padre que haber visto en el programa que era promotora de lectura. Creo que el que estén los libros en esas comunidades hoy hace una gran diferencia. El que los maestros hayan abierto las cajas también. No sé, como la misma duda que tuve cuando nos dieron un montón de dinero para comprar libros para los niños migrantes, quienes hasta ese momento no recibían obviamente las bibliotecas escolares. Pero creo que yo seguiría siendo una serviente buscadora de espacios y seguiría diciendo que lo que están haciendo estos libros vale la pena. La cuestión de que seamos mediadores, algunos venidos de niveles socioeconómicos distintos, estudiados y todo eso, es algo que creo que es un tema interesantísimo abordar. Sin embargo, quiero decir que muchas veces hemos sido llamados por la comunidad, que muchas veces hemos sido invitados por miembros de la comunidad y que bueno, para mí son los retos más fuertes porque conozco mi trayectoria, conozco mi historia, sé que soy huelita. Además, se me ve poquito, entonces a veces me gustaría pasar más de esa perseguida. Estos dos temas son temas interesantísimos que espero no se pierdan en el seminario porque son aperturas a cuestiones muy profundas y yo creo que todos los que estamos aquí de una o de otra manera tenemos que mirar. Bueno, vamos a cerrar esta mesa de diálogo entre Eva, Michelle, Gregorio, con un diálogo inicial que nos propone Gregorio, planteando de nuevo algunos interrogantes a los discursos de sus dos compañeras. Como bien dice Eva, quedan preguntas que por supuesto no deberemos dejar pasar. Vamos a entender en esta discusión que se inicia hoy cuando empezamos a trabajar más fuertemente el tema de la familia en esta mesa, a retomar palabras de cada uno de ustedes que nos ayudan a repensar lo que hacemos cuando formalmente trabajamos con las familias en todos los contextos en que cada uno de nosotros tenemos que actuar. Creo que los tres discursos, aunque parecieran estar absolutamente alejados, se encuentran parte de preguntas que algunos se hacen, son respondidas por algunos de los otros, siguen por supuesto habiendo divergencias. entendemos que las familias son distintas, entendemos que tenemos que comprender de manera más amplia a los lectores y a los materiales para leer. Agradecemos mucho a ustedes tres que hayan estado con nosotros y a todos los que nos han acompañado en esta mesa. Pido un aplauso para ustedes. Thank you.
SISTEMA
NTSC
DOCUMENTO_DIGITALIZADO
Sí
FECHA_AUTORIZACION
15/11/2004
FECHA_INGRESO_ENTREGA
16/11/2004
CODIGO_BARRAS_LTO
BWF481
BARRA
Divulgación
TEMPORADA
24
CONDUCTOR
María Elvira Charria, directora de "Promoción a la lectura" SEP
TEMA_CONTENIDO
Promoción de la lectura y la literatura
FECHA_GRABACION
16/11/2004
LOCACION
CLASIFICACION
A
IDIOMA_ORIGINAL
Español
REALIZACION
Raúl Maldonado Alvarado
PRODUCCION
María Enriqueta Godoy Mendoza

